Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son creación de Rumiko Takahashi. FF creado sin fines de lucro.
* Este fanfic está inspirado en la actividad del mes de agosto (2016) del foro ¡Siéntate! (¡Clichés!)
Sesshomaru-sama, ¡¿qué hace besando a la humana?!
Cliché 17: La primera vez que tenemos relaciones… y ella(él) es virgen, claro.
Todo estaba listo. Repasó mentalmente la lista que elaboró a través de una minuciosa investigación a través de revistas, internet e incluso entrevistas con sus amigas. Se miró en el espejo del baño una vez más inspeccionando que todo estuviera perfecto con su ajuar. El encaje verde oscuro de su lencería excesivamente cara se fusionaba con su piel, recorriendo sus curvas de una manera tan sensual que incluso ella misma sentía cómo se excitaba de solo sentir sus pezones rozando la tela.
Sonrojada, Kagome recordó al hombre que aguardaba en la habitación. Respiró hondo, abrió la puerta del baño y caminó hasta hacia él intentando evitar que sus brazos intentaran cubrir su desnudez parcial. Lo vio sentado al borde de la cama con sólo unos bóxers negros puestos.
Con su labio inferior apresado entre sus dientes, Kagome se dio el lujo de recorrerlo con la mirada. Su piel pálida brillaba como si estuviera cubierta por el más fino de los aceites, resaltando el claro/oscuro de cada uno sus músculos perfectamente torneados. Sus ojos dorados resplandecían bajo la tenue luz cálida del cuarto de hotel. Su cabello corto, plateado, desordenado parecía suave al tacto y contrastaba con la forma férrea en la que su mandíbula se tensaba. Él estiró una mano hacia ella y Kagome la tomó, percibiendo su aroma masculino y amaderado al acercarse a él.
Sin decir una sola palabra, el hombre la tomó de la cintura. Con la cabeza al nivel de su ombligo comenzó a acariciarla mientras se levantaba y dirigía al mismo tiempo sus manos a hacia la espalda de Kagome. Él, sin reparar si quiera en cómo la ropa interior se dibujaba sobre sus curvas, llevó sus manos hasta el broche de su brasier.
Perdida en el erotismo del momento, sintió el tiempo detenerse alrededor de ellos. Un tiempo que se extendió más de lo que su ansiedad consideraba aceptable. Se fijó entonces en cómo las expertas manos del hombre luchaban por liberar sus senos de su lencería opresora. Y… tras varios minutos de intentos fallidos, sintió la desesperación comenzar a asentarse en sus erráticos movimientos. Él se separó y, mirando hacia algún punto lejano y contrario de la habitación, lo escuchó susurrar—: ¿Puedes…?
El tono tan profundo de su voz produjo una oleada de calor brotando desde su entrepierna hacia el resto de su cuerpo. Era la primera vez que lo escuchaba esa noche. Distraída, lo miró sin comprender hasta que bajó la mirada y notó que aún traía puesto el sostén.
—¡Ah! ¡Si, sí! —dijo Kagome, llevando sus manos torpemente hasta su espalda.
Ya de por sí, Kagome estaba ansiosa, ahora también se encontraba inquieta por la impaciencia que se traslucía en los frívolos ojos dorados que buscaban esquivar los suyos a toda costa. Sumado a eso, desabrochar su brasier con su manicura recién hecha —a la que no estaba acostumbrada— no hizo más que incrementar su miseria pues, en el apuro, un pedazo de uña esculpida salió disparado.
—Oh, Dios… ¡Lo siento es que…! —dijo ella con una mano cubriendo parte de su rostro y con la otra sosteniendo el frente de su sostén.
Él no dijo una sola palabra. Simplemente, apartó la mano de Kagome y terminó de remover su ropa interior, dejando sus senos completamente desnudos frente a él. Por primera vez en toda la noche, notó la mirada voraz que parecía consumir sus pezones milímetro por milímetro. Decidido, la atrajo hacia él y comenzó a jugar con ellos entre sus labios y con sus manos. Sus movimientos un poco bruscos no ayudaban a bajar la agitación que se acumulaba en la boca del estómago de Kagome, pero al final se armó de valor y guió sus manos hasta la entrepierna de él. Bajando sus bóxers, buscó el objeto de su deseo. Lánguido como un gusano de Yummy, Kagome tomó su miembro entre sus manos y comenzó a masajearlo de arriba abajo —tal cual como se lo habían indicado sus amigas—. Él detuvo en seco sus caricias, mientras cerraba sus ojos y fruncía el ceño. Poco a poco, Kagome sintió cómo iba "ganando consistencia", pero él decidió apartarla y tirarla a la cama boca arriba.
Desde su posición, vio cómo se desnudaba y dejaba ver su pene ahora completamente erecto, palpitante y cubierto de venas abultadas. Hundió la cabeza en la almohada cuando él subió a la cama y paseó su miembro húmedo desde su muslo hasta a su vientre. Con sus fuertes y musculosas piernas a ambos costados de su cuerpo, el hombre colocó su pene en el valle de sus senos. El rostro de Kagome se volvió rojo como un tomate cuando sintió las manos de él dirigir las suyas hacia sus pechos, invitándola a apretarlos hacia el centro para engullir por completo su longitud y grosor con su turgencia. Entonces, él comenzó un vaivén sensual con los dos perfectos montes de Kagome.
Completamente perdida, lo vio llevar la cabeza hacia atrás mientras embestía con fuerza y rapidez. Sin poder evitarlo, sus ojos azules permanecían abiertos con asombro mientras miraban la punta de su miembro que iba y venía con su poderoso agujero chorreante apuntando hacia su rostro. ¡Esto no lo había investigado! ¿Se estaba masturbando con… sus senos? Su cabeza era un caos. ¿Debía hacer algo más? ¿Era momento de gemir? ¿Debía contorsionar su cuello y comenzar a lamer la punta cada vez que se asomara? ¿Debía…
La rapidez del disparo no la dejó procesar lo que ocurrió. Posterior a eso —ya en cámara lenta—, mientras lo veía abrir sus ojos como platos y separarse de ella aterrado, Kagome sintió el ardor y la humedad escurrirse de su ojo izquierdo. Sintió el líquido tibio y horriblemente viscoso entre sus párpados y pestañas, nublando su visión.
Él se quedó muy quieto por unos instantes, aparentemente sin saber cómo reaccionar.
¿Acaso él…? ¿Eso era…?
—Acabas… Acabas de… ¡¿CORRERTE EN MI OJO?! —preguntó Kagome terminando su pregunta en un grito.
—Hn —respondió él, mirando hacia otro lado.
—¡MI OJO! —volvió a exclamar Kagome, levantándose y cubriendo el ojo en cuestión.
Al menos su desnudez ya no era un problema.
—¡¿NO SE SUPONE QUE TIENES EXPERIENCIA CON ESTAS COSAS?!
Él se cruzó de brazos y se giró para mirarla por un segundo sin revelar una sola emoción.
—Eres la primera…
—T-Tu primera… ¿Es tu primera noche? —preguntó Kagome con la quijada desencajada—… ¿o tu primera vez?
Cuando eligió a "SugarDoggy" del catálogo online de una Agencia de Escorts especiales, pensó que sería la perfección asesina de las sábanas. Todo lo que veía a través de la foto de ese hombre exclamaba testosterona altamente activa y calcinante. Por el rubor que notaba ahora en el rostro del gigoló que contrató, entendió que ella no era la única virgen en la habitación.
—Quiero mi dinero de vuelta —dijo Kagome.
—No hay devoluciones —contrarrestó él con voz firme.
—¡Lo único que lograste desvirginar fue mi ojo! ¡MI OJO! —exclamó Kagome, revelando el párpado que comenzaba a enrojecerse.
—Hn. Nadie especificó qué orificio.
El grito de Kagome hizo temblar todo el hotel.
ASDKJASDLDJLAD... De lo que ahora decimos ¡parece broma pero es anécdota! "Basado en hechos reales" X'D!
Era tiempo de continuar esta serie de drabbles y el cliché me pareció perfecto para combinarse con este infortunio (Gracias querida amiga D por dejarme compartir la historia de cómo perdiste la V del Ojo xD ¡Se te quiere!). Pues, me voy quedando sin lista de clichés de Sesshomaru y Kagome para continuar esta serie, así que abro la puerta (ventana, portón, garaje, etc.) a todo aquel que quiera sugerir clichés para inyectarles un poco de parodia, me lo hace saber ¿Sí? Intentaré llevarlos todos a la "vida" (Promesa!)
¡Espero que este pequeño aporte les guste y valga un review! Nos vemos más pronto de lo que creen... :3
A.
