Disclaimer: NO poseo los personajes pero si el OC.
Importante: Oraciones en cursiva es el hablado alemán.
Capítulo 10: Calabaza, zanahoria, la obra de teatro.
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―Haber si entendí. Viniste con tus amigos raros a visitar Tokio, pero se separaron y tú quedaste con este chico….
―Tatsu-kun.
―Correcto. Pero él también te abandonó. ―terminó Kazumi.
―Bueno, no fue abandono como tal. Solo nos separamos y mi teléfono está descargado. ―dijo Hana. ―¿Podrías prestarme tu teléfono?
Kazumi frunció su ceño (más). ―No tengo celular. Lo perdí en una salida.
―¡Kazu-chan! ―una chica con el cabello negro llegó en busca de la calabaza. ―Siento interrumpirte pero en serio necesitamos tu ayuda. Takao-kun ya no puede controlar a los niños y Midorima-kun está empezando a impacientarse.
―Tch. Son unos buenos para nada. Kanzaki, nos vemos luego.
Hana definitivamente no se iba a quedar sola allí nuevamente. No después de que encontró a alguien que podría ayudarla. O por lo menos conseguirle un teléfono.
―¡E-espera! no me puedes dejar sola. ―dijo Hana. Las dos chicas quedaron demasiado extrañadas.
―¿Qué clase de idioma es ese? ―preguntó Kazumi.
―Es alemán, Kazu-chan. ―respondió la más pequeña.
―No me puedes dejar aquí sola. No sé cómo moverme en Tokio. ―escasamente ella sabía a donde debía moverse en Akita.
―¿A dónde debes ir exactamente? ―preguntó la pelinegra.
―Uhm…..hay una competencia de baloncesto callejero en esta área. Pero no sé a dónde debo ir exactamente. ―Hana dijo insegura.
―Esa competencia se está llevando a cabo unas calles más allá. ―Kazumi le señaló la calle cuesta abajo.
Las direcciones y Kanzaki Hana no son para nada amigas. Ella siempre se pierde. Lo hacía en Berlín, lo hace en Akita, y no hay manera de que sea diferente en Tokio.
―Ehhh, no hay manera de que…..bueno, ¿de que puedas llevarme hasta allá?
―No. ―Kazumi dijo rotundamente. Hana sintió una puñalada en su corazón.
―¡Kazu-chan! ―la pequeña la reprendió. ―Es que estamos en una tarea para el servicio de la comunidad y no podemos irnos.
―Pero no quiero quedarme sola.
―Puedes venir con nosotras si quieres. ―la pelinaranja se encogió de hombros.
La verdad no tenía muchas opciones. Y está claro que quedarse sola no era una de ellas. Así que aprovechando que Kazumi no estaba siendo tan malvada (no la conoce muy bien, pero por lo que se puede ver, es una persona complicada) decidió irse con ellas. No tenía por qué pasarle nada malo.
Pero pronto aprendió que estar cerca de las personas que juegan baloncesto es una montaña rusa llena de emociones.
En cuanto llegaron a un parque, la estampida de niños la recibió. Según lo que le dijeron Mei, (ese era el nombre de la chica pelinegra) y Kazumi, estaban haciendo una obra comunitaria para los niños de un orfanato. Eso sonaba bien. Las obras comunitarias son un acto bueno de la humanidad.
―¡Kazu-chan, Mei-chan! ¡No se desaparezcas así! ―dijo un chico de cabello negro. Que al notar su presencia, la miró boquiabierto. ―¿Quién es ella?
―Kanzaki Hana. ―saludó la rubia al más bajo.
―Takao Kazunari. ―dijo el chico. ―De todas formas, tenemos problemas.
―¿Qué pasó? ―preguntó Mei.
―Shin-chan fue tragado por la ola de niños deseosos de zanahoria. ―expresó Takao, señalando a la montaña de niños que parecían leones devorando un pedazo de carne. En el fondo se logró ver un pedazo de cabello verde.
―¿Y por qué no lo has sacado? ―le preguntó Kazumi.
―Ya lo intenté. Pero me mandaron de un golpe muy lejos.
―Ehhh, Midorima-kun ya no se está moviendo. ―informó Hana al no ver las pataletas más.
―Ah, se murió. ―dijo Kazumi como si nada.
―¡WAHHHHH!
Los cuatro se dieron a la tarea de sacar al zanahoria de aquella estampida de pequeños animalitos. Y en realidad, la rubia puede jurar que vio su alma a punto de salir de su cuerpo. No era mentira, Midorima estaba mal. Incluso murmurando incoherencias.
―Oi, Shin-chan, no te mueras. ―dijo Takao.
―¿Qué fue lo que hizo para que los niños reaccionaran así? ―Hana preguntó curiosa.
―Jajajaja, los niños aman a Shin-chan y su ser tunsdere.
―Quítense de encima. ―el peliverde consiguió decir después de unos minutos entre la conciencia e inconciencia.
―¿Te encuentras bien, Midorima-kun? ―preguntó Mei.
―Por supuesto que estoy bien. ―el muchacho le dijo a Hana. No traía sus lentes puestos, pero eso no era excusa para no saber que Hana era rubia y la otra chica pelinegra. Ser ciego no significa ser daltónico.
―Ehhh, Shin-chan, esa no es Mei-chan. ―dijo Takao divertido.
―Ya lo sabía.
―No, no lo sabías. ―dijo Kazumi.
―Cállate, Okita.
―¡Takao-nii ven y juega con nosotros! ―un grupo de niños llegó arrastrando al pelinegro.
―Jajajaja, yo no…. ―pero al igual que su amigo, fue tragado por la ola de niños. ―¡SHIN-CHAN!
El peliverde no acudió a su llamado de urgencia.
Después de 1 hora muy larga, Hana fue inducida al mundo de la mala actuación. En ocasiones como esta, maldice ser tan buena persona y no tener el valor de decir que no cuando le piden ayuda. Por esa razón ahora está vestida como brócoli. Y ella odia el brócoli, cabe anotar. Es un mal karma, definitivamente. La obra se trataba de los vegetales sanos que los niños debían consumir en su dieta para que sea balanceada. Todo iba bien, hasta que Kazumi y Midorima decidieron tener una lucha que terminó en una cancha de baloncesto.
Lo bueno es que ahora si podían ayudarla con su problema. Estaban en su descanso, después de todo.
―¿Y el gigante? ―Kazumi le preguntó de la nada.
―¿Eh?
―Murasakibara. ¿Dónde está?
―Oh, bueno. Lo perdí.
―¿¡Cómo se supones que pierdes a alguien tan grande!?
―Lo siento.
―Tch. ¿Por qué no lo llamas?
―Te recuerdo que mi teléfono está descargado.
―Puedes llamarlo de cualquier celular.
―No me sé su número de teléfono. ―Hana cayó en cuenta de esto. Por lo pronto, un teléfono celular no le servía de nada.
―Pídeselo a Midorima.
Había que admitir que eso nunca se le pasó por la cabeza. Murasakibara y Midorima habían sido compañeros en Teiko así que era algo lógico que tuvieran el número de teléfono del otro. Y así, la rubia le pidió amablemente el teléfono al peliverde.
La llamada fue contestada después de un par de timbres.
―Mido-chin, ¿por qué me llamas? ―Hana nunca imaginó que escuchar su perezosa voz la haría tan inmensamente feliz.
―Atsu-chan, hola…
―¿Hana-chin? ¿Qué haces con Mido-chin? ―el chico dijo, probablemente con la boca llena.
―Primero, no hables mientras comes. Segundo, me separé de Tatsu-kun y me encontré con Kazumi. Midorima-kun fue muy amable al prestarme su teléfono para poder comunicarme contigo.
―¿Estás sola con Mido-chin?
Esa pregunta ni siquiera venía al caso. ―No, ¿por…?
―¿Dónde estás, Hana-chin?
―En un parque cerca de la estación del tren.
―Espérame~
La llamada terminó después de eso. La rubia le entregó el celular al peliverde y se sentó en una banca a esperar que ante sus ojos apareciera un gigante con cabello purpura, con muchos alimentos, y caminando con pereza. Media hora más tarde, el chico apareció. Y Hana fue completamente feliz de verlo. Se sentía de nuevo protegida, por decirlo así.
―Gracias por cuidar de Hana-chin, Mido-chin.
―No seas tonto, Murasakibara. Yo no cuidé de nadie. ―el peliverde se acomodó sus nuevos lentes (hombre precavido, vale por dos).
―Sí, sí. Cuida bien a tu novia. ―Murasakibara señaló a Kazumi.
―Tienes tres segundo para desaparecer de aquí, o te castro. ―amenazó la pelinaranja. ―Uno…
―¡Adiós, muchas gracias por todo, Mei-chan, Kazu-chan, Midorima-kun, Takao-kun!
Y Hana corrió por su vida. O más bien por la de su amigo. Realmente él debe dejar de decir todo lo que piensa. Cuando regresen a Akita, ella hablará seriamente de este tema con él.
Lo siguiente de debían hacer era encontrar a sus sempai y finalmente ir a buscar a Himuro. Claro, sería muy fácil si alguno de ellos respondiera su jodido celular. Finalmente, y con la ayuda de la madre purísima, Liu contestó.
―¡Liu-sempai! ―Hana no pudo evitar gritar.
―Hana, por favor, dentro de mis planes no está sufrir sordera desde temprana edad. ―dijo el niño chino.
―Lo siento. Me emocioné.
―¿Es Hana-chan? Pregúntale en donde está. ―esa era la voz de Okamura.
―Oi Mujer, ¿En dónde demonios se metieron Murasakibara, Himuro y tú? ―incluso estaba feliz de escuchar al molesto de Fukui. Por lo menos los tres estaban juntos.
―Calma. Estamos en un parque. ―dijo Hana.
―Sí, claro. ¡Tokio tiene miles de parques! rubia tenías que ser.
―¡Oye! ¡Te recuerdo que tú también eres rubio!
―De todas formas, Hana-chan. Estamos en el centro comercial de la zona Takera. Murasakibara debe saber cómo llegar. Los esperamos en la entrada. ―y con eso Okamura colgó.
―Atsu-chan. Debemos ir a un centro comercial. ―Hana dijo. Su voz ya reflejaba cansancio.
Fue entonces cuando el estómago de Murasakibara rugió.
―Hana-chin, tengo hambre. ―el chico declaró.
La rubia soltó una pequeña risa. ―¿Y cuando no, Atsu-chan? ven, vamos a buscar algo de comer.
Y así el plan cambió a ir por algo de comer. Buscar a sus sempai. Ir a buscar la tierra en donde se haya metido Himuro y finalmente volver a casa.
Después de todo, Maibo necesitaba su alimento.
