La despedida

Después de una noche llena de pasión y de romanticismo, Vegeta se despierta después de que el reflejo de la luz le dé de lleno en la cara en dirección a los ojos. En un principio no se dio cuenta de dónde estaba, pero a su lado yacía dormida una desnuda Bulma con una cara muy agradable y con una leve sonrisa, cuando él se fijó en su rostro le produjo una sensación que él no reconocía, que no sabía lo que era pero que le hacía extrañamente feliz. Se acercó a ella y le acarició suavemente el rostro para que se despertara, de un momento a otro, ella abrió los ojos.

- Ummm… Buenos días Vegeta – dijo Bulma dulcemente y sorprendida de encontrar a Vegeta de esa forma.

- Buenos días

- ¿Has dormido bien?

- Es la primera vez en mi vida que duermo tranquilo y bien – al decir esto le sonrió levemente para después acercarse a darle un dulce beso. De un momento a otro, se volvió un beso apasionado, Vegeta cogió a Bulma en brazos y la llevo al baño donde en la ducha se demostraron lo que sentían el uno por el otro bajo el agua caliente.

Una vez vestidos, ella con un pantalón corto y una camisa blanca sin mangas y él con su uniforme de combate, Bulma decidió preguntarle una cosa a Vegeta.

- Vegeta, ¿ahora que va a pasar con nosotros? – dijo Bulma con tono preocupada

- Hmp… pues tú eres mía, eres mi mujer, eso significa que nadie te puede tocar ni nada – dijo Vegeta decidido pensando que lo había dejado claro la noche anterior

- No, eso ya lo sé, me refiero a que va a pasar con nuestra relación, cómo vamos a poder comunicarnos y esas cosas.

- No te preocupes, en unos días recibirás un paquete mío con unas instrucciones para que podamos seguir en contacto los dos y trataré de venir tantas veces como pueda pero, de momento, tenemos que hacerlo así, si Freezer descubre tanto a mi hermana como nuestra relación podría haceros daño a las dos y eso no me lo perdonaría. – Bulma puso ojos de ilusionada y sintió una alegría inmensa viendo que Vegeta se preocupaba por ella y que no era una mera diversión ni una chica más. Tanta fue su felicidad que por impulso, lo abrazó y Vegeta correspondió el abrazo. Él se dio cuenta de que en una semana su vida había cambiado: había encontrado a su hermana y había encontrado al amor de su vida, sólo tendría que ser lo bastante hábil para que Freezer no se diera cuenta de esto ya que no quería poner a nadie en peligro, pero aún tenía en su mente aniquilar a ese tirano y ahora tenía más motivos para hacerlo. En ese momento le dio un beso a Bulma, que estaba cargado de amor y ternura, demostrándole a ella que sí le importaba. Una vez terminó el beso, él le dijo.

- Acaba de arreglarte, que tenemos que irnos.

- Está bien, Vegeta. Te voy a echar de menos.

- Yo también Bulma, aprovecha ahora para decirme todas las cursilerías que quieras porque cuando estemos allí actuaré frío como siempre

- Ya lo sé tontito, tu orgullo es muy grande, es como una coraza que te protege de todo.

- Sí, pero lo puedo tragar cuando quiero demostrar algo y eso es lo que hice contigo. – Vegeta le dio una leve sonrisa y se dirigieron los dos a la entrada de la Corporación dispuestos a salir hacia la Montaña, ella en su nave y él volando a su lado.

Mientras tanto en la Montaña Paoz, Bardock estaba junto con Raditz y Nappa revisando las capsulas espaciales de los tres saiyans para que en cuanto llegara Vegeta pudieran partir de inmediato ya que en una semana, en la base de Freezer no habían tenido noticias de ellos, no es que el emperador estuviera preocupado ni mucho menos pero le gustaba tener todo bajo su control, pero no sabían lo que les iba a esperar cuando llegaran a la base.

- Pero, ¿dónde está Vegeta? Tenemos que partir ya. – dijo Nappa enfadado

- Tranquilo estará llegando – contestó Raditz intentando calmar a su compañero. Papá ¿está todo a punto? – preguntó Raditz a su padre.

- Si, falta muy poco, Ann ven a ayudarme, venga. – de repente la princesa salió de casa a la llamada de su padre, estaba más triste de lo normal ya que sabía que hoy era el último día de su hermano y no quería que se fuera pero por el momento no quedaba otro remedio.

- Dime papá, ¿en qué quieres que te ayude?

- Mira los dispositivos a ver si están correctos

Mientras estaban terminando de revisar los dispositivos de las naves, Kakarot estaba un poco alejado de su casa entrenando duramente ya que a él no se le daba tan bien la electrónica y para no molestar decidió ir a entrenar. Paró un momento de entrenar para descansar un poco los músculos y se dio cuenta que al otro lado había escuchado un ruido y se acercó para verificar que no fuera ningún peligro ni nada malo. Cuando llegó se dio cuenta de que había una chica que estaba practicando artes marciales, era una chica de mediana estatura, con el pelo negro y largo sujetado en una coleta y llevaba ropa deportiva, él se quedó sorprendido de que una mujer practicara artes marciales porque él no conocía a ninguna chica que lo hiciera, salvo su hermana. La chica se dio cuenta de que estaba siendo observada y se giró para ver quien la estaba viendo y Kakarot se asustó con la mala suerte que cayó al río. Eso produjo en la chica una risa muy graciosa ya que le parecía cómico, a él también le resultaba bastante graciosa la situación. Se acercó a él ofreciéndole su mano para ayudarle a salir del agua, pero a él no le hizo falta ya que se levantó solo perfectamente.

- Lo siento, no quería asustarte ni que te cayeras al agua jajaja – se echó a reír la chica.

- Jejeje no pasa nada, tienes que disculparme tú, estaba entrenando al otro lado y oí un ruido y me acerqué para ver qué pasaba.

- Ya veo, ¿cómo te llamas? Mi nombre es Chichi

- Encantado, mi nombre es Kakarot. Me quedé sorprendido, no sabía que las chicas practicabais artes marciales.

- Pues ya ves, a mí se me da bastante bien pero siempre quiero intentar superarme

- Yo también entrenó todos los días junto con mi padre y mi hermana, si quieres podemos quedar para entrenar los dos – dijo Kakarot muy nervioso porque no sabía cómo tratar con las chicas

- Vale, ¿dónde vives?

- Vivo en una casita en la Montaña Paoz, es la única que hay no vas a tener problema.

- Vale pues si quieres me pasó mañana y entrenamos juntos. Ahora me tengo que ir, mi padre me está esperando. Hasta mañana. – se despidió de él dándole un beso en la mejilla con la consecuencia de que él quedó totalmente sonrojado por eso.

Kakarot se dio cuenta de que ya era demasiado tarde y que debía ir a su casa ya que sabía que su hermano mayor se iría y tenía que despedirse de él y se dirigió hacia su casa.

En la Montaña Paoz, todo estaba a punto para que los tres saiyans se fueran, pero aun no llegaba Vegeta hasta que en el horizonte se dieron cuenta de que llegaba una nave y al lado una persona volando, estaba claro que eran Vegeta y Bulma. Cuando aterrizaron, Nappa le iba a reclamar a Vegeta su tardanza.

- ¿Se puede saber dónde andabas Vegeta? – dijo Nappa enfadado

- Eso no es de tu incumbencia, recuerda que soy el príncipe de los saiyans y no puedes hablarme así – dijo Vegeta como siempre hacía, aunque Nappa fuera su "protector" designado por su fallecido padre, no le gustaba que le gritara ni que le diera órdenes ya que al fin y al cabo, estaba bajo sus órdenes.

- Hola, ya estamos aquí – dijo Bulma que al bajar de la nave divisó a su amiga detrás de Bardock y fue a saludarla.

- Creo que ya se dieron cuenta de que hemos llegado, humana tonta – dijo Vegeta intentando aparentar normalidad. Aunque Bulma sabía porque Vegeta dijo eso, decidió seguirle la corriente y responderle.

- Tú no me hablas así, simio estúpido – dijo Bulma fingiendo estar molestar por el comentario.

Ahora sí, llegó el momento de las despedidas. Bulma tenía el deseo de decirle a Vegeta lo mucho que lo amaba, lo mucho que deseaba que se quedara con ella a su lado, abrazarle y darle un beso como cuando estaban en la corporación pero no quería que su imagen de guerrero frío y sin sentimientos se viera manchada, de momento le llegaba con lo que le dijo en su casa.

- Bueno hermano, me ha encantado verte por fin, solo te pido que no me olvides, por favor – Ann estaba muy triste, su recién conocido hermano se iba a ir y no sabía cuándo iba a volver a verlo ni nada y no sabía tampoco a lo que se iba a enfrentar su hermano a partir de ahora.

- No quiero que llores, una princesa saiyan jamás llora, ni se muestra débil ante los demás, ¿de acuerdo? – dijo Vegeta con tono autoritario intentando hacerle ver a su hermana que lo volvería a ver y que no se debía poner triste. Bardock entrénala, cuando vuelva quiero ver cómo se ha vuelto todavía más fuerte de lo que es ahora.

- Por supuesto Vegeta, lo haré.

Cuando iba a subir a la nave Vegeta se fijó en la mirada de Bulma, le guiño un ojo y le dedicó una sonrisa intentando que nadie lo viera, Bulma por su lado, entendía lo que significaba eso y era feliz. Las naves despegaron dirigiéndose hacia el espacio sin echar la vista atrás.

En el planeta de Freezer, el emperador estaba furioso, enfadado, indignado. No sabía dónde estaban los tres saiyans desde hace una semana, él pensó que se habían escapado pero no iban a librarse de su yugo, cuando los encontrará los iba a matar por desobedecerle, en ese momento entró Zarbon a la sala donde estaba él.

- Majestad, acabamos de localizar las naves de los tres saiyans. Se están dirigiendo hacia aquí señor.

- Muy bien, cuando hayan llegado traérmelos, espero que tengan una buena explicación para haber estado ausentes de sus obligaciones durante toda esta semana. Y si no me convence, los torturaré y luego los mataré.

- Sí, señor. – dijo Zarbon, sabiendo que su amo se tomaba muy en serio las amenazas que él decía, aunque a él le daba igual lo que le hiciera a esos tres, no soportó nunca a Vegeta ni a los otros desde siempre.

Freezer tenía el presentimiento de que algo estaba pasando, no sabía el qué pero su instinto nunca le fallaba, debía andar más cauto, no sabía lo que le deparaba pero sabía que algo bueno no era.

Continuara…

Otro capítulo más. Veremos los problemas que van a tener los tres cuando lleguen a la base de Freezer y qué ocurrirá con Vegeta y Bulma ahora que están separados. Buen fin de semana a todos. ;)