Third Day: Emotions

Hablar de las emociones de Natsume era tema fácil para Sensei, como siempre pensaba, era demasiado sencillo de leer, sus miedos, sus gustos, sus oscuridades, todo estaba ahí como cual libro abierto, pero eso no era así para el resto. Siempre parecían interpretar mal las acciones del rubio de ojos almendrados, sus amigos llegaban a creer que los despreciaba y que no quería que estén cerca de él, Nyanko rodaba sus ojos, los humanos eran demasiado estúpidos a su vista, pero el ver tan bien lo que sentía las personas, no era precisamente una ventaja.

— ¡¿Qué hace ese horrible tipo aquí?! —Exclamó al ver a Natori junto a Natsume, se encontraban a las afueras de la escuela, lejos de donde pudieran verlo, y aquello era el problema, porque no era idiota, veía donde estaba la mano de aquel exorcista en el nieto Reiko.

— Sensei, ayúdame. —Pidió Natsume tratando de alejar al mayor de él, había hecho una marca en su cuello sin su consentimiento, ¿por qué últimamente actuaba así? ¿Estaba jugando con él? ¿Acaso le parecía divertido hacer aquellas cosas con él? ¿Qué pretendía? No podía tener ninguna respuesta a sus preguntas, porque no comprendía lo que se escondía en los ojos bordo del exorcista.

Nyanko si podía leer sus emociones, pero le desagradaban, no porque le interesara Natsume, bueno, si le interesaba, pero eso no iba reconocerlo, volviendo al punto, aunque viera que no había nada falso en lo que quería trasmitir aquel rubio degenerado -como él le decía-, tampoco había nada sano en todo aquello, al menos no para un chico de la edad de Natsume.

— ¡Suéltalo o…! — Sensei fue rodeaba por una nube de humo, y al disiparse se encontró en su forma original. — o te haré mi cena, cerdo pervertido. —Dijo ahora con grave voz alzando una de sus garras, Natori rápidamente retrocedió tratando de no mostrar miedo, pero realmente intimidaba aquella forma.

Por ese día, Natsume fue salvado, pero los sentimientos y emociones que aquel exorcista sentía hacía su persona, no desaparecerían, Nyanko desde hace mucho había notado lo muy instalado que estaban aquellos sentimientos en el corazón del pervertido, pero debía esperar para expresarlo, sino realmente iba a comerlo.

Sensei a veces deseaba que alguien pudiera leerlo a él, y decirle con palabras cuales eran las emociones y sentimientos que había guardados en su interior, pero tras pensarlo un segundo, aquello le atemorizaba de cierta manera, mejor ignorante, que enfrentarse a sí mismo; así que ya en brazos de Natsume volvieron a la casa, donde Touko-san seguramente lo esperaba con un delicioso pescado marinado.