Capítulo 5. El comenzar de cero.

Me despierto y me estiro en mi cómoda cama, miro a la mesita de noche junto a mí y veo que el reloj marca las nueve y treinta de la mañana, hace tanto que no dormía hasta está hora, me levanto y busco ropa en el armario, hoy tengo terapia con el doctor Aurelius a las once así que no podré ir a visitar a Peeta antes, será mejor, así Johanna tendrá toda la mañana con él para hablar de sus nuevos sentimientos. Decido ponerme un vestido de lycra verde claro con mangas largas y que me llega abajo de la rodilla, nunca me imaginé que yo alguna vez fuera a usar algo como esto, pero sí no lo uso ahora, jamás lo usaré, me pongo el ajustado vestido y busco unos zapatos, hay infinidad de zapatos, no sé quién allá elegido la ropa de mi armario, pero quién allá sido desperdicio tiempo y dinero comprando zapatillas de tacón de aguja porque no creo usarlas nunca, al final me decido por unos zapatos de piso blancos, me los calzo y voy al tocador, veo mi reflejo en el espejo, tomo el cepillo y comienzo a cepillar mi cabello, decido dejarlo suelto, sólo me coloco un pasador blanco de manera que evite que el cabello me cubra a cara, veo el reloj, sólo faltan cuarenta y cinco minutos para que empiece la terapia, así que ordenó mi desayuno por el micrófono y llega de inmediato, me como todo rápido y voy al baño a lavarme los dientes, estoy terminando de cepillar mis dientes cuando llaman a la puerta, es el siempre puntual Dr. Aurelius, como en todas las sesiones se sienta en la silla junto a la ventana y a la mesa y comienza con la misma pregunta:

-¿De qué quieres platicar hoy Katniss?

Afortunadamente nunca pregunta ¿cómo me siento? Esa es una pregunta tonta y difícil de responder. Así que comienzo a pensar sobre que quiero hablar, nos quedamos unos minutos en silencio mientras pienso, al final decido hablar de Peeta, es quién da más vueltas en mi cabeza.

-Creo que sobre Peeta.

-¿Qué pasó con Peeta? ¿Lo viste?

-Sí lo fui a visitar al hospital, me gusta su habitación y se ve mejor.

-¿Te gusta su habitación? Más específicamente ¿qué te gusta de su habitación?

-Creo que no es la habitación como tal, si no la libertad que tiene en ella, porque él puede hacer sus cosas, el se cocina, el se lava la ropa, tiene la libertad de hacerlo y yo no puedo.

-¿Te gustaría vivir sola?

-Sí me gustaría hacer mis cosas por cuenta propia.

-Bien, ¿qué te parece si lo intentamos?, probaremos una nueva técnica, te instalamos en un departamento en una zona cercana, las terapias serán una vez a la semana en vez de tres y vemos como te adaptas a vivir a tú plena libertad.

-¿Lo dice en serio?

-Claro, es una terapia similar a la de Peeta.

-Me gustaría mucho eso.

-Bien comenzaré los trámites y pronto serás enviada fuera con pre alta. ¿Algo más de lo que quieras platicar?

-Sí de hecho sí. No sé cómo entender mis sentimientos por Peeta, por un lado me da miedo pero cuando estoy cerca de él sólo quiero estar más cerca de él.

-Creo que lo más adecuado será que no lo presiones, el lo está haciendo muy bien y lo mejor será que aclares con él los límites hasta los cuales puedes llegar sin hacerlo retroceder ¿me doy a entender?

-Sí lo que usted dice es que Peeta y yo debemos hablar hasta donde es conveniente que llegué yo, sin presionarlo, o sea que si sólo puedo abrazarlo o si sólo podemos estar cerca, ¿a esos límites se refiere no doctor?

-Exactamente, no presionarlo para no alterarlo.

-Bien es lo que haré.

-Bien Katniss, ¿algo más?

-No, es todo doctor.

-Bien, entonces me voy para preparar tus trámites.

-Gracias doctor.

-Hasta la próxima semana señorita Everdeen.

El doctor se levanta de su silla y yo lo acompaño hasta la puerta y se va, cierro la puerta y regreso al tocador, me cepillo de nuevo el cabello y miro mi reflejo en el espejo, después miro todo lo que hay en el tocador, maquillaje, sombras, labiales, brillos, cremas, perfumes e infinidad de cosas, me sorprendo a mi misma tomando un brillo labial de fresa, decido probarlo, lo abro y aplicó un poco en mi labio inferior, no veo que cambie el color de mi labio, sólo distingo un poco el olor y el sabor a fresa, aplico en mi labio superior y me miro al espejo, se ven brillosos mis labios pero su color no ha cambiado, me gusta este brillo, decido que ya es tiempo de ver a Peeta, no sé que vaya a pensar de mi, con mi nueva apariencia, ¿le gustara? Seguramente Johanna ya fue a verlo, es más de medio día, hecho un último vistazo a mi reflejo y salgo con rumbo al hospital, llegó a la recepción y le hablo a la enfermera que está más cerca, porque hay dos sólo que una es rubia y la otra morena, la morena es quién está más cerca:

-Hola señorita, disculpe.

La enfermera morena voltea y se acerca a mí en el escritorio.

-¿En qué puedo ayudarle señorita?

-Vengo a visitar a Peeta Mellark.

-Claro, sígame.

De nuevo me dirige por los pasillos hasta la sala de espera, me dice que tomé asiento que irá a ver si su visita anterior ya se fue, me siento en el sillón frente a la pantalla y justo están transmitiendo un comercial que anuncia los 76 Juegos del Hambre, donde sale Plutarch diciendo que serán espectaculares y Coin diciendo que pronto darán inicio y aparecen muchas imágenes de los juegos anteriores y al final una imagen de mi Sinsajo en llamas. Término de ver el comercial y aparece la enfermera de vuelta:

-¿Señorita...?

Me pregunta mi nombre.

-Everdeen.

-Bien señorita Everdeen, el señor Mellark la espera.

-Gracias.

-Cualquier cosa, estoy en la recepción, mi nombre es Sasha.

-Gracias, muy amable.

Me levanto del sillón y voy por el pasillo hasta la cuarta puerta y tocó suavemente y espero su respuesta.

-Adelante, pasen.

Escuchar la voz de mi chico del pan hace que mi corazón se acelere, giro el pomo y entro despacio, lo veo de espaldas en la cocina.

-Hola Peeta.

-Pasa Katniss, toma asiento, ¿gustas comer? Llegaste a la hora.

Ni siquiera me ve, está muy entretenido en lo que cocina, no sé que sea pero huele delicioso así que decido aceptar su invitación a comer.

-Claro, ya hace hambre.

-Excelente, toma asiento en el sofá en lo que término de asar está carne.

-Claro, gracias.

Me dirijo al sofá donde me senté ayer y me acomodo mientras miro a Peeta moverse en la cocina. Ninguno de los dos habla, el está demasiado concentrado en lo que hace y yo demasiado absorta mirándolo. Me siento sorprendida cuando voltea y me mira con una sonrisa, yo le devuelvo la sonrisa y me pregunta:

-¿Me puedes ayudar a poner la mesa?

-Claro, dime dónde están las cosas y yo lo hago.

Me levanto del sillón y me mira diciendo:

-Que linda te ves. –Mis mejillas se ponen rojas y le respondo con una sonrisa. -Los platos están en la alacena de arriba del lado derecho, los vasos arriba a la izquierda y los cubiertos en el cajón de la derecha aquí abajo.

-¿y las servilletas?

-Cierto, en el cajón de abajo del de los cubiertos.

-De acuerdo tú continúa con la comida y yo pongo la mesa.

Peeta se gira de nuevo a la comida y yo me dirijo hacia donde se encuentra el, abro la almacena de los platos y los veo acomodados por tamaños, tomo un par de platos grandes extendidos y otro par de los hondos y los coloco en la mesa, me dirijo a la alacena de los vasos y me encuentro con que no sólo hay vasos, sino también copas, tomo un par de copas grandes para agua.

Me dirijo al refrigerador y antes de abrirlo me dirijo a Peeta:

-¿Puedo?

Se ríe y me contesta moviendo la cabeza.

-Adelante, toma lo que gustes.

Abro el refrigerador y veo muchas cosas, quién sea que haga el súper para Peeta trae todo lo que sus ojos ven, tomo una jarra de lo que parece agua de sandía y la estoy sacando cuando veo una botella de sidra de manzana, dejó la jarra con agua en la mesa y regreso al frigorífico y tomo la botella, es sidra de manzana sin alcohol, la saco también. La pongo en la mesa y voy a la alacena de vasos y copas y saco dos copas delegadas y largas, las colocó en la mesa, abro la puerta de abajo a la izquierda y encuentro lo que busco un cubo para la sidra, regreso a frigorífico y saco hielos los pongo en el cubo, voy al cajón de servilletas, tomo tres servilletas blancas, cierro el cajón y abro el de los cubiertos, tomo dos juegos de cubiertos y pongo todo en la mesa, doblo una servilleta por la mitad y la enrollo alrededor de la botella de sidra y la meto en el cubo con hielos, doblo las otras servilletas en tres, pongo los platos extendidos frente a cada silla y encima los hondos, a la derecha de los platos los cubiertos, encima de los platos coloque la servilleta y arriba de los cubiertos las copas, dejó los especieros en el centro de la mesa y pongo la jarra junto a los especieros y el cubo con la botella sobre el fregadero de la cocina porque no encontré otro lugar, término de poner la mesa y miro a Peeta que está muy atento a lo que hago. Me ruborizo y le digo apenada:

-Perdón la demora, quería que todo estuviera perfecto.

-Y vaya que lo está, nunca creí que fueras a poner tan espléndida mesa.

-Mi mamá nos enseño a Prim y a mí.

Al decir el nombre de mi pequeña hermana se me hace un nudo en la garganta y mis ojos se empiezan a llenar de lágrimas, bajo la mirada hacia mis zapatos y siento los brazos de Peeta rodeándome, me siento tan segura en ellos, que de inmediato las lágrimas dejan de llegar a mi ojos, levanto la mirada a los ojos de Peeta y antes de que me lance a besarlo de nuevo le digo:

-Deberíamos comer o se va a enfriar la comida.

Peeta me suelta no sin antes besar mi cabeza. Toma los platos hondos y los llena con crema de calabaza con elotitos nadando en ella, tomo asiento en una de las sillas y Peeta frente a mí, comenzamos a comer nuestra crema, noto que le hace falta un poco de sal, y estoy por tomar el salero cuando Peeta también, nuestras manos se rozan provocando una ligera corriente eléctrica que recorre todo mi cuerpo, ambos retiramos nuestras manos y reímos.

-Adelante Kat, tú primero.

Tomo el salero y le hecho a mi crema, lo pongo de nuevo en su lugar y lo coge el chico de ojos azules frente a mí, tomo mi crema y decido empezar a hablar:

-Peeta quería preguntarte algo.

-Adelante dime.

-Bueno, me gustaría que me dijeras cual es el límite de nuestra amistad.

Veo que no entiende la pregunta porque hace cara de confusión. Así que trato de ser más especifica.

-Me refiero a que por ejemplo si soportarías que te abrazará efusivamente o sólo podrías soportar darme la mano, a eso me refiero, por así decirlo ¿qué tengo permitido hacer y qué no?

-Ammm... Bueno eso es extraño pero bueno podríamos decir que no podría soportar otro beso sorpresa y con huida fugaz.

Me sonrojo y sonrío porque él me está sonriendo.

-Lo siento.

-No hay problema pero ¿por qué lo hiciste?

-No lo sé, te vi tan cerca y no lo pensé y me sentí mal porque no lo correspondiste fue que salí corriendo, pensé que te había alterado.

-¿Y tuviste miedo de que te atacará de nuevo?

-No, me preocupaba que tú te hicieras daño a ti mismo por mi imprudencia.

-Vaya eso es extraño.

-¿Por qué extraño?

-Que estuvieras más preocupada por mí que por ti.

-Yo siempre me preocupo más por las personas que quiero antes que en mí.

-Eso está mal, pero no te diré nada al respecto porque yo soy igual contigo, preferiría mil veces lastimarme a mi mismo que hacerte daño.

-Ya ves no estaba equivocada.

El chico rubio se ríe y me estira la mano al mismo tiempo que me pregunta:

-¿Terminaste tú crema? ¿Te sirvo el plato fuerte?

Le sonrío y le doy mi plato extendido, toma el suyo y va a las hornillas, yo tomo los platos sucios y los pongo en el fregadero, regreso a mi silla y el rubio regresa con los platos llenos de chuleta de cerdo asada con ensalada verde y aderezo blanco. Me llevó un pedazo a la boca y está delicioso.

-Peeta, esto está delicioso.

-Gracias Katniss.

-La próxima vez yo cocinaré ¿de acuerdo?

-De acuerdo.

-¿Oye Peeta, Johanna ya vino a visitarte hoy?

-Sí vino temprano en la mañana.

-¿Te dijo algo especial?

-Sí Katniss ya me dijo.

-¿Qué te dijo?

-Que está enamorada de mí.

-Oh vaya.

-Ya lo sabías, no te queda fingir sorpresa.

Me dice sonriendo y yo me río porque es obvio que lo sabía.

-¿Y qué le dijiste?

-Que agradezco su sinceridad pero que yo sólo estoy enamorado de ti.

Eso hizo que me atragantara con el bocado en mi boca, Peeta se levanta de su silla y se acerca a mí y llena mi copa con agua, yo la bebo a trago cortos y logró pasar el bocado.

-¿Estás bien? ¿Necesitas más agua?

-No, ya estoy mejor.

-Me asustaste Katniss.

-Lo siento, me sorprendió tú declaración.

-¿Cuál? ¿Que sigo enamorado de ti?

-Sí.

-Pues lo estoy, aún no con la misma intensidad que antes, pero estoy enamorado de ti.

-Yo también estoy enamorada de ti.

Y ahora es el quién se atraganta con el bocado, yo me levanto y le doy su copa con agua y la bebe despacio, ya que paso el bocado dice:

-Mejor terminemos de comer antes de seguir con las declaraciones o alguno podría morir ahogado.

Yo me río de su comentario y continuamos comiendo ahora en silencio. Cuando término el chico del pan levanta los platos y cubiertos y los pone en el fregadero, toma el cubo con la sidra y la lleva a la mesa, la abre y llena nuestras copas. Se sienta de nuevo frente a mí y comienza a hablar.

-¿Así que estas enamorada de mi? ¿Cómo te diste cuenta?

-Ammm pues en realidad creo que me di cuenta ayer, bueno hasta cierto punto sabía que sentía cosas por ti, pero no entendía esos sentimientos hasta el día de ayer que te bese y no obtuve respuesta de tú parte y sentí un hueco en el estómago y pensé que había cometido un error y que había echado a perder todo luego acabe de reafirmar mis sentimientos cuando Johanna me dijo que está enamorada de ti y en ese momento sentía ganas de arrancarle la cabeza, porque yo siento que eres mío y yo tuya y ella no podía cambiar eso.

-¿Sentiste celos por Johanna?

-Yo... Yo creo que sí.

-Katniss yo nunca podría enamorarme de alguien más, sólo de ti he estado y estaré siempre enamorado. Nunca nadie cambiara eso.

Yo me quedo muda después de las palabras de mi chico rubio de ojos azules y le doy un sorbo a mi copa con sidra, hasta que Peeta vuelve a hablar:

-¿Qué te parece sí empezamos de nuevo? ¡Empecemos de cero!

-¿Te refieres a olvidar todo lo que los Juegos y la Guerra nos hicieron?

-Sí, sí así lo quieres, yo sólo me refería a borrar los malos recuerdos y atesorar los lindos, pero sí quieres podemos olvidar todo antes de este momento.

Me quedo pensando, ¿hay algún momento que desee conservar?

Sí, esos últimos momentos en la arena del Vasallaje y las noches en el tren en la Gira de La Victoria y las últimas noches en el centro de entrenamiento, eso es lo que deseo guardar así que le respondo a Peeta.

-Guardemos los lindos recuerdos y empecemos de nuevo.

-¿En serio Katniss? ¿Lo dices en serio?

-Claro, nunca he hablado más en serio en mi vida.

Mi chico del pan se levanta de su silla y camina hacia mí, yo me levanto también y siento sus manos tocar mis mejillas y levanta mi cara para que lo mire y comienza a acercarse a mí, puedo sentir su suave aliento en mi cara, está más cerca y cierro los ojos y siento sus labios rozar los míos, mis labios responden inmediatamente y nos volvemos un sólo ser al fundirnos en ese beso, sólo nos separamos por falta de aire, yo le sonrío y me sonríe también y recorre mi labio inferior con su dedo pulgar y comienza reírse.

-¿Qué es lo que te da tanta risa?

Pregunto yo sonriendo.

-Que te he besado tantas veces antes y nunca había sentido lo que sentí ahora.

-¿En verdad? Siento lo mismo.

-Creo que esto es empezar de cero.

-Cierto.

Y vuelvo a besarlo, ese beso me dejo con ganas de más besos. Cuando nos separamos por aire Peeta me sorprende preguntando:

-¿Katniss quieres ser mi novia?

-Creí que ya lo era.

Ambos reímos y nos besamos de nuevo.