Holaaa a todos y a todas! Les agradezco muchísimo por sus reviews, sslove adoré tu sentido investigador jaja. Pues aquí otro capi. Chan chan channn hasta yo tengo nervios xD Pronto se aclararan un par de cosas!

Nos leemos pronto! el domingo posiblemente vuelva a actualizar.

Saludos! Sigan participando a ver quien acierta xD

Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen al grupo CLAMP.


MIEL Y CHOCOLATE

Capítulo 10

**Rechazo y pasión**

II

Mansión Tsukishiro

Se encontraba en casa de su mejor amigo; estaba preocupado, molesto, confundido. Tenía muchas dudas sobre lo que pueda pasar en un futuro muy cercano, sobretodo el futuro de su familia y sobre lo que sucedería dentro de unos días en esa dichosa boda. Él no estaba de acuerdo con ese matrimonio arreglado, nunca lo estuvo. No quería que Sakura se alejase de su lado, era su pequeña niña...siempre sería su hermanita. Y aquello nada ni nadie podría cambiarlo, jamás.

Estaba frustrado, no podía hacer nada para evitar ese suceso, había hablado mil veces con su padre, había peleado con él, pero nada. Estaba empecinado en que ese matrimonio debía llevarse a cabo, ¿Y Sakura? ¿No importaban sus sentimientos? Se maldecía por eso, por no poder ser más fuerte ante su padre y evitar ese horrible futuro para su hermana. Él sabía muy bien que Sakura no quería a Yue, nunca lo querría; tampoco podía olvidar lo que había visto hace unos días. No podía dormir y se despertó muy temprano, casi al amanecer...había tenido una horrible pesadilla y decidió salir a caminar por la hacienda a esas horas y así poder calmar sus nervios, cuando aún estaba oscuro. Ya se encontraba calmado y fue que decidió regresar a la mansión y volver a dormir, pero no pudo evitar ver a su hermana; su pequeña hermana Sakura y al entrenador de caballos juntos, al parecer estaban conversando a las afueras de la puerta del servicio; pero lo que lo dejó de piedra fue que él se haya atrevido a besarle la frente.

Pero eso no fue lo peor de todo, Sakura se veía sonrojada, totalmente feliz y sonriente...ese hombre, ese sujeto la hacía sonreír como nadie quizás lo había hecho nunca y eso fue más fuerte que él mismo.

Desde ese día no podía estar en paz, no podía dejar de pensar en lo que sucedería. Su padre y él estaban muy bien enterados de la identidad del joven chino. Sabían bien que era el hijo menor de Hien Li, un antiguo amigo de su padre que traicionó su confianza. Él era un niño cuando ese hombre llegó por primera vez a la hacienda de su familia, a esa corta edad la malicia no reinaba su corazón y fue totalmente inocente de lo que ocurría a su alrededor. Sólo se dedicaba a jugar y entrenar con los caballos junto a su mejor amigo Yukito. Pero los años fueron pasando y cada vez que ese hombre visitaba la mansión, siempre sucedían cosas extrañas.

Hasta que un día sin querer descubrió a su madre, a la perfecta y siempre decente señora Kinomoto besándose con él en uno de los pasillos a la medianoche y cuando todos dormían. Él era muy joven sí, pero lo comprendió inmediatamente. Quiso gritar, quiso reaccionar, hacer algo por que aquello deje de suceder frente a sus ojos; pero no pudo hacer nada. Sólo se mantuvo escondido donde nadie más lo pudiese ver, y fue así que se enteró de que su madre no era la mujer que creía, aquella vez se sintió profundamente decepcionado. Así empezó a odiar a Hien Li, por mentirle de esa forma descarada a su padre que lo recibía en su casa de la mejor manera; así fue que su rencor empezó. Cuando aquel hombre dejó de visitarlos tras la muerte de su madre pensó que todo se había acabado y el recuerdo de su madre permanecería tranquilo, eso creía hasta que lo volvió a ver.

Pero cuando hace seis años había regresado fue todo un tormento para él.

Él ya no era un niño, sino un adulto de veintiún años. Estaba decidido a enfrentar a ese sujeto y echarlo de la hacienda a patadas, se iría por las buenas o por las malas. Pero grande fue su sorpresa al encararlo, el sujeto le había dicho tranquilamente que no había regresado a Tomoeda por el recuerdo de Nadeshiko. Que él hace mucho que dejó de pensar en ella como mujer, incluso antes de su muerte.

¿Existía alguien más descarado?

Se atrevía a hablar de su madre como si fuese una cualquiera. Entonces no pudo evitar encestarle un buen golpe en la mandíbula que lo tumbó al suelo, el hombre a pesar de su edad no era nada frágil, era fuerte y tan testarudo como él. Se empezaron a pelear en el hall de la mansión como si fuesen dos desadaptados. Fujitaka llegó oportunamente en aquel momento a la mansión, entrando rápidamente y separándolos; Touya furioso y totalmente ofuscado empezó a reclamarle a viva voz, a encararlo y se olvidó por completo de la presencia de su padre que lo había escuchado todo.

Fujitaka estaba pálido, totalmente sorprendido y confundido.

Después de todo, enterarte de que la mujer a la que amaste durante toda tu vida, a la que venerabas con el mejor de los recuerdos, a la que creía la mujer más decente, fiel y bondadosa; no había sido más que un espejismo. Se enteró de que su querida Nadeshiko lo había engañado muchas veces con Li. Como el caballero que en verdad era no lo golpeó, su hijo ya se había encargado de eso, pero si le pidió que se marchase de allí y no vuelva jamás. Pidió a su capataz que llevara sus cosas a la puerta, lo acompañara al pueblo y no lo dejaran volver. Hien Li no había querido las cosas sucedan de esa manera, se había marchado del lugar allí mismo después de recoger sus cosas, acompañado por el capataz de los Kinomoto.

Esa había sido la última vez que Touya lo había visto...con vida.

No podía explicarse cómo es que ese mismo hombre apareció muerto al amanecer en uno de sus establos, fue una verdadera conmoción para todos. Pues aunque indagaron, trataron de hallar al culpable, no habían evidencias. El capataz había acompañado al chino al pueblo y lo había dejado allí como el señor Kinomoto se lo había pedido y varias personas en el pueblo los habían visto y fueron testigos de ello. Por falta de pruebas, el coronel Spinel Sun había decidido archivar el caso unos meses después. Pero Touya no podía olvidar de su memoria la expresión de angustia y dolor que aquel hombre tenía en el rostro cuando lo hallaron muerto.

¿Qué diablos le había pasado?

Aceptaba que se había equivocado, que había hecho mal en encararlo de esa manera frente a su padre; pero jamás pensó que todo acabaría así. Nadie merecía la muerte, nadie merecía morir de esa manera. Lejos de su familia, de sus hijos, sin despedirse de los suyos. Aquel hecho lo marcó y persiguió durante muchos años.

- Touya, ¿Sigues pensando en lo que sucedió? - Su mejor amigo lo sacó de su ensoñación, ambos estaban en la sala de estar de la mansión Tsukishiro en donde su amigo degustaba unos postres - A veces pienso que el fantasma de ese hombre aún ronda en tu casa.

- ¿Por qué dices eso? - Cuestionó, la verdad era que él había sentido muchas veces cosas muy extrañas y nada normales en su casa, pero no lo había comentado con nadie para que no se burlasen de él.

- Pues hace unas semanas cuando fuí a visitar a Fujitaka por su cumpleaños, no me fijé en la hora y llegué muy temprano, me pareció ver saliendo a un hombre de su habitación. Quise acercarme a ver los relicarios que estaban colgados en la pared del pasillo, pero cuando me di cuenta en verdad no había sido nada, creo que sólo era una sombra o algo así - Le sonrió un poco más animado - No has probado el pastel que Mei preparó, ¿No te gusta?

- No tengo ganas de comer Yuki, gracias - Le contestó, todo era demasiado extraño, todo. Sakura, su padre, ese sujeto chino. Todo...

- ¿Sigues pensando en la pequeña Sakura? - Le preguntó y Touya no supo qué responder, ¿Cómo decirle que no quería que sus hermanos se casaran? - Touya, sabes muy bien que no puedes mentirme...te conozco bien.

- Yuki...

- Escucha - Lo interrumpió - hagas lo que hagas, no podrás ir en contra de las decisiones ni de los sentimientos de Sakura, aunque no lo quieras ella ya no es una niña...siempre supiste que en algún momento tenías que dejarla ir.

- Sí Yuki, lo sé - Se llevó las manos a la cabeza y agachó la vista al suelo - Pero nunca creí que ella se enamoraría de...de...

- ¿De Shaoran Li? - Le sonrió mientras sorbía su té.

- ¿Cómo lo sabes? Escucha yo...lo supe hace poco, en verdad siento mucho esto, yo... - Su mejor amigo trató de callarlo con un gesto y le sonrió.

- Descuida, yo mismo sé que entre Yue y Sakura nunca habrá nada. ¿Acaso no te habías dado cuenta en cómo Sakura miraba al joven Li?

- ¿Es tan evidente? ¡Yo no me había dado cuenta! Si no es porque los vi juntos...

- ¿Los viste? Vaya - suspiró contento - Entonces las cosas no están tan mal Touya, ¿Sabes que deseo tanto la felicidad de mi hermano como la de sakura, no es así? - Touya asintió lentamente - Sé que ellos no están destinados a estar juntos.

- Yukito...se casaran en diez días - Le recordó.

- Eso sucederá si es que dejamos que ocurra - Dejó la taza de té sobre la pequeña mesa de centro y se puso de pie acercándose a una de las repisas y abrió uno de los cajones - Mira esto - Le dijo extendiéndole unos papeles.

- ¿Qué es esto? - Touya los recibió y empezó a observarlos y leerlos, abrió los ojos con sorpresa al saber y entender a qué se refería su mejor amigo.

- Yuki, ¿Acaso estás sugiriendo que...que...no, no; ¡No puedo hacer eso! - Le dijo poniéndose nervioso y sofocado ante la idea de su mejor amigo.

- ¿Tienes una mejor idea? , ¿Sabes muy bien que Yue, mi padre y Fuijitaka los van a perseguir verdad?, ¿Crees que si Shaoran logra que esa boda se cancele lo dejaran tranquilo?

- No... - Respondió, Yukito tenía razón, conocía de sobra a esos tres hombres como para saber lo que sucedería.

- Tienes que dejar ir a Sakura, tienes que confiar en ella y en sus sentimientos Touya, ¿No crees que merece ser feliz? ¿No crees que el joven Li ya ha sufrido mucho? - Trató de convencerlo.

- No lo sé Yuki, una decisión de ese tipo es...muy peligrosa, ¿Si alguien lo descubre? - Estaba angustiado, ¿Dejaría ir a su pequeña hermana? ¿La dejaría marchar con ese sujeto chino? - Yukito tomó los papeles que el moreno tenía entre las manos y lo miró serio.

- Piénsalo, no tienes mucho tiempo; te aseguro que si decides apoyarla ella te estará eternamente agradecida - Volvió a sentarse en el sofá aún con los papeles en las manos - Estos boletos para el barco que zarpa a Hong Kong en ocho días son una esperanza, piénsalo muy bien Touya - Le sonrió nuevamente y su mejor amigo se sonrojó.

- Pero Yuki, nosotros habíamos decidido que...

Yukito se levantó de nuevo acercándose a él, colocando uno de sus dedos sobre los labios del moreno para que se callase, le sonrió y acarició su mejilla tiernamente.

- Es mejor que ellos hagan ese viaje y no nosotros Touya, nosotros podemos esperar. Deben ser ellos los que den este paso, ésta vez.

Touya lo miró a los ojos, perdiéndose en aquel intenso color miel que tanto le gustaba, avanzó unos pasos y aprovechando que estaban solos en aquella estancia lo abrazó. Yukito tenía razón, tenía que ayudar a Sakura...y aunque no quisiera, también al sujeto chino.


Hacienda Kinomoto

Un poderoso alivio estuvo a punto de tumbarla por la falta de aire. Intentó hablar, explicarse, pero no podía hacerlo porque se estaba ahogando a causa de la emoción de encontrar a Shaoran en su habitación y además, él le había tapado la boca. Se removió tratando de liberarse de su abrazo, necesitaba espacio, necesitaba aire. Le golpeó los brazos para que la soltara y él la apretó más fuerte contra su pecho. Sakura se sintió todavía más mareada, el cuerpo caliente de él la embriagó y se revolvió para intentar explicarle que tenía que quitarse el vestido o moriría ahogada. Quizá Shaoran comprendió por fin lo que pasaba o tal vez sólo quería verla desnuda, como fuese, las fuertes y enormes manos del hombre sujetaron el corpiño del traje y con un fuerte tirón, desgarró la mitad de la prenda.

El aire entró en sus pulmones y Sakura recibió una profunda bocanada de aire que la dejó momentáneamente aturdida, instante que Shaoran aprovechó para inclinarla hacia delante y arrancar con sus propias manos las cuerdas del corsé. El sobrecogedor sonido de los corchetes y los cordones desgarrándose sacudieron su mente y su cuerpo, liberado de la presión, se vio envuelto en un aluvión de acaloradas sensaciones. Aquella había sido la muestra de violencia más excitante que había visto nunca y se sintió tan emocionada que se le saltaron las lágrimas.

Con un movimiento brusco, Shaoran la lanzó sobre la cama, agarró lo que quedaba del vestido y terminó de romperlo con sus propias manos, con una rabia tan intensa que ella se mordió los labios de desesperación. Shaoran desgarró el traje en varios pedazos, lanzó el corsé al otro lado de la habitación y desnudó el cuerpo femenino a una velocidad abrumadora. Su cuerpo reaccionó de inmediato despertando como si hubiese estado adormecido todo ese tiempo, abriéndose como una flor tras recibir las primeras gotas de lluvia. Estiró las manos para tocar el cuerpo del hombre que amaba, lo sujetó por el cabello y con la misma dureza que estaba empleando él en ella, se lanzó hacia su rostro para hundirse entre los calientes labios masculinos, perdiéndose en su boca con el mismo deleite con el que se retorcía con sus caricias. Apenas se habían besado en sus anteriores encuentros y le gustaba mucho sentir en su lengua los sabores tan potentes que él desprendía, era una sensación emocionante y embriagadora a la vez, porque cada roce de lenguas le traía recuerdos de cómo él jugaba con esa misma lengua en su cuerpo, cada pasada le hacía cosquillas en alguna parte del cuerpo que empezaba arder de un modo violento y doloroso.

Sakura se sintió avergonzada. Siempre se sentía así cuando él la poseía y se quedaba observando cómo su entereza se desmoronaba, como su cordura y contención desaparecía y se transformaba en un animal sensible que reaccionaba según sus apetencias. Sakura siempre había sido una chica virtuosa y comedida con sus emociones, pero cuando se trataba de Shaoran perdía la cabeza, sucumbía con facilidad, reaccionaba de forma alocada y sin control. No le importaba en absoluto rendirse al gozo con él, porque sólo cuando su cuerpo empezaba a arder y a mojarse, se sentía viva.

Y también sentía miedo, empezaba a ser consciente de lo mucho que su estado de ánimo dependía de él.

Consiguió calmarse un poco mientras respiraba lentas bocanadas de aire. Se dio cuenta de que él continuaba mirándola, ella se pasó las manos por la cara notando como había empezado a sudar, algunos mechones de cabello se habían soltado del peinado y se le pegaban a la frente y a las mejillas. ¿Cuánto tiempo había tardado Shaoran en causarle aquello? La había desnudado y despojado de toda decencia en segundos, aunque ahora parecía querer tomarse las cosas con calma, dada la forma en que clavaba los ojos en su rostro.

- ¿Debería de sentirme bien por esto? - dijo entonces, recorriendo el resto de su cuerpo con la mirada hasta hundir los ojos en los de Sakura.

A ella se le contrajo el vientre por la impresión.

- ¿De qué hablas Shaoran? —susurró con la voz un poco rasgada.

Shaoran emitió un gruñido y rodeó sus finas muñecas y le separó los brazos para poder observarla mejor. Ella enrojeció. «Estoy junto a él», se dijo. «No hay nada de qué avergonzarse». Con una sonrisa se acomodó sobre el colchón sintiendo como su piel se erizaba con violencia ante la oscura mirada del hombre.

- Sakura, te pedí que permanecieras aquí esperándome hasta que volviera. Y no lo has hecho. Te he estado esperando.

Ella tembló. ¿Estaba enfadado Shaoran?

- Vinieron a buscarme - tartamudeó asustada - Me obligaron a asistir al baile. He pasado horas allí abajo pensando en ti, en tus besos... - musitó apretándose las manos en el pecho - He vuelto en cuanto me ha sido posible, no me dejaban en paz. Perdóname, por favor.

- Te perdonaría, pero estuviste allá abajo con Tsukishiro.

- Shaoran… - musitó suavemente - Ya estoy aquí junto a ti, regresé por ti. Deja de hablar y bésame si eso es lo que deseas. Hazlo ya. No puedo soportar más tiempo sin que me toques - Trató de acariciar su rostro pero él se apartó.

- No hagas eso - protestó él, furioso.

- ¿Shaoran qué pasa? - cuestionó sorprendida por la molestia del joven chino.

- Tenemos que hablar Sakura...y es demasiado importante, lo demás puede esperar - Trató de serenarse y se sentó a un lado de la cama, agachando la cabeza, dispuesto a confesarlo todo.

- Me asustas...

El hombre lanzó un gruñido y la hizo sobrecogerse. Sorprendida, Sakura ahogó un chillido que rápidamente se transformó en un gemido cuando Shaoran tomó sus manos y las dirigió hacia su rostro, mirándola fijamente.

- Te amo Sakura - Le dijo, perdiéndose sin remedio en esos ojos esmeraldas que lo habían hipnotizado, su amigo tenía razón. Era mejor decirle toda la verdad y confesarle abiertamente sus sentimientos. Sin tener miedo - ¿Lo entiendes? ¿Sabes lo que eso significa?

Sakura se clavó los dientes en la boca, agitando la cabeza para afirmar que lo había escuchado. Ahogo un agudo gemido cuando Shaoran comenzó a besarla suavemente, primero depósito un dulce beso sobre sus labios, luego en su nariz, en su frente y después besó sus manos.

- Shaoran yo también te amo - Lo abrazó totalmente feliz y extasiada por las palabras del hombre que amaba - Mi querido Shaoran...

- Lo sé Sakura, sé que tus sentimientos son totalmente honesto y por eso...por eso creo que mereces que yo también lo sea.

- ¿De qué hablas? - Ella se sobrecogió tapando un poco su cuerpo con las sábanas.

- Sakura, yo...yo no soy lo que tú crees. Vine desde muy lejos solamente para cumplir con un objetivo - Agachó la mirada sintiéndose un fracaso.

- Shaoran ¿Por qué te pones así? ¿Es algo malo? - Ella le preguntó mientras apretaba su mano, dándole su apoyo.

- Escúchame por favor y no interrumpas hasta que haya terminado - Estaba serio, asustado, se sentía un tonto.

- Sí - Ella asintió y se acomodó a su lado atenta para escucharlo, estaba confundida pues nunca había visto así a Shaoran.

- Cuando llegué aquí a Tomoeda, tenía un objetivo en mente Sakura. Hace algunos años que mi padre murió - Ella lo miró sorprendida, no sabía nada sobre su familia y la conmovía saber que él también había perdido a uno de sus padres - Murió aquí en Japón - suspiró - Yo juré ante la tumba de mi padre en Hong Kong que vengaría su muerte, que daría con el o los responsables, es por eso que estoy aquí.

- No entiendo, el asesino de tu padre...¿Está aquí en Tomoeda? - Preguntó confundida.

- Sí, sí lo está - respondió firme - Sé que esto que te diré es algo muy fuerte, pero tienes que confiar en mí Sakura - ella asintió - Cuando mi padre murió una comitiva fue hasta China para darnos la horrible noticia - ella lo miraba totalmente atenta - Esa comitiva la conformaban el señor Hakupo Tsukishiro y tu padre, Sakura.

Ella palideció ante la noticia, ¿Su padre había conocido al padre de Shaoran? ¿Por qué no sabía algo así?

- ¿Ellos eran amigos? - cuestionó nerviosa y sorprendida.

- Supongo que sí, mi padre había venido en otras ocasiones a Japón y se había hospedado aquí con tu familia - la miró fijamente - El problema Sakura es que...a nosotros se nos informó que él había muerto al sur de Japón; pero no fue así - agachó nuevamente la mirada aguantando algunas lágrimas de rabia y frustración ante el recuerdo de su fallecido padre - Me tomó varios años averiguarlo, pero pude comprobar que mi padre no murió allí. Mi padre murió aquí Sakura, lo mataron aquí en la hacienda de tu familia - La miró fijo, ella estaba atónita ante sus palabras.

- ¿Qué quieres decir con eso? - Ella se sobresaltó, ¿Alguien cercano a ella era un asesino?

- Está claro ¿No? - suspiró hastiado - Alguno de los que viven aquí fue quien lo mató, aunque también sospecho de Tsukishiro - le dijo y ella se alarmó.

- ¿Sospechas de los que vivimos aquí? Pero no entiendo...¿Por qué yo no me enteré de esto? ¿Por qué? - estaba furiosa, asustada, sorprendida.

- Tú estabas de viaje, donde tu familia en Okinawa, una de las empleadas me lo confirmó. Por eso fuiste la primera a quien descarté. A ti y a la señorita Daidouji - confesó.

- Es cierto, nosotras hicimos un viaje allá hace años, ¿Entonces eso sucedió cuando no estaba aquí? - se aterrorizó - ¿Estás queriéndome decir que mi hermano o mi padre son unos asesinos? - se sobresaltó, no podía procesar esa idea.

- Escúchame, esto no se trata de ti o de mí. Esto va más allá de lo que puedas imaginar Sakura. No sé si fue tu padre, o tu hermano o alguno de los Tsukishiro pero alguien de tu entorno asesinó a mi padre sin piedad. Yo estoy aquí por eso. Voy a encarar a tu padre Sakura, lo haré confesar y si no me dice todo lo que sabe o me confiesa toda la verdad...no sé que pueda pasar - admitió finalmente - No estoy solo en esto Sakura - la miró nuevamente con pesar- Sé que te he mentido, que te he ocultado las cosas pero, tienes que entender que esto es algo muy delicado. Me ha costado estar aquí contigo contándotelo todo. Yo no soy ningún aparecido ni menos un don nadie. En China mi familia tiene mucho dinero, pero estoy aquí por mi padre, por Hien Li.

- ¿Qué? ¿Hien? ¿Hien era tu padre? - Cuestionó horrorizada, no podía creer lo que acababa de oír.

- Contrólate. No grites - gruñó el hombre cerca de su rostro - Nos oirán si sigues gritando.

- Lo siento - Trató de contenerse ante la sorpresa - ¿Hien Li?

- ¿Lo conociste? - Cuestionó sorprendido.

- ¡Claro que sí! ¡Ese hombre intentó lastimar a Tomoyo! - Alzó la voz, algunas lágrimas ya caían por su rostro.

Unos golpes en la puerta interrumpieron a ambos castaños, que se miraron horrorizados ante la posibilidad de ser descubiertos en un momento como ese. Tenían que encontrar la manera de salir de ésta.

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