Holaaa jajaja soy una locaa con insomnioo pero no importaa xD
Agradezco muchísimo por sus bellos reviews, soy muy feliz :') También decirles que es un poco improbable que Sak y Shao sean hermanos, saquen sus conclusiones del porqué! Chan chan chann jaja hagamos una apuesta a ver quién puede adivinar quién es el padre de Sakura y quién asesinó a Hien! jajja a quiénes adivinen les escribiré algo lindo! Ya sé que estoy loca :D
Aunque aún nada está confirmado...también decirles que alguos reviews me han dado algunas ideas! Les agradezco muchísimo por el apoyo chicas! Un abrazo de oso dormilón y nos leemos muy pronto!
Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen al grupo CLAMP.
MIEL Y CHOCOLATE
Capítulo 9
Rechazo y pasión
I
Sakura contempló el jardín desde los balcones del salón con el corazón rebosando melancolía. Ya había anochecido, estaba oscuro y llovía, y las luces del interior de la casa alcanzaban a acariciar las ramas de los árboles para dibujar sus siluetas con tonalidades plateadas y anaranjadas. Los cipreses se agitaban violentamente con el viento, sacudidos por una tormenta que ya duraba horas, y cuando un rayo cercano iluminó el jardín con un fogonazo, la muchacha se sobresaltó y se apretó las manos al pecho, luchando porque esas lágrimas que le escocían los ojos no brotaran.
Esa lluvia había arruinado el maravilloso día de caza que su padre había organizado con tanto entusiasmo desde hacía ya dos semanas. A ella le importaba un bledo que esa lluvia hubiese estropeado el viaje de los invitados de su padre porque para ella, esa lluvia había fastidiado el bello momento de permanecer en los brazos del hombre al que amaba profundamente. Había tenido que dejar marchar a su querido Shaoran, al serio y guapísimo hombre al que todavía sentía entre sus piernas; tanto sus labios como los recuerdos de sus caricias todavía le provocaban hormigueos de placer en el estómago porque tales recuerdos eran imposibles de olvidar cuando el dolor y el gozo se habían mezclado de un modo perturbadoramente delicioso.
El vestido de noche le apretaba mucho. Sus pechos, todavía sensibles por las caricias y los besos -y los mordiscos y las succiones-, estaban atrapados en el interior del corsé y casi no podía respirar cada vez que suspiraba de amor. Apenas había probado bocado de la espléndida cena que habían servido para agasajar a los invitados, a modo de disculpa por la lluvia, rebajando el nivel de la magnitud de aquel desastre al de un simple contratiempo. Sakura evitaba en todo momento mantener una conversación demasiado larga cuando alguien se acercaba a saludarla, dando respuestas vagas y desapasionadas con la esperanza de que la dejaran tranquila, porque de lo último que quería hablar era de su futuro compromiso, un cruel recordatorio del destino contra el que deseaba luchar.
Durante gran parte de la velada se mostró ausente, se moría de ganas de abandonar el salón para regresar a su habitación y recrearse en el recuerdo de lo ocurrido hace unas horas, el hombre que la había hecho mujer, el hombre al que amaba y al que no se podía sacar de la cabeza ni de la piel. Después de que Shaoran se marchara para cumplir con sus obligaciones, ella permaneció tumbada en la cama tal y como él le había pedido que estuviera: Esperándolo y confiando en él. Estaba ansiosa por sentir de nuevo sus caricias, sus besos expertos, su tacto, su calor, cualquier cosa que él tuviera para ofrecerle; para ella era lo mejor y lo más valioso. Esperó a que regresara, deseaba verlo de nuevo para ofrecerle su cuerpo y su amor sin reservas para que hiciera lo que deseara, para que abarcara cada centímetro de su ser entre sus varoniles manos mientras la hacía suya con esa pasión tan magnífica y desbordante. Pero Shaoran nunca regresó porque enseguida comenzaron a llegar las criadas avisándole que debía prepararse para una cena.
Al principio se negó a abrirles la puerta, deseaba estar sola, deseaba que Shaoran le hiciera el amor hasta perder el sentido, durante horas, durante días; deseaba que permaneciera dentro de ella hasta que los músculos se le agarrotaran. Pero la severa ama de llaves de la mansión llamó con tanta energía a la puerta que Sakura abrió con el corazón acelerado por el miedo, porque sus nervios no aguantaron la presión de escuchar los golpes como si un ejército se prestara a echar la puerta abajo. La vieja mujer le informó que su familia reclamaba su presencia en el salón, a causa de la lluvia habían regresado de la excursión de caza antes de tiempo y su padre había decidido organizar un pequeño baile para compensar el fatídico desenlace.
Y ella no podía faltar a aquella cita, porque todos aquellos invitados estaban allí por ella, para la boda que se celebraría en menos de dos semanas. A regañadientes se metió en la bañera, tenía que lavarse, perfumarse y acicalarse para estar perfecta, espléndida. Pero eso significaba borrar de su cuerpo el recuerdo de Shaoran, el olor que todavía tenía pegado a la piel, el recuerdo de sus besos y sus caricias...amaba demasiado a Shaoran.
Dos criadas la asistieron en el baño, frotándole la piel con una esponja hasta dejarle la piel roja, eliminando de ese modo cualquier recuerdo que aún pudiera conservar. Ninguna de las mujeres descubrió su secreto, todas las marcas que Shaoran provocara en su cuerpo se borraron con el agua caliente debido a las enérgicas pasadas de esponja. Lavaron y perfumaron el largo cabello color miel, cepillándolo hasta que estuvo listo para que otra criada le hiciera el peinado, pero ésta vez Sakura pidió que fuese su prima Tomoyo quien lo hiciera, sabía cuánto adoraba hacer aquello. Le pidió amablemente a una de sus criadas que llamase a la joven de ojos amatistas. Ni siquiera hizo falta aquello pues su prima ingresó a su habitación a los pocos segundos con una amplia y hermosa sonrisa en su perfecto rostro de porcelana.
- ¡Sakurita, tienes que verte divina! - Se acercó a ella prácticamente corriendo y la abrazó fuertemente. Entre ambas jóvenes existía un cariño tan especial y fraternal que verlas juntas era adorable.
- Tommy, sé que te encanta peinarme, por eso quiero...quiero que tú lo hagas en ésta ocasión - Le sonrió, la joven estaba feliz. Para ella Sakura era como una hermana y adoraba que siempre pensara en ella.
- Claro que sí, descuiden chicas...yo peinaré y ayudaré a vestir a Sakura, pueden volver a sus demás obligaciones - Dijo dirigiéndose a las dos criadas muy amablemente, ambas asintieron con un gesto y salieron de la habitación de la menor de los Kinomoto, dejando a ambas primas finalmente solas.
Tomoyo permaneció firme hasta que las criadas salieron, a los segundos volteó el rostro hacia su prima y no pudo evitar sentir una horrible punzada de tristeza por ella, el bello rostro de su querida prima estaba bañado en lágrimas amargas.
- Sakura...no llores, tranquila - La abrazó maternalmente y acarició su cabello - No te pongas así - Trató de animarla.
- No quiero casarme Tomoyo, no quiero...no podría casarme jamás con alguien que no sea Shaoran - Sus lágrimas seguían cayendo lentamente, Tomoyo trató de consolarla pero luego se dio cuenta de que era mejor dejarla llorar por un momento hasta que se calmase - Lo peor de todo es que él me dijo que regresaría, pero eso fue en la mañana...ya ha anochecido y no ha vuelto Tomoyo, ¿Y si no regresa? - Se desesperó.
- Tranquila, recuerda que está toda nuestra familia y los Tsukishiro aquí, ¿No crees que sería muy peligroso si el joven Li se apareciera ahora? ¿Quieres que los descubran de ésta manera? - Trató de hacerla entrar en razón.
- Pero Tomoyo él me dijo que...
- Yo sé, yo entiendo lo que dices y lo que sientes...pero piensa en el joven Li por un momento. ¿Crees que estaría bien si todos se enterasen ahora de lo que hay entre ustedes? - Suspiró - Sakura...yo sé, sé muy bien que él te ama profundamente - Le sonrió - Lo he podido ver en su mirada cuando te observa fijamente sin que te des cuenta, entiende que para el joven Li esto no es algo fácil, tiene que enfrentar a mi tío, a Touya, a los Tsukishiro...no es algo fácil de hacer y eso lo sabes muy bien.
- Sí lo sé Tommy, es por eso que tengo miedo...tengo miedo de que no vuelva, porque no quiero que algo malo le suceda - Le confesó abrazándola con fuerza - Quiero estar siempre con Shaoran...mi querido Shaoran.
- Y lo estarán, de eso estoy muy segura - Le regaló una hermosa y firme sonrisa limpiando el rastro de las lágrimas del rostro de su prima - Ahora, anímate...piensa en que tu querido Shaoran va a venir por ti pronto y no quiere ver esas lágrimas, sé que él ama tus sonrisas.
- ¿Cómo sabes eso? - Se sonrojó un poco ante la afirmación de la joven de ojos amatistas.
- Es fácil saberlo - Le dijo divertida - Todos los que te queremos amamos tus sonrisas Sakura y queremos verte feliz.
- Tommy...gracias, gracias por estar siempre conmigo - Ambas primas se abrazaron y sonrieron juntas. Tomoyo se puso de pie y comenzó a peinarla, tuvo la idea de hacerle una preciosa trenza hacia uno de los lados ornamentada con unas lindas cintas de seda.
Al menos por unos momentos Sakura estaba feliz, y si ella podía cooperar para que su casi hermana sea siempre feliz, lo haría. Después de todo, ella también se había decidido a ser feliz y darle una oportunidad al amor, a pesar de aún tener miedo. Quería darse una oportunidad de amar, de vivir y sentir el amor y la pasión al lado de aquel joven de ojos azules oscuros y piel tan pálida como la suya.
Suspiró pensando en Eriol Hiraguizawa...al parecer su prima no era la única enamorada en esa mansión.
A la hora de elegir el vestido adecuado para la cena optaron por tres preciosos trajes, regalos de su prometido para no ser descortés. Sakura arrugó la nariz, no deseaba los obsequios que le traía Yue, su prometido, prefería vestir sólo piel antes que cubrirse con alguna de esas prendas. Uno de los vestidos era de un rojo muy intenso y brillante, con una falda plisada de encaje y un precioso busto con forma de flor. El otro era blanco, delicado y estrecho, con las mangas de color crema y un rico bordado en la cintura. El último era dorado, lleno de ribetes y flores, con una falda muy amplia que caía desde la base de la espalda, realzando sus torneadas y esbeltas caderas.
Eligió el último porque fantaseaba con la idea de que su Shaoran se colase en la fiesta para verla y ese vestido sería de su agrado, porque moldeaba su cuerpo y mostraba cuan estrecha era su cintura. Pero una vez Tomoyo le cerró el corsé tuvo que hacer un enorme esfuerzo por seguir respirando. Por supuesto que moldeaba su torso, estaba tan apretado que le oprimía el pecho y le ceñía la cintura de un modo espantoso. ¿Es que a partir de ahora tendría que aprender a no respirar? Recordaba lo libre que se había sentido sin ropa, como su cuerpo se agitaba con los hipnóticos movimientos del joven chino, como el aire que él exhalaba con cada suspiro le acariciaba la piel de los hombros y el cuello.
Se sofocó debido al recuerdo, sus mejillas se nublaron de rojo y antes de que su respiración se agitara demasiado el corsé le cortó el aire. Tuvo que esforzarse por recuperar el aliento, si quería sobrevivir a la velada iba a tener que controlar sus emociones. Aun así, no todo era malo, porque ese era el mejor vestido que podía haber elegido, así nadie notaría que suspiraba de amor.
Ambas preciosas jóvenes bajaron tomadas de las manos hacia el gran salón donde fueron recibidas amablemente por el señor Fujitaka, Touya y el amigo de este junto a los Tsukishiro.
Sakura se llevó una mano al vientre cuando volvió a emocionarse al pensar en Shaoran. La música del salón de baile llenaba sus oídos de recuerdos ardientes mientras los invitados bailaban, inmunes, quizá, al poder sensual de la música. ¿Es que no escuchaban lo que ella escuchaba? ¿Cómo podían soportar las penas de la vida diaria sino podían encontrar placer en la música y en las sensaciones que ésta evocaba?
Las otras primas más cercanas a Sakura, Rika Sasaki y Naoko Yanagisawa habían bailado con sus esposos, también con gran parte de los invitados y con muchos más familiares. Ella no había bailado todavía y retrasaba el momento lo máximo posible porque el vestido empezaba a ser muy molesto y no deseaba bailar con otra persona que no fuese Shaoran. Sonrió divertida imaginándolo bailar con tosquedad, pero enseguida esa imagen se transformó en una poderosa fantasía en la que él era un gran bailarín y ensombrecía a todos los demás. Pero no había visto a Shaoran entre los invitados. Aunque no fuese más que el entrenador de caballos de su padre, era un hombre respetable y muchas veces lo invitaban a participar en aquellas veladas, como cortesía; aunque él siempre las rechazaba. ¿Por qué habría de aceptar ahora una invitación?
¡Pues porque Sakura estaba allí! ¡Porque apenas unas horas atrás compartían caricias, suspiros y besos y ahora necesitaba su presencia para respirar! Se limpió una lágrima del rabillo del ojo, se mordió el labio y dejó que la vista vagara por los jardines, los árboles sacudidos por la tormenta y la lluvia empapando los cristales de las ventanas. Sakura empatizaba con la lluvia, cada vez deseaba con más ganas echarse a llorar hasta despellejarse las mejillas con las lágrimas.
- Buenas noches, querida Sakura.
Se le secó el llanto de inmediato.
- Buenas noches, joven Tsukishiro.
Sakura volvió el rostro para saludar a su prometido, con el que no había intercambiado ni una palabra desde que comenzara la improvisada fiesta. Pero, en un día normal, tampoco hablaba mucho con él ya que, después de todo, tendría toda la vida para mantener todo tipo de conversaciones y era mejor ahorrarlas para el futuro que gastarlas antes de tiempo...supuestamente, porque estaba totalmente segura de que no se casaría con él.
Yue Tsukishiro era un joven casi de su misma edad, con diecinueve inviernos sobre los hombros pero con un aspecto mucho más maduro que otros hombres adultos. El cabello casi platinado, con un sedoso y atractivo brillo que mantenía atado en un coleta. Los ojos, de un color acero cristalino parecido al de las hojas de los sables que su padre guardaba en una vitrina, hablaban poco de su personalidad salvo para reflejar una punzante inteligencia que a Sakura daba escalofríos.
Si no odiara tanto a Yue Tsukishiro habría dicho que era un hombre atractivo y, en otras circunstancias, no habría tenido problemas en aceptarlo como esposo. Era rico y bien parecido, elegante, sofisticado, culto y más alto que cualquiera de los nobles que ella conocía. Además, tenía unas manos grandes, preciosas y una boca muy sensual, enmarcada por esa sonrisa ladina pero seria a la vez. Pero el rencor la cegaba, porque no deseaba verlo cerca de ella siquiera, porque no quería a Yue, jamás lo querría y eso la disgustaba mucho, porque no le habían permitido elegir con quién casarse. Yue no tenía la culpa de su odio y no podía pagarlo con él siendo irrespetuosa, porque nunca se había portado mal con ella. Sin embargo los rumores sí que llegaban hasta su habitación. las criadas y en ocasiones Tomoyo decían que Yue Tsukishiro era un joven malvado de gustos oscuros.
Al parecer a su padre esas cosas no le importaban, a él sólo le importaban el renombre e influencias de los Tsukishiro y una alianza entre las dos grandes familias sería muy beneficiosa para todos, aunque para eso tuviera que sacrificar a su hija menor.
- Estás muy hermosa ésta noche - dijo Yue con una sonrisa galante. A otra mujer esa sonrisa le habría derretido el corazón, en cambio a ella se lo endureció. Aun así Sakura tuvo la deferencia de sonrojarse - El color dorado te sienta de maravilla, ese vestido hace juego con tu cabello y con tus preciosos ojos. No he podido dejar de observarte durante toda la noche.
- Es muy amable, joven Tsukishiro.
Sakura siempre había mantenido las distancias con su prometido, jamás lo llamaba por su nombre y utilizaba las formas corteses; en cambio él la trataba con íntima familiaridad y ella había dado aquella batalla por perdida. Con un largo suspiro, el muchacho se situó junto a ella para contemplar los jardines azotados por la tormenta.
- Me encanta la lluvia - comentó el joven tras un largo silencio - El sonido del agua golpeando los cristales de las ventanas, esa estampa fría mientras que en el interior nosotros estamos a refugio, el olor húmedo de la hierba que queda después, el aroma a tierra mojada...
- La lluvia consigue que un día soleado y maravilloso se estropee - dijo ella abatida, pensando en Shaoran y en el calor de sus brazos - Después de todo, ha estropeado la fantástica salida al campo que mi padre tanto deseaba - añadió después.
Yue sonrió divertido, mientras sacudía la cabeza como restando importancia a lo que ella acababa de decir.
- Eso es lo que hace tan especial a la lluvia. Nos ha obligado a cambiar de planes, ya no es un día cualquiera sino uno lluvioso, con el cielo encapotado de un color muy limpio. Y gracias a la lluvia he tenido la oportunidad de verte con ese vestido que tan bien te queda.
La miró a los ojos y Sakura se mareó por la falta de aire, el corsé seguía estando muy apretado.
- Tiene razón, joven Tsukishiro.
Su corta respuesta hizo dudar a Yue, que la miró con más atención.
- ¿Acaso la lluvia ha estropeado tu día, Sakura? - preguntó él con una amable sonrisa. Ella no deseaba responder a su pregunta y trató de disimular su nerviosismo con una negativa - No te preocupes, tras el paso de la tormenta volverá a salir el sol y podrás sentir sus cálidos rayos sobre las mejillas.
Lo que ella deseaba sentir eran los labios de Shaoran sobre sus mejillas, sus abrazos y sus besos. ¿Cómo sería la sensación de hacer el amor bajo el sol, completamente desnudos y expuestos? El próximo miércoles, en su paseo semanal, montaría sobre Shaoran mientras dejaba que el sol le bañara el cuerpo...aquellos pensamientos hicieron que un fuerte sonrojo se pintara en sus mejillas, ¿Desde cuándo tenía pensamientos tan impuros como ese?
- Te eché de menos allí afuera - comentó su prometido tras una pausa - Pensé que nos acompañarías a cabalgar durante la caza, sé lo mucho que te gusta montar.
- Me encontraba indispuesta.
- ¿Y ya te encuentras mejor?
No deseaba seguir hablando con él así que no respondió, se limitó a mirar la lluvia. Yue respetó su decisión de no hablar y permanecieron juntos un buen rato sin decirse nada ni mirarse, aunque Sakura sentía que él no le quitaba los ojos de encima. Ella contempló los charcos que se formaban sobre el patio notándose cada vez más inquieta, no tenía nada que decirle a su prometido y no sabía cómo rellenar esos incómodos silencios. Y él no dejaba de mirarla, de estudiarla, de leerle la mente. ¿Podría ver bajo el maquillaje las marcas de los besos que tenía en el cuello? ¿Leería en su cuerpo que ya no era virgen?
- Estoy deseando que se celebre la ceremonia para estar a solas contigo sin que la incomodidad te domine - dijo entonces su prometido. Sakura contuvo el aliento y evitó mirarlo a la cara - Te ruego que me disculpes si estoy siendo demasiado atrevido, querida Sakura, pero cuento las horas que faltan para demostrarte lo feliz que puedo llegar a hacerte.
Sakura apretó las manos contra su corazón. No ponía en duda su sinceridad, desde que se conocieron él no había hecho más que colmarla de halagos, regalos y elogios, adorándola como a una diosa. Se sintió, de repente, un poco culpable por no amarlo ni siquiera un poco. Pero nada podía hacer contra los designios de su corazón...lo detestaba, ella amaba a otro hombre y no deseaba casarse con Yue, por muy guapo y muy amable que fuera.
Su sola existencia era un obstáculo para su felicidad, ¿cómo iba a hacerla él feliz? Sólo si desaparecía Sakura podría ver cumplido su sueño de estar con Shaoran. Si es que no hacían algo Shaoran o ella, después de la boda iba a abandonar la casa de su padre y ya no volvería a ver a su querido Shaoran. Aquella certeza le partió el alma y su compostura terminó por quebrarse. ¿Qué sería de ella si no podía estar con Shaoran? ¿Si ya ni siquiera podría verlo? ¿Se olvidaría él de ella yéndose de putas todos los días mientras ella se marchitaba como una flor en la sombra?
- Te has puesto pálida, ¿he dicho algo que te ha molestado? - preguntó Yue colocando su palma caliente con mucha suavidad en el codo de Sakura. A ella la recorrió un crudo escalofrío de espanto, descubriendo que no deseaba ser tocada por él...jamás.
- No, joven Tsukishiro…es sólo que no acabo de encontrarme del todo bien... - susurró ella cerrando los ojos.
- ¿Estás enferma? - preguntó él lleno de ansiedad - ¿Te afecta el mal tiempo?
- Necesito regresar a mi habitación - casi suplicó tratando de zafarse, la atención de Yue era incómoda y dolorosa - Lo siento, no puedo seguir aquí…me falta el aire.
- ¿Quieres que avise a una criada?
Lo último que quería era montar un espectáculo en mitad de la velada, no deseaba atraer la atención de nadie. Negó enérgicamente.
- Sólo deseo regresar a mi habitación.
- Te acompañaré - dijo ofreciéndose muy solícito, sujetándola por ambos codos para mirarla de frente.
-¡No! - exclamó Sakura demasiado alto. De inmediato bajó la voz otra vez sin saber muy bien qué excusa poner - No es necesario, joven Tsukishiro. No quiero molestarlo.
- Nada de lo que hagas podría molestarme, Sakura.
- Joven Tsukishiro... es importante que esté aquí - replicó ella, nerviosa - Ésta celebración es en su honor, para la de todos los invitados. No tiene que preocuparse por mí, es sólo que… necesito regresar a mi habitación. Discúlpeme.
Se zafó de las manos de Yue con un gesto demasiado brusco y corrió hacia el pasillo notando como todos los invitados miraban en su dirección. Se agarró el corpiño con los dedos tratando de aflojarlo, la fuerza con la que el busto del traje se le apretaba al torso impedía que pudiera expandir el pecho. Se puso nerviosa pensando que quizá Yue había salido tras ella, se detuvo y miró en dirección al salón pensando en alguna excusa con la que quitarse de encima a su prometido. Pero nadie había salido tras ella, todos seguían en el salón, ajenos a su tormento. Siempre había sido así, nadie prestaba atención a Sakura salvo Tomoyo que la miraba preocupada, así acababa de convertir aquella horrible sensación de soledad en una ventaja, porque nadie le pediría explicaciones.
Se agarró las faldas y corrió por el pasillo en dirección a las habitaciones, resollando sin aliento. Se cruzó con una criada que intentó ayudarla pero Sakura la despidió con un grito ahogado y cerró la puerta de su habitación con llave para que nadie entrara. Más calmada, buscó unas tijeras en su cesto de costura para acabar con el problema de raíz. Odiaba el vestido y odiaba no poder respirar con él. Odiaba, también, que fuese un regalo de su prometido, porque era como un cruel recordatorio del destino que le aguardaba.
Se puso de espaldas ante el espejo y buscó los cordones del corsé bajo el corpiño. Había necesitado la ayuda de Tomoyo para ponerse aquel vestido y pronto descubrió que iba a necesitar la ayuda de al menos una persona para poder arrancarse aquella jaula del pecho. La hilera de diminutos botones que bajaba por la espalda cerraba muy bien el cuerpo del vestido, no había ni un solo resquicio por el que pudiera acceder al corpiño y aunque lo intentó varias veces no lograba cortar nada con las tijeras. Pensó en desgarrar el vestido por delante pero la tela era tan gruesa que no había forma de cortar. Lo intentó con las manos pero no tenía fuerza suficiente y después de veinte minutos de intento, estrelló las tijeras contra la pared frustrada por no poder quitarse el maldito vestido.
Lo odió aún más, odió también a Yue y se habría echado a llorar si al menos pudiera respirar para sollozar. Recuperó de nuevo las tijeras y se dispuso a cortar el vestido desde abajo, poco a poco. Sólo necesitaba tranquilizarse y tomarse su tiempo, haría trizas primero la falda, luego el corpiño, se lo arrancaría pedazo a pedazo hasta que no quedara nada de él y luego lo echaría al fuego. Eso haría. Enarboló las tijeras, se agarró la falda y empezó a cortar de abajo hacia arriba.
De repente unos brazos la sujetaron por detrás, tan fuerte que ya no se pudo mover. Abrió la boca para gritar y una mano le cubrió los labios, cuando levantó las tijeras otra mano la sujetó por la muñeca tan fuerte que se le escaparon de entre los dedos, cayendo sobre la alfombra con un ruido amortiguado. Se le aceleró la respiración, provocándole una angustiosa asfixia, pues no terminaba de entender quién había logrado entrar en su habitación si había cerrado la puerta con llave.
- Te dije que volvería.
«¡Shaoran!»
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