Disclaimer: NO poseo los personajes pero si el OC.
Importante: Las oraciones en cursiva son el hablado alemán.
Capítulo 8: Niñas y un hurón.
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Las vacaciones de verano finalizaron. Lo que significa que debían volver a clase para el siguiente periodo.
Hana continuo yendo a ver las practicas ya que se volvió costumbre. Pero como no era la gerente oficial, no tenía permitido ir a ver los partidos de los muchachos. Ya que estos se desarrollaban en horas de clase. Ahora, estaban teniendo la semifinal de la Inter-High. Murasakibara dijo que él no jugaría. La rubia no se molestó en preguntarle la razón.
A la hora del almuerzo, ella y Saya se quedaron en el salón, como siempre lo hacían. Fue entonces cuando por primera vez desde que Hana llegó a Japón y asiste a esta escuela que un grupo de niñas la invita a sentarse con ellas y compartir juntas el almuerzo. Era desconcertante para ambas, obviamente. Dado que Saya no es muy popular y Hana menos.
Yoshida Ami, la chica que las invitó se encargó de presentarlas al resto. Eran Tanaka Orihime y Suzuki Ino. Todas tenían cabello negro.
Debido a que para Hana la más familiar fue Yoshida (ya que habían interactuado por 2 minutos 15 segundos) se sentó junto a ella y junto a Saya.
Todas procedieron a destapar sus almuerzos y las cinco comieron en un silencio inquietante. Por último, Ino habló.
―Así que…Kanzaki-san, ¿te ha gustado vivir en Japón?
―Si. Ha sido interesante. ―la rubia respondió con sinceridad.
―¿Podrías hablarnos en alemán? ―pidió Orihime alegremente.
―Uhm….por supuesto. ¿Qué quieren que diga?
―No lo sé, lo que quieras. ―dijo Ami.
―mi nombre es Kanzaki Hana. Nací en Berlín Alemania. Tengo 15 años. Mi cumpleaños es el 14 de noviembre y me gusta el pepero. ―Las niñas empezaron a aplaudir asombradas.
―Eso es sorpréndete. ―dijo Saya.
―Así que…..Ahora que ya tenemos un poquito más de confianza….tengo una pregunta para ti, Kanzaki-san. ―dijo Ino.
Hana no estaba segura si le gustaba a donde iba esto, pero teniendo en cuenta su personalidad simple y amable, asintió para que la chica procediera, tomando un sorbo del jugo de naranja en caja.
―¿Qué pasa entre tú y Murasakibara-san?
Hana escupió el jugo (que fue poco femenino) y empezó a toser hasta la muerte. Saya tuvo que darle palmaditas en la espalda para que se calmara.
―¡Ino-chan! ¿Eso no es pedir demasiado? ―Orihime la regañó.
―Vamos, Hime-chan. No me digas que tú no tienes curiosidad. ―dijo Ino.
―En realidad, sé que esto es grosero pero yo si tengo un poco de curiosidad. ―dijo Ami. ―Es un poco rato verte cerca de Murasakibara casi todos los días.
―¡Yo le digo lo mismo! ―interrumpió Saya. ―Ella va a todas partes con él. ¡Hasta fue al campamento de verano del club de baloncesto!
―¿Eso es cierto? ―todas las niñas preguntaron.
―Bueno, si él no se molestó con ella después de que le fracturara la nariz, es porque hay algo raro. ―dijo Ino.
Genial. ¿Tenían que recordarle eso? Hana se pasó una mano por el pelo, acomodándose la diadema que llevaba con nerviosismo.
―Uhm…. ―murmuró con un tono incierto.
¿Incierto? Ella estaba pensando mucho en la respuesta tan simple que debía dar. La pregunta era, ¿Por qué?
―No te preocupes. ―Ami puso una mano en su hombro. ―Estás entre niñas. Así que lo podremos mantener en secreto. Espero que podamos. ―ella le mandó una mirada acusatoria a Ino, quien rio con nerviosismo.
Chicas.
Casi se sentía de vuelta en sus días en el internado en Berlín cuando su grupo de amigas no dormían por estar riendo, hablando, haciendo chistes, contando chismes….a Hana le gustaba pasar tiempo con ellas. Y sin presumir pero su grupo de amigas era muy popular. Como divas. Así que escucharle decir eso a Ami fue algo nostálgico.
Durante más de cinco meses, Hana se ha encontrado en compañía del club de baloncesto. Sobre todo Himuro y Murasakibara. Todo fue gracias a un incidente y ella agradece la compañía de los chicos (a veces quiere matar a Fukui) pero de vez en cuando tenía ganas de ponerles falda y peluca. De todos modos, era un gran logro aguantar a un grupo de chicos ruidosos y altos. Su única amiga hasta ahora, ha sido Saya, su gordita linda.
―No pasa nada entre Murasakibara y yo. Solo somos amigos. ―por fin dijo Hana. Las chicas se miraron entre si y luego a la transferida de Alemania.
―Uhm…. ¿osea que no te gusta? ―insistió Ino.
―No, no me gusta.
―Bueno, yo creo que harían una linda pareja. ―dijo Saya.
―Y a ti Ronoa-san. ¿Te gusta alguien? ―preguntó Orihime.
Saya se puso completamente roja. ―Jajaja…..no…..claro que….no….
―Tu cara dice todo lo contrario. ―Hana señaló.
―Lo mismo que le dije a Kanzaki-san va para ti, Ronoa-san. ―Ami animó. ―Si de algo te sirve, a mí me gusta el capitán del equipo de futbol.
―¿¡En serio!? ―Saya dijo sorprendida. ―A mí me gusta….
―¡Hana! ―un grupo de chicos altos llegaron en busca de la rubia.
―¿¡Qué pasó!? ―Hana preguntó alterada.
―Tienes que venir ahora con nosotros. ―dijo Liu, levantándola y arrastrándola fuera.
―Un momento. ¿Qué sucede? ¿Cómo les fue en el juego?
―Eso no importa ahora. Necesitamos tu ayuda. ―Okamura le dijo.
―¿Mi ayuda para qué? ―la rubia preguntó desconcertada.
―Solo ven. ―Fukui dijo.
Y así, se llevaron a la chica, dejando atrás a cuatro niñas muy conmocionadas.
Cuando llegaron al patio, sitio en donde estaban Murasakibara y Himuro, por fin hablaron.
―Tenemos un problema. ―dijo Himuro. ―Atsushi trajo consigo un hurón y ahora está extraviado.
La mente de Hana se quedó detenida en la palabra Hurón. ¿Siquiera esos animales están en Japón? ¿Y cómo que el gigante lo había traído consigo? ¡Y lo peor es que lo extraviaron!
―¿¡Qué!? ―fue lo único que atinó a decir la chica. ―Esperen. Explíquenme que no estoy entendiendo nada.
―Hana-chin, Maibo-chin me estaba viendo muy triste así que lo traje conmigo. Pero cuando fui a comprar caramelos, desapareció. Entonces le dije a Muro-chin y Muro-chin le dijo al resto. ―explicó Murasakibara con calma. O con pereza.
―Entiendo… ¿Maibo?
―Es el nombre del animal. ―informó Liu.
Oh Dios.
―De acuerdo, primero que todo, hay que buscarlo. Si lo encuentran y se enteran de que es de Atsu-chan, será barbacoa. ―dijo Hana.
―Todos seremos hechos barbacoa por la entrenadora. ―Okamura se deprimió en una esquina.
―Pero no podemos faltar a clase. ―dijo Fukui.
―Tú también estarás muerto si no encontramos a Maibo-chan. ―Hana le dijo.
Fukui resopló. ―¡Ya, está bien! ¡Busquemos el animal!
Así fue como la búsqueda del hurón se volvió prioridad. Se dividieron en grupos de a tres. Fukui, Okamura y Liu y Himuro, Murasakibara y Hana.
Revisaron todos los lugares de la escuela. Biblioteca, gimnasio, azotea, corredores, patios, lo único que no pudieron revisar fueron las aulas. Exhaustos por todo el trabajo, se tiraron en medio del gimnasio. De todas formas, ya iba a empezar la práctica.
―¿Qué demonios vamos a hacer? ―preguntó Liu.
―No tengo idea. ―dijo Himuro.
―¿Y si a lo mejor se fue? ―sugirió Okamura.
―No lo creo. Era un recién nacido. Debe de estar por ahí. ―dijo Fukui.
―Pero ya buscamos por todas partes. ―dijo Murasakibara.
―Nos faltan las aulas. ―Hana suspiró. ―A esta hora ya están desocupadas. ¿Qué les parece si vamos y echamos un vistazo?
―No. ―los chicos negaron inmediatamente, a excepción de Murasakibara, quien se mostró indiferente. Claro, la práctica es sagrada.
―Entonces no sé. Lo único que queda es quedarnos en la escuela esta noche. ―la rubia dijo esto bromeando. No esperaba que ellos se lo hubieran tomado en serio.
―Eso podría funcionar. Nos quedamos, lo buscamos y luego nos vamos. ―dijo Himuro.
―Uhm….bueno. ―Murasakibara asintió.
―Tengo que seguir vivo de todas formas. ―dijo Fukui.
―Por mí no hay problema. ―Okamura sonrió.
―Si no hay de otra. ―Liu se encogió de hombros.
―¡Esperen! ¡Solo era un chiste! ¿Cómo se supone que vamos a lograr hacer esto? ¡Hacerlo es como allanamiento!
―Oh no, tú nos vas a ayudar, mujer. Estás igual de metida en esto que nosotros. ―dijo Fukui.
No hubo poder humano que hiciera cambiar de opinión a los muchachos.
La práctica continuó normalmente. Hana fue a buscar en todos los salones de primer año pero no encontró ningún rastro del animalito. Bueno, ahora solo les quedaba buscar en el piso de segundo y tercero.
Y como lo acordado, los chicos se quedaron hasta la noche en la escuela. Se escondieron en la amplia sala del club mientras el guardia de seguridad revisaba que ningún estudiante estuviera por ahí. Este iba a ser el primer acto de rebeldía (si se puede llamar uno) que Hana haría en su vida.
Sigilosamente, todos salieron del gimnasio, para ver al vigilante en la entrada del edificio.
―¿Y ahora qué? ―preguntó Liu.
―Hay que distraerlo. ―dijo Himuro.
―Genial. ¿Cómo? ―Fukui preguntó.
―En la sala del club hay binoculares, ¿cierto? ―los chicos asintieron a la pregunta de la rubia. ―Espérenme aquí. No me tardo.
Hana tardó 10 minutos en volver con los muchachos.
―Te tardaste siglos, mujer. ―dio Fukui. ¿Para que los binoculares? no estoy para juegos.
―Haber, si no sabes, cierra la boca, estúpido. ―el rubio ya sabía que cuando ella hablaba en su idioma natal, era porque lo estaba insultado. ―Cuando yo les de la señal, ustedes entran, ¿está bien?
―¿Qué señal, Hana-chin?
―Ehhh, les muevo la mano. ―los chicos asintieron. Entonces Hana salió hacia el vigilante.
―Señorita, ¿Qué hace usted aquí a estas horas? Valla a casa. ―el guarda le dijo.
―Si. Pero lo que pasa es que desde aquí se ven más bonitas que desde mi casa. Ya pasaron o ¿todavía llego a tiempo?
"¿ya pasaron quiénes?" el vigilante estaba confundido, al igual que los titulares del baloncesto.
―Pues las estrellas fugaces. ―Hana dijo, riéndose internamente. ―Dicen que se ven luces rojas, azules, meteoritos y no sé qué más cosas. ¿Usted no vio las noticias? allí dijeron que se podría apreciar una lluvia de estrellas.
―No señorita, no vi las noticias. ―el hombre se había tragado el cuento completo.
―Haber….por qué no apaga esas luces de allá para que se pueda ver mejor el cielo. ―la rubia señaló las lámparas del edificio.
―No, no puedo. Eso sería una irresponsabilidad.
―Eso es ser extremista. No le van a decir nada por querer ver las estrellas fugaces. ¡Hay lluvias de estrellas cada mil años! si quiere le presto esto. ―Hana le pasó los binoculares.
―Pues a ver. ―el guarda se puso el objeto sobre los ojos.
―Si…dicen que al lado de la luna se ven mucho mejor. ―entonces Hana movió la mano, y segundos después, los chicos entraron al edificio de la escuela.
―Creo que si se ve. ―dijo el guarda.
―A bueno, entonces apenas va a empezar….voy a buscar otros binoculares y regreso. La lluvia de estrellas se acaba y me voy, ¿sí?
―Está bien, señorita.
Hana corrió lo más rápido que pudo hasta entrar también en el edificio. Deberían contratar vigilantes más listos.
―No puedo creer que se halla comido ese cuento. ―dijo Fukui.
―Hana, tienes una gran imaginación. ―Himuro felicitó.
―Bien hecho, Hana-chin. ―Murasakibara le palmeó la cabeza.
Buscaron como por media hora el animal, y resultó estando acurrucado en el aula D-3. Hana le dio mucha ternura verlo. Era tan chiquito y tan abrasable.
―Vamos Maibo-chan. Tenemos que irnos de aquí. ―dijo la rubia. Murasakibara lo cargó y se dispusieron a salir por la puerta trasera del edificio.
―¿Qué pasara con el vigilante? ―preguntó Okamura.
―Es cierto. Él quedó esperándote. ―dijo Liu.
―Bueno, solo hace guardia en las noches, así que no creo que me vea nunca más. ―Hana se encogió de hombros.
―Hay que encontrarle un hogar a Maibo. ―dijo Himuro.
―Hana-chin… ―Murasakibara la llamó.
―Dime.
―¿Puedes quedarte con Maibo-chin por esta noche?
Hana quedó en trance. No sabía si a su familia de acogida le molestaban los animales, en especial un hurón, pero como siempre, no pudo negarse a la petición de su amigo grandote.
Por lo tanto, esa noche, Kanzaki Hana durmió con hurón llamado Maibo.
