CAPÍTULO 2: IDENTIDAD
-Annette Jones?- se dijo así mismo Richter algo extrañado. Por alguna extraña razón, ese nombre le parecía familiar, una duda comenzó a brotarle en su cabeza, pero Annette dijo algo que hiso que esa duda se olvidara
-Desea tomar un poco de café?- pregunto amablemente
-Si claro!
Ambos entraron al piso superior del local, había un pequeño apartamento y varias cajas apiladas, una sobre otra. El cuarto era pequeño, también lleno de cajas, y la cocina era simple, pero ordenada.
-Disculpe el desorden oficial- dijo apenada
-No se preocupe, dígame, usted es de aquí?- pregunto Richter
-No, acabo de mudarme, vengo de Italia. Realmente no pensé que llegaría a estas horas. Es una suerte que lo haya encontrado oficial, si no aun estaría bajando cajas del camión de mudanza- dijo muy alegremente.
Richter, al ver su rostro, se sonrojo y solo pudo contestar un "No hay de qué".
La noche paso y parecía que apenas era pleno día. Toda la madrugada estuvieron hablando de amigos, viajes, familia, trabajo, en fin; toda la noche hablaron de cualquier cosa, como si fueran amigos lejanos, contándose las cosas que no pudieron durante años.
Se hicieron las 2:30 de la madrugada
-Cielos!- dijo Richter alarmado- Ya es muy tarde, será mejor que me vaya, aún estoy en servicio
-Ya se va, oficial?- pregunto Annette
-Si, pero si necesita ayuda, por favor llámeme- contesto Richter y saco una tarjeta que traía en el bolsillo del pantalón.
-Gracias, me asegurare de llamarle, señor Hughes
-Por favor, llámame Richter- dijo con más confianza
-De acuerdo, Richter, te llamare si llego a necesitarte- dijo Annette con una sonrisa inocente.
Richter se retiró trotando. Sin duda alguna, jamás había hablado tanto, mucho menos con una completa desconocida. Regreso a su puesto de vigilancia y se aseguró de seguir patrullando las calles, para ver que todo estuviera bien.
Afortunadamente, esa noche, cualquier cosa que haya sido la causa de los ataques, no se presentó.
A la mañana siguiente, Grecia se dirigió otra vez al apartamento de Richter, para despertarlo otra vez. Cuál fue su sorpresa cuando vio que estaba levantado, haciendo su desayuno.
-Buenos días, Grecia- le dijo alegremente
-Buenos días- dijo Grecia algo extrañada. - Vaya, veo que estas despierto, a que se debe?- dijo con curiosidad
-Nada- dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
Grecia enseguida noto la mentira piadosa y dijo- Si claro. Cuando los hombres dicen eso con semejante sonrisa es porque algo muy bueno les acaba de pasar, ¿o me equivoco? A ver, cuéntame- dijo con una sonrisa curiosa
-Bien de acuerdo. Me descubriste- dijo Richter y sentándose en la silla que tenía al lado, dijo mirando a través de la ventana...
-Ayer, conocí a una mujer realmente linda...- dijo con una cara de felicidad...
-Una mujer? Jajajajaja! Ya caigo, eso lo explica todo- dijo Grecia muy contenta - Y bueno, cuéntame, ¿cómo paso?
-Bueno, estaba en servicio cuando la vi, estaba bajando cajas de un enorme camión de mudanza. Según me dijo, acababa de llegar de Italia
-De veras? cielos, eso sí que es un viaje largo- dijo Grecia impresionada- Y bueno, ¿qué más paso?
-Pues, después de presentarnos, hablamos de varias cosas, no sé, trabajo, familia, cualquier cosa.
-Vaya, y dime, ¿cómo se llamaba esa chica? - pregunto con curiosidad Grecia
-Annette, Annette Jones- dijo Richter muy sonriente.
Grecia se sintió pasmada. Algo en ese nombre le daba mala espina... al parecer ya lo había escuchado antes, sin embargo, prefirió no estropear la felicidad de su mejor amigo y solo se limitó a felicitarlo, y desear que sus presentimientos no se hicieran realidad.
Richter noto algo extraño en Grecia, pero solo se limitó a no pensar en eso ahora. Se había sorprendido a si mismo pensando en esa extraña mujer que había conocido la noche anterior.
Esa tarde, el Capitán Barlow volvió a llamarlo, nuevamente tenía que vigilar la avenida Farcel pero esta vez de día, solo para asegurarse de que no habría nadie sospechoso. Como de costumbre, vistió su uniforme negro de policía y se marchó rumbo a su lugar de trabajo.
Cuando llego, se sorprendió al ver que había mucho ajetreo en el local de Annette. Al acercarse, noto que las jovencitas del pueblo estaban entusiasmadas por la nueva florería.
-Buenas tardes, oficial, ¿acaso viene a comprar algunas flores? - pregunto una de las jovencitas que veía las flores
-Bueno, la verdad no lo sé- dijo sonriente Richter, la chica rio alegremente y se alejó con sus amigas, no sin antes murmurar "Ya quisiera ser yo la que recibiera sus flores, oficial", a lo que Richter rio con una risita descarada...Annette que miraba la escena, sonrió alegremente y dijo
-Parece que lo acabo de sorprender, señor Hughes- dijo entre risitas. Richter se puso rojo ante el comentario, y, dando una evasiva, dijo:
-Veo que tiene buena venta el día de hoy
-Si. Decidí inaugurar el día de hoy mi florería. ¿Dígame, que le parece, Señor Hughes?
-Me parece bien. Pero, quedamos en que me llamarías Richter- dijo Richter admirando las rosas en el jarrón
-Jajaja, lo siento, Richter. En fin, veo que tiene un buen gusto por las flores. Esas rosas que están en el jarrón son muy raras y muy hermosas.
- De veras? Bueno, solo las vi porque el color es muy brillante.
-Ya veo. Si, su color es el más hermoso, tan rojas como la sangre. A estas rosas las llaman "Emperatriz Escarlata" precisamente por su color.
- Interesante. Dígame, que más flores vende aquí, ¿madame? - dijo Richter con curiosidad.
-Bueno, también vendo rosas blancas, iris, azucenas, claveles, laureles, en fin, cualquier flor en especial la encontrara aquí.
Richter no se había dado cuenta, pero cuando escucho las campanadas de la iglesia, anunciando la hora, se dio cuenta de que había transcurrido una hora entera en esa local. Se despidió de Annette, prometiéndole volver para comprar algunas flores...aunque no estaba seguro de a quien dárselas...
Esa noche fue más obscura que las de costumbre…La luna se reflejaba en las nubes que enmarcaban su luz blanca. Las luces de la pequeña ciudad estaban todas apagadas, no se veía ningún alma en esas calles, ni siquiera los gatos, que son animales activos de noche, se asomaron. Una puerta se abrió de entre la obscuridad y una sombra salió a toda prisa del lugar...
Atravesó el bosque cercano, mientras el sonido de las hojas se hacía cada vez más fuerte. Pronto llego a un punto, que sería el corazón del bosque…en ese lugar estiro su blanca mano y...atravesó algo parecido a un gigantesco espejo...
La sombra llego a una especie de fortaleza escondida. De fondo había un gigantesco lago de agua cristalina y, del otro lado, un hermoso castillo hecho de ladrillo más obscuro que la medianoche, y sus ventanas, brillaban cual diamantes. Rodeando la escena, un bosque sin hojas completamente cubierto por nieve, y en el lago, apareció una pequeña embarcación seguida de una misteriosa niebla.
La sombre subió a la embarcación y cruzo hasta el castillo...Cuando entro una voz le sorprendió...
- ¿Te divertiste en la ciudad, hermana? - dijo una mujer de cabellos rubios y ojos dorados que estaba en la entrada.
-Riza, sí. Fue bastante...interesante- Contesto la chica, quitándose la túnica negra y mostrando sus largos cabellos rubios.
-Bueno, es mejor que vengas. Marcus trajo un ciervo enorme. A puesto a que debes tener mucha hambre- dijo en todo a una madre preocupada.
-Sí, voy enseguida- dijo la chica. En ese instante sus cabellos rubios se volvieron blancos como la nieve, y sus ojos azules, se tornaron a un Dorado encendido...
Se dirigió a su habitación, vio a través de la enorme ventana que estaba en su alcoba y se dijo...
-Richter Hughes...Sí que es un ser bastante interesante- Riza, que estaba cerca, frunció el ceño y dijo
- ¿Así que, encontraste a tu "mascota" Annette? - dijo Riza con cierto tono de sarcasmo
-Que sucede hermana? ¿Acaso no tienes también una mascota? Además, Richter es un raro espécimen que no se ve todos los días...Apuesto a que su sangre debe ser…exquisita...- musito Annette tocándose los labios
-Bueno, si es así, espero que no hagas nada estúpido. En fin, apresúrate, o si no, terminaremos la cena sin ti- dijo Riza saliendo del cuarto.
Annette se quedó pensando un rato…y después dijo
-"Quien diría que después de tantos años, nuevamente nos volvemos a encontrar…Richter. Parece ser cosa del destino…"- y, con una sonrisa, se dirigió al comedor donde la esperaban pacientemente...
