Hola a todas y a todos! Les dije que actualizaría el domingo pero se me hizo un poquito tarde, lo siento!
Pues algunas han estado muy cercaaaa jaja sólo eso les diré. Este capítulo ésta centrado en mis dos parejas favoritas de este universo SCC aunque una de ellas no sea canon jaja no me importaaa :P
Les envío un abrazo de oso. En el siguiente descubrimeros algo que seguro no se imaginaban! chan chan chann jaja
Muchísimas gracias por esos lindos reviews a Cerezo-chan Melancholy Sweet, sslove, HyoMun y a todos esos lindos "guest" que no dejan su nombre pero que me dan mucho apoyo! Infinitas gracias!
Nos leemos pronto, saludos :D
Advertencia: Lime
Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen al grupo CLAMP.
MIEL Y CHOCOLATE
Capítulo 11
**Letargo**
La situación no era para nada cómoda, el suponer ser descubiertos en esa situación fue totalmente alarmante para ambos castaños. Primero, porque aún no estaba preparada para encarar y enfrentar a su padre y mucho menos a su hermano y segundo porque definitivamente no quería que la viesen desnuda. Miró al hombre a su lado y la mirada de él le hizo comprender que estaba tan asustado como ella. La loca idea de esconderlo bajo su cama fluyó a su mente, haciéndole un gesto silencioso con las manos para que se escondiese debajo de la cama. Shaoran captó el mensaje, estaba dudoso pero se movió rápido para así poder esconderse, Sakura trató de respirar tranquila y calmarse para no sonar nerviosa, caminó hasta la silla en donde estaba colgada sobre el espaldar su pequeña bata de seda.
Se la colocó rápidamente tratando de serenarse y caminó hasta la puerta en donde aún se podían escuchar los tímidos golpes, seguía muy nerviosa, ¿Y si le pedían entrar a su habitación y descubrían a Shaoran? ¿Qué sucedería con ellos?
- ¿Sakura?, ¿Sakurita estás bien? - La voz de su prima y mejor amiga Tomoyo se oyó del otro lado y un gran alivio la abordó, podía respirar con tranquilidad - Estoy muy preocupada por ti, por favor contéstame si estás bien.
- Tommy... - Se acercó a la puerta y le habló sin abrirla - Estoy bien, descuida...
- Que alivio, te vi muy mal allá abajo mientras conversabas con Yue, descuida Sakurita; estoy sola - Le dijo más tranquila - ¿Tú no lo estás verdad?
- ¡Tomoyo! - Sakura se sonrojó totalmente y trató de bajar la voz - Estábamos hablando de algo importante...
- Ya claro, ¿Hablando eh? - Casi podía ver el rostro sugerente y burlón de su mejor amiga al otro lado.
- Tomoyo por favor... no digas esas cosas, me da pena - suspiró - ¿Tsukishiro sigue allá abajo? - cuestionó nerviosa y angustiada.
- Se marcharon hace unos minutos, mi tío salió al pueblo con los esposos de Rika y Naoko, Touya está con ellas en el salón de té - le informó - Sakurita...ten mucho cuidado, ¿Sí? , yo iré un momento al pueblo, regreso pronto.
- Sí, muchas gracias Tommy...cuídate mucho por favor - su respiración ya se había calmado cuando escuchó los pasos de Tomoyo alejándose por el pasillo.
Al instante se volteó y dirigió la mirada hacia la ventana pero Shaoran ya estaba allí de pie con los brazos cruzados y apoyado en la pared rojiza, se le notaba serio; preocupado. Sofocado y confundido; lo entendía, no era fácil hablar de todo lo que estaban tratando de aclarar, todo era muy complejo. Ella se acercó caminando quedamente hasta él, sin embargo él no la miró. Tenía la mirada perdida en algún recuerdo lejano posiblemente, en alguna memoria que quizás quisiera perder o atesorar para siempre. Quería entender todo lo que Shaoran le había confesado, pero le resultaba difícil. ¿Estaba buscando al asesino de su padre? ¿Tenía mucho dinero? ¿Quién era Shaoran Li realmente?
- Shaoran...me has mentido durante todos estos años - Ella agachó la mirada, dolida y confundida, muchos sentimientos se apretaban en su pecho y parecía que en cualquier momento las lágrimas asomarían por su pálido rostro - Yo siempre confié en ti, yo...
- Basta - le dijo él saliendo de su letargo - Tienes que entender una cosa Sakura, ésta situación escapa de mis manos...cuando yo llegué a Tomoeda jamás imaginé que me enamoraría de ti, jamás pensé que aquel sentimiento que percibí cuando apenas eras una niña de catorce años crecería tan desmedidamente, jamás pensé que llegaría a amarte de ésta manera - Apretó los puños con fuerza - ¡Pero entiéndeme tú a mi! ¿Cómo te sentirías si mataran a tu padre? Al hombre que dio todo por tu familia, al padre amoroso, al amor de la vida de tu madre. ¿Cómo Sakura? ¿Cómo? - Shaoran sonaba muy dolido y a la vez furioso.
- Lo siento mucho Shaoran - Se acercó a él y lo abrazó con todas sus fuerzas, rodeando su afilada cintura con sus brazos delicados - Yo perdí a mi madre cuando era una niña, no la recuerdo Shaoran; pero me ha hecho muchísima falta...entiendo, en verdad entiendo lo que sientes, entiendo tu dolor y tu angustia, entiendo que quieras saber qué fue lo que realmente pasó...pero también soy hija del hombre al que condenas y hermana de quien sospechas, esto es muy difícil para mí Shaoran... - suspiró - pero créeme, si se llega a comprobar que uno de ellos asesinó a tu padre, yo te apoyaré hasta el final.
Shaoran la miró sorprendido, ¿Tanto lo amaba? ¿Tanto al punto de enfrentar a su familia si le habían hecho daño a él?
- Sakura...- La abrazó fuertemente y respiró de su dulce aroma - Gracias, esto significa mucho para mí.
- Yo confío en ti, ¿recuerdas? Yo siempre confiaré en ti mi amor - le sonrió, pero a los segundos recordó algo de lo que habían estado hablando anteriormente y su gesto se volvió preocupado - Shaoran recuerdas que te dije que ese hombre que mencionas, tu padre...Hien Li - suspiró con pesar - A Tomoyo alguien trató de lastimarla hace años, cuando era una niña - lo miró a los ojos - en algún momento escuché ese nombre...Hien, se lo escuché al señor Tsukishiro alguna vez cuando hablaba con mi padre, sobre Tomoyo - Shaoran gruñó, saber que manchaban la memoria de su padre de esa manera lo ponía furioso - cálmate por favor - trató de apaciguarlo.
- Eso es mentira, mi padre jamás lastimaría a una niña - dijo con seguridad - Aquello es mentira, ¿La joven Daidouji te ha contado eso, Sakura?
- No, con Tomoyo nunca hablé de eso porque sé que es algo que la lastima mucho, ella ha vivido durante mucho tiempo con temor; por eso jamás toqué el tema con ella - Lo tomó de las manos y lo condujo hasta la cama y ambos se sentaron - Pero indagaré con ella, trataré de hablarle sobre eso y que ella misma me cuente los hechos, te ayudaré mi amor, juntos vamos a descubrir la verdad.
- Yo...te agradezco mucho esto Sakura; pero no me gustaría que te arriesgues, si algo te sucediese no podría soportarlo - le dijo abrazándola nuevamente.
- No te preocupes, tengo pensado vivir muchos años a tu lado...tener una familia y ser muy felices - Ella acarició la mejilla del joven chino y él, atrapó su pequeña mano y la besó con amor.
- Te amo, mi Sakura, mi precioso cerezo - murmuró, pero Sakura pudo oírlo claramente; se sintió dichosa, encantada con ésta nueva faceta que su Shaoran mostraba para ella, no sólo era un hombre aparentemente duro y rudo, no sólo era un entrenador de caballos; Shaoran Li era un hombre especial, con la sonrisa más hermosa que pudo ver jamás y los ojos más bellos, su Shaoran era único y lo amaba, lo amaba por sobre todas las cosas.
Shaoran poco a poco se acercó a su boca, respirando su olor inundando sus sentidos, sintiendo su respiración pausada la besó lentamente. Ella colocó las manos alrededor su cuello y lo sujetó acercándolo aún más a ella, entonces en un rápido movimiento ambos giraron en la cama y quedaron uno sobre el otro, ella lo miraba con esos hermosos ojos expectantes, él podía sentir como se desprendía el calor, el deseo y la ansiedad que recorría cada terminación nerviosa de su cuerpo, Sakura siempre tenía ese efecto en él, el de conducirlo a la locura, el de arrastrarlo con esos bellos ojos y ese tacto sublime a algún paraíso terrenal.
La besó apasionadamente, tomando posesión de esos labios que lo volvían loco, primero lento pero fue más y más demandante con cada segundo que pasaba.
- Creo que entre nosotros quedaba algo pendiente - susurró al oído de la pequeña ninfa, ella se sonrojó y asintió tímidamente mientras atrapó nuevamente sus labios en una sensual batalla de pasión y dominio.
Por el momento podrían amarse, entregarse al placer de sentir sus cuerpos nuevamente unidos, en ser un sólo ser. Ya tendrían tiempo de enfrentar al destino y de luchar por esos sentimientos que se profesaban, su madre le había dicho alguna vez antes de partir de Hong Kong que algún día conocería a la mujer de su vida, y ese hecho...iba a cambiarlo todo.
Había tenido razón, Sakura lo había cambiado todo.
Lo había cambiado a él, y la amaba.
Esperaba que su madre pueda aceptarla, que la quisiera tanto como él y no la juzgara por pertenecer a la familia del presunto asesino.
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El hombre que abrió la puerta llevaba la camisa desabrochada y el pelo despeinado. Tenía el rostro atractivo, de expresión seria y madura, pero conservando uno toque de pícara juventud. Unas gafas ovaladas cubrían aquellos enigmáticos ojos azules, el cabello corto pero bien cuidado. Echó un vistazo a la visitante con una sonrisa encantadora.
- Buenas noches, joven Hiraguizawa.
- Pasa, querida, te estaba esperando... - saludó con elegancia.
Cuando el anfitrión se hizo a un lado, Tomoyo pudo ver al otro hombre, un moreno de ojos color verde recostado en el sofá, bebiendo una copa de licor. Él no llevaba su pecho al descubierto como el otro, pero se había enrollado las mangas por encima de los codos , una mano reposaba sobre el brazo del sofá. Se levantó para recibirla dándole dos besos. Desprendía un aroma a jabón muy agradable.
La casa era un amplio y bastante ordenado ático de un edificio de fachada antigua, cuyas ventanas tenían unas amplias vistas hacia el pueblo de Tomoeda. Cientos de luces se veían desde el ventanal, cuyas cortinas estaban descorridas. Era un sitio acogedor, no era de esos ambientes cargados de muebles con olor a viejo; el mobiliario era de un estilo muy clásico, repleto de curvas y relieves sin llegar al exceso. Era un lugar muy elegante.
- ¿A qué hora volverás, Subaru?
El chico de cabello negro sonrió ladinamente poniéndose de pie, mirando a Eriol y Tomoyo con curiosidad, al final sonrió.
- Si no me embriago, volveré en tres horas...voy al bar - Dijo, despidiéndose de ambos jóvenes - Quedé con Yamasaki, no sé si Shaoran aparecerá hoy, con eso de que está enamorado se ha alejado del grupo.
- No digas eso Subaru, que no es el único. Además te recuerdo querido hermano, que hasta hace poco estuviste igual que Shaoran... - lo miró socarronamente y añadió - Dile a Takashi que mañana me pasaré por su casa.
- Está bien - Hizo un gesto con la cabeza a Eriol, se acercó a la joven de ojos amatistas y tomó su mano posando un beso sobre ella - Siempre es un gusto verla señorita Daidouji.
- Y tú siempre tan bromista Subaru... - Ella sonrió, le encantaba como ambos hermanos jugaban a ser los galantes caballeros ingleses, aunque tenía que admitir que ambos lo llevaban en los genes.
- Nos vemos - con un guiño de ojo, salió del ático. Dejándolos completamente solos.
Ella se empezó a sofocar, allí dentro hacia bastante calor; ya entendía la razón por la que Eriol llevaba la camisa desabrochada. Comenzó a desabrochar los botones de su gabardina, pero antes de quitársela, miró al anfitrión.
- ¿Y dónde tiene pensado acomodarse, joven Hiraguizawa?
- Vamos Tomoyo...llamas a mi hermano por su nombre, ¿Y a mí me tratas de usted? - le reclamó risueño - Eso me hace sentir muy triste querida.
- Ya habíamos hablado sobre eso - respondió seria, tratando de no sonreír ante las muecas del joven - Aún no me ha contestado joven.
- Si te parece bien, este es un buen lugar... - dijo él refiriéndose a la exquisita mesa rectangular de té que había frente al sofá. No levantaba más de medio metro del suelo, estaba tallada en madera de nogal y bajo las patas había una alfombra de lana de color granate.
- Sí, creo que está bien - resolvió.
Tomoyo deslizó la gabardina por sus brazos, aquella noche hacía excesivo calor y tan sólo vestía un sencillo pero precioso vestido color naranja, cuando paseaba por el pueblo no le gustaba vestirse tan pomposamente como debía estar en la mansión de su familia. Escuchó como Eriol carraspeaba ligeramente y llenaba una nueva copa de licor. Dobló el abrigo cuidadosamente y lo depositó sobre el respaldo de la silla. Se volvió hacia su anfitrión y se quitó los zapatos, caminando descalza hacia la mullida alfombra y se sentó en el borde de la mesa de té. Cruzó las piernas con elegancia y miró al hombre frente a ella.
- Supongo que sabes a qué vine, ¿no? - preguntó, como siempre hacía, directamente y mirándolo a los ojos buscando intimidarlo aunque jamás pudo lograrlo.
- Sí - respondió Eriol bebiendo de un trago el contenido del vaso.
- Bien, en ese caso, ¿qué hay sobre lo que me dijiste?
Eriol la miró fijamente, estaba sorprendido por ella. Dejó el vaso en la esquina de la mesa de té y observó a la linda Tomoyo, esbozando una sonrisa divertida.
- Lo reitero, voy a enamorarte...
- Te veo muy seguro de eso, Eriol - Era la primera vez que ella lo llamaba por su nombre, y explicar lo que sintió en ese momento sería demasiado complicado, un enorme gozo invadió su ser ante la confianza y el repentino cambio que la joven estaba mostrando. Ya no era renuente a su cercanía y esperaba que tampoco lo sea a sus caricias.
- Dime algo querida...¿Te gustan el chocolate y la miel?
Ella ladeó la cabeza pensándolo bien.
- Resulta una mezcla excesivamente dulce pero muy atractiva, me recuerdan a Sakura y al joven Li ¿no te parece?
- A mi también me los recuerdan - asintió sonriendo seductor - ¿Y el merengue, te gusta? También es dulce...
- Más dulce si cabe...
- ¿Y las tres cosas juntas?
Tomoyo sonrió animada y se recostó sobre la mesa sin responder a la pregunta. Desde su posición en las alturas, el joven contempló el cuerpo de la preciosa mujer mientras bordeaba el mueble, desabrochando lentamente los botones que quedaban abiertos en su impecable camisa blanca. Ella se acomodó encima de la tabla y lo miró a través de sus largas pestañas. Tomoyo se estiró cuan larga era, levantando los brazos por encima de la cabeza. Por un momento perdió de vista al joven pero a los pocos segundos apareció en su campo de visión nuevamente con un cuenco entre las manos y se arrodillo a un lado dejando el cuenco y llevando ambas manos sobre el cuerpo de la joven, comenzó a bajar suavemente el vestido de la preciosa joven, deslizándolo lentamente por esa pálida piel que lo embriagaba y la miró encantado. Tomoyo Daidouji era hermosa, era como una preciosa muñeca de porcelana, sólo que ésta muñeca era de carne y hueso, era real, era fuerte y sobretodo era suya.
La visión de la preciosa Tomoyo semidesnuda ante sus ojos fue un premio divino, tomó nuevamente el cuenco y prosiguió con lo que tenía planeado hacer.
- Sólo disfrútalo cariño, si algo no te gusta...quiero que me lo digas - Su voz sonó casi aterciopelada y la joven asintió suavemente - Si está demasiado caliente, dímelo - susurró volcando el contenido del cuenco. Un hilo de chocolate se derramó sobre el vientre de Tomoyo, que se estremeció. - ¿Te he quemado?
- No, sólo ha sido la impresión...
Cuidadosamente, el joven cubrió la piel descubierta de la mujer con el chocolate tibio, subiendo por su vientre para finalmente derramarlo sobre sus pechos. Vertió las últimas gotas en su garganta y dejó el cuenco en el suelo. Eriol depositó las manos sobre la cintura de la preciosa joven y las deslizó por sus caderas, manchándolas con el chocolate y pintando sus torneados muslos. Luego llevó el chocolate del pecho hacia los hombros y cuello arriba, hasta sus mejillas. Tomoyo sintió los labios y la lengua del joven deslizarse por su pierna derecha, saboreando el chocolate; luego de unos cuantos segundos lo sintió inclinándose para lamer el chocolate de su cuello y finalmente la besó.
Tomoyo dejó la mente en blanco.
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