Condena y prejuicio.
Por: Vampisan86.
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Capítulo I.
Antítesis.
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Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, todo es propiedad de Kazuki Takahashi. Solamente tomaré su creación para una historia completamente de mi autoría.
Pd: Es un Au. No meteré temas acerca del juego ni nada, no me sé todo. Necesito que la historia transcurra en 1998 por cuestiones ideológicas pero mantendré dentro de la trama la tecnología actual y del anime.
Pd 2: Es la primera pareja gay que leo. Debo admitir que algo no me gustó, y es que en todas las historias a estos dos rápidamente los aceptan como pareja gay y no hay problemas, incluso todos sus amigos son gay y me harté de leer eso sin sentido. Así que va la advertencia.
Advertencia: HOMOFOBIA. Puesto que lo centraré en 1998, la sociedad en América (no sé nada acerca de si en Japón ya los aceptaban, pero aunque la historia transcurra en Japón tomaré la ideología americana) aún no aceptaba ni veía con buenos ojos a las parejas homosexuales, a tal punto de despreciarlas y quitarles oportunidades. La historia tendrá homofobia. Y hablaré un poco sobre RELIGIÓN. Absténganse de leer si no es de su agrado.
Ahora, ¿Cómo vivirán ese amor si Kaiba es dueño de una corporación y depende del público para que se mantenga en éxito? ¿Cómo Joey sobrevivirá a los desprecios y humillaciones de los demás? ¿Vale la pena todo eso solo por un sentimiento amoroso?
La condena del prejuicio.
Joey Wheeler no creía en el amor a primera vista y tampoco en esas tontas cursilerías cliché de fanfiction baratas que se escribían, pero, curiosamente había comprobado que el odio a primera vista sí existía.
Lo había descubierto sin proponérselo cuando después de estacionar su bicicleta con la que se transportaba al campus universitario, y seguir su camino para llegar a su clase, un sujeto endemoniadamente grosero lo empujó repentinamente así sin más.
—Quítate de mi camino, estorbas.
Eso le dijo sin previas disculpas, sin importarle que el ataque a su persona hubiera terminado con él tirado sobre la tierra mojada del césped ensuciándole la ropa.
Oh, el odio nació en el momento en que azul y café se conectaron. Aumentó su potencia cuando el déspota cínicamente lo ilustró con una sonrisa satisfecha y le miró por sobre el hombro con todo el gesto evidente de asco. Wheeler entonces le frunció el ceño soportando las ganas de arrojarle su libro al rostro para borrarle su puñetera sonrisa, al mismo tiempo que sentía el fulminante flechazo del antítesis del amor.
Por ese miserable percance, Joey había llegado impuntual a la clase de gestión empresarial. El profesor a cargo solamente lo miró y prosiguió con su escritura en el pizarrón, remarcando en mayúsculas que si pensaban llegar con retraso mejor ni se asomaran a la clase y peor si su aspecto era el de un pordiosero pues su imagen era la carta de presentación en el mundo de los negocios. Una vez lo terminó de humillar, le indicó con pesadez a Joey que ingresara y éste suspiró intentando ocultar su creciente vergüenza y mordiéndose la lengua para reprocharle su proceder.
Sin embargo, como si eso no hubiera sido suficiente para el mal inicio del día del muchacho, no se esperó lo que le iba a suceder a continuación, e internamente se alegraba un poco de no ser creyente, pues habría perdido la fe al instante; puesto que al intentar ubicar un lugar vacío en esa enorme aula pudo visualizar al maldito déspota de hace unos momentos de entre todos sus compañeros. Ése, que le había enseñado a odiar al instante. Y el otro chico, tal vez por el prolongado silencio o tal vez por sentir unos ojos rencorosos sobre su persona alzó su mirada hacía Joey e hicieron contacto por segunda ocasión, pero no fue la chispa de amor lo que nació entre ellos.
Absolutamente no.
Joey Wheeler confirmó que el odio a primera vista existía y que era un sentimiento que se sentía con fervor ante su pureza.
Joey caminó con paso atormentado hacía el comedor del campus. Allí tanto Yugi como Tristán conversaban alegremente, ignorantes de la desgracia de su amigo y sin mostrar indicios de una mala mañana.
Al llegar, Wheeler se dejó caer como un peso muerto en la banca junto a ellos, asustándolos por no haberlo percibido, sin esperar a que sus amigos le preguntaran cómo estuvo su día, él empezó a relatar de una manera un tanto ficticia y exagerada lo que le había ocurrido.
Les contó desde el repugnante encuentro con el arrogante que ahora sabía se llamaba Seto Kaiba; sobre el tonto mensaje en el pizarrón que el profesor escribió e incluso el maldito debate que el viejo de mierda había realizado para él y el jodido Kaiba. Obviamente el profesor dejó que Kaiba le hiciera varias preguntas complejas acerca de la administración, como si fuera un maldito juicio donde cada quien tenía que defender con argumentos sólidos y válidos, solamente para dejarlo ver como un estúpido que no sabe ni una mierda en su entorno. Pero ahí no terminó su humillación, oh no, porque el maldito ególatra de Kaiba aprovechó para cuestionarle si acaso un perro como él estaba seguro de la carrera que había elegido estudiar, ganándose risas de los presentes, incluido el profesor.
Maldito déspota ególatra.
Incluso el nombre era por más ridículo, tal vez la próxima vez le diría que no tomaría en serio a alguien que tenía casi igualdad fonética a jaiba.
Aún con esa pequeña burla, Joey sentía su sangre hervir de rabia. Lo odiaba. E inclusive no se sentía satisfecho con solo contar su desgraciada mañana. Él quería ver sangre correr, preferiblemente sangre de Seto Kaiba.
—El nombre me suena —murmuró Yugi unos segundos después de que Joey se callara, cómo si lo más importante de todo fuera el mendigo nombre.
—Pues te compadezco —gruñó mordazmente Joey sin siquiera mirarle—. Realmente me pareció un completo imbécil.
Yugi pestañeó, intentando recordar un poco.
—Y ese profesor la agarró contra ti por lo que veo —comentó Tristán, completamente fascinado por la mala mañana de su amigo.
—Ese también es otro imbécil, incluso parecía que quería quedar bien ante ese idiota —contestó en un silbido.
—Vaya, ¿Quién diría que la agarraría contra ti de inmediato? —Se burló Tristán.
—Vean el lado bueno —señaló Yugi con una enorme sonrisa. No era que Joey fuera negativo pero él no veía absolutamente nada bueno de eso—. Al menos ya conociste a alguien además de nosotros.
La expresión de Tristán habló por Joey, el chico alzó ambas cejas asombrado, no sabía si Yugi bromeaba o era jodidamente inocente.
No obstante, Joey ya no les hacía caso, perdido en sus pensamientos pues sabía que tendría que desvelarse noches enteras estudiando y trabajando. Ya que la única forma de combatir contra un sujeto como Kaiba que aparentemente lo sabía todo y pensaba que el mundo le debía algo, era la de dejarlo boquiabierto frente a un tumulto de gente, con sus conocimientos acerca de absolutamente todo lo que abarcaba la asignatura e incluso la carrera. El chico sonrió porque era un hecho que quería ver esa expresión en su asqueroso rostro y mejor si el causante de su gesto era él mismo. Oh sí, la venganza era completamente dulce, casi pudo saborearlo.
Seto Kaiba conocería al verdadero Joey Wheeler.
Una semana después, Joey llegaba a su pequeño apartamento, el que por cierto compartía con su alcohólico padre, sintiéndose completamente exhausto.
Trabajar y estudiar horas insaciables lo estaban consumiendo. Quería gritar, desahogarse, renunciar pero sobre todo quería descansar, tomarse una tarde para ello, sin embargo, sabía que no podía darse aquel lujo. Si no fuera por la mala situación económica que desde siempre pereció, él estaría haciendo los deberes de la escuela como todo chico normal, en vez de prepararse para ir a su empleo de medio tiempo en el cual era el mensajero para una corporación. Siempre andaba de aquí para allá, con diversos paquetes que entregar y siempre terminaba cansado al acabar su turno y la paga con trabajo le alcanzaba para pagar su matrícula y alimentarse a la vez.
Suspiró.
Sin molestarse en ir hasta su habitación, dejó caer su mochila en medio de la sala y se dirigió a la cocina para prepararse algo de comer pues sentía sus tripas gruñir por el hambre. Como era de esperar, omitió el acervo de platos sin lavar que hacían una torre en el lavaplatos, curiosamente se asemejaba a la torre inclinada de Italia.
Pero para la vida desgraciada de Joey y ya sin sorprenderse, vio con profunda tristeza que no había absolutamente nada para ingerir. Ni siquiera las sobras de las sobras.
Maldiciendo en voz baja y resignado a no alimentarse por aquel día, fue a su habitación para encender la chatarra vieja de PC que Yugi le había obsequiado en sus inicios de secundaria. Obviamente no era nueva en su momento puesto que ya llevaba años de uso con su amigo pero al comprarse una mejor, decidió que Joey le daría buen uso a la computadora. A pesar de todo, el chico era un buen amigo y siempre se preocupaba por brindarle apoyo y claro, alimentos.
Como si Joey lo hubiera invocado con solo pensarlo, apenas había ingresado a su sesión y la ventanilla de conversación para Yugi se abrió de inmediato. El pequeño adulto le habló solamente para preguntarle cómo le había ido con su "mejor amigo" durante la semana. Cabe señalar que el rubio rodó los ojos y bufó, decidiendo teclear con furia.
—Espléndidamente increíble —respondió sarcásticamente—. Incluso ambos estamos ahora inseguros acerca de nuestra inclinación sexual, nos hemos enamorado locamente. Por eso lo ocultamos con nuestras peleas absurdas.
Era una estúpida broma con humor negro y Yugi la captó de inmediato.
—Pues espero que una cuarta parte sea verdad —contestó al segundo —Seto Kaiba es un hombre poderoso y de muchísimos contactos, no te lo imaginas.
Joey arqueó una ceja con curiosidad.
— ¿En serio? ¿Cómo sabes eso? —cuestionó escéptico.
—Su nombre me sonaba y hasta ahora supe porqué —tecleó con rapidez—, mi abuelito conoce su mercado.
El abuelo de Yugi era dueño de una tienda de juguetes tradicionales aunque últimamente su negocio estaba yéndose lentamente a la quiebra por la nueva ola de productos tecnológicos que se estaba poniendo de moda rápidamente, los muchachos le habían dicho que se adaptara al cambio, sin embargo, el abuelo era muy obstinado y seguía con la idea de que sería algo pasajero y su negocio no tardaría en volver a la cima del éxito.
Joey suspiró desinteresado.
—Fascinante —escribió, mostrando que le valía un mísero cacahuate.
Pero Yugi ya no le contestó, simplemente optó por enviarle a su amigo cabeza hueca el link de una página web donde podría encontrar toda la información acerca del famoso Seto Kaiba.
El rubio más por matar el poco tiempo que le quedaba antes de irse al trabajo que por curiosidad, dio clic a la url y fue conducido a una página en la que se mostraba todo el currículo de su compañero menos favorito, sorprendiendolo.
Seto Kaiba tenía veinte años, era extrañamente un año menor que el mismo rubio, pero había hecho más cosas que muchas personas mayores que él.
Como por ejemplo, adelantar años escolares por su alto coeficiente intelectual, además de tener tres doctorados en Matemáticas, Economía e Informática otorgado por una universidad extranjera de alto prestigio. Inclusive señalaban que era el futuro CEO de una importante corporación del país; la cual era la que sostenía el 63 por cierto de la economía de todo Japón, y como si eso no fuera suficiente, añadían que era un joven políglota excelente y millonario número uno que había ejercido el liderazgo a muy temprana edad, hace unos seis años, cuando Joey solamente se dedicaba a vender periódicos.
Como datos extras, la página señalaba sus reconocimientos durante su etapa adolescente: reconocimiento por innovaciones tecnológicas y estructurales, diplomas como mejor promedio en sus cursos privados, reconocimiento por el Estado como un importante miembro económico, etc. En la actualidad, solo para cumplir un programa elaborado por su empresa se dedicaba a dar conferencias a los jóvenes interesados en la carrera de negocios, mercadotecnia, administración, y todo lo que tuviera que ver con corporaciones. Sospechaban que se dedicaba a buscar a mentes brillantes para incorporarlos a su empresa pues su cargo eran las invenciones tecnológicas que habían catapultado en la cima a la corporación.
Incluso señalaban que era el modelo de buen ejemplo a seguir.
Joey lo sintió como una patada a sus testículos después de terminar la lectura. Una mueca de agonía se dibujó en su rostro.
Lo que me faltaba, pensó con aversión, ser un verdadero don nadie a comparación de ese arrogante tipo.
¿Por qué la vida se empeñaba en demostrarle cuán miserable era él? Ahora tendría que ver a Kaiba desde abajo. Maldición.
Todo estaba mal, si ahora Kaiba estaba construyendo el éxito en su empresa dentro de unos años sería un completo imperio económico al tiempo que él estaría buscando un empleo con el salario mínimo de un profesional recién graduado mientras lo vería a él por televisión en uno de sus tantos convenios empresariales.
Negó con su cabeza.
Por fortuna el sonido de su reloj le sacó de su sufrimiento avisándole que llegaba tarde al trabajo.
A la mañana siguiente, Wheeler tuvo que correr a ducharse. Apenas y pudo pasar una mano sobre su cabello húmedo, se vistió con casi lo primero que encontró y después de echar una barrita de cereal en su mochila, salió disparado a la parte baja del edificio para emprender su viaje en la bicicleta.
Llegó unos cinco minutos antes de la hora establecida a la universidad y radiante de felicidad se precipitó hacia los ascensores, sintiéndose orgulloso por su velocidad al pedalear. Pero la felicidad se fue al caño al vislumbrar a Seto Kaiba de pie frente al ascensor. Quiso dar la vuelta y tomar las escaleras, pero él se volvió un momento y sus miradas se encontraron.
¡Mierda!
¿Acaso se iban a pasar toda la vida conectándose por las miradas? Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Joey al llegar a una espantosa e hipotética conclusión. Joder, ninguno de los dos era gay.
Espantando el pensamiento, con una sonrisa se acercó para ubicarse junto a él. Desgraciadamente no había más alumnos esperando el elevador.
Kaiba, sin embargo, le miró de pies a cabeza como diciéndole silenciosamente que era un zarrapastroso fuera de lugar en esa instancia. Joey se mordió la lengua antes de decir una tontería.
Una vez, cuando ambos estuvieron dentro del elevador Joey trató por todos los medios de no mirarlo e iniciar una de sus estúpidas peleas ahí mismo, no después de haber leído aquel endemoniado artículo el día anterior. Pero sus intentos se fueron por una tubería gracias al todopoderoso Seto Kaiba.
— ¿Por qué no me sorprende tu impuntualidad y falta de responsabilidad? —cuestionó con un tono burlesco mientras se guardaba el celular.
Joey le fulminó con la mirada y sabiamente prosiguió en silencio, no sin antes remarcar que él igual llegaba impuntual y que primero tendría que ver sus defectos antes de criticar el de los demás.
Kaiba solo sonrió de lado.
—Entre tú y yo, la diferencia es abismal —musitó con orgullo—. No te compares conmigo, cachorro impertinente.
Claro que la diferencia es abismal, se dijo Joey, pero no tan abismal como tu enorme ego.
—Entonces guárdate tus comentarios —aclaró con sobriedad mirando de forma penetrante el marcador de pisos ¿Por qué iba tan jodidamente lento el elevador?
—Te daré un consejo, controla tu lengua —atacó con desdén y prepotencia. Luego, cómo si contara un chiste divertido, agregó poco después con fingida cortesía: —Aprovecha, es gratis.
Sintiéndose sumamente ofendido, Joey en un acto verdaderamente infantil, le sacó la lengua en el instante en que las puertas del elevador se abrían. Aprovechando el asombro de Kaiba por tal descabellada acción, huyó rápidamente del lugar como si hubiera cometido un asesinato y no quisiera verse involucrado.
Entró tan de repente al salón y buscó un lugar, lo más alejado posible de Kaiba y el profesor, no estaba de humor para otra humillación. No sin antes maldecir por ser tan irremediablemente infantil.
Bueno, no es mucho pero ya va una pequeña introducción. Obviamente el amor no nacerá ahora, será un largo proceso y más teniendo en cuenta la HOMOFOBIA de la sociedad, una anormalidad que se tiene que erradicar.
Un comentario sería bien recibido.
Publicado: 02/05/17
Corregido: 22/10/2020
