Second Day: Memories
El viento flotaba algo fuerte y eso desordenaba sus rubios cabellos, sus ojos almendrados brillaban con la tenue luz del atardecer, Nyanko respiraba con lentitud acostado en su regazo, al parecer se había quedado dormido, acarició su suave pelaje y el ser reacciono acomodándose mejor en su cuerpo, verlo así le traía varios recuerdos a su mente, entre ellos uno que hacía sus mejillas colorear y a sus labios curvarse en una tímida sonrisa.
Debió ser una tarde parecida aquella, los colores del cielo parecían sacados de un óleo, las chicharras apenas se oían, el viento soplaba ayudaba a refrescar sus cuerpos del calor que había caído aquel día. Su cabello estaba hecho un desastre, había estado jugando con Tanuma a atrapar unos cuantos insectos, era algo de niños, pero él jamás lo había experimentado, así que se le ocurrió al pelinegro que a pesar de la edad que tenían, debían hacerlo, no podía morir sin conocer aquella sencilla diversión.
— Toma, debes estar sediento. —Le dijo Tanuma alcanzándole una lata de refresco, agradeció con una pequeña sonrisa y la tomó entre sus manos, Nyanko-Sensei miró por un momento el refresco y luego volvió a cerrar sus ojos sin moverse del regazo del rubio.
— Gracias. —Dijo luego de darle el primer trago, el juego estaba bien fresco, su cuerpo lo necesitaba, jamás creyó que aquello lo cansaría más que correr de youkais extraños que querían algo de él.
— No, a ti, Natsume-Kun. —Murmuró jugando con sus dedos, ya se había sentado a su lado sobre el césped, así que lo había oído, le pareció algo extraño que le diera gracias.
— ¿Por qué me das las gracias? —Preguntó curioso dejando el refresco a un costado de él, el pelinegro no lo miró, abrió su lata y le dio un largo trago. — ¿Tanuma? —Volvió a insistir sintiendo que el contrario le estaba ocultando algo.
— Gracias por dejarme ser tu amigo, debo ser una carga, yo no puedo ver youkais y no tengo como ayudarte. —Respondió apretando el aluminio entre sus manos, sus ojos se notaban apagados, Natsume sintió una extraña puntada en su pecho, no quería verlo así.
— ¡No digas eso! —Exclamó de pronto entre enojado y frustrado, Nyanko abrió sus ojos y los entre cerró al sentir fácilmente las emociones que se desprendían del rubio, Natsume era demasiado fácil de leer, al menos para él.
— Nat… —No pudo terminar de hablar, que Natsume se había arrodillado a su lado con ambas manos cerradas en puños a cada lado de su cuerpo con su cabeza gacha no dejando ver sus ojos por el cabello que caía sobre ellos, Nyanko molesto se fue a buscar algo de sake.
— ¡No eres una molestia para nada! ¡Yo debería decir eso! Por mi culpa siempre te metes en muchos problemas, y yo… yo… temo que te hagan daño, Tanuma… — Su voz estaba temblado, todo aquello lo había dicho con varías lágrimas haciéndose camino por sus mejillas, el pelinegro rápidamente se arrodillo cómo él y tomó su rostro con ambas manos.
— Perdóname, no tome en cuenta como tú te sentías, ¿me perdonas? —Pidió secando con sus pulgares aquellas gotas de agua salada que no dejaban de caer de los preciosos ojos almendrados del rubio, al ver que no pretendían parar de caer, se inclinó, y con su corazón latiendo con fuerza, tomó un beso sin permiso de los cerezos ajenos.
— Tanuma… —Susurró entre sus labios al separarse, pero no recibió ninguna explicación o respuesta a su pregunta sin palabras, solo recibió otro contacto de parte del pelinegro, sus ojos volvieron a cerrarse para disfrutar de aquel nuevo beso sin importarle absolutamente nada, debía ser la primera vez que el mundo le importo poco, que su pasado no existió y se dejó llevar por sus emociones.
— ¡Hey!, idiota, ¿en qué estás pensando? —Le preguntó el ser devolviéndolo a la realidad, sin darse cuenta se había perdido completamente en sus recuerdos.
— Oh, Sensei. Lo siento, ¿qué me decía? —Dijo avergonzando a más no poder rascándose su nuca, Mandara le entregó una mirada lasciva sin que se diera cuenta y luego se levantó estirando sus pequeñas patitas.
— Iré a beber, no me esperes, idiota. Deberías ir con ese tonto del templo, te debe estar esperando. —Natsume sintió su rostro arder, ¿cómo decía con tanta facilidad algo así? Pero antes de que pudiera quejarse, Sensei había desaparecido entre los arbustos.
— Sensei… aunque creo que tiene razón. —Murmuró levantándose del césped, se sacudió un poco sus ropas y observó un poco más aquel que sol que desaparecía a la distancia, seguramente Tanuma lo esperaba sentado frente al estanque viendo las últimas sombras de los peces en aquel estanque en su habitación.
