Capítulo 19
Cabeza de Puerco
El miércoles en la mañana, fue colocado el anuncio en los tablones de las cuatro casas: la próxima salida a Hogsmeade estaba preparada para aquel sábado. Sin embargo, mientras que Neville, Luna, Ginny y Hermione recibieron la noticia con alegría, para Draco Malfoy aquel anuncio era motivo de ansiedad.
El sábado por la mañana, Ginny fue la primera en despertar. Aún emocionada por la victoria del equipo de Quidditch de Gryffindor sobre los Slytherin, la pelirroja se puso ropa abrigadora, y tras esperar a Hermione (al tiempo que golpeaba impacientemente el suelo con un pie), ambas muchachas bajaron al Gran Comedor, a tomar el desayuno. Tuvieron que pasar quince minutos antes de que Neville y Luna se les unieran, y transcurrieron otros cuarenta antes de que los cuatro muchachos salieran del castillo, cruzaran los jardines, y emprendieran el camino rumbo al pueblo.
-¡Tenemos que darnos prisa! –pedía Ginny, mientras se colgaba del brazo de Hermione, e intentaba caminar más rápido.
-No sé cuál es la urgencia, Harry dijo que se demorará y llegará hasta la hora de comida –respondió la castaña.
-¡No es solo por él! –se defendió la menor de los Weasley-. Esperaba que ahora que Ron y George también estarán aquí, cuidando Sortilegios Weasley durante la temporada, podríamos pasar a saludarlos a ellos también.
Se calló al instante, y se detuvo en seco. Se giró velozmente para mirar a Hermione, con una expresión que denotaba que se acababa de dar cuenta de lo que había dicho, y lo lamentaba. Pero la castaña fingió no darle importancia, y le sonrió intentando tranquilizarla.
-Sí, saludarlos será una buena idea. No dudo que querrán escuchar sobre el partido de quidditch de ayer.
Se había aparecido a las afueras de Hogsmeade aquella mañana. Debido al frío de la temporada, se había protegido del viento vistiendo un pesado abrigo cobrizo. Tras ajustarse las gafas de montura redonda, el chico de los ojos verdes se guardó las manos en los bolsillos del abrigo (para mantenerlas calientes) y emprendió el camino a Cabeza de Puerco. Una vez estuvo detrás de la barra atendida por Aberforth, Harry pidió una habitación privada, una cerveza de mantequilla, y que su invitado fuese guiado a dicha habitación, apenas llegase.
Sabía que Cabeza de Puerco no era el mejor lugar para mantener una conversación privada, pero no tenía otro lugar al cual acudir en el pueblo: en las tres escobas podrían encontrarse con sus amigos u otros estudiantes, y el salón de Madame Pudipié era una idea ridícula. Además, Harry esperaba que la conversación que estaba por tener, no fuese demasiado interesante de ser escuchada por alguien más. Por si las dudas, pidió a Aberforth que cuidase que nadie se acercase a su privado mientras él y su acompañante tenían aquella conversación, la cual esperaba no durase más de un par de minutos.
Así que esperó en aquella habitación privada durante media hora (había llegado temprano a propósito), hasta que la puerta volvió a abrirse, y por allí, apareció Draco Malfoy. Se miraron en silencio, casi conteniendo la respiración, hasta que después de lo que parecieron horas, Malfoy finalmente avanzó hacia el centro de la habitación, y se dejó caer en uno de los sillones (echando su abrigo a un lado de él), haciendo un ruido sordo. Una vez Aberforth hubo dejado cervezas de mantequilla para ambos, salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí, y dejándolos finalmente solos.
-Gracias por venir, con tampoco tiempo de aviso –fue lo primero que dijo el Slytherin, visiblemente incómodo. Harry intentó no darle importancia, y se inclinó sobre la mesilla que había entre ellos, para tomar un poco de su cerveza.
-Creo que debería ser al revés. Después de todo, era yo quien tenía interés en reunirme contigo.
-Lo sé –interrumpió Draco-. Leí la nota. Pero primero me gustaría saber cómo conseguiste aquella carta.
-Hermione pasó las vacaciones de invierno en casa de los Weasley, por solicitud mía –fue la respuesta del ex Gryffindor.
Sentía que le faltaba el aire, el ambiente en aquella habitación se sentía tenso, como si no supiese si realmente podía confiar en la serpiente; pero de una forma u otra, aquel sentimiento de relativa calma era mejor que los constantes ataques entre ambos. No pudo evitar sorprenderse al ver como Malfoy se limitaba a asentir, y beber igualmente de su cerveza.
-Eso quiere decir que no estaba en Australia. Eso explica lo rápido de su aparición en Hogsmeade, cuando le mandé aquella segunda carta…
-¿Así que el motivo de su abrupta desaparición fue porque tú la llamaste? –Draco se limitó a asentir.
-¿No te lo dijo ella? –ahora fue el turno de Harry de negar.
-Solo vi la carta que te envié, por error. Y me gustaría que me explicases qué relación tienes con Hermione.
-No existe ninguna –fue la seca respuesta del Slytherin.
-Mira Malfoy, no voy a negar que serías la última persona con la que me gustaría que Hermione se viese involucrada, pero ella es mi mejor amiga y respeto sus decisiones. Y por lo mismo que es una persona tan valiosa para mí, quiero lo mejor para ella. Si eso incluye tener que amenazarte para que no la lastimes…
-No estás entendiendo, Potter –interrumpió Malfoy, provocando que el muchacho de ojos verdes frunciese el entrecejo-. Es decir, sí en su momento Hermione y yo sentimos algo el uno por el otro, pero eso ya quedó en el pasado. Al menos para mí.
-¿A qué te refieres?
-He entendido que no saldrá nada bueno de tener una relación con Granger. En primera, ni tú ni sus amigos lo entenderían; eso no lo puedes negar. En segunda, mi familia tampoco lo aprobaría; con guerra o sin ella, Granger sigue siendo una hija de muggles, y para la estirpe Malfoy, ese status es inaceptable. Y en tercera, tengo ya un compromiso que debo cumplir.
-Pero eso no explica…
-Mira, sí. Reconozco que entre Granger y yo hubo algo –Malfoy se notaba nervioso. No quería confesar aquello, en especial delante de Potter, pero sabía que no tenía otra opción-. Quizá inclusive yo fui el principal culpable de que ignorase a Weasley durante estos últimos meses. Pero ha llegado la hora de detener esta relación, antes de que se salga de control. Y necesito que me ayudes.
-¿Ayuda? ¿Para qué necesitas mi ayuda, exactamente?
-Tú y yo sabemos que el estar conmigo no traerá nada bueno para Granger. Yo soy un imbécil insensible que simplemente no podrá hacerla feliz. Hay demasiadas cosas en juego que impiden que lo nuestro llegue a ser una relación normal. Iniciando por mi familia. Te lo he dicho ya, el linaje Malfoy nunca aceptaría a una hija de muggles en su círculo. Nos haría perder nuestro status dentro de los Sagrados Veintiocho.
-Al diablo con la pureza de sangre –rugió Harry, pero Draco ni se inmutó.
-Sé que lo piensas así. Sé que toda la comunidad mágica lo piensa así ahora. Pero los Malfoy nunca cambiarán.
-Tú podrías cambiar si quisieras. Dumbledore lo había dicho ya una vez. La Orden del Fénix te protegería…
-Esta vez es diferente. Esta vez no se trata de servir al Señor Tenebroso. Esta vez es por mi familia.
-Entonces, ¿qué es lo que quieres, Malfoy?
-Soy consciente de lo que soy, y de lo que nunca podré cambiar, así como también soy consciente de lo que es Granger, y cómo ella tampoco puede ignorarlo. Ambos sabemos que es una obstinada sabelotodo. Y me temo, que ella no quiera aceptar que esto se terminó. Que ya no podemos estar juntos.
-¿No pueden, o tú no quieres? Creo que inclusive es demasiado bajo para ti el enamorarla y después simplemente aventarla como si se tratase de un trapo viejo…
-A mi lado, su vida corre peligro, Potter. Por lo mismo de que la amo, tengo que dejarla ir. Todo sea por verla feliz.
Se miraron en silencio, ambos con el entrecejo fruncido, las mandíbulas firmemente apretadas, y con los puños cerrados, clavándose las uñas en las palmas. Pero entonces, Draco suspiró, mostrando aquella expresión de derrota, y sujetándose al borde de la mesa, con las puntas de los dedos blancas debido a la presión, finalmente dijo:
-Necesito que me ayudes a convencer a Hermione de que lo peor que podría pasarle es verse involucrada conmigo.
-Hermione no sabe que yo estoy al tanto de su relación –fue la respuesta de Harry-. No puedo ayudarte con eso.
-Pero puedes ayudarme arrojándola a los brazos de alguien más. Después de todo, ¿ya lo habías hecho, no? Ya habías intentando que fuera feliz con Weasley.
-Hermione no quiere…
-Porque Granger cree que aún tiene una oportunidad conmigo. Pero no es así. Ella tiene que entender que todo fue un error. Que el elegido siempre fue Weasley. Que es él quien la hará feliz.
-Ron es quien la hará feliz –repitió Harry, dando a entender que había entendido.
Draco suspiró una vez más, esta vez agradecido. Ignorando su cerveza de mantequilla, se levantó del sillón, y tras tomar su abrigo, miró a Harry a los ojos.
-Potter –dijo con voz firme, a lo que Harry se incorporó, y del mismo modo, respondió:
-Malfoy.
Ambos jóvenes asintieron firmemente, con lo que el Slytherin dio media vuelta y salió de la habitación, dejando al ex Gryffindor solo, quien se dejó caer de nueva cuenta en su sillón.
-Sabes, Draco –dijo al aire, mientras miraba el borde de la mesa que tenía delante de sí-. No te culpo de enamorarte de Hermione. Ella es perfecta. Después de todo, inclusive yo una vez caí rendido a sus pies…
Dio aquel último trago a su cerveza de mantequilla, antes de levantarse del sillón, y salir de aquel privado. Esperó unos diez minutos más en la barra, mientras conversaba con Aberforth (el hombre confirmó que no había aparecido nadie por el pasillo y le aseguró que su conversación había sido totalmente privada), antes de ponerse su abrigo, y salir a la fría calle. Lo esperaban en Las Tres Escobas; más le valía darse prisa.
-¡Harry! ¡Estamos acá! –el saludo de Ginny provenía desde un rincón de aquella abarrotada habitación. El muchacho de cabello negro azabache se giró para mirar a su novia, quien se encontraba sentada en una mesa redonda, en compañía de Hermione, Neville, Luna y Ron. Sonrió alegremente, y se encaminó con paso veloz.
-¿Dónde te habías metido? –preguntó el Pelirrojo, mientras le hacía sitio entre él y Hermione, pero Harry lo ignoró, y se sentó del otro lado, junto a Ginny.
-Fui a saludar a Aberforth –respondió el muchacho-. ¿Qué hicieron en mi ausencia?
-Ginny nos estaba contando sobre el partido de Quidditch que se ocurrió ayer –intervino Neville, alegremente.
-Gryffindor contra Slytherin –confirmó la pelirroja-. Una victoria aplastante.
-¿Así que este año tenemos grandes oportunidades de ganar? –preguntó Ron.
-¿Tenemos? –intervino Hermione, quien sonaba realmente animada-. Me disculpas pero tú ya no eres un Gryffindor.
-¡Una vez un Gryffindor, siempre un león valiente! –se defendió el pelirrojo, mientras fingía un rugido, provocando las risas de sus amigos.
-Creo que deberían venir al siguiente partido –dijo Luna, como quien no quiere la cosa-. Ravenclaw vs. Hufflepuff. Nosotros también tenemos altas probabilidades de ganar.
Así que Ron y Harry prometieron que acudirían al siguiente partido, con lo que el grupo continuó conversando animadamente, sobre lo ocurrido en el castillo, así como lo sucedido en Sortilegios Weasley y La Madriguera. Harry no dejaba de mandar miradas discretas a Hermione y Ron. Su mejor amiga se notaba aún un poco incómoda por la atención del pelirrojo, pero parecía que el ambiente entre ellos estaba mucho mejor que hacía un par de semanas. Sonrió para sí mismo, hasta que la puerta de Las Tres Escobas se abrió, y por allí entró un reducido grupo de Slytherins, liderados por Draco Malfoy.
Al instante, la sonrisa de Hermione flaqueó, y su mirada se entristeció. Sintió formarse aquel nudo en su garganta, y aquel escalofrío recorrerle todo el cuerpo. Pero intentó continuar hablando con sus amigos, integrándose a la conversación que ahora cada vez le parecía más lejana…
Harry no pudo evitar preguntarse si estaría haciendo lo correcto. Si por él fuera, le diría a Hermione que estaba loca por fijarse en Malfoy, pero, ¿quién era él para decirle a su mejor amiga con quien no podía salir? ¿De quién no debía enamorarse? Aunque, el mismo Malfoy había pedido que aquello terminase. Él tenía sus motivos, motivos que quizá Hermione no entendiera, pero no tenía de otra más que aceptar.
Miró al Slytherin perderse escaleras arriba, mientras lo seguía su grupo de amigos, y volvió a mirar a Hermione, quien se encontraba con la mirada clavada en el borde de la mesa, claramente conteniendo el impulso de seguir al rubio.
-Oye, Ron –dijo de la nada-. ¿Le has hablado ya a Hermione sobre la nueva línea de productos que estás creando para Sortilegios Weasley?
-Ah, qué bueno que lo mencionas –respondió el pelirrojo, y procedió a explicar sus ideas, provocando que Hermione lo mirase, y el recuerdo de Malfoy pasase a segundo plano.
No se sintió más tranquilo hasta que no vio a Hermione sonreír, y de nueva cuenta, confió en que estuviera haciendo lo correcto.
El ambiente festivo se podía sentir en el aire. Aún no era el día, y las estudiantes femeninas de Hogwarts ya se encontraban saltando como conejitos, suspirando cada dos por tres, y poniendo sus miradas de borrego a medio morir. En otras palabras, San Valentín se acercaba peligrosamente. Para la mayoría de las chicas de Hogwarts, aquel era el día para echar mano a los filtros amorosos proporcionados por Sortilegios Weasley, las cajas de chocolates compradas en Zonko, y los tips de la revista Corazón de Bruja, tanto para ligar, como para maquillarse.
Claro, todas las chicas de Hogwarts excepto las de quinto y las de séptimo. Ellas no tenían tiempo para esas tonterías; ellas estaban demasiado ocupadas quemándose las pestañas sentadas frente a un montón de libros hasta las dos de la mañana, estudiando para sus TIMOS y sus ÉXTASIS. Podían aún estar a mediados del segundo trimestre, pero como decían los profesores, no tenían tiempo que perder.
Ginny y Neville solían estudiar en la sala común, repasando todo aquello que fuera necesario repasar. También se reunían con Luna en la biblioteca, donde aprovechaban para preguntarse todas las dudas y hacerse preguntas entre sí. Sin embargo, por más que estudiasen y repasaran, ninguno ponía tanto empeño a ello, como Hermione. Para los muchachos, el que la castaña se quedarse hasta altas horas de la madrugada estudiando en la sala común, o se perdiese entre el centenar de libros que le hacían compañía en la biblioteca, solo significaba que había vuelto a ser la misma de antes: estudiosa, centrada y aplicada al cien por ciento.
Sin embargo, para Hermione, aquellas prolongadas horas de estudio tenían otro significado. En realidad, el que la Gryffindor permaneciera sentada durante horas con la mirada clavada en todos sus libros y apuntes, era algo que la ayudaba a mantener a Draco Malfoy alejado de sus pensamientos.
Y vaya que lo necesitaba. Después de todo, solo podía pensar en cómo todo había terminado tan abruptamente, sin un sólido motivo. No podía dejar de preguntarse qué había pasado, si algo había hecho mal. ¿O es que en realidad se trataba todo de un juego para el Slytherin?
No, aquello último no podía ser. Ella sabía que, a pesar de lo frío y calculador que el rubio pudiese ser, aquellos besos, aquellas caricias, simplemente no podían fingirse. En algún momento, Draco la había amado de verdad. La pregunta era, si aún lo hacía y fingía que no, o si había ocurrido algo que lo había cambiado todo.
Aquellas preguntas le rondaban la cabeza por las noches. Permanecía horas despierta, recostada en su cama, pensando en ello. Nunca encontraba una respuesta satisfactoria; a la única conclusión a la que podía llegar, era que muy probablemente se tratase de una prueba. Que quizá Malfoy quería comprobar que ella lo amaba de verdad, a pesar de los prejuicios y los obstáculos a los que se pudieran enfrentar. La diferencia de sangre, sus familias, sus amigos, la comunidad mágica en general… Pues bien, a ella todos aquellos factores la tenían sin cuidado, y estaba dispuesta a demostrarle al Slytherin que era más fuerte de lo que él pensaba. Que soportaría, que lo seguiría amando, y que tarde o temprano, estarían juntos de nuevo.
La mañana del 14 de Febrero, que cayó un viernes, y había sido allí cuando el caos se había desatado. Las chicas estaban ya pescando cita para el día siguiente, cuando podrían ir todo el día a Hogsmeade para caminar de la mano y besarse con los muchachos, en otro lugar que no fuese el castillo o los jardines. Era tanta la emoción de aquel año (corría el rumor que el salón de té de Madame Pudipié había sido reservado al 100%), que inclusive varios valientes alumnos habían comenzado a hacer reservaciones en Las Tres Escobas.
Desde la primera hora de la mañana, en pleno Gran Comedor, mientras los alumnos desayunaban, el correo comenzó a traer las primeras cartas de color rojo y en forma de corazón. La mayoría eran cartas anónimas confesando sus sentimientos, aunque también estaban los novios que se habían decidido a mandarse algo especial. Hubo un par de alumnos de Hufflepuff y Ravenclaw que inclusive recibieron vociferadores con pegajosas y ridículas cancioncillas de amor, y que desaparecieron durante el resto del día, demasiado avergonzados.
Peeves había adoptado la mala costumbre de ir por las cabezas de las muchachas, aventando confeti que explotaba al más mínimo roce, mientras que a los chicos les aventaba bombones rellenos con una extraña y olorosa pasta pegajosa, al tiempo que no dejaba de repetir aquellas cancioncillas cursis y melosas. De vez en cuando cambiaba la letra, para poner en evidencia varios nombres.
Había sido horrible para Hermione encontrarse en su clase de dos horas de Pociones, puesto que Peeves se había colado en la mazmorra (aplaudido por Slughorn quien se encontraba de maravilloso humor) y había saltado sobre Draco Malfoy, aventándole chicles masticados por él mismo y cantando "Draco te amo, eres un primor, te lleno de besos y me das todo tu amor" a pleno pulmón.
Draco se había puesto rojo como tomate, y su mirada se había posado a toda velocidad en Hermione. La chica ignoró su fría mirada, y no dejó que aquello la interrumpiera de seguir cortando ramitas de Valeriana.
Poco después de que Peeves saliera de la mazmorra, tirando pedorretas, Slughorn les dijo a sus alumnos que ya podían recoger sus cosas. Ni Draco ni Hermione habían perdido ni un segundo. Ambos habían metido todo a sus mochilas rápidamente, esperando salir de aquella mazmorra que cada vez se hacía más pequeña y se sentía más sofocante. Sin embargo, la serpiente resultó ser más veloz que la leona: tomando a la Gryffindor del brazo, el Slytherin la llevó fuera del aula, antes de que algún otro alumno hubiese inclusive limpiado sus calderos.
Entró con ella a un apretado armario de escobas, y mientras sus cuerpos se rozaban, le espetó:
-¿Es que acaso crees que ha sido muy gracioso hacerme pasar tal vergüenza?
-¿De qué estás hablando? –se defendió ella, tratando de no mirarlo y salir de aquel apretado lugar, pues tenía miedo de cometer la imprudente locura de abalanzarse sobre él y besarlo.
-¡Sobre la estúpida cantaleta de ese poltergeist, maldita sea!
-¡No he sido yo! –gritó alarmada, y se liberó del agarre de Draco, que aún le oprimía el brazo-. Espera… ¿Es que acaso esperabas que hubiese sido yo quien mandó a Peevees a cantarte…?
-¡Claro que no! –pero no pudo bufar fingiéndose enojado, y en su lugar, se limitó a mirar sus ojos castaños, y sus labios rosados.
-¿Me extrañas?
-¿De qué estás hablando?
-No me hablas durante más de un mes, y de la nada me encierras contigo en un armario de escobas, de nueva cuenta bajo una de tus estúpidas teorías. No sé tú, pero esto me suena familiar. ¿Parecido a un filtro de amor, quizá? Así que admítelo; me extrañas.
-Estás loca, Granger –intentó decir en el tono más firme que le fue posible. Pero era complicado. Claro que la extrañaba. Extrañaba perderse en esos ojos, besar esos labios, acariciar su mejilla y oler el dulce aroma de su cabello.
-Está bien que no lo digas –continuó ella en un tono alegre-. Se te nota. ¿Y sabes? Yo también te he extrañado.
-Te dije que lo nuestro se acabó, Granger.
-Y yo te dije que no me lo creo.
Se miraron en silencio, durante lo que parecieron ser horas. Hermione esperaba que Draco se abalanzase sobre ella, besándola, abrazándola, pidiéndole que lo perdonara y no lo dejase ir. El Slytherin hubiese querido hacer aquello, pero no podía. Era un cobarde para aceptar lo que su corazón le pedía a gritos, y era un cobarde por no decir la verdad.
Sintiéndose un imbécil, dio un empujón a la castaña, y dándole la espalda, se detuvo frente a la puerta cerrada.
-Estás completamente loca, Granger. Entiéndelo. Hemos terminado –insistió el Slytherin una vez más.
-Mañana hay salida a Hogsmeade, pero estoy segura de que eso ya lo sabes –la voz de Hermione lo detuvo en seco. Sonaba soñadora, alegre. Le recordaba a días mejores-. Aunque sé que no deben vernos juntos, te estaré esperando, por los viejos tiempos. Frente a la Casa de los Gritos. Por favor, si alguna vez me amaste, ven a verme.
Pero Draco no respondió. No podía. Así que antes de que la Gryffindor pudiese decir nada más, antes de que su subconsciente lo traicionara, Malfoy bufó una vez más, se apuró a abrir la puerta del armario, y salió corriendo de allí.
¡Holx a todxs!
Este capi es básicamente algo completamente nuevo que la historia original no tenía (?) La reunión y conversación de Harry con Draco en Cabeza de Puerco (les aseguro que a pesar de ser allí, la conversación fue completamente confidencial), será la forma de redimir mi error por lo ocurrido originalmente con Ron... *si no entienden la referencia, mejor así. ya les dije, no lean ese fic XD*
A partir de aquí, el tiempo en el fic va a pasar muy rápido. Como pudieron ver, ya estamos a mediados de febrero, cuando en el capi anterior apenas y había pasado la Navidad. No tendremos más paisajes nevados, puesto que las siguientes fechas ocurrirán igual de "brincadas". Después de todo, falta poco para que termine el fic (estamos ya en la recta final -5 capis!-) y debemos terminar con la inminente primavera de fin de curso (?).
Hablando de la primavera *nada que ver pero no tenía otra forma de sacar el tema*, como pudieron ver, aún es invierno en mi corazón (?) y no les pude traer la up el sábado como de costumbre. Lo intenté de verdad, pero se me juntaron un montón de pendientes y cuando finalmente llegué a casa solo quería mi camita xD. Por otro lado, para que me sigan odiando un poquito más por no avisarles con tiempo... El próximo fin de semana mi husbando y yo nos tomaremos un descanso lejos del mundo (piensen que es como un retiro espiritual xD). No voy a tener tiempo de usar el celular, mucho menos la pc, por lo que de una vez les aviso que la próxima semana no hay capi. Regreso el primero de Abril para continuar con el fic, así que no me olviden~
Por otro lado, también les pido disculpas por lo que parece falta de interés a la hora de contestar sus reviews. Ya perdí la cuenta de cuántos capis tiene ya que no lo hago. No crean que los ignoro por mala persona (los leo y se los agradezco de todo corazón), pero para ser honesta, el poco tiempo que el trabajo me deja para invertirlo en mí misma, lo he estado dedicando a escribir un nuevo fic. Estoy como una obsesa con esta nueva historia, que espero tenerla lista el próximo mes (no es de HP así que no se emocionen tanto XD), pero pues de verdad le estoy dando prioridad porque es un trabajo con dedicación (el primero, a decir verdad).
Aún así, les agradezco los reviews, follow y favorite, y que sigan leyéndome después de ya casi veinte capis. Porfis, no cambien nunca (?). Les mando abrazos y besos, y nos seguimos leyendo en catorce días. Sigan bellos :D!
