Capítulo 5
En el campo de Quidditch
Aquel viernes, Hermione, Ginny y Neville se encontraban tomando el desayuno en la mesa de Gryffindor. Ginny se encontraba ya untando de mermelada su tercera tostada, cuando Luna se acercó caminando lentamente hacia los chicos. Llevaba una considerable pila de libros, que le impedían ver muy bien por dónde iba. Neville se apresuró a levantarse y ayudarla a cargarlos, y los colocó a su lado izquierdo, junto a él, con lo que Luna se sentó del otro lado del chico.
-¿Qué es todo eso, Luna? –preguntó Hermione por encima de El Profeta.
-Estoy buscando información extra para mi tarea de adivinación –respondió la Ravenclaw, mientras tomaba una tostada y Neville le pasaba la mermelada -. Le he estado comentando a la profesora Trelawney que existen Willywingers en Júpiter.
-¿Qué es un Willywinger? –preguntó Neville.
-Son unos demonios de fuego –contestó Luna, abriendo desmesuradamente sus enormes ojos saltones, que le daban ese aspecto de chiflada-. Se parecen mucho a los Snorkacks de cuernos arrugados, con la diferencia de que estos no tienen cuernos.
Hermione y Ginny se miraron de reojo, y se apresuraron a mirar a otro lado. Ginny contuvo una risita, y Hermione volvió a esconder la cabeza detrás del periódico, mientras Neville seguía preguntando a Luna sobre los Snorkacks y los Willywingers, casi sin parpadear, escuchando muy atentamente.
-¿Quién crees que se dé cuenta primero? –susurró Hermione, mientras Ginny se inclinaba hacia su amiga, y se escondía detrás de El Profeta, fingiendo leerlo también.
-Mi voto es por Neville –Ginny respondió de igual manera en un susurro, y Hermione asintió-. Él es más transparente. Simplemente no lo puede ocultar. No tardará mucho tiempo en darse cuenta de sus sentimientos. Pero Luna… Ella es más complicada, más difícil de entender.
-Bueno, debo irme –la voz de Luna las tomó por sorpresa, y ambas chicas dieron un respingo-. Tengo dos horas de Herbología y quiero ver si me encuentro alguna Gurdiraíz por el camino.
-No te olvides que hoy son las pruebas para seleccionar al equipo de Quidditch de Gryffindor –le recordó Ginny, apuntándola con su tenedor-. Tú y Hermione prometieron que irían a ver, ya que Neville no puede...
-Lo siento –se disculpó el muchacho en ese momento, apresurándose a ponerse en pie y tomar todos los libros de Luna. Parecía ser que pensaba acompañarla-. He prometido quedarme hasta tarde con la Profesora Sprout en el Invernadero 9. Voy a ayudarla a podar Lazo del Diablo.
-Su nombre correcto son Biblers Maravillosos, Neville –dijo Luna distraídamente, colgándose la mochila al hombro.
-Las pruebas son a medio día, no lo olvides –insistió Ginny, a lo que Luna asintió. Sin decir mucho más, la Ravenclaw se alejó rumbo al recibidor, platicando con Neville, quien iba ligeramente detrás de ella, llevando aquella pila de libros. Hermione se apuró a doblar su periódico, y al igual que sus amigos, se levantó de la mesa, y se colgó la mochila al hombro.
-Yo también debo irme. Tengo dos horas de Pociones y no quiero llegar tarde.
La castaña se despidió de la pelirroja, y salió del Gran Comedor, rumbo a las mazmorras.
Sabía lo que le esperaba en esos momentos. Hacía dos días, Hermione había comprobado con desagrado que ella y Malfoy compartirían Pociones ese curso. Pasaría cuatro horas a la semana, encerrada en una sofocante mazmorra sin ninguno de sus amigos, con la sola compañía de tres Gryffindors, las mismas dos chicas de Slytherin que estaban en su clase de Defensa, un muchacho que según esto se apellidaba Rozailer y para variar, Malfoy. Draco Malfoy.
Fue así, que aquella mañana, Hermione se dirigió con paso lento y cansado a las mazmorras, a tener aquellas tortuosas dos horas de Pociones con los Slytherins. Cuando entró a la clase, distinguió a Malfoy y Rozalier quienes ya se encontraban sentados hasta adelante, y Hermione pudo ver cómo el chico rubio se volvía y le sacaba la lengua. Lo ignoró y se apresuró a sentarse hasta atrás, junto a Eleonor Quirke, la jefa de prefectos, quien le sonrió amablemente. Hermione hizo lo mejor que pudo para responderle el gesto.
-Muy bien, hoy vamos a trabajar con una poción bastante complicada–dijo el Profesor Slughorn, visiblemente alegre-. Pero les prometo que será divertido. Así que nos acomodaremos en equipos. Gryffindors y Slytherins trabajando junto al calor de un caldero –agregó en tono soñador-. Muy bien, veamos… Rozailer, si me hace el favor de ir con la señorita Quirke. Señorita Greengrass, si es tan amable de juntarse con el joven Sanders. Y usted señor Malfoy, ya que estamos en eso, recoja sus cosas y vaya con la señorita Granger.
¿¡Juntos!? ¡Al profesor Slughorn se le había ocurrido ponerlos a trabajar en equipos para elaborar una poción para agrandar! Si, a Hermione Granger y a Draco Malfoy, junto a un caldero, por dos horas…
¡Juntos! Hermione sintió que se le encogía el estómago, mientras veía como Malfoy arrastraba su mochila por el piso, y la aventaba junto a su mesa. El chico le dirigió una de sus típicas miradas de desprecio, y se sentó pesadamente junto a ella, mirando solamente al caldero que tenía delante de él. Trabajar dos horas, juntos. Era algo difícil de aceptar…
Aunque decir que habían hecho el trabajo juntos, era una gran mentira. Malfoy apenas y había leído las instrucciones, ido por unos cuantos ingredientes al armario de materiales, y el resto de la clase había dejado todo el trabajo a manos de Hermione, mientras tenía el entrecejo fruncido, y evitaba mirarla.
-¿Así es como piensas aprobar este curso? –le reprochó ella por lo bajo mientras trabajaba, pero Malfoy se había limitado a reírse entre dientes, y decirle que se le escapaba la sanguijuela. Hermione la tomó rápidamente, y se apuró a aplastarla con el cuchillo.
Así que después de dos horribles horas y una felicitación de Slughorn por su "excelente trabajo en equipo" Hermione salió de la mazmorra hecha una fiera, siendo alcanzada por Malfoy cuando ya iba llegando al recibidor.
-Ese viejo gordo no tenía por qué dejarnos trabajo si la poción era perfecta –dijo el chico cuando la adelantó.
-¿Y tú de qué te quejas? –le espetó ella deteniéndose en seco, mirándolo directamente a los ojos, provocando que el muchacho perdiese aquella actitud de prepotencia, y se viera ahora incómodo-. No has hecho nada en la clase de hoy, por lo que estoy segura que tampoco tendrás ganas de voltear a ver siquiera a la tarea.
-Esta vez sí tenía pensado ayudarte –se detuvo él también, poniendo los ojos en blanco, aunque al instante volvió a emprender la caminata, pasando a la Gryffindor de largo-. Nos vemos el lunes en la biblioteca a las 4.
-No pienso ir –dijo ella con voz fuerte, pues Malfoy se estaba alejando de nuevo, con paso veloz-. Y si llego a hacer esa tarea, pondré solo mi nombre.
Malfoy se limitó a reírse. Levantó cuatro dedos y sin volverse, dijo lentamente:
-El lunes –y salió corriendo.
Slughorn había estado tan contento por el resultado de la poción del equipo Granger-Malfoy, que no se detuvo a pensar en el papel que le estaba firmando al Slytherin. Draco se apuró a decir gracias, y sujetando su mochila con fuerza, salió de la mazmorra (donde aprovechó para importunar a Granger), y atravesó corriendo el recibidor para reunirse con el capitán del equipo de Quidditch de Slytherin.
Se plantó frente a Zack Rozailer (quien esperaba a Nigel Pragget que se encontraba saliendo de su clase de Aritmancia), y le mostró el trozo de pergamino. La firma apretada y redonda de Slughorn se encontraba estampada en todo su esplendor en un elegante color turquesa.
-Bueno, ya tenemos el permiso, no podemos decir que la fecha del aviso en el tablón de la Sala Común es falsa–dijo Zack-. Solo espero y los Gryffindors no hayan reservado el campo.
Ginny había sido la capitana del equipo de Quidditch de Gryffindor desde el año pasado, y desde entonces había podido comprobar que el título de "Novia de Harry Potter" seguía teniendo demasiado peso.
Si bien en esta ocasión no había tenido que pedir a alumnos de Ravenclaw y Hufflepuff que se marchasen (pues era ilógico que formasen parte del equipo de los leones), sí había tenido que pedir (lo más amablemente que fue capaz) a los alumnos de primer grado que se habían presentado, que se retirasen, pues aún no tenían la edad mínima requerida, además de que ni siquiera habían sido sorteados en ninguna casa.
Y aun así, aquella fila de alumnos de segundo a séptimo grado que venían a realizar las pruebas para los diferentes puestos del equipo, seguía estando conformada por una cantidad considerable de Gryffindors.
Era ya pasada la una de la tarde. Con tres cuartos de fila ya evaluada, en aquel momento el equipo de Gryffindor contaba ya con los dos mismos cazadores del año pasado (siendo Ginny la tercera), y dos nuevos golpeadores bastante delgados pero de brazo fuerte.
Hermione y Luna se encontraban sentadas en las gradas bajas, mirando al aire y como en ese momento, Ginny seleccionaba a la nueva buscadora, una alumna de segundo grado, muy bajita y muy delgada, pero bastante veloz, observadora y escurridiza. Ambas chicas aplaudieron al igual que el resto de los presentes, felicitando a la nueva miembro del equipo.
Ginny estaba por iniciar las pruebas de guardián, cuando las miradas de todos los presentes, sumadas con indiscretos murmullos, dieron la bienvenida al equipo de Quidditch de Slytherin.
Ginny miró al capitán del equipo, Zack Rozailer, dirigiendo la comitiva. Intentando tomar una actitud neutral, la menor de los Weasley bajó de su escoba, y se acercó a las serpientes, preguntándose qué hacían allí.
-Tenemos la firma de la profesora Merrythought –dijo la pelirroja rápidamente, pero antes de que tuviese tiempo de sacar el permiso de uno de los bolsillos de su túnica, Rozailer se apuró a sacar el trozo de pergamino con la firma del profesor de Pociones.
-Y nosotros la de Slughorn –dijo mientras extendía el papel para que Ginny lo tomase-. Pero no se preocupen, solo venimos a hacer una práctica rápida.
Ginny alzó la vista inmediatamente, mirando directamente a los ojos al alto muchacho moreno.
-¿No harán selección?
-Desgraciadamente, lo que ves es lo que hay –le respondió Zack, señalando a los 5 chicos y a la muchacha que esperaban detrás de él-. Son los únicos que hicieron solicitud, así que no me queda de otra que decir que están todos dentro.
Ginny lo miró con desconfianza. Una parte de ella sentía pena por lo enclenque y nada preparado que lucía aquel equipo. Otra parte de ella le decía que independientemente de que fuesen el peor equipo que Slytherin hubiese visto en años, no habían solicitado su permiso para utilizar el campo de Quidditch, como dictaban las reglas.
Sin embargo, un par de segundos después, pensando que no era necesario regresar a las hostilidades entre las casas, la pelirroja le devolvió el trozo de pergamino a Rozailer, y le dijo:
-La mitad del campo es de ustedes.
El equipo de Quidditch de Slytherin se encontraba practicando con una quaffle, una bludger y una snitch. Mientras aquella chica y los otros dos cazadores lanzaban la quaffle contra Rozailer (el guardián), Nigel y el otro chico se pasaban la bludger, golpeándola con sus bates. Todos permanecían dentro de su lado del campo, mientras el equipo de Quidditch de Gryffindor continuaba evaluando a los aspirantes a guardián.
Todos menos Draco Malfoy.
Y es que no era su culpa que la snitch decidiera recorrer todo el estadio. La correteaba durante un momento, y la atrapaba con facilidad. Luego, la soltaba de nuevo, y le daba algo de tiempo antes de volver a perseguirla. Ajena al permiso de utilizar solo la mitad del campo, la snitch se dejaba pasear por entre ambos aros de gol, por lo alto y bajo de las gradas, así como entre los miembros del equipo de Slytherin, y los aspirantes de Gryffindor.
En ese momento, un muchacho alto y delgado, de cabello negro, se encontraba delante de los tres aros de gol, listo para su prueba de Guardián. Ginny se encontraba delante de él, preparándose para tirarle la primera quaffle.
Tras dar unas vueltas en la parte alta de los postes donde Zack se encontraba practicando, la snitch se había ido ahora a vagar entre las gradas bajas. Hermione y Luna la sintieron revolotear a su alrededor, y como si se tratase de un mosquito exageradamente grande, intentaron alejarla dando manotazos en el aire. Sin embargo, el molesto zumbido (pues la snitch era tan veloz que las dos muchachas no alcanzaban a verla), seguía allí presente. Sonriendo para sí mismo, Malfoy no pudo evitar pensar que aquella era una perfecta oportunidad para molestar una vez más a Granger. Y por qué no, sacarle un buen susto.
Así que el Slytherin dio una vuelta al campo, cogiendo velocidad, y tras abrazarse fuertemente al palo de su escoba, se dejó caer en picada. La snitch revoloteaba cerca de la oreja de Hermione, casi sin moverse. Entonces, ensanchando aquella maligna sonrisa, el chico estiró la mano y frenó en seco.
Hermione había ahogado un grito, al tiempo que cerraba los ojos. Ya se imaginaba el golpe de Malfoy al estamparse contra ella, sentía ya el impacto de la escoba contra su cuerpo, dejándola seguramente sin aire… Pero después de unos segundos de total silencio, ningún golpe se sucedió.
Algo confundida, la Gryffindor abrió lentamente los ojos, con lo que pudo darse cuenta de que tenía su rostro a un palmo de distancia de la de Malfoy, y que el Slytherin sonreía maliciosamente.
Su brazo derecho ya hacía extendido junto a su oído izquierdo (en una posición que parecía que estaba por acariciar su cabello), sujetando fuertemente la snitch, la cual agitaba sus alas violentamente, intentando soltarse de aquel firme agarre.
En medio del campo, Ginny acababa de lanzar la quaffle, y debido a que no quería dejarle las cosas fáciles a los aspirantes a guardián, la menor de los Weasley había arrojado un tiro demasiado fuerte. Sin embargo, el chico que se encontraba en aquel momento volando delante de los aros de gol, parecía estar muy seguro de su habilidad para poder pararlo, aunque parecía más preocupado en poder lucirse. Entornó los ojos, adoptando una expresión de total concentración, y giró sobre sí mismo, con todo y la escoba. La quaffle sintió el fuerte golpe de la cola de la escoba del muchacho, y con la misma intensidad, salió despedida lejos de él.
Voló por el aire a una enorme velocidad, y entonces se escuchó que alguien gritó:
-¡Cuidado! –dijo uno de los golpeadores de Gryffindor, haciendo que todos los presentes se detuvieran y girasen para ver qué ocurría.
Pero la advertencia había sido anunciada demasiado tarde. Como si ocurriese en cámara lenta, la quaffle atravesó la mitad del estadio, dirigiéndose a las gradas, hasta finalmente dar de lleno en la espalda de Draco Malfoy, quien, debido a la inercia, había sido lanzado hacia adelante sin posibilidad de impedirlo. Y no solo eso, el golpe le había sacado el aire, lo había tirado de la escoba, lo había obligado a soltar la snitch y sujetarse de lo único que tenía a la mano... Los hombros de una Gryffindor.
Y sin saber cómo había sucedido, ahora se encontraba besando los labios de Hermione Granger.
El campo entero se quedó en silencio. Parecía que ninguno de los presentes podía ni respirar. En el caso de Hermione y Draco, parecía que se habían congelado, y no podían moverse ni un milímetro.
Lentamente comenzaron a ser conscientes de lo que había ocurrido, y de donde se encontraban, Malfoy empezó a sentir cómo le temblaban las manos y las piernas, y como no podía dejar de mirar a Hermione, con los ojos abiertos como platos. La snitch, que se le había escapado de la mano, se había alejado velozmente, aunque extrañamente aún escuchaba aquel molesto zumbido, retumbándole en toda la cabeza.
Hermione igualmente se había quedado estática, sintiendo aquel extraño cosquilleo en la punta de los dedos, así como en los labios. Del mismo modo, tenía los ojos abiertos de par en par, los cuales habían comenzado a lagrimar, debido a que la joven parecía negarse a parpadear.
Se quedaron así, labios con labios, mirándose fijamente, por lo que parecieron ser horas; hasta que una pequeña vocecilla se escuchó, pegada a sus oídos:
-¿Hermione? –preguntó Luna en un susurro.
Como si una corriente eléctrica le hubiese recorrido todo el cuerpo, Malfoy se apuró a levantarse. Respiraba entrecortadamente, debido a que la quaffle le había sacado el aire por completo, y parecía aún no recuperarse. Sin poderse contener, escupió en el piso, y aún asqueado, se limpió la boca con la manga de la túnica.
Hermione se apuró a parpadear y moverse nerviosamente en las gradas, y también incómoda, se limpió los labios con el uniforme escolar.
El chico le dirigió una mirada de odio y temor, e inmediatamente después, aún sin poder decir nada, el Slytherin dio un par de pasos hacia atrás para separarse rápidamente. Tambaleando y tras casi caerse al chocar contra la fila de asientos que se encontraban detrás de él, Draco se dirigió al final de las gradas, donde dio un gran salto y bajó al campo. Los gritos de Zack y Nigel, tratando de pedirle que regresara eran lo único que se escuchaba en todo el lugar. Pero el muchacho de cabello rubio platinado siguió andando sin mirar otra cosa que no fuera nada que no estuviese a cinco pasos de distancia, y salió corriendo en dirección al castillo.
-¿Hermione, estás bien? –Ginny acababa de llegar volando en su escoba. Se bajó a toda velocidad de ella, y sujetó a su amiga de los hombros. Hermione la miró, aún con los ojos muy abiertos, aunque parecía que en realidad no la veía.
-¿Te ha pasado Malfoy algún tortosoplo? –preguntó Luna, tomándola de la mano.
-Perdón, perdón, no fue intencional –Kinnon, el aspirante a guardián que había lanzado aquella quaffle, acababa de llegar. Ginny le dirigió una mirada asesina, con lo que el alto chico se apuró a tomar la quaffle, le dio media vuelta a la escoba, y se apuró a retirarse.
-Vamos a la enfermería –dijo entonces la pelirroja, con lo que Hermione finalmente pareció reaccionar, y se apuró a negar con la cabeza. Cerró los ojos con fuerza, respondiendo al apretón que sentía en su mano, proveniente de Luna.
-No me pasa nada –fue lo primero que pudo decir-. Estoy bien.
Intentando demostrarlo, la Gryffindor se puso en pie de un brinco, dispuesta a marcharse de allí, aunque no estaba muy segura de dónde ir. Sin embargo, estaba segura de que cualquier lugar era mejor que aquel, donde no solo los Slytherins, sino también los Gryffindors la miraban como si acabara de contraer una mortal enfermedad. Así que Hermione estaba por dar un paso, para bajar de las gradas, cuando sintió que su pie pateaba algo.
-¿Qué es eso? –preguntó Ginny.
-Creo que es la escoba de Malfoy –respondió Luna, mientras la tomaba-. Lo mejor sería que se la regresáramos.
Y sin que nadie dijera nada, Luna caminó hasta el final de las gradas, donde bajó la corta escalerilla y se alejó rumbo al castillo, con la escoba entre las manos, mientras tarareaba una canción sin ritmo.
-Iré con ella –dijo Hermione.
-¿Qué? ¿Pero qué…?
Pero Ginny ya no tuvo tiempo de decir nada, ya que Hermione había igualmente bajado de las gradas, y había salido corriendo a perseguir a la Ravenclaw. Entonces, sin poder hacer otra cosa más que ver a sus amigas alejarse en dirección al castillo, la menor de los Weasley se volvió de nuevo al campo, donde pudo ver como todas las miradas seguían fijas en Hermione.
Los aspirantes al equipo de Gryffindor miraban a la castaña con la boca abierta; en cambio, todo el equipo de Slytherin miraba a Hermione alejarse, mientras fruncían el entrecejo.
-¿Qué están esperando? –gritó Ginny a los Gryffindors, mientras se subía de vuelta a su escoba y daba una fuerte patada para alzarse en el aire, haciéndolos respingar a todos-. Si quieres estar en el equipo, Kinnon, tienes que parar cinco tiros. ¡Monique! –le dijo a una de las cazadoras -. Es tu turno de lanzar la quaffle.
Los Slytherins, que aún volaban en su lado del campo, se miraron entre sí. Sin necesidad de decirse nada, entendieron la mirada que su capitán, Zack les dio, con lo que las cinco serpientes bajaron de sus escobas hasta tocar el piso, y se alejaron rumbo a los vestidores. Zack y Nigel susurraban con las cabezas muy pegadas, Ginny los miró de reojo. Tenía la impresión de que irían a buscar a Malfoy, y de cierto modo, pensó que ella debía hacer lo mismo por Hermione, pero debía terminar aquella selección antes de poder marcharse. Era su deber como capitana del equipo.
Unos quince guardianes, más, y podría irse.
¡Hola a todas!
Esta semana ha estado mortal. Tuve que ir a un curso de parte de la oficina, así que apenas y me quedaba tiempo para comer y dormir, cuando no estaba en el curso o en el trabajo. Para acabarla, esta semana tocó trabajar en campo, así que estoy insolada a más no poder. Básicamente no tengo ni idea de quién soy ni donde estoy.
Aún así, aquí les traigo el capi de hoy. Honestamente no me gustó donde termina (quería dejarlo en el momento justo en que Draco la besa para poder decir AQUÍ EMPIEZA EL DRAMIONE), pero de ese modo hubiese quedado muy corto y eso tampoco es bueno, porque la idea es darles capis largos.
De cualquier manera, lo que pasa en este capi es un gran avance. Si iniciamos de poquito en poquito, de aquí en adelante la historia será un poco más movida; los roces comenzarán a ser más seguidos e íntimos. Así que (como siempre), les pido de favor que dejen sus reviews: lo que les gusta, lo que no, lo que debería de mejorar, etc. Como siempre lo digo, es gracias a sus comentarios y opiniones que yo puedo mejorar mis escritos, y traerles más fics de calidad. Por el otro lado, igualmente les agradezco todos sus likes y follows. Es bonito saber que hay gente interesada en leerme :)
Antes de despedirme, les aviso que la próxima semana no voy a poder hacer UP. Como bien saben (al menos en México), se nos viene día inhábil el lunes 21, así que tomaré puente el sábado. Debido a que estaré fuera de la ciudad, será prácticamente imposible sentarme frente a la PC a publicar algo. De antemano les ofrezco la disculpa, y pues están ya avisados.
Y ya después de toda esta biblia, me despido no sin antes mandarles un abrazo, y un beso. Sigan bellos! Nos vemos en dos semanas~
