Disclaimer: NO poseo los personajes pero si el OC.
Importante: Las oraciones en cursiva se utilizan cuando Hana habla en alemán.
Capítulo 1: Mi compañero.
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Hana ha estado viviendo en Japón por casi un mes. Sus viejas amigas fueron hacerle una linda despedida antes de que ella tomara el avión que le cambiaría la vida por completo.
Ella temía levantarse en las mañanas. Hace una semana que entró a la preparatoria Yosen y hace una semana que ella se arrodilla en su cama para orar y decir en alemán:
"Por favor, que mi madre se arrepienta de este mal y me permita volver a casa."
Cada mañana, ella se bañaría y se pondría el uniforme escolar para después bajar y saludar a su familia de acogida.
―Buenos días, Kanzaki-san, ¿Cómo amaneciste? ―dijo su madre de acogida.
―Muy bien gracias. ―ella siempre responde sonriendo. Después tomaría asiento al lado de la hija de la mujer.
Luego de eso, ellos tomarían su desayuno en total y completo silencio. Hana se preguntaba si esto era así incluso antes de que ella llegara.
Al terminar el desayuno, Hana ayudaría a Rena a lavar los platos y después se colgaría la mochila para disponerse a salir de su casa e ir a la escuela. En donde se sentía muy intimidada, ya que desde que iniciaron las clases, todas las miradas se posan en la mujer alta y rubia.
Al llegar al salón, solo iría a su asiento en la parte trasera y se hundiría en él para luego observar a su compañero a la izquierda que come sin descanso. Desde hace una semana se dice así misma "es un bicho raro." y así el maestro entrar en el salón e iniciar la clase.
Esta ha sido su rutina desde hace una semana.
Esta escuela era terrible. Donde quiera que ella iba, habían chicos monstruosamente altos. Y eso que ella media 1.86 m, por lo que no era pequeña exactamente.
Ella se siente empequeñecida, especialmente cuando está sentada al lado de su enorme compañero, Murasakibara.
Ellos no habían intercambiaron ni una sola palabra desde que las clases iniciaron y los asignaron como compañeros de asiento. La cosa más obvia que Hana sabia de él, era que le gustaba de sobre manera los alimentos de todo tipo. Pero extrañamente, estaba en forma. No había ni una grasa notable en su cuerpo.
La otra cosa era que el chico era perezoso, sus ojos eran caídos como si siempre estuviera cansado. Cada vez que el maestro lo llamaba, el solo respondería con un gemido o un sonido al azar.
Al finalizar las clases, ella y otros compañeros tenían que limpiar el salón. Ella se encargaría de sacar la basura porque nadie quería hacerlo y Hana se ofreció solo para terminar de una vez. Todos ellos le agradecían de una forma amable. Hana siempre les sonreía.
Hana puso la basura en sus brazos y la llevó fuera hacia el contendedor de basura. Después de vaciar todo en la papelera, ella volvió a entrar solo para ver que todos los chicos se habían ido. Habían completado todas las tareas rápidamente.
Ella echó un vistazo a su asiento solo para encontrar a Murasakibara que se encontraba allí durmiendo. Incluso se escuchaba un leve ronquido de su parte. Ella sonrió ante la vista.
―Buenas noches, bicho raro. ―murmuró. Entonces se dispuso a irse pero un marcador negro cayó de su bolso sorpresivamente. El espíritu de la travesura se hizo cargo de ella.
Hana recogió el marcador en el suelo y se acercó a Murasakibara profundamente dormido. Por supuesto, el chico no se dio cuenta de la sensación de la punta y la tinta en su piel.
Sonriendo con su pequeña travesura, ella le palmeó la cabeza al niño antes de irse. Ese bigote había quedado increíble.
Durante la práctica de baloncesto, los compañeros de Murasakibara se rieron todo el tiempo de él. Murasakibara tuvo que ir al baño para encontrar que era lo hacía que ellos se rieran. Él frunció el ceño cuando se vio en el espejo.
Y entonces, al día siguiente, después de clase, Hana y Murasakibara hablaron por primera vez.
La rubia empacó todas sus cosas y como de costumbre, se miró en el pequeño espejo compacto que siempre trae con ella para asegurarse que el maquillaje sigue intacto. Después sonreiría a sí misma y se levantaría para irse.
De repente, algo o alguien la agarró de su delgado brazo fuertemente.
―¡Dios mío! ―Hana gritó.
Murasakibara la obligó a darse la vuelta para enfrentarse a él. Afortunadamente para Hana, no fue mucho esfuerzo el poder cumplir con sus ojos.
―¿Cuál era tu nombre? ―preguntó Murasakibara. Ella parpadeó un par de veces antes de responder.
―Hana…
―Bueno.
Entonces el silencio se hizo por unos segundos.
―Ayer… ―él comenzó en su acento típico. ―¿Dibujaste en mi cara?
―N-no...
―Todo lo que tenías que hacer era sacar la basura pero cuando estabas a punto de irte, fuiste hasta a mí para rayarme la cara… No soy estúpido.
―Me gustaría que lo fueras. ―murmuró Hana.
―Gracias. ―dijo Murasakibara sorprendiendo a Hana.
―¿Qué?
―No sé qué dijiste realmente. ―dijo mientras se rascaba la cabeza con pereza. ―Pero asumo que fue una disculpa.
Hana lo miró un momento antes de ponerse a reír como loca. ―Lo siento….es que no pensé que fueras así… creí que serias mucho más…intimidante. ―dicho esto, Hana sacó un paquete de pepero de su bolso y se lo entregó al muchacho. ―Toma, es como un medio de disculpa. ―ella sentía que se lo debía por haber rayado su rostro.
Los ojos del chico se iluminaron como los de un niño mientras tomaba la caja en sus manos. ―Gracias.
Hana se encontró sonriendo mientras veía al chico grande salir del salón.
