Capítulo 3
Nuevos tiempos
Se alejó, en dirección a las mazmorras, dando grandes zancadas. Aún tenía los puños firmemente cerrados, y el entrecejo fruncido. Cuando llegó frente al tapiz que ocultaba la entrada a su sala común, pronunció la contraseña (serpensortia), con lo que el tapiz se hizo invisible, y se reveló un hueco en la pared. Draco avanzó con paso decidido, y sin pensárselo dos veces, entró por él.
La sala común de Slytherin se encontraba casi vacía. Sin detenerse a saludar, o siquiera ver a alguno de los pocos alumnos que se encontraban en ella, el muchacho de cabello rubio platinado se apuró a cruzar la habitación rectangular, y llegar a las escaleras que bajaban a los dormitorios de los chicos. Cuando hubo llegado a su puerta, la abrió con brusquedad.
Dentro de la habitación había colocadas sólo 3 camas. Vio su baúl a los pies de la cama del rincón más alejado de la puerta, junto a la ventana que mostraba el fondo del lago negro, y se apresuró a aventarse en ella. No tardó en golpear sus almohadas con sus puños.
Los odia, los odiaba a todos.
Primero que nada a sus padres por obligarlo a ir a Hogwarts, cuando el ya no quería tener nada que ver con el mundo mágico. Odiaba a San Potter, a la sabelotodo Granger y a la rata pelirroja. Si bien, hasta hacía un año, se la había pasado disfrutando de fastidiar a aquellos tres, ahora, después de haber visto a Potter sólo un par de segundos en Kings Cross, entendió que humillarlo a él y a sus compinches ya no le provocaba tanto placer.
Potter había evitado que su familia se hundiera y se desmoronara. Y lo odiaba por ello. ¡Potter debía detestarlo! Él, Draco Malfoy, había tratado de matar a Dumbledore, había aceptado grabarse la marca tenebrosa, los habría matado en la Sala de los Menesteres… Y sin embargo, San Potter lo había salvado a él. Le había salvado el trasero de morir calcinado en la Sala que Viene y Va. Le había retirado la condena perpetua a su padre en Azkaban. Había hecho lo mismo por su madre, y por él mismo. Y era por eso que lo odiaba, porque a pesar de todo el daño que el Slytherin le había provocado a él y a sus amigos, el ex Gryffindor, no lo detestaba.
Y ahora, él debía de pasar todo un año encerrado en el castillo de Hogwarts. Entendía la actitud de su madre, ahora dispuesta a ser un poco más tolerante con los sangre sucia, y hasta cierto punto su padre había tenido que compartir aquellas ideas. Además, bajo el nuevo régimen que sin lugar a dudas se estaba implantando en el mundo mágico sobre la porquería que era clasificar bajo estatutos de sangre, le parecía imposible burlarse de la sabelotodo hija de muggles.
Y aún si pudiera hacerlo, ¿lo haría? Era Potter el principal victimario de todo su odio. Weasley y Granger eran solo piezas secundarias. Entonces, si Potter no estaba en Hogwarts, ¿importaba Granger? No, claro que no. A pesar de que ahora esa tal sangre sucia tenía por amigos a los más retrasados de todo Hogwarts. La tonta de Weasley, el tarado de Longbottom y la despistada de Lunática.
Pero aquello no le interesaba en lo más mínimo. Aún recostado en su cama, con la mandíbula firmemente apretada, Draco Malfoy trató de serenarse. Los asuntos escolares eran el menor de sus problemas. El nuevo orden se estaba imponiendo en el mundo mágico. Aquellos nuevos tiempos, como los llamaba su madre. Era imposible no notarlo. Solo bastaba con ver a los pocos Slytherins que se habían dignado a volver a Hogwarts. Una rápida mirada al gran comedor, le había dejado contar no más de 30. Draco estaba seguro de que, al igual que él, aquellos chicos y chicas de corbata y túnicas de forro verde habían regresado al castillo por instrucciones de sus padres, que intentaban formar parte de aquel nuevo orden. Después de todo, ningún Slytherin se había atrevido a hablar con algún alumno de las otras casas. Durante toda la cena, la mesa más alejada a la izquierda del Gran Comedor, había albergado a jóvenes con una expresión de temor en sus rostros.
Estaba seguro de que al igual que él, si por ellos hubiera sido, ningún Slytherin hubiese vuelto a Hogwarts aquel año. Quizá no hubieran vuelto nunca más.
Draco seguía perdido en sus pensamientos, cuando un ruido lo hizo volver de golpe a la realidad. Se incorporó levemente, y miró al otro lado de la habitación, donde pudo ver como la puerta del dormitorio volvía a abrirse. Por allí, entraron dos chicos, uno muy alto y musculoso, con un tono de piel muy moreno, mientras que detrás de él, apareció un chico bajito y gordito, de mejillas rosadas, que se apuró a cerrar la puerta detrás de sí. Durante unos instantes, ambos chicos y Malfoy, no hicieron otra cosa más que mirarse. Una extraña tensión se sentía en el ambiente. ¿Eran amigos o enemigos? En aquellos tiempos, ningún Slytherin sabía si se podía confiar en alguien más, o peor aún, si eran ellos mismos dignos de confianza.
Después de unos instantes que parecieron horas, el chico gordito dijo:
-Así que tú eres Malfoy –Draco asintió lentamente. Se preguntó qué significaría su apellido para aquellos tipos. ¿Dinero y poder entre los más altos círculos del mundo mágico? O quizá… ¿Unos de los más cercanos vasallos del Señor Tenebroso?
No estaba seguro de querer conocer la respuesta.
-Yo me llamo Nigel Pragett –se presentó el muchacho gordito.
-Y yo soy Zack Rozailer –agregó el moreno.
Draco simplemente asintió. Repentinamente, la apatía se había apoderado de él, por lo que no tenía interés alguno en entablar conversación con ellos, pese a que todo indicaba que aquel par dispar serían sus nuevos compañeros de clase, durante todo el curso.
Así que para evitar darles más motivos para que hablaran con él, el muchacho de cabellos platinados se levantó de la cama, abrió su baúl y se apuró a sacar su pijama, dándoles la espalda a los dos chicos.
Zack y Nigel se miraron, pero no dijeron nada. Habían entendido a la perfección aquella silenciosa mirada que se habían dirigido. Después de todo, tenían seis años de conocerse, de ser mejores amigos. Se quedaron allí, de pie junto a la puerta de la habitación, mientras Draco terminaba de cambiarse, subía a su cama, y corría el dosel verde botella, con lo que su rincón quedó escondido entre la penumbra.
Después de un par de minutos en los que el muchacho de ojos azules escuchó con claridad el ir y venir de los otros dos chicos por toda la habitación, Draco finalmente escuchó el crujir de sus camas al soportar sus pesos, y escuchó como al igual que él, corrían sus doseles para obtener un poco de privacidad. Tras escuchar un par de fríos "buenas noches", la habitación finalmente quedó sumida en el silencio y la oscuridad.
Girando sobre sí mismo, Draco se dejó caer boca abajo, y empezó a agarrar a golpes a su almohada, como si quisiera ablandarla.
Las cosas en la casa de Salazar Slytherin habían cambiado considerablemente. Las pocas serpientes que habían vuelto, eran hijos de personas que no tenían nada que temer. Ninguno de ellos estaba relacionado con mortífagos, no parecía que compartieran aquellas ideas sobre la pureza de sangre y el desprecio de los sangre sucia, y no parecían venerar las artes oscuras… En fin, era como si la casa de Salazar Slytherin fuese arrancada de sus creencias por considerarse obsoletas, clasistas y siniestras.
A los ojos de Draco, era como si todo en lo que creyera se hubiera derrumbado, y ya no valiera nada. Volvió a girar sobre sí mismo, para mirar esta vez al techo, aunque no podía ver nada debido a la penetrante oscuridad.
Había pasado quince años de su vida bajo la creencia de que los sangre pura eran lo único decente en el mundo mágico. Había pasado un año preguntándose si en verdad aquellas creencias que se le habían inculcado en casa eran correctas. Y había pasado un año lamentándose por el camino que sus padres habían tomado, y que de cierto modo le habían obligado a tomar también. Aún ahora, parecía que estaba condenado a pasar el resto de su vida lamentándose, por cosas que seguía sin comprender del todo. Después de todo, si las cosas hubiesen sido diferentes, sí el Señor Tenebroso hubiese ganado la batalla aquella noche… ¿Cómo hubiese cambiado su vida? Una parte de él estaba más que seguro que aquello igualmente hubiese sido un infierno.
Aunque, debía odiar a los sangre sucia, ¿no era así? ¿No era lo que sus padres hacían? ¿No era lo que todo Slytherin debía hacer? Y sin embargo, ahora, ¿había algún Slytherin que siguiese defendiendo aquellas ideas? ¿No era acaso eso lo que sus padres ahora evitaban demostrar?
Se dio la vuelta para acostarse sobre su costado, mientras la rabia e impotencia se acumulaban en su interior. Ya no sabía lo que era el bien, o el mal. Ya no sabía que era lo que debía definitiva, aquellos nuevos tiempos que corrían, se estaba sucediendo demasiado rápido, imposibilitando su capacidad de comprender qué era lo que debía hacer.
Sobra decir que aquella noche, no durmió muy bien.
-Mira, ahí está Luna –les dijo Neville a Hermione y Ginny, con lo que los tres Gryffindors caminaron por el Gran Comedor, y se sentaron junto a la chica rubia, en la mesa de Ravenclaw.
-Buenos días, Luna –dijeron los tres muchachos. La aludida se limitó a alzar la cabeza y sonreírles, y después, siguió prestando su total atención a la tira de tocino que tenía en el plato.
En ese momento, el profesor Flitwick pasaba por la mesa, acomodando los horarios.
- Así que, señorita Weasley, usted tomará Encantamientos y Estudios Muggles, ¿no es así? ¿Y también, Defensa Contra las Artes Oscuras?
Mientras Flitwick acomodaba el horario de Ginny, Hermione dio un sorbo a su jugo de calabaza, y desvió la mirada hacia las puertas del Gran Comedor.
En ese momento entraban un pequeño grupo de novatos (con sus túnicas negras, sin mostrar color alguno que los identificase como miembros de alguna casa), y detrás de ellos, un trío de Slytherins de séptimo curso. Hermione reconoció inmediatamente a Draco, y se atragantó con su jugo de calabaza al ver que él también la veía.
Pero había sido algo demasiado fugaz. Draco había fruncido el entrecejo, pero tras un rápido parpadeó, había desviado la mirada y se encontraba ahora platicando con un chico alto, fornido y moreno, con una expresión de completo aburrimiento.
-Entonces, señorita Granger, ¿Encantamientos, Transformaciones, Pociones, Defensa Contra las Artes Oscuras, Herbología? Tiene el horario muy completo.
-Gracias profesor Flitwick –respondió casi sin darse cuenta de lo que le decía.
-Bueno, esto ya está –dijo Flitwick con su acostumbrada voz de pito. Dio un ligero toque con la varita a la hoja que tenía delante de él, haciendo que el horario de Hermione apareciese mágicamente. Tras entregárselo a la castaña, continuó con el horario de Luna.
-Tenemos Defensa Contra las Artes Oscuras en seguida –anunció Ginny en ese momento, revisando el horario con una mano, mientras que con la otra picaba una salchicha-. El aula no está muy lejos, pero creo que no nos vendría mal llegar temprano. Después de todo, aún no sabemos qué tan estricto sea Karstoy.
Hermione asintió en silencio, y tras dar una último vistazo a la mesa de Slytherin (no fue difícil encontrar a Malfoy pues era el único rubio entre aquel grupo de 30 personas), volvió a concentrarse en su desayuno.
En la mesa de Slytherin, el profesor Slughorn repetía aquel proceso de dar de alta los horarios de los alumnos de su casa. Había terminado ya con Nigel y se encontraba ahora atendiendo a Zack. Mientras Draco esperaba que fuese su turno, se entretuvo comiendo una tostada con mermelada, y miraba el Gran Comedor, sin ver nada en realidad. Era fácil distinguir a los alumnos de primero: sus túnicas seguían siendo completamente negras, sin aquel forro interior de color que distinguía a las casas unas de otras. Un poco extrañado, vio también como las otras tres mesas ofrecían un revoltijo de colores, pues parecía ser que tanto los Ravenclaws, Hufflepuffs y Gryffindors se sentaban ahora en la mesa que les pareciera. No pudo evitar sentirse molesto al comprobar que en aquellas tres mesas no había una sola túnica con forro verde. Y no pudo evitar sentirse un poco incómodo al comprobar que en la mesa de Slytherin no había ningún otro color que no fuese aquel oscuro esmeralda.
Siguió mirando el salón, mientras comía otra tostada, hasta que sus ojos se detuvieron en la mitad de la mesa de Ravenclaw, donde reconoció al instante aquella melena castaña. Sintiendo como se le encogía el estómago, fue incapaz de dar una mordida más a su desayuno.
Había visto a Hermione la mañana anterior, en el andén 9 y 3/4. La había visto a la hora de la cena, cuando lo había amenazado con quitarle puntos a su casa. Y la había visto hacía un par de minutos, cuando había entrado al Gran Comedor acompañado de Nigel y Zack.
Pero no la había visto en realidad, hasta ahora.
La Gryffindor se veía… diferente. Seguía teniendo aquel cabello castaño, pero ahora se veía menos enmarañado y más liso. Sus ojos seguían siendo igual de cafés, peor había algo en ellos que mostraban tristeza y cansancio. Su color de piel seguía siendo el mismo, aunque ahora podría jurar que se notaba más uniforme y luminosa. Igualmente, estaba seguro de que si se paraba junto a ella, la Gryffindor había crecido al menos un par de centímetros. Durante un instante le pareció increíble lo mucho que podía cambiar una persona en tan solo un año.
-Muy bien, señor Malfoy –la lejana voz del profesor Slughorn lo regresó a la tierra, con lo que Draco se encontró a sí mismo con media tostada metida en la boca, y el profesor de Pociones frente a él, al otro lado de la mesa-. Defensa Contra las Artes Oscuras, Transformaciones… Veo que también lo veré este año en Pociones, ¿no es así?
El muchacho se limitó a asentir, mientras seguía comiendo aquella olvidada tostada.
En la mesa de Ravenclaw, Hermione se encontraba picoteando un par de waffles, y bebiendo más de su jugo de calabaza, antes de dejar sus cubiertos en la mesa. Ginny se apuró a terminar de comer otra de aquellas salchichas, y tras limpiarse la comisura del labio, las dos chicas se apuraron a guardar sus horarios en la mochila, y levantarse de sus lugares.
-Los veremos después –dijo Neville, con lo que él y Luna se quedaron en la mesa aun comiendo y conversando, mientras Hermione y Ginny salían del Gran Comedor, para dirigirse al tercer piso.
Cuando llegaron, pudieron ver a un pequeño grupo de chicos y chicas que se encontraban de pie, fuera del salón. Hermione pudo ver a Eleonor Quirke, la jefa de los prefectos, así como a dos Gryffindors que había visto en un par de ocasiones, pero que no conocía sus nombres. Estaba por preguntar a Ginny quienes eran, cuando pudo ver por el rabillo del ojo, al resto de compañeros que tomarían clase con ella. Y sintió como se le apretujaba el corazón cuando vio que el grupito que se acercaban portaba túnicas con forro verde esmeralda. Parecía ser que aquel año, Gryffindors y Slytherins aprenderían Defensa contra las Artes Oscuras, juntos.
Para los reducidos números de Slytherins que parecía haber aquel año en Hogwarts, el grupo que se acercaba era relativamente numeroso. Hermione contó a dos chicas que si mal no recordaba se llamaban Astoria Greengrass y Janna Avery, a dos muchachos que recordaba haber visto aquella mañana en el gran comedor, y para su pesar, también vio a Draco Malfoy, quien tenía una ligera sonrisa maligna dibujada en el rostro.
La castaña vio como el rubio abría la boca, seguramente para decir algo hiriente, pero no alcanzó a escuchar nada de sus labios, pues justo en ese momento, la puerta del aula se había abierto, y por ella salió el profesor Karstoy. Al instante, todos se quedaron en silencio.
El profesor Karstoy era muy alto. Tenía el cabello negro azabache perfectamente peinado, sus ojos eran del mismo color oscuro, mientras que su piel era demasiado pálida, y le producía un efecto de vampiro. Miró a todos y cada uno de los alumnos que lo miraban de vuelta, aguantando la respiración, y después, se retiró de la puerta, haciendo un elegante movimiento, invitándolos a entrar al aula.
Los alumnos entraron lentamente, en fila india. Hermione y Ginny se apuraron a sentarse hasta atrás, detrás de Eleonor. Los Slytherins se sentaron lo más adelante que pudieron.
Entonces se escuchó cómo se cerraba lentamente la puerta (con lo que la habitación se oscureció un poco), y a continuación, retumbando por todo el lugar, solo se escucharon los lentos y pesados pasos del profesor Karstoy.
-Defensa Contra las Artes Oscuras –dijo en un susurro perfectamente audible-. Nivel Éxtasis. Quedaron atrás los tiempos en los que podían realizar Riddikulos para confundir a los boggarts, o que podían engañar a los kappas para que se debilitaran.
Karstoy llegó al frente de la clase, y se dio la media vuelta (con la capa ondeando detrás de él), para poder mirar a sus alumnos.
-Nivel Éxtasis –repitió aun en susurros-. Están por conocer lo que verdaderamente son las "Artes Oscuras". Y no crean que intento asustarlos, si no, más bien, prevenirlos. Las Artes Oscuras son precisamente eso, oscuras. Tan cambiantes, tan poderosas, tan mortíferas, que deshacerse de ellas es prácticamente imposible. Es por eso que, a lo máximo que podemos aspirar, es a defendernos de ellas. Y eso, señores y señoritas, es precisamente lo que haremos este curso. Nos enfrentaremos a la magia más terrible y peligrosa que hayamos tenido nociones de su existencia. Y aun así, sobreviviremos…
La clase entera contenía el aliento. Hermione no pudo evitar pensar que sus susurros, le recordaban a la manera de hablar de Snape. Como las Artes Oscuras eran peligrosas y perfectas. Y entonces recordó a Harry, y sintió como Ginny le apretaba la mano…
-Aunque, claro está –esta vez el tono de Karstoy sonaba normal, lo cual hizo respingar a toda la clase-, que para poder defendernos de algo, este algo tiene que atacarnos primero. Ahora, este primer trimestre, trabajaremos en equipos. Gryffindors contra Slytherins. La primera mitad de ustedes, serán magos tenebrosos. La segunda mitad, serán los defensores. ¡Primera tarea!
Gritó alarmándolos a todos.
-Gryffindors, una redacción de lo bueno de conocer las Artes Oscuras. Slytherins, una redacción sobre el por qué es importante mantenerlas a raya. Quiero un pergamino de 30 centímetros, para el próximo lunes. Eso es todo.
Y con esto, el profesor Karstoy se alejó en dirección a su oficina. Con sus acostumbrados movimientos elegantes, entró a ella y cerró la puerta antes de que los alumnos siquiera se dieran cuenta de que tenían permiso de irse.
-Esto es lo más raro que he escuchado en mi vida –dijo Ginny, mientras tomaban las mochilas y se las echaban al hombro-. Mira que por primera vez los Slytherins serán los buenos y nosotros los malos.
-Ya sospechaba que con todas estas reformas, sería extraño que los profesores no las implementaran en sus clases –dijo Hermione, mientras salían del salón.
-¿A qué te refieres? –preguntó Ginny, mientras caminaban ahora por el pasillo.
-Bueno, es obvio que los profesores tienen la idea de que no todos los Slytherins son malos. O al menos eso quieren creer, y hacérnoslo creer a nosotros también. Es decir, están tratando de que nos pongamos en los zapatos de ellos. Aunque sería más correcto decir, que intentan ponerlos a ellos en nuestro lugar.
-Es como si finalmente estuviéramos hablando de una unidad entre las cuatro casas –Ginny y Hermione acababan de llegar a la escalera de mármol, y se detuvieron en seco-. Aunque va a ser algo difícil, no creo que a los demás les sea tan fácil olvidar lo que acaba de pasar el último verano.
Hermione se quedó callada. La Batalla de Hogwarts había tenido serias repercusiones, tanto en el mundo de la Magia, como en el mismísimo Hogwarts.
Era cierto que todos los muros destrozados, las estatuas hechas añicos, y los incontables daños que había sufrido el castillo, habían sido reparados, y ahora no quedaba rastro alguno de la horrible y épica batalla que había tenido lugar allí. Pero el cambio que se había quedado en Hogwarts no era algo material.
El cambio se encontraba en todas las personas que ahora vivían nuevamente bajo ese techo. La unidad entre Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw se había estrechado aún más. Y si bien era cierto que ya no había peleas contra los Slytherins, la distancia se notaba más que nunca. Era como si los Slytherins perteneciesen a otro plano, donde ningún miembro de las otras casas pudiese verlos, o tocarlos. Como si no fuesen más que fantasmas.
Después del dolor que había provocado la Batalla de Hogwarts, de las familias que se habían visto separadas, las incontables muertes que habían ocurrido... ¿En verdad creía el profesor Karstoy que los chicos podrían ponerse en los zapatos de un mago tenebroso?
La simple idea hizo que un escalofrío le recorriera todo el cuerpo. Entonces, Hermione sintió como la mirada de alguien se clavaba en ella. Nerviosa, giró lentamente para mirar hacia lo más alto de la escalera de mármol por la cual acababa de bajar, y pudo ver a Draco Malfoy, liderando a los que parecían los nuevos sustitutos de Crabbe y Goyle.
Sintió su mirada fría, como si estuviera llena de odio. No supo por qué, pero le dio miedo, y sin poderse contener, desvió la mirada rápidamente.
-Son crueles –se dijo así misma en voz baja, tan baja que Ginny no pudo escucharlo-. Crueles y despiadados.
¡Hola a todos y todas! Vengo a hacer esta up corriendo porque tengo una fiesta de Halloween esta tarde en casa, y se supone que debería estar limpiando, adornado y comprando mucho alcohol x)!
Al igual que en capi pasado les mencioné que intentaría apegarme lo más posible al canon, aquí si les voy a comentar un par de detallitos que cambié, porque pues porque sí -derp-
Primeramente, está el hecho de que los alumnos no serán sorteados a ninguna casa, hasta su tercer año. Si mal no recuerdo el mismo Dumbledore lo comentó en uno de los libros, y pensé que sería buena idea incluirlo. Otro detalle es el inventarme los nombres de los nuevos profesores (Karstoy -basado un poco en Karkaroff- y Merrythought -basada en algo semicanon-). Finalmente está la presencia de las dos alumnas de Slytherin que toman clases con Draco y Hermione. Mientras que Janna Avery está sacada de la manga, con Astoria Greengrass (seguramente ya saben quien es) simplemente quería que la tuvieran un poco más presente. Aunque en el canon ella está dos años por abajo de nuestros protas, esta vez quería incluirla por lo que se viene después.
Este capi es una simple transición. Quería dar bastante peso a lo de la unidad de las casas, los cambios en el mundo mágico, y la relación de "aun te odio pero ya no tanto" entre Hermione y Draco. Algo así como "me eres un poquito indiferente".
Antes de que este capi quede kilométrico (como me encantan e.e) les agradezco nuevamente la enorme cantidad de likes y follows, y sus reviews. No he tenido la oportunidad de contestarlos (si he de ser sincera esperaba que se juntaran un poquito más), por lo que debido a la reunión que les comenté, tendrán que esperar un poco más.
Así que les mando abrazos y besos, les pido de nuevo esos reviews, likes y follows, y los espero la próxima semana, que ya mero vamos llegando al Dramione en sí. Sigan bellos!
