Capítulo 18

Separación


-¿Y… que tal tus vacaciones?

Así había preguntado Ginny, con un tono tambaleante, cuando ella y Hermione hubieron subido a su dormitorio, en lo alto de la torre de Gryffindor, mientras las dos muchachas se encontraban cambiándose la túnica por el pijama.

-Ha ido bien –repitió Hermione, mientras dejaba que el camisón resbalase por su cuerpo y se disponía a subirse a la cama.

Ginny se apuró a sentarse a los pies de ésta, mientras Arnold se sentaba en su regazo.

-Harry… Harry no supo decirnos a donde fuiste. Solo que fue de improvisto, una emergencia… No contestabas nuestras cartas. Nosotros, estábamos preocupados por ti. Solo queríamos saber si estabas bien.

-Estoy bien, descuida –la tranquilizó la castaña-. Quizá sobreactué con la emergencia, de cualquier manera, no es nada preocupante. Y sobre las cartas, debo disculparme por no haberlas contestado…

-No tienes qué –se adelantó Ginny, mientras le dedicaba una sonrisa, y repitió-. Solo queríamos saber si estabas bien.

-Lo estoy –fue la respuesta de la Gryffindor, tomando a Crookshanks para dormir con él, con lo que la pelirroja se incorporó y se dirigió a su propia cama.

Una vez ambas muchachas se metieron debajo de las cobijas, se dijeron buenas noches y apagaron la luz. Ginny no tardó en quedarse dormida. Pero Hermione… ella no dejaba de pensar en Draco.


Los fines de semana, era común que los alumnos de Hogwarts se levantaran tarde, y bajaran a desayunar poco antes de mediodía. Debido a que aún tenían dos largos días antes de que el segundo trimestre diera comienzo, los alumnos aprovecharon no solo para desayunar a deshoras, sino para hacerlo inclusive fuera del Gran Comedor. Así, aquel sábado, Hermione, Ginny, Neville y Luna (al igual que muchos otros alumnos) se encontraban sentados a las orillas del Lago Negro, comiendo tostadas y bebiendo jugo de calabaza.

Mientras Luna y Neville comentaban lo que habían hecho durante las vacaciones, Ginny los escuchaba atentamente. Hermione igualmente hacía el intento, pero su mente divagaba hacia la carta que había recibido aquella mañana, proveniente de Harry, y que le pedía que por favor, acudiese a verlo en su próxima visita a Hogsmeade. El tono de preocupación que había podido notar en aquella carta, la preocupaba a ella también. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó un grupo de pasos y risas provenientes de los jardines. Se giró para mirar al grupo que llegaba, y sintió como el corazón (y el estómago) le daba un vuelco a distinguir a Draco Malfoy, seguido de sus dos guardaespaldas, Zack Rozailer y Nigel Pragett, y otras dos compañeras de Slytherin.

Draco la miró, pero prontamente fingió que en realidad no la había visto, y se limitó a seguir conversando con aquellos Slytherins, y seguir caminando en dirección al castillo. Hermione se mordió la comisura del labio. Había pasado ya una semana desde la última vez que lo había visto. Quisiera él o no, tenían que hablar.

-Voy al Gran Comedor por más jugo de calabaza –dijo mientras se incorporaba y se volvía a calzar los zapatos, pues se había estado mojando los pies en el lago-. ¿Necesitan que les traiga algo más?

-Un par de tostadas para el calamar gigante nos vendrían muy bien –respondió Luna, en su típico tono soñador.

Hermione asintió, dando a entender que lo traería, y emprendió igualmente el camino de regreso al castillo.

Cuando entró al recibidor, pudo ver como aquel grupo de Slytherins se dirigía a las mazmorras, muy probablemente en dirección a su sala común. Nerviosa, se dispuso a seguirlos. Lo hizo a una distancia relativamente segura, aunque aquello le imposibilitaba el ver a Draco y poderle hacer alguna seña. Se encontraba en aquel momento escondida detrás de un muro, preguntándose si no sería mejor mandarle una carta y pedirle a Malfoy que se vieran en la vieja aula de siempre, cuando escuchó aquella voz que arrastraba las palabras, decir:

-Adelántense. Creo que olvidé algo.

Las demás voces se alejaron en la distancia, con lo que ahora, aquellos solitarios pasos se escuchaban acercarse. Hermione respiró profundamente, y al ver como el rubio finalmente cruzaba por delante de ella, le dijo en la voz más clara que pudo:

-Draco.

El aludido se detuvo en seco. Conocía aquella voz demasiado bien. Apretando la mandíbula fuertemente, se dio media vuelta, para poder ver a la Gryffindor cara a cara.

-Draco… -repitió ella, ahora nerviosa-. Necesitaba hablar contigo.

-Aquí no –dijo la serpiente, mientras la sujetaba del brazo, y la jalaba hacia un pasillo lateral-. Todos los Slytherins pasan por aquí para entrar o salir de la sala común. Alguien podría vernos.

Así que aun sujetando a la castaña del brazo, avanzaron por aquel otro pasillo, hasta detenerse frente a una vieja puerta de madera seca. Draco la hizo entrar en aquella mazmorra, y cerró la puerta tras de sí.

-Draco, yo…

-Siento mucho el haberme marchado –dijo el muchacho, sorprendiendo a Hermione, pues no esperaba una disculpa tan directa-. Debí haberte dicho algo. Yo… fui un egoísta.

-No, descuida. Yo…

-Pedí tu ayuda, y fuiste a buscarme, inmediatamente. Y yo… bueno, ya lo sabes. Yo estoy por casarme.

-No tienes que hacerlo si no quieres.

Pero el Slytherin negó lentamente con la cabeza.

-Tú no lo entiendes –fue su respuesta-. Ya te lo había dicho, es un matrimonio por conveniencia. Mi padre ha realizado un trato estupendo con una chica sangre limpia, con dinero… Ella es exactamente lo que mi familia necesita.

-¿Y la necesitas tu a ella? ¿La necesitas más que a mí?

-Hermione… En estos momentos, sí.

-¿Qué clase de respuesta es esa?

-Te digo que no lo entenderías. La cuestión de la pureza de sangre sigue siendo muy importante. No solo para mi familia, sino para los Sagrados Veintiocho…

-¿Así que vas a ignorar lo que sientes y harás simplemente lo que te ordenen tus padres?

-No lo entiendes…

-Podría hacerlo si me lo explicases –Hermione estaba sucumbiendo al enojo y frustración-. Pero lo único que veo, es como te hundes en tus excusas. Si quisieras, podrías impedirlo. ¡No es tan difícil, Draco!

Pero el muchacho no respondió con su típica actitud altanera, prepotente y agresiva, sino que se limitó a cruzarse de brazos y bajar la mirada, provocando que Hermione se enojase aún más.

-Tú quieres casarte –susurró conteniendo un chillido-. ¿Fue por eso que te fuiste? ¿Qué me dejaste en Hogsmeade sin decirme nada? ¿Fue por eso que me abandonaste durante toda la semana, obligándome a regresar al castillo yo sola?

Pero Draco no contestaba. No podía. Quizá lo mejor fuese que Hermione creyese lo que quisiera, aunque eso significase que lo viera como…

-¡Un cobarde! Eso es lo que eres, Draco Malfoy. Debí suponer que para ti sería muy fácil dejar lo nuestro en el olvido, y seguir con tu vida. Debí saber que para ti lo que yo diga o piense no importa en lo más mínimo. Debí saber que para ti, todo esto era solo un juego.

-Tienes razón –le dijo el Slytherin en un susurro frustrado-. Soy un cobarde. Demasiado cobarde para admitir en público que yo también me enamoré de ti. Demasiado cobarde para hacerle frente a mis padres, y negarme a este matrimonio arreglado. Y también soy demasiado cobarde para huir contigo. Dime, ¿Qué hay de bueno en mí? ¿Es que acaso yo he sido bueno contigo? ¿Es que acaso yo he demostrado ser mejor partido que Weasley? ¿Es que acaso yo te hago más feliz que tus amigos? ¿Es que acaso de verdad alguien como yo vale la pena?

-¡Eso qué importancia tiene! –gritó ella, y dio una patada en el piso-. ¡Si me he enamorado de ti ha sido por algo! Debajo de toda esa prepotencia tuya, está el verdadero tú. Aquel chico del que me enamoré y me hace feliz… He pasado muy buenos momentos a tu lado, Draco. Todas aquellas tardes en el aula vieja, los paseos de media noche junto al lago. Las salidas a Hogsmeade… ¿Es que acaso durante esas veces no fuiste bueno conmigo?

Draco se encogió de hombros, y volvió a mirar al piso.

-¿Y era bueno contigo antes de que me fijara en ti? ¿Era bueno mientras te llamaba sangre sucia? ¿Era bueno mientras intentaba matar a Dumbledore? ¿Mientras insultaba a Potter, o a los Weasley? ¿Estoy siendo bueno ahora? ¿O es que acaso olvidas que fue mi tía quien te grabó esas horribles palabras en el brazo? ¿Has olvidado también que intenté matarte a ti, a Potter, a Weasley en la Sala de los Menesteres? ¿Y cómo sabes que no volveré a hacerte daño? ¿No lo estoy haciendo ya?

Hermione se quedó callada. Las lágrimas amenazaban con querer salir de sus ojos, pero se empeñaba en reprimirlas, mientras se clavaba las uñas en las palmas de las manos.

Draco dio media vuelta, y sujetó el pomo de la puerta, dispuesto a salir de allí.

-Creo que lo nuestro es simplemente un amor de colegiales. Algo parecido a un amor de verano…

-¡No hables así de nosotros! –se enojó ella. Un par de lágrimas recorrieron sus mejillas-. Somos más que eso, ambos lo sabemos. Si tú estás dispuesto a tragarte tu orgullo, tu estatus de sangre limpia, yo puedo olvidar que eres un mortífago, que somos completamente diferentes y que muy probablemente todo el mundo esté en nuestra contra.

-Olvídalo, Granger –insistió Draco.

-¡No! Soy Hermione para ti. Y no lo olvidaré. Puede que hayan sido apenas dos meses, pero me enamoré de ti, Draco. Con todo mi corazón, como nunca antes me he enamorado. De ti, de quien se supone debería odiar por el resto de mi vida, de quien tanto daño me ha hecho, aun así te has robado mi corazón. No puedes simplemente aventármelo de vuelta, completamente roto. Draco…

Pero el Slytherin no respondió. Tenía la mandíbula fuertemente apretada, y sujetaba el pomo con extremada fuerza. Si por el fuera, se daría media vuelta, la hubiera abrazado, besado, y nunca la hubiera soltado. Pero sabía que no podía. La exponía a demasiado si dejaba que aquello continuara y llegase a aquel punto donde no podrían dar vuelta atrás. Después de todo, estaban ya tan cerca…

Pensó en la amenaza de su padre, y en aquella corta carta que había llegado a sus manos aquella mañana, escondida ahora en el fondo de su baúl. Aquella carta que Harry Potter le había enviado, y en la cual venía anexada aquella única carta que él mismo había enviado a Hermione durante sus vacaciones de invierno. ¿Qué era exactamente lo que Potter sabía…?

-Soy Malfoy para ti, así que olvídalo Granger–se repitió Draco, odiándose a sí mismo mientras pronunciaba cada una de las palabras-. Hemos terminado.

Sin esperar un segundo más a que la Gryffindor le dijese que no se fuera, o a detenerse el mismo, el Slytherin finalmente abrió la puerta, y salió de allí, en dirección a su Sala Común.

Aquello lo había hecho por el bien de ambos. Esperaba que Granger algún día lo entendiese.

Apuró sus pasos por aquellos oscuros pasillos, hasta finalmente detenerse frente al tapiz que ocultaba la entrada a su Sala Común. Tras pronunciar la contraseña, la abertura en la pared se reveló ante él, y el Slytherin se apuró a atravesarla.


La sala común de las serpientes tenía aquel tono verdoso producto de sus altas ventanas que daban al fondo del Lago Negro. Mientras caminaba por aquella habitación, Draco comprobó una vez más que la casa de Salazar Slytherin flaqueaba considerablemente. Era cierto que había muchos alumnos fuera en los jardines, disfrutando de su último fin de semana antes de iniciar el segundo trimestre, pero por más que hubiese estudiantes fuera, nunca se habían visto tan pocos jóvenes sentados en los cómodos sillones de cuero negro. Esta vez no llegaban ni a diez.

-Draco, ¿encontraste lo que buscabas? –preguntó Zack, al verlo llegar.

-Creo que en realidad me lo he dejado en el baúl –mintió el rubio, y se apuró a cruzar la habitación, con lo que Zack volvió a concentrarse en Nigel, Astoria y Janna, sus compañeras de curso, con quienes conversaba animadamente.

Bajó por la escalinata de medio círculo hasta la puerta que indicaba los dormitorios de 7mo curso. Abrió la que estaba marcada como el dormitorio de los chicos, y por si las dudas, cerró la puerta con seguro. No quería que nadie lo viese.

Draco cruzó igualmente aquella habitación, hasta llegar a su cama (la última del grupo, pegada junto a las ventanas verdosas) y dándole una patada a su baúl para abrirlo, se inclinó sobre él, buscando aquella carta. No tardó mucho en encontrarla.

Malfoy,

¿Puedes explicarme qué es esto?

HP

Eso era todo. Qué era lo que sabía Potter exactamente, eso no lo sabía. Tampoco cuánto tiempo había sabido sobre su relación con Hermione, si es que en algún momento hubo una. Se preguntó si sería lo más sensato el responder a aquella carta, o si lo mejor sería seguir ignorándola, como si nunca la hubiese recibido. ¿Qué más daba que Potter supiera que había tenido sentimientos por Granger?

Pero entonces, mientras seguía buscando en su baúl un trozo de pergamino, tinta y una pluma, Draco supo que la verdadera pregunta era, si a Hermione igualmente le daría lo mismo. ¿Ella ignoraría aquello que alguna vez pasó entre ellos? ¿Lo ignoraría y seguiría con su vida, o se aferraría a ello, confiando que lo suyo había sido amor de verdad, estaba destinado, y tenía futuro?

Algo dentro de él le decía que aquello último era exactamente lo que la Gryffindor haría. Y estaba decidido a no permitírselo. No solo porque lo metiera en problemas a él, sino por los problemas en los que la metería a ella.

Esperando no estar metiendo más la pata, y cruzando los dedos porque Potter no empeorara la situación, Draco escribió aquella corta contestación, y se dirigió a la lechucería para enviarla a su destinatario, antes de que fuese demasiado tarde.

Potter,

Si quieres respuestas, tendrás que ayudarme primero.

DM


No podía. En verdad no podía hacerlo. Había pasado todo el fin de semana escondida en su habitación, debajo de las sábanas, fingiendo que tenía demasiado frío y lo único que le interesaba era estar calientita en la cama. Pero finalmente había llegado el lunes, y Hermione Granger debía salir de la Torre de Gryffindor, para iniciar las clases de su segundo trimestre. Cosa que parecía simplemente no poder hacer.

Le parecía imposible plantarse en el Gran Comedor, donde estaría a una nada de distancia de la mesa de Slytherin, y podría ver aquella rubia cabellera, y como está la ignoraba. O peor, pues su primera clase del día eran dos horas en el salón de Defensa, donde debía volver a ver a las serpientes, y aquel muchacho de ojos azules que le había roto el corazón.

-¿Te espero? –preguntó Ginny, al ver como la castaña apenas se levantaba de la cama, y se disponía a buscar su uniforme.

No se esperó a que Hermione contestara, y se limitó a sentarse en el borde de la cama. Así, diez minutos después, las dos Gryffindors bajaron hasta el Gran Comedor, y se dirigieron a la mesa de Ravenclaw, donde Neville y Luna se encontraban ya.

Miró disimuladamente a la mesa de Slytherin, donde Draco se encontraba ya desayunando en compañía de Nigel y Zack. Nada fuera de lo común. Quizá… quizá lo ocurrido hacía dos días hubiese sido una más de sus discusiones, y si volvían a encontrarse todo se solucionaría. Quizá y solo quizá…

Terminaron de desayunar y se despidieron de Neville y Luna, con lo que la pelirroja y la castaña se dirigieron al salón de Defensa Contra las Artes Oscuras, siguiendo al reducido grupo de Slytherins que se encaminaban hacia allá también. Hermione veía como Zack conversaba con Draco, como reían y bromeaban, aunque no alcanzaba a escuchar de lo que hablaban. La distancia aumentó aún más cuando el profesor Karstoy abrió la puerta del aula indicándoles que entrasen, con lo que ella se vio sentada junto a Ginny, al lado derecho del salón, mientras los Slytherins (Draco incluido) se amontonaban a la izquierda.

-Ahora que empezamos el segundo trimestre –aquel fue el saludo del profesor Karstoy, con su acostumbrada voz susurrante-, tengo el agrado de comunicarles que hemos terminado con los proyectos en equipo. Slytherins y Gryffindors, nuevamente dependerán únicamente de su inteligencia e ingenio para poder aprobar este trimestre. Y debo advertirles que ahora que sus mentes están vacías y sus estómagos llenos de pavo, los esperan varios meses de arduo trabajo. ¡Éxtasis! Eso es lo que nos espera al final de éste no tan largo túnel…

Pero Hermione ya no lo escuchaba. Su mirada se había posado rápidamente en Draco. ¿Ya no trabajarían en equipos? ¿Ya no tendría la oportunidad de verse a solas con él, en alguna olvidada aula, en algún rincón de la biblioteca? Después de todo, ¿cómo lo convencería de reunirse con ella, verse una vez más, si no era bajo la excusa de realizar un trabajo escolar?

Draco miró de vuelta a Hermione, lo que provocó que por una milésima de segundo, su corazón se agitase. ¡Quizá el estuviese pensando lo mismo! Pero entonces, la castaña vio como el rubio le sacaba la lengua en una clara falta de respeto, y volvía a posar su mirada en el profesor. No volvió a mirarla durante el resto de la clase.


El miércoles, Slughorn les repitió la misma noticia que Karstoy había dado en su clase. Ahora las pociones que debían de realizar los alumnos eran aún más complicadas, y debían de elaborarlas en solitario. Se pasó el resto de las dos horas, dando un sermón sobre el poco tiempo que les quedaba para estudiar para los Éxtasis, mientras no dejaba de repetirles que el resultado de sus exámenes era algo demasiado importante, puesto que definiría sus opciones finales para poder obtener un trabajo en la comunidad mágica.

Hermione, al igual que en clase de Defensa, lo ignoró completamente, y se pasó las dos horas mirando sus pulgares, negándose a mirar a Draco, mientras que el Slytherin evitaba el mirarla igualmente. En su cabeza, el rubio se sentía culpable por ser tan débil, y por no tener el valor de decir la verdad, pero temía más por la seguridad de la Gryffindor, y sobre lo que podría llegar a ocurrir si él se echaba para atrás, y se decidía a mandarlo todo por la borda.


El resto de la semana transcurrió de igual manera. Hermione trataba de convencerse a sí misma que estaría bien, que todo pasaría. Aunque seguía sintiendo que amaba a Draco con todo el corazón, no estaba dispuesta a dejarse vencer por ello.

"Fui feliz antes de tener esta idiota relación con él" se decía, "podré ser feliz nuevamente."

Pero cada noche, apenas su cabeza tocaba la almohada, sentía como la soledad y la tristeza la invadían de nuevo, y como las lágrimas amenazaban con recorrer su rostro. Pero debía ser fuerte. Aquello seguramente se trataba de una prueba. No valía la pena llorar por ningún muchacho, en especial con Ginny tan cerca. ¿Qué pasaría si la escuchaba, y comenzaba a hacer preguntas?

No debía llorar. Por nadie, mucho menos por Malfoy…

Trataba siempre de no mirarlo en clase, aunque al final no podía evitarlo. Lo miraba durante un par de segundos, antes de volver a dirigir la vista a la pizarra, a sus apuntes, al profesor, o a cualquier otro punto que no fuese el rubio. Sin embargo, no se había dado cuenta de que el Slytherin también la miraba. Draco era demasiado sutil; fingía que miraba a la distancia, a alguien más, y dejaba que su mirada resbalase velozmente por ella, como si se tratase de parte del mobiliario. Pero es que no tenía otra opción. Cuando la distinguía por los pasillos, fingía que las pinturas en las paredes, las armaduras y hasta los candelabros eran sumamente interesantes, aunque siempre se quedaba al final del corredor, para poder mirarla de lejos, suspirando por no poder abrazarla de nuevo, o besarla como antes. Después de todo, ya ni siquiera podía atreverse a dirigirle la palabra, por temor a perder los estribos, y volver a caer en sus brazos…

Aquello se estaba volviendo sumamente difícil. Y sintiéndose un cobarde, cruzó dedos por que aquella ayuda no tardase mucho en llegar.


¡Hola a todxs! Feliz fin de semana~

Espero y hayan tenido una semana interesante, y que me disculpen por no haber respondido a sus reviews, ya que la mía ha sido sumamente pesada u.u Hablando de semanas pesadas, también los sábados se me están complicando un poco para poder seguir haciendo las ups. Muy probablemente tenga que cambiarlo a los domingos, así que si ven que el próximo sábado no subo nada, ya saben porqué fue, y no desesperen.

Ignorando esos cambios en el programa, ¿qué tal les ha parecido el capi de hoy? No ha habido mucho avance, este es un poco más de relleno, pero era importante que supieran en dónde está parado cada uno. Quizá en el capi anterior, la amenaza de Lucius de matar a Hermione no sonase tan amenazadora, pero es en sí el motivo por el cual Draco se ha decidido a terminar con ella. Algo así como un "si la amas, déjala ir". En fin, parte de no decirle a Hermione el verdadero motivo de ésto es para meter drama, pero en sí, era para que Hermione le volviese a tomar coraje por considerarlo un cobarde. No me odien por ello.

Yo sé (y me pesa) que les debo reviews, desde hace como dos capis. Odienme porque parece ser que seguiré sin poderlos responder esta semana. Se me vienen encima unos cursos por parte del trabajo, varios cumpleaños y demás, que no tendré tiempo para nada más.

En fin, espero que esto no los detenga de dejar review para este capi, y como siempre, dar su follow y favorite, que ya saben se les agradece de todo corazón. Un último detalle, estamos entrando ya a la recta final del fic (solo 5 capis y ya), por lo que espero continúen conmigo hasta el final, donde habrá sorpresas (?)

Les mando un abrazo, un beso, y nos seguimos leyendo la próxima semana. Sigan bellos! ;D!