Capítulo 7:Magia negra

Allistor Kirkland

Aquel lugar era menos impresionante e interesante de lo que esperaba, y para colmo, me habían puesto con una niña sin un buen busto-más bien, sin el que yo deseaba-

Me encontraba sentado en sofá columpio de la entrada, hacía ya rato que había dejado a aquella niña hablando sola en el salón para disfrutar del último cigarrillo que me quedaba antes de entrar otra vez en aquel lugar; por lo que pude ver, a los demás les estaba yendo bien.

De repente, unas manos se posaron sobre mis hombros.

-Oye, me has dejado sola-Dijo una voz cantarina, por lo que supuse que era Elaine. Giré irritado a verla, ella sonrió-No deberías fumar, es malo para la salud.

Rodé los ojos-No debería importante lo que haga.

Ella suspiró, y dispuso a tomar asiento junto a mí. Quedamos en silencio durante un rato, hasta que la llama de mi cigarrillo se apagó, dejando ver que ya no quedaba nada más por quemar, asique cogí la boquilla y la lanze por ahí.

-¡Hey no, No hagas eso!-Por instinto, Elaine me cogió de la muñeca.

De golpe todo se volvió oscuro, giré a mi alrededor, no habían nadie, estaba en medio del oscuro bosque, bajé la mirada, habia una colilla de cigarrillo, la cual, se estaba empezando a prender una pequeña llama, que cada vez se avivava más, hasta quemar todo a mi alrededor. Empecé a toser, las llamas habían subido hasta lo más alto de los árboles, notaba como cada vez me quedaba sin respiración, entonces escuche una voz que me gritaba constantemente.

Justo en ese momento desperté, estaba tirado en el suelo, y a mi lado estaba Elaine, Gritándome y sacudiéndome.

-¡Allistor despierta!-Me incorporé, comprobé que podía respirar, volví mi mirada hacia la colilla de cigarro-Estas bien...-Elaine se dejó caer. Suspiró aliviada.

-¿Que me has hecho?-Pregunté algo enfadado, ella se encogió de hombros.

-Yo...No quería, lo juro-Fruncí el ceño, me levanté, y justo cuando estaba dispuesto a marcharme Elaine me cogió del brazo-L-Lo siento yo..-Tiré de mi brazo para que me soltara.

-No me toques-Respondí tajante, y me fui.

O_O

Desde aquella tarde, no volví a ver a Elaine, algo que agradecí.

Al volver con Francis y Madeleine, ellos se fueron directos a la cocina y yo me dispuse a ir al salón para ver un rato el televisor. Al llegar, me topé con Elaine, saliendo.

-¡H-Hola!-Ella trató de acercarse para saludarme pero yo pasé por su lado sin siquiera mirarle. Me senté en el sofá y encendí el televisor-B-Bueno.., si me buscas estoy en la biblioteca-Pude escuchar sus pisadas alejarse.

No pasó ni un minuto desde que se fue Elaine, que recibí un a fuerte patada en la cabeza. Irritado, giré a ver quien era, como no, Alice.

-¿Se puede saber que haces?-Preguntó ella.

-Querrás decir,¿se puede saber lo que tú haces?-Pregunté irritado, apartando la pierna de Alice del respaldo del sofá.

-Ya le puedes estar pidiendo perdón a Elaine-Dijo firme, reí irónico-Eres un cretino, ella sólo está tratando de ser simpática contigo, y tu sólo la evitas-Le lancé una mirada de enfado-No me mires así.

-¿No tienes a nadie a quien molestar "hermanita"?-Noté algo incómoda a Alice.

-Callate..-Giré para ver a Alice, la cual, ya se encontraba a punto de salir del salón-Que mamá nos cuidará juntos, no significa que seas mi hermano..-Dicho esto, se marchó.

O_O

Estaba tirado en la cama, escuchando la conversación entre Francis y Alfred, los demás chicos estaban cada uno a lo suyo. Las puertas se abrieron de golpe, Lucila, una de las gemelas, la cual, posteriormente se habia llevado a Mathias y Berdward.

Los demás decidimos no decir ni hacer nada más ya que Lucila no nos había dicho nada más, pero la curiosidad nos carcomia. Finalmente Antonio y Francis decidieron bajar sigilosamente-Para ellos la palabra silencio no existía, y con sus estúpidas risas me despertaron-.

Cogí mi teléfono móvil, eran las tres de la mañana y aún no me había dormido, y ninguno de los chicos había regresado-de seguro estaban disfrutando de la noche-

Decidí ir a dar un paseo nocturno por la casa. Todo estaba completamente en silecio-increíblemente igual que por el dia-, la luz de la luna entraba por todas las ventanas , e iluminaba como un triste foco de luz blanca. Pasé por todas las habitaciones y aún así el suelo no entraba por ninguna parte, cuando ya crei haberlo visto todo, al final de un pasillo que no había notado hasta ahora, vi una luz encendida.

Me aproximé lentamente, segun me iba aproximando, se podían escuchar susurros, abrí un poco la puerta.

-Era verdad, Angélica estaba perdidamente enamorada de aquel hombre, de hermosos rasgos masculinos, y barba pobre, pero sabía que nunca sería para ella. Su hermana, su queridísima hermana Elisabeth también amaba al mismo hombre, y Angélica no estaba dispuesta a partirle el corazón a su tan adorada hermana menor, enton..-Abrí la puerta al completo, dejandome al descubierto, aquella persona se encontraba tirada sobre una especie de sofá gigante, su cabeza y resto del cuerpo estaban cubiertos por una sábana con estampados de estrellas. Una pequeña lámpara alumbraba la habitación, aquella persona giró a verme. Era Elaine, sus ojos de abrieron como platos al verme-Allistor,¿Que haces aquí?-Preguntó asombrada.

-No tenía sueño-Respondí, me adentre en aquella biblioteca, era bastante pequeña comparada con la que teníamos en Escocia, pero tenía una gran cantidad de libros, comparada con la de Escocia, otra vez. Caminé cerca de las estanterías y cogí un libro al azar, en la portada ponía "Don Chisciotte della Mancia" supuse que era italiano el tituló. Volví a dejarlo donde estaba-¿Que estabas leyendo?.

-Ah..no, nada interesante-Respondió inmediatamente, dejó la manta a un lado, dejando ver su cuerpo y su cabello desordenado, había que admitir que le quedaba bien aquel camisón negro.

-Supuse que era Hamilton-Ella levantó la vista, yo la miré de reojo.

-¿Conoces Hamilton?-Preguntó con un tono de entusiasmo.

-Le leía historias a mi hermana pequeña.., a ella no le gustaba esa historia, por eso lo hacía-Sonreí satisfecho, recordando aquellos momentos, sonrisa que se borró en segundos. Elaine se acercó a mi y volvió a coger el libro que había dejado.

-¿Y Don Quijote de la Mancha?-Giré para verla mejor, ella sonreía.

-Sólo lo conozco porque es el libro Favorito de Antonio. Nada más-Cogí y lo volví a dejar donde estaba.

-El realidad ese libro no es de aquí, lo trajo Lucila cuando vino, era un recuerdo "insignificante" según ella, pero solía leerselo a las brujas que llegaban más recientes y eran pequeñas como Lily o Wendy-Elaine miró el libro pensativa.

-¿Y son..?-Volvió a mirarme.

-Oh, no me hagas caso..-Nos quedamos en silencio-¿Te apetece quedarte?

-No-Caminé hasta donde anteriormente había estado tumbada y pude ver una pila de libros más, cogí el primero que vi-Conque Romeo y Julieta, ese si que lo he leído, no está mal pero, yo hubiera hecho a Romeo menos perfecto y a Julieta menos idiota-Observe la dura tapa, la cual, estaba forrada con cuero rojo, y tenía el tituló escrito en letras doradas-Amor a primera vista.., idioteces.

-No lo son-Respondió inmediatamente Elaine acercándose y cogiendo otro libro-Seguro que te han roto el corazón y por eso no crees en el amor.

-No me han roto el corazón, yo rompo corazones. Si hicieran una historia sobre mi, yo sería el Romeo que dejó a Julieta por la criada, o por otra princesa mejor-Elaine río, yo la miré sarcástico-¿De que te ríes niñata?-Levantó la vista.

-No me llames niñata, tengo diecinueve años-Alcé una de mis pobladas cejas.

-¿Diecinueve, tú?-Reí, ella me dio una inútil patada.

No se como, pero pasamos la noche hablando de historias fantasticas y de antiguas leyendas magicas.

A la mañana siguiente, mi humor no era el mejor, evitaba a todo ser humano que me hablaba, tan sólo eran las doce de la mañana y ya me había terminado la caja de cigarrillos que me había comprado el día anterior. Me encontraba recostado en el jardín, el cielo estaba despejado, se podía ver el azul en su mayor esplendor.

-Si te quedas mucho rato te vas a resfriar-Agaché la mirada, delante mío estaba Elaine, con un libro en la mano.

-Me da igual.-Respondí tajante, ella ignoró mi comentario y se sentó a mi lado-¿Que haces?

-Siempre vengo aquí a leer-Respondió tranquila, abriendo el libro por la página marcada.

-Pues vete, ahora este sitio está ocupado-Ella me miró de reojo, pero no dijo nada-¿Es que no has oído?

-Alicia estaba desesperada, no sabia donde estaba, no sabía como volver a casa. Sentada en aquel tronco, comenzó a llorar-Supuse que lo me haría caso, asique decidí ignorarla, pero no pude ya que inconscientemente comencé a escuchar su historia.