Capítulo 2
Regreso a Hogwarts
Cruzaron la barrera que dividía los andenes nueve y diez, como quien no quiere la cosa. En un parpadeo, se encontraron mirando ahora a la locomotora escarlata, que arrojaba cantidades considerables de humo, y provocaba en el andén un efecto de neblina.
Los tres Weasley, Harry y Hermione caminaron por todo el andén, buscando algún vagón que estuviera algo vacío. Encontraron uno, casi al final, y Harry se acercó a ayudar al señor Weasley, con lo que pronto, los baúles de las dos chicas (incluyendo el cesto de mimbre donde Crookshanks se agitaba desesperadamente pidiendo salir, y la pequeña jaula metálica donde Arnold, el Puffskein de Ginny dormitaba tranquilamente) estuvieron ya acomodados en el porta equipajes.
-Esperamos verlas en Navidad –dijo la señora Weasley, abrazando primero a Ginny y después a Hermione-. La familia entera se reunirá a cenar. Hasta vendrán George y Ron –y miró a Harry y a Hermione, como si aquel último nombre fuese motivo más que suficiente para que fuesen a la Madriguera en vacaciones.
Harry le sonrió de vuelta, asegurando que se presentaría sin falta. La castaña intentó devolverle la sonrisa, aunque sentía que la boca le colgaba en un ángulo extraño, por lo que desistió prontamente. Intentó abrir la boca para decir que lo pensaría, pero sintió como alguien la tomaba de la muñeca, y un par de segundos después, se encontró a sí misma en un rincón del andén, mirando a Harry directamente a los ojos.
-No iré a la Madriguera. No puedo hacerlo –dijo nerviosa.
-No volverás a ver a Ron hasta diciembre –respondió Harry-. Tienes todos estos meses para olvidar lo que haya pasado, y comenzar de cero. Además, han sido amigos desde hace muchos años, no puedes pasar eso por alto.
-Lo sé –se defendió ella, un poco apaniqueada-. Pero es complicado…
-Te gusta, ¿no es así?
Se miraron en silencio, hasta que Hermione finalmente asintió lentamente.
-Pero de nada sirve si yo no le gusto a él.
-Quizá sea mejor así –dijo Harry, un poco nervioso-. Es decir, de verdad creía que tú y Ron… ya sabes, como yo y Ginny. Quizá esto solo demuestre que estamos equivocados. Que hay alguien más para ti. Alguien…
Pero alguien acababa de empujar el hombro de Hermione, haciéndola perder el equilibrio, por lo que Harry se interrumpió para abrazarla, y evitar que cayese. La castaña se apuró a mirar quién la había golpeado, y sus ojos (así como los de Harry) se abrieron como platos al ver una cabellera rubia platinada.
-¿Malfoy? –dijo el muchacho de ojos verdes, apretando los puños.
-¡Vaya, pero si son la sangre sucia y San Potter! –dijo fingiendo que acababa de verlos-. Con todo este humo es imposible ver a los perros. Ah, y a ustedes tampoco. ¿Besándose a escondidas? –preguntó con una sonrisa malvada, mientras volvía la vista hacia donde estaban los Weasley, quienes al parecer no se habían percatado de nada-. Que no te vea tu noviecita, eso es un golpe realmente bajo.
-¿Qué estás haciendo aquí, Malfoy? –espetó Hermione sin poderse contener-. ¿A qué has venido?
-Lo mismo les pregunto a ustedes –respondió el rubio, mirándolos de arriba abajo, al tiempo que fruncía el entrecejo.
-No es asunto tuyo –Harry sacó la varita. Draco hizo lo mismo. Hermione se apuró a aferrarse del brazo de su amigo, por si necesitaba detenerlo antes de que hiciese algo de lo que se arrepintiera.
-¡Draco! –se escuchó entonces el grito de una mujer. Harry y Hermione se giraron y pudieron ver como Narcissa Malfoy se acercaba a ellos. La mujer de rostro severo, y con el cabello suelto, miró primero a Harry, después a su hijo, y finalmente observó las dos varitas que aún se encontraban en el aire. Rápidamente, le arrebató la suya a Draco. Aún un poco nervioso, Harry bajó su brazo, con lo que Hermione también lo soltó.
La mujer miró entonces a Harry, y dio un leve asentimiento con la cabeza, al que el chico respondió de igual modo.
-Vámonos –dijo Narcissa, mientras tomaba a Draco del brazo-, tenemos que meter tus cosas en el porta equipaje.
Draco les dirigió una última mirada fría, y siguió a su madre, sin decir ni una sola palabra.
-¿Ha dicho… porta equipajes? –se extrañó Hermione.
-Parecer ser que no eres la única que volverá a Hogwarts este año –le respondió Harry, igual de aturdido.
-¡Vamos, chicos, el tren está a punto de partir! –el grito del señor Weasley los hizo despertar de su ensimismamiento. Después de que Harry se guardase la varita de nueva cuenta en el bolsillo del pantalón, los dos muchachos regresaron corriendo a donde los Weasley se encontraban. Tanto la señora como el señor Weasley abrazaron a Ginny, y posteriormente a Hermione.
-No olviden escribirnos –dijo la señora Weasley.
-Espero que tengan un buen curso –agregó el señor Weasley.
Harry tomó a Ginny de la cintura, la atrajo hacia él y le dio un rápido beso en los labios. Tras separarse de su novia, se acercó a Hermione.
-Ten un buen curso –le dijo mientras la abrazaba -. Y si algo malo pasa debido a Draco Malfoy, quiero que me lo cuentes.
Hermione no respondió, sino que se limitó a abrazar de vuelta a Harry. Con él, a veces no era necesario decir nada para entenderse perfectamente.
Cuando escucharon el silbato del tren, los dos jóvenes se separaron, con lo que ambas chicas subieron velozmente al vagón. El señor Weasley cerró la portezuela, y tanto él como la señora Weasley y Harry, empezaron a agitar sus manos, en señal de despedida.
El tren empezó a avanzar. Las muchachas se asomaron a una de las ventanas, mientras veían como su vagón tomaba velocidad poco a poco, y apenas unos segundos después, las siluetas de los señores Weasley y Harry, se perdieron al tomar el tren una curva. Aún sonrientes, las muchachas volvieron a meter la cabeza dentro del tren, al tiempo que con un último empujón, Crookshanks finalmente abría su cesto, y caminaba por el pasillo, a paso veloz. Hermione lo reprendió mientras Ginny sacaba a Arnold de su jaula y lo dejaba descansar en su hombro, pero el gato ni se inmutó y se perdió en la distancia.
Mientras el tren avanzaba por las calles de Londres, las chicas se miraron y se sonrieron.
-Así que seremos compañeras de curso –dijo Ginny, a lo que Hermione respondió con un fugaz asentimiento y una alegre sonrisa-. Esto mejorará nuestra amistad considerablemente. Lo que me parece perfecto si es que planeas empezar a salir con mi hermano.
Hermione sintió que la sonrisa se le resbalaba del rostro. Se preguntó si Harry le habría contado del beso entre ella y Ron en la Sala de los Menesteres… No supo que responder al comentario de la pelirroja, por lo que entre tartamudeos, dijo:
-Debo ir al vagón de los prefectos…
-De acuerdo, yo iré a buscar a Luna –respondió Ginny en un tono despreocupado, sin darse cuenta del efecto que había tenido su comentario-. Nos veremos después.
El compartimiento de los Prefectos se encontraba hasta adelante del tren, justo detrás del cuarto de máquinas donde se encontraba el maquinista. Dentro de aquel vagón, había muy pocos estudiantes, y los que había, se encontraban sentados en pequeños grupos que conversaban animadamente, alegres de volverse a encontrar. Sin embargo, los pequeños grupos de alegres estudiantes exhibían en sus túnicas únicamente tres colores: Mientras que los Gryffindors conversaban con los Ravenclaws y los Hufflepuffs, los Slytherins se mantenían sentados en un rincón, sin hablar siquiera entre ellos mismos, como si pretendieran pasar desapercibidos.
Hermione los miró de reojo, y sintiéndose un poco fuera de lugar, se dejó caer en el asiento más cercano, que resultó ser un grupo de puros Gryffindors, aunque para su mala fortuna, no conocía a ninguno de ellos.
-Muy bien, tranquilos todos –del grupo que se encontraba al otro lado del vagón (donde había tres Gryffindors y dos Ravenclaws), se levantó una muchacha regordeta de cabello negro y piel cobriza.
Al instante, todos los grupos callaron, y la miraron fijamente, Hermione incluida.
-Para los que no me conocen, me llamo Eleonor Quirke, y soy la jefa de Prefectos este año –dijo mientras se apuntaba a la insignia que prendía de su pecho-. Tanto para los que ya conocen las reglas, como para los que no, aquí van de nuevo…
Los chicos y chicas escuchaban atentos a lo que Eleonor les decía, en especial aquellos que acababan de pasar a quinto y lucían por vez primera, su insignia de prefectos en el pecho, con orgullo.
-Ahora –continuó Eleonor-. Tengo el honor de presentarles a los dos Premios Anuales de este año, Hermione Granger, y Neville Longbottom. Si pudieran ponerse de pie…
Los Gryffindors, Ravenclaws y Hufflepuffs aplaudieron con entusiasmo. Los Slytherins por cortesía. Hermione se vio entonces siendo apurada por los chicos junto a los que se había sentado, para que se pusiera de pie, y cuando lo hubo hecho, vio como de otro rincón se alzaba la figura tímida de Neville.
-Nuestros compañeros vuelven a Hogwarts este año, bajo circunstancias especiales dictadas personalmente por la Directora McGonagall. No se les olvide que al ser Premios Anuales, deben de considerarlos sus superiores. Bueno –Eleonor se apresuró a terminar-. Creo que esto es todo lo que deben saber. Ahora, es tiempo de que vayamos a patrullar por los pasillos.
Todos los prefectos se pusieron de pie, y formando grupos más pequeños, empezaron a salir del vagón. Hermione caminaba contra la corriente de cuerpos que se dirigían hacia la puerta, buscando a Neville.
-¡Hermione! –exclamó el chico cuando la vio abrirse paso entre dos estudiantes de Hufflepuff. Se sonrieron y no pudieron evitar el darse un afectuoso abrazo-. No sabía que volverías a Hogwarts este año.
-Lo mismo podría decirse de ti –respondió la castaña, sonriente.
-¿Has visto a Luna? –preguntó el muchacho, al tiempo que sujetaba con fuerza a su sapo Trevor, para que no escapara.
-Ginny ha ido a buscarla, seguro que a estas alturas ya están juntas. Vamos a buscarlas para conversar un rato con ellas, antes de hacer las rondas.
Y ambos salieron del vagón.
Los cuchicheos en las cuatro grandes mesas del Gran Comedor, no se hicieron esperar. Los alumnos no perdieron ni un segundo para girarse y conversar entre ellos, comentando lo que la Directora Minerva McGonagall había dicho con voz fuerte y clara. Todos los alumnos en el gran comedor, sin excepción, se notaban visiblemente sorprendidos, aunque quizá, no tan extrañados. Sin embargo, la noticia los había tomado por sorpresa; ¿era posible que la Directora hubiese hablara en serio?
La fila de alumnos de primer año se encontraba aún de pie entre las mesas de Hufflepuff y Ravenclaw, mirando sorprendidos a los otros alumnos, y ellos también, comentando entre sí lo que acababa de decirles la antigua profesora de Transformaciones.
-Silencio –exclamó la nueva Directora de Hogwarts, en aquel tono autoritario, con lo que los cuchicheos terminaron al instante-. Esta decisión es inapelable. El Consejo Escolar ha estado de acuerdo en esta nueva reforma, por lo que, de ahora en adelante, los alumnos no serán sorteados hasta su tercer año en Hogwarts. Así que, nuevos estudiantes, siéntanse libres de sentarse en la mesa que más les guste.
Los alumnos de primero se miraron asustados. Parecía que ninguno se atrevía a moverse delante de todo ese público. Sin embargo, el silencio en el gran comedor era total, y la expresión de la Directora McGonagall denotaba que no diría nada más hasta que ellos estuviesen sentados, con lo que poco a poco, algunos novatos comenzaron a separarse de la fila. Los más tímidos se sentaron en la mesa que tenían más cerca, mientras que otros, sin detenerse a pensarlo dos veces, caminaron con aire decidido, aunque asustado, hacia las mesas de Slytherin y Gryffindor, las más alejadas.
Mientras los nuevos alumnos comenzaban a repartirse por las mesas, lentamente el Gran Comedor volvió a llenarse de cuchicheos. Aquella nueva política les dejaba muchas dudas. Dudas que daban la posibilidad de muchas respuestas. Sin embargo, ningún debate pudo continuar, pues cuando la Directora McGonagall se aclaró ruidosamente la garganta, las conversaciones volvieron a morir.
-Este año, en Hogwarts, tenemos dos cambios de profesorado –exclamó la Directora McGonagall cuando el Gran Comedor volvió a guardar silencio-. Como su nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, está el profesor Iván Karstoy. Y la profesora Emerald Merrythought, que a partir de este año, será su profesora de Transformaciones.
Los alumnos aplaudieron respetuosamente. La profesora McGonagall dio el tiempo suficiente para que ambos profesores se pusiesen de pie y saludasen a los estudiantes, antes de invitar a los alumnos y al resto del profesorado a cenar, con lo que las conversaciones se reanudaron por tercera vez, al tiempo que las mesas se llenaban de comida y bebida, cortesía del arduo trabajo de los elfos domésticos que habitaban el castillo.
-¿Cómo crees que sea la profesora Merrythought? –preguntó Ginny al instante, mientras se inclinaba sobre la mesa para tomar una pierna de pollo-. Se ve demasiado joven.
-Bueno, es hija de Galatea Merrythought, quien fue profesora de Defensa, hace más de 50 años. Me imagino que la enseñanza corre por sus venas–respondió Hermione diligentemente, al tiempo que tomaba un pedazo de pastel de carne y riñones.
-¿Cómo te enteras de esas cosas? –le preguntó Neville, quien también estaba por servirse pastel, pero cuya mano se había detenido a medio camino.
-Está escrito en Historia de Hogwarts –fue la respuesta cansina de la castaña-. ¿De verdad nadie lee ese libro?
-¿Y Karstoy? –continuó Ginny, mientras Neville aún negaba a la pregunta de Hermione-. Su nombre suena muy extranjero como para pertenecer a Hogwarts.
-No tengo ni idea –respondió la castaña-. Pero estoy segura de haber escuchado ya su nombre antes –concluyó antes de finalmente meterse un pedazo de pastel de carne y riñones en la boca.
-Claro que te suena conocido, Hermione –se escuchó una voz soñadora a sus espaldas, y los tres Gryffindors se apuraron a mirar-. Es el líder de la Conspiración Rotfang. Ya le había hablado a Harry de ella. Seguramente él te la mencionó. Tenía tantas ganas de convertirse en Auror…
Luna se encontraba comiendo una pierna de pollo con aire soñador, de pie detrás de ellos. Hermione y Ginny contuvieron una risita.
-Parece ser que este año será muy interesante –dijo Ginny, mientras se aferraba al borde de la mesa, intentando contener su excitación -. Es decir, Hermione y Neville estarán en el mismo curso que nosotros. ¡Significa que podremos ir a nuestras diferentes clases juntos!
Este último comentario alegró a los cuatro chicos. Con una sonrisa de oreja a orea, Luna se apuró a sentarse a un lado de Ginny, provocando que los Gryffindors la mirasen sorprendidos. Ella les dirigió una inocente mirada de vuelta, mientras se encogía de hombros.
-Si los de primero pueden sentarse en la mesa que les plazca, ¿por qué nosotros no?
Ninguno de los tres pudo rebatir ese argumento, y volvieron a entregarse a su cena.
La Directora McGonagall se puso en pie cuando las conversaciones hubieron disminuido su tono. Los alumnos estaban ya bien comidos, y debido al largo viaje, se encontraban visiblemente cansados. La comida, bebida y el buen ambiente, había provocado que el sueño los fuese venciendo poco a poco. La nueva Directora de Hogwarts dio unas cuantas instrucciones más (que muy pocos alcanzaron a escuchar) y posteriormente los mandó a la cama.
Luna se levantó rápidamente, con lo que un pequeño brillo llamó la atención de Hermione: en el pecho de la Ravenclaw, relucía una insignia plateada con una enorme P azul.
-¿Luna? –se extrañó la castaña -¿Eres prefecta?
-¿Yo? –preguntó la aludida con aire soñador, y miró a su insignia, como si no supiera que la llevaba puesta-. Ah, pues sí.
-¿Por qué no estabas en el vagón de prefectos? –le preguntó Neville, igual de sorprendido.
-Estaba algo ocupada limpiando las cabezas de varios alumnos de primero. Tenían Tortosoplos revoloteando por todo su alrededor.
-Por cierto –Ginny interrumpió en ese momento, mientras intentaba contener un bostezo-. ¿Alguien sabe dónde dormirán los novatos?
-Se les ha asignado un dormitorio especial –dijo una nueva voz, provocando que los cuatro muchachos se girasen para ver. Eleonor Quirke, la jefa de Prefectos, los miraba con una sonrisa-. No podemos obligarlos a permanecer en el dormitorio de alguna casa en específico, por lo que se ha montado un nuevo dormitorio, en el tercer piso –continuó explicando-. Sigan por el pasillo izquierdo, hasta el final del corredor, y cuando lleguen al cuadro de los monjes jugando cartas, entren por la puerta de la derecha. La contraseña es Pico de Cavar. ¿Serían tan amables de ayudarme, Prefectos y Premios Anuales?
Luna, Hermione y Neville se apuraron a asentir. Eleonor se alejó entonces, dirigiendo a un pequeño grupo de novatos, con lo que salió del Gran Comedor, para guiar a los nuevos alumnos a sus habitaciones.
-Los acompaño –dijo entonces Ginny. A estas alturas, el Gran Comedor estaba prácticamente vacío.
Así que el cuarteto se dedicó a reunir a los pocos novatos que se habían quedado rezagados, con lo que los pequeños niños se apuraron a seguirlos.
Se encontraban saliendo por las puertas dobles del Gran Comedor, cuando alguien empujó a Hermione, haciéndola tropezar.
-¡Fíjate por dónde vas, Malfoy! –espetó Neville, intentando contener aquel tono rojizo que había aparecido en sus mejillas.
-Vaya, parece ser que he puesto el dedo en la llaga –dijo con tono burlón-. Es que acaso el gordito también es tu novio, ¿eh Granger? ¿Qué dirá san Potter?
-¿Qué tiene que ver Harry en esto? –Ginny se apuró a intervenir.
-Ah, pues que tu querida amiga se estaba besuqueando con Potter en el Andén nueve y…
-¡Sabes bien que eso es mentira! –gritaron Hermione y Ginny al mismo tiempo. Neville se apuró a sacar la varita.
-Malfoy… -se escuchó entonces la suave voz de Luna.
-¿Y tú qué quieres, Lunática? –le espetó el rubio con un tono de voz cansino, poniendo los ojos en blanco.
-Son cinco puntos menos para Slytherin –respondió ella-. Y mejor corre hacia tu sala común, que una bandada de Tortosoplos te están revoloteando por la cabeza.
-¿Qué…?
-Que si no te vas, serán diez puntos menos –le dijo Neville.
-Tú no puedes quitar puntos, no eres prefecto –le respondió Draco.
-En eso tienes razón, Malfoy –intervino Hermione, al tiempo que se cruzaba de brazos, y el rubio la miraba fijamente-. Ni Neville ni yo somos prefectos, pero somos Premios Anuales, lo cual equivale a decir que si te niegas a limpiarme la suela del zapato, perderás cincuenta puntos. Que tengas buena noche, Malfoy.
Y los cuatro chicos siguieron su camino, seguidos por aquel grupito de novatos que los miraban con la boca abierta.
Enojado como estaba, Malfoy se limitó a cerrar fuertemente los puños, clavándose a sí mismo las uñas contra las palmas.
¡Bonito fin de semana tengas tod s!
Muchas gracias por los reviews del capi anterior, aunque debo decir que me sorprendió más la cantidad de follows y favorites. Se los agradezco de verdad.
¿Qué tal les ha parecido el capi de hoy? Mientras que en el de la semana pasada pudimos ver como van las cosas tanto para Draco como Hermione, después de la guerra, ahora los hemos visto regresando a Hogwarts. Neville también volvió porque, pues porqué no. Como dice Ginny allá arriba, debido a que están en el mismo curso, los cuatro compartirán clases.
Como nota final, les comento que en este fic intentaré apegarme lo más que pueda al cannon (habrá un par de cosillas que si me voy a brincar, pero se las diré en su momento), por lo que de una vez les "aviso" que lo que ocurre en el epílogo del libro 7 aún va a pasar. Si esto les arruina el Dramione "y vivieron felices para siempre", pues mejor no lo lean (?).
Finalmente, les pido de nueva cuenta un follow, favorite, y un review. Incluyan esta vez una felicitación porque justo ayer fue mi cumple y hoy toca festejar :D!
En fin, les mando abrazos y besos, esperando que me digan lo que les gustó y no de esta historia (que aún no se notan muchos cambios con respecto a la original, a excepción de que los capis son más largos), y nos seguimos leyendo la próxima semana. ¡Sigan bellos!
