Capítulo 22

Orden Natural


El examen práctico de Pociones ocurrió sin ninguna novedad. El vapor soporífero proveniente de su caldero hizo que Hermione se sintiese mareada en un par de ocasiones, pero la presencia de la profesora Merrythought (rodeaba a la castaña como si se tratase de un buitre acechando a su presa) la obligaba a mantener la concentración y enfocarse en realizar aquella poción.

De vez en cuando su mente divagaba y le hacía recordar la conversación que había tenido con Luna, hacía apenas un par de horas, a orillas del lago negro. Se preguntaba qué era a lo que se refería la Ravenclaw, pero simplemente no le encontraba lógica a sus palabras, y con esto, la Gryffindor volvía a concentrarse en su caldero; en mantener la temperatura correcta con su varita, en seguir cortando y pesando sus ingredientes, echando todo en los momentos adecuados, de la manera correcta.

El vapor la rodeaba y la hacía marearse, pero ella seguía firme, concentrada. No se permitiría a sí misma el volverse a desmayar, no en el Gran Comedor, ni frente a su profesora de Transformaciones, no frente a los Slytherins, quienes seguramente se burlarían de ella. ¿Estrés por los exámenes? ¡Si sabía que tenía todo firmemente controlado! Y siguió mezclando su poción, cuidando de llevar la cuenta exacta de las veces que la había girado en contra de las manecillas del reloj…


Malfoy también tenía problemas para concentrarse. Aún no olvidaba lo ocurrido en el examen teórico de Defensa, y cómo Granger se había desmayado diez minutos antes de que éste acabase. Se preguntó si estaría delicada de salud, o si ahora que no tenía que preocuparse por él, se absorbía tanto en sus estudios que los desvelos le estaban cobrando factura.

Así que su mirada pasaba de sus ingredientes a Granger, del caldero a Granger, del reloj que había sobre la mesa de los examinadores a Granger… Simplemente no podía dejar de preocuparse por ella. ¿Se volvería a desmayar? ¿Habría ocurrido lo mismo, en algún otro examen en que él no hubiese estado presente? Pero aquello nunca lo sabría, después de todo, no había a quien preguntarle.

Así que a regañadientes, dejaba de mirarla de reojo, y volvía a concentrarse en hacer que la poción no espesase de más, y conservara su color azul característico, con todo y aquel humo tenue que debía despedir débilmente. Después de todo, eso era lo que debía hacer. Terminar aquel examen (el último de sus ÉXTASIS) y finalmente ser libre de no volver a poner un pie en Hogwarts; de olvidarse de los Hufflepuff y Ranvenclaws, de los cabezas huecas Gryffindors, y de aquella sangre sucia que ya no significaba nada para él…


Después de dos horas, cuando los examinadores les pidieron bajar la varita y retirarse de sus calderos, sin sueños extraños que inundasen su mente, ni extrañas visiones que no hiciesen sentido alguno, Hermione estaba completamente satisfecha con su resultado. Al igual que sus compañeros leones y aquellas serpientes con quien había realizado el examen, la Gryffindor se apuró a llenar su botella con una muestra de su poción del matalobos, y la etiquetó con su nombre. Dos calderos a su derecha, Draco hacía lo mismo.

Tras dejar el Slytherin su muestra de poción en el escritorio donde el examinador esperaba pacientemente, regresó a su lugar a guardar sus cosas en su mochila, vaciar su caldero, y guardar los materiales sobrantes en el armario que se había llevado allí exprofeso para el examen. Se tomó el tiempo suficiente para ver como Granger repetía aquel proceso, hasta que finalmente (sin percatarse de que el rubio la observaba), la joven se colgó la mochila al hombro, y salió del Gran Comedor, sin mirar atrás una sola vez. El rubio sintió un pinchazo en el estómago, pero intentó no darle importancia. Después de todo así era como se suponían debían ser las cosas. A ella no le importaba él, a él no le interesaba ella.


-¡Libre al fin! –se escuchó la alegre voz de Ginny, al ver a su amiga acercarse por entre los demás Gryffindors y Slytherins

- ¿Qué tal ha ido el examen? -preguntó Luna soñadoramente.

-De maravilla –respondió una sonriente Hermione.

-¿Ya han salido todos? –preguntó Neville, mientras estiraba el cuello para ver dentro del Gran Comedor-. Muero de hambre…

-¡El banquete de fin de curso no empieza hasta las nueve! –exclamó Ginny, reprendiendo al Gryffindor-. ¡Tendrás que aguantar esa hambre un poco más!

Hermione estaba por decir algo, cuando sintió un empujón y tuvo que sujetarse de Luna para no caer. Miró detrás de sí al culpable de aquel golpe, obviamente intencional, y su mirada se detuvo en la altanera figura de Draco Malfoy, quien iba acompañado por el moreno de Zack Rozailer, quien fingía que no había notado aquella provocación de su amigo.

-Fíjate por donde caminas, Malfoy –espetó la castaña, con aquel tono severo que reservaba solo para él. El Slytherin se limitó a sonreírle maliciosamente, mientras sujetaba su mochila con firmeza, y fingía que se limpiaba la túnica, en el punto donde había golpeado a la Gryffindor.

-Disculpa –dijo mordazmente-. Tendré más cuidado la próxima vez; no queremos que te desmayes en pleno recibidor.

A Hermione le tembló el labio inferior. Sentía que la furia se acumulaba en su interior. Miró con enojo al Slytherin, pero no se le ocurrió nada hiriente para decirle. Cuando por fin pudo abrir la boca, el rubio y el moreno se encontraban ya al otro lado del recibidor, dispuestos a bajar para llegar a las mazmorras.

-Ignóralo –dijo Neville, también con el entrecejo fruncido-. Malfoy es un idiota.

-Creo que lo mejor será que vayamos a dejar tus cosas en la torre –intervino Ginny, colgándose del brazo de su amiga-. ¿Vienen? –preguntó a Luna y Neville, pero ambos negaron.

-Daremos una vuelta por el Lago Negro –respondió la Ravenclaw con sus ojos saltones. Se le notaba emocionada y sus mejillas se colorearon cuando tomó a su novio de la mano-. Veremos si podemos pescar algún plimpy.

Así que mientras Neville y Luna cruzaban el recibidor para salir al exterior del castillo, Hermione y Ginny caminaban en dirección contraria, subiendo por la escalinata de mármol, para llegar a la torre de los leones. La castaña dejaría su mochila, quizá inclusive se cambiaría por una túnica limpia; después de todo las ropas de Hermione tenían ese inconfundible aroma de poción de matalobos, nada agradable. Finalmente, ignorando el desorden que ambas muchachas tenían en el interior de sus baúles, quince minutos más tarde, las dos leonas bajaron nuevamente al recibidor.


Al igual que el par de Gryffindors, aquel dúo de Slytherins se dirigió a su Sala Común. Se cambiarían las túnicas, aventarían las mochilas a las camas, y sin preocuparse por acomodar sus baúles (ya habría tiempo para ello mañana en la mañana), y esperarían pacientemente a que Nigel volviese de a saber dónde rayos estaba, antes de volver a subir al Gran Comedor, para formar parte del banquete de fin de curso.

Así que mientras Zack hundía la cabeza detrás de un libro, Draco se limitó a sentarse en el alfeizar de la ventana, mirando el fondo del verdoso Lago Negro. Inconscientemente, se sujetó el brazo derecho, allí donde había dejado caer todo su peso para empujar a Granger. Aún podía sentir aquella calidez. No pudo evitar recordar aquel desmayo, y preguntarse otra vez si se encontraba enferma. Esperaba que el agradable ambiente que habría aquella noche en el Gran Comedor, así como la comida la pusiera de buen humor. Se trataba del banquete de fin de curso, después de todo. El último banquete al que acudirían como alumnos. Mañana, a primera hora del día, saldrían de Hogwarts, se dirigirían a Hogsmeade para subirse al Expresso, y regresarían a Londres, sin mirar atrás. Mañana, cuando cayese la noche y ellos bajasen del tren en el Andén 9 y ¾, y saliesen de King's Cross, no volverían a verse nunca más. Se preguntó si ella lo extrañaría. Se habían odiado durante ocho años, algo tenía que significar.

Quizá algún día, mientras la castaña conversase con sus hijos, les contaría que una vez hubo un bravucón de cabello rubio que se burlaba de ella por ser una sabelotodo, y que ella se había vengado dándole un puñetazo en la nariz durante su tercer año en el colegio. Se preguntó si les contaría a sus hijos sobre como la serpiente se burlaba de la desordenada melena de la leona, y cómo ésta le había callado la boca en cuarto curso, al verse como una hermosa princesa al acudir al Baile de Navidad. Y se preguntó, si cuando sus hijos pidiesen saber más sobre la Batalla de Hogwarts, la castaña les platicaría de aquella vez que tuvo que salvarle la vida al altanero sangre limpia que había hecho su vida un infierno durante aquellos ocho años, burlándose de ella por simplemente ser hija de muggles.

Porque si de algo estaba seguro, es que él no la olvidaría. Después de todo, él debía recordar aquello por los dos. Desde el primer encuentro en el Expresso de Hogwarts, rumbo a su primer año cuando aquella sangre sucia le había dicho que estaban por llegar al castillo y sería mejor que se cambiase ya la túnica, hasta aquel momento en que había tenido que apuntar su varita contra ella, mientras la pobre lloraba y la nieve caía, para hacerle olvidar aquel amor que le tenía y que estaba condenado a morir.

Siguió recordando aquellos momentos memorables (muchos incluían el verla disimuladamente en clases, concentrada como siempre, o durante las comidas en el Gran Comedor, mientras reía con sus amigos), preguntándose sí, aún después de diez, treinta o cincuenta años, seguiría recordando aquella mirada castaña, sus mejillas rosadas y sus suaves labios. Durante un instante tuvo miedo de no recordar su suave aroma. Todo se veía ya tan lejano…

Sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo al darse cuenta de que aquella sería la última noche que pasase en el castillo. Era curioso: hacía un año no quería regresar a aquel lugar, y ahora, no quería marcharse. Era consciente de que mañana, durante el barullo de subir al tren, y bajar en Londres, era muy probable que no viese a Granger nunca más. Ya no molestarla, sino simplemente verla en la distancia, como se había condenado él mismo. Aquella noche, durante la cena, sería su última oportunidad de verla, sonriente, feliz; su última oportunidad para grabar su perfil en su memoria y nunca olvidar su risa, o su voz. Después de ello, su persona se volvería un simple recuerdo. Un amor que no funcionó.

-Perdón por llegar tarde –Nigel había abierto la puerta de la habitación, interrumpiendo los pensamientos de Draco. Inclusive Zack alzó la vista por encima de su libro-. Me entretuve en los jardines.

Ninguno de los muchachos dijo nada, sino que se limitaron a ponerse en pie, y salir de la habitación.

El banquete de fin de curso estaba por comenzar.


Las puertas del Gran Comedor se encontraban abiertas de par en par. Las mesas individuales, los calderos y el armario de materiales habían desaparecido (no quedaba rastro del último examen de la temporada) y habían regresado las acostumbradas cuatro mesas, una para cada casa, así como la larga mesa para el profesorado.

Hermione y Ginny se sentaron a la mitad de la mesa de Gryffindor. El ambiente era festivo. No solo en la mesa de los leones, sino también en la de los tejones y las águilas, la conversación era agradable. Inclusive los Slytherins se notaban relajados y alegres, aunque era cierto que su mesa era la única que mantenía un solo color (su característico verde esmeralda), mientras que los miembros de las otras tres casas se encontraban sentados en donde les viniese en gana.

-¡Estamos aquí! –saludó Hermione con la mano, cuando vio a Neville y Luna entrar al Gran Comedor. Los muchachos la vieron al instante, y no perdieron tiempo en sentarse junto a sus amigas. Al momento, proveniente del otro lado de la mesa de los leones, Eleonor Quirke se unió a ellos, conversando animadamente, y agradeciéndoles por haber sido tan buenos prefectos y Premios Anuales durante aquel año escolar.

-Intentaré entrar a un puesto en el ministerio –dijo la chica de cabello negro-. Algo relacionado con Seguridad Mágica me vendría bien.

El resto de los chicos igualmente compartió sus planes para futuro: Ginny intentaría entrar a un equipo de Quidditch profesional, Neville planeaba dar un recorrido por el mundo para conocer más sobre exóticas plantas, y Luna igualmente planeaba un viaje, pero en su caso, para buscar animales fantásticos.

-Creo que sería interesante trabajar en Seguridad Mágica –fue el comentario de Hermione, con lo que Eleonor no pudo evitar sonreírle-. Quizá sigamos en contacto.

La Jefa de Prefectos estaba por responder que estaría más que encantada, cuando la Directora McGonagall se puso en pie, y con ello, todas las conversaciones murieron al instante.

-Otro año se nos va –inició la directora con su discurso-. Espero que hayan aprendido mucho durante este curso y, aquellos que aún regresen el próximo año, vengan dispuestos a seguir instruyéndose. El conocimiento es la mejor forma de superarse a uno mismo, de alcanzar nuestras metas y cumplir nuestros sueños. Para aquellos que éste sea su último año, Hogwarts los despide pero no los olvida; mientras recuerden lo aprendido en las aulas, las amistades que se forjaron en los jardines, y sostengan con orgullo el haber pasado por sus pasillos, este castillo siempre será su hogar.

Miró a sus alumnos una vez más, y finalmente, la Directora McGonagall se sentó en su silla alta, con lo que la comida apareció por arte de magia sobre las mesas, y provocando que las conversaciones se reanudaran al instante, mientras los estudiantes (en inclusive los profesores) comían y bebían alegremente.

Aquella noche, las cuatro mesas (sí, inclusive unos cuantos Slytherins) celebraron la victoria de Hufflepuff al ganar aquel año la Copa de las Casas. Las conversaciones eran animadas (después de todo, aquellos que regresaran al castillo al año siguiente, tardarían un mes entero antes de volver a verse, y los que no regresasen quizá no se vieran nunca más) y el ambiente era alegre y festivo. Inclusive cuando llegó la media noche y la Directora McGonagall los mandó a la cama, los alumnos seguían bromeando y riendo.

Cuando llegaron a la Torre de Gryffindor, y subieron a su dormitorio, Hermione y Ginny ignoraron una vez más el desorden en sus baúles, y se quedaron dormidas apenas sus cabezas tocaron la almohada. Sin embargo, a la mañana siguiente, al igual que todos los Gryffindors, las dos muchachas se levantaron temprano. Debían guardar en sus baúles sus túnicas, libros, e inclusive las escobas. Neville tuvo que rescatar a su sapo Trevor del baúl de Eleonor Quirke, y a las diez de la mañana, cuando Crookshanks finalmente accedió a entrar a su cesto de mimbre, Hermione, Ginny y Neville se reunieron con Luna en el recibidor, para dirigirse a la estación de Hogsmeade.

Para eso de las diez y media habían subido ya sus baúles y encontrado un compartimiento para ellos solos, con lo que Crookshanks volvió a salirse del cesto, y se acostó en la rejilla alta del equipaje, dispuesto a tomar una siesta. El tren partió, como cada año, a las once en punto.

Para medio día, la última reunión de Prefectos de aquel año, había finalizado, y con ello, los prefectos de cada casa (incluidos los Premios Anuales) habían iniciado aquel último patrullaje por los pasillos del Expresso. Debido a que Luna y Neville seguirían en contacto durante aquel verano, la Ravenclaw había pedido a Hermione que fuese ella quien le hiciese compañía mientras caminaban por los pasillos cuidando que ningún alumno se metiese en problemas, a lo que la castaña accedió sin ningún inconveniente.

-¿Sigues teniendo esos extraños sueños? –preguntó Luna, después de que se cruzaron con el carrito de dulces, y compraron unas cuantas chucherías. La rubia iba comiendo una de todas aquellas ranas de chocolate que había comprado, mientras que Hermione se había limitado a tomar una varita de regaliz.

-Eso creo –fue la respuesta de la castaña, mientras seguían caminando por los pasillos, y asomaba la cabeza en cada uno de los compartimientos, viendo que los estudiantes no se metiesen en problemas-. No tienen ninguna conexión entre sí, y aun así se siente como si tratase de lo mismo. Como si fuesen partes de una película, escenas tomadas al azar.

-¿Sientes que las personas son las mismas siempre?

-Sí, pero a pesar de que se sienten conocidos, no logro identificarlos.

-Quizá solo debas poner más empeño –fue la respuesta de Luna.

Hermione asintió, pero no dijo nada más. Después de todo, lo único que se le ocurría eran las mismas palabras de Luna: su corazón estaba intentando recordar algo. Se preguntó qué sería.

Para la una de la tarde, cuando hubieron terminado de recorrer todo el tren, Hermione sentía un ligero dolor de cabeza. Había pasado de seguir supervisando el buen comportamiento de los alumnos, y se había sumido en sus pensamientos, intentando recordar detalles que se le hubiesen pasado por alto, de aquellos extraños sueños que se sucedían cuando se desmayaba. Seguía sin comprender nada, y por ello, la cabeza había comenzado a darle vueltas.

Así que ella y Luna regresaron al compartimiento donde Ginny las esperaba (Neville llegó poco después), y diciendo que se encontraba algo cansada, anunció a sus amigos que intentaría dormir un poco.

-Descansa tu cabeza aquí –le dijo Luna, indicando sus propias piernas-. Será mucho mejor que dormitar con la mejilla pegada en la ventana.

Así que mientras Neville y Ginny se entretenían jugando ajedrez mágico, Luna acariciaba los cabellos castaños de Hermione, quien hecha un ovillo, no tardó mucho en quedarse dormida.

-¿A qué has venido?–fue lo único que pudo decir.

Nuevamente se encontraba mirando la espalda de esa sombra ya común, y al mismo tiempo desconocida.

-¿Llorando de nuevo? –la alta figura se volvió, pero su rostro se encontraba en sombras. Sin embargo, esta vez había algo diferente. Podía ver sus ojos. Un par de ojos azules. Bellos, enigmáticos. No podía dejar de verlos, de perder su conciencia en ellos. Se le aceleró el corazón. Ya había visto antes esos ojos, ¿por qué no podía recordar dónde?

Una vocecita en su cabeza le susurró "bésalo". Su mente se negaba a hacerle caso. Y sin embargo, su corazón latía desbocado, indicándole que si no lo hacía, se arrepentiría.

Sin poderse contener, se inclinó sobre él, enredando sus dedos en su cabello. Aquel contacto provocó que una calidez inundara todo su cuerpo. Deseaba que aquel beso no terminase nunca.

Pero finalmente, se separó de aquella sombra, dejando de ver aquellos ojos azules, que seguían clavados en ella.

-¿Qué ha sido eso? –aquella voz sonaba temblorosa.

-Supongo que ya me tocaba a mí.

-¿Hermione? –susurró Luna, moviéndola un poco, para que despertara. La castaña así lo hizo, mitad sobresaltada, mitad decepcionada.

-¿Hemos llegado ya? –fue lo primero que pudo preguntar, al tiempo que se incorporaba y miraba por la ventana. Ya estaba oscuro allá afuera.

-Aún no, pero falta poco –respondió la Ravenclaw, y se inclinó sobre la Gryffindor, para agregar en un susurro que ni Ginny y Neville (quienes ahora jugaban snap explosivo) alcanzaron a escuchar-. Hablabas en sueños.

-¿En sueños? –preguntó Hermione mirándola de reojo, aun sintiendo la calidez de aquel beso. Se había sentido tan real, ¿cómo era posible que fuese solo un sueño?-. Sí, eso creo –reconoció al fin, y volvió a mirar por la ventana-. Era sólo un extraño sueño, creo. Un mal sueño.


El tren se detuvo una hora después en King's Cross. Cuando los cuatro chicos bajaron del vagón, cargando sus baúles y las jaulas de sus mascotas, se detuvieron a medio andén, buscando a sus familias.

Nuevamente, la abuela de Neville fue la primera en llegar. Su nieto se despidió de Luna en un rincón del andén, y después de lo que pareció una eternidad, regresó con Ginny y Hermione, para despedirse de ellas, dándoles un abrazo a cada una.

Luna se había quedado al otro lado del andén. Había encontrado a unas compañeras de Ravenclaw, y se encontraba despidiéndose de ellas, provocando que las dos Gryffindors se quedasen solas en el andén, aunque no por mucho tiempo. Entre el gentío, se distinguía la pelirroja cabellera de George, quien alzó un brazo para que Ginny lo viera.

-Espero que vengas a la Madriguera a visitarnos algún día –le dijo Ginny a Hermione, abrazándola tierna y fuertemente-. Y no olvides escribir.

-Lo mismo te digo a ti –le dijo la castaña con una sonrisa en los labios, y soltándose del abrazo-. Estoy segura de que mis padres no tendrán problema en recibirte en casa. Y no solo va para ti, Harry y Ron también están invitados.

-Cuenta con ello.

Ginny se despidió una vez más, y tras realizar una rápida desviación para despedirse de Luna, emprendió el camino hacia su hermano mayor. Apenas unos instantes después, los dos Weasleys habían ya cruzado la barrera que separaba los andenes nueve y diez, dejando a Hermione sola en medio andén, con aquel carrito que llevaba su baúl, y el cesto de mimbre donde Crookshanks bufaba. Dijo una vez más al gato que esperase hasta llegar a casa para poderlo dejar salir, y procedió a mirar alrededor del andén, en busca de Luna. Quería despedirse de ella antes de emprender la caminata rumbo a la barrera que separaba los andenes nueve y diez. Sin embargo, se encontraba mirando al final del pasillo, cuando vio una escena curiosa.

Luna había terminado de despedirse de un par de conocidos de Hufflepuff, cuando dirigió sus pasos a un solitario Slytherin de cabello rubio platinado.

Malfoy se había despedido ya de Zack y Nigel, y con paso lento, había dado media vuelta para llegar con sus padres, quienes lo esperaban al tiempo que cuidaban de su baúl. Sin embargo, detuvo su andar al ver a Lovegood de pie delante de él.

-No pienso despedirme de ti, Lunática –fue el comentario del muchacho, con aquel usual tono despectivo que Luna ignoró, igual que siempre.

-Yo tampoco. Al contrario, quería decirte algo respecto a un tema importante.

Malfoy la miró alzando una ceja, excéptico, y estaba por dar un bufido para emprender de nueva cuenta la caminata hacia sus padres, cuando la voz de Luna lo hizo detenerse en seco.

-La mente puede no recordar las cosas. Pero el corazón nunca olvida.

-¿Qué has dicho? –preguntó asustado, al tiempo que miraba a Granger de reojo. Demonios, ella los estaba mirando.

-He dicho que te he visto.

-No sé de qué hablas –se apuró a defenderse.

-Y no digo que ahora –continuó Luna sin inmutarse-. Sino a durante todo el año. A ti y a Hermione, a decir verdad. No se necesita ser un genio para saber a que ella le han alterado la memoria. ¿Haz sido tú?

Pero malfoy no contestó. Después de todo, no sabía qué decir. De cualquier manera, parecía ser que Luna no esperaba una respuesta, pues prontamente continuó diciendo:

-Descuida, te lo he dicho ya. El corazón nunca olvida. Hermione podrá no recordar aquellos momentos que pasó a tu lado, pero su corazón sabe que te ama. Ten buena vida, Malfoy.

Y con esto, Luna dio la espalda al muchacho de ojos azules, y se dirigió hacia Hermione, dispuesta a despedirse de ella. Sin embargo, Hermione no pudo prestar mucha atención a lo que decía la rubia. Seguía intrigada por la conversación que el águila había tenido con Malfoy, preguntándose porqué se había tomado la molestia de despedirse de él.

-Quizá no vuelvas a verlo nunca en tu vida –le dijo Luna en su acostumbrado tono soñador, al descubrirla mirando de reojo a Malfoy-. Quizá lo mejor fuese que te despidieras tú también.

Y así, quedándose finalmente sola, Hermione sintió que se le encogía el estómago. ¿Debería? Sin saber porqué, ignoró su carrito, los bufidos de Crookshanks, y caminó hasta detenerse frente al Slytherin, quien no se había movido ni un milímetro.

Se miraron en silencio. Hermione seguía con aquel nudo en el estómago, mientras Draco sentía uno en el corazón. Entonces, la castaña levantó su mano (haciendo un esfuerzo para que no temblase), y la puso delante del rubio, esperando que el chico la estrechara.

-Fue, un gusto conocerte –le dijo ella nerviosa, sin saber si había hecho lo correcto. Malfoy miró su mano extendida sin saber qué hacer-. Es muy probable que no volvamos a vernos nunca más, pero… espero y las cosas vayan bien en tu vida.

Hermione estaba por bajar su mano, al ver que Draco no le correspondía el saludo, pero fue en el último momento en que el Slytherin se la estrechó.

-Un gusto tener que soportarte todos estos años, Granger –le dijo él en tono mordaz, pero burlón, arrancándole a Hermione una sonrisa de los labios-. También espero que todo vaya bien en lo que te espera en esta vida.

Se miraron a los ojos. Entonces, Hermione se percató de aquel enigmático color azul de los ojos del Slytherin, y sintiéndose extraña, se soltó rápidamente. Un poco confundida, se dio la media vuelta, y se alejó de regreso a donde había dejado su baúl y su gato, y empujando su carrito, ella también salió del andén 9 y ¾.

Aquel color azul, era tan parecido al que había soñado. Pero no podía ser Malfoy… Después de todo, aquellas extrañas visiones eran simples sueños. No significaban nada. Por más que Luna quisiera sacar sus extrañas conclusiones y significados, Hermione estaba segura de que aquel detalle era una simple coincidencia.

En el andén 8, rodeados de muggles, vio a sus padres saludarla a lo lejos, y se apuró a llegar a ellos, mientras les sonreía, alegre de volverlos a ver después de un año, y con ello, aquel sentimiento y esa extraña sensación respecto a sus sueños y Malfoy, era simplemente olvidado.


Aún dentro del andén 9 y ¾, Draco había visto como Granger desaparecía al cruzar la barrera, y sintiéndose desolado al saber que nunca más volvería a verla, lentamente se dio la media vuelta, y regresó junto a sus padres.

-Vamos a casa –dijo su madre, mientras indicaba a su marido que ayudase a empujar el carrito que llevaba el baúl perteneciente a su único hijo.

-La próxima semana tenemos una cena con los Greengrass –anunció Lucius, provocando que su mujer lo mirase con una expresión que claramente indicaba "debiste esperar hasta llegar a la casa".

Sin embargo, el ex mortífago la ignoró, y se limitó a esperar a que su hijo respondiese.

-De acuerdo –fue lo único que Draco pudo decir, aun mirando a la barrera.

El corazón se le encogió una vez más, si es que era posible. Hermione se había marchado, sería feliz al lado de alguien que la amase (esperaba que al menos no fuese la comadreja), y él… Él viviría al lado de una mujer que ni siquiera recordaba conocer, todo por proteger a la chica que amaba.

-Vamos entonces –la voz de su madre sonaba lejana, pero su tacto al poner su mano en su hombro, se sentía cálido y cercano.

Draco miró como su padre se disponía a empujar su carrito, llevándolo a la barrera, y asintió. Así como las llantas del carrito se habían puesto en movimiento, él debía hacer lo mismo. Seguir con su vida, con aquel camino que él mismo había escogido para sí.

Sabía que se arrepentiría, pero no había vuelta atrás. Y así, siguiendo a sus padres, Draco emprendió la caminata, y con paso lento, finalmente cruzó la barrera que lo llevaría al mundo muggle.

FIN


No puedo creer que no les haya avisado con tiempo que este era el último capi. Sí, aún nos queda un epílogo, pero de cualquier manera... Se siente como si no lo hubiese planeado bien, no sé si me explico (?) X) ¿Tiene que ver con mis constantes ausencias y falta de respuesta a sus reviews? Creo que sí, pero ya saben que esto de trabajar, atender a la familia y darse tiempo para escribir, termina afectando mucho~

En fin! Llegamos ya al final de este depresivo fic (?), ya había dicho (creo, ahora no estoy muy segura eheheh) que aún falta el epílogo, pero debido a que será casi igual al de la historia original, sí, básicamente esto es todo el fic (?). Antes de que comiencen a pedirme mi dirección para venirme a golpear o matar (xD) por no haber hecho que nuestra parejita terminase junta, primero les digo que (sin sonar sangrona ni mucho menos) ya les había dicho -en el mismo resumen está- que esto no iba a tener final feliz, y segundo, para que no me odien tanto, les comento que habrá sorpresita en el epílogo, pero no digo más para que se imaginen de todo y siendo malvada, hacerlas sufrir una semana más (?).

Así que pasemos a otra cosa: ¿Les ha gustado el capi de hoy? Yo sé que no porque esperaban un final feliz de "y todos vivieron felices para siempre", por lo que me limitaré a agradecerles sus reviews diciéndome que me odian y esas cosas e.é Lo mismo si deciden (o no) dejar follow y favorite. De cualquier manera, considerando que ya llevamos 22 capis y siguen aquí leyendo, no puedo menos que agradecerles el apoyo, y la paciencia durante estos últimos meses. Años, si consideramos que el fic original ya va a cumplir 6 desde su publicación :D

Debido a que este comment ya quedó kilométrico, lo dejaré aquí; les mando abrazos, besos, les deseo un bonito fin de semana, y los veo el próximo sábado -quizá domingo- para terminar este fic, pero no esta historia.

... y no digo nada más. Sigan bellos!