Disclaimer: No poseo los personajes pero si el OC.

Importante: Las oraciones en cursiva son el hablado en alemán.


Capítulo 16: Mala idea.

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Muchos de ellos (por no decir todos) pensaron que pudieron haber muerto de asfixia ante la impresión que se llevaron hace unos minutos, pero por sus cabezas nunca pasó el morir a manos de un titán.

Dicho titán, era conocido por el mundo de los mortales como Murasakibara Atsushi. Y no ayudaba mucho que estuviera vestido de payaso y con la cara pintada.

En ese momento, el club de baloncesto en compañía de Saya y Hana corrían con todas sus fuerzas, lejos de su perdición.

―¡Mujer, en la esquina tú y tu amiga giren a la izquierda y nosotros a la derecha! ―Fukui le instruyó.

Hana lo miró con incredulidad a pesar de que su cara reflejaba más fatiga que cualquier otra cosa. Ella no poseía el estado físico de ellos, después de todo. Y además, ¿Por qué debía seguir sus instrucciones? si para empezar toda esta situación era su culpa.

―¿¡Vas a dejar que muera sola!? ―Hana dijo con incredulidad.

―Bueno, sí. ¿Quién demonios fue la que lo hizo?

―¿Y quién demonios fue el que me dijo que lo hiciera?

―¡No es momento para echarle la culpa a alguien! ―dijo Okamura. ―Irás con Ronoa-chan así que no te pasará nada.

―Saya-san se cayó desde que subimos las escaleras. ―mencionó Liu. ―Parecía que había quedado sin oxígeno.

―¿¡Cómo es que no te quedaste con ella!? ―Hana gritó.

―Himuro lo hizo. Dijo que te alcanzaba en 5 minutos. ―tranquilizó. ―Ya vamos a llegar al cruce.

―¿¡Qué va a decir mi madre si me matan por esto!? ―la rubia gritó con voz ronca mientras señalaba al titán que, obviamente, estaba en la zona oscura. Sus ojos ardían y se podía ver el aura purpura emanar de su cuerpo. Incluso humo salía de su boca.

―Que nosotros tratamos de salvarte. ―dijo Fukui.

Hana dio un grito ahogado. Tal vez intentaban salvarse ellos. ―P-pero….

―Aquí vamos, gira a la izquierda. ¡Nos vemos en la salida!

―Adiós… ―Liu ni siquiera tuvo la decencia de mover su mano.

―¡NO! ¡Yo voy con ustedes! ―dijo con su voz quebradiza.

―Lo siento, pero tengo un montón de planes para el futuro. ―Fukui dijo mientras la tomó de la muñeca y la tiró a la dirección contraria a ellos.

Al no tener elección, Hana siguió por ese camino.

No podía creer que tuviera amigos como esos. Para su desgracia, Murasakibara la siguió a ella. Sí, eso era lo que querían ellos. ¿Dónde demonios estaba Himuro? Se supone que entre hombres se entienden. ¡Y más si esos hombres son amigos! Ella había estado corriendo durante casi 8 minutos, su resistencia ya no podía más.

Se detuvo, y los bellos de su espalda se pusieron de pie cuando escuchó al muchacho gruñir tras ella.

Un par de horas antes…

―¡No puedo creer que el festival cultural llegara tan rápido! ―dijo Saya alegre mientras pintaba un cartel para la entrada de su salón de clases.

―Sí, estoy muy emocionada. ―Hana le dio una gran sonrisa. No era para menos, era su primer festival cultural. ―¿Qué hay de ti, Atsu-chan?

El muchacho que yacía tumbado en su puesto, elevó su rostro lo suficiente para mirar a la rubia, y con ojos perezosos y un gran bostezo se encogió de hombros. ―Es muy molesto. Además de agotador.

―Murasakibara-kun, no deberías decir eso. Los festivales son divertidos. ―Saya intentó persuadirlo.

―No me gustan.

―Qué lástima. ―dijo Hana. ―Sa-chan, después de que acabemos aquí y nos pongamos nuestros trajes, ¿podemos ir a visitar los puestos de comida? escuché que hay una gran variedad.

Murasakibara abrió los ojos y entonó sus oídos para escuchar mejor.

―Uhmm… claro, supongo. ―dijo Saya.

―Hana-chin, yo también quiero ir.

La rubia lo miró. ―Pero dijiste que te parecía aburrido.

Él más alto hizo una mueca, pero quería ir a comer…. ―Si es aburrido, pero puedo fingir que me divierto.

Saya rodó los ojos y Hana sonrió. ―Está bien, pero primero tienes que ponerte tu traje y dejarte pintar la cara.

―¿Ehhh? bien

~. ―el chico se paró de su asiento, tomó su mochila y el vestuario que le habían asignado, para luego dirigirse a los vestidores a paso lento.

Saya miró a su amiga de soslayo. ―¿Esto estaba planeado?

―Me pidieron el favor de que lograra que Atsu-chan cooperara poniéndose el traje, así que si, se puede decir que si estaba planeado.

―Es como un niño.

―Sí, pero eso lo hace lindo. ―la sonrisa de Hana se borró cuando vio la cara divertida que había puesto Saya. ―¿Qué?

―Nada.

La mañana transcurrió con bastante normalidad. Todos se estaban divirtiendo vestidos de payasos, y Hana estaba muy feliz. Incluso Murasakibara estaba colaborando con las decoraciones (para poner cosas en los lugares que solo él, por obvias razones, alcanzaba). El salón estuvo muy transitado por alumnos de toda la escuela. Pero no todo podía ser bueno, y eso se aplicaba muy bien a la vida de Hana.

Justo cuando ella, Saya y Murasakibara iban a darle la vuelta a la escuela para ver que habían hecho los demás cursos, llegó Liu. En realidad, él no representaba ningún tipo de amenaza, por lo que la transferida de Alemania no comprendía muy bien por qué el chico de cabello purpura estaba tratando de ocultarse detrás suyo.

Visualmente, eso era totalmente patético.

―Sempai, ¿Qué pasa? ―la rubia preguntó curiosa.

―Nada, sólo vengo por Murasakibara para llevarlo a que le corten el pelo.

―Oh…. ―Saya dijo sorprendida.

―Hump. ―Murasakibara hizo un puchero.

¿¡Qué!? Hana gritó. A ella le gustaba ese cabello largo, sedoso y con olor a caramelo.

―Vamos, eso es genial. Por fin podremos verle la cara sin que tantos mechones la cubran. ―mencionó Saya.

―¿Por qué esto tan de repente?

―La entrenadora lo ordenó. ―Liu ya empezaba a irritarse con la situación, o tal vez porque se estaba asando como pollo usando ese traje de marinero. ―Se supone que tengo que asegurarme que se corte el pelo. Si quieren, pueden venir.

Hana y Saya se miraron confundidas, pero estaban seguras que ahora mismo sentían una inmensa curiosidad por saber cómo sería su compañero de gran altura con el cabello corto.

―Yo no quiero recibir un corte de cabello. ―dijo Murasakibara.

―La entrenadora lo ordenó. Es la jefe, y yo no quiero morirme por tu culpa.

El chico se quejó un poco más, pero empezó a caminar, siendo seguido por Saya y Hana.

El lugar al que se dirigían estaba cerca de la escuela, aunque la gente que pasaba caminando los veía raro. Después de todo, seguían vistiendo sus disfraces. Pero antes de que llegaran más lejos, se encontraron con Fukui que venía de regreso.

―He estado tratando de ponerme en contacto contigo. ―se dirigió a Liu. ―¿¡Dónde demonios estabas!?

―Trayéndolo. ―apuntó al más alto. ―Además no voy a sacar mi teléfono en medio de la calle. Con estos tiempos peligrosos pueden robarme.

―Ugh, ¿Y estas qué? ―señaló a las dos chicas.

Tampoco estamos contestas de ver tu espantosa cara. dijo Hana. ―Venimos a acompañar a Atsu-chan.

Fukui miró al chico en cuestión y este se encogió de hombros. ―Está bien, pero el salón está cerrado por hoy. La esposa del dueño va a tener un bebé.

―Oh, eso es demasiado malo~ ―Atsushi dijo en un tono feliz.

―Sin embargo, la entrenadora insiste en que te cortes el pelo por lo que tenemos que ir a buscar otro lugar.

―¿Qué? no me gustan los otros lugares.

―¿Quieres que te cortemos el cabello? ―Fukui dijo sarcástico.

―No me gusta que más de un peluquero toque mi cabello.

―¿Hace cuánto un peluquero no toca tu cabello? ―Saya preguntó divertida.

―La entrenadora lo ordenó, así que eso se hará. Dice que está interfiriendo en tu forma de jugar.

―No, no lo hace. Un genio siempre será un genio.

―¿G-genio? ―Hana lo miró con incredulidad.

―Está bien, pero la entrenadora se va a enojar y probablemente te prohibirá comer bocadillos durante las prácticas. ―Fukui se burló.

Hubo un momento de silencio. Como si se fuera a tomar la decisión más importante de los últimos años.

―Pero no quiero buscar otro lugar.

―Podríamos hacerlo en su lugar. ―el rubio sugirió. Aunque por supuesto, estaba bromeando. Pero al parecer Murasakibara no lo tomó de esa forma; realmente consideró la opción.

―Bien~ ―dijo después de un minuto.

Saya abrió la boca y Hana miró a Fukui mientras este tragó su propia saliva.

La siguiente cosa que Hana supo, fue que se encontraba con los chicos en la sala del club. Saya había ido por algo de beber un momento. Atsushi estaba sentado en una silla con una toalla sobre los hombros. Liu, Himuro, Okamura y Hana estaban de pie delante de él, mientras que Fukui estaba de pie detrás, con un simple par de tijeras. De esas que se utilizaban para hacer obras de arte.

―Voy a preguntártelo una vez más. ¿Estás seguro de esto, Atsushi? ―preguntó Himuro.

―Ya estamos aquí, así que lo que sea. ―él chico dijo sin entusiasmo.

―Siempre podemos conseguir otro lugar. ―dijo Fukui.

―Hazlo.

El rubio miró a sus compañeros, que le desearon suerte con la mirada, luego tragó saliva antes de dirigir las tijeras al pelo, pero se detuvo. ―Quizás la mujer sea mejor en esto que yo.

―Jamás he cortado un cabello antes. ―Hana dijo.

―Pero eres buena con las tijeras.

―¿Qué te hace pensar eso?

―Arreglas tu propia ropa. Además eres una chica. ―dijo, como si fuera la cosa más obvia.

―Eso es cierto. ―Okamura estuvo de acuerdo.

―¡Esos son estereotipos! y cortar tela no es lo mismo que cortar cabello. ―exclamó.

Pero como ninguno de ellos quiso escucharla, ahora ella era quien estaba tras el chico de gran altura con su cabello purpura en una mano y un par de tijeras en la otra.

―Es la primera vez que voy a cortar el cabello de alguien, ¿estás seguro de que quieres esto? ―preguntó con la esperanza de que dijera que no.

―Si... ―respondió con impaciencia.

Su único error fue concentrarse demasiado en lo que estaba haciendo, pues es una realidad cuando Fukui dice que ella es muy nerviosa, por lo que cuando Saya entró a la sala del club, Hana pegó un brinco, cortando una cantidad considerable de cabello. Eso ni siquiera podría ser llamado corte de pelo. Los chicos se quedaron sin aliento mientras sus rostros se convertían poco a poco pálidos. La rubia vio lo que hizo y jadeó.

¡Oh, mierda! exclamó.

Murasakibara exigió un espejo, y entonces un espejo apareció en las manos de Fukui que de inmediato se lo entregó. El chico vio su reflejo y se quedó blanco y sin aliento.

Y eso, ya era mucho decir.

Hana sentía el peligro. Sabía que en cuestión de segundos sería violentamente asesinada. A medida que Murasakibara se levantaba de su asiento, los demás retrocedían; y luego de que divisaron un aura oscura de color purpura saliendo de su cuerpo, no dudaron en correr por sus vidas. ¡Arriba el instinto de supervivencia!

Presente.

Ella se estaba debatiendo entre la vida y la muerte. Y honestamente, era traumático.

―A-A-Atsu-chan…. podemos arreglar esto de una forma civilizada. ―sus piernas habían empezado a temblar.

―GRRR… ―el chico gruñó.

―¡Atsushi, para! ―la voz de Himuro sonó como un coro de ángeles.

―¡Eso es, Himuro! ―Fukui animó desde lo lejos. Hana le dio una cara asesina.

―Hana, ¿Tienes algún bocadillo? ―pidió Himuro.

Temblando, la rubia sacó un chocolate de su bolsillo y se lo entregó a Himuro, quien se alejó de Murasakibara, y como si el chocolate fuera un balón de baloncesto, lo tiró. El dulce hizo su recorrido perfectamente hasta la boca de Atsushi.

Y eso, logró calmarlo.

Los chicos salieron de su escondite alejado del lugar de la batalla sólo para presenciar como Hana se desmayaba y sus ojos quedaban en forma de espiral.

―¿Qué le ocurrió a Hana-chin? ―Murasakibara ladeó la cabeza sin comprender nada.