Capítulo 7

Agston El Sabio


-No pienso ir –se dijo así misma mientras se guardaba nuevamente aquella nota incriminatoria, y ahora ayudaba a McMillan a podar y regar los brotes de branquialgas.

La clase de Herbología pasó sin ningún acontecimiento digno de mención. Mientras la profesora Sprout retenía a Neville para que el muchacho le ayudase a guardar el material que habían utilizado aquella tarde, Hermione emprendió el camino de regreso al castillo.

-No voy a ir –se gritó mentalmente mientras comía en compañía de sus amigos en el Gran Comedor, y lo mismo hizo cuando se encontró aquella noche sola, sentada en el borde de su cama, mirando la escoba del Slytherin, que descansaba silenciosamente junto a su mesilla de noche. Sin embargo, duro horas así, con la vista clavada en la oscura madera del mango, y las perfectas ramitas de la cola, incapaz de conciliar el sueño.

-No pienso ir –se repitió como un mantra al día siguiente, mientras cursaba las clases de aquella mañana, agradecida de compartir Transformaciones con los Hufflepuff, y que durante su última hora del día (que resultaba ser Defensa Contra las Artes Oscuras), Draco fingiese que no la veía.

-No voy a ir –se repitió así misma en su cabeza, cuando al final de aquella tarde llegó a su sala común, aventó la mochila junto a Neville, y se dejó caer en un sillón, mirando la espalda de Ginny, quien se encontraba sentada en el piso.

-Ginny, ¿sabes cuál es el tapiz de Agston el sabio? –Espera, espera, ¿se había atrevido a preguntar eso? Sintió como se le aceleraba el pulso.

-Claro –dijo la pelirroja, sin darle importancia, mientras mojaba la pluma en el tintero, y continuaba escribiendo su redacción sobre los problemas legales de ser un animago no registrado-. Se encuentra en el tercer piso, cerca de la torre de los dormitorios de los novatos.

-¡Ah, sí! –respondió la castaña recordando de repente haber pasado por aquél enorme tapiz, cuando se habían burlado de Malfoy la primera noche en el castillo... Y sintió como se le revolvía el estómago al pensar en el Slytherin.

-¿Por qué te interesa saber? –preguntó Ginny, aun centrada en su tarea.

-Estaba segura de que había leído su nombre en algún lado –respondió ella, sin inmutarse, y se apresuró a abrir su mochila, fingiendo que sacaba sus cosas para al igual que la menor de los Weasley, hacer aquella tarea que la profesora Merrythought les había encargado aquella tarde.

-Sí, claro –dijo Neville conteniendo una risita y cerrando Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, pues se encontraba haciendo los deberes de Hagrid-. En el escrito que pone "La inteligencia al nacer es suprema, todo lo que se aprende en vida, enriquece nuestra mentira". Vaya sabio.

Ginny y Hermione rieron. Neville volvió a abrir su libro, y siguió leyendo. La castaña se sentó junto a la pelirroja, y al igual que la menor de los Weasley, abrió su libro de Historial de Registros en el Ministerio de Magia, dispuesta a empezar con los deberes.

-Por cierto –dijo Ginny, separando la vista finalmente de su pergamino, y mirando a Hermione a los ojos-, ¿cómo vas con la redacción de Pociones?

-¿De Pociones? –preguntó la castaña, distraída, hojeando su libro.

-Sí, ayer me dijiste que tenías una nueva redacción sobre el mal uso del Higgil, o algo así.

-¡Merlín! –gritó Hermione, poniéndose de pie rápidamente, tomando a sus amigos por sorpresa-. Olvidé ir por el libro a la biblioteca.

-Puedo acompañarte –dijo Neville, cerrando su libro.

-No hay problema, volveré rápido.

-¿Estás segura? Puedo ayudarte a buscarlo…

-Descuida Neville, estaré bien…

Se despidió diciendo que no tardaría en volver, y tras pasar por encima de Crookshanks y Arnold que dormitaban acostados en el piso, salió corriendo de la sala común, mientras Neville volvía a abrir su libro, y Ginny volvía a inclinarse sobre su pergamino.


Caminó a toda velocidad por los pasillos. Mientras miraba por las ventanas que pasaba, podía ver como el sol se iba poniendo. Esperaba llegar a la biblioteca antes de que la Señora Pince hubiera cerrado, y temiendo no lograrlo, aceleró el paso.

Pero extrañamente, cinco minutos después, no se encontraba en el segundo piso, frente a la biblioteca, sino en el tercero, a medio pasillo. A unos cuantos metros del tapiz de Agston el sabio.

Se retorció las manos. ¿Qué demonios estaba haciendo en ese lugar? En su mente, había quedado eclipsado aquel viejo libro de Pociones, y sólo había cabida para Malfoy, y su extraña nota. ¿Qué motivos ocultos podría tener el Slytherin para atraerla a aquel lugar? Aunque hubiera muchos novatos por la zona, no podrían hacer nada para defenderla, si es que Malfoy se atrevía a usar algún maleficio o maldición. Tragó lentamente; algo en ese lugar no le producía confianza alguna. Sintió como le temblaban las piernas.

Y aun así, siguió avanzando.

El tapiz de Agston medía casi lo mismo que ella. Representaba a un alto y extremadamente delgado monje chino, con una placa dorada a los pies. Lo que Neville había recitado en la sala común se encontraba escrito abajo, en letras doradas. Hermione lo leyó lentamente, como si le costara mucho trabajo entender lo que ahí estaba escrito. Se movió nerviosamente.

Su reloj dio en ese momento las seis en punto. Sería mejor que se fuera, y rápido.

Pero sus piernas no reaccionaban, al menos no tan rápido como ella hubiera querido. Le parecía más fácil quedarse viendo el tapiz. Fue en ese momento, en que el ruido de unos pasos acercándose, la hizo respingar, y dar media vuelta.

Pero se trataba solo de un par de novatos, que se dirigían a su sala común. Hermione cerró fuertemente los ojos, y suspiró profundamente, intentando tranquilizarse. Le dirigió una última mirada al tapiz, como si tuviera miedo de irse, pero finalmente decidió alejarse de aquel lugar de una buena vez.

Acababa de dar un par de pasos, cuando alguien delante de ella la hizo detenerse en seco.

Malfoy se encontraba de pie, solo, a medio pasillo. Se miraron un par de segundos. Hermione pudo ver como Malfoy apretaba fuertemente los puños, y sintió como su corazón latía desbocadamente. No podía negarlo, sentía algo de miedo, pero al mismo tiempo, estaba expectante a lo que ocurriría.

Entonces, repentinamente y sin avisar, Malfoy la tomó fuertemente del brazo, e ignorando sus quejidos, la jaló hasta la puerta más cercana. Abrió y la empujó adentro. La chica tropezó y se sujetó a una vieja mesa, para evitar caerse. Mientras apretaba fuertemente sus dedos contra la madera enmohecida, escuchó como la puerta se cerraba; el pestillo girar. Y supo que estaba encerrada ahí, con Malfoy. Se dio la vuelta lentamente. No demostraría que estaba asustada.

-No pensaba venir –dijo ella atropelladamente.

-¿Entonces qué haces aquí? –preguntó el, mientras apoyaba la espalda contra la pared, y se cruzaba de brazos. El muchacho tenía el entrecejo fruncido, como si hubiese sido él el arrastrado a aquel lugar, en contra de su voluntad.

-Dime qué quieres –Hermione apretó con fuerza sus puños. No dudaría en pegarle un puñetazo, aunque quizá, utilizar la varita fuera más sensato.

-Pensé que te gustarían más besitos –respondió el chico con malicia.

-¡No me hagas reír! –bufó ella. Dio un par de pasos hacia la puerta para intentar salir, pero Malfoy se lo impidió, poniéndose en su camino-. ¿Qué es lo que quieres? –volvió a preguntar ella. Sintió como la voz le temblaba, y la sonrisa en el rostro de Malfoy le hizo comprobar que él también lo había notado.

-No vengo a verte a ti, si era lo que esperabas. Mi único interés hacia tu persona, es el hecho de que tú tienes mi escoba. Y la quiero de vuelta.

-No tengo motivos para dártela.

-Es mía –respondió él, como si ese simple hecho bastara.

-Si vas a salir ganando tú, yo también debería de llevarme algo a mi favor –se apuró a rebatir ella. Se miraron directamente a los ojos. Los dos tenían las miradas centellando con odio.

-No entiendo que es lo que…

-Trabajarás conmigo en Pociones y Defensa.

-Eso ya lo han decidido los profesores -bufó el Slytherin. ¿Es que acaso Granger tenía que ser siempre tan matada?-, yo no puedo hacer nada.

-No me has entendido –Hermione se cruzó de brazos-. Me refiero a trabajar, en serio. No permitiré que me obligues a realizar las tareas yo sola. No pondré tu nombre en algo que tú no hayas tenido nada que ver. No permitiré que mi año escolar se vea amenazado por tu ineptitud.

-No puedo prometer nada –dijo él mientras miraba a otro lado, dándoselas de interesante-. No es mi culpa que a mí no me interese aprobar este curso, y que tú seas un ratón de biblioteca.

-Tampoco será mi culpa lo que le pase a esa escoba tuya –respondió ella, volviendo a apretar fuertemente los puños.

-Devuélveme mi escoba –repitió el chico en tono firme, clavando sus ojos azules en los castaños de ella-. La necesito para jugar al Quidditch. Soy el único buscador del equipo, porque ya deberías de haberte dado cuenta de que no podemos darnos el lujo de tener sustitutos.

Hermione contuvo una carcajada, y en su lugar, lo miró con una expresión divertida.

-¿La quieres? –le susurró mientras sonreía altaneramente. Y una idea (algo estúpida a decir verdad) surgió de sus labios antes de que hubiese siquiera terminado de pensarla-. Pues ven y dame un beso.

Draco lo sabía, se estaba burlando de él. Y también de su expresión, que se debatía entre el odio, asco e impotencia. Se separó rápidamente de la pared, dando un brinco hacia la castaña (quien hizo lo mejor que pudo para no respingar ni apartarse), bajando los brazos y estirando los dedos, como si sintiera las manos sucias. Hermione compuso una sonrisa burlona, mientras ponía sus manos en su cintura, y esperaba pacientemente.

-Claro, ya sabía que no te atreverías –le dijo ella, mirando al techo, aún preguntándose qué planeaba conseguir al hacer enojar a la serpiente-. Parece ser que no deseas tanto el recuperar tu escoba…

-Creo que más bien eres tú la que lo desea tanto, al grado de atraerme con trucos idiotas –susurró él con intenso odio, mientras seguía acercándose a ella, mirándola con desprecio.

-Vaya –Hermione fingió sorprenderse al ver como seguía avanzando hacia ella, con paso lento-, pero si veo que en verdad te lo estás…

Pero la Gryffindor no pudo continuar. Malfoy había cerrado los ojos, con un último paso sus rostros quedaron a un palmo de distancia, y con una leve inclinación hacia el frente, había presionado sus labios con los de ella. Hermione se congeló. ¿Draco Malfoy, un sangre limpia, besando a la hija de muggles que más odiaba en todo el mundo, por una simple broma sobre su estúpida escoba?

La castaña se apuró a separarse de él, y no tardó en propinarle una temblorosa cachetada.

-¿Qué rayos te pasa? –fue lo único que la leona pudo decir, mientras caminaba hacia atrás, para alejarse de él, al tiempo que se cubría los labios.

-¿Qué? ¡Pero si tú me lo pediste! –dijo él, mientras se sobaba la mejilla, allí donde ella lo había golpeado, y retrocedía de igual modo.

-¡Era una broma, idiota! –gritó ella, encolerizada, con las mejillas coloreadas de un rojo tomate-. ¿Qué te hace pensar que tengo ganas de besarte?

Malfoy la miró enojado y confundido.

¿Una broma? ¿Una estúpida broma? ¿Y él la había besado por una broma?

-Quiero mi escoba de nuevo –fue lo único que pudo decir, con voz temblorosa.

-Ya te lo dije –respondió ella, con un tono que indicaba que estaba a punto de perder la paciencia nuevamente-. Deberás trabajar conmigo en Defensa y Pociones.

-Este fin de semana tengo entrenamiento –se defendió el, apoyándose nuevamente contra la pared, tembloroso. Sentía que le daba vueltas la cabeza, y le temblaban las piernas.

-Entonces, nos reuniremos mañana a las 4 en la biblioteca. Esa redacción de Higgils no se hará sola.

Y la chica lo empujó para abrirse paso. Debido a que seguía en shock, el rubio no pudo hacer ni decir nada para impedir que ella se marchase (aunque de haber podido tampoco lo hubiese intentado). Sin perder un segundo, la castaña abrió la puerta de un tirón, y se perdió por el pasillo.

-¡Demonios! –gritó el Slytherin mientras daba una patada a una de las viejas mesas que había en aquella aula, con lo que una de las patas se rompió y esta cayó al suelo haciendo un ruido sordo.

Esa estúpida sangre sucia lo había engatusado para que la besara. ¡A él! ¡A un Malfoy! ¡A un sangre limpia! Sin poderse contener, se limpió la boca con la manga de su túnica, mientras fingía que se atragantaba. Aún temblaba, y se sentía asustado, desorientado.

Le tomó un par de minutos el componerse lo suficiente como para saber que si Filch lo atrapaba allí a deshoras, se metería en un problema. Así que aún aturdido, furioso y temblando, salió de la habitación con los puños fuertemente apretados, al grado de hacerse daño en las palmas. Mientras avanzaba, intentaba eliminar ese estúpido pensamiento que intentaba colársele en el cerebro.

¿Qué le había gustado el beso? ¿A él? ¿Qué él había tenido esas ganas de besarla por segunda vez? ¿Qué él tenía ganas de besarla de nuevo?

¡Claro que no!

Dio una patada a una armadura, y emprendió la carrera rumbo a su sala común.


A Malfoy no le había quedado de otra, más que presentarse el viernes a las cuatro en la biblioteca, tal cual había dicho Granger. Aunque en realidad, cuando se descubrió a si mismo sentado en aquella alejada mesa en aquel olvidado rincón, no tenía ni la menor idea de cómo ni por qué había llegado ahí. Como si su subconsciente lo hubiese arrastrado a aquel lugar, sin que él se hubiese dado cuenta, y ahora fuese demasiado tarde.

Sin embargo, las cosas no resultaron tan mal. Hermione había estado tan segura de que el Slytherin no acudiría a aquella reunión de estudio, que la redacción del Higgil que se suponía tenían que elaborar en equipo, estaba ya casi terminada. Malfoy agradeció mentalmente aquella oportunidad, aunque estaba consciente de que en el siguiente proyecto que dictase Slughorn o Karstoy, el karma se la cobraría.

Sin embargo, aquella tarde el muchacho de cabello rubio platinado pudo limitarse a moverse nerviosamente en la silla, evitando hablar con la Gryffindor, excepto cuando ella le solicitaba ir a buscar algún libro, para hacer alguna consulta. Aquel mínimo roce entre los dos jóvenes, había resultado ser un alivio para ambos, en especial porque parecía ser que ninguno tenía el valor de mirar al otro, directamente a la cara. El recuerdo de aquel último beso seguía demasiado fresco en sus mentes (y en sus labios), como para poder actuar con naturalidad. Y sobre todo, con odio.

Porque deberían de odiarse después de lo sucedido, ¿no? Entonces, ¿por qué no lo hacían? Era cierto que sentían repulsión el uno por el otro, pero ahora, cuando se topaban en algún pasillo, en el Gran Comedor, o en las clases que compartían, sus rostros se sonrojaban y fingían no verse, con lo que seguían caminando o prestando atención a lo que estaban haciendo, mientras se limitaban a apretar los puños, forzando a aquel recuerdo a esfumarse de sus mentes.

Como Malfoy había cumplido con su promesa de ir a la biblioteca, a Hermione no le quedó de otra más que ir el sábado en la mañana, a entregarle su Nimbus 2007 a las orillas del estadio de Quidditch. La castaña caminó nerviosamente hasta llegar a la orilla del campo, apretando fuertemente la escoba entre sus manos, y contra su pecho, el cual subía y bajaba velozmente. ¿Asustada? Claro. No tenía miedo de Malfoy, pero sí de todo el equipo de Quidditch; de lo que dijesen las serpientes, y lo que pudiesen decir los miembros de las otras casas. No quería reconocerlo, pero le importaba lo que dijesen de ella. A pesar de que se suponía que la unidad entre las casas estaba más presente que nunca, el ser de las primeras en demostrar que así era, era horriblemente aterrador.

-¿Qué haces aquí? –le espetó el Slytherin al verla caminar con toda la naturalidad que podía proyectar, por el borde del campo. Malfoy se acercó velozmente, como si tratara de evitar que los otros miembros del equipo la vieran.

Sin esperar a que la castaña respondiese, tal cual había hecho en su último encuentro privado, el rubio la sujetó del brazo, y la hizo caminar en dirección contraria al campo de Quidditch. No la soltó hasta que hubieron llegado a la parte posterior de unas gradas bajas, donde era prácticamente imposible que algún miembro del equipo de Slytherin los viese. Aunque no podía decirse lo mismo de los que regresaban al Castillo después de pasar la mañana fuera.

Malfoy intentó ignorar aquel detalle (aunque se tomó su tiempo para comprobar que ningún estudiante proveniente de los jardines les prestase la más mínima atención) y cuando hubo verificado que allí no había nadie más que ellos, se apuró a preguntar en un tono duro y autoritario:

-¿Y bien?

-Pensé que querías tu escoba de vuelta –respondió ella fríamente, mientras miraba aquella vieja escoba del colegio, que el joven sujetaba con su mano derecha. El aludido se apuró a aventarla lejos, como si quisiera negar que la había estado utilizando para practicar.

-¡Obviamente, pero no quería que todo el equipo me viera contigo! –trató de gritar en voz baja, limitando sus movimientos al mínimo, aunque se moría por extender los brazos, y demostrar su frustración. Malfoy le arrancó la escoba de las manos, y visiblemente incómodo, pero con un tono mordaz, agregó-. Gracias.

-Ah, seguramente estarás esperándolo… -le dijo Hermione en tono burlón, cruzándose de brazos. Sentía como si el valor le acababa de llegar, ya que no se sentía dispuesta a ser regañada por el simple hecho de estar cumpliendo su parte del trato. A pesar de que el Slytherin hubiese dicho aquel mordaz "gracias", ella no estaba dispuesta a dejarlo ir tan fácil. Si él podía molestarla, ¿por qué ella no podía regresarle el mismo trato? Sin la presencia de Ron o Harry, aquella frustración estaba comenzando a apoderarse de su mente, y sin alguien que la calmase...

-¿Qué…?

-Es decir, el primer beso fue involuntario, el segundo lo diste tú –empezó a contar con los dedos, utilizando un tono parecido al que se emplearía para explicar a un niño porqué uno más uno son dos-, sé qué esperas que ahora yo tome la iniciativa, pero estás muy equivocado, Malfoy. Aún te odio. Aún no te perdono lo que has hecho.

-¿Y entonces a que vienes, asquerosa sangre sucia?

-Cuida tu boca –amenazó ella con un firme dedo apuntando al rostro del joven, regresando a su tono de voz severo-. O serán cincuenta puntos menos para tu casa.

Dejó que Malfoy se tragase el coraje (podía verse en sus mejillas encendidas, y en cómo le temblaba el labio inferior), y se tomó su tiempo para disfrutar aquella victoria, antes de agregar:

-He cumplido con mi palabra, te he regresado tu escoba. Ahora, deberás cumplir con la tuya, y ayudarme durante este trimestre en Pociones y Defensa.

-Apenas y he ayudado con aquel reporte de Slughorn ayer. ¿Qué te hace pensar que lo voy a seguir haciendo?

-Soy consciente de que entre los Slytherins no hay honor, pero también sé que el instinto de supervivencia es una de sus cualidades más fuertes. Eso significa que, considerando que es la segunda vez que cursas séptimo, no creo que estés muy dispuesto a quedarte un año más en el colegio. Así que, en espera de que quieras salvar tu propio pellejo, te mantendrás en mi lado amable, o te quedarás una vez más, encerrado en el castillo.

Hermione dio media vuelta, lista para irse, pero la voz de Malfoy, suave como un susurro, la hizo detenerse.

-Espera –le había dicho en un tono tan bajo, que solo ella lo escuchó. Era un tono apremiante, como si suplicase piedad, lo que provocó que un escalofrío recorriese la espalda de la castaña-. Sé que prometí ayudarte con las tareas en equipo. Pero… Sólo no quiero que los Slytherins o los Gryffindors piensen que pasamos mucho tiempo juntos.

-¿Y cuál es tu brillante idea? –preguntó Hermione, aún intentando sonar fuerte, pero sin volverse, pues su expresión había flaqueado.

-No nos reuniremos en la biblioteca el próximo lunes. Es un sitio demasiado concurrido. Tuvimos suerte las últimas veces, pero dudo mucho que siga así durante todo el trimestre… Creo que lo mejor será que nos volvamos a reunir en la habitación junto al tapiz de Agston. A las seis.

Hermione no respondió, y se limitó a alejarse. Malfoy no estaba seguro de que hubiera aceptado, pero los gritos del equipo de Quidditch de Slytherin, pidiéndole que regresase al campo a practicar, retumbaban en sus oídos, por lo que se apuró a subir a su escoba, y dar una fuerte patada en el piso.

-¿Ha salido todo bien? –preguntó una voz soñadora cuando la castaña había avanzado apenas una docena de pasos.

Se trataba de Luna, quien con la varita sujeta en la oreja, miraba al campo de Quidditch, y a las siete escobas que volaban allí.

-¿Qué haces aquí? –preguntó Hermione sorprendida al verla.

-Te he visto pasar a toda velocidad con la escoba en mano –respondió la rubia, aún mirando el campo, en especial aquella mancha que se movía velozmente, de cabello rubio platinado-. ¿Te ha dado las gracias al menos?

-¿Qué sí…? Oh, sí, algo así.

Y sin decir nada más, la castaña se alejó rumbo al castillo, con Luna pegada a sus talones.


Buenos días a tod s~

Espero y este capi haya sido de su agrado. A partir de aquí las cosas irán un poco más veloces en cuanto a trama, porque... Por el lado de las actualizaciones vamos a tener un pequeño hiatus. Como saben, estamos ya en temporada navideña, y se vienen las fiestas y todo eso... Voy a estar ocupada tanto en el trabajo como en casa, por lo que no tendré tiempo de hacer las actualizaciones de forma normal. Les aviso con tiempo (para que luego no les tome por sorpresa), que el fic entra en un mini hiatus desde el sábado 24 de diciembre, hasta el sábado 7 de enero. Les pido una disculpa si esto les afecta negativamente de alguna manera (yo se que duele mucho eso de esperar), y les agradeceré que a pesar de mi futura ausencia, sigan aquí leyéndome.

En fin, ¿qué tal les ha parecido el capi de hoy? Tenemos otro beso (porque pues porqué no), y nuevas discusiones acaloradas entre nuestros dos tortolitos (amo hacer que se molesten el uno al otro, nada que ver con las peleas de ron e.e), y una nueva aparición misteriosa de Luna (que váyanse acostumbrado, van a ser muy comunes).

Les agradezco mucho sus reviews (esta vez si hubo muchos *3*), los cuales estaré respondiendo en el transcurso del día. Para este capi les pido igual dejen aunque sea un comment pequeño, y sus acostumbrados likes y follows. Para no dejarles un comentario kilométrico, les mando un abrazo y un beso, y nos seguimos leyendo. Sigan bellos!