Capítulo 9
Encuentros en Hogsmeade
Sí, claro. Hogsmeade. ¿A caso no había tenido suficiente con lo sucedido en el estadio de Quidditch? Y ahora Granger quería que se vieran junto a la cerca que encerraba a la Casa de los Gritos. Esa sangre sucia estaba loca. Rematadamente loca.
Pero si ella estaba loca, él debía estar trastornado. Si no, ¿qué otro motivo lo había llevado a acercarse a aquella vieja casucha? ¿Qué clase de magia oscura lo había obligado a bajar la ladera?
Ahí se encontraba ahora, a unos pasos de Granger, quien se encontraba de espaldas, con una mano en la cerca, y contemplando el viejo edificio.
Se acercó lentamente, y carraspeó para que ella se enterara de su presencia. Hermione se apuró a girar sobre sí misma, y ahora, los dos se contemplaban en silencio. Él, con desconfianza. Ella, con nerviosismo.
-¿Qué quieres? –preguntó él, con las manos en los bolsillos, mirando el suelo, en un tono más brusco del que había pretendido.
-Preguntarte… -empezó ella con voz temblorosa. Se retorcía las manos-. Preguntarte qué es lo que sientes cuando me ves.
-¿Te has vuelto loca? –alzó él la mirada.
-Solo quiero comprobar si en verdad te has tomado un filtro amoroso –se defendió ella prontamente.
-Eso deberías de respondérmelo tú.
-¡Ya te dije que yo no lo he hecho! –Hermione no pudo evitar dar una fuerte patada en el piso y apretar los puños. La actitud defensiva de Malfoy no le estaba poniendo las cosas fáciles-. Responde a la pregunta.
-¿Y qué es lo que esperas que sienta? –espetó el de manera acalorada-. Te odio y odio todo de ti. Tu maldito cabello enredado, tus dientes de conejo, tu estúpida manera de brincar en clase cada que quieres responder las preguntas del profesor, esa estúpida inteligencia tuya…
Malfoy estaba por seguir, pero fue interrumpido por la risa de Hermione.
-¡Eres un verdadero idiota! –le dijo mientras intentaba recuperar su expresión seria-. Déjame te explico cómo funciona esto: Si te hubieras tomado un filtro amoroso, en estos momentos estarías besando el suelo por el que piso, y si se me ocurriera patearte el trasero, dirías que las lágrimas que derramas son de felicidad e inclusive me pedirías que lo hiciese de nuevo.
-¡Yo nunca diría…!
-Pues te informo que esos serían exactamente los efectos de un filtro amoroso. El filtro no produce amor, con sus pros y sus contras; el filtro produce una obsesión que raya en el idolatrismo. Si me sigues odiando significa que solo eres un tonto muchachito trastornado que se acaba de enterar que tiene hormonas.
-Sí serás una sangre sucia…
Malfoy acababa de dar un par de pasos y se colocó delante de ella, a un palmo de distancia. Había sacado las manos de sus bolsillos, y ahora se encontraba sujetándola fuertemente de los hombros. Le hacía daño, pero Hermione se aseguró de no emitir ningún quejido. No dejaría que él supiera que la lastimaba.
-¿Quieres besarme de nuevo? –preguntó ella, en un susurro, y con una sonrisa, en cierto modo, provocativa en los labios.
-Nunca besaría a una sangre sucia –respondió el de igual manera en susurros.
-Vaya, pues que yo recuerde, ya van tres veces…
Malfoy la soltó de repente, y se miró las palmas de las manos, como si se hubiera quemado. Hermione lo miró con el entrecejo fruncido, mientras se apuraba a caminar en dirección a la ladera por la que Malfoy había llegado.
-Espero y no vuelvas a besarme nunca –dijo ella, mientras se apuraba a alejarse de ahí-. Pero puedes estar seguro, de que si no te apareces en aquella aula olvidada el lunes a las cuatro, me presentaré frente a la mesa de Slytherin en el Gran Comedor, y entonces te besaré yo.
-¡Eres una…!
Pero Hermione ya se había ido. Malfoy se quedó ahí, completamente solo, mirando el punto en el que la chica había desaparecido en la distancia. En verdad estaba loca, y lo acababa de confirmar. Pero mientras pateaba la tierra, en su mente seguía rondando lo que acababa de decirle aquella sangre sucia, y que exactamente, era lo mismo que él había leído esa mañana en la biblioteca, acerca de filtros amorosos.
Si en verdad lo hubieran embrujado, en esos momentos estaría besando el suelo que ella había pisado al marcharse. Quizá ni la hubiera dejado partir. Pero sentía, dentro de sí, que preferiría pasar la mínima cantidad de tiempo con ella. No deseaba verla, mucho menos hablarle.
Pero entonces, si no se había tomado un filtro amoroso, ¿por qué le había gustado el contacto con los labios de Granger? ¿Por qué había sucumbido a volver a besarla aquella última vez, sin motivos aparentes? ¿Y por qué hacía apenas unos minutos había tenido la necesidad de sujetarla fuertemente para que no pudiera escapar mientras él la besaba de nuevo?
¡Por Merlín, no! Él era un sangre limpia, un Malfoy. Ella era una simple hija de muggles. A él simplemente no podía gustarle ella.
Pero había sentido un cosquilleo cuando escuchó decirle que ella lo besaría a él. Ella a él.
¡Demonios, no, no y no! Tenía que sacarse esas ideas de la cabeza. Volvió a patear la tierra, y metiendo los puños en sus bolsillos, se apuró a alejarse de aquél lugar.
Harry vio a Ginny correr hacia él, por toda la avenida principal de Hogsmeade. La pelirroja tenía una enorme sonrisa en el rostro, y su largo y hermoso cabello volaba con el viento. Harry la miró embelesado, y apenas la tuvo a su alcance, la abrazó fuerte, y tiernamente la besó en los labios. Habían sido ya tres largas semanas en las que no habían podido verse. Sintió la agitada respiración de la chica contra su pecho, y se rehusó a soltarla.
-¿Y Hermione? –fue lo primero que el chico pudo preguntar cuando pudo desviar sus verdes ojos, de los castaños de su novia.
-No tenemos la menor idea –respondió la menor de los Weasley-. Llegamos todos juntos del colegio, pero cuando salimos de Honeydukes la perdimos de vista.
Neville y Luna llegaron en ese momento. Al no haber salido corriendo a recibir a Harry, se habían quedado un poco rezagados, pero ahora se encontraban ya ahí, con las bolsas llenas de Meigas Fritas y muchas ranas de chocolate.
-¿Alguno de ustedes dijo algo? –preguntó Harry viendo a los dos chicos detenerse cerca de ellos, en un tono de voz que asemejaba un regaño-. Si por error le dijeron algo sobre Ron…
-Nadie le dijo que está aquí –se apresuró a decir Neville, mientras le sostenía a Luna las bombas de chicloso que la chica le ponía en las manos-. Quizá se haya enterado por otro lado…
-¡Pero si los únicos que sabían éramos nosotros! –replicó Ginny.
-Posiblemente alguna de tus cartas se ha perdido. A veces los dribblers roban pergamino por gusto –dijo Luna, mientras Neville dejaba caer las bombas de chicloso en el bolso de la Ravenclaw.
-¿Dribblers? –preguntó el Gryffindor.
-No tenemos tiempo para dribblers –interrumpió Harry, con tono cansado y preocupado-. Lo mejor será que vayamos a buscarla.
-Harry, tranquilo –intervino su novia, mientras apretaba tiernamente su mano-. Tu plan saldrá bien, ya lo verás.
-Me costó mucho trabajo convencer a Ron, yo…
-¡Harry! –se escuchó un grito a lo lejos, interrumpiendo las palabras del muchacho de gafas redondas. Los cuatro chicos se apuraron a voltear.
Hermione venía corriendo a toda la velocidad que podía y apenas estuvo lo suficientemente cerca, se dejó caer en los brazos de su mejor amigo, abrazándolo con toda la fuerza que le quedaba, y al mismo tiempo usándolo como apoyo, ya que evidentemente se había quedado sin aire.
-¡Hermione! –contestó él, respondiendo de igual manera al abrazo de la castaña.
-Siento llegar tarde –se disculpó mientras se separaba de Harry, y se apretaba el pecho, debido al dolor que le producía el respirar.
-No íbamos a ir a ningún lado sin ti –le dijo Ginny, mientras Harry la tomaba de la mano.
-Perfecto, ahora que estamos todos juntos, podemos ir a Zonko –dijo Luna con su típico aire soñador.
-Pero nosotros… -Neville se cayó al sentir el pisotón que le propinó Ginny.
Harry y Ginny empezaron a caminar por la calle principal. Luna le dio la mano a Hermione, y la jaló, para que avanzara también. Neville las seguía un poco más atrás.
-¿A qué vamos a Zonko? –preguntó Hermione en voz baja, para que solo la Ravenclaw la escuchase-. Pensé que era ahí donde habían ido en lo que yo fui a Cabeza de Puerco.
-Si nosotros no fuimos a Zonko, y tú no fuiste a Cabeza de Puerco, ¿dónde estábamos todos en realidad? –fue la respuesta de Luna, quien igual hablaba en un susurro.
Hermione se quedó callada. Así como sabía que sus amigos mentían al decir que habían ido a Zonko, Luna le había atrapado en la mentira. Pero si se negaba a contestarle a la Ravenclaw, no tendría que probar nada.
Fingiendo que no había escuchado nada, los cinco chicos siguieron andando, mientras Luna miraba disimuladamente el perfil de la leona, y sin poderse contener, sonrió para sí misma.
Sin embargo, cuando llegaron al local, el letrero sobre la puerta no decía "Zonko". En su lugar, ahora sobre la puerta había un enorme letrero de colores chillantes que gritaba a los cuatro vientos "Sortilegios Weasley".
Luna soltó a Hermione de la mano, y extendiendo ambos brazos, dijo "¡Tarán!"
Y antes de que Hermione pudiera preguntar qué estaba pasando, Neville y Harry la tomaron cada uno de la mano, y la hicieron entrar al local.
El lugar estaba abarrotado de alumnos de Hogwarts, desde tercero hasta séptimo curso. Harry y Neville se abrieron paso como pudieron, entre los chicos que querían salir, y los empujaban hacia atrás, aun jalando a Hermione, y con Ginny y Luna caminando detrás de ellos.
Con un poco de trabajo, finalmente lograron llegar al centro del local, donde había un amplio exhibidor, y un escaparate mostraba miles de pastillas vomitivas y turrones sangra narices.
-¿Dónde está Ron? –preguntó Ginny en el oído de Harry.
-¡Harry! –se escuchó el grito de una voz masculina. Los cinco chicos miraron hacia arriba. En el segundo piso, frente a un estante lleno de trucos muggles, Ron los saludaba con una sonrisa radiante.
Hermione sintió que el estómago se le encogía, pero al mismo tiempo, se le aceleraba el corazón.
Ron acababa de dejar una caja de barajas marcadas en un estante, y ahora, caminaba hacia sus amigos. Abrazó a Harry de un modo que indicaba que no se habían visto en mucho tiempo, aunque Hermione hubiera podido jurar que acaban de verse hacía apenas un par de horas. Lo mismo hizo con Ginny y Luna, y estrechó firmemente la mano de Neville... Y la dejó a ella para el final.
El ex-Gryffindor se plantó frente a ella; se movía de manera nerviosa, y parecía que no sabía dónde esconder las manos, ya que las movía mucho. Entonces, sin decir nada, extendió una mano hacia Hermione, saludándola cordialmente.
La chica se extrañó por aquel recibimiento. Después de todo, ¿eran amigos, no? Habían sido amigos desde hacía demasiado tiempo. Que ella se hubiese enamorado de él se suponía que había pasado sin pena ni gloria, olvidado en un rincón, y ya no significaba nada.
Qué más daba que se hubieran besado, una sola vez, hacía más de 2 meses. En especial cuando el pelirrojo había dejado muy en claro que aquello no había pasado, y ellos eran solo "muy buenos amigos". Que Hermione debía tragarse sus sentimientos, y continuar como si nada hubiese pasado. Sin embargo, la castaña se tragó todos aquellos pensamientos, y se limitó a extender su mano para responderle el saludo a Ron.
Aunque, sin aviso alguno, el pelirrojo la jaló hacia así, envolviéndola en un abrazo, fuerte y estrecho. Hermione se sorprendió de tal modo, que su mente se bloqueó, y le fue imposible responder al gesto, mucho menos negarse a él. Y entonces, sintió el aliento de Ron contra su oído, mientras el chico le susurraba:
-Te he extrañado mucho, Hermione.
Los seis chicos habían salido de Sortilegios Weasley, para ir a tomar una cerveza de mantequilla, a Las Tres Escobas. Mientras caminaban por la calle principal, Hermione pudo observar una cabellera plateada, que caminaba en dirección contraria a ellos. Mirando disimuladamente, para que nadie se percatara de ello, observó el perfil de Malfoy, quien se notaba enojado y al mismo tiempo preocupado, pero que en general, era completamente ajeno al grupo de personas que caminaban en sentido contrario, al otro lado de la calle.
La voz de Ron, preguntándole qué pensaba ordenar al llegar al pub, la sacó de su ensimismamiento, y dando un respingo, dejó de observar al Slytherin que se alejaba rumbo al castillo, y volvió a mirar al frente.
Habían llegado a Las Tres Escobas. Harry abrió la puerta para que pasaran todos, y pocos segundos después, los seis chicos se encontraban ya dentro del abarrotado local. Sin embargo, apenas Hermione y Ron se hubieron sentado, Harry se apuró a decir que él y Ginny preferían ir al Salón de Té de Madame Pudipié, y Neville dijo que necesitaba ir a la oficina de correos a mandarle una carta a su abuela, llevándose a Luna consigo, quien dirigió una última mirada de pena a la castaña.
Y ahora, un silencio incómodo acompañaba a Hermione y a Ron, mientras la chica tomaba silenciosos sorbos de su cerveza de mantequilla (mientras su pie golpeaba nerviosamente el suelo de madera) y Ron intentaba acercar su silla al lado de su amiga, sin resultar demasiado obvio.
Pero la discreción quedó olvidada cuando, sin pensárselo más, Ron extendió sus manos, y apretó la de Hermione entre ellas.
-¿Qué haces? –preguntó la castaña, viéndose incapaz de sujetar su tarro.
-Yo, pues… Nada –dijo Ron, pero sin dar muestras de querer soltarla-. Sólo me preguntaba cómo te va en la escuela… En Hogwarts…
Hermione se apuró a retirar sus manos, y sujetar con ambas el tarro. Hacía un par de meses, hubiera estado más que encantada de tener aquel contacto tan cercano con el pelirrojo. Hoy por hoy… seguía sintiéndose feliz, pero al mismo tiempo había algo que la hacía sentirse incómoda.
-Me va bien, gracias por preguntar.
-Es sólo que hacía mucho que no sabía nada de ti…
-Deberías de preguntarle a Harry –respondió ella, fingiendo no darle importancia-. Me escribe cartas una vez a la semana.
-¿Y se las respondes todas?
-No tengo demasiada gente con quién cartearme…
-Si te escribes con Harry y Vicky…
-Ya te he dicho que es Víktor, no Vicky, y yo sabré con quién me escribo, gracias por preguntar.
-De acuerdo, yo solo…
-¿Tú qué? –espetó sin poderse contener. Agradecía los esfuerzos del muchacho por volver a tener la amistad que habían tenido durante tantos años, antes de que ella lo echase todo a perder, pero al mismo tiempo, había algo en la actitud de Ron que estaba comenzando a exasperarla.
-Hermione, sé que te debo una disculpa… -comenzó el pelirrojo, visiblemente incómodo-. Por cómo me comporté durante el verano, y por lo que te dije antes de que regresases a Hogwarts. Yo… Harry me ha ayudado a ver que he cometido un error al decirte que…
-No –respondió Hermione con firmeza, dejando caer su tarro aún lleno hasta la mitad de cerveza de mantequilla-. Ni lo intentes –musitó visiblemente molesta, incapaz de creer que Ron estuviese haciendo lo que obviamente estaba haciendo.
-Hermione, por favor discúlpame. Te he extrañado, y...
-He dicho que no –repitió con la voz temblorosa-. Estuve todo el verano esperando por ti. Me rompiste el corazón antes de regresar a Hogwarts. He pasado tres semanas intentando olvidarte y aceptando lo que me dijiste la última vez. No vengas a querer arruinarlo todo.
La castaña estaba por ponerse en pie, dispuesta a marcharse de allí, cuando sintió como Ron volvía a tomarla de las manos, impidiéndole levantarse. En cambio, él se incorporó revelando cuán alto era. Hermione tuvo que alzar la mirada para poder ver su rostro, que se encontraba consternado, como si no pudiese explicar los mil y un pensamientos que se amontonaban en su mente.
-Aún te quiero, Ron –se confesó ella-. Pero desearía no hacerlo más. Por favor, no vengas ahora a querer arrepentirte de lo que has dicho, porque no podría soportarlo…
-Hermione yo…
El pelirrojo cerró los ojos. Se inclinó sobre ella. Ella no quería, pero sus ojos se cerraron de igual modo. Aquel era el beso que llevaba esperando dos meses. El beso que había deseado le hubiese sido correspondido en la Sala de los Menesteres. El beso que se suponía sería el inicio de un noviazgo perfecto…
Pero ahora, aquel beso se sentía incorrecto. Hermione no podía evitar sentir que había algo mal en él, como si estuviese fallando a la confianza de otra persona. Como si estuviese siendo infiel…
Y fue entonces cuando volvió a abrir los ojos, retiró velozmente sus manos, se empujó fuera de su silla, levantándose de la mesa y terminando con aquel contacto boca a boca, exclamó sin tapujos:
-¡Eres un imbécil, Ronald Weasley! –aquel grito provocó que varios comensales se girasen para verla. El pelirrojo la miró sorprendido: aquella no era la reacción que Harry le había prometido-. Entiende esto, Ron. Tuviste tu oportunidad. La dejaste ir. Así que si no quieres que esto quede peor, sigamos siendo solo amigos.
Dio un par de pasos hacia atrás, tropezando con su silla, mientras sostenía la mirada al pelirrojo. Sin embargo, prontamente se dio media vuelta, y se alejó de allí lo más rápido que pudo.
-¡Hermione! –gritó Ron al aire-. ¡¿A dónde vas?!
Pero no tuvo respuesta.
La castaña caminaba por los pasillos de la escuela, sin saber a ciencia cierta a dónde iba. En su mente solo había espacio a la idea de que el idiota de Ron Weasley acababa de besarla. Según sus palabras, ellos eran amigos, ¿no? Entonces que no viniera a querer hacerse el dolido diciendo que la extrañaba y que había cometido un error.
Y además, besaba horrible.
¿Pero con quién lo estaba comparando? ¿Con los besos de Víktor Krum, o los de Draco Malfoy?
Cerró los ojos fuertemente, conteniendo las lágrimas. Estaba pensando en cosas sin sentido. Estaba demasiado confundida, eso era todo. Se planteó seriamente volver sobre sus pasos, y regresar a Hogsmeade. ¿Pero de qué le serviría eso?
Entonces sintió que se tropezaba con algo, y abrió los ojos rápidamente.
Ahí estaba, tropezando con la espalda de un Slytherin de cabello rubio platinado.
¡Madre! Se gritó mentalmente.
-Fíjate por dónde vas, Granger –le espetó el chico. Malfoy se había dado media vuelta lentamente, y ahora la miraba de pies a cabeza, con odio.
-Diez puntos menos para Slytherin por hablarme así –dijo ella, con los ojos húmedos y los puños fuertemente apretados, enterrándose las uñas en las palmas de las manos.
No ahora. No tenía ni ganas ni fuerzas de enfrentarse contra él.
-Estás… ¿Estás llorando? –preguntó él, lentamente.
-Quítate de en medio –Hermione lo empujó para que la dejara pasar, pero Malfoy la había sujetado del antebrazo.
-¿Quién te ha hecho esto? –no podía creer que en verdad acabara de preguntar eso.
-No es de tu incumbencia –e intentó soltarse nuevamente, sin éxito alguno.
-Claro que lo es –se apresuró a contestar él-. Yo soy el único que tiene derecho a hacerte llorar.
Hermione lo miró. Aunque apenas y podía verlo, ya que tenía los ojos llenos de lágrimas. Y súbitamente, sin que el chico pudiera detenerla, ahora la Gryffindor se encontraba abrazándolo fuertemente, mientras lloraba sin parar.
-¿Gran… Granger? –dijo Malfoy en un susurro, sin saber qué hacer. Y entonces sintió como sus brazos colgaban torpemente a ambos lados.
No supo exactamente en qué momento la había abrazado. Y peor aún, ahora le acariciaba la cabeza con ternura y compasión.
Fueron unos minutos incómodos para el chico, hasta que la castaña se limpió la cara con la manga de su túnica, y entonces, como si se acabara de dar cuenta de dónde estaba, y lo que estaba haciendo, se separó rápidamente de los brazos del Slytherin. Sufriendo un ataque de ansiedad, exclamó:
-¡Veinte puntos menos para Slytherin! –gritó ella entre sollozos, y sin dar la oportunidad a que el muchacho de cabello rubio platinado volviese a sujetarla, o reclamar, Hermione se alejó corriendo a toda velocidad.
Necesitaba saber. No entendía por qué, pero Draco sabía que necesitaba saber qué era lo que la había hecho llorar así. Perder el control de ese modo, sufrir de esa manera, llorar tan desconsoladamente, y abrazarlo a él. Precisamente a él.
Como siempre, primero las disculpas. Perdón por no hacer la up como prometí ayer, pero es que la resaca se combinó con las compras de navidad que había dejado pendientes, y con una limpieza exhaustiva a la casa. Así que apenas hoy he terminado de pulir unos detalles en el capi, y por eso apenas hoy tienen la up.
Espero y el capi haya sido de su agrado. ¡Ya era hora de que apareciera Ron? ¿O no? Creo que es común en todos los dramiones que exista un tercero en discordia (que siempre resulta ser el pelirrojo), así que espero me disculpen los clichés. En la historia original estos se salen un poco del patrón, y aquí no será la excepción (aunque de un modo ligeramente diferente).
Espero y les haya gustado este último acercamiento entre nuestros protas, y sea suficiente combustible para mantener encendido el motor durante mi ausencia. Como ya les había comentado, entramos en un pequeño hiatus, por mis mini vacaciones de fin de semana, con motivo de las fiestas navideñas. Estaré ausente viernes, sábado y domingo durante las próximas tres semanas, (ya saben, navidad, año nuevo y reyes) por lo que no podré hacer up. Espero y sean pacientes y estén conmigo cuando regrese el 14 de enero.
Así que les pido de todo corazón dejen sus acostumbrados reviews, likes y follows. Me hacen muy feliz y me ayudan mucho a mejorar mi escritura. Sin quitarles más tiempo, les mando un beso y un abrazo, esperando que pasen felices fiestas. Nos seguimos leyendo! Sigan bellos :D!
