Capítulo 5
Antonio Fernández Carriedo
Todo estaba siendo fantástico, Felicia me había enseñado todas las habitaciones de la mansión, y habíamos hablado un montón, resultaba que ella y su hermana eran de Italia, Florencia. Estabamos en la cocina, preparando una "merienda", cuando vimos entrar a la que era hermana gemela de Felicia, y Ludwig.
-Y esta es la puñetera cocina-Se dejó caer sobre una silla-Ya está, tu puedes cuidarte solito-Ludwig no dijo nada, se limitó a asentir.
-¡Oh Sorella!, ¿Te apetece ayudarnos a cocinar?-Pregunto alegre Felicia.
-¿Cocinar?, eso es para plebeyos-Sonrió sarcástica.
Algo despertó en Ludwig, el cual, se acercó a Lucila, y colocó su mano sobre el hombro de esta.
-Disculpa,¿Te encuentras bien?-Lucila puso los ojos como platos y le miró, rápidamente apartó la mano de Ludwig de un manotazo, y se puso en pie junto a la chimenea.
-¡¿Quien te ha dicho que me toques?!-Exclamó. Felicia, algo preocupada, dejó el cuchillo apartado.
-¡Sorella, no-No pudo terminar ya que Lucila Metió la mano en el fuego, abrí los ojos como platos. Pocos segundos después Ludwig soltó un fuerte gruñido, giré a verle, la mano había comenzado a arderle-¡Sorella, para por favor!-Felicia se lanzó sobre su hermana y apartó la mano de su hermana del fuego.
Rápidamente se acercó a Ludwig.
-Ven conmigo, rápido-Tiró de su brazo para que la siguiera, el hizo caso y la siguió.
Ahora sólo estábamos Lucila y yo. Ella quedó unos segundos estática, pero finalmente decidió acercarse y acabar lo que estaba hacer su hermana.
-..-No decía nada. Yo lentamente, acerque mi mano, y la puse sobre el cuchillo, ella levantó la vista y me miró.
-Estará bien, Ludwig es un tipo duro, eso no lo matará-Frunció el ceño.
-No te importa lo que piense o lo que haga-Me cogió de la mano, y la apartó, me Di cuenta de que tenía la mano fría, y eso que la acaba de poner en el fuego.
-Oye, ¿Lo de antes..?-Con fuerza clavó el cuchillo en el tablón de madera, yo me sobre salté un poco. Metió las verduras cortadas en el agua irviendo.
-Vudú-Respondió tajante. Después de unos minutos, quedó inmóvil, y en silencio, me miró con el mismo celo fruncido, pero algo más relajado-Yo y mi hermana tenemos el poder del vudú.-Abrió la nevera, y sacó un canasto de tomates, donde luego, los dejo sobre la gran mesa de mármol que había detrás.
-He oido hablar del vudú, pero sólo leyendas-Lucila me miró.
-No todas ellas son ciertas, pero algunas sí-Había sacado un par de tomates y los había lanzado al lavamanos, el cual, estaba lleno de agua-Cometelo, tienes hambre, y se nota en tu horrenda cara, no es como si me importara..-La mire, ella ya se estaba comiendo uno, sonreí.
-¡Gracias!-No dijo nada, ni yo tampoco, pero estaba bien así.
Ludwig Beilschmidt
Yo y la hermana de Lucila caminamos rápidamente hacia la enfermería.
-Bien, siéntate en la camilla-Sonrío.Yo hice caso y me senté en la camilla, al momento ella volvió con unas vendas y alcohol-Esto te escocerá-Comenzó a echar el alcohol sobre el brazo, yo apreté con fuerza la mano-Las quemaduras no son graves, pero..-Dejo el alcohol sobre una mesa de metal y comenzó a enrollar la venda por el trozo de brazo quemado-Perdonala, no le gustan los desconocidos...
-No pasa nada-Respondí, ella levantó la vista y sonrió.
-Me llamo Felicia Vargas, mucho gusto.
-mucho gusto-Felicia Se retiró poco a poco-Siento haber molestado a tu hermana.
-Oh no, en absoluto, creo que le has agradado, normalmente ella es mucho más bruta-Sonrió, no sabía si sentirme alagado-A ella le resulta muy complicado el contacto con gente extraña, cuando vinimos aquí, ella a encerró en nuestra habitación por días. El primer años, no interactuo mucho con las chicas, pero según fue pasando el tiempo, se acostumbró. El otro día, no se sintió cómoda con vuestra repentina presencia.
-Ya veo-Miré mi brazo-¿Y..lo que acaba de hacer?
-Oh eso, Ella y yo compartimos el mismo poder-Río-Somos Vudús, se acercó al pequeño grifo que había junto a la ventana, lo abrió, y colocó su mano debajo-¿lo notas?-Empecé a sentir un ormigeo en mi mano, asenti, ella sonrió-Eso, es lo que podemos hacer, ¿Y tu?
-No tengo ninguna habilidad en especial como algunos de los chicos-La chica cerró el grifo, y se acercó para sentarse a mi lado.
-Vaya, pareces piedra-Dijo comenzando a dar pequeños golpes a mi brazo-Mi nonno era como tú-Más de cerca, pude ver que sus ojos tenían un color marrón para amarillento-Mi nonno me contó una vez que los hombres musculosos, lo son porque comen mucha verdura, pero a pesar de que como mucha, nunca llego a estar tan fuerte-noté un tono de decepción al decir aquello-Bueno, no importa-Sonrió tontamente-tengo hambre, iré a ver lo que Sorella ha hecho de comer.
Quedé algo impresionado por el repentino cambio de humor de la chica.
-T-Te acompaño-Ella giró a verme, y comenzó a dar saltos aleatorios por la sala.
-¡Yey, vamos a comer, comida comida!-Cogió mi mano, y me llevó de vuelta a la cocina, donde impresionantemente nos encontramos a Lucila y Antonio sentados en la misma mesa, pero no decían nada.
Fue una tarde tranquila, hablamos-bueno, Lucila no-Lucila me pidió perdón -a su manera, según Felicia, ya que no me dijo nada ni me miró-Y comimos un plato de pasta que habían preparado Antonio y Lucila -no se como, pero lo hicieron juntos-.
o_o
Era de noche, yo me encontraba leyendo un libro junto a una mesita, la cual, estaba decorada con un mantel bordado y un florero lleno de tulipanes, todos rojos. Eso me recordó la marca que habia visto en la espalda de Lucila, antes, cuando puse mi mano sobre su hombro. De repente, escuché un portazo, levanté la vista, encontrandome con Lucila, la cual, nos miraba seria, por un momento su mirada se posó sobre mi, pero rápidamente la apartó hacia otros.
-Necesitamos ayuda-Sus ojos se iluminaron por un segundo-Ustedes dos, parecen fuertes, vengan-Berward y Mathias quedaron atónitos, algo que irritó a la chica-¡No os quedeis mirando, vamos!-Ellos no rechistaron, y decidieron seguirla.
