Capítulo 2: Bienvenidos a Masachuset.

Francis Bonnefoy

Ya era de mañana, todos los voluntarios nos encontrábamos en la sala de reuniones con nuestros equipajes. Yo charlaba con Alfred sobre la comido en Estados Unidos.

-Una vez probé una hamburguesa americana,¡ le dan mil vueltas a las de aquí!-Exclamó emocionado.

-No te emociones, esa comida es pura grasa, la comida francesa es mucho más ligera y sabrosa-Respondí con calma.

Alfred estaba por decir algo cuando Roderich apareció de la nada.

-Os aviso que no vamos allí por comida ni por diversión, vamos a lo que vamos-Nos lanzó a todos una mirada de profunda seriedad-Vamos, el barco nos está esperando.

Sin decir nada más, todos nos encaminamos hacia el puerto, donde nos esperaba un gran barco de lujo, siempre me pregunté como hacía el Consejo para poder pagar esto, pero tampoco me importaba mucho.

-Bien, aquí están apuntados vuestros camarotes según cada uno, iréis en parejas-Nos tendió una hoja-Y no hagáis locuras.

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Caminaba tranquilamente por la borda, las vistas al mar eran preciosas, pero las de la piscina aún más; habían un montón de hermosas mujeres, todas ellas de distintas formas. Pero hubo una de ellas que me llamó más la atención; era una muchacha de cabellera larga rubia, recogida en una coleta baja, llevaba un vestido negro de tirante con mangas de tela Crepé, y una falda que le cubría hasta las rodillas. Tenía unas gafas rojas que resaltaban mucho sobre su piel pálida. Junto a ella, había otra chica; esta era una cabeza más altay tenía una larga cabellera albina; sus ojos estaban tapados por unas oscuras gafas de sol, y a diferencia de la rubia, ella llevaba un vestido con escote corazón de color negro que le llegaba hasta la mitad del muslo, e igual que la rubia, era pálida, o mucho más.

Al parecer notaron mi presencia ya que inmediatamente se retiraron de la mesa de donde estaban, para desaparecer por los pasillos.

-Hey Francis-Me giré, era mi amigo Antonio-¿A que son bonitas las mujeres?

-si, si que lo son-Respondí evitando la mirada pícara de Antonio y observando otra vez aquella puerta por la que se fueron.

-No te preocupes, volverás a verlas-Respondió despreocupado.

-Seguramente, ¿Quieres tomar algo?

-¡Obviamente que sí !

Durante aquella semana, no volví a ver a ninguna de las dos. El trajecto fue agradable, era bueno salir del típico ambiente de Escocia de vez en cuando.

o_o

La llegada a Boston fue de todo menos cómoda, era de noche, hacia frío, y llevábamos como una hora esperando en aquella parada a que alguien apareciera.

-Os lo dije, esto ha sido una trampa, o una broma de muy mal gusto si lo preferís ver así -Dijo Yong.

-Paciencia-Respondió Roderich.

-Ha pasado una hora, paciencia es lo que menos tenemos-Dijo Antonio algo adormido.

-Ugh...tengo hambre-Desde donde estaba se escuchaban rugir las tripas de Alfred.

-Roderich, ya es tarde, mejor cogamos un hotel y mañana volvamos a Escocia-Mire a Roderich, este negó con la cabeza.

-Me he quedado sin cigarrillos...-Musitó Scott. Se incorporó y comenzó a andar.

-¿A donde vas Scott?-Pregunto Mathias.

-¿Es que lo no veis?, no vendrán, me voy a comprar cigarrillos, o a dar una vuelta, que más da.

Antes de que Scott pudiera alejarse aún más, unas sombras se acercaron.

-No deberías alejarte, las calles a esta hora son peligrosas, incluso para nosotros-Dijo una de ellas.

Scott paró en seco, y giró para ver quien le llamaba.

-¿nosotros?-Preguntó incrédulo.

Las dos sobras quedaron a una distancia que era posible ver su figura y su rostro, no tarde en darme cuenta de que eran las chicas del barco. La más alta caminó hacia Roderich.

-Es bueno verte viejo amigo-Le extendió su mano, Roderich la cogió, forjando un fuerte apretón de manos-U, Estas más fuerte que la última vez.

-Tu no has cambiado Julchen, Estas igual de pálida e igual de entrometida-la chica río de una forma rara.

-Ash, igual de simpático que siempre-Giró para ver a su compañera-Te lo dije Madeleine, eran ellos-Sonrió.

-en realidad yo te lo dije a ti pero vale-la muchacha se acercó a paso lento hacia nosotros-Usted debe ser el señor Roderich, La Suprema le espera en el aquelarre, por favor, siganme-Dicho esto, giro sobre sus talones y comenzó a caminar a paso lento hacia un callejón.

-Has crecido mucho Lud-La chica albina abrazo a Ludwig, el le correspondió, no fue hasta que ella se apartó que no cedió a dejarla-¿Como has estado Hermano?

-Bien,¿Y tu, has comido como debías?

-por favor, el día que no coma puedes preocuparte, tu ya sabes que soy una gorda-rio-bueno, mejor sigamos a Maddie antes de que la perdamos de vista.

Caminamos tras ella por minutos, hasta llegar a una gran mansión de ladrillos rojos, tenía ese estilo renacentista con un toque actual, parecía la típica caseta de ladrillo de campo con ventanales blancos y tejado negro. La muchacha sacó una llave de su bolsillo y abrió la gran puerta de madera.

-Por favor, mantengan silencio, las demás duermen-Dijo con un tono suaje y bajo. Caminamos junto a ella hacía el interior, debo reconocer, que no tenían mal gusto y que olía mucho mejor que en nuestro aquelarre.

De la nada, un cuchillo volador paso cerca de Alfred, menos mal que este reaccionó rápido y se apartó a tiempo, la muchacha rubia se apartó de golpe por el susto.

-¿Que hacen estos tipos aquí Madelein?-De entre la oscuridad, surgió otra chica, era rubia, su cabello estaba recogido en dos coletas altas y llevaba unas gafas de cristal azules oscuras, su vestido también era negro, cortó y pegado al cuerpo, con mangas de gasa; los taconazos que daba resonaban por toda la casa-Vosotros no deberías estar aquí.

-¡Hey calma!-Exclamó sonriente Alfred, el cual, le entregó tranquilamente el cuchillo, ella lo cogió a regañadientes-¡Me llamo Alfred.F Jones, mucho gusto!

-tch...Estupidos...-Susurró.

-Esas no son formas de recibir a los invitados Alice-Apareció una segunda persona. Tras unos sillones, se alzó una muchacha bajita, con el pelo recogido en dos moños, era asiática-Los asustarás aru

-Mejor, así se irán por donde han venido

-Alice por favor, no declares una guerra en casa-Dijo sonriendo Julchen.

-Silencio-Todos alzamos la vista hacia la gran escalera, en lo alto del todo, había una mujer muy bella, de cabellera ondenate chocolate, y mirada penetrante, su rostro mostraba la belleza en su puro esplendor; llevaba un vestido verde oscuro, y de su oreja colgaba una flor-Chicas, retiraros, todas.

-Si, suprema-Respondió Madelein para inmediatamente desaparecer.

-Buenas y hasta pronto-Las demás chicas se retiraron de la sala, fue entonces cuando Elisabeth se acercó a nosotros para darle un fuerte abrazo a Roderich.

-Oh Roderich, como me alegra saber que estas bien-Una reluciente sonrisa de formó en su rostro-Lamento haberte llamado así de golpe, pero era una grave emergencia.

-No te preocupes Elisabeth, los problemas de una amiga también son los mio.

-Lo mismo digo-Se apartó del señor Roderich-Me gustaría aclararlo todo en este momento pero es tarde y debéis estar cansado. Venid, vuestras habitaciones ya están preparadas.

La mujer, abrió con sumo cuidado dos puertas, las cuales, daban a una gran habitación repleta de literas y mesitas.

-Espero que sea de vuestro agrado-De su bolsillo sacó una llave-Ten Roderich, esta es la llave de la habitación. Buenas noches.

Dicho esto, se retiró. Todos tomamos una cama, yo decidí tomar una de las literas superiores, y Alfred la litera inferior de la misma cama.

-Mañana será un duro día, será mejor que descansen, buenas noches.

-Buenas noches-Respondimos al unisor y la luz se apagó, haciendo que me sumiera en un sueño profundo.