Capítulo 21
Recuerdos
-¡Salió corriendo de Las Tres Escobas! –jadeaba Ginny, al tiempo que corría por las calles del pueblo-. Muy probablemente fue a buscarla, pues se suponía que ella venía con nosotros.
-¿Cómo pudieron perderla? –jadeó Ron de vuelta, corriendo a la par de su hermana menor-. Les pedí que por favor la llevasen allí. ¡Ya tenía una mesa reservada!
Siguieron discutiendo, aún después de toparse con Draco Malfoy, quien los guió por aquel camino que ahora recorrían aún corriendo, hasta que llegaron a lo alto de la colina y no les quedó de otra más que detenerse en seco. Abajo en el claro, junto a la cerca que encerraba la Casa de los Gritos, Harry se encontraba de rodillas, sujetando a Hermione, quien se veía inconsciente.
-¡Hermione! –exclamó Ron, y sin contenerse, empezó a bajar la colina. Resbaló un par de veces, pero se sujetó con firmeza de la nieve fresca, y finalmente llegó al fondo, tropezando pero sin caer. Corriendo el corto trayecto que quedaba entre él y la castaña, se abalanzó sobre sus dos mejores amigos, y se dejó caer de rodillas frente a ellos-. ¿Qué ha pasado? Nos topamos a Malfoy y nos dijo que estaba aquí…
-¿Qué les dijo? –preguntó Harry atropelladamente, mientras veía a Ginny terminar de bajar la colina y también hincarse frente a ellos-. ¿Qué les dijo Malfoy? –repitió en tono apremiante, con una expresión asustada.
-Nos dijo que Hermione había sufrido un colapso por la presión de los exámenes –explicó Ginny, más preocupada por la joven, que por ver a su novio, por lo que aquella visible expresión de preocupación y pánico le pasó desapercibida.
-Yo no le creo nada –intervino Ron, también mirando a Hermione-. ¿Le ha hecho algo? Voy a golpear a Malfoy…
-Él no ha sido –se apuró a mentir Harry, abrazándo a la leona desmayada-. Por primera vez ha dicho la verdad…
-Debemos llevar a Hermione a la enfermería –intervino Ginny velozmente, mientras se incorporaba. Estaban perdiendo demasiado tiempo en aquella charla sin sentido-. La nieve es cada vez peor, ¡se morirá de frío!
Ron ayudó a Harry a ponerse en pie. El pelirrojo estaba por sujetar a Hermione, para ser él quien la llevase hasta el castillo, pero el joven de gafas se rehusó.
-Yo lo haré –fue lo único que dijo.
Mientras Ginny limpiaba con su varita la nieve del camino, Ron ayudaba a Harry a subir la colina. Fue un ascenso lento, pues a pesar de no haber nieve delante de ellos, el terreno seguía siendo empinado y resbaloso; el peso muerto de Hermione tampoco ayudaba mucho. Una vez lograron subir, los tres Gryffindor repitieron el mismo proceso mientras caminaban por el camino agreste, y cuando llegaron al pueblo, giraron a la izquierda para dirigirse a Hogwarts. No se toparon con nadie hasta entrar al castillo, y una vez allí, el trío ignoró a los pocos alumnos que no habían acudido a Hogsmeade (estudiantes de primero y segundo que aún no tenían permiso), y se apuraron a subir por la escalinata de mármol, en dirección a la enfermería.
La señora Pomfrey los recibió y al instante guio a Harry hasta una cama libre, donde el ex Gryffindor colocó a su mejor amiga con delicadeza.
-¿Qué ha pasado? –preguntó la mujer, mientras arropaban a la joven para hacerla entrar en calor.
Harry miró de reojo a Ron y Ginny, temeroso de decir la verdad delante de ellos. Sin embargo, la señora Pomfrey, en su papel de enfermera, se encontraba ya corriéndolos del lugar, alegando que:
-¡La señorita Granger necesita descansar!
Los dos pelirrojos salieron sin decir nada, con lo que la señora Pomfrey y Harry se quedaron solos, con la silenciosa Hermione entre ellos, recostada en la cama.
-¿Y bien? –insistió la enfermera-. ¿Qué ha pasado? –se repitió.
-Un hechizo desmemorizante –fue la respuesta del muchacho. Sabía que no serviría de nada mentirle a la señora Pomfrey, pues era demasiado buena en su trabajo, pero al menos podría guardarse los detalles para sí-. ¿Estará bien?
-Lo que sea que hayan hecho olvidar a la señorita Granger, no tiene modo de recuperarse –fue la respuesta de la enfermera-. No hay modo de deshacer un encantamiento desmemorizante.
Harry se limitó a asentir: Ya lo sabía.
-Y sea lo que sea que haya olvidado, lo mejor será no intentar hacer que lo recuerde de nuevo. El intentar obligarla a recordar cosas que para ella simplemente no han ocurrido, podría alterar su memoria. Después de todo, el único método para conseguir que "recuerde", es dañando su memoria para siempre.
-¿Qué le diremos cuando despierte? –fue la pregunta del muchacho. No solo para proteger a su mejor amiga, sino para poder ocultar lo que Malfoy había hecho, a Ron y Ginny.
-Le daré un tónico para los nervios, después de todo estará alterada. No sabemos cuánto ha olvidado, así que calmarla para descubrir lo que recuerda y lo que no, será lo mejor.
Harry volvió a asentir. Miró a Hermione una vez más, quien dormía plácidamente en aquella cama de sábanas blancas.
-Lo mejor será que la dejemos descansar –dijo la señora Pomfrey, pero acercó una silla junto a la cama de la joven-. Aunque si gustas hacerle compañía un rato, también puedo permitirlo…
Harry asintió una vez más, y se sentó junto a la cabecera de la cama. La señora Pomfrey se alejó rumbo a su oficina, y con esto, la enfermería quedó sumida en un silencio casi total.
Tuvieron que pasar unos veinte minutos antes de que Hermione se moviese en la cama, y finalmente despertase.
-¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? –fue lo primero que la Gryffindor pudo preguntar. Harry se apuró a tomar su mano.
-Te desmayaste. Parece ser que fue debido a la presión de los exámenes -dijo a toda velocidad, repitiendo las palabras de Malfoy, para que coincidieran con la versión de los hechos que Ron y Ginny conocían-. Estábamos en Las Tres Escobas, con Ron y Ginny…
-¿Presión por los exámenes? –repitió ella, asimilándolo.
-Descuida, Ginny también está al borde de la histeria.
Hermione rio por lo bajo, lo que provocó que a Harry le diese un vuelco el corazón. Qué bonito era escucharla reír nuevamente.
-¿Qué tal ha ido la escuela? –preguntó tanteando el terreno-. ¿Los proyectos con los Slytherins…?
-Si te refieres a Malfoy, ya te había dicho que sigue siendo un idiota –respondió la castaña con total naturalidad, mientras soltaba un bufido-. Pero descuida, ya no habrá más contacto entre Gryffindors y Slytherins este año: las tareas en equipo han terminado.
Harry sonrió de vuelta, un poco más tranquilo. Siguió conversando con su mejor amiga durante un poco más, conversaciones triviales que en realidad eran un interrogatorio por parte de Harry para descubrir hasta qué punto Hermione había olvidado su relación con Malfoy. Cuando finalmente sintió que no corría ningún peligro (y la señora Pomfrey procedió a correrlo alegando que Hermione necesitaba descansar), el muchacho de ojos verdes se despidió de la castaña, y salió de la enfermería.
Al otro lado de la puerta, caminando en círculos por el pasillo, seguían esperando Ron y Ginny.
-¿Cómo está? –preguntó la menor de los Weasley a su novio.
-Ya está más tranquila –respondió el muchacho de gafas-. En definitiva una crisis por la presión de los exámenes. Es tu turno de pasar a verla, Ron.
El aludido se limitó a asentir, y entró a la enfermería, cerrando la puerta tras de sí.
Hermione pasó el resto del fin de semana en la enfermería (la señora Pomfrey quería asegurarse de que sus nervios no sufriesen), pero para el lunes en la mañana, la castaña bajó al Gran Comedor a desayunar en compañía de sus amigos. Se sentó con total naturalidad a la mesa de Gryffindor, mientras Luna y Neville conversaban sobre extrañas criaturas junto a ella, y Ginny tomaba jugo de calabaza al tiempo que leía una carta de sus padres.
Era como volver en el tiempo, a aquellos días de Septiembre en los que la castaña no tenía ninguna preocupación.
Se encontraba untando de mermelada su tostada, cuando Draco Malfoy hizo su gran entrada al lugar. El Slytherin iba acompañado por Rozailer y Pragett, y no miró ni una sola vez a la mesa de los leones. Con su usual paso altivo, caminó por todo el Gran Comedor con la cabeza alta, y se sentó con total elegancia hacia la mitad de la mesa de Slytherin, con un guardaespaldas a cada lado. Fue allí cuando finalmente miró de reojo a la mesa de Gryffindor, y su mirada se clavó en Hermione. La castaña se encontraba muy ocupada untando de mermelada su tostada, pero inclusive si no estuviese ocupada con nada, ni en un millón de años hubiese mirado de vuelta al Slytherin.
Fue más o menos unos quince minutos después cuando Ginny y Hermione se levantaron de la mesa de Ravenclaw, despidiéndose de sus amigos, puesto que tenían que acudir a su clase doble de Defensa. Amabas chicas caminaron hacia las grandes puertas, mientras conversaban animadamente. Fue por ello que no se dieron cuenta de que Malfoy y Rozailer también se habían levantado, y del mismo modo, caminaban hacia las puertas del Gran Comedor.
Las dos Gryffindors y los dos Slytherins llegaron a las puertas al mismo tiempo. Rozailer se rezagó, para cederles el paso a ambas chicas, pero Malfoy, en su acostumbrada altanería, se adelantó aunque no lo suficiente, con lo que terminó tropezando contra Hermione, empujándola contra la pared.
-Fíjate por dónde vas, Malfoy –fue el frío comentario de la castaña. Malfoy puso en su rostro una expresión de total desprecio, y alzándose cuan alto era, le respondió con arrogancia:
-No tengo porqué pedir disculpas a una sangre sucia como tú.
Ginny se tapó la boca con ambas manos.
-Pues para desgracia tuya, aparte de ser una asquerosa hija de muggles, también soy Premio Anual. Así que son diez puntos menos para Slytherin, y la próxima vez que digas esa palabrota –Hermione se tocó el antebrazo de manera inconsciente (allí donde tenía aquellas palabras grabadas en plata)-, serán veinte. Ahora, aléjate de mí vista antes de que cambie de opinión y empiece a pensar que he sido demasiado blanda contigo.
El Slytherin miró por última vez a la Gryffindor, y siguió su camino a toda velocidad, seguido por Rozalier. Las muchachas dejaron que los jóvenes se alejaran antes de ellas también emprender de nueva cuenta el camino rumbo a su clase.
-¿Dónde quedó todo eso de "esto solo es académico"? –se aferró al borde de la mesa.
-Tú y tu estúpida inteligencia empollona –si perdía el control seguro le propinaba una cachetada.
-¿Cuándo me diste un filtro amoroso? –soltó una carcajada.
Ocurrió un torrente de colores, y cerró los ojos con fuerza. Le dolía horriblemente la cabeza. Se sujetó a lo primero que encontró en aquella oscuridad, que resultó ser aquella persona que caminaba a su lado.
-¿Hermione, estás bien? –Ginny apretó un poco la mano de su amiga.
Hermione abrió los ojos lentamente. La luz la cegó durante un par de segundos, durante los cuales, una pregunta inundó su cabeza: ¿Qué había sido aquello que había visto?
Sabía que era ella, después de todo era su voz lo que había escuchado; sin embargo, la persona con la que se suponía se encontraba hablando, había aparecido solo en sombras. Y aun así, aquella voz le era tan familiar…
Aún un poco perturbada, se soltó de la mano de Ginny diciendo que no pasaba nada. Componiendo una alegre sonrisa, siguió su camino, y tras un corto trayecto por los pasillos del castillo, finalmente entró al aula de Defensa en compañía de la pelirroja, mientras apretaba con fuerza la correa de su mochila.
-¡Esto lo sé! –se dijo el muchacho, mientras cerraba los ojos, intentando concentrarse.
"Mencione los 7 ingredientes principales para la elaboración del Veritaserum".
Así decía la pregunta número 36 de su examen teórico de Pociones, a la cual había regresado después de haber contestado todo lo demás.
Apenas y había podido contestar 3 de los 7 ingredientes. Con los ojos aun fuertemente cerrados, intentó hacer memoria, pero sólo podía recordar aquellas sesiones de estudio que había llevado junto a Granger hacía ya tantos meses. En realidad, en su cabeza sólo podía recordar a Hermione; veía cómo la Gryffindor le sonreía alegremente, y le daba tiernos besos en la nariz, mejilla y barbilla.
Abrió los ojos, asustado. Se sacudió con fuerza para apartar esos pensamientos de su mente. Intentó volver a concentrarse en la pregunta que seguía incompleta delante de él, pero inconscientemente, su mirada se desvió hacia Granger.
Hermione se encontraba sentada dos filas adelante, y dos columnas a la izquierda.
La castaña se encontraba completamente inclinada sobre su mesa, escribiendo a toda velocidad. Había respondido sin problemas la pregunta 36. En realidad, había podido responder sin problemas casi todas las preguntas del examen, y en aquel momento se encontraba contestando la número 67.
"En caso de agregar una mayor cantidad de la indicada de pelo de Unicornio a la poción del Matalobos, ¿qué medidas deben de tomarse para que los efectos de la poción no se vuelvan contraproducentes?"
Contuvo un gritito. Conocía la respuesta perfectamente. La había repasado esa mañana en el desayuno. Sujetó su pluma con fuerza y se preparó para escribir.
Pero apenas la pluma había rozado el pergamino, sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
A pesar de ser principios de Junio, sintió mucho frío. El Gran Comedor, y todas las mesitas que reemplazaban las cuatro grandes mesas de las casas (todas ellas orientadas hacia la profesora Merrythought), así como sus compañeros respondiendo sus ÉXTASIS, desaparecieron súbitamente.
Se encontraba en el borde del Lago Negro. La noche había caído y eran pocas las luces que iluminaban el castillo. Era tarde, pero aun así, aquella sombra la esperaba.
-Pensé que no vendrías –dijo aquella voz que le sonaba tan conocida.
-Tenía que escaparme –respondió ella, arrojándose a sus brazos. Sintió su agarre, pero era frío y distante. Casi irreal.
-Es una sorpresa –susurró la sombra en su oído, provocando que se le acelerara el corazón.
-¿Sabes? –dijo sin poderse contener-. Yo también te quiero…
-¡Señorita Granger!
-Yo también te quiero…
-¡Señorita Granger! ¿Despierte, se encuentra bien?
-Te quiero…
-¿Señorita Granger? Venga, póngase de pie, la llevaré a la enfermería.
Abrió los ojos en ese momento. Había resbalado de la silla y se encontraba tirada en el piso. La profesora Merrythought había salido corriendo y se había hincado a su lado. Y ahora, la profesora de Transformaciones la sujetaba entre sus brazos, tratando de hacerla entrar en razón.
Hermione se incorporó lo más rápidamente que pudo.
-¿Se encuentra bien, señorita Granger?
-¿Qué? Este, yo… es decir, sí. Sí profesora…
-Venga, la llevaré a la enfermería.
-No, no se preocupe.
-¡Ha sido el estrés de los exámenes! Cada año pasa lo mismo –uno de los examinadores del ministerio llegó corriendo a donde se encontraban las dos. Se inclinó sobre Hermione para examinarle el rostro-. Está usted demasiado pálida. Será mejor que haga caso a su profesora y…
-No, no se preocupe –repitió ella, sujetándose al borde de su mesilla, y volviéndose a sentar-. Estoy bien. Seguiré contestando el examen.
-Solo quedan diez minutos –informó el examinador-. Estoy seguro de que ya ha terminado de contestar, y…
-No, aún me falta un poco. Puedo hacerlo.
El examinador y la profesora Merrythought intercambiaron una mirada rápida. Encogiéndose de hombros, el examinador volvió a su puesto, al final del Gran Comedor, y la profesora Merrythought, (mirando por última vez a su alumna más brillante), asintió resignada, con lo que volvió al frente de todas las mesillas.
-Bueno, ya lo han escuchado –dijo la profesora de Transformaciones de manera general a todos los alumnos-. Les quedan diez minutos.
Hermione soltó la pluma y suspiró aliviada, cuando la profesora Merrythought les informó que el tiempo se había acabado. Con un movimiento de su varita, todos los pergaminos de todas las mesillas salieron volando, y se posaron con suavidad entre los brazos de la profesora. El examinador se acercó a ella, tomando los pergaminos, mientras el resto de los chicos dejaban las plumas en las mesas, y salían del Gran Comedor.
Malfoy miró de reojo a Hermione, pero no se detuvo, y siguió caminando con paso rápido para reunirse con Rozailer.
Hermione, en cambio, salió caminando lentamente, con una mano en la cabeza, como si ésta le doliera. Cuando llegó a las puertas del Gran Comedor, Ginny, Neville y Luna la esperaban sentados en los últimos peldaños de la enorme escalera de mármol, y se levantaron rápidamente, corriendo a toda velocidad para reunirse con su amiga.
-¿Cómo te ha ido? –Ginny fue la primera en preguntar.
-Bien, sólo tuve dudas con la pregunta 16, pero creo que he puesto lo esencial. Y en la 24 creo que me faltó detallar un poco más los efectos del higgil, pero…
-¿Hermione, estás bien? –interrumpió Luna, examinando minuciosamente el rostro de la castaña-. Te ves muy pálida.
-¿Qué? –la pregunta la tomó completamente por sorpresa, pero se apuró a responder de la manera más tranquila que podía-. Sí, estoy bien. Es el estrés de los exámenes –repitió las palabras del examinador, y sin decir nada más, empezó a caminar hacia los jardines, seguida por sus amigos.
-Al menos esta tarde solo tienes que presentar el examen práctico de Pociones. ¡Y eres libre! –le dijo Neville alegremente.
-Serán tres horas pegada junto a un sofocante caldero –le respondió la castaña conteniendo una risita-. Aunque supongo que serán más amenas ahora que no tendré que pasarlas encerrada en una mazmorra.
Los cuatro chicos caminaron hasta la orilla del Lago Negro. El sol brillaba en todo su esplendor, y se reflejaba del mismo modo en las ahora claras aguas del lago. Era ya casi verano, después de todo. Neville se sentó en una piedra plana que se encontraba dentro del lago, cerca de la orilla, mientras que las chicas se sentaron debajo de un árbol, se quitaron los zapatos y las calcetas, y mojaron sus pies con la fresca agua.
-Ginny… -preguntó Hermione en una especie de ronco susurro-. ¿Alguna vez salimos en la noche a dar un paseo por el lago?
Ginny dejó de mover sus pies en el agua. Miró a Hermione, confundida.
-Claro que no, nunca hemos salido de noche bajo ningún motivo –respondió aún sin comprender la pregunta de su mejor amiga-. Sabes que está prohibido salir del Castillo cuando anochece.
-¿Por qué lo preguntas? –intervino Luna, tranquilamente. Ginny la miró, aún sin comprender.
-Bueno, es que… A medio examen me pareció recordar algo… Aunque supongo que me quedé dormida. Debió haber sido sólo un sueño.
Y siguió remojando sus pies, aun preguntándose quien sería aquel misterioso chico que la había convencido de romper una de las reglas más básicas del castillo. No vio la sonrisa que cruzó por el rostro de la Ravenclaw.
Cuando el reloj dio la una de la tarde, Ginny y Neville caminaron de vuelta al castillo, para comer algo antes de acudir a su examen de Estudios Muggles. Hermione y Luna se despidieron de ellos (la Ravenclaw había terminado ya con todos sus exámenes y la Gryffindor aún tenía libre hasta las cuatro, antes de hacer el examen práctico de Pociones), con lo que se decidieron a quedarse un rato más mojándose los pies.
-Entonces –dijo Luna tranquilamente, como si no hubiesen pasado cuarenta minutos desde aquella conversación-. ¿Qué más recuerdas de tu sueño?
-Bueno… -inició Hermione, pensativa-. Estaba en el borde del Lago Negro. Era ya de noche, parecía ser que realmente tarde.
-¿Había alguien más contigo? –la pregunta de Luna la tomó por sorpresa, pero aun así respondió.
-Sí, un chico. No vi su rostro, pero su voz me sonaba familiar.
-¿Y qué te dijo?
-Parecía temer que no acudiese a aquella reunión.
-¿Así que te escapaste con alguien a media noche para dar una caminata por la orilla del lago?
-Eso parece –dijo Hermione, aun intentando recordar.
-Eso es tan romántico, ¿no lo crees? –preguntó Luna, en su acostumbrado tono soñador.
-¿Tú lo crees? –y entonces recordó sus últimas palabras: yo también te quiero. Quien quiera que fuese aquella sombra, ella le quería-. ¿Será posible que se trate de un sueño profético? ¿Significará que me enamoraré de alguien?
-¿Y si en realidad significa que ya te has enamorado? –la preguntó de Luna la tomó por sorpresa, con lo que la castaña dejó de ver la lisa superficie del lago, y miró a la rubia.
-¿A qué te refieres? –fue lo único que pudo preguntar, mientras la Ravenclaw se limitaba a encogerse de hombros.
-A veces la mente no recuerda –contestó Luna, mirando de vuelta a la castaña, mientras sonreía tímida pero alegremente-, pero el corazón nunca olvida.
Hola a todxs!
Espero que les haya gustado el capi anterior, y que este haya corregido un poco de lo que no les gustó del capi pasado (?). La manera en que Draco le borró la memoria, la forma en que Harry intervino, y ahora estos raros recuerdos que afectan la mente de Hermione...
No diré nada más, pues eso se explicará (?) más adelante. Lo único que puedo decir, es que igualmente las veces en que Luna vio a Hermione y Draco juntos, solo servirá para que la Ravenclaw les de un leve empujón a la dirección correcta (?).
Les recuerdo que el fic esta pronto a terminar, pero no se asusten, que vienen sorpresas (?).
Nuevamente, les agradezco los reviews, follow y favorite, y me disculpo por no haberlos contestado (como siempre), pero les aseguro que los leo. Así que con toda confianza pueden seguir diciéndome lo que les gustó, lo que no -pese a que a estas alturas del fic ya nada se pueda hacer para cambiarlo-.
Hablando del final del fic, los que se han leído el original, ¿les ha gustado el cambio en los Wesley? Quería no hacerlos los malos de la historia, y esto ha sido lo que ha salido. Espero y haya quedado mejor. Respecto a los capis que se vienen, lo que sigue será muy igual a la historia original, para que sepan ya por donde va la cosa.
Este comment quedó ya muy largo, así que aquí le paro, no sin antes mandarles un abrazo y un beso. La próxima semana les aseguro un 50% de hacer up (todo depende de si me dan vacaciones de semana santa en la oficina), por lo que si no me ven por aquí, ya saben qué sucedió. De cualquier manera, nos seguimos leyendo. Sigan bellos!
