Título: B de belonefobia.
Autora: Lincoqueo. [También en Fanficslandia]
Advertencias: Ooc – UA.
Personajes: Sasuke U. Sakura H.
Extensión:
One Shot. [1304 palabras]

Belonefobia: miedo extremo, incontrolable e irracional hacia las agujas y otros objetos que puedan causar heridas con sangre.

Le dolían muchísimo los brazos. Le dolía al utilizar la articulación del codo, al extenderlo, al tocarlo y hasta mantenerlos quietos. Era un dolor lacerante que se entendía desde esa maldita articulación por todo el tracto del antebrazo y el hombro.

Tres días con esa maldita incomodidad.

Él se consideraba a sí mismo como una persona resistente a las molestias físicas, pero todas sus teorías se vieron derrumbadas cuando no se vio capaz de soportar el sufrimiento que significó hacer fuerza para ponerse su mochila. Iba al gimnasio, se mantenía en forma, mas hacer un pequeño trabajo de bíceps gracias a la acción de posicionar su mochila en sus hombros le pareció que fue una de las tareas más dificultosas que le haya costado hacer.

Se pasó la mano por su azabache cabello, sintiendo como le quemaba nuevamente la zona afectada. Aun así, su cara se mostró impávida. Sasuke Uchiha no perdería tan fácilmente la compostura.

Se subió al autobús como buenamente pudo, aparentando que todo iba bien, que no se le caerían los brazos de un momento a otro, sentándose en el primer asiento que vio.

Pensó en volverse una persona religiosa, al ver que su viaje lo haría solo, ya que no iba con un desconocido al lado.

Permitió ojear sus heridas, para ver si habían mejorado un poco, sintiéndose levemente furioso al chequear el estado en que estaban sus brazos.

Un moretón lo suficientemente grande para cubrir gran parte de la piel resaltaba imponente desde la articulación hasta el antebrazo, decorado además de múltiples puntitos rojos: la evidencia de la entrada de la ajuga. Tonalidades verdosas y amoratadas contrastaban con el surco violeta de las venas, irritadas por la succión y entrada de suero. Era imposible de disimular sin una polera o camisa de manga larga.

Embebido en la inspección, el grito de una anciana lo sacó de sus cavilaciones.

Escueto, la miró mientras bajaba sus mangas, desafiándola con la mirada a que dijera una palabra.

Seguramente la vieja pensó que era un adicto a las drogas, pero tampoco podía culparla pues la visión de sus pálidos brazos no era para creer menos.

Por fortuna, su parada ya había llegado. Se bajó del autobús lo más rápido que pudo, llegando a su casa rápidamente.

Abrió la puerta y se dirigió al sofá, exhausto, escuchando las suaves pisadas de su novia.

En la misma posición, con los ojos cerrados esperó el beso de bienvenida que acostumbraba a recibir, pero en cambio, el tacto de Sakura subiéndole las mangas lo desconcertó.

¿Acaso planeaba hacerlo de nuevo? Rogó que no.

―Hola Sasuke ―saludó sin mirarlo, concentrada en su antebrazo.

Solo le respondió un bufido escueto, aún esperaba la bienvenida que se había vuelto rutina. Sin embargó dejó que la chica continuara con la inspección de su machucada extremidad.

―Oh… ―una expresión asombrada salió de los labios de la mujer, mientras masajeaba dolorosamente la zona― quedó muy afectado…

―¿Tú crees? ―pensó irónico distrayéndose de la voz femenina.

―… pero resistiría si tomo muestras nuevamente.

Abrió los ojos exasperado por la terquedad e irracionalidad de la chica de hebras rosas.

―¿Estás loca? ―espetó incómodo y exaltado― ¡tengo el brazo como colador!

Sintió un beso en la comisura de sus labios que pasó desapercibido por la idea de tener agujas pinchándolo nuevamente.

―Eres fuerte, Sasuke, lo soportarás ―le respondió mientras se levantaba enérgicamente― además, si no practico, nunca seré buena médico.

―Practica con Naruto… —prefería ofrecer a otra persona antes que él.

La quería y todo, pero también le gustaba su integridad física.

—Iré por mis guantes y por agujas.

Bufó para sí mismo, dispuesto a manifestar el odio que comenzaba a correr por sus venas con miradas intimidantes, aunque sabía que Sakura ya era inmune a sus artimañas. Le dieron ganas de golpearse cuando le dio el consentimiento para que practicara la toma de muestras en él.

Sintió que la mujer preparaba los instrumentos en la mesa del comedor para comenzar la ceremonia.

Bufando, se vio caminando hacia donde ella. Se sentó en la silla malhumorado y ofreció el brazo, poniéndolo frente a ella.

—Empuña la mano, Sasuke.

No hizo caso, dispuesto a no cooperar.

—¡Que empuñes la mano!

Prefirió hacerle caso, quizás después podría cobrarle la deuda con otras tareas. Sonrió socarronamente ante la idea, mientras observaba a la mujer embebida golpeándole la zona para localizar la vena.

Sudó frío cuando vio la aguja y le dieron ganas de golpear a su novia cuando notó la duda en la cara de ella. Sin ningún culto, en un abrir cerrar de ojos, Sakura metió la aguja tan fuertemente en la piel del moreno que este pensó de verdad, que la chica tenía que ser más delicada.

—Me duele. —Informó con los dientes apretados, sintiendo que el objeto cortopunzante se revolvía en su cuerpo.

—Ay, perdón —se excusó la chica mientras retiraba la herramienta del brazo, limpiando rápidamente la sangre que salía de la herida recién hecha— ¡pero ya intuyo como hacerlo!

La miró con furia contenida, fulminándola. La joven continuó sus labores ignorando el berrinche que estaba haciendo.

—Empuña de nuevo, ¿sí?

Sasuke negó, con un umbral de irritación más alto de lo normal. Se levantó de la mesa impulsivamente, cubriendo sus brazos bajando la manga de la camisa.

—No.

Una ceja levantada seguida de risas ahogadas de Sakura hicieron empeorar su mal humor. La observó mirar uno de sus libros de anatomía y el chico pudo jurar que ella no tenía ni idea en dónde meter la aguja. Tampoco es que le pusiera mucha delicadeza a la tarea, ya que, según la mujer, iría afinando la mano con el tiempo.

—Última vez, ¿sí?, creo que ya sé —afirmó con seguridad, pero el daño ya está hecho. Sasuke confiaba en que esta vez sí lograra sacarle la bendita muestra de sangre. Sin responderle, se dio la vuelta dispuesto a descansar en el sofá como debió haber hecho en cuanto llegó— no me digas que tienes miedo.

Lo retó con voz cargada de diversión y cuando Sakura vio a su novio detenerse en el lugar que estaba supo que había dado en el clavo.

—Quizás tienes belonefobia temor irracional a las agujas… —comentó al aire la chica mientras continuaba insistiéndole que le prestara su extremidad de forma discreta— cuando vea psicología más profundamente te ayudaré con ese problema.

Sasuke empuñó sus manos y con la paciencia ya colmada no pudo evitar responderle de mala manera. Se había hecho una promesa a sí mismo de no ser tan impulsivo, pero ya estaba en su límite.

Estaba cansado, tenía hambre, no había ido al mercado a comprar tomates y sus brazos parecían tales coladores de un drogadicto. Él soportaba el estrés, sin embargo, el hecho de querer ser utilizado como sujeto de prueba y no ser mimado como su novia lo tenía acostumbrado le pasó la cuenta.

—No es irracional, Sakura —le respondió con la mandíbula tensa y los dientes apretados. La chica puso notable interés al pesar que conocería uno de las causas de la supuesta fobia del Uchiha— es que eres jodidamente mala metiendo la aguja.

Una vez que se encontró en la soledad de la cocina, la chica sacó un trozo de carne del refrigerador dispuesta a continuar con la ceremonia. Después de muchos ensayos y errores, satisfecha con los resultados decidió que esta vez sí le sacaría correctamente la muestra al chico.

Se dirigió a la escalera que daba al segundo piso, llamando con una voz landina: —Sasuke, ¿puedes por última vez prestarme tu brazo pa…

—No.

No la dejó terminar y ya había tenido una negación por respuesta. Bufó frustrada, aunque cualquier sentimiento negativo se esfumó cuando un pensamiento pasó por su cabeza.

—Parece que alguien sí es belonefóbico.

Sonrió para sí misma, ya sabía qué iba a hacer para su trabajo de psicología.

Gracias por leer!