Hola a todos y a todas, les agradezco por esos lindos reviews en el Chap anterior! Un abrazo enorme a Cerezo-chan Melancholy Sweet, Lizzy Daniel's, sslove y cicilina...abrazos enormes para ustedes lindas!

Respondiendo al review de sslove, no he tenido la oportunidad de leer sus fics, pero lo haré si me los recomiendas por supuesto.

Este capítulo está bastante subido de tono, espero que de alguna forma les agrade el lemon jajaja.

Quizás me pasé un poco o me faltó, espero opiniones xd por algo el rated M de la historia!

En el siguiente conoceremos un poco más sobre las familias de ambos castaños! Sin más las dejo leer tranquilas x)

Nos leemos pronto, abrazos!

Advertencias: Lemon, si eres menor de edad no leas! o bueno, bajo tu responsabilidad.

Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen al grupo CLAMP.


MIEL Y CHOCOLATE

Capítulo 4

**ACLARACIONES**

Shaoran

Sí alguien le hubiese dicho hace unos meses que esto estaría ocurriendo se le hubiera reído en la cara. ¿Cómo podría haber pasado por su mente que la pequeña ninfa que venía atormentándolo en sueños lo deseaba? ¿Cómo era eso posible?

Aquella tarde había hecho uso de todo su autocontrol y fuerza de voluntad y aun así había fracasado vergonzosamente. Sakura era mucho más de lo que él imaginaba, muchísimo más. No era la pequeña hija mimada del señor Kinomoto, claro que no...Ella distaba de ser eso, él sabía que dentro de ese cuerpo pequeño y frágil se escondía una espléndida alma bondadosa. Y él, se había atrevido a tocarla, a deshonrarla, a profanar aquella flor que sólo debía ser tocada por el que sería su futuro marido.

Entonces recordó su salida de hace unas noches, cuando en su agonía y frustración fue a buscar a la bodega del pueblo a sus dos mejores amigos, ambos eran los encargados de recepcionar, almacenar y gestionar las provisiones municipales de Tomoeda, el alcalde les tenía plena confianza y hasta el momento nunca lo habían decepcionado. Pero cuando ese par no estaba trabajando, eran dos tipos incomparables, con los que podías reír de todo, incluso si llorabas los malditos eran capaces de armar una fiesta sobre ti para animarte. Y él necesitaba eso, necesitaba que ese par lo haga olvidarse por al menos unos instantes de Sakura; ya conocía a Eriol, el mayor de los Hiraguizawa tenía una personalidad específicamente observadora, era serio cuando quería pero el sarcasmo sin duda era su mejor amigo. Era todo un partido y lo sabía, tenía a muchas de las muchachas del pueblo tras sus huesos pero su amigo tenía una absurda fijación por la doncella y mejor amiga de Sakura, la señorita Tomoyo Daidouji.

Muchas veces se la había tenido que quitar de encima cuando lo atosigaba con preguntas sobre su vida personal, sobre qué hacía, sobre dónde pasaba el tiempo libre y ya creía saber cómo es que Sakura se había enterado de sus visitas al burdel, la señorita Daidouji sí que era peligrosa. Su otro amigo Takashi Yamazaki, era un mentiroso sin remedio, pero confiable y muy risueño; él desde muy joven mantenía una relación con la hija del doctor del pueblo, la señorita Chiharu Mihara. Con ella tenía una mayor confianza...y cómo no tenerla si cuando llegó al pueblo hace ya casi cinco años, fue una de las primeras jóvenes con las que se acostó. Confesarle aquello a Yamazaki había sido un infierno. Pero en esas épocas ellos aún no eran novios, por eso logró perdonarlo. Se pelearon, se agarraron a golpes por supuesto pero finalmente con el tiempo volvieron a ser grandes amigos. Eso sí, Shaoran tenía prohibido posar los ojos sobre ella.

Si supieran que a éstas alturas no tenía cabeza ni ojos para nadie más que no fuese la pequeña ninfa, dueña de esos hermosos ojos esmeraldas que lo enloquecían, poseedora de ese cuerpo y esa sonrisa celestial. ¿Tanto le gustaba Sakura Kinomoto? ¿Tanto lo atraía? ¿Tanto al punto de que, después de haberla tocado a ella, no querer siquiera rozar otra piel?

Estaba jodido, de eso no había dudas...y ya podía oír a ese par haciéndole la vida imposible con sus bromas por esa razón...por haberse fijado justamente en ella, en la hija de su jefe.

Y recordó muy bien aquel rostro casi pétreo, esa mirada fría y burlona, ese porte y aquellas inmensas ganas de agarrarse a golpes con él.

Lo detestaba, odiaba al maldito de Yue Tsukishiro, cada vez que se paseaba por el pueblo con su hermano mayor y junto al arrogante de Touya Kinomoto, lanzándole miradas retadoras y burlonas, quería partirle esa blanca dentadura, para que nunca más piense que esas estúpidas sonrisas a él lo podían hacer sentir menos. Siempre era lo mismo cuando él junto a sus dos compañeros, se encontraban en algún bar donde habían muchas mujeres dispuestas a complacer a los hombres por unas cuantas horas, cuando el trío de caballeros de alta cuna ingresaba o se retiraba, todas las mujeres se volvían locas y les daba por seguirlos mientras se marchaban. Mientras el séquito se agrupaba para ir tras ellos como idiotas, Shaoran podía distinguir entre la multitud al hombre con el que Sakura iba a casarse. No le había hablado nunca, no en persona al menos, pero por las descripciones que las empleadas de la mansión hacían de él, supo de quién se trataba...y era un maldito hijo de puta.

Era joven sí, de la misma edad de Sakura probablemente, alto y vigoroso como un atleta griego; un muchacho perfecto de cabello gris platinado que centelleaba bajo los rayos de sol, de sonrisa irresistible de blancos dientes, piernas largas y manos finas y para terminar los ojos celestes y no de un celeste cualquiera, sino que sus ojos parecían translúcidos. Su ropa de caza era impecable, sus botas lustrosas y la vara de monta en su mano le daba un aspecto regio. Montado en su propio caballo, un robusto corcel negro de pezuñas gruesas, estirado con elegancia sobre una acolchada silla, parecía un maldito emperador y el futuro dueño de todo el jodido mundo.

Imaginar a Sakura con aquel hombre le provocó arcadas y recordó, que ese día tuvo que excusarse con sus amigos para ir a vomitar detrás de unos matorrales, lejos de las miradas de todos aquellos aristócratas que se hallaban a la salida del bar más viejo y conocido de Tomoeda. Mientras se estremecía de dolor, se repetía que se lo merecía por imbécil y por haber bebido más de lo que su cuerpo podía soportar. Para cuando su estómago dejó de convulsionarse, todos se habían marchado al bosque a buscar ciervos, perdices, jabalíes, zorros o lo que sea que hubiesen decidido ir a cazar.

Se sintió como una basura. Aquel niño bonito no iba a ser el dueño del mundo, iba a ser el dueño de Sakura. Sería dueño de sus risas y sus lágrimas, de sus ojos esmeraldas y de su boca, de su cuerpo y de sus orgasmos. De su placer y su dolor. De sus gemidos dulces y sus jadeos de éxtasis, de su suave piel y su más intensa intimidad, de sus muslos tibios y sus manos cálidas; de toda ella. Y ella lo aceptaría, porque para eso la habían entrenado toda su vida, para ser la esposa perfecta.

Sakura sería dichosa, feliz con aquel hombre tan guapo, joven y de buena posición, tendría unos hijos hermosos, sanos y robustos, el sueño de toda chica. Tendría vestidos nuevos, celebraría fiestas, saldría a montar con sus nuevas amigas, viviría en casa de aquel hombre y, de vez en cuando, visitaría a sus padres y Shaoran tendría la oportunidad de verla a lo lejos...porque después de que él le diga lo que realmente estaba haciendo ahí, la maldita razón por la que se vio obligado a mudarse a Tomoeda. Ella no querría volver a verlo, nunca más. Y al final de su vida, la preciosa muchacha de cabellos de miel no recordaría haber sido tocada por Shaoran en una tarde de desenfrenada pasión junto al claro, mientras que él estaría condenado a recordarla y anhelarla todas las noches.

Sakura sería una mujer feliz y él un desgraciado imbécil...pero se convencía a sí mismo de que se lo merecía, se merecía todo lo que le estaba pasando.

Pero, si ella estaba tan contenta por aquel matrimonio, ¿Por qué le había pedido que la tocara y la besara esa tarde? ¿Por qué lo había acogido en su boca, desnuda y expuesta sobre la manta de cuadros? ¿Por qué le había suplicado besos y caricias a él y no a su futuro esposo? ¿Por qué lo había reclamado como suyo? ¿Por qué no le había dicho sobre ese día de caza?, porque ya se había enterado de que ese mismo día mientras ellos retozaban cerca del claro, su prometido y toda su familia se hallaban en el bosque cazando zorros y ella se había negado a ir.

Necesitaba preguntárselo, conocer esas respuestas quizá pudiera permitirle dormir por las noches. Las señales que ella lanzaba parecían muy claras, pero él no estaba seguro de haberlas comprendido correctamente.

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Sakura

Regresó al presente, se acercó a Shaoran y le puso las manos en el pecho. Sintió los latidos de su corazón en los dedos y se le erizó la piel de emoción. Él estaba nervioso, eso significaba que estaba tan afectado como ella. Llevaba el cabello revuelto como siempre, con los mechones chocolate cayéndole por el rostro. Lo miró a los ojos, de un color ámbar tan claro e hipnotizante; para ella, Shaoran poseía los ojos más bellos y profundos que había podido ver jamás, con las pupilas dilatadas por el deseo; y luego miró sus labios gruesos y masculinos y quiso besarlos, probar su lengua.

—Aquel día hiciste algo muy importante para mí, Shaoran —confesó desde el corazón— Así que hoy quiero hacer algo importante para ti.

—Esto no está bien —murmuró él. Ella dejó escapar una suave risa.

—No está bien si lo seguimos reprimiendo.

Se inclinó sobre su torso y depositó un beso sobre su pecho, en la abertura de su camisa. Lo sintió estremecer y escuchó como su respiración se volvía pesada y supo que después de ésta noche, él sería suyo como ella había sido suya aquel día. Shaoran tenía la piel dura como sus manos, caliente y firme, su pecho era duro, contrario a cómo imaginó era lampiño y se veía irresistible, ¿Cómo es que Shaoran Li, siendo tan hermoso como era seguía soltero?. Dio un nuevo beso, seguido de otro y subió por su esternón hasta llegar a su atractivo cuello. Olía a sudor y a hombre de campo, hundió la nariz en la dura curva que unía el cuello con el hombro y lamió el sabor salado de su piel como un animalillo sediento, con pasadas lentas. Luego le mordisqueó la oreja, regocijándose en los temblores que aquellos gestos tan simples causaban en su hombre y sintió que la emoción se le desbordaba del pecho cuando finalmente Shaoran comenzó a desabrochar los lazos de su vestido.

—Esto no está bien, Sakura —insistió él, deslizando la prenda por sus hombros, deshaciendo los nudos de su espalda uno por uno. Sakura retrocedió un paso, con el escote del vestido colgando de sus pechos y se cubrió el cuerpo con las manos.

—Esto es para ti. No para mí —le recordó. Shaoran tragó saliva y le clavó aquella mirada tan desgarradora que se sintió estremecer, excitándola en partes iguales. Se mordió el labio para controlar la ansiedad y agarró a Shaoran de la camisa, quitándosela por la cabeza para descubrir su cuerpo.

Su pecho estaba esculpido de músculos y algunas cicatrices. No era exageradamente robusto pero sí se veía fuerte, su musculatura no era exagerada pero si era óptima, se le veía tan firme, que tuvo la certeza de que podría partir una nuez si la hacía chocar contra su pecho. Sintió el hormigueo de pequeñas gotas de humedad bajándole entre las piernas al contemplar aquel cuerpo tan magnífico, la belleza de unos músculos tensos sobre la piel morena, huesos prominentes y tendones estirados. Bajó la vista por su abdomen y se le secó la boca al fijarse por vez primera en la prominencia que abultaba sus pantalones.

En esta ocasión, había elaborado un plan y pensaba ejecutarlo paso por paso. Se aproximó al dueño de sus deseos y se asfixió con el calor, el olor a excitación le nubló los sentidos y la dejó sin fuerzas. Cerró los ojos y hundió la cara en el cuello de Shaoran mientras controlaba el temblor de sus manos. Le acarició el fuerte pecho, explorando y palpando, deslizándose hacia abajo poco a poco; el camino hasta sus pantalones fue largo, muy largo, porque su torso no terminaba nunca y ella estaba tan acalorada que no podía pensar. Cuando alcanzó sus pantalones, tragó saliva y, muerta de vergüenza, colocó la palma de la mano encima de su erección. El ronco gemido que escuchó sobre su cabeza le cortó la respiración, Shaoran era casi tan alto como su hermano. Tal y como estaba, con la mano libre dio pequeños tirones a su propio vestido hasta que sintió que se le deslizaba por las caderas. Ya desnuda, se fundió piel con piel al cuerpo de Shaoran, presionando sus pechos al duro torso masculino.

Él le puso las manos en los hombros, unas manos grandes, calientes y un poco ásperas. Sakura estaba a punto de desmayarse por la ansiedad, la sensualidad de aquel abrazo era muy diferente a la que había experimentado en el claro. Sobre la mantita de cuadros simplemente había sido víctima de una lujuria posesiva, un desmedido acto de desenfrenada lubricidad. Él había usado sus manos y su lengua para proporcionarle un placer que no era de este mundo.

Cuando recuperó la capacidad de pensar, saboreó la piel salada de Shaoran. Deslizó la nariz por los músculos de su pecho, lamiendo y besando cada centímetro de su cuerpo, descendiendo. Tanteó la dureza de su abdomen y, finalmente, su boca alcanzó a la mano que tenía en sus pantalones. Se arrodilló sobre el vestido, acomodándose frente a Shaoran. Él le metió la mano en el pelo y le enredó los dedos entre los mechones, acariciándole suavemente la cabeza mientras cerraba los ojos. Sakura se armó de valor. Despacio para no perder la calma movió la mano de arriba abajo, acariciándolo por encima de la tela para ofrecerle un breve adelanto para lo que pretendía hacer. De todos modos, dada su postura, Shaoran debía saber perfectamente lo que iba a suceder; pero Sakura no tenía ni idea de lo que ocurriría ni si sería capaz de hacerlo. Le bajó los pantalones antes de que fuese demasiado tarde y perdiese todo el valor y se quedó sin respiración.

Observó con los ojos como platos, sorprendida y asombrada a partes iguales, nunca había visto nada igual. Lo sentía caliente y vibrante en las manos cuando lo acunó entre ellas y al besarlo comprobó que le gustaba su sabor. Olvidó a Shaoran, olvidó que lo que tenía entre las manos era el miembro de Shaoran y se lanzó. Iba a complacerle con la misma voluptuosidad que él la había complacido a ella.

Acarició sin vergüenza cada centímetro de músculo, con dedos primero y después con legua, humedeciéndolo con su saliva. Dio suaves mordiscos, pequeños besos, pausadas succiones y finalmente, lo acogió en su boca. Nunca, ni en sus fantasías más vergonzosas, había pensado hacer algo como lo que estaba haciendo, pero Shaoran había metido la cabeza entre sus piernas, acariciado su intimidad con la nariz y metido la lengua en lugares escandalosos, así que ella lo devoró con pasión, intentando no solo estar a la altura de las circunstancias sino también hacerle tocar el cielo como había hecho él.

Se apartó con renuencia cuando él la empujó. Sakura se limpió los labios con el dorso de la muñeca, relamiéndose satisfecha. Shaoran acunó su rostro entre las grandes manos y se inclinó sobre ella, apoyándose sobre su frente. Tenía la respiración entrecortada.

—Sakura… —susurró con la voz ronca.

—Me encanta como suena mi nombre en tu boca —le dijo ella. Era verdad. Se excitaba sólo con escucharlo. Ahora lo estaba.

—Lo que has hecho…

Su frase le aceleró el pulso, no pudo evitar que un ramalazo de terror se arremolinara en su vientre. Antes incluso de terminar de escuchar a Shaoran, su mente se zambulló en una orgía de dolorosa inseguridad. ¿Había hecho algo mal? ¿Lo que había hecho estaba mal? ¿No había estado a la altura? ¿No había sido de su agrado? Pensó que si él la comparaba con una de sus mujeres, se le rompería el corazón. O si le decía que no le había gustado. O si le decía que había sido demasiado atrevida…

—No lo he hecho nunca —interrumpió presa de la ansiedad— Era para ti Shaoran, sólo para ti. He hecho lo que tú hiciste…

Shaoran detuvo su torrente de palabras cubriéndole la boca con los labios. Sakura se derritió de inmediato, su excitación remontó el vuelo y se estremeció de pies a cabeza. La boca de Shaoran era tal y como la recordaba, tal y como la sintió sobre su piel sensible la primera vez que depositó un beso en su cuerpo desnudo. Igual que la otra vez, Shaoran la agarró con un puño de la cabellera y le tiró la cabeza hacia atrás, penetrando su boca con tanta vehemencia que apenas tuvo tiempo de coger aire para respirar.

Durante su escarceo en el claro, Shaoran nunca llegó a besarle los labios, pero ahora lo estaba haciendo y sintió en sus propias carnes la descripción de sus palabras: él no besaba, poseía. Sakura no pudo hacer nada, no podía luchar contra aquella boca que absorbía su alma apasionadamente. Su lengua, esa lengua rugosa pero exquisita que ella había sentido entre los muslos, la lengua que había acariciado su intimidad con firmeza y precisión, ahora rozaba cada parte de su ser. Se dio cuenta de que ésta era la primera vez que besaba a un hombre, que besaba de verdad a un hombre y quiso compartir la experiencia con él. Pero Shaoran le mordió con cuidado los labios y la lengua, tomándolo todo de ella, poco a poco fue exigiéndole más y más cada vez y Sakura se retorció debajo de él tratando de complacerlo al mismo tiempo que luchaba contra su propia excitación.

No era fácil besarlo, respirar y mitigar la devastadora potencia que tenían sus labios.

La postura no la ayudaba, seguía de rodillas, con las piernas separadas, los volantes del vestido le rozaban la entrepierna y el cosquilleo se le transmitía al vientre, dónde el deseo rugía cada vez con más fuerza y su humedad crecía como la marea durante una luna llena. Pensó en las sensaciones que tendría si alguna vez, en lugar de tener a Shaoran metido en su boca, lo tuviera metido entre las piernas y tal pensamiento la hizo estallar. El placer que sentía era tan fuerte que le resultó insoportable y se aferró a los brazos de Shaoran cuando comenzó a convulsionarse. Sólo entonces, él se separó de su boca y Sakura recuperó la capacidad de respirar, sintiendo que un orgasmo estaba a punto de explotar en su interior.

—Mírame Sakura —exigió Shaoran, tirándole del cabello suavemente ésta vez. Su voz la excitó más de lo que ya estaba, le puso la piel de gallina y le calentó, aún más, la sangre en las venas; ésta vez no existía dolor, sino un indescriptible placer que se disparó por su espalda y estalló entre sus piernas. Lo miró, gritándole con los ojos lo mucho que le gustaba, lo emocionada que estaba, lo orgullosa que se sentía de él y el gozo que la recorría— La próxima vez que hagas una cosa así, mantén los ojos abiertos y mírame mientras lo haces — Le dijo mientras le acariciaba con una mano el rostro y con la otra aún la sostenía del cabello.

El corazón le dio tal brinco que sintió que se desmayaba. Asintió, incapaz de hablar, incapaz de expresar lo que sentía, con la mente obnubilada por la alegría. Shaoran alargó una de sus manos y le cubrió un pecho, pellizcando la sensible punta con esa fuerza suya y Sakura no pudo reprimir un gemido, tan suave que a Shaoran eso le causó aún más excitación. Cuando apretó con más fuerza, el placer fue tan perfecto que sintió que se le formaba una lágrima, pero no llegó a rodar por su mejilla. Apretó los dientes y aguantó, maravillándose y asombrándose de que tal sensación se transformase en más y más humedad entre sus muslos.

—Esto era para ti, Shaoran. No es necesario que me acaricies… —susurró, no porque no deseara sus caricias, sino porque ella había decidido complacerlo a él y ahora era Shaoran quién buscaba complacerla a ella.

—Tocarte y besarte me satisface tanto como estar dentro de tu boca Sakura.

Se dio cuenta de que siempre que le hablaba serio o directamente utilizaba su nombre y eso le encantó. Ella tragó saliva y clavó los dedos en los antebrazos de Shaoran, un medio para descargar parte de la tensión que no dejaba de acumularse en su cuerpo. Se sentía rebosante de placer, a punto de desbordarse, el cuerpo repleto de un éxtasis inimaginable. Él estaba tenso, los músculos hinchados, el cuerpo exudando calor. Sus ojos, siempre duros, la miraban con tanta hambre que parecía a punto de devorarla.

«Ojalá lo hagas» pensó. «Ojalá me devores y no dejes nada de mí, mi querido Shaoran».

—Entonces, tócame y bésame tanto como quieras… —susurró.

Casi no podía hablar, ni siquiera supo si él la había escuchado porque no podía oírse ni a sí misma por la violencia con la que su corazón le latía en la cabeza. Shaoran emitió un gruñido y de pronto, la obligó a ponerse en pie, la hizo girar y la tumbó sobre el altar. Sakura ahogó un grito al notar el frío de la piedra sobre los pechos y el vientre, la conmoción la dejó aturdida durante unos segundos. Intentó resistirse, por puro instinto de supervivencia, pero Shaoran la calmó dándole un suave beso en el nacimiento de la espalda, aquello fue como un recordatorio de que él no le haría daño, no a ella. Sintió uno de sus fuertes muslos meterse entre sus rodillas para separarle las piernas y el pulso se le disparó. Empezó a jadear, fue incapaz de pensar nada, sólo de sentir como todo su cuerpo quedaba a expensas de Shaoran.

De ese Shaoran al que había conocido hace años atrás, de ese muchacho apuesto que llegó un día desde China y al que su padre le pidió quedarse a entrenar sus caballos ya que en su país natal había sido un excelente jinete y entrenador a pesar de su corta edad. Pero por alguna razón personal y que nunca quiso preguntarle él había dejado todo eso atrás y había llegado a Tomoeda. Y eso la hacía feliz, se sintió egoísta pero no podía ocultarlo, que Shaoran se haya quedado allí la hacía feliz.

Le costaba respirar, su propio peso encima de la piedra sumada a la fuerza que Shaoran ejercía sobre ella no le dejaba espacio suficiente para expandir los pulmones.

—Oh, Shaoran… —gimió sorprendida, sobrecogida por la intensidad con la que sintió los dedos masculinos invadiéndola. Se hundieron en ella profundamente, primero uno, luego otro.

Lanzó un grito de asombro, pero no tuvo tiempo de asimilar nada, porque las caricias se sucedieron una tras otra. Sintió que se ahogaba, que el placer que le proporcionaba Shaoran la asfixiaba y las lágrimas brotaron cuando un devastador orgasmo la recorrió de pies a cabeza. Se convulsionó como si un rayo la hubiese alcanzado, todos los músculos de su cuerpo se tensaron al mismo tiempo, haciéndola más consciente de los dedos que la acariciaban por dentro.

Pero Shaoran no refrenó las caricias, las intensificó. Su orgasmo se prolongó hasta el infinito y sus gritos de placer fueron como desgarradores gritos de súplica. Shaoran no tuvo piedad, como no la tuvo aquella vez, y la obligó a seguir temblando, la obligó a seguir estremeciéndose y ni sus sollozos lo detuvieron. Él le dijo la primera vez que si suplicaba, pararía, y ella no quería que lo hiciera. Sentía el fuego ardiendo en las entrañas, rugiendo tan furiosamente que temió que su cuerpo hiciese algo que ella no pudiese controlar, pero el placer burbujeaba dentro de ella, como agua a punto de ebullición y, finalmente, explotó en un imparable orgasmo. Se retorció, chilló y se derrumbó sin fuerzas, llorando sin entender muy bien porqué lo hacía.

Shaoran había sido cruel ésta vez. Sintió que había sido injusto, que se había pasado de la raya. ¿Aún quería asustarla? ¿Hacerla desistir? Se sentía exhausta y avergonzada, pero también dichosa y relajada, orgullosa de haber complacido a Shaoran. Los dedos dentro de ella sólo se movieron una vez más para salir. La caricia la hizo estremecer de nuevo y quiso pedirle que volviera a hacerlo, pero no lo hizo. Apoyó la mejilla sobre la piedra y cerró los ojos, agotada por el esfuerzo.

— Me gusta cuando te estremeces así, Sakura — dijo entonces Shaoran, con la voz ronca y grave — Estás excitada como una yegua en celo, tienes los muslos brillantes y húmedos hasta las rodillas, te ves tan hermosa así, deseosa de más…En definitiva, me complace ver cómo te estremeces.

Ella no pudo contestar, todavía estaba recuperándose, así que movió la cabeza afirmativamente para señalar que lo había oído. Sus palabras eran bruscas y directas, pero en lugar de sentirse escandalizada, sentía que el deseo volvía a latir desde sus entrañas. Shaoran hablaba poco, pero no hablaba en vano, si decía que le gustaba verla así, es que le gustaba de verdad. La mano que había usado para satisfacerla se paseó por sus nalgas, dejando un pequeño rastro de humedad que se enfrió enseguida sobre su piel erizada y cuando la mano subió por la base de su espalda, se le escapó un gemido y se puso tensa.

— ¿Por qué? —preguntó él sobre su piel.

— Porque te deseo, Shaoran.

— ¿Cómo puedes desearme? ¿Cómo diablos puede gustarte esto? — quiso saber.

Sakura se humedeció los labios para poder responderle.

— Me gusta todo lo que tú me haces. Haces que me sienta…especial. Me gustas, Shaoran — indicó en un susurro — Me gusta que al mirarme te vuelvas loco, me gusta que me desnudes con los ojos, me gusta que sólo puedas pensar en mi cuando estás con otras...me gusta todo de ti Shaoran Li...estoy enamorada de ti.

Era así de simple. Ella lo deseaba y él la deseaba a ella, pero había algo más que deseo...ella lo quería y eso lo hacía sentir miserable. Frustrado, le besó el vientre, pequeños mordiscos alrededor de su ombligo y escuchó que ella respiraba con dificultad. ¿Qué debía hacer? ¿Debería decirle la verdad? No, no podía. Lo único que podía hacer era disfrutar lo que ese hermoso demonio de ojos esmeraldas le estaba dando, cuando ella sepa todo lo demás. Lo aborrecería, pero por ahora se permitiría ser amado por ella, ser acunado en sus brazos, se permitiría quererla hasta que llegue el momento de dejarla ir.

— ¿Me quieres sólo para ti?

—Te lo dije. Eres mío. Debes ser mi hombre. Y yo quiero ser tu hembra. Debo ser tu hembra. Tómame, Shaoran — susurró de pronto como un demonio lujurioso, como un ángel pecaminoso, con una voz tan dulce como la mie l— Lo quiero. Lo necesito. Y tú también lo necesitas, también lo quieres.

«Irresistible, así es como ella se presentaba ante él»

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