Capítulo 12

Confesión


Había vuelto sobre sus pasos, y ahora, Hermione se encontraba cruzando por el agujero del retrato, para entrar a su sala común.

-¿Y bien? –preguntó Ginny al verla entrar. La pelirroja seguía sentada en el punto donde Hermione la había dejado, hacía media hora-. ¿Encontraste el libro?

La castaña miró a su mejor amiga con una expresión de confusión, pero se repuso prontamente. Agradeciendo que la menor de los Weasley hubiese vuelto a centrar su atención en su pergamino y los libros que le hacían compañía, la Gryffindor se apuró a responder:

-No sé qué me pasa, creo que me he confundido de tarea. El reporte de Sprout lo hice ayer, ¿recuerdas? Mientras esperábamos a que Luna regresase de su clase de Adivinación.

-Ah, sí, sí –respondió Ginny, también distraída, absorta en su pergamino; detalle que Hermione agradeció.

Aprovechó para cruzar la sala común, y tomar el libro de Encantamientos que se había dejado olvidado en el sillón que Ginny tenía detrás de ella, pero se detuvo en seco cuando la pelirroja puso el punto final a su redacción, y finalmente alzó la vista, clavando sus ojos en los de su mejor amiga.

-Entonces, ¿qué harás respecto a Malfoy?

Sabía que Ginny se refería a las tareas en equipo, pero Hermione no pudo evitar pensar en aquella reunión a la cual no había llegado. Nerviosa, se apuró a desviar su mirada, y haciendo un esfuerzo sobrehumano para no tartamudear, finalmente respondió:

-La tercera es la vencida. Le daré una última oportunidad para llevar la fiesta en paz, o definitivamente hablaré con los profesores.

-Espero y esto se resuelva de la mejor manera –dijo Ginny, mientras comenzaba a guardar sus libros y su redacción.

Hermione asintió ante tal comentario, y no pudo evitar pensar qué, pese a que su mejor amiga se refería a algo completamente diferente, a fin de cuentas tenía toda la razón. Estaba por despedirse diciendo que subiría ya a dormir, cuando la nueva pregunta de Ginny la volvió a tomar completamente desprevenida:

-¿Y qué hay de Ron?

-¿Qué hay de qué? –repitió poniéndose nerviosa de nueva cuenta.

-Harry me dijo que habló con él y finalmente le hizo ver que él también tiene sentimientos por ti. Y durante la última visita a Hogsmeade, todos sabíamos que mi hermano planeaba confesarse. ¿No es eso lo que querías? Así que, ¿ya te puedo llamar hermana?

Hermione se mordió la comisura del labio, provocando que la sonrisa que había iluminado el rostro de Ginny, se desvaneciera lentamente.

-¿Hermione? –preguntó la pelirroja.

-Eso era lo que quería –repitió la castaña-, lo que quería antes -aclaró-. Ahora…

-¿Es que acaso ahora no te gusta Ron?

-No lo sé.

-¿A caso te gusta alguien más?

-Eso tampoco lo sé.

-Hermione…

-¿Podemos hablar de esto en otra ocasión? Estoy muy cansada.

Ginny asintió en silencio. Hermione le dirigió una última sonrisa, y comenzó a alejarse en dirección a la escalera de caracol.

-Hermione –la llamó Ginny una vez más, con lo que la castaña se detuvo en el primer escalón. Se giró para ver a la pelirroja-. Sabes que cuentas conmigo para todo, ¿verdad? Aunque no seas novia de Ron, te sigo considerando mi hermana…

-Lo sé –respondió la castaña, mientras se abrazaba de su libro de Encantamientos-. Yo también te considero una hermana.

Y sin decir nada más, se apuró a subir a su dormitorio.


Aquella noche, no pudo dormir. Sabía lo que le esperaba el día siguiente: quizá Malfoy no la abordase al instante, pero de que lo haría, lo haría. Estaba segura de que el Slytherin le reclamaría el que no se hubiese presentado a aquella reunión, y por más que intentaba pensar en algo, no encontraba una excusa lo suficientemente creíble para el hecho de no haberse presentado.

Además, no podía dejar de pensar en qué hubiese pasado si hubiese abierto aquella puerta. ¿Qué era aquello tan importante de lo que el rubio quería hablar con ella? Quizá lo mejor hubiese sido que se hubiese presentado, y así pudieran finalizar con aquel drama: Tú me gustas pero yo a ti no. Igual que con Ron. Ahora, solo quedaba fingir que nada de aquello había pasado, sobrevivir los dos meses en que debían seguir elaborando las tareas juntos, mantener una simple relación de compañeros de estudio, y al llegar las vacaciones de invierno, volverse a odiar, y no volverse a dirigir la palabra en toda su vida.

Sí, en definitiva aquello era lo que Hermione debía hacer. Fue por ello que a la mañana siguiente, la castaña fue la primera en despertar. Salió de la torre de Gryffindor sin esperar a Ginny, y bajó al gran comedor, donde se sentó a la mesa de Ravenclaw, a pesar de que Luna no se encontraba allí.

Al cabo de un rato se le unieron Neville y Ginny, con lo que tuvo que reprimir el impulso de mirar constantemente a la mesa de las serpientes. Aunque no tenía caso, pues aquella cabellera rubia platinada simplemente no apareció. Y hablando de cabelleras rubias…

-Neville, ¿sabes dónde está Luna? –preguntó Ginny, cuando se encontraban ya terminando de desayunar.

-La vi anoche por última vez. En la biblioteca. Se encontraba bien en ese entonces. Yo…

-¿Se han peleado? –Ginny dio un veloz codazo a Hermione, con lo que ambas miraron al Gryffindor, quien se notaba nervioso.

-Hermione, ya es tardísimo –se defendió el muchacho, mientras se levantaba de su asiento, y se colgaba la mochila al hombro-. Debemos apurarnos si queremos llegar a tiempo a Herbología.

Ginny dirigió una última mirada a Hermione, mientras la castaña se levantaba y también se colgaba su mochila al hombro. Se preguntó si la pelirroja se refería a eso que estaba pensando…

-Nos vemos en la tarde –le dijo a su mejor amiga, con lo que ambos Gryffindors se retiraron de la mesa y emprendieron el camino fuera del Gran Comedor.

Hermione no pudo evitar dar un último vistazo a la mesa de Slytherin, donde comprobó una vez más, que el rubio no se encontraba por ningún lado. Aquello solo la hizo sentirse más inquieta.


Se reunió con Ginny a medio día fuera del aula de Defensa, donde se le encogió el estómago al ver a Malfoy en compañía de Nigel y Zack. El rubio le dirigió una mirada asesina, lo que provocó que durante toda la clase (la última del día), la castaña fuese víctima de un nuevo ataque de ansiedad.

Hermione sabía que Malfoy no le quitaba la mirada de encima, podía sentir su mirada fulminante sobre ella, pero no se atrevió a voltear a verlo ni una sola vez. Se sentía culpable por haberlo plantado así en aquella aula vieja, pero temía más por su orgullo; mientras pasaban los minutos, y podía sentir como crecía aquel nudo en su garganta (que apenas y le permitía hablar con Ginny), se decía a sí misma que había hecho lo correcto, porque no estaba dispuesta a presentarse a sufrir una humillación más de parte de él.

Mientras la el profesor Karstoy hablaba sin parar sobre los daños irreparables que podían surgir tras un mal elaborado o forzado hechizo de Obliviate, la Gryffindor no podía dejar de mirar al frente de la clase, aunque en realidad, no prestaba atención a lo que decía el profesor. Sólo sentía como su ansiedad la obligaba a mover los dedos desesperadamente, y como sus ojos se ponían llorosos, puesto que inclusive le costaba trabajo parpadear. Aquella hora se transcurrió con una lentitud torturadora.

Cuando el profesor Karstoy hubo terminado con aquella perorata, les informó a sus alumnos que realizaran una investigación sobre casos en donde dicho hechizo hubiese dejado daños desastrosos, y finalizó la clase diciendo que ya podían recoger sus cosas y marcharse. Hermione salió corriendo del salón, apenas diciéndole a Ginny que se sentía con ganas de vomitar e iba al baño. La pelirroja no tuvo tiempo de decir nada, por lo que mientras se entretenía guardando las cosas de su mejor amiga en su mochila, no notó como Malfoy salía corriendo de igual modo del salón.

Hermione sabía que el Slytherin la seguía. Era como si pudiera sentir su pesada respiración en su nuca. Se sentía como si fuese una pequeña presa siendo acechada por un terrible depredador. Desesperada, se abrió paso entre varios alumnos de tercero y quinto, que habían salido de varias aulas adyacentes. Se sentía atrapada entre todo ese mar de alumnos. Sentía que el corazón amenazaba con salírsele del pecho, a cada paso que daba. Sentía que…

No había ni llegado al final del corredor, cuando sintió como una mano le apretaba el antebrazo. Miró alarmada a la persona que la había sujetado con fuerza, y que le hacía daño, pero antes de que pudiera abrir la boca para decir nada, Malfoy la jaló con firmeza, e hizo que entrara por la puerta que tenían más cerca. Sin detenerse a escuchar sus protestas y quejas, cerró la puerta con seguro, y volteó a verla, con la varita en mano, y el odio y dolor brillando en sus ojos.

Hermione pudo darse cuenta de que poco le faltaba al chico para explotar y empezar a gritar, por lo que se apuró a sacar la varita y apuntó hacia la puerta, para lanzar un Mufliatto. Malfoy, que ignoraba el efecto de aquel hechizo, se limitó a apuntar su varita a la cara de la chica, con lo cual la castaña pudo notar que a él también le temblaba en la mano. Asustada por lo que se pudiese ocurrir a continuación, Hermione tampoco bajó la suya,y apuntó directamente al rostro del rubio. Nadie se movió durante un par de minutos, que parecieron horas. El único ruido eran sus respiraciones agitada, las cuales poco a poco se fueron calmando... Finalmente, viendo como no planeaban atacarse el uno al otro, Malfoy emitió un gruñido, y se guardó la varita en el bolsillo del pantalón.

-¿Qué es lo que te pasa? –fue lo primero que pudo espetar, mientras miraba a la castaña directamente a los ojos-. Te digo que a las ocho, y las ocho vienen y se van.

Hermione titubeó, y la mano con la que sujetaba la varita flaqueó, bajándola un poco.

-No tenía ganas de sufrir una humillación pública –respondió ella, aún asustada.

-¿Pública? ¡Si sólo éramos tú y yo! –el chico se escandalizó aún más.

-Bueno, pues ya somos tu y yo otra vez, Malfoy. Habla de una buena vez.

Hermione agachó la mirada para guardar su varita en la túnica. Rápidamente, Malfoy sacó aquel pergamino arrugado del bolsillo del pantalón, y se lo aventó a la cara. El papel golpeó suavemente a la chica en la mejilla, y cayó al suelo antes de que la Gryffindor pudiera reaccionar.

-La tarea de Pociones –dijo él, mirando el pergamino solitario en el piso, a los pies de Hermione.

-Pensé que era una broma –susurró ella, visiblemente sorprendida, con lo que se agachó lentamente, para levantarlo. Mientras recogía el pergamino se percató de que le temblaban las manos, pero cerró sus dedos alrededor de él, con firmeza. Se incorporó, extendió el papel, y pudo ver el resumen de Pociones del cual Malfoy había hablado en su pequeña nota, hacía dos días. Tuvo que admitirse a sí misma que estaba muy bien elaborado.

-Tampoco era una broma de lo que quería hablarte anoche –dijo él, mientras se dejaba caer en una silla ubicada en un rincón de aquella aula, evitando mirarla.

-Entonces dilo, antes de que me arrepienta de querer escucharlo –respondió con voz firme, mientras doblaba con delicadeza el pergamino, y se lo guardaba lentamente en el bolsillo interior de la túnica.

Mientras más rápido hablase Malfoy, más pronto podría ella marcharse de allí, y dar por finalizado aquel tema. Terminar con aquel ciclo, y con aquel peligroso juego.

-No estoy inspirado –fue la simple respuesta del Slytherin. Hermione se quedó confundida ante tal respuesta, pero prontamente la impotencia se encendió en ella, con lo que su pecho se infló con coraje, y se abalanzó sobre el Slytherin, golpeando las palmas de las manos en la mesa que tenía el muchacho delante de, y acercando su rostro al del chico. Tenía el entrecejo fuertemente fruncido, y los labios firmemente apretados. Pero ante todo, Malfoy no pareció asombrarse, y se limitó a cruzarse de brazos, y recargar el respaldo de la silla en la pared. ¡Mira que enojarse con él! El que debía estar volcando el mobiliario, haciendo un berrinche era otro. Después de todo, había sido él a quien habían dejado plantado. Había sido él quien se había atrevido a finalmente confesar sus sentimientos, y ella iba y lo echaba todo a perder. ¡Debería de estar agradecida de que un Malfoy gustase de ella!

-¿Pretendes que te ruegue para que me cuentes lo que pasa por tu pequeño cerebrito? –las palabras de Hermione lo regresaron a la tierra. La mirada de la Gryffindor parecía emanar fuego, mientras que la suya, aún llena de odio e impotencia, se asemejaba fría como el hielo.

Draco estaba por decirle a la castaña que se calmara y le bajara al drama, pero parecía ser que la Gryffindor no era capaz ya de contenerse.

Después de todo, la actitud relajada que el muchacho había tomado, recargado contra la pared, sostenido apenas por dos patas de la silla en la que se encontraban sentado, era el ejemplo perfecto para que la castaña entendiese que para el Slytherin, todo aquello no era más que una broma.

Hermione parecía que no podía creer lo que veía. Ahí estaba ella, echa un caos por culpa del rubio, odiándose a sí misma por haberse enamorado de él, mientras que el muchacho parecía no estar interesado. Rugió furiosa. Después de todo, esa era otra de las cosas que odiaba de Malfoy: la facilidad que tenía para hacerle cambiar de ánimo, para bien o para mal. Como lograba sacar lo peor de ella, llevarla a sus límites. Con la rabia borboteando en su interior, la chica no pudo evitar agregar:

-¿O es que acaso te regodeas con el hecho de hacerme desesperar antes de burlarte nuevamente de mí? Sea cual sea la tontería con la que planeabas volver a desestabilizarme, puedes estar seguro de que no me interesa. No pienso rogarte para escuchar aquella tontería que planeabas decirme.

Los dos se miraron a los ojos. Hermione soltó un bufido. Estaba por retirarse, cuando Malfoy la sujetó de los brazos y sin previo aviso, juntó sus labios con los de ella, fundiéndose en un anhelado beso.

Si por ella hubiera sido, se hubiera separado inmediatamente. Y le hubiera metido una buena cachetada. Hubiese gritado, hubiese apuntado su varita contra él, pateado el mobiliario… Pero parecía que la razón la había abandonado. No podía ni abrir los ojos. El contacto con sus labios era tan tierno y suave, pero a la vez salvaje, que no podía pensar en nada más. Sentía como la lengua del Slytherin recorría toda su boca. Como le daba ligeras mordidas en los labios. Sentía sus manos ahora recorriendo su cara, acariciando sus mejillas, perdiéndose entre su cabello. Se sentía tan en las nubes, que le parecía imposible el poder bajar de ahí. Y sin embargo, pensó en la caída, y supo que sería dolorosa…

No supo de donde tomo la fuerza para separarse, pero así lo hizo.

Malfoy la miró sorprendido, como si esperara encontrarse a alguien más ahí, y no a Hermione Granger. Los dos respiraban agitados.

Hermione intentó separarse, correr hasta el otro lado de la habitación, posiblemente en salir corriendo del aula y del castillo; pero Malfoy la tenía sujetada ahora por la cintura, y la atraía hacia sí mismo, para que la chica no pudiera escapar.

Malfoy supo que había llegado a aquel punto en el que ya no había vuelta atrás. El momento para dar media vuelta y no meterse en aquello, había quedado muy lejano. Ahora no importaba si era egoísta, si era valiente, si era un cobarde o si era fiel a sí mismo; ahora lo único que podía ver delante de él, era a Hermione Granger, y lo que sentía por ella. No importase que estuviera mal, que aquello los lastimara a ambos, o que fuese imposible. Aquel sentimiento existía, y lo peor de todo era, que estaba seguro que era correspondido.

Así que aceptando aquella verdad absoluta, pegó su frente con la de ella, fijando su mirada azul en sus labios rojos.

-Eso era lo que quería decirte anoche –dijo él en un derrotado susurro que a Hermione no le pasó por alto.

Fue en ese momento que ella comprendió lo que ocurría. Que quizá hubiese iniciado como un juego, pero ahora, era real. Era tangible. Tanto para ella, como para él. Aquella mirada proveniente del rubio, la manera en que sus labios tocaban los suyos, y el suave contacto de su pálida piel con la morena de ella… Todo era real.

Así que en el momento en que Draco soltó la cintura de Hermione, ella no corrió, no intentó huir, no se separó de él. Se quedó allí, aun apoyando su frente contra la de él, sintiendo como el Slytherin acariciaba ahora su mejilla. Sin poderse contener, dejó que sus manos recorriesen su pecho, y pudo sentir los acelerados latidos de su corazón. Sabía lo que el rubio quería decirle, pero la Gryffindor necesitaba escucharlo. Aquello sería la prueba absoluta de que aquello estaba ocurriendo, que no era un sueño…

Así que dejó que sus manos avanzaran por el pecho del muchacho, subiendo por sus hombros, hasta finalmente detenerse al abrazar su cuello. Nerviosa, sintiendo como el alma se le escapaba por los labios, en un susurro anhelante, preguntó:

-¿Qué es lo que querías decirme?

Malfoy la abrazó de la cintura con una mano, y la otra la enredó en cabello castaño. Era ahora o nunca.

-Que me gustas Granger –y sin poderse contener, repitió-. Carajo, me gustas, Hermione.

Y la jaló para volver a perderse en su boca.

Merlín, era la primera vez que él pronunciaba su nombre.


-Debo irme –susurró mientras intentaba con todas sus fuerzas el separarse de Malfoy-. Debo regresar con mis amigos, o se preguntarán dónde me he metido toda la tarde.

-Los míos preguntarán lo mismo por mí, y no me importa –respondió él con una sonrisa en los labios, y besando a Hermione en el cuello.

-Malfoy… -susurró ella, intentando resistirse-. Por favor…

Malfoy se retiró lentamente.

-No irás a decirme que no te gusta –dijo en tono serio.

Ella adoptó una expresión de enojo, y lo golpeó ligeramente en el hombro. El Slytherin se limitó a reírse, con lo que la Gryffindor se cruzó de brazos, y se negó a volverlo a abrazar.

-No tiene gracia –le dijo mientras evitaba mirarlo. Pero él no se dio por vencido, y mientras tomaba sus manos suavemente entre las suyas, preguntó:

-¿Volveremos a vernos mañana? –Hermione clavó sus castaños ojos en los azules de él. Malfoy sintió que se le aceleraba el corazón, mientras se perdía en los ojos de la Gryffindor, y contenía las ganas de volver a besarla locamente.

-No lo sé…

-¿Por favor? –acababa de adoptar un tono de voz lastimero, y sus ojos transmitían la sensación de que la castaña se encontraba mirando a un perrito abandonado. La muchacha se limitó a suspirar.

-De acuerdo, mañana en el aula habitual –fue su respuesta.

Antes de que Malfoy pudiera decir nada más, Hermione le dio un dulce beso de despedida en la mejilla, con lo que se apresuró a soltarse de los brazos del Slytherin, y salió del aula.

No acababa de cerrar la puerta, cuando una voz la sorprendió a sus espaldas.

-Ah, así que aquí estás –Hermione se volvió velozmente, asustada, y con el corazón desbocado.

-Lu… ¿Luna? –preguntó sintiéndose culpable. ¿La habría visto? ¿Habría podido ver a Malfoy dentro de la habitación? ¿Y cuánto tiempo se quedaría el Slytherin ahí, antes de decidirse a salir y exponerse?

Hermione estaba tan asustada que se había quedado pegada de espaldas a la puerta, sujetando firmemente el picaporte, aterrada ante la sola idea de que en cualquier segundo, éste girara, indicándole que Malfoy estaba planeando salir. Dispuesta a no quedarse a ver como aquello ocurría, sujetó a Luna del brazo, y la hizo empezar a caminar, para alejarse de aquella aula.

-¿Qué haces aquí? –preguntó aún con la voz temblorosa mientras terminaban de recorrer el pasillo, y se controlaba con todas sus fuerzas para evitar volverse a ver aquella puerta.

-Ginny llegó sola al Gran Comedor a la hora de la comida –fue la respuesta de la rubia, mientras avanzaban-. Me ha dicho que has salido volando de Defensa. Dijo que te encontrabas mal, que tenías ganas de vomitar.

-No es nada serio –se apuró a corregir Hermione.

-Bueno, eso no podemos saberlo. Los booglers comúnmente entran en tu nariz y te provocan un fuerte catarro, pero a veces algunos entran por la boca, y hacen que te sientas tan mal que te dan unas incontrolables ganas de vomitar. Es por eso que me decidí a buscarte, para prevenirte. Tengo una gurdiraíz que seguramente te ayudará a librarte de ellos.

-Estoy bien, muchas gracias por preocuparte por mí –se disculpó Hermione, mientras caminaban ahora sin rumbo fijo.

-Aunque debo admitir que si te metiese un boogler y tuviera que llevarte a la Enfermería, aquello sería perfecto para mí.

-¿A qué te refieres con eso?

-Perdón por ser egoísta –agregó la Ravenclaw, al tiempo que se detenía, y Hermione hacía lo mismo, mientras miraba a su amiga con una expresión de confusión. Luna se veía apenada-. Esta mañana no tuve tiempo de conversar contigo. Podría habérselo dicho a Ginevra, pero algo me decía que tú lo entenderías mejor.

-¿De qué…?

-Así que cuando Ginny dijo que la ayudáramos a buscarte, egoístamente pensé que si te encontraba yo, sería el momento perfecto para hablar a solas contigo.

-Sabes que puedes contarme lo que sea. Que te ayudaré en todo lo que pueda.

Luna le sonrió, al tiempo que sus mejillas se sonrojaban.

-Lo sé. Lo que no sé, es qué hacer en situaciones como esta –dijo la rubia en un susurro-. Él siempre ha sido tan amable conmigo. Además de que su alma es sincera y pura… Y yo no sé si esté a la altura. Si sea lo suficientemente buena para él.

-Luna, ¿acaso estás hablando de…?

-Nevile me ha dicho que le gusto –dijo con palabras atropelladas con lo que todo su rostro se pintó de un rojo tomate-. Me ha preguntado que si quiero ser su novia.

Hermione estaba tan contenta, que no pudo hacer otra cosa, más que abrazarla.


¡Bonito fin de semana a todxs!

Espero y este capi les haya gustado tanto como a mí me gustó re editarlo~ Hay una montaña rusa de emociones; la ansiedad y el miedo de Hermione, y como avanza a un chillido fangirl por que finalmente Draco le ha dicho que la quiere... y la ha llamado por su nombre *3* además del pequeño detalle que es la confesión de Neville y Luna. Honestamente ahora que lo estoy re editando, ese detalle me suena innecesario y muy mal elaborado. Originalmente se había puesto porque una lectora me lo había pedido, pero como no aportaba nada a la trama, lo veo aún ahora como relleno. Honestamente, no supe como mejorarlo, como hacerlo brillar... Supongo que porque al final todos sabemos que Luna termina con Rolf Scamander (¿Es esto un spoiler?), así que no le di mucha atención.

A final de cuentas no lo quise borrar porque... porque no sé. Supongo que es para que nuevamente no se pierda la idea de "lo que pudo ser". En fin, como siempre, espero sus comentarios sobre el capi, lo ocurrido con Draco y Hermione, y este detalle de Neville y Luna. Creo que esto si puede dar mucho a debate, y me gustaría escuchar sus opiniones X)

Si mal no recuerdo, he respondido ya a sus reviews, los cuales se los agradezco de todo corazón, sus líneas me hacen muy feliz. Saber que me leen y les gusta lo que escribo es más de lo que puedo pedir. Así que no me abandonen ahora que esto se va a poner bueno, y que ya estamos a la mitad del fic.

Les mando abrazos y besos. Dejo el comment aquí que está ya kilométrico, y espero verlos la siguiente semana, para leer lo que sigue con nuestros acomplejados tortolitos (lo que viene es un poco acaramelado, espero les guste~). Y sigan bellos :D!