Capítulo 6
Rumbo al Invernadero 7
Hermione logró alcanzar a Luna cuando apenas estaba entrando al recibidor del castillo. Aun corriendo lo más rápido que podía, la castaña gritó el nombre de su amiga, con lo que la Ravenclaw se detuvo, y dio media vuelta para verla, con su acostumbrada mirada distraída.
-Qué bueno que llegas –dijo la Ravenclaw en tono tranquilo, mientras Hermione se apretaba el pecho tratando de recuperar el aire y calmar su respiración-. ¿Sabes dónde está la Sala Común de Slytherin?
-¿Eh? Pues, no, no la verdad, no, yo no, no sé.
-Vaya, pero que tonta –dijo Luna en un susurro, mirando la escoba tiernamente-. Tú compartes clases con Malfoy; lo mejor sería que la escoba la entregaras tú.
Y con esto, la Ravenclaw puso la escoba en las manos de su amiga.
-¿Qué? –Hermione sintió como la escoba caía entre sus manos y golpeaba su pecho. Luna le sonrió y sin decir nada más, se alejó dando brinquitos.
-¡Luna, espera! –pero la chica no pareció escucharla, y por ello no retrocedió sobre sus pasos, Hermione, quien parecía que no estaba preparada para volver a correr detrás de ella, se quedó sola en medio del recibidor.
¿Y ahora?
Después de lo que acababa de pasar, estaba segura de que Malfoy la evitaría, y no conseguiría deshacerse de aquella escoba.
Los cuchicheos en la mesa de Slytherin, provenientes de parte del equipo de Quidditch, siguieron a Hermione mientras se sentaba sola a la mesa de Gryffindor, mientras comía, y perduraron aun cuando se hubo marchado del salón, para regresar a la Torre de su casa.
Esa misma noche, Ginny intentó hablar con ella respecto a lo ocurrido en el campo, pero la castaña se negó a contestar. La pelirroja intentaba hablar con ella en susurros, ya que no se atrevía a decir nada delante de Neville, pero Hermione se había decidido a no abrir la boca.
-No hay nada que decir –había repetido en contables ocasiones, apenas moviendo los labios, a lo que Ginny se limitaba a fruncir el entrecejo-. Olvídalo ya.
Pero parecía ser que la menor de los Weasley no estaba tan dispuesta a simplemente dejarlo ir. Las miradas que dirigía a Hermione, así como los susurros por detrás de los libros, fueron motivo por el cual a las ocho en punto, la castaña no tuvo de otra más que levantarse del sillón en el que se encontraba sentada, y despedirse de sus amigos diciendo que se iría a leer un poco antes de dormir. Sin embargo, diez minutos después, cuando Ginny se despidió de igual modo de Neville, y subió la escalera rumbo a su dormitorio con Arnold (su puffskein en miniatura) brincando en su hombro, la pelirroja descubrió a Hermione acostada en su cama, escondida detrás del dosel.
Sabiendo que su mejor amiga en realidad sólo fingía que dormía, Ginny finalmente se rindió, y decidió que lo mejor sería no insistir, subiendo ella también a su cama, dispuesta a dormir.
Hermione había pasado toda la noche en vela. Seguía pensando en aquel extraño incidente ocurrido en el campo. Simplemente no podía evitarlo, a pesar de saber que no había sido más que un accidente. Se tocaba los labios de vez en cuando, aunque ni cuenta se daba, demasiado ocupada en sus pensamientos. El sábado apenas y salió de su habitación para comer, y debido al miedo, se negó a mirar siquiera de reojo, a la lejana mesa de Slytherin.
El domingo, Ginny la convenció de salir a dar una vuelta a los jardines, visitar a Hagrid un rato, mojarse los pies a la orilla del lago. Un poco más animada, Hermione acompañó a la pelirroja, Luna y a Neville, e inclusive comieron juntos en el Gran Comedor, sentados a la mesa de Ravenclaw. Fue allí cuando finalmente tuvo el valor para mirar de reojo a la mesa de Slytherin, donde un rápido escaneo le permitió el comprobar que entre las serpientes de séptimo curso, sólo se encontraban Rozalier y Pragett, los compinches de Draco, sin su líder.
Y fue en ese momento, cuando todo el miedo se le borró de la cabeza. Saber que Draco Malfoy la evitaba de cierto modo la había puesto inquieta. Al igual que ella, la serpiente se estaba escondiendo. ¿Demasiado asustado? ¿Avergonzado? ¿Qué clase de efecto había tenido aquel accidente en él?
El lunes, durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, Malfoy y Hermione recibieron una felicitación por parte del profesor Karstoy, por haber elaborado un excelente reporte, aunque a Hermione no le pasó por alto como el Slytherin evitaba cruzar miradas con ella. La Gryffindor no pudo evitar sentirse incómoda por ello, en especial cuando Karstoy dio por finalizada la clase, y Malfoy salió corriendo del aula, dejando a sus nuevos guardaespaldas atrás.
A las cuatro en punto, como había sido solicitada la semana pasada, Hermione se encontraba sentada en la que consideraba ya su mesa habitual en el rincón, en la silenciosa biblioteca. No había tenido el valor de sacar sus cosas, por lo que sólo tenía el libro de "Pociones del Mediterráneo" abierto por la página 21. Miraba, sin leer, el título de la poción para agrandar, de la cual Slughorn les había mandado deberes, escuchando el tic tac del reloj de la pared, esperando pacientemente a que Draco Malfoy se apareciera.
Pero pronto dieron las 4:10, y después las 4:20.
Hermione esperó hasta que dieron las 4:30, y entonces, molesta (no solo con Malfoy, sino también consigo misma), se decidió a irse. Cerró con fuerza el libro, tomó su mochila y caminando rápidamente, salió de la biblioteca.
¡Mira que dejarla plantada!
Siguió caminando por los pasillos, sin saber verdaderamente a donde iba. El libro de Pociones se agitaba salvajemente en su mano, y la mochila le golpeaba la espalda, mientras caminaba dando grandes zancadas. Pensó en recorrer todas las mazmorras, gritando el nombre de Malfoy hasta dar con él, y reclamarle el que la hubiera dejado con la tarea de Pociones, cuando se suponía que era un trabajo en equipo. Pero antes de que siquiera hubiese bajado a las mazmorras, al dar vuelta en una esquina de la planta baja, pudo ver delante de ella aquel conocido cabello rubio platinado.
-¡Malfoy! –fue lo único que pudo gritar, debido al coraje e impotencia que había acumulado en los últimos días. Pese a que tenía la voz temblorosa, en cierto modo había sonado severa, lo cual le había infundido un poco de valor, permitiéndole seguir avanzando con paso firme. Malfoy se detuvo en seco. Por un instante Hermione se preguntó si el Slytherin sería tan cobarde como para salir corriendo, y se preguntó si tendría que perseguirlo como si se tratase de una estúpida carrera de caricatura. Pero la serpiente se limitó a dar la vuelta, lentamente, mientras ponía los ojos en blanco, preguntándose qué crimen había cometido en su vida pasada, para estar pagando de aquella manera en aquel momento.
Pociones del Mediterráneo le sacó el aire cuando dio de lleno en su pecho, haciéndolo bajar la mirada, y centrarla en Granger.
-Se suponía que nos reuniríamos a las cuatro en la biblioteca –le dijo la chica, poniendo los brazos en jarras, con aquella expresión asesina en el rostro.
Malfoy se quedó callado. Torció la boca. Miraba a Hermione, con una expresión de enfado y hastío; pero la chica continuó hablando, sin darle importancia.
-Quita esa expresión de asco de tu cara, o tendré que quitarte diez puntos.
-¿Qué quieres? –dijo él, mientras bajaba el libro.
-Que cumplas a tus promesas –respondió ella-. Dijiste que estaríamos en la biblioteca a las cuatro…
-Y tú dijiste que no irías –contraatacó el muchacho, provocando que la joven se quedase callada. Después de todo, él tenía razón-. ¿O qué esperabas? –agregó el Slytherin, lentamente dibujando una maligna sonrisa en su pálido rostro-. ¿Qué escondidos en la biblioteca te diera otros besitos?
Esta vez fue Hermione la que adoptó una expresión de odio y asco, de la que se repuso prontamente para decir:
-No ha sido mi culpa que lo hubieras disfrutado –respondió ella frunciendo los labios-. ¿No llenaba Pansy Parkinson tus expectativas?
-Si serás una…
-Sólo venía a decirte que te toca a ti realizar el reporte para Slughorn –dijo la chica lentamente, apuntando al libro de Pociones del Mediterráneo, empujándolo de nueva cuenta contra el pecho del Sytherin.
-No pienso hacerlo –replicó Malfoy.
-Oh, claro que si –respondió ella, e imitando la sonrisa maligna del joven, agregó-, a no ser que quieras que le pase algo a tu escoba –y se dio la media vuelta.
La Gryffindor estaba por irse, cuando sintió como la sujetaban por fuerza de la muñeca. Miró por encima de su hombro, y pudo ver a Malfoy, pegado a su espalda.
-Si querías unos besos más solo tenías que pedirlos. Es decir, soy consciente de que besar a Weasley debe ser una tortura…
Hermione se soltó con fuerza. Se volvió para mirar a Malfoy a los ojos, y antes de que el chico pudiera decir algo más, le plantó una fuerte cachetada en la mejilla izquierda.
-A esta sangre sucia le gusta su sangre así de asquerosa –le dijo con rabia-. No intentes limpiarla.
-Me alegro que al menos esté consciente de que siempre serás una asquerosa sangre sucia –respondió él, sujetándose la mejilla, la cual se le había puesto roja debido a la fuerza del golpe.
Hermione lo ignoró completamente, y se alejó de ahí, mientras Malfoy continuaba sobándose la mejilla, y murmuraba pestes en contra de la Gryffindor.
-Esto es una broma –se dijo la castaña así misma mientras contenía la respiración. Tenía la mente bloqueada, de modo que no podía sentir como sus nudillos se ponían blancos por estar apretando fuertemente el borde de la mesa. Sentía la garganta seca y no podía ni parpadear. También le faltaba el aire...
Ginny la miró de reojo, y después, la pelirroja desvió su vista hacia Malfoy. En ese momento, el Slytherin la miró de regreso, con una mueca burlona, y desvió la mirada de vuelta al frente de la clase, donde no pudo contenerse de fruncir el entrecejo.
-¿Estás bien? –le preguntó Ginny a su amiga, mientras aún miraba la espalda de Malfoy. Sintió la mano de Hermione apretando la suya, y miró el rostro de su amiga. La castaña parecía estar al borde de un ataque de ansiedad.
-No creo que vaya a estarlo en todo el curso –respondió Hermione, pero miró a los ojos al profesor Karstoy, y asintió enérgicamente, indicando que no había ningún problema.
Tragó saliva. Claro que no estaba de acuerdo en lo que el profesor acababa de decirle, pero, ¿qué podía hacer ella? Instrucciones eran instrucciones, y en tiempos como aquellos, con aquel afán por realizar aquella unidad entre las casas, se preguntó cómo es que no lo había visto venir.
-¡Esto es una estupidez! –gritó Ginny cuando hubieron salido del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras-. Una completa y reverenda estupidez.
Caminaban lentamente por los pasillos. Ginny no podía dejar de despotricar contra Karstoy, pero Hermione no escuchaba lo que su amiga le decía. Estaba perdida dentro de sus propios pensamientos.
Primero el profesor Slughorn, ahora Karstoy. Agradeció el no compartir más clases con los Slytherins, pues en caso contrario estaba segura de que no podría contener el gritar una palabrota. Apretó los puños fuertemente, ahogando un grito, pero no dio señales de debilidad.
Trabajar en parejas durante todo el primer trimestre.
En pareja.
Con Draco Malfoy.
Apenas y había sobrevivido dos sesiones en la biblioteca haciendo la redacción sobre las Artes Oscuras, y se había negado en rotundo a ayudar a Malfoy a realizar aquella redacción sobre la Poción para Agrandar; y ahora debería de pasar haciendo todas las tareas de esas dos materias con él, durante los próximos tres meses.
Con Draco Malfoy.
Las dos Gryffindors salieron de las mazmorras y caminaron por el recibidor del castillo, casi sin darse cuenta por donde iban. Ginny vio en ese momento como Neville y Luna se acercaban hacia ellos, provenientes de la escalinata que llevaba a los pisos superiores.
-¿Le ocurre algo a Hermione? –preguntó el chico en ese momento. Él y Luna acababan de saludar a la aludida, pero parecía que la castaña no los había visto.
Ginny se apuró a explicar lo sucedido.
-Ah, qué bonito será construir una amistad después de un primer romántico beso –dijo Luna.
-¿Estás loca? –le espetó Ginny deteniéndose en seco-. En ese beso no hubo nada de romántico. Y dudo mucho que llegue a formarse una amistad. No después de lo ocurrido el año pasado…
-¿Cuál beso? –preguntó Neville, pero nadie respondió.
-Será mejor que nos vayamos a Herbología –dijo Hermione ignorando como Ginny se ponía a despotricar ahora contra Malfoy, y amenazaba con derrotarlos en el Quidditch, y jaló a Neville de la muñeca, para alejarse de ahí.
-¿De qué beso habla Luna? –preguntó Neville mientras miraba a la Ravenclaw y como se alejaba en compañía de Ginny, en dirección a la biblioteca. Sintió que se tropezaba con las escaleras principales, y volvió a mirar al frente.
-No es nada, Neville –respondió Hermione en un tono cansado y enfadado-. Ignóralo.
-¿Cuál beso? –repitió Neville. Sintió como Hermione apretaba fuertemente su muñeca cada que hacía esa pregunta.
-Neville, escucha…
-¿Te has besado con Malfoy? –Hermione estaba por responderle nuevamente que se callará, cuando una carcajada los hizo detenerse y volverse a mirar.
Draco Malfoy, junto con sus nuevos guardaespaldas, el moreno Rozailer y el gordito Pragett, se acercaban en ese momento, provenientes de los jardines. Hermione se detuvo en seco, y Neville lo hizo también. El chico sintió como la mano de la castaña se resbalaba de su muñeca. Malfoy se detuvo también, y sus amigos se detuvieron, un poco más atrás. Se hizo un incómodo silencio, hasta que Malfoy habló.
-¿Así que andas contando por toda la escuela que yo te he besado? –dijo en tono burlón. Rozailer y Pragett se miraron en silencio. Una de esas miradas en las que no tenían que decir nada, para decirse todo.
-No le he dicho a nadie –se defendió ella, apretando fuertemente los puntos.
-¿Cómo es eso de que se han besado?
-Neville, cállate –dijo la chica enojada, mirándolo de reojo, casi sin mover los labios debido a lo tensa que estaba.
-Pero si ha sido un accidente –dijo Zack, intentando aligerar la tensión, emitiendo una débil risita-. No creo que Malfoy lo hubiera hecho a propósito.
-¡Claro que no! –se defendió el aludido, guardando sus manos en sus bolsillos y mirándola con altanería-. He besado bocas más limpias –y se rio con ganas. Hermione se mordió la comisura del labio.
-¿De qué estás hablando, Malfoy? –dijo ella con fiereza-. Si sólo has besado la mejilla de tu madre.
Neville se soltó riendo. Hermione le dirigió al Slytherin una expresión de triunfo, mientras Malfoy la miraba con odio. Se acercó a ella velozmente, tan cerca que parecía que estaba por volver a besarla. Zack, Nigel y Neville se pusieron tensos. Expectantes.
Pero Malfoy se limitó a sacar rápidamente las manos de sus bolsillos, y sujetó a Hermione fuertemente del cuello de la túnica.
-No insultes a mi madre, sangre sucia inmunda –le dijo en un susurro perfectamente audible. Hermione pudo ver de reojo como Pragett y Rozailer se movían nerviosamente, pero no se atrevían a acercarse. Al contrario, miraban detrás de sí, como si temiesen que los descubriese un profesor. Un poco confiada en que los compinches de Malfoy no serían tan idiotas como para hacerle la segunda, Hermione se armó de valor para contestarle a Malfoy, a sabiendas de que posiblemente el chico no tardaría en sacar su varita, y amenazarla con ella.
-Entonces deja de llamarme impura –le dijo con voz firme.
Un rayo azul se impactó en la mano de Malfoy, haciendo que éste soltara la túnica de la chica. Hermione también retrocedió, asustada. Ambos miraron al punto de donde había surgido el rayo. Neville tenía la varita en alto, apuntándole a Malfoy directamente al rostro. Pero en menos de un segundo, Zack y Nigel también sacaron sus varitas, sujetándolas fuertemente, y apuntaban al Gryffindor al pecho, con una mirada temerosa, pero decidida. A Neville, parecía no importarle.
-No vuelvas a llamarla así –dijo el león con un rugido-. Su sangre está muchísimo más limpia que la tuya, contaminada por estupidez e hipocresía.
-Ya basta –lo cortó Hermione, alisándose la túnica. Más le valía calmar aquel tenso ambiente, o se meterían en muchos problemas-. Son cinco puntos menos para cada uno –dijo mirando a los tres Slytherins-. Y ahora, si nos disculpan, tenemos una clase a la cual ir.
Le dio una mirada desaprobatoria a Malfoy, y dio un par de pasos hacia atrás, para poner distancia entre ella y él. Entonces miró a Neville, el chico bajó su varita, y sin necesidad de decir nada más, los dos se alejaron rumbo a los invernaderos.
-Ya no hay respeto de parte de esos malditos sangre sucia –dijo Malfoy, mientras se sobaba la mano debido al impacto del hechizo de Neville.
-Debes cuidar tus palabras, y tus acciones –fue la respuesta de Pragett, quien aún se notaba nervioso.
-Nigel tiene razón –intervino Zack, igual de incómodo-. En estos tiempos… el ser un Slytherin es motivo suficiente para que seamos considerados el enemigo.
-Muchas cosas han cambiado desde el año pasado, Malfoy –continuó el muchacho gordito, mirando la espalda del aludido, quien aún seguía con la mirada fija en el punto donde los Gryffindor se habían alejado-. Ya nadie cree en aquello de la pureza de sangre. Será mejor que lo olvides ya, o te meterás en muchos problemas.
-Tenemos Transformaciones, será mejor que nos vayamos –agregó Zack, dando el tema por zanjado. Sin esperar a sus amigos, el muchacho moreno inició la caminata hacia el interior del castillo.
Nigel se apuró a seguirlo, y sin poder decir nada más, a Draco no le quedó de otra más que dar media vuelta, e igualmente entrar al castillo.
Hermione seguía acomodándose el cuello de la túnica, alisándose de manera compulsiva la parte en la que Malfoy la había sujetado con fuerza. Ella y Neville habían recorrido lo que les quedaba de camino al Invernadero 7 en completo silencio. Él, porque seguía nervioso de haber atacado a Malfoy con su varita. Ella, porque seguía pensando en aquel prejuicio que parecía nunca llegaría a morir del todo.
Sin embargo, sus pensamientos se vieron relegados a un segundo plano, cuando se percataron de que eran los últimos en llegar a la clase, y como la profesora Sprout los miraba con gesto desaprobatorio. Apurándose, ambos Gryffindors entraron al invernadero y dejaron las mochilas en un rincón, junto a todas las demás.
-Longbottom –llamó en ese entonces la Profesora Sprout –ven a ayudarme a cargar estos sacos de abono. Señorita Granger –Hermione respingó al oír su nombre-. Póngase sus guantes y ayude al señor McMillan a controlar aquellos brotes de branquialgas.
Hermione asintió enérgicamente, y metió su mano en el bolsillo derecho de su túnica, para buscar sus guantes de piel de dragón. Pero sus dedos se toparon con una textura completamente diferente a aquella conocida sensación de piel dura y fría.
Confundida, apretó su mano alrededor de aquel pequeño trozo de pergamino, y sin saber por qué estaba tan nerviosa, miró alrededor para asegurarse de que nadie la veía, y lo sacó a toda velocidad. Lo extendió y alisó rápidamente, con lo que pudo ver una letra pequeña y alargada. El pequeño trozo de pergamino decía en letra apresurada:
Mañana a las seis, frente al tapiz de Agston el sabio.
-DM
¡Hola de nuevo a todos y todas! Espero que me hayan extrañado :D! Si no a mí, mínimo al fic. En este capi he metido un par de cambios referente a la actitud de Nigel y Zack, los compinches de Draco. Esta vez quería reflejarlos como Slytherins que en realidad no creen en la pureza de sangre y en esa superioridad, por el simple hecho de dejar a Draco aun más aislado. Espero y haya quedado bien.
Referente a Hermione, en este capi no hay mucho que explicar, excepto que aún tiene la escoba de Malfoy, y una nota del Slytherin, para reunirse a solas~~
Y solo eso diré. Por otro lado, como siempre, les agradezco muchos sus likes y follows (no paran, no paran!) y les insisto en que dejen un review. Significa mucho para mí el saber qué es lo que piensan, lo que les gusta y lo que no.
Así que tengan un bonito fin de semana, sigan dejando likes, follows, y reviews, y nos leemos el siguiente sábado. Sigan bellos! :D!
