Disclaimer: NO poseo los personajes pero si el OC.
Importante: la letra en cursiva es el hablado alemán.
Capítulo 3: A causa de un pequeño accidente.
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Hana decidió que su vida en Japón estaba mejorando. Pero aun así, ella quería con mucha fuerza el volver a Berlín y su vieja vida, y mucha más después de lo que pasó.
Todo comenzó durante las clases de la tarde. Hana estaba concentrada prestando atención porque una de sus materias favoritas, además de que era su fuerte, era matemáticas. Faltando diez minutos para dar por terminada la clase y poder ir a casa, una mano grande agarró su muñeca deteniendo su escritura.
Ella miró robóticamente a su izquierda para encontrar que Murasakibara la mirada fijamente con pereza. Aparentemente, el maestro no se dio cuenta. Tal vez porque estaban ubicados en el último asiento de la sala.
―¿Qué pasa, Atsu-chan? ―ella decidió llamarlo así porque su apellido era muy largo y difícil de pronunciar. Y por lo visto, a él no le importaba.
―¿Me puedes prestar tus notas? ―preguntó con pereza. Hana sonrió cálidamente y arrastró el cuaderno hacia él. ―Gracias…
A pesar de que él ha estado agarrándola (brazos, manos o cabeza) sorpresivamente por un tiempo, Hana no creía que ella se acostumbraría a la sensación extraña. Ella realmente pensaba que no había necesidad de llamar su atención de tal manera. Estaba bien si solo la llama.
Como por ejemplo, después de que la semana dorada pasó (festividades en Japón) Murasakibara agarró su cabeza de la nada y se retiró sin decirle una palabra. Esto la dejó confundida. Tal vez lo hacía por gusto. Ella no lo sabía a ciencia cierta.
Mientras ella está sumergida en sus pensamientos mirando por la ventana, reaccionó muy mal cuando alguien la interrumpe.
―¿¡Qué!? ―Ella lanzó un puño que pegó directamente en la cara de Murasakibara. Más exactamente en su nariz y boca.
Hana juró que escuchó el sonido de un hueso roto. Algo caliente y de color rojo se arrastraba por la mano de la rubia. Murasakibara instintivamente puso su mano en el área afectada para evitar que la sangre siguiera fluyendo.
Sus compañeros se quedaron mirando. Su maestro se quedó mirándola.
Hana hacia el recorrido de su mano hacia donde golpeó al chico alto y de vuelta a su mano. Ella nunca le había pegado a nadie por lo que estaba en shock. Cuando se recuperó, empacó sus cosas y las del gigante y se lo llevó a la enfermería.
Tuvieron que llevar a Murasakibara al hospital porque su nariz estaba fracturada.
Hana se sentía el peor ser humano de la historia. Lógicamente, ella iba a pagar por todos los gastos y medicinas que necesitara el adolescente de cabello purpura. Es más, compraría todo tipo de bocadillos que él quisiera si con eso la perdona.
Y así, el lunes en la mañana, Kanzaki Hana fue conocida como "La chica linda que casi mata al mejor jugador de baloncesto" no, a ella no le gustaba eso. Más bien quería llorar. Una de las niñas de su clase se le acercó. Si ella mal no recuerda, su nombre es Ronoa Saya.
―No te preocupes, Kanzaki-san. Estoy segura que Murasakibara-san está consciente de que fue un accidente. ―dijo la chica más pequeña.
―Si, pero de verdad él no se merecía eso.
―Vamos, comamos algo en la cafetería y así te animas un poco ¿quieres? ―ella dijo mientras se paraba y le ofrecía su mano.
―Claro. ―Hana de verdad aprecia mucho a la gente amable.
Fue entonces cuando ellas dos se encaminaban a la cafetería, que fueron detenidas por el equipo de baloncesto. Los miembros titulares. Esto era una cosa aterradora. ¿Y si ellos estaban ahí para cobrar venganza por herir a uno de sus jugadores? Hana no sabe pelear y está segura que Saya tampoco. Pero bueno, por lo menos ellas sabían patear en donde les duele.
―¿Qué pasa, sempai? ―la rubia preguntó a Liu, quien es con quien está más familiarizada.
Antes de que el chico chino respondiera, el sempai que parecía un gorila dijo:
―Creo que deberíamos esperar a Murasakibara antes de empezar.
―¿Cómo está Atsushi? ―preguntó un chico de cabello negro muy guapo que acababa de llegar. ―Escuché que tuvo que ir al hospital.
―Si, pero creo que ya le acomodaron la nariz. De todas formas no podrá jugar baloncesto por dos semanas.
―Mierda, va ser muy difícil encontrarle un remplazo. ―dijo el superior rubio de estatura normal.
―Oye, Fukui, la chica es más alta que tú. ―dijo el gorila riendo de su amigo.
―¿Y eso que? por lo menos he tenido novias. ―contestó el rubio y de repente, el gorila se puso a llorar. ―Además, también es un poco más alta que Himuro.
El chico apuesto solo sonrió. Saya, que estaba al lado de Hana, casi babea. Con el tiempo, Murasakibara llegó. Su nariz estaba envuelta en una gaza y estaba hinchada y morada. El sentimiento de culpa invadió a Hana.
―Ah, Hana-chin. ―dijo Murasakibara mientras se llevaba a la boca frituras. Incluso así, él podía seguir comiendo.
―Hola, Atsushi. ―saludó Himuro.
―Murasakibara, ¿ella es la chica cierto? ―preguntó Fukui.
―Si.
―Bueno. ―comenzó Liu. ―De acuerdo con las reglas de la escuela, si hieres a un jugador titular de cualquier club, tendrás que hacer algo por ese jugador como medio de compensación.
―¿Eso es en serio? ―preguntó Fukui. Liu asintió.
―Creo que Atsushi es quien debe tener la última palabra. ―sugirió Himuro.
―Uhm…. ―el chico más alto reflexionó. ―Me basta con una disculpa. Pero que la diga en alemán.
Hana asintió y se inclinó rápidamente. ―Me disculpo por lo que te hice.
Murasakibara le palmeó la cabeza después. ―También quiero pepero.
―Supongo que debo darte. ―Hana dijo encogiéndose de hombros.
Debido a que ella le "debía", Hana volvió a sus días de comprar y compartir caramelos. En realidad, ella ya se ha acostumbrado a eso por lo que no le molesta en lo absoluto.
Murasakibara no la agarró sorpresivamente más. Más bien se conformó por llamarla. Él chico parecía relativamente feliz. Tal vez la causa era que no tenía que molestarse en ir por sus propios aperitivos. Sin embargo, ella no lo había notado hasta que Himuro se lo comentó.
Y no solo él.
Todo el equipo de baloncesto veía al chico un poco más "vivo" ya que no tenía que molestarse con jugar al baloncesto por dos semanas. Murasakibara solo jugaba porque era bueno.
Hana sabía que él era considerado como un jugador importante, incluso llegó a escuchar sobre una llamada "Generación de milagros". Ella le preguntó a Saya, quien le contó lo que sabía y que de hecho, Murasakibara pertenecía a dichos jugadores prodigio.
―¿Y dónde están los otros ahora?
―No lo sé. Dicen que todos fueron a escuelas importantes y fuertes en lo que se refiera al baloncesto. ―dijo Saya. ―Creo que te buscan. ―Hana volteó a donde Saya apuntaba para encontrar a Murasakibara.
―Voy a ver que necesita. Nos vemos luego, Sa-chan. ―ella se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta.
―Hana-chin, vamos a pasar el rato. ―Hana parpadeó un par de veces antes de responder.
―¿Y a dónde vamos?
―A cualquier sitio.
―Está bien. ―dijo Hana moviendo la cabeza y sonriéndole.
Recientemente, Hana estaba pasando demasiado tiempo junto con el grandote antes y después de la escuela. Probablemente debido a la cantidad de tiempo libre que le queda al joven al no poder ir a la práctica. La rubia estaba muy sorprendida de que Murasakibara quisiera pasar tiempo con ella.
Mientras caminaban, Hana sacó su espejo y luego una banda elástica para atarse el cabello y así conseguir que no fuera molesto por el calor. Esto no pasó desapercibido por el macho a su lado.
―¿Qué haces?
―Me ato el cabello porque tengo calor. ―ella contestó mientras fijaba la coleta.
―También tengo calor… ―él chico dijo a nadie en particular.
Entonces a Hana se le ocurrió algo. ―¿Quieres que te ate el cabello?
Sinceramente ella esperaba que él dijera que no, o al menos mostrara resistencia pero para su sorpresa, el chico se dio la vuelta y se agachó a su altura. Hana sacó otra banda elástica y tomó el caballo purpura peinándolo hacia atrás y así conseguir hacer la coleta. Sería una mentira decir que no se maravilló de lo suave y liso que era. Y el olor era exquisito (tal vez caramelo).
Cuando acabó su labor, el muchacho se volvió al frente y se veía muy, muy bien. Tal vez era porque Hana estaba acostumbrada a ver que su cabello enmarcaba su cara. Pero lo cierto, es que Murasakibara se veía atractivo. Lo único que faltaba para que luciera perfecto era quitar esas migajas de pan de la comisura de su boca y por supuesto, la gaza que tenía en la nariz.
―¿Cómo me veo? ―preguntó.
―Hermoso. ―dijo Hana con sinceridad.
―¿Hermoso? ―reiteró.
―Hermoso. ―ella dijo mientras le tomaba de la mano. ―Ahora vamos a comprar algunos aperitivos que me muero de hambre.
Murasakibara no le respondió pero la siguió. La sensación de su mano en la suya fue muy agradable, para sorpresa de Hana.
