Disclaimer: NO poseo los personajes pero si el OC.

Importante: Las oraciones en cursiva son el hablado en alemán.


Capítulo 13: En busca del sujetador perfecto.

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Hoy era un día feliz para Hana.

Hoy su madre le mandaba su dinero mensual; y lo primero que haría ella es ocuparlo en cosas que realmente necesita.

Como los zapatos que vio en aquella tienda hace una semana. ¿Qué? eso es muy necesario para una estudiante como ella.

Por lo tanto, esperaba con verdadera ansia a que llegara su fin de semana y comprar sus zapatos soñados. Lo que no había planeado era que volvería a Tokio tan rápido. Esta vez, por culpa de su madre de acogida.

Adiós a los zapatos soñados.

―Kanzaki-san, ¿tienes algo que hacer este fin de semana? ―su madre de acogida preguntó durante la cena.

―Bueno…realmente no. ―contestó sinceramente.

―¡Perfecto! voy a hacerle un favor a una amiga del hospital.

―¿Un favor?

―Si. Este sábado iré a Tokio para recoger mercancía de un almacén y me preguntaba si querrías acompañarme. Cómo Rena está ocupada con la universidad, pensé en ti, ya que no me gustaría ir sola.

Bueno, ¿Cómo se supone que Hana le diría que no a la mujer que la acogió en el monstruoso país de Japón? eso sería descortés de su parte. Lo único que no le gustaba mucho era montarse en el tren para viajar a Tokio (una vez más) ida y regreso. Esta vez ni siquiera seria en avión. Además de que seguro abría que cargar cajas pesadas y eso implica fuerza. Fuerza que la rubia no posee.

Pero aun así, no se negó. Y su madre de acogida sonrió complacida al saber que sería acompañada.

Todo por el bien de que no la echen de ese lugar.

Ahora, tampoco se esperaba que las niñas quisieran invitarla a pasar el fin de semana en la casa de una de ellas. Era una pena, realmente. A ella le hubiera encantado rodearse de progesterona todo un fin de semana y así volver a sentirse como una niña.

Hey, no es que se queje de los chicos, pero escuchar eructos (es totalmente increíble que Okamura pueda eructar el abecedario completo, sin embargo), malas palabras, estupideces y oler a sudor todo el día no era algo que a la rubia le agradara mucho (ignorando el hecho de que toman su almuerzo en los baños abandonados).

Bueno si, se está quejando de los chicos. A pesar de que Saya le dice lo mucho que a ella le encantaría pasarse todo el día con "chicos calientes" como ella suele llamarlos.

Entonces Hana se inclinó ante las chicas y se disculpó profundamente (con lágrimas en los ojos) por su falta a pasar tiempo con ellas el fin de semana.

―Bueno, siempre podremos hacerlo en cualquier momento. No te preocupes por eso, Kanzaki-san. ―dio Ino moviendo su mano de arriba abajo.

―Es cierto, mis padres por lo general nunca se encuentran en casa así que podremos hacer la reunión cualquier otro día. ―aseguró Yoshida.

―¡Y será muy divertido! ―Saya y Orihime dijeron al tiempo.

―Gracias chicas. ―Hana les sonrió. Oh, que bella es la amistad.

Sábado llegó relativamente rápido, y Hana tuvo que levantarse temprano porque así lo ordenó su madre de acogida; haciéndole alusión a aquel dicho "al que madruga Dios le ayuda" pues bien, ella espera la ayuda de Dios todos los días porque está madrugando prácticamente toda la maldita semana.

Después de tomar un baño, arreglarse y tomar el desayuno, las dos emprendieron su viaje a Tokio.

Una hora después (aún continuaban en el tren, ya que son 4 horas desgraciadas) a la chica le llegó un mensaje.

De: Tatsuya Himuro.

Asunto: Práctica.

Todo el equipo se pregunta en donde estás metida. La entrenadora no está para nada feliz.

Hana no entendía por qué el equipo de baloncesto la había tomado como si ella fuera parte de ellos. Es decir, si, a ella le gusta verlos jugar ya que son increíbles, pero no es parte del club como para que tenga el deber de ir todos los días a verlos practicar. Además cuando lo hacía, debía darles bebidas y toallas cuando ellos acababan.

Ella no es la gerente del club. Y no quiere serlo. Es un trabajo del que ella no quiere tomar riendas.

De: Hana Kanzaki

Asunto: práctica.

Lo siento mucho Tatsu-kun, pero surgió un imprevisto y me vi obliga a acompañar a mi madre de acogida a Tokio. Espero que se libren del mal humor de Araki-san, sin embargo. ¡Suerte!

Al leer ese mensaje Himuro ya sentía como sus piernas iban a sufrir y dolerle por el resto del fin de semana.

―Muro-chin, ¿Hana-chin vendrá? ―preguntó Murasakibara al ver la cara pálida que había puesto el pelinegro a la pantalla de su teléfono.

Este suspiró. ―No, tiene asuntos importantes que atender.

―¡Himuro, Murasakibara, darán diez vueltas alrededor del gimnasio si siguen chismoseando como niñas! ―la entrenadora gritó.

Los dos muchachos se pusieron en marcha para seguir sufriendo. Bueno, solo uno. El otro caminó con pereza escrita en su rostro.

La rubia se sintió ligeramente culpable, pues era cierto que cuando ella estaba ayudando a la entrenadora, esta no era un demonio cruel con los jugadores a la hora de poner en práctica su menú horroroso de entrenamientos.

Pero así es la vida, un día pierdes, y al siguiente ganas.

Después del viaje de 4 horas en tren, y de una hora en taxi (Tokio es verdaderamente grande) llegaron al dichoso almacén.

Suerte que resultó ser de ropa. Lástima que Hana no trajo dinero consigo. Así que solo pudo mirar, pero sin comprar.

Al cabo de media hora, ya había recorrido toda la tienda (y probado una que otra prenda) y llegó por completo su aburrimiento total. Tal parecía que su madre de acogida no agilizaría la cuestión de la mercancía para así volver a su cama que la llamaba a gritos.

Fue entonces cuando sus bellos ojos azules se percataron de un cabello verde despampanante entre la sección de "ropa interior femenina".

De alguna forma ella sabía quién era. Por favor, tenía que ser él. No todo el mundo tiene cabello verde. Lo extraño era que no lo estaba acompañando el chico pelinegro, o en todo caso la mujer calabaza.

No, venía totalmente solo.

―¿Midorima-san? ―lo llamó cuando estuvo lo suficientemente cerca.

El muchacho se giró a cámara lenta, de forma melodramática y con la musiquita de mala calidad de la tienda como banda sonora, para toparse al instante con la linda sonrisa que la niña rubia de Yosen le daba. Rápidamente se colocó sus gafas de sol. Era increíble como aquel disfraz tan ingenioso no había logrado despistar a esa chica. Desde luego, confirmó que era una mujer lista.

―Hola, Kanzaki-san. ―saludó.

Ignorando por completo las gafas de sol tan ridículas que traía puestas (que eran un total homicidio al buen gusto y a la moda) Hana se permitió hablar casual con él. ―¿Qué haces por aquí? ¿No tienes práctica del club los sábados?

―Hoy es día libre ya que las preliminares de la Winter-Cup comienzan la próxima semana.

―Eso no responde que haces aquí.

―Estoy comprando mi objeto de la suerte. ―dijo como si nada.

La chica se quedó en trance por un minuto. ―Tu objeto…. ¿Qué?

―Mi objeto de la suerte. El que recomienda la clasificación de Oha-asa. ―Midorima observó la cara de Hana. ¿Por qué parecía tan extrañada? cualquiera diría que no estaba al tanto de las recomendaciones de Oha-asa.

Hana parpadeó muchas veces antes de pensar en el último novio que tuvo su madre. Ese que decía que tenía que hacer todo lo humanamente posible para hacerse con la suerte otorgada por los dioses. Y que solo así se alcanzaría la perfección. Así tuviese que presentar su respeto a todas las divinidades habidas y por haber, lo haría. Todo sea por esquivar los golpes de la mala fortuna.

Pero ella claramente no entendía esto de "la recomendación de la clasificación de Oha-asa".

Así que el chico le explicó lo de los horóscopos y una que otra cosa extraña. Por lo tanto, para conseguir este "objeto afortunado" el tubo que ir a la tienda más cercana para comprarse uno.

Ahora, ese tal Oha-asa le pedía cosas que perfectamente rozaban lo ridículo.

―Así que…. tu objeto de la suerte…. ¿es un sujetador? ―ella pidió aclaración.

―En efecto, Kanzaki-san. Ahora, si no te importa, retomaré mi búsqueda.

―¿Quieres que te ayude? algo me dice que tengo más experiencia en estas cosas que tú. ―Hana ofreció.

―No hace falta. Estoy buscando Algo que sea 16C.

―¿16C? ―ella lo miró totalmente extrañada.

Él le explicó que como era cáncer, elegiría un sujetador de la copa C. Y que como tenía 16 años, se llevaría alguno que dijera "16C". El suponía que entre mayor fuese la talla, mayor suerte le traería.

Oh, valla lógica aplastante.

Claramente Midorima Shintarou nunca en su vida ha tenido contacto con sujetadores.

―Insisto. Creo que soy mejor en estas cosas que tú. ―la rubia se estaba aguantando las ganas de reír hasta morir. Era bastante considerada.

A él no le quedó de otra que suspirar y aceptar la ayuda de Hana a regañadientes. Luego se dio cuenta de que las mujeres son totalmente astutas; pues la rubia descifraba ese código propio que cada sostén poseía, con una mezcla de números, letras y marcas.

―¿Crees que eso del relleno incrementará mi suerte? ―preguntó el peliverde con total seriedad.

Hana soltó una pequeña risita. ―¡Claro! si incrementa la suerte de las chicas de copa A y B, ¿Por qué no va a incrementar la tuya? ―ella le pasó un sujetador blanco con puntos negros. ―¡Mira este tiene encaje! además está muy lindo. ¡Pruébatelo!

―No me voy a probar el sostén, Kanzaki-san.

―¿Pero cómo sabrás si es el indicado si no te lo pruebas? ―esto era totalmente lógico para el chico. Pero a pesar de todo, él no tiene con qué llenar el sostén.

Hana realmente estaba disfrutando de enredarlo a él y meneando sujetadores de aquí para allá. Pero finalmente, y siempre guiado por las cosas que la rubia amante de la moda y el buen gusto le decía, Midorima se llevó un sujetador negro con encaje. No estaba seguro de que talla era, pero Hana le dijo que cuando ya no lo necesitara, podría regalárselo a ella. O en todo caso a Kazumi.

Entonces Midorima tuvo la idea de que era de talla grande. Además, él estaba confiando en su criterio.

La rubia le dio su número de teléfono por si alguna vez él quería cambiar su apariencia y mejorar su guardarropa. O simplemente cuando necesitara salir de compras. Era totalmente divertido ver las expresiones que el mayor hacía.

Tal vez esta salida con su madre de acogida no fue tan mala. Ahora Hana sabe que Oha-asa había predicho para escorpio un encuentro divertido con cáncer.