No, sus ojos no las engañan.

¿Es esto un nuevo capítulo? Pues si, tal y como lo ven.

Tranquilas, no me caí en un pozo y perdí las facultades mentales. Tanto tiempo, ¿No creen? 2 jodidos años. Pero volví, recargada de perversión para compartir con ustedes las lectoras que le dieron tanto amor a solo UN capítulo. Les voy a devolver ese amor ahora mismo entonces. Esto que están leyendo probablemente tiene una semana de haber sido escrito mientras terminaba el capítulo, así que preferí no escribir esto y publicarlo como aviso de que el fic volvería (ya sabemos lo decepcionante que es pensar que es un capítulo y era solo un anuncio, entre todas nos entendemos).

Esta historia está narrada en el punto de vista de Akihiko y eso nunca va a cambiar. Como siempre sigue siendo RATED M. Prepárense a conciencia ;)

Bueno, me callaré, y les devolveré a sus amados personajes. ¡Que empiece la fiesta!

"Que fastidio" recuerdo haber pensado por última vez antes de ir a dormir esa pasada noche. Esto lo ocasionó el solo recordar que mañana empezarían las sesiones de tutoría del pequeño bobo hermano menor. Como si no tuviese suficiente trabajo en mis hombros, debía soportar que un niño, por que no podía ser otra cosa, dependiese de mí para que su pequeña mente no fuese tan pequeña. Era ya irónicamente gracioso lo mucho que hacía por Takahiro, inclusive cosas que no quería, aunque no recibiese lo que realmente quería a cambio.

Hasta hace poco había terminado mi última entrega de "Romance en el consejo estudiantil", que según mi persona, era el más candente hasta ahora. Mi mente era un regalo para mis lectores y una tortura para mí. Por supuesto, podía crear los escenarios más seductivos que una persona puede imaginar, esos en los que sientes que te tocan a ti también, que los personajes no son solo eso, que el lector también es parte de aquella escena mojada y sucia, y que hacen a mis fanáticas chillar, pero que debía pagar yo por aquello, solo una parte de mis más oscuras y profundas fantasías.

Que no deseaba hacerle todas y cada una cosas que le había hecho al Takahiro de mi novela era mentirme sólidamente, pero me había desprendido totalmente de la idea hace mucho tiempo. Por más palpantes que pudiesen ser esas escenas en el libro, ninguna había pasado, ni sucedería. Así es pues que esto era mi única liberación. Eso y obviamente el jugar conmigo mismo. Quizá si tenía algo que algo que agradecerle a mi mente.

Había trabajado arduamente la anterior noche, quizá para olvidar lo que iba a tener que sobrellevar a la mañana siguiente, no lo sé. Ugh, de solo pensar que tendría que estar a solas con un niño que apenas si podía creer que era familia de mi Takahiro, ¡No eran para nada parecidos! Takahiro era amable, inteligente, todo lo bueno que había en mi vida, pero éste tal Misaki no solo era un idiota en los estudios, si no que era un niñato que no solo me había mirado como si yo fuese un intruso en su casa si no que me había echo perder ese momento tan íntimo con Takahiro. Él no lo sabía, pero había empezado con el pie izquierdo conmigo.

Le había dejado dicho a ese niño, por parte de Takahiro claro está, que podía entrar solo a mi casa, dejándole la clave a mi apartamento. Sabía que Aikawa, mi editora y personal demonio pasaría a dejarme copias de mi última novela, y también de mi creación BL por la mañana, puesto que dejé una nota para ella en la mesa junto a mis manuscritos apilados para que ella se los llevara y me dejara dormir mis debidas y merecidas horas de sueño. Vamos, que si debía enfrentar semejante y extenuante tarea, debía descansar apropiadamente.

En recompensa a mi arduo trabajo, mi imaginación me estaba recompensando en mis sueños, con una escena tan erótica que aún dormido sentía que mi temperatura corporal se elevaba y empezaba a sudar ahí en la cama.

- U-usagi... – Esa voz, fácilmente reconocible de mi Takahiro, se perdía en un gemido suave. Difusamente podía ver su cuerpo estirado en mi cama, los brazos sueltos en total rendición al placer que le estaba dando. Su cabello oscuro estaba pegado a su frente causa del sudor, mientras que con su mano sostenía sus anteojos empañados en la temperatura del ambiente. Su cara estaba contorsionada en una mueca de placer absoluto. A pesar de tan maravillosa vista, estaba un poco molesto de que no se pudiese deslumbrar bien, puesto que nunca había visto a Takahiro a hacer esas muecas era muy difícil imaginarlo. Pero esto se acercaba a la idea hermosamente. En aquel sueño, mis ojos se desviaron hacia abajo para solo poder deslumbrar que sus piernas estabas abiertas. El Takahiro de mis sueños tenía una cintura ancha y piernas torneadas, muy masculinas, exactamente como yo lo imaginaba. Aquella visión era todo lo que yo quería presenciar, su piel enrojecida, los ojos oscurecidos por la lujuria y su voz susurrando solamente mi nombre.

- A-ah... Usagi... – Lo escuché y saboreé cada minuto de aquello, endulzando mis oídos. Esa voz contenía tanto placer. Placer que yo le estaba dando tan expertamente. En el sueño pude besar apasionadamente esos labios, podía jurar que era real, pero no lo era, algo detrás en mi cabeza me lo decía, esto era solo un regalo que me daba a mi mismo.

Pero algo no estaba bien, mi visión se estaba oscureciendo cada vez más.

- ¡Takahiro! – Grité en mi sueño, mientras veía que mi visión lentamente se alejaba de mis manos. ¿Qué estaba pasando? Estaba entrando en pánico. El Takahiro que mi mente había creado solo para mi se escapaba de mi vista, y sucumbía de nuevo la oscuridad. Fue ahí entonces que escuché un grito alarmantemente fuerte. No estaba seguro si era un sueño, pero me retumbó en los oídos. Me retorcí en un intento de alejarme de aquello que me molestaba y alejaba de mi perfecta visión de mi amor. Pero era tarde, eso se había ido, estaba volviendo al mundo de la realidad. Y lo primero que escuché de la realidad fue:

- ¡Levántate, asqueroso escritor! – Escuché una irritante voz, aguda como pocas había oído, arrastrándome de nuevo al horrible y desagradable mundo real en el que mi hermoso Takahiro, aquel que mis sueños habían creado, no era real, no me pertenecía. Ésta voz venía a recordarme aquello. - ¿¡Qué carajo es éste libro?! ¿¡Estos son mi hermano y tú, no es así?! – Exigió saber esa voz, llena de enojo y resentimiento, tal vez un poco de desagrado también. - ¿¡En que demonios estas pensando?! ¡Exijo una explicación!

Estaba ya en el límite de mi enojo. Quien fuese que sea esa voz lo pagaría realmente caro. Se atrevía no solo a arrancarme de mi fantasía, si no que a gritarme y decirme tales palabras. ¿Quién demonios se creía? Me enderecé decidido a enfrentar al dueño de esa voz tan irritante, y debo decir que no me sorprendía nada a quién encontré, parado ahí, con esa mirada color verde que no solo contenía enojo, si no que confusión también empapada en sus irises. Misaki. El idiota hermano de mi precioso Takahiro. Antes de hablar, pude notar que tenía en su mano una copia de mi novela BL. ¿Es que acaso Takahiro no le había enseñado modales a éste mocoso? No solo se había metido en mi habitación sin permiso, si no que había tocado mis cosas.

- Así que lo viste... – Le dije rasposamente, arrastrando todo mi disgusto en esas palabras, mientras dejaba que todo mi malhumor actual inundara la habitación. Él pareció darse cuenta enseguida, por que su expresión cambió de desafiante y molesta a una más bien asustada y, si bien no me equivoco, casi veo temblar una de sus delgadas piernas, como si se incitara a sí mismo a retroceder e irse. ¡Pues no veía la hora de que eso pasara!

Pero lo que ocurrió fue totalmente lo contrarió, pareció enderezarse y volver a su posición defensiva, solo para soltar más improperios hacia mí.

- ¡Hey, tú! – Gritó otra vez con esa voz aguda que perforaba mis oídos como si agujas se tratasen, sostuvo mi libro en alto señalándolo con disgusto - ¿¡Los personajes en este libro porno son mi hermano y tú, verdad?! – Dicho esto, o más bien chillado, lo dejó caer con asco, haciendo una mueca, como si fuese la peor y más asquerosa basura que sus manos hubiesen tocado.

- ¡Yo sabía que eras un pervertido! – Siguió hablando, pero a éste punto yo no estaba siquiera prestando atención. ¿Quién se creía este mocoso para hablarme de semejante manera? Él era solo un idiota que me necesitaba para pasar sus clases, la cosa más simple que él no podía hacer solo, y venía a gritarme a mí, un genio a comparación a su pequeña y estrecha mente. Pero eso no lo detenía, para nada, pues siguió hablando - ¡Sabía que algo estaba mal desde la primera vez que te vi, pegándote a mi hermano de esa manera! ¡Cuando dijiste que querías el Tonjiru casero de mi hermano como paga! – Siguió recriminándome. Apenas si estaba escuchando lo que decía, era innecesario puesto que sus capacidades mentales eran insuficientes como para que cualquier cosa que saliese de esa boca me interesara. - ¡Es molesto! ¡No intentes arrastrar a mi hermano en tu sucio mundo! – Mi paciencia de todos modos se estaba acabando muy rápidamente.

Me levanté de la cama, dispuesto a encarar a este muchacho tan irritante. Me importaba poco y nada que fuese el hermano de Takahiro en éstos momentos, nadie, absolutamente nadie podía hablarme así. Pero que yo me haya levantado no lo detenía de hablar.

- ¡Mi hermano es una persona muy bondadosa, y tu estás aprovechándote de él! – Y, eso quebró toda la paciencia y consideración que pudiese quedarme. Golpeé el marco de la puerta justo al lado de su cabeza con la palma de mi mano. Honestamente, hubiese querido que fuese su bonita cara de mocoso.

- ¿Quién está forzando a quién? – Mi voz sonó amenazante y carente de paciencia. Sus ojos, que hace poco estaban decididos y llenos de coraje, bajaron directamente al piso, ahora no se atrevía a verme a los ojos. Lo escuché murmurar unas palabras muy por lo bajo, por lo que proseguí. – Dices que me aprovecho de Takahiro... – Otra vez, por debajo, empezó a negarlo. Ah, así que ahora tienes miedo. Elevó los ojos hacia mi como adivinando lo que pensaba y se preparó para defenderse.

- ¡De todos modos, no te acerques a mi hermano! – Exclamó, determinado a ganarme en ésta pelea. Pero no estaba dispuesto a ceder, mantuve mi cara enfadada mirándolo directamente. No había nada que este chico pudiese hacer que me hiciese perder el control. Por Takahiro, aguantaría cualquier idiotez que saliese de la boca de este mocoso - ¡Solo encuentra a otro! ¿Cualquier hombre está bien para ti, verdad? – Gritó.

Mis ojos se abrieron a su máxima capacidad. ¿Qué había dicho? Mi mente estaba procesando las horribles palabras que habían salido de su boca. No iba a tolerar esto. No de la boca de este niño. No permitiría que destruyera el mundo que había creado en el que Takahiro me amaba. Estaba amenazando con hacer aquello mismo. No me importaba lo que vendría después, le iba a enseñar una lección, una que jamás olvidaría. Este mocoso no sabía nada del amor, pero le iba a enseñar un poco ahora mismo. Estiré rápidamente la mano y agarré con fuerza su muñeca, que al instante me pareció extremadamente frágil, como si con un poco más de fuerza pudiese romperle el brazo, y lo arrastré en dirección en la cama. Lo escuché quejarse en el camino hacia mi cama, donde lo arrojé forzosamente, y antes de que pudiese levantarse o moverse, me coloqué encima de sus piernas, no soltando en ningún momento su muñeca. Ahora sí, mocoso, vas a conocer lo que significa mi amor.

- ¿Q-que? – Preguntó mirándome, con los ojos más llenos de inocencia que había visto jamás, si no fuese que recordaba lo que había pasado, nunca podría imaginar que el dueño de tan hermosos ojos verdes podía decir semejante cosa. Pero no podía dejarme caer en ellos, este chico iba a pagar por lo que había echo. No parecía tener la menor idea de lo que estaba por pasar.

- ¿Qué demonios puedes saber tú? – Empecé a hablar. Quizá cayendo un poco en la cuenta de lo que estaba pasando se retorció en la cama debajo de mí murmurando algo que no llegué a entender. Por mi mente por un segundo pasó la imagen en mi sueño, solo para darme cuenta del hecho de que Misaki tenía un cuerpo sumamente delgado y femenino, contrario a lo que yo pensaba de Takahiro. Debajo de su camiseta debía tener una cintura estrecha, femenina, sentía sus piernas largas y delgadas debajo de mí. Me alejé de esos pensamientos, este chico no tiene por qué interesarme, debía seguir con mi plan, lo asustaría tanto que nunca más pensaría en desafiarme. - ¿Qué puedes saber tú de mi y Takahiro? – Le exigí saber.

Entonces lo sentí retorcerse más debajo de mí, y tironeó con su muñeca de mi agarre. No fue suficientemente fuerte, pero dejé que se soltara.

- ¡Déjame ir! – Dijo de repente, y se movió lo suficiente para poder darse la vuelta, quedando de espaldas a mí. Para impedir que escapase, sujeté su cabeza con suficiente firmeza contra la cama. Su cabello era tan suave y sedoso...

- Dijiste que si es hombre, cualquiera está bien. – Murmuré, ahora con una voz más seductiva. ¿Lo entiendes, Misaki? Te enseñaré que tan bueno es mi amor. – Me molestas.

La posición en la que lo estaba manteniendo era demasiado buena, arrodillado, con las manos y la cabeza en la cama, las piernas ligeramente separadas. Aún con la ropa, pude apreciar que tan sensual era realmente este chico. Su camiseta se había levantado ligeramente hacia delante, confirmando mi teoría de su cintura, líneas increíblemente notorias, se curvaban hacia adentro en su cintura, y luego hacia afuera para formar el trasero más hermoso que había visto jamás. Lo podía notar aún con esos pantalones holgados. Increíblemente redondo, la perfecta cantidad de carne en ellos, y esa curva en su espalda...

Ya no sabía si lo estaba haciendo por enseñarle una lección a este mocoso, o por que, pero mis manos se dirigieron decididas hacia su miembro, cubierto todavía por su pantalón. Eso no duraría mucho. Sentí una fuerte palpitación en mi mano. Para mi... ¿Descontento? Misaki reaccionó enseguida.

- ¡Hey! – Gritó de nuevo. Se retorció bruscamente haciéndome alejar la mano. Pero no contaba con mis rápidos reflejos, que hicieron que mis manos tomaran de nuevo su muñeca y lo mantuviese en su lugar. Deslicé rápidamente la mano por debajo de su brazo y la arrastré por encima de su pecho, manteniendo su espalda presionada contra mi cuerpo. Ese hecho lo paralizó de inmediato. Lo sentí contener la respiración, sus dientes apretados entre sí. Aproveché ese momento para tomar juguetonamente uno de los cordones de su sudadera.

- Cualquiera, eso es lo que tú dijiste... – Murmuré en su oreja. Estaba tan cerca de su rostro que podía oler perfectamente la esencia de su pelo, y su aliento. Olía tan dulce, como incentivándote a probar un bocado. Parece que comprendió todo de golpe, por que lo escuché jadear asustado. Lentamente decidí llevar mi mano debajo de su camiseta, permitiéndome tocar su piel. Ésta era tan suave, caliente, sedosa...

- E-eso no era lo que me refería... – Tartamudeó un poco, no pude identificar si fue por miedo, sorpresa, o... ¿Placer? Podía entenderlo, debía estar deseando un poco de cariño para él también, que desconsiderado de mi parte, pensaba juguetonamente.

Ese calor que emanaba de él, y ese aroma, por fin tomaron su control en mí y no me detuve al pasar mi lengua lentamente por su cuello, mientras mi mano libre se entretenía con uno de sus pezones, que se empezaban a poner duros. Sentí que su pulso aumentaba. Para ser honesto, el mío también Aproveché entonces para deslizar mi otra mano por debajo de sus pantalones y evadiendo sus boxers para llegar a mí premio. Su miembro estaba tan duro.

- ¡D-detente, pervertido! – Lo escuché decir, pero no me importó. Su respiración acelerada, su pulso enloquecido, lo duro y palpitante que estaba su miembro en mis manos, no me podía engañar más.

Solté su pequeño pezón y deslicé la mano más arriba para sostener su rostro con suavidad. Escuché un pequeño gemido saliendo de sus labios, que curiosamente, eran rosados y carnosos. Me incitaron a tocarlos con la yema de mis dedos. Suaves...

- ¿Por qué no gritas por ayuda? – Le pregunté mientras me concentraba en absorber el aroma de su cuello. Tenía los ojos cerrados muy fuertemente, y un hermoso sonrojo cubría ese hermoso rostro que tenía este niño tan impertinente. Decidí tomarle el pelo, sabía que eso lo haría enojar. – Pequeño idiota de nivel D. – Mi voz fue desagradablemente burlona. Pero hizo el trabajo perfectamente.

- ¿¡Que dijiste, bastardo?! – Gritó de repente, lo que me hizo sonreír con un poco de maldad. Misaki si que era un libro abierto. Como castigándolo, le di un apretón a su miembro, lo sentí palpitar fuertemente contra mi piel. Soltó lo que casi sonó como un gemido y, como rindiéndose, se recostó en la cama, aferrándose a la sábana. Eso, Misaki... Él quería ganarme, pero su cuerpo no se lo permitía. Mantuve su muñeca contra su espalda con mi mano libre, esa que no estaba masajeando su miembro. Su tamaño no era descomunal, pero lo suficiente para que pudiese entretenerme largo tiempo con él. Su respiración era irregular, podía apreciar también como mordía su labio inferior para evitar hacer algún sonido. Hm, pequeño testarudo. Pero su lucha fue en vano, por que a mis oídos llegaron unos gemidos entrecortados, los más eróticos que escuché en mi vida. Sus sonidos corrieron desde mis oídos directamente hacia mi miembro, y ahí fue cuando noté lo duro que estaba, hasta dolía tenerlo atrapado todavía ahí dentro de mis pantalones. Incrementé el ritmo del vaivén en su delicioso miembro, solo deseaba escuchar más de él.

- Eres muy lindo. – Tuve que decirle. En su rostro se intensificó el sonrojo, puede ser por el halago, o por lo bien que le estaba haciendo sentir. Sabía que le gustaba, que hacía lo que podía para no hacérmelo saber, pero era muy obvio a estas alturas. No podía contener más sus jadeos de placer, y eso solo me hacía más difícil mantenerme al margen. Limítate, recuerda quién es este chico, lo que te dijo, me trataba de controlar, pero no podía. Este muchacho era sumamente erótico, sus sonidos, su aroma, como curvaba su espalda inconcientemente para darme mejor acceso, esas cosas que él no notaba.

Sentí entonces que su mano se estiraba lentamente en la cama, para aferrarse fuertemente a las sábanas. Estás cerca, ¿O no? Decidí premiarlo con un ritmo más rápido, deleitándome con el último contacto que iba a tener con su piel, dejando que mi mente se nuble con lujuria, esa que Misaki había despertado ahora, este momento lo era todo. Sentí entonces su temperatura aumentar, y sus palpitaciones erráticas. Dámelo todo. El secreto placer que sentí cuando sentí su semen en mi mano, corriendo por mis dedos, combinado con el gemido más sexual que escuché en mi vida, no me lo iba a quitar nadie. Ni tampoco lo que hice luego.

- Hm. – Me reí burlonamente, alzando la mano, sin saber que apenas lamiera un poco de su esencia, quedaría tan abrumado como lo estuve en ese momento. Tan delicioso. Tan exquisito. Deseaba relamerme pero no le daría ese gusto. – Eso fue rápido. – Me limité a burlarme un poco de él, haciendo lo posible por que no notase lo caliente que me había dejado. Él no dijo absolutamente nada, ni cuando lo solté, se quedó temblando en la cama. Lindo.

Necesitaba un momento a solas. Necesitaba pensar. Donde su aroma, su respiración, y él no llegaran a mí. Donde me pudiese olvidar lo duro que estaba en ese momento, por éste chico. Me levanté y me dirigí hacia la puerta, pero Misaki no se movía. Supongo que podía darle tiempo.

- Cuando estés listo para empezar, baja. – Le dije, no estaba seguro si escuchó, pero bajé las escaleras, derecho hacia el sofá.

Demonios...

Realmente había tocado al hermano menor del amor de mi vida. Pero él no dijo que no, así que no cuenta como violación ¿No es cierto? Algo en mi cabeza resonaba negativamente. ¿Qué tal si le decía algo a Takahiro? Me mataría, por decir poco. El pánico empezó a subir lentamente por mi espina; me recosté un poco en Suzuki-san en busca de apoyo de oso. Lo que pensaba mientras hice lo que hice tampoco era perdonable para mí mismo, ni siquiera pasó por mi mente pensar en Takahiro mientras hacía esa actividad con su hermano, podría haber sido bueno para mis futuras fantasías. Ni recordé su nombre. Seguramente era un mecanismo defensivo en mi mente para no pensar lo que Takahiro diría si se enterase. Encendí un cigarrillo, debía calmar esta ansiedad de alguna manera. No podía olvidar lo que había echo, fue tan espontáneo, tan extraño, tan erótico, y lo mucho que me estaba costando que mi miembro dejase de palpitar tan fuerte. ¿Qué has hecho, Akihiko?

Escuché pasos en las escaleras. Al subir mi mirada noté que Misaki bajaba lentamente, con la mirada gacha como si no quisiese encontrarse con la mía. Me molestó que mi entrepierna temblara un poco apenas él entró en mi campo de vista, como si supiese que él fue el causante de que estuviese en esa situación y le exigiese que terminara con el trabajo.

- Por que no te sientas, así podremos conversar – Le ofrecí. No levantó la mirada, pero noté que asintió levemente con la cabeza, mientras se sentaba del otro lado del sillón, casi lo más alejado que pudo de mí. – ¿Quieres algo de té? - Me levanté sin esperar su respuesta y me dirigí hacia la cocina. Necesitaba distraerme, no verlo de frente por un segundo. Estaba asustado. ¿Le diría algo a Takahiro? Si lo hiciese, estaba seguro que no solo lo que sea que hayamos podido tener se esfumaría, si no también nuestra amistad. Mi vida estaba en las manos de éste niño. Solo podía desear lo mejor a esta altura.

Me acerqué de nuevo a él y dejé la taza de té enfrente de él. Finalmente levantó la mirada hacia mí y me dio las gracias, su voz tímida y suave, ya no la voz irritante con la que se presentó en la mañana. Me senté enfrente de él, esperando a que dijese algo, pero solo se limitó a tomar sorbos pequeños de té, y ocasionalmente levantar los ojos, para quitarlos rápido una vez se encontraba con mi mirada. Supongo que estaba bien que no quisiera decir nada.

- Ya que voy a ser tu tutor, supongo que sería bueno que me conocieras un poco. – Le dije, tratando de romper un poco el ambiente tenso y oscuro que se había formado entre nosotros. Le empecé a contar un poco sobre mí, mi tiempo en Inglaterra, mis estudios, mi trabajo como escritor. Él se veía un poco desinteresado. También le mencioné sobre mi gusto por los juguetes, y mi interés en una vida normal. Le presenté a Suzuki-san también.

De repente, sus ojos se iluminaron, y cruzó las piernas rápidamente. Su rostro tenía una expresión algo burlona. Lo encontré sexy.

- Así que eras el típico niño rico después de todo. – Exclamó, apuntándome con el dedo. Antes de que pudiese responder algo, prosiguió: - Esto fue así, tu padre nunca prestaba atención a su familia, tu madre dejaba todo por sus intereses, y dentro de una familia solo de nombre hasta la relación con tu hermano era mala. Así que creciste solo. Nadie a tu alrededor entendía como te sentías, así que estabas solo. – Mientras él hablaba mi sorpresa crecía cada vez más. ¿Quién le había contado todo aquello? ¿Takahiro le diría algo? No, él no es ese tipo de persona. A pesar de mi sorpresa él siguió hablando – Así que para llenar ese vacío, te compraste un auto deportivo rojo, y un perro de pelo largo llamado Alexander. – Terminó, sonriendo con autosuficiencia, como si todo lo que hubiese dicho hubiese sido una pura burla.

- ¿Cómo lo sabes? – Le pregunté perplejo. Pero él también se sorprendió de estar en lo correcto. ¿Qué este chico no era un idiota? Pero parece sacar conclusiones increíbles.

Pero su asombro duró poco, ya que juntó sus manos y prosiguió.

- ¡Ah! Puedo explicar tu orientación sexual también. – Volví a dirigir mi atención a él. – Tu madre trajo consigo un amante a casa y presenciaste todo. ¡Trauma! Después de eso no te interesaron más las mujeres. – Se cruzó de brazos, manteniendo cara de autosuficiencia. – Y en aquel entonces tenías ese amable tutor, te hizo un par de cosas "malas" y descubriste entonces esa parte de ti. – Terminó. Otra vez, había acertado. Quizá este niño no era tal idiota como yo creía.

- Si eso se diese a conocer ahora, los periódicos estarían encima de mí. – Comenté. Otra vez se vio severamente sorprendido. Aunque, que haya adivinado todo esto no lo hacía ni de cerca conocerme por completo. No veo manera de que nosotros dos nos llevemos bien, pero por Takahiro tendré que aguantarlo. Él pareció llegar a la misma conclusión, por que se vio desanimado.

- Entonces – Decidí cambiar un poco el tema - ¿A que universidad querías ir?

- A la Universidad Mitsuhashi – Respondió sin levantar la mirada del piso. Casi no pude contener la risa. ¿Hablaba enserio? Esa universidad era de estándar muy alto, con sus notas era imposible que llegase a los requisitos de la universidad.

- ¿Estás soñando? – Me burlé. Eso lo hizo enojar de nuevo. Si que tenía un temperamento bastante frágil.

- ¿¡Que demonios?! ¡Siempre tratas de molestarme! – Me acusó levantándose de repente de su asiento. Sí que le gustaba pelear conmigo. - ¡No lo sabré si no lo intento!

- Yo sí lo sé – Le corté las alas inmediatamente. Este chico estaba en las nubes. – Ya vi tus respuestas en el examen de prueba. Esto no son solo errores comunes, tu no entiendes nada del problema. – Se vio totalmente desconsolado. ¿Por qué tanto quería ir a esta escuela? No era tan importante, pero tenía una expresión muy clara de derrota, como si le hubiese dado la peor noticia en el mundo. No queriendo ser tan duro, le comenté: - Baja tus estándares, todas las universidades tienen un departamento de economía.

Pero él siguió con su decisión totalmente inamovible.

- ¡Me quedo con Mitsuhashi, definitivamente! – Exclamó con total determinación, me dediqué a ignorarlo mientras ojeaba el papel. Si quería comportarse como un niño que lo hiciera, pero no obtendría nada de mí así. – Tengo que ir ahí, por mi hermano también. – Ante la mención de Takahiro levanté rápidamente la mirada. Él prosiguió. – Si no voy ahí, prefiero no ir a ningún lado. – Concluyó con una mirada decaída. Había algo detrás de esto. Decidí que lo mejor era preguntarle.

- ¿Por qué mencionaste a Takahiro? – Le dije. Él pareció sorprendido por mi pregunta, pero su expresión cambió rápidamente a una de tristeza, y se volvió a dejar caer en el sofá. Esperé pacientemente su respuesta, puesto que había una.

- Seguro lo sabes, pero nuestros padres murieron en un accidente hace diez años. – Murmuró, con una voz sombría, depresiva. Recordaba haber estado con Takahiro en el funeral. – Desde entonces, mi hermano fue quien me crió. A pesar de que fue aceptado en la universidad de Mitsuhashi... Fue mi culpa que dejara la escuela y empezara a trabajar. – Su voz iba siendo cada vez más triste por cada palabra que me contaba – Por eso, si voy a un departamento de economía, quiero que sea Mitsuhashi, la universidad en la que mi hermano quería ir. Mis motivos quizá no te parezcan los mejores, pero... – Dejó caer su voz.

Dejé fluir mis recuerdos, cuando estuve con Takahiro en aquellos momentos tan duros, en el que decidió que iba a dedicarse a cuidar de su hermano pequeño, quien ahora, diez años después quiere devolverle el favor haciendo lo que él no pudo. Me sentí conmovido. Lo que Misaki hacía era un acto desinteresado de amor hacia su hermano. Se preocupaba mucho por su hermano, y es dulce con él. Me recordó a Takahiro. Supongo que sí eran familia.

Me levanté de mi asiento y caminé hacia el muchacho, quien levantó la mirada del suelo y cruzó sus ojos con los míos, confundido.

- Lo haré - Levanté la mano y la puse sobre su cabeza, donde despeiné ligeramente su cabello. Suave... Misaki se removió debajo de mi toque, no estoy seguro si era molestia, o vergüenza. - Si es así, definitivamente haré que pases. No tienes posibilidades de fallar conmigo como tu profesor. ¿Está bien? – Le aseguré, retirando mi mano de su pelo. Sentí una corriente eléctrica pasar por mi mano, como si a mi cuerpo le hubiese molestado que el contacto se hubiese acabado. Pero Misaki me recompensó:

- ¡B-bien! – Dijo y, por fin, conseguí que me sonriera directamente, con un adorable sonrojo adornando sus mejillas. Sus pequeñas manos estaban sosteniendo su cabello, el lugar donde lo había tocado, como deseando volverse a peinar. Lindo...

Quizá será difícil, pero haré que este chico pase a la universidad. Por Takahiro y su sonrisa haría eso y mucho más. Éste sería el comienzo de una larga sesión en compañía de Misaki. Ahora estaba seguro, que sería de lo más interesante.

¡Hola de nuevo! Espero que les haya gustado tanto como a mí me gustó volver a escribir este fic. Eso significa claro, que estoy de vuelta, y voy a hacer todo para terminar el fic. Misaki se lo merece ;)

Si les ha gustado el capítulo, y todavía hay gente viva esperando este fic, los invito a dejarme un review, eso me haría muy feliz. Y a mis dedos también, si saben a lo que me refiero ;)

¡Nos vemos en la próxima actualización!

Abrazos, de osito.

- LouderSpeakers.