Capítulo 17
Decisión
A la mañana siguiente, Draco fue el primero en despertar. Se encontraba envuelto completamente entre las gruesas y cálidas cobijas, con la figura de Hermione acostada junto a él. Al levantarse de la cama, pudo ver a la madera de la chimenea ya totalmente consumida; y al mirar por la ventana, vislumbró la calle principal del pueblo, la cual se encontraba cubierta por unos 30 centímetros de nieve. Aunque el clima seguía algo frío, el cielo ya estaba completamente despejado.
Miró de nueva cuenta a la cama. Hermione seguía profundamente dormida. Quizá lo mejor fuera no despertarla, y dejar que descansase un poco más. Así, mientras caminaba por la habitación, Draco se apuró a tomar varias cosas de su baúl, procurando no hacer el menor de los ruidos, para finalmente meterse al cuarto de baño. Fueron apenas unos cinco minutos de total relajación, metido en la tina con agua caliente, hasta aquel momento en que escuchó que tocaban a la puerta.
Dijo adelante, y cuando la puerta se abrió, en el umbral se detuvo Hermione. El chico la miró de pies a cabeza, completamente embelesado. La Gryffindor llevaba apenas la camisa que él se había dejado en el piso, sobre el cuerpo desnudo, mostrando completamente sus esbeltas piernas, y un poco de sus firmes pechos.
Le indicó con señas que se acercara, y la castaña se apuró a quitarse la camisa, y meterse en la tina también.
Y pasaron alrededor de media hora jugando con la exquisita espuma de aquel cálido baño.
Cuando hubieron salido, y se hubieron secado completamente, Draco se apuró a vestirse, y salir a toda velocidad de la habitación, rumbo a Las Tres Escobas, pues Hermione se había dejado el baúl allí, la tarde anterior. Cuando hubo regresado a la posada, con el baúl de la chica levitando delante de él, lo colocó con sumo cuidado debajo de la ventana, dejando que Hermione buscase algo de ropa limpia para poder vestirse.
-¿Ya me dirás a qué te referías en tu carta? –preguntó la castaña, cuando hubieron vuelto a subirse a la cama, mientras se miraban a los ojos, acostados lado a lado-. Estaba muy preocupada por ti.
-Mis padres… -inició el muchacho, aunque no sabía exactamente cómo continuar.
-¿Les has hablado de nosotros? ¿Te han dicho algo?
El Slytherin se apuró a negar.
-No tiene nada que ver contigo. Se trata más bien sobre mí.
-¿Qué has hecho? –el rubio negó nuevamente.
-Es sobre algo que necesitan que haga.
Hermione sintió que se le encogía el corazón. ¿A caso Draco se refería a una nueva encomienda, como la que se le había encargado cuando se le pidió matar a Dumbledore? Tenía tanto miedo de que fuese cierto, que prefirió no preguntar nada, y limitarse a esperar que Draco confirmase o desechase aquellas suposiciones suyas.
-Mis padres, ellos… Esperan que me case con una sangre limpia.
El estómago de Hermione dio una brusca sacudida. No pudo evitar fruncir el entrecejo.
-¿Y dices que no quieres?
-No estás entendiendo –el tono lastimero y cansado de Draco la hizo suavizar su expresión-. No se refieren a que esperan que me case con una sangre limpia. Se refieren a que me voy a casar con una. El compromiso fue anunciado durante la cena de…
-¡No pueden! –se escandalizó la Gryffindor, mientras golpeaba el colchón con un puño firmemente apretado-. Tienes que decírselos, Draco. Ellos no pueden…
-¿Y con qué argumentos esperas que los detenga? Mira, el casarse entre familias de sangre limpia se ha ocurrido desde hace cientos de generaciones. Eso es algo de lo que los Malfoy estamos muy orgullosos…
-¿Así que te vas a casar? -interrumpió ella, sin poder creer lo que oía-. ¿No lo vas a detener?
Las ganas de llorar eran apenas detenidas por el coraje de su voz. La castaña se contuvo de preguntar "no lo intentarás siquiera por mí", pero se contuvo. Después de todo, llevaban tonteando solo dos meses, y aquella relación que tenían (si es que había una), no estaba formalizada. Entre ellos no había títulos de novio y novia, y parecía ser que nunca los habría.
-Me gustaría poder hacerlo –fue la respuesta del Slytherin, quien intentó acariciar la mejilla de la castaña, pero ella lo rechazó-. Por eso necesitaba verte una vez más –continuó él en un tono más firme, pero Hermione se había dado la vuelta, y ahora, la Gryffindor se incorporaba, sentándose en el borde de la cama. Draco simplemente la miró.
-¿Para qué querías verme? –preguntó ella, aún de espaldas-. ¿Para infundirte valor y revelarte contra tus padres, o para despedirte de mí?
Draco hubiera querido responder que la segunda opción era la correcta, pero no pudo articular palabra. Aquel frío silencio se había instalado en la habitación, calando hasta los huesos, provocando que el ambiente se tornase hostil. Escuchó el pesado suspiro de Hermione, y la vio incorporarse.
-¿A dónde vas? –preguntó el Slytherin al ver como guardaba sus cosas en su baúl, y se dirigía a la puerta de la recámara.
-Necesito mi propia habitación.
Y sin decir nada más (no es como si Draco hubiese podido preguntarle alguna otra cosa), la castaña abrió la puerta, y salió de la habitación, sin mirar atrás.
Hermione no volvió a la habitación de Draco, aquella tarde. Seguía demasiado enojada con el rubio, y también consigo misma. Mientras las lechuzas se amontonaban a su alrededor (había recibido cartas de Harry, Ron y Ginny, preguntándole donde se encontraba), la castaña se había limitado a rodar por la cama, lamentándose su existencia. No sabía que esperaba. ¿Qué Draco la presentase frente al señor y la señora Malfoy, como su novia? ¿Qué de la noche a la mañana tanto Lucius como Narcissa la vieran como la opción perfecta para su hijo y una excelente nuera? ¿Qué todos aquellos prejuicios simplemente desaparecieran y ella pudiese ser feliz en compañía del rubio? ¿Quién había escuchado de un Slytherin y una Gryffindor juntos? En especial un sangre limpia con una sangre sucia…
Draco no acudió a su encuentro aquella tarde, lo que provocó que Hermione se hundiese más en aquellas preguntas, y continuara enojada. A sus ojos, el Slytherin era demasiado cobarde para decir lo que pensaba, lo que sentía por ella, no solo a sus padres, sino al resto del mundo. Y por unos instantes, se preguntó si en verdad el rubio no la quería tanto como decía, y simplemente para él, era mejor terminar con aquello que ni siquiera había comenzado.
Pero el solo pensar en ello provocaba que le doliese el corazón y las lágrimas amenazaran con desbordarse… Porque finalmente se había dado cuenta de que lo quería de verdad. Vamos, que lo amaba de verdad. Y lo único que la Gryffindor quería era ser amada por él también, sin importarle si había quien se opusiese a ese amor.
Aquella noche no pudo dormir. Estaba nerviosa, tenía miedo. Las palabras de Draco habían retumbado en su cerebro, toda la noche. Estaba por casarse. Un matrimonio arreglado. ¿Tendría el valor de negarse? ¿Serviría de algo si ella también se oponía? Y lo más importante, ¿quién había sido la elegida? Se le revolvió el estómago al pensar que quizá podría ser Pansy Parkinson, y de nueva cuenta, comenzaba a golpear las almohadas mientras lloraba desconsoladamente…
A la mañana siguiente, la castaña se limpió el rostro (aún se notaban sus ojos rojos por haber llorado toda la noche), y preparó la mejor de sus sonrisas. Después de darle mil y un vueltas al asunto, en su cerebro se había formado una sola conclusión: Draco la había llamado, le había enviado aquella carta, quería verla. Por lo tanto, ella era importante para él, y por ello, estaba segura de que si hablaba con él, podrían llegar a una solución juntos.
Sin embargo, cuando dirigió sus pasos a la habitación 11, donde se hospedaba el rubio, descubrió la puerta firmemente cerrada. Confundida, y un poco molesta porque el Slytherin no respondiese a sus insistentes golpes y llamado, Hermione finalmente se decidió a utilizar la varita.
-Alohomora –dijo firmemente, con lo que la puerta finalmente se abrió, y ella pudo entrar a la habitación.
Habitación que ahora se encontraba vacía.
No se suponía que fuese así. El que Hermione hubiese acudido a su lado significaba que ella se preocupaba por él. Que quería su felicidad. Él también quería eso. Que la Gryffindor fuese feliz a su lado. Y sin embargo, había algo dentro de él que le indicaba que esa felicidad no la lograría con él. Pero, ¿Qué era lo que esperaba que pasase cuando le hubiese contado a la castaña que sus padres le habían arreglado un matrimonio? Definitivamente no aquella pelea, y aun así… Hermione tenía razón. ¿Para qué había enviado esa carta? ¿Por qué involucrarla? Quizá todo hubiese sido mejor si se hubiera armado de valor, y terminado con aquel juego. Poco menos de tres meses era nada para enamorarse de una persona. Por más que su corazón le dijese que estaba enamorado de Granger, aquello seguramente se trataba nada más de un amor de colegiales. Algo pasajero. Agradecer el tiempo juntos y despedirse, antes de involucrarse demasiado.
O quizá, ya estaba involucrado por completo. Quizá lo que debía hacer ahora era aceptar sus sentimientos, que quería estar con Granger, sin importar lo que dijesen sus padres, y hacer oír su propia voz. Negarse ante tal compromiso. Qué importaba que los Malfoy perdieran status, dinero, poder… Era su vida después de todo, y él tenía derecho de vivirla como le viniese en ganas.
Así que se levantó de la cama dando un brinco. Metió dentro del baúl todas sus cosas, y salió de la habitación con paso rápido. Faltaba poco para que amaneciera. Quizá no fuera la mejor idea despertar a Hermione, a pesar de que quería verla una vez más.
-No es como si no pudiera volver a verla en Hogwarts –se dijo a sí mismo, después de bajar a la recepción de la posada, y entregar sus llaves.
Al salir a la calle, lo recibió el frío de madrugada. Se abrazó a sí mismo, y cerró con fuerza el cuello de su abrigo, mientras hacía avanzar su baúl por delante de sí mismo. Se alejó lo suficiente del pueblo antes de atreverse a desaparecer.
Cuando la realidad volvió a formarse a su alrededor, se encontraba fuera de la propiedad de la Mansión Malfoy. La alta verja se encontraba cerrada con aquellos candados mágicos, los cuales se apuró a retirar para poder ingresar al que durante toda su vida había sido su hogar. Quizá dentro de muy poco (según las reacciones de sus padres), no lo fuese más.
Avanzó por los jardines, mientras aquellas luciérnagas mágicas revoloteaban a su alrededor, iluminando su camino, cosa que no era muy necesaria, pues el sol comenzaba a asomarse por el horizonte. Cuando hubo llegado a la puerta principal de la Mansión, el siempre atento servicio se encontraba ya esperándolo. Mientras los veía llevarse su baúl con dirección a su habitación, no pudo evitar fruncir el entrecejo: estaba seguro de que habían ya avisado a sus padres de su llegada.
-Iré a desayunar algo –le dijo a elfa doméstica que aún aguardaba junto a la puerta. Ésta entendió al instante.
Llevaba apenas diez minutos en la cocina, comiendo lo que un par de elfos habían preparado para él, cuando Lucius y Narcissa aparecieron en el umbral.
-¡Draco! –exclamó su madre, y sin poderse contener, corrió hacia él, y lo abrazó firme pero tiernamente-. ¿Dónde has estado? –exclamó preocupada-. No teníamos ni idea de dónde buscarte…
-Estoy bien –fue la respuesta del muchacho-. Solo necesitaba estar solo.
Miró a su padre, quien seguía de pie al otro lado de la habitación, con el entrecejo fruncido. Lucius lo miró también, pero fue apenas durante un par de segundos, pues prontamente desvió la mirada, y comenzó a caminar hacia su esposa e hijo, con paso lento y pesado.
-¿Dónde has estado? –repitió su padre, con tono autoritario.
-Hogwarts –dijo el muchacho. No era cierto, pero era relativamente cerca de donde había estado en realidad, así que no era toda una mentira.
-¿Por qué el castillo? –preguntó su madre.
-Necesitaba… necesitaba ver a alguien.
-¿A quién? –intervino su padre. Sonaba demasiado frío. Más que lo usual. A Draco no le pasó por alto como sujetaba su varita con firmeza.
-A la persona por la cual no puedo aceptar este matrimonio arreglado.
Se creó un tenso silencio. Narcissa había soltado lentamente a Draco, y ahora, miraba a su marido, quien había vuelto a mirar al muchacho con aquella expresión seria.
-El compromiso sigue en pie –dijo Lucius-. Sin importar que…
-Estoy enamorado de alguien más –interrumpió Draco prontamente-. ¿Es que acaso eso no importa?
-No en estos tiempos que corren.
-¡En estos tiempos que corren lo que menos importa es la pureza de sangre! –explotó el muchacho, alarmando a su madre, cosa que no le importó-. Lo único que debería de preocuparte es que yo sea feliz. Que yo…
-¡En estos tiempos que corren lo más importante es conservar nuestra posición dentro de los Sagrados Veintiocho! –arremetió Lucius de vuelta-. Tu berrinche me hace suponer que aquella persona de la que hablas, no es sangre limpia. ¿Es así?
Draco no contestó. Se limitó a apretar los puños firmemente.
-¿Sangre mestiza? –continuó su padre-. O acaso… ¿una sangre sucia?
-Eso no es importante, ella…
-Es una sangre sucia, ya veo –Lucius rio por lo bajo, provocando que a Draco se le encogiese el corazón.
-¿Draco, quién es? –preguntó su madre en un susurro, pero el muchacho no contestó. No podía dar aquel nombre en esa casa.
-Eso que importa –espetó su padre, golpeando el suelo con el bastón donde guardaba la varita, provocando que saliesen unas diminutas chispas rojas, que dejaron marcas en el suelo-. ¡No voy a permitir que esa escoria ose portar el apellido Malfoy! Ya hemos decidido por ti, Draco. Lo mejor de lo mejor, no solo para ti, sino para esta casa.
-¡No puedes obligarme!
-¡Puedo y lo haré! –rugió Lucius de vuelta, sacando su varita, y apuntándola contra su propio hijo-. Inténtalo –lo provocó-. Intenta romper dicho compromiso. Intenta casarte con una hija de muggles, y sin importar quien sea, la mataré yo mismo.
-¡Lucius! –exclamó una aterrorizada Narcissa-. ¡No puedes…!
-¡Puedo y lo haré! –repitió el hombre de largos cabellos plateados-. Puede que el mundo mágico se haya ido a la ruina, que a nadie le importe el status de la sangre, pero nosotros los Malfoy, una de las familias más respetadas e importantes de los Sagrados Veintiocho, nunca lo olvidaremos. Y si para hacer que el apellido Malfoy perdure como lo que es, un linaje intachable de magos y brujas sangre limpia, tengo que acabar con unos cuantos sangre sucia en el camino, lo haré. Potter habrá podido librarnos de Azkaban, pero estoy dispuesto a terminar allí si con eso consigo que no deshonres a esta familia, Draco. Así que no me provoques –y volvió a apuntar con su varita a su único hijo, quien tragó saliva nerviosamente-, no me provoques o definitivamente esta vez sí mataré. Primero a ella... Después a ti.
Se dio la media vuelta, con la larga capa ondeando detrás de él, al igual que su cabello. Sin decir nada más, Lucius se apuró a salir de la cocina, dejando a su esposa y a su único hijo, completamente aturdidos.
-No puede… -susurró Draco una vez más-. Él no puede…
-Yo no estaría tan segura de eso –musitó Narcissa, provocando que su hijo la mirase como si nunca antes en su vida la hubiese visto-. El ser un Malfoy es pertenecer a un linaje ancestral –insistió ella-. El ser miembro de los Sagrados Veintiocho es todo un honor. Pensé que tú lo entendías…
-Lo entiendo –interrumpió el muchacho, un poco molesto-. Pero pensé que mis sentimientos serían más importantes que un linaje…
-Entonces, ¿realmente te has enamorado de una hija de muggles? Draco… -pero el muchacho no contestó-. Igual que a tu padre, a mí tampoco me interesa saber quién es ella, aunque mi decisión es por motivos diferentes. Al igual que a ti, me hubiese gustado que fueras libre de escoger con quien casarte. Pero, como te lo había dicho ya, este sacrificio, esta carga que estamos poniendo sobre tus hombros, no será para siempre.
-Hablaste sobre la maldición de los Greengrass –susurró el Slytherin, a lo que su madre asintió.
-El linaje de los Greengrass ha prendido de un hilo desde hace cientos de años, durante decenas de generaciones. Para ellos, solo existe la muerte: morir solos y sin amor, o engendrar un heredero y morir sin verlo crecer. Para ayudar al linaje Malfoy, te casarás con Astoria. Para detonar su maldición, deberás tener un hijo con ella, el cual provocará que Astoria muera. Y con esto, tú serás libre de volver a amar a quien tú desees.
-¿Cómo un padre soltero? –bufó el muchacho.
-Si la persona que te ama, te ama de verdad, te aceptará con todos tus errores y defectos, aunque estos incluyan el hijo de otra mujer, a la cual técnicamente no amaste nunca. De cualquier manera... -y se frotó las manos de manera nerviosa-. Sabes que tras lo ocurrido el verano pasado, tu padre no esta bien. No debes provocarlo... -y bajó el tono de su voz, hasta producir apenas un susurro ahogado-. No lo creo capaz de matarte a ti, eres su único heredero... Pero estoy segura de que no le importará terminar con una simple e insignificante hija de muggles.
Draco intentó espetar que Hermione no era una insignificante muchacha, pero las palabras no salieron de sus labios. Era como si repentinamente hubiese olvidado como hablar. Aquella muestra de debilidad, fue suficiente como para que su madre revolviese su rubio cabello, y sin decir nada más, Narcissa también salió de la cocina, dejando a Draco nuevamente solo. El muchacho volvió a dejarse caer en el taburete donde se encontraba sentado antes de que llegasen sus padres, y continuó picoteando el desayuno, aunque en realidad no tenía ya hambre.
Se preguntó si tendría el valor de casarse con una mujer que no amaba. Alguien a quien apenas y conocía. Y no solo contraer matrimonio, sino tener también un hijo con ella. Pero después recordó las palabras de su padre, y el peligro que podría llegar a correr Hermione si él se atrevía a abrir la boca, y volverse a negar. No podía exponerla a algo así.
Y por ello, el Slytherin cruzó los dedos, esperando que la Gryffindor comprendiese su situación, y más que nada, lo esperase hasta que fuese nuevamente libre. Aunque no estaba seguro de cuánto tiempo tendría que pasar para que eso ocurriera.
Los alumnos que habían salido de Hogwarts a pasar las vacaciones de invierno con sus familias, llegaron al castillo cuando ya había anochecido, una fría mañana de principios de Enero. Mientras subían a los carruajes tirados por thestrals, sólo podían pensar en el banquete que los esperaba en el Gran Comedor, y en sus calientitas camas que los aguardaban al final de la cena.
-¿Dónde está Hermione? –preguntó Neville una vez más, mientras él, Ginny y Luna caminaban rumbo al Gran Comedor.
-No lo sé –respondió la pelirroja una vez más-. Su baúl estaba en el dormitorio, así que dejé a Crookshanks allí, pero no la vi por ninguna parte de la Sala Común…
-Está allá, en la mesa de Gryffindor –intervino Luna, y alzando un brazo, gritó al aire-. ¡Hola Hermione!
Tanto Neville como Ginny miraron hacia donde Luna miraba, y comprobaron por sí mismos la presencia de su amiga. La castaña los saludó de vuelta, con una sonrisa algo ausente, a lo que los tres muchachos se apuraron a llegar con ella, y sentarse a su alrededor.
-¿Qué tal las vacaciones? –preguntó Neville, a lo que Hermione respondió encogiéndose de hombros. Entonces, mientras Neville y Luna conversaban, Hermione miró a Ginny, expectante.
-Harry quiere hablar contigo –musitó Ginny por lo bajo, pero Hermione negó lentamente con la cabeza.
-Después –fue lo único que dijo, pues en ese momento, la Directora McGonagall se había puesto en pie, dispuesta a dar su discurso.
Ginny asintió, y tanto ella como Neville y Luna, se giraron en sus lugares para mirar la mesa del profesorado, y escuchar las palabras de la directora. Menos Hermione, quien disimuladamente se había girado para ver la mesa de Slytherin.
La escaneó velozmente, y gracias a aquel rubio cabello platinado que sobresalía con facilidad, le fue fácil encontrar a quien buscaba: Malfoy se encontraba sentado al final de la mesa, con Zack y Nigel a su lado. Él tampoco miraba a la mesa de profesores. También la miraba a ella. Pero era una mirada triste, que provocó que a Hermione se le encogiese el corazón.
¿Qué había pasado hacía una semana, que provocó que el Slytherin se fuera, sin decir a dónde?
La castaña volvió a mirar a la mesa de profesores, donde la Directora McGonagall terminaba con su discurso, e invitaba a todos a cenar. Las conversaciones volvieron a escucharse por todo el Gran Comedor, con lo que Hermione fue prontamente abordada por Neville, quien le preguntaba qué tal habían ido las vacaciones de invierno.
-Han estado… bien –dijo nerviosa. Aún podía sentir la mirada del Slytherin, pero lo mejor sería no mirarlo de vuelta.
Así como tendría que enfrentarse a las preguntas de Ginny, a la interrogación que Harry le plantaría, y los nuevos intentos de Ron por conquistarla, también tendría ella que plantarse delante de Malfoy exigiendo respuestas. Se preguntó si querría conocerlas.
¡Holx a todxs! Espero estén teniendo un bonito fin de semana. Vengo a publicarles esto a las carreras, que tengo un montón de pendientes en la oficina, que a pesar de ser sábado no hay descanso para mí ToT.
¿Les ha gustado el capi de hoy? ¿Que tal estos cambios? Borré completamente las malas acciones de Ron (más datos en el fic original) y preferí que Lucius fuese el villano (?). Este Dramione nuevamente no tiene ni pies ni cabeza, por lo que espero perdonen las discusiones y pleitos entre nuestra parejita~~ El "reencuentro" en Hogwarts ocurrirá en el proximo capi, a ver que dice Draco a Hermione, y no spoileo más X)
Les pido también una disculpa por no haber podido responder a sus reviews de los capis anteriores, pero les aseguro que los leo y se los agradezco de todo corazón. Si esta semana el trabajo se porta más amable conmigo, les prometo que se los responderé. Mientras tanto, les agradeceré que me dejen uno (aunque sea chiquito) en este capi, para saber lo que les gusta y lo que no. Lo mismo pasa con los follows y favorites, gracias por dejarlos :)
Les mando un abrazo y un beso, y nos seguimos leyendo. Sigan bellos!
