Disclaimer: NO poseo los personajes pero si el OC.
Importante: Las oraciones en cursiva son el hablado alemán.
Capítulo 12: ¿Qué hay tras el flequillo?
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Ciertamente no era la cosa más rara del mundo ver que día tras día Himuro recibía cartas de amor, confesiones de chicas, y también uno que otro chico (si, se ve). La popularidad del pelinegro era realmente grande. Eso hacía a muchos celosos.
Entre esos, Okamura. Él nunca ha recibido la confesión de amor de una chica. Fukui dice que es porque tiene barbilla de trasero de bebé, pero él no pidió ser así. ¡No podría quitársela aunque quisiera! por lo tanto, si hay alguien culpable de su poco atractivo físico, son sus padres. Tal vez no lo batieron bien al momento de hacerlo.
Por esa razón él fue a consultar con la única niña con la que habla y que es realmente bonita. Hana.
Y esta última quedó realmente desconcertada ante la consulta de su superior.
―¿Qué fue lo que me preguntaste? ―pidió aclaración por si había escuchado mal.
―¿Qué tiene Himuro que no tenga yo? ―repitió el muchacho. No era una pregunta del otro mundo, por amor a Dios.
Bueno, la rubia podría darle una lista de 1000 cosas que hacen a Himuro una persona atractiva para las chicas, pero optó por el silencio. Aquí el punto no era hacer sentir mal al capitán del equipo de baloncesto de Yosen. Pero el chico le salió con la barrabasada más grande del mundo.
―Es por su flequillo, ¿verdad?
―¿Qué?
―Las mujeres encuentran atractivo su misterioso flequillo.
Hana lo miró como si de un loco se tratara. ―¿De dónde sacaste esa conclusión?
―Si me dejo crecer el cabello y lo acomodo como el de él, las chicas me prestaran atención. ―Okamura evidentemente no le estaba prestando atención.
La chica se imaginó como sería el cabello de Himuro en Okamura, y casi muere por un derrame cerebral. ―Por favor sempai. No hay necesidad que haga eso. Habrá alguna chica que lo acepte como es.
―¡Hana-chan es tan buena! ―sus huesos crujieron ante el inminente abrazo por parte del chico.
―Abrazar rubias te puede contagiar de estupidez, Okamura. ―llegó diciendo Fukui.
Hana le frunció un poco el ceño. ―Imbécil.
―Buenas tardes. ―saludó Liu.
Murasakibara ya venía comiendo su almuerzo antes de tiempo. ―Muro-chin dice que se tardará… ―informó este después de tragar arroz.
Por cierto, esta hermosa reunión de amigos se da todos los días a la hora del almuerzo en los baños abandonados de la escuela. No es precisamente cómodo para Hana ingerir alimentos en baños abandonados y apestosos, pero desde que Murasakibara la arrastró la primera vez, no pudo decir que no a las siguientes.
Y además….
¿¡Por qué tenían que comer en los baños cual pordioseros!? ¿Se estaban escondiendo de algo? ¿De alguien?
Ella definitivamente no entiende el género masculino.
―Volviendo al tema que nos compete, debe ser su flequillo ―continuó Okamura.
―No creo…. ―aseguró Hana.
―¿El flequillo de quién? ―preguntó Liu curioso.
―De Himuro. Estoy tratando de averiguar por qué razón consigue más chicas que yo.
―Hasta un ciego puede notar cual es la razón. ―dijo Fukui.
―Fuku-chin que idiota, los ciegos no ven así que no notaran nada. Dile que es porque es feo y punto. ―Hana reprimió la pequeña risa que amenazó con salir. No quería que Fukui la agarrara más contra ella.
―Odio tu sinceridad. ―Okamura ya se estaba deprimiendo en el rincón.
―Bueno, tal vez su flequillo hace que tenga ese toque de misterio. ―Hana intentó animarlo. ―No es porque sea más guapo ni nada.
―Tal vez y esconde algo horrible tras él como en las películas de ficción. ―dijo Liu.
―¿Qué puede ocultar? ¿Conjuntivitis? ¿Lagañas? ―Fukui el venenoso soltó.
―¿Cómo es que Tatsu-kun se volvió un tema de conversación tan importante? ―cuestionó Hana.
―No es eso pero ¿Quién lo ha visto sin el flequillo tapándole la mitad del rostro? ―dijo Okamura. No obtuvo respuesta de ninguno. ―Incluso cuando nos bañamos al terminar la práctica esa cosa no se mueve.
―¿Por qué ves a Muro-chin mientras nos bañamos? eso es desagradable. ―dijo Murasakibara, quien ya había terminado de comer y ahora abría una bolsa de palomitas de colores.
―¡Quiero saber su secreto!
―Por favor dime que no nos ves a nosotros... ―pidió Fukui.
―Qué asco. ―Hana y Liu dijeron a la vez, solo que en sus respectivos idiomas natales.
―Pero enserio…. ¿por qué siempre tendrá un ojo tapado? ―cuestionó Liu. Al parecer, Himuro estaba lejos de dejar de ser el tema central de conversación.
Y bueno, para que mentir, ella también estaba intrigada desde hace un tiempo.
―Muro-chin no quiere que nadie lo sepa, pero ahí guarda sus secretos más profundos. ―oh, esto ya se estaba yendo completamente de las manos.
―¿Sus secretos más profundos? ―preguntaron todos.
El más alto no se molestó en tragar lo que tenía en la boca antes de hablar. ―Sí, yo creo que esconde cosas terribles. Muro-chin es malo~
―¿¡Cuántos años tienes!? ―las caras de los chicos eran para retratar.
―15, ¿pero eso que importa?
―Qué cosas dices, Atsu-chan… ―Hana dijo.
―Cosas es lo que oculta Muro-chin tras el flequillo. Cosas malas~ ―él muchacho siguió. ―Pero si no quieren saber…
―¿Qué cosas? ―la rubia se quedó boquiabierta cuando los otros tres preguntaron.
―Muro-chin esconde un agujero negro. ―aseguró el muchacho.
Hubo un minuto, quizás dos antes de que los demás reaccionaran.
―¿¡QUÉ!?
―Sí, anoche lo soñé. ―dijo. Ahora estaba comiendo barras de chocolate.
―¿Y qué mierda soñaste? ―preguntó Fukui.
Murasakibara tomó aire antes de contarle su sueño (quizás el más raro que ha tenido) a todos.
El jugador número 9 de Yosen se encontraba en el gimnasio de la escuela. Ya era realmente tarde y no sabía que seguía haciendo allí cuando podría estar en su cama perfectamente echado cual sapo. Y entonces Himuro apareció de repente, sonriéndole, pero algo andaba mal.
El flequillo que normalmente tapaba el rostro del otro jugador no estaba. Era totalmente visible. Murasakibara se encontró sin palabras ante el hoyo negro que había en la cara de su compañero.
―Muro-chin… ¿Qué es eso? ―atinó a preguntar señalando en donde se supone, debe haber un ojo.
―Oh, ¿esto? bueno, así nací. Aunque es realmente practico, la verdad. Puedo meter y sacar cosas de aquí. ―dijo el pelinegro.
Himuro se sacó dulces, dulces, al señor dientes de alambre y más dulces del agujero. El más alto solo pensó en la gran cantidad de comida que podría almacenar en su amigo. Y eso le gustó mucho.
Hasta que el agujero decidió por su cuenta tragarse la caja de pocky entera que Murasakibara tenía en la mano.
―No sé qué pensar ahora de tu salud mental. Seguro los dulces te tostaron el cerebro. ―dijo Fukui una vez el relato acabó.
―No podré volver a mirar a Himuro de la misma forma. ―dijo Okamura.
―¿Soy el único que quiere preguntar quién es el señor dientes de alambre? ―siguió Liu.
―Eso fue más bien como una pesadilla, Atsu-chan. ―terminó Hana.
―Hola, lamento la tardanza. ―dijo Himuro al llegar a los baños y percatándose de las miradas de miedo de sus compañeros. ¿Miedo?
―Hola Himuro, ¿te encuentras bien? ―dijo Okamura.
―No soy yo quien está sudando a mares. ―respondió el aludido en tono burlón.
―¡No estábamos hablando de ti ni nada parecido! ―dijo Hana intentando ocultar su nerviosismo.
―Has de ser tonta, mujer. ―el insulto acostumbrado de parte de Fukui.
―¿Eh? ―Himuro ladeó un poco la cabeza en señal de confusión.
Murasakibara se paró de su asiento (que era un retrete) y se enfrentó al más bajo. ―Muro-chin, basta de engaños. Dinos la verdad.
―No sé de qué me hablas Atsushi.
―Ya que te estas resistiendo, no queda otra opción. ―Y con eso, el de cabello purpura se abalanzó sobre Himuro, quien no paraba de forcejear y preguntarse ahora que bicho le había picado a su raro compañero. Murasakibara le torció la muñeca y en ese momento Okamura se aprovechó y levantó el flequillo.
Todos se acercaron a mirarlo como si fuera la nueva entrada a Narnia. Ahí había…..ahí había….
Un ojo.
Un ojo normal y corriente que era igual al ojo visible de Himuro. No había rastro de ningún vacío que tragaba y vomitaba cosas.
Bueno, esto Hana ya se lo suponía.
―¡Es totalmente normal! ―exclamó Liu.
―Que decepción~ ―Murasakibara hizo un puchero al ver que su sueño no era realidad. Tenía la esperanza de encontrar al señor dientes de alambre.
―Creo que hay algo que tienen que explicarme. ―dijo Himuro al ser liberado del agarre del más alto.
Entonces Himuro escuchó todas y cada una de las ocurrencias de su equipo y su amiga. Les sonreía con pena, algunas veces con ganas de reírse. Y Murasakibara le hizo prometer que nunca, jamás, ni por equivocación, se levantaría el flequillo para tragarse su caja de pocky sin empezar.
Si…. un día totalmente normal en la vida de los estudiantes de Yosen que forman parte del equipo de baloncesto. Hana sinceramente se pregunta si hay más chicas que viven este tipo de días locos como ella.
Bueno, de seguro hay más.
