Capítulo 15

Conversación y compromiso


Ginny le había preguntado que si quería ir a dar una vuelta por el pueblo. La menor de los Weasley, Ron y George cruzarían Ottery St. Catchpole hasta llegar a la casa de los Lovegood, donde esperaban pasar gran parte de la tarde jugando a una guerra de bolas de nieve en compañía de Luna.

Hermione se negó ante tal invitación, diciendo que no sería una guerra justa con cinco personas. También declinó el ofrecimiento de Bill, Charlie y el señor Weasley cuando la invitaron a supervisar la decoración del comedor, donde aquella noche se llevaría a cabo la cena de Navidad. Y ni hablar de cómo fingió morirse de frío y tener una ligera gripe, cuando la señora Weasley y Fleur le pidieron su ayuda para preparar todos aquellos platillos necesarios para alimentar a la numerosa familia e invitados que cenarían aquella noche en la Madriguera.

Así que aún en su papel de enferma, la castaña se envolvió en una cálida manta, y se quedó encerrada en la habitación que compartía con Ginny y Fleur (apenas acompañada por Crookshanks quien se encontraba hecho un ovillo a sus pies), sentada en el alfeizar de la ventana, con la nariz pegada al cristal, mientras su mirada se perdía en el paisaje nevado que brillaba allá afuera. Mientras miraba a Ginny, Ron y George alejarse en dirección al pueblo, no pudo evitar fruncir el entrecejo.

Las vacaciones de invierno estaban ya llegando a su fin. Faltaba apenas una semana antes de que ella y Ginny regresasen a Hogwarts, y durante aquellas tres semanas que había pasado en la Madriguera en compañía de Harry y Ron, Draco Malfoy apenas y le había escrito una sola vez.

Así que haciendo un esfuerzo sobrehumano para dejar de mirar por la ventana (albergaba la esperanza de que la lechuza águila del rubio apareciese en el horizonte con una nueva carta en el pico), volvió a fijar su vista en aquel pergamino que había llegado a la Madriguera, por esa misma ventana, hacía apenas dos días.

La carta de Draco era corta, y no informaba de muchas cosas. Hablaba más que nada de aquella cena que se llevaría a cabo esa noche en la Mansión Malfoy, a la cual parecía ser que acudirían exclusivamente magos y brujas famosos, así como familias de sangre limpia. Un poco molesta, y deprimida por no encontrar allí un mensaje romántico que le dijese que el Slytherin la extrañaba, tanto como ella a él, la Gryffindor volvió una vez más a mirar por la ventana.

Eso, hasta que un golpeteo en la puerta la hizo girarse. Apurándose a esconder aquella carta incriminatoria (sentándose arriba de ella), la castaña musitó un leve:

-Adelante.

La puerta se abrió al instante, aunque lentamente, y por allí, sujetando dos tazas de chocolate caliente, apareció Harry. El muchacho de ojos verdes se tomó su tiempo para volver a cerrar la puerta, y sentarse a los pies de su mejor amiga, junto al gato que ronroneaba plácidamente, mientras le ofrecía una de las tazas y ella la tomaba al tiempo que susurraba "gracias".

-Pensé que irías con Ginny al pueblo –fue lo primero que dijo la castaña, después de dar un sorbo a su chocolate.

-Hubiese ido si tú nos hubieras acompañado.

-Estoy un poco enferma, no sería correcto salir con el clima así –respondió Hermione, apurándose a tallarse la nariz para enrojecerla, y dar aquel efecto de gripe.

-¿Y por qué no ayudar a la señora Weasley y Fleur? El calor de la cocina seguramente te quitará el resfriado en un dos por tres. Además, necesitan de toda la ayuda posible…

-¿Irías a ayudar tú?

Ambos muchachos se miraron en silencio, y sin poderse contener, rieron al unísono. En definitiva, habría que estar loco para intervenir en aquella guerra entre la señora Weasley y Fleur, que seguramente se estaba llevando a cabo en aquel momento, en la cocina.

-Entonces –insistió Harry, cuando finalmente pararon de reír, y ambos bebieron de sus tazas-. ¿Qué tal han ido las cosas en Hogwarts? Espero y no nos hayas extrañado mucho a mí o a Ron…

Hermione emitió ahora una risita que sonaba melancólica. Harry la miró de reojo, sin decir nada.

-Han pasado ya tres meses y los extraño demasiado –fue la respuesta de la Gryffindor-. En definitiva, las cosas serían muy diferentes si ustedes estuviesen allí conmigo y Ginny.

-Hablando de Ginny, me comentó que durante este trimestre los profesores habían estado insistiendo demasiado con la unidad de las casas.

Hermione asintió mientras bebía más chocolate.

-Tareas, reportes e investigaciones en equipo, en todas las clases –dijo finalmente la castaña-. Los profesores están más que empeñados en hacer parecer que la Batalla de Hogwarts nunca existió, y las cuatro casas están unidas… En especial con los Slytherin.

-Sí, Ginny habló de ello… ha tenido que hacer equipo en Estudios Muggles y Defensa Contra las Artes Oscuras, con un tal Zack Rozailer.

-Ginny me ha dicho que con Rozailer no ha tenido ningún problema. El muchacho es respetuoso y debido al miedo de meterse en problemas, los Slytherins están controlando su arrogancia y supremacía de sangre.

-Ya… Ginny también me ha dicho que a ti te ha tocado hacer equipo con Malfoy.

Se atragantó con el chocolate caliente, y después de toser un par de veces, miró a Harry directamente a los ojos. Hermione sabía que no tenía caso mentir. Asintió conteniendo la respiración.

-¿Y? Espero y no te haya estado molestando. Ya te había dicho que si te llegaba a hacer algo, no dudaras en decirme…

-Malfoy sigue siendo un idiota arrogante –se apuró a responder la castaña-. Pero igualmente sigue siendo un cobarde muy astuto. Meterse en problemas ahora que su familia tiene una reputación pendiendo de un hilo, no le conviene en lo más mínimo. En especial cuando puedo quitarle puntos a su casa con tanta facilidad. Por ello, aunque te parezca difícil de creer, se ha controlado muy bien durante estos tres meses.

-A decir verdad, me lo creo con facilidad –fue la respuesta de Harry, que provocó que su mejor amiga lo mirase, sorprendida-. Es decir, cuando nos lo topamos en Hogsmeade durante Halloween no dijo nada, y también cuando nos volvimos a ver en el andén 9 y ¾…

Dejó el comentario en el aire, y bebió de su taza de chocolate.

-Ginny me dijo que a pesar de tener que pasar tanto tiempo con él, no convirtiera esto en algo personal –musitó Hermione, nerviosa, preguntándose era correcto decir aquello-. Pero de una forma u otra, con él es imposible. Hay mucho pasado, lágrimas, dolor y sufrimiento involucrado con él. Y aun así… Es como si ahora fuese una persona diferente. No sé si sea por la presión de sobrevivir este año a Hogwarts, o porque de verdad las cosas hayan cambiado para él. Harry, ¿crees que…? ¿Crees que Malfoy haya cambiado de verdad?

-¿Acaso tú lo notas cambiado?

La castaña miró al pelinegro directamente a los ojos. Con Harry había momentos en que se entendía sin necesidad de usar palabras. Su amistad era pura y sincera; había durado por tantos años, y había superado pruebas difíciles. Pero aun así… Una parte de Hermione no pudo evitar preguntarse si su amistad podría superar aquel secreto que ella ocultaba. Otra parte se preguntó si sería lo correcto el contarlo.

Asintió lentamente, provocando que Harry suspirase cansado.

-Mira… Honestamente, creo que hay heridas que nunca se borran –y sin poderlo evitar, el muchacho se apuntó a la cicatriz que llevaba en la frente, provocando que la castaña riese por lo bajo, aligerando un poco la tensión que se le acumulaba en el cuerpo-. Como tú lo has dicho, entre Malfoy y nosotros hay mucha historia; bastante odio y daño… Cosas así no se olvidan. La herida se cierra y sana, pero quieras o no sigue allí marcada en la piel, recordándonos lo que pasó. Lo que quiero decir es que con el paso del tiempo la gente madura. Quizá nunca me haga mejor amigo de Draco Malfoy, y quizá el me odie más ahora que hemos ayudado a sus padres a librarse de cadena perpetua en Azkaban… Pero en verdad espero que la próxima vez que nos topemos cara a cara, nos estrechemos las manos al tiempo que digamos "Potter, Malfoy". ¿Me entiendes?

Hermione no pudo evitar sonreír. Sintió como los ojos se le llenaban de lágrimas debido a la felicidad que había comenzado a llenar su pecho, y por un instante estuvo tentada a abalanzarse sobre su mejor amigo, para abrazarlo fuertemente... Pero se contuvo cuando una nueva pregunta se formó en su cabeza, y salió por sus labios:

-¿Crees que Ron lo vea igual?

Durante un par de segundos, se creó un silencio total. Hermione contenía la respiración, esperando que Harry (quien parecía pensar en lo que diría) respondiese a su pregunta.

-Sabes que con Ron es diferente. No debería decir esto, pero…

-Es más infantil –intervino Hermione, con lo que Harry asintió, muy a su pesar.

-Si queremos que esos dos se toleren, podemos esperar sentados. Creo que la única manera en que Ron finalmente lo deje pasar, es si primero lo muele a palos. ¿Sabes lo que digo? Ron necesita ganarle a Malfoy para poder estar en paz con él.

Hermione asintió, y ambos muchachos volvieron a beber de sus tazas. Eso, hasta que con voz nerviosa, Harry dijo:

-Hablando de Ron… Si mal no recuerdo, hace medio año estabas perdidamente enamorada de él. A pesar de que hace dos te rompió el corazón.

-Tres meses son más que suficiente para que los sentimientos de la gente cambien –respondió ella, al tiempo que su semblante se ensombrecía.

-¿A pesar de que existieron desde hace muchos años? –insistió el muchacho. Hermione asintió sin dudarlo.

-La gente no decide de quién se enamora, Harry. Simplemente pasa. Como tú y Ginny. Bill y Fleur. Neville y Luna.

-¿Por qué presiento que en esa lista no viene un "Hermione y Ron"? Pensé que era lo que más querías. Intenté ayudarte, darle un empujón a Ron, y ahora que él está dispuesto, tú cambias de opinión, y…

-Te agradezco el que quisieras ayudarme, Harry –lo calmó la castaña, mientras le sonreía tiernamente-. Pero me temo que fue demasiado tarde. No lo niego, amé a Ron, y aún ahora lo quiero mucho, pero… Pero ahora quiero a alguien más de lo que en su momento lo quise a él.

-¿A alguien? –repitió Harry, visiblemente confundido.

-No me preguntes quién, por favor –se apuró a defenderse la castaña.

-¿Por qué?

-Es un secreto.

-¿Lo sabe Ginny?

-No lo sabe nadie.

-Entonces…

-Harry, por favor. No insistas –susurró la castaña, con tono firme, poniendo todo su empeño en no dejar que sus ojos se pusiesen llorosos-. Déjame atesorarlo como mi único secreto, ¿de acuerdo?

-De acuerdo –respondió el pelinegro, sujetando su ahora vacía taza de chocolate. No pudo evitar fruncir el entrecejo, intrigado por aquel comportamiento de su mejor amiga. Después de todo, entre ellos dos nunca había habido secretos. ¿Quién sería esa persona que había robado el corazón de Hermione? ¿Y qué motivos existirían para tener que permanecer escondido?

-Creo que ya me siento mejor –musitó la castaña, apurándose a cambiar el tema, e igualmente sujetando su taza vacía-. Creo que tu chocolate me ha sentado de maravilla.

-¿Bajamos a ayudar entonces? Tenemos poco tiempo antes de que sea la hora.

La castaña asintió, y un poco más alegre debido a la conversación que acababa de efectuarse, tomó la mano de Harry, cuando éste se ofreció a ayudarla a levantarse. Y tras dejar aquella cobija en el alfeizar de la ventana, los dos muchachos salieron de la habitación de Ginny, con dirección a la cocina.

Ninguno se dio cuenta cómo aquel pedazo de pergamino resbalaba por el piso, y caía a los pies de una de las camas. Ni como Crookshanks, con paso lento y pesado, bajaba del alfeizar y se acostaba sobre él, cubriéndolo por completo.


La vista por aquel ventanal de la segunda planta, en la Mansión Malfoy, mostraba los amplios jardines, iluminados con infinidad de luciérnagas mágicas que volaban por el aire, y hacían resplandecer aquellas plantas fantásticas y animales provenientes de lejanas regiones. Mientras Draco se arreglaba el cuello de su túnica de gala (verde oscuro con un intrincado patrón negro de espirales) no podía dejar de ver dichos jardines, y a la serie de carrozas que los cruzaban en ese instante, deteniéndose todas delante de la entrada principal de la Mansión.

Faltaba poco para que la cena de Navidad diese comienzo.

Aquel evento era tradición entre los Malfoy, y sus selectos invitados. Se había llevado a cabo durante generaciones, estrechando los lazos entre las familias de sangre pura, y aquellas con el suficiente dinero y contactos para poder ser considerados importantes y por tanto, dignos de invitación. Gracias a aquellas cenas, los Malfoy habían concretado negocios millonarios, e inclusive habían ayudado a que Draco fuese lo suficientemente reconocido para (al momento de llegar a Hogwarts en su onceavo cumpleaños) ser ya una celebridad entre los Slytherins, y los demás miembros pertenecientes a los Sagrados Veintiocho.

Sin embargo, mientras el joven de cabellera rubia platinada finalmente baja al recibidor, y comenzaba con la tradición de conversar y atender a sus invitados (saludó inclusive a varios compañeros de Hogwarts, pertenecientes a las casas de Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw), Draco podía sentir que en aquella ocasión, las relaciones se sentían diferentes.

Si bien aquel año de la lista se habían omitido nombres como Avery, Lestrange, Nott y Rosier (los Malfoy habían intentado ocultar cualquier rastro que delatase se habían reconocido como seguidores del Señor Tenebroso), el resto de los invitados parecía creer que aún había un grupo en aquella reunión, que no debía haber asistido:

Los propios Malfoy.

Después de todo, ellos mismos habían apoyado abiertamente a Lord Voldemort. No importase que no hubieran peleado en la Batalla de Hogwarts; sus familiares (los Lestrange y los Rosier) y sus amistades más cercanas (los Yaxley y los Carrow) sí se habían visto involucrados, y los pocos que no habían muerto en aquel último enfrentamiento, se encontraban ahora presos en Azkaban, bajo cadena perpetua.

Todos menos los Malfoy, quienes habían sido defendidos por el mismísimo Harry Potter, el niño de vivió. ¿De qué privilegios contaban los Malfoy para haberse librado de aquel giro en sus vidas? Acostumbrados a realizar pagos por debajo del agua, sucios trucos, y alianzas cuestionables, era lógico que todos los presentes aquella noche, se preguntaban qué habían hecho para estar en el lado correcto de Harry Potter, y continuar sus vidas como si nada hubiese ocurrido. ¿O acaso sería posible que, por primera vez en sus vidas, los Malfoy hubieran tomado las decisiones correctas, y aquello solo lo supiera únicamente el niño que sobrevivió?

Sin embargo, nadie tenía el valor de exteriorizar aquellas dudas. Los demás miembros de los Sagrados Veintiocho conversaban animadamente, intentando ignorar aquel tema de conversación, e intentaban mejor invertir aquella velada, en aprovechar la oportunidad anual de concretar nuevos negocios y alianzas familiares. Actuando con toda la naturalidad que les era posible, los invitados comían los exquisitos aperitivos y bebían de aquellas elegantes copas, aunque les era imposible el continuar con aquella pretensión apenas Lucius, Narcissa o Draco intentaban acercarse a alguno de los tantos círculos a conversar. Y así, la plática moría lentamente, solo para revivir cuando los Malfoy se hubiesen movido para atender a otro grupo.

A Draco, aquello le sentaba indiferente. Era cierto que lo incomodaba (después de todo sentía que no estaba siendo respetado), pero también, estaba agradecido por no tener que fingir que estaba encantado de atender aquella cena, cuando la gran mayoría de los invitados, eran personas que le tenían sin cuidado. Qué más daba que los Abbott, los Ollivander, los Greengrass y hasta los Selwyn estuviesen presentes; para el heredero de la fortuna Malfoy, aquellas conexiones y relaciones le eran ahora intrascendentes.

Sin embargo, para Lucius y Narcissa Malfoy, aquella cena seguía siendo un evento importante; en especial en aquellos tiempos que corrían. Después de todo, debían de apurarse a recuperar su status, conservar sus conexiones, y más que nada, mantener sus negocios intactos. Era por ello que, sabiendo lo que se avecinaba durante aquella velada, los Malfoy estaban más que preparados para complacer a sus invitados, y crear aquella tan necesitada alianza que les permitiría recuperar su legítimo lugar, como una de las familias más importantes entre los Sagrados Veintiocho.

La velada transcurrió bajo el acostumbrado programa de cada año. Los invitados y anfitriones conversaron en el salón del ala oeste (donde si bien seguía presente el escudo de armas de los Malfoy, se habían retirado los alusivos a la casa de Salazar Slytherin), posteriormente fueron llamados a cenar en el elegante comedor ubicado al sur de la propiedad (donde la larga mesa dispuesta para aquellas cincuenta personas mostraba la plata más fina y la cristalería más exquisita), hasta que finalmente las puertas que llevaban al salón de baile principal se abrieron de par en par, y las conversaciones (debido a la buena comida y bebida) comenzaron a sonar más animadas e informales.

Era ahora o nunca.

Mientras Lucius ofrecía más vino a sus invitados, Narcissa se había retirado a un rincón del salón, llevando a Draco consigo. Lo miró cálidamente, mientras le arreglaba el cabello y la túnica.

-Te ves muy guapo esta noche –dijo Narcissa, con aquel tono maternal.

Draco, un poco confundido, se limitó a encogerse de hombros.

-Eres tu padre en miniatura –continuó la mujer, acariciando la mejilla del muchacho-. Sabes que te amamos, ¿no es así?

El rubio asintió firmemente. Lo sabía. No solo por ser hijo único, sino porque durante todos esos años, sus padres habían hecho siempre lo mejor para él. Su padre podría ser estricto, pero al final del día, su madre era justa. Después de todo, el llevar sobre sus hombros tantas generaciones de orgullosos Slytherins tenía sus repercusiones: nadie se quedaba atrás.

Sin embargo, la triste mirada de su madre hizo que Draco se preguntase a qué venía tal pregunta. ¿A caso Narcissa Malfoy estaba a punto de pedirle algo que pusiera a prueba tal amor?

-Has crecido mucho, tan rápido. Aún recuerdo cuando tenías cinco años y jugabas con las hijas de los Greengrass durante los veranos. ¿Aún estás en contacto con ellas? Después de todo están aquí esta noche…

-He conversado con ambas, sí –respondió el Slytherin, intrigado-. Daphne ya ha terminado de estudiar en Hogwarts, pero Astoria este año está en mi curso…

-A unos meses de graduarse –continuó la mujer-. Me parece increíble que aún estemos aquí. Después de todo lo que ha pasado. Los sacrificios que hemos tenido que hacer…

El comentario quedó en el aire, pero ambos supieron al instante lo que significaba. Si no hubiese sido por Narcissa, ninguno de los tres Malfoys estaría allí esa noche. Si ella no hubiese mentido al Señor Tenebroso, quizá el mundo fuese muy diferente ahora.

-Dime Draco. ¿Alguna vez has pensado si serías capaz de hacer un sacrificio así? ¿Por mí? ¿Por tu padre?

El Slytherin miró a su madre, con el entrecejo fruncido. Había algo en aquella pregunta que lo incomodaba. Automáticamente hubiese dicho que no necesitaba siquiera pensarlo, que lo haría sin dudar; inclusive moriría por ellos. Pero también había algo en aquella pregunta que le hacía pensar en qué estaba su madre por pedirle. Y no pudo evitar pensar en su padre, y se sujetó el punto donde llevaba grabada la marca tenebrosa…

Pero aun así, con todos esos pensamientos inundando su cabeza, el muchacho asintió.

-Sabes que pueden pedirme lo que sea.

Narcissa le sonrió. Una sonrisa melancólica. Una sonrisa que parecía indicar que hubiese preferido que su único hijo se hubiese negado.

-En ese caso –Narcissa se giró para mirar a los invitados, con lo que Lucius alzó su copa de cristal en el aire, y la golpeó ligeramente con su varita, con lo que aquel suave pero mágicamente ampliado ruido, provocó que las conversaciones se desvanecieran poco a poco-. Ve con tu padre, y ayúdanos tú esta vez.

Draco sintió como su madre lo sujetaba por los hombros, lo hacía girar para que viera el salón en su totalidad. Sintiendo que aquello se sucediese en cámara lenta, aquel leve empujón que puso sus pasos en modo automático le pareció ajeno a su cuerpo. Y sin embargo, el rubio caminó entre los McMillan y los Parkinson, hasta finalmente detenerse junto a su padre.

Vio como su padre continuaba hablando hacia todos los presentes, pero no escuchaba nada en realidad. ¿Qué estaba pasando? Sentía como si su cerebro respondiese lentamente. Miró a su madre, quien aún se encontraba al otro lado del salón, y la sintió lejana. Por el rabillo del ojo pudo ver como su padre llamaba a una joven de entre los invitados. Una muchacha de piel pálida, cabello castaño y una túnica de gala color verde oscuro que combinaba con la suya. ¿Quién era? La había visto en Hogwarts, también era miembro de su casa, compartía clases con ella, inclusive habían conversado hacía apenas un par de horas… ¿No había dicho su madre que solían jugar cuando eran niños? En estos momentos le parecía tan ajena y desconocida...

La animada voz de Lucius Malfoy llegó a sus oídos de manera amortiguada. Draco obligó a su cerebro a concentrarse.

-...Es por ello que, aprovechando la presencia de todos ustedes –Lucius tomó la mano de su hijo, y la posó sobre la de la joven-. Nos es grato anunciar el recientemente formado compromiso entre mi hijo Draco Malfoy, y su mejor amiga de la infancia, Astoria Greengrass.


Hola a todos! Espero y estén teniendo un bonito fin de semana~

Como ven, les dije que muchas cosas iban a cambiar a partir de aquí (?). Durante los siguientes capis voy a estar repitiendo mucho mucho sobre los Sagrados Veintiocho (para más info, ir a Pottermore), y las menciones de Astoria serán un poco más constantes. Hablando de la menor de los Greengrass, en el canon, Astoria es en realidad dos años menor que Draco, pero para fines del fic, es apenas uno, y por ello está en Hogwarts con él, también cursando su último año. Ya verán más adelante porqué ;)

Para los que no han leído la historia original (que veo ese contador de visitas y ya no se las creo) SHOCK! Mientras Hermione está en La Madriguera, triste porque Draco no le manda cartas, Malfoy está en la Mansión siendo comprometido con Astoria Greengrass~~ Un favor que ha hecho para su madre (debo decir que de Lucius le vale un poquito su opinión), del cual hablaremos un poquito más en el siguiente capi.

Les agradezco los follow, favorites y reviews, y cruzo dedos para que aquí también me digan lo que les gusta y lo que no. Como dato de suspense, les comento que la carta que Hermione perdió debajo de Crookshanks (clichés, dónde?), será leída por alguien que no debe... (más clichés, dónde?).

Sin dar más spoilers, me despido que debo ir a lavar ropa XD! Les mando abrazos y besos, y nos seguimos leyendo. Sigan bellos :D!