Capítulo 8

Solo académico


El lunes siguiente, a las seis en punto, Malfoy ya se encontraba esperando a Granger, sentado nerviosamente en una de las mesas de aquel salón de clases olvidado. La Gryffindor apareció en el umbral, tan solo un par de minutos después, con la mochila colgada al hombro, el entrecejo fruncido, mordiéndose la comisura del labio, y retorciéndose las manos. Se le notaba nerviosa.

-Cierra la puerta –dijo Malfoy firmemente, también siendo víctima de aquella ansiedad, pues sentía como se le aceleraba el pulso. Hermione no necesitó que se lo dijera dos veces: Ella tampoco quería que la vieran con él.

Cuando la puerta estuvo cerrada con pestillo, la chica se acercó a la mesa, y como acostumbraban en la biblioteca, se sentó delante de él, no para verlo de frente, si no para poner distancia. De su mochila (la cual había aventado al piso) sacó su pluma, su tintero, un rollo de pergamino, y el libro de "Defendiendo lo Inexorable" y lo puso todo sobre la mesa. No pudo evitar respirar profundamente, intentando serenarse. Sentía como si estuviese cometiendo una travesura peligrosa.

Malfoy, por su parte, se limitó a estirarse, como si estuviera relajándose, aunque en realidad, el también sentía que no debía estar uniendo fuerzas con la joven. Pero a fin de cuentas, ella tenía razón: en sus planes no estaba repetir séptimo por tercera ocasión, y si tenía que aliarse con el enemigo para prevenir aquello, ¿qué otra opción le quedaba?

Además, había algo en Granger que cambiaba cuando no estaban Potter o Weasley con ella. Nunca lo admitiría, pero estando ella sola (sin Longbottom, Lunática o la enana Weasley), la castaña era mucho más tolerable. Al ser una sabelotodo, estaba seguro que sus conversaciones (aunque fuesen simplemente sobre las tareas y proyectos) serían mucho más interesantes que las que solía tener con Crabbe y Goyle. Ni hablar de Pansy Parkinson.

-Antes de hacer nada, quiero que hablemos –siseó la serpiente, mientras se recargaba en el respaldo de la silla, y miraba al techo, dándose aires de grandeza.

-¿Y de qué se supone que quieres hablar? –rugió la leona, ignorando aquel teatro que el muchacho estaba poniendo. Ella venía dispuesta a trabajar, realizar la tarea, y salir de aquella aula lo más rápido posible. Soportar el ego de Malfoy no formaba parte de esos planes, por lo que en vez de detenerse a mirar al rubio, la castaña prefirió abrir su libro dispuesta a encontrar la página 33.

Sin embargo, el muchacho de los ojos azules puso su mano sobre él, impidiéndole a la joven de ojos castaños dar vuelta a las hojas. Conteniendo un bufido, Hermione alzó la vista, molesta.

-Entiendo lo que los profesores intentan hacer –dijo él, sin retirar su mano, mirando fijamente al libro, como si fuera muy interesante, e ignorando la mirada penetrante de la castaña-. Un inteligente acercamiento ente Slytherins y Gryffindors. Entre Slytherins y Ravenclaws; Slytherins y Hufflepuffs. Pero que ellos quieran intentarlo, no significa que vaya a funcionar.

-¿Ah, sí? Vaya novedad –dijo ella sarcástica-. Que yo recuerde, esta unión entre las casas se lleva intentando desde hace cientos de años, y por más que veo, no hay progreso alguno –entonces, sin poderse contener, el rubio alzó la vista, con lo que ambos se miraron a los ojos. Sintió aquella mirada castaña mirada clavándose en lo más profundo de su ser. Y aún así, contuvo el impulso de parpadear, o de desviar la mirada. Era como estar mirando a un hipogrifo, y no estaba dispuesto a ceder.

-Que tenga que pasarme las tardes contigo haciendo tareas, estúpidas investigaciones y elaborando redacciones, no significa que seamos amigos –insistió Malfoy, arrastrando las palabras.

-Créeme que eso ya lo tenía muy claro, ¿algo más?

-Sí, que no volverá a ocurrir ningún otro tipo de contacto entre tú y yo. Esto sólo es académico.

-Lástima –respondió Hermione en tono mordaz, y cansada de aquella conversación sin sentido, finalmente desvió la vista, y jaló su libro librándolo de la mano de Malfoy-. Besas muy bien.

-¿Eso es otra broma, Granger? –espetó Malfoy, poniéndose de pie de repente. La silla en la que se encontraba sentado hacía sólo un segundo, se volcó al instante.

-Te lo dejaré a tu imaginación –le respondió ella, y sin dignarse a mirarlo de vuelta, puso su libro nuevamente sobre la mesa, y se puso a hojearlo-. ¿Es lo que querías escuchar, no? Que todas las chicas de la escuela te alaben por ser el todo poderoso Malfoy, y caigan rendidas a tus pies por culpa de tus infalibles encantos. Que todos los muchachos te teman y veneren por provenir de una familia de sangre limpia y ser perfección, ¿o me equivoco? –en este punto, la muchacha no pudo evitar bufar, en tono de burla, y alzó la vista para mirarlo nuevamente a los ojos-. Ya madura, Malfoy. Quieras o no, los tiempos han cambiado. Podrá seguir sin haber unidad entre las casas, pero creo que hasta tú te puedes dar cuenta de que ahora hay cero tolerancia respecto al tema. Así que ve metiendo en tu cabeza esto: nadie te teme, nadie te venera, y en cuanto a mí, te hago de tu conocimiento que no me asustas. E igualmente puedes estar seguro de que tampoco me gustas.

Malfoy la miró sorprendido. Entonces, ella le dirigió una sonrisa de triunfo, y bajó la mirada para contemplar su libro nuevamente. Algo sorprendida, se percató de que había hojeado hasta la página 68, con lo que se dispuso a regresar las páginas. Estaba por decirle a Malfoy que se sentase y comenzara a ayudarle con aquella tarea que tenían pendiente para Karstoy, cuando aquel veloz movimiento la obligó a alzar de nueva cuenta la vista.

Malfoy se había precipitado sobre la mesa, y había sujetado firme pero suavemente el rostro de la castaña, y sin dar tiempo a la Gryffindor de preguntarle qué estaba haciendo, presionó sus labios contra los suyos, y le plantó un beso en la boca.

Mientras la pobre chica se sobresaltaba por el acto, no se le pasó el hecho de que Malfoy había cerrado los ojos nuevamente. Conmocionada, sin saber qué estaba ocurriendo (¿acaso Malfoy estaba intentando probar algo?), a la castaña le tomó un par de segundos el colocar sus manos en los hombros de él, y ejercer la fuerza suficiente como para alejarlo de sí misma.

-¿Se puede saber qué estás haciendo? –espetó ella, con la voz temblorosa y la respiración agitada.

-¡Mierda! –gritó Malfoy al ser consciente de lo que acababa de hacer y de lo que acababa de pasar, con lo que procedió a alejarse a toda prisa, no sin tropezarse con su silla, la cual seguía tirada en el piso-. ¡Mierda! –repitió, mientras caminaba rápidamente en círculos, por toda el aula.

-Eres un imbécil, Malfoy –se apuró a decirle Hermione, levantándose ella también, aferrándose con firmeza al borde de la mesa, tanto que sus nudillos se habían vuelto blancos-. ¿Dónde quedó todo eso de "ningún contacto entre tú y yo, esto solo es académico"? -recitó intentando adoptar un tono burlón.

Malfoy no la miró; estaba enojado con ella, pero más consigo mismo. Sintiendo aquel coraje inexplicable arremolinarse en su interior, apretó los puños con fuerza, intentando aclarar sus ideas, pero sin conseguirlo del todo. Así que dejándose llevar por aquellas emociones que amenazaban con salirse por cada poro de su piel, dio la media vuelta, y finalmente miró directamente a la castaña, desde el otro lado de la habitación.

-¡Todo esto es tu culpa! –le espetó, mientras la señalaba con un dedo acusador. Hermione se irguió, indignada-. Tú… ¡tú y tu estúpida inteligencia empollona!.

-¿De qué rayos estás hablando? –la castaña sentía como si en cualquier momento pudiera perder el control, y estuviera por propinarle una buena cachetada.

-Te crees muy lista, ¿no es así? –continuó él, agitando las manos, sin saber qué hacer con ellas-. Dime, ¿Cuándo lo hiciste? ¡¿Durante cuánto tiempo lo tenías planeando?!

-¡¿De qué hablas?! –repitió ella. Estaba encolerizada por no entender de qué se le acusaba ahora, pero no más que él, que parecía no encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que estaba pensando.

La serpiente tartamudeó un par de veces, antes de finalmente gritar:

-¡¿Cuándo jodidos me diste un Filtro Amoroso?!

Hermione lo miró con la boca abierta. El coraje que hasta hacía unos segundos borboteaba en su interior, se había ido de paseo, y en su lugar, solo quedaba una sensación de incredulidad. Entonces sin poder contenerse más, sintiendo un revoloteo en su estómago, la castaña se echó a reír. Malfoy la miró, colérico.

-Yo no he hecho tal cosa –dijo ella apretándose el estómago, que comenzaba a dolerle debido a las carcajadas.

Con la mirada desorbitada, y temblando de pies a cabeza, Malfoy tomó sus cosas, y aventó el libro de Defendiendo lo Inexorable a los pies de la chica. Hermione seguía riendo mientras lo veía abrir la puerta de un tirón, y sin que ella se propusiera detenerlo, el Slytherin se alejó sin volverse atrás ni una sola vez.


Sí, era cierto que al principio se había reído con ganas. Inclusive mientras se serenaba, guardaba sus cosas en la mochila, y se apuraba a regresar sola a la Sala Común de Gryffindor (con mucho cuidado de que no la atrapara Filch), Hermione seguía pensando que lo que Malfoy había dicho era algo gracioso.

-¿Dónde estabas? –preguntó Ginny, quien se encontraba poniéndose la pijama para acostarse a dormir.

-Tuve que quedarme un poco más de rato en la biblioteca –mintió Hermione, dejando caer su mochila a los pies de su cama, la cual hizo un ruido sordo al golpear contra el piso-. He estado teniendo un poco de problemas con la redacción de Karstoy.

-Todo está en los libros de la sección prohibida –respondió Ginny, al tiempo que se subía a su cama.

-¿Cómo lo sabes?

-Parece ser que Rozailer está muy bien informado.

-¿Rozailer?

-Es mi compañero de equipo, ¿recuerdas?

-¿Eh? ¡Ah, sí! –Hermione le dio la espalda a Ginny, mientras buscaba su pijama en el baúl-. No sé por qué se me había olvidado.

-¿Y cómo van las cosas con Malfoy? –la pijama se le resbaló de los dedos.

-¿Con Malfoy? –preguntó la castaña, con voz temblorosa.

-Claro, él es tu pareja de equipo, ¿no?

-Ah, sí, sí. Pues, nos va bien… -respondió mientras se colocaba el pijama, lentamente, para ocultar su rostro debajo de aquella suave tela.

-¿Segura? No quiero que le hagas todo el trabajo, Hermione. No sería correcto. Rozailer y yo podremos no llevarnos bien, pero esto es algo académico y…

-Estoy segura –Hermione se estremeció al oír la palabra "académico", con lo que se apuró a terminar de ponerse el pijama. Mientras más pronto subiese a la cama y terminase con aquella peligrosa conversación, mejor-. Tú más que nadie sabe que no haría las tareas por él. Es solo que… Tú sabes, después de lo que pasó el año pasado, esto es algo complicado.

-Entiendo –respondió Ginny, pensativa-. Solo ten cuidado. Sé que Rozailer no haría ninguna bajeza, pues es sangre mestiza, pero Malfoy… Él es otro nivel.

Las palabras de Ginny fueron interrumpidas por el sonoro bostezo que Hermione profirió en aquel momento. La castaña fingió que se tomaba su tiempo para subir a la cama, aunque en realidad lo había hecho velozmente.

-Vaya, estoy realmente cansada –dijo en tono de sorpresa, mientras se acomodaba debajo de las cobijas-. Será mejor que durmamos ya. Buenas noches Ginny –la castaña se despidió de su mejor amiga, y se apuró a cerrar su dosel.

-Buenas noches… -respondió la pelirroja, extrañada por tan fría despedida.


Sí, en primer lugar, le había resultado indiferente que Malfoy hubiera dicho que no le interesaba terminar séptimo, en especial porque sabía que mentía. Posteriormente le había resultado ridícula la manera en que había cambiado drásticamente de opinión, repentinamente insistiendo en que el único tacto que tendrían sería académico. Y finalmente, se había muerto de la risa al escuchar que él creía que ella le había puesto filtro amoroso en el jugo de calabaza, o en sus tostadas durante el desayuno.

Pero al encontrarse acostada en su cama, mirando el techo, el asunto había dejado de ser divertido. Y hasta cierto punto, le resultaba inquietante.

Esa noche, no pudo dormir. En su cabeza seguía viendo una y otra vez lo sucedido en aquella vieja aula en desuso.

¿Un Filtro Amoroso?

En la vida a Hermione Granger se le habría ocurrido elaborar uno.

Pero, si no había sido ella, alguien más debía de haber sido. Y si así fuera, ¿quién querría burlarse de Draco Malfoy de ese modo, y afectarla a ella en el proceso?

Hubiera pensado en Harry o Ron, pero ninguno de los dos se encontraba en Hogwarts. Y en todo caso, no sería alguien que Hermione tuviera como amigo, ¿o sí? ¿Por qué arrastrarla a ella también en ese juego tan peligroso? ¿Qué pasaría si Malfoy estuviera bajo los efectos de dicha poción, y ella terminara enamorándose de verdad? No, ¿de qué estaba hablando? Ella no podía enamorarse de Malfoy…

Pero, ¿en verdad alguien le había echado un filtro al Slytherin? ¿Y si todo eran imaginaciones suyas? ¿Y si en realidad, Malfoy estaba siendo víctima de sus propias hormonas y sentimientos? No, aquello era aún más ridículo. Esa teoría simplemente no podía ser. A él no le podía gustar ella. Simplemente no.

No era algo lógico. ¿Cómo podría un Slytherin enamorarse de una Gryffindor? ¿Cómo podía un sangre limpia enamorarse de una hija de muggles? Sin embargo, en aquella precaria situación, sólo existían dos opciones: Si la historia del filtro amoroso resultara ser cierta, Hermione debía descubrir la identidad de aquella persona que estaba interesada en afectar tanto a Malfoy como a ella. Pero, en caso contrario, y resultase ser que en realidad no existía ningún filtro, Draco Malfoy acababa, de cierto modo, de exponer sus sentimientos por ella.

Y si la Gryffindor no tenía cuidado, por culpa del Slytherin, podría cometer el error de exponer los suyos de igual manera.

¡Por Merlín, no! ¿Qué rayos estaba pensando? A ella no le gustaba él.

A Hermione Granger nunca, jamás, por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia o concepto, le gustaría Draco Malfoy.

Pero besaba tan bien…

¡No! ¡Jamás! Se dijo a sí misma mientras se daba la vuelta en la cama, intentando dormir.


A la mañana siguiente, pese a no haber dormido casi nada, Hermione fue la primera en levantarse. En su mente, solo estaba presente la idea de que tenía que hablar con MAlfoy y tratar de hacerle ver su estupidez. "No estás enamorado de mí, sólo eres un idiota que tiene hormonas" se decía en su cabeza. Y luego, se decía a sí misma "no, tú tampoco estás enamorada de él. Solo eres una tonta aún dolida por el abandono de Ron".

Sí, eso era. Ella estaba segura de que creía que le gustaba Malfoy, por la culpa del cabeza hueca de Ron Weasley. Estaba tan necesitada de afecto y de caricias, que aquellos insípidos besos del idiota de Draco Malfoy le habían sentado bien.

Pero no era amor. No, no podía ser. Y qué él creyera que estaba enamorado de ella… En otros tiempos la castaña hubiese pensado "ese es su problema"; pero en su situación actual, donde era dependiente del apoyo del Slytherin para tener un buen trimestre, el no tener altercados con el muchacho rubio, era lo único que importaba.

La chica se apuró a vestirse y bajó a la Sala Común, la cual se encontraba vacía. Los restos del fuego que había ardido la noche anterior en la chimenea, se encontraban ya fríos. Junto a las escaleras de caracol que llevaban a los dormitorios, Hermione pudo ver en el tablón de anuncios que se encontraba allí colgado, la fecha de la primera salida a Hogsmeade, indicada para el siguiente fin de semana. Lo leyó en silencio, y tras darse un par de segundos para sopesar sus opciones, la castaña cruzó la Sala Común (se detuvo solamente a tomar un viejo trozo de pergamino, una pluma y un tintero que un despistado estudiante se había dejado allí), y tras acariciar la cabeza de Crookshanks (el gato le ronroneaba mientras se frotaba contra su pierna), salió por el hueco del retrato.

Caminó por todo el castillo, el cual parecía que aún dormía, hasta llegar a la lechucería. Limpió con la varita un escalón que estaba lleno de cacas de lechuza, y tomándose su tiempo se sentó en él. Por las ventanas sin cristales, el sol comenzaba a colarse a medida que se aparecía en el horizonte, provocando que las lechuzas ocultasen sus rostros debajo del ala, intentando dormir. Mirando aquel paisaje, la castaña se tomó un par de minutos para armarse de valor, y tomar inspiración, antes de mojar la pluma en la tinta, y comenzar a escribir, apoyada en sus rodillas. No tardó mucho en redactarla, ya que la carta resultó ser muy corta. Después de todo, no había mucho que decir. Al menos no por escrito.

Releyó el pergamino, asegurándose de que estuviese perfecto, y sin encontrar ningún motivo para no enviarlo, se puso lentamente de pie. Varias lechuzas la miraron en silencio. Hermione se tomó su tiempo para escoger una bonita lechuza marrón que se encontraba completamente despierta, la cual se apuró a desperezarse, bajar y extender la pata. Cuando Hermione hubo amarrado el pergamino, la lechuza ululó felizmente, y se alejó volando por la ventana.


Como cada mañana, Malfoy había subido al Gran Comedor acompañado de Zack Rozailer y de Nigel Pragett. Los tres caminaban tranquilamente hasta la mesa de Slytherin, mientras conversaban de cosas triviales, y se sentaron en un extremo de la mesa de las serpientes. Mientras Nigel se entretenía escogiendo lo que iba a comer primero, Rozailer se inclinó sobre Malfoy, dispuesto a entablar conversación sobre el primer partido de Quidditch de la temporada (Hufflepuff vs. Gryffindor), que tendría lugar en dos semanas. Sin embargo, Malfoy se rehusó a contestar. Mantenía la boca firmemente cerrada, de un modo que parecía que estaba evitando con todas sus fuerzas el vomitar, con lo que Rozailer decidió ignorarlo, y se dio la vuelta, dispuesto a platicar con Pragett, dejando a Draco solo en su silencio.

No supo qué fue lo que impulsó a mirar a la mesa de Gryffindor. Pudo ver en ese momento a Lunática Lovegood llegar con su típico aire perdido. A Longbottom caminar torpemente detrás de ella, mientras que Granger y Weasley ya se encontraban sentadas a la mesa. Las dos chicas le daban la espalda, gesto que Malfoy agradeció. No tenía ganas de cruzar miradas con ellas.

Así que se limitó a servirse un par de tostadas, cuando el correo llegó.

Una bandada de lechuzas descendieron en ese momento sobre las cuatro grandes mesas. Mientras bebía de su jugo de calabaza, pudo ver como una hermosa lechuza blanca con manchas oscuras le dejaba una carta a Weasley, y esta salía corriendo del Gran Comedor con el pergamino en mano.

Una lechuza marrón se detuvo delante de él, tirando el azucarero. Malfoy no la vio hasta que ésta le picoteó un dedo, fuertemente. Llevándoselo a la boca, para chupar la sangre, se apresuró a tomar la carta, la cual no tenía remitente, con la otra mano. La lechuza ululó contenta por haber entregado la encomienda al destinatario correcto, y tras extender sus grandes alas, emprendió de nuevo el vuelo, rumbo a la lechucería.

Draco la miró alejarse (definitivamente no se trataba de correo proveniente de su casa), antes de volver a dirigir su vista al pergamino que sujetaba en la mano. En ella, solo estaba escrita una nota: No la abras en la mesa.

-¿Y qué si quiero? –pensó con altanería. No iba a permitir que una carta le diese órdenes. Sobre todo una carta que no tuviera remitente.

Miró a Zack y a Nigel, pero ninguno de los dos le prestaba la más mínima atención. Se encontraban aún absortos en aquella conversación sobre Quidditch, mientras comían y bebían. Considerando que se encontraba sentado en un extremo de la mesa, en un rincón del Gran Comedor, Draco pensó que no habría problema si se decidía a abrirla ahí, en ese preciso momento, pues no había nadie cerca que se viese interesado en aquella carta que el Slytherin acaba de recibir.

Pero entonces, mientras seguía limpiándose la sangre, miró de nuevo esas palabras escritas en el pergamino, y recordó haber visto en algún otro lado esa letra pequeña y apretujada…

Se le encogió el estómago, sus ojos se abrieron como platos, y por un instante temió que alguien de su mesa hubiera visto la carta, que alguien aparte de él hubiese identificado aquella caligrafía.

Nervioso, miró a ambos lados, e intentando actuar lo más natural posible, se escondió dicha carta en un bolsillo de la túnica.

-Ya regreso –dijo a nadie en particular, mientras se ponía velozmente de pie-. Tengo que ir, al baño…

-¿Te encuentras bien? –preguntó Rozailer, mientras veía el rostro del muchacho, el cual ahora se notaba pálido, y temió que en verdad fuera a vomitar.

-¿Malfoy? –dijo Pragett, al ver cómo el chico de cabello rubio platinado se abrazaba el estómago.

Pero Malfoy no respondió a ninguno de sus dos compinches, y sin perder un instante, salió corriendo del Gran Comedor.

Hermione lo vio pasar a toda velocidad junto a su mesa, y también pudo ver como empujó a dos niños de primero, para poder salir rápidamente del lugar. Pero decidió que lo mejor era no darle importancia, y siguió platicando con Ginny, Luna y Neville.


Malfoy patinó en el recibidor, dio la vuelta para subir la escalinata de mármol, y enfiló por el pasillo del segundo piso, donde abrió la puerta de los baños de los chicos, estruendosamente. Comprobó que el lugar estuviera vacío, y se apresuró a cerrar la puerta de una patada. Entró al primer cubículo que vio, y e igualmente cerró la puerta con fuerza. En ese momento, pudo darse cuenta de cuánto estaba temblando. Intentando serenarse un poco, se apoyó contra las paredes de cubículo, y respiró profundamente. Cuando se sintió más tranquilo, se sacó la carta de su bolsillo, lentamente, y la contempló en silencio.

No había duda alguna. Aquella era la letra de Hermione Granger.

¿Para qué jodidos le había escrito esa sangre sucia?

Sin detenerse a pensar en nada más, abrió la carta.

Eres un estúpido al creer que soy tan indigna como para ponerte un Filtro Amoroso y aprovecharme así de ti. Y si fuera cierto que estás bajo el hechizo de una poción, pregúntate a ti mismo quién querría hacerte tal daño.

No tengo ningún otro interés en ti, más el de hacerte trabajar y poder aprobar mis materias durante este trimestre. Sácate esas ideas ridículas de la cabeza, porque no pienso tolerar el que me dejes todo el trabajo a mí sola. Después de todo, pensé que eso ya había quedado claro.

El próximo fin de semana, hay una salida a Hogsmeade, y aunque sé que no quieres que nadie nos vea juntos, vas a venir a verme, en el mero borde de la Casa de los Gritos, a medio día. Tenemos que hablar sobre esa estupidez del Filtro, y sobre este asunto académico.

Si no vienes, serán 100 puntos menos para Slytherin.

-HG


¡Hola a todos! Esta semana ha estado de locos (tanto en el trabajo como en la casa), por lo que apenas y pude venir a hacer la up. Cruzo dedos para que la espera haya valido la pena (?) En este capi damos un gran paso (que apenas y se nota) en el tema del Dramione, pues tenemos ya un Draco que teme le guste Granger, y una Hermione que sospecha le gusta Malfoy. Además de que tenemos otro beso porque le da drama a la historia ;) También sale un poco el tema de Ron, que será importante y no digo nada más~

Como siempre, les agradezco los likes y follows, y les pido sus reviews. Ya saben, se aceptan sugerencias y críticas constructivas.

Siguiendo la lista de anuncios, les recuerdo que el fic entrará en un mini hiatus del 24 de dic. al 7 de ene., y aprovecho y les comento igualmente que la posada de mi trabajo es el próximo viernes, por lo que muy probablemente la cruda me haga hacer up igual que hoy, osea tarde.

En fin, les mando abrazos y besos, espero sus reviews, likes y follows, y nos seguimos leyendo. Sigan bellos :D!