Epílogo

18 años después


Aquel año, el otoño se adelantó. El primer día de Septiembre trajo una mañana tersa y dorada como una manzana, y mientras la pequeña familia caminaba por el abarrotado andén, los gases de aquella locomotora escarlata, y el aliento de todas esas otras familias, brillaban como telarañas en la fría atmósfera.

En lo alto del carrito que el padre empujaba al caminar, se tambaleaba una jaula de metal, que contenía una bonita lechuza castaña.

Un pequeño niño pelirrojo, de apenas nueve años, iba tomado de la mano de su madre, con una expresión indignada.

-Dentro de poco tú también irás –le dijo Hermione, sabiendo el motivo del enfado de su hijo menor.

-Aún faltan dos años –se quejó Hugo-. Y yo quiero ir ahora.

La familia llegó a uno de los últimos vagones, el cual se encontraba casi vacío. Ron se apuró a bajar el baúl de su hija mayor, Rose, y colocarlo dentro del portaequipajes. La chica lo siguió pisándole los talones, diciendo que volvería pronto, y sólo iría a cambiarse su ropa muggle por el uniforme del colegio.

-¿Dónde están los demás? –preguntó Ron al bajar del vagón. Hugo se arrojó a sus brazos, y el pelirrojo abrazó a su hijo, mientras miraba a su esposa, y la castaña miraba hacia el andén.

-No tardarán en llegar –le respondió ella-. No creo que Albus o James se los permitan.

Acababa de decir aquello, cuando un gritito se escuchó entre las piernas de la gente.

-¡Tía Hermione! –una pequeña niña, de cabello largo y pelirrojo se arrojó a los brazos de la castaña. Hermione le respondió el gesto con una alegre sonrisa en los labios.

-Empezábamos a pensar que no llegarían –dijo la castaña, mirando a los padres de la pequeña niña pelirroja.

Ginny y Harry acababan de aparecer de entre la gente. Los seguía Albus, su segundo hijo, quien se notaba alegre.

En esos momentos, Rose regresó. La chica ya llevaba puesta su túnica de Hogwarts, y se apuró a sonreírle a su primo.

-¿Has podido estacionarte bien? –se apuró a preguntarle Ron a Harry, y sin detenerse a esperar una contestación, añadió-. Yo sí. Hermione no confiaba en que aprobara el examen de conducir de muggles, ¿verdad que no? Creía que tendría que confundir al examinador.

-Eso no es cierto –se defendió ella prontamente, mientras Harry y Ginny contenían una risita.

-La verdad es que sí lo confundí –le susurró Ron a Harry para que Hermione no se escuchara esa confesión de último minuto.

-¡Ahí estás! –dijo Ginny en ese momento.

James, el hijo mayor de Harry y Ginny acababa de llegar. Ya no llevaba su carrito con su baúl y su lechuza blanca, pero su rostro llevaba una expresión de asco que se apuró a explicar.

-Teddy está allá atrás –dijo atropelladamente, apuntando detrás de él-. ¿Quieren saber qué estaba haciendo? ¡Besuqueándose con Victoire!

Ninguno de los adultos se sorprendió ante tal noticia.

-¿Es que acaso los has interrumpido? –le preguntó Ginny mirándolo severamente.

-¡Me dijo que me fuera! ¡Se estaba besando! ¡Con nuestra prima!

-Yo creo que deberían de casarse –susurró Lily en ese momento, de manera soñadora, y finalmente soltó a Hermione-. Así, sí que formaría parte de la familia.

-Claro, porque no viene a cenar cuatro veces por semana a la casa –dijo Harry en tono mordaz.

-Pues deberíamos de proponerle que viviera con nosotros –Albus habló con prontitud, pero Harry le respondió del mismo modo.

-Ni loco que estuviera. No tengo planeado demoler la casa aún.

Lily y Hugo contuvieron una risita.

-Deberías de estar preocupado por cosas más importantes –dijo Albus en un tono pomposo a su hermano mayor-. Empiezas tercer año, ¿estás preparado para la selección? –y ante la expresión nerviosa de James, le dirigió una mirada burlona-. Quizá te pongan en Slytherin.

-¡No van a ponerme ahí! –se quejó su hermano mayor, poniendo los ojos en blanco, pero visiblemente incómodo.

-¡Al! –lo reprendió su madre. El chico se limitó a encogerse de hombros, y no dijo nada más.

-¿Y si a ti te ponen en Slytherin? –le dijo Lily a Hugo en esos momentos.

-Claro que no –se apuró a contestarle a su prima-. Soy un Gryffindor, igual que mi padre. Y estoy seguro de que Rose estará en Ravenclaw, porque es casi tan lista como mamá.

-Pero tía Hermione no estaba en Ravenclaw.

-Eso ya lo sé, pero podría ser…

-La verdad, es que no me molestaría –dijo Rose, sumándose a la conversación-. ¿Y tú, Lily?

-Yo quiero estar en Gryffindor, como papá. ¡La casa de los valientes! –añadió mientras se apuraba a abrazar a Harry.

Hugo se apuró a imitar el rugido de un león. Ron lo sujetó del hombro.

-No quiero que te sientas presionado –le dijo a su hijo mejor, en tono solemne-, pero si no te ponen en Gryffindor, te desheredo.

-¡Ron! –gritó Hermione indignada-. No les digas eso a los niños.

Pero Ron ya no se encontraba prestándole atención. Su mirada se había posado a una distancia de más o menos cincuenta metros. Sus ojos se entornaron. Harry se apuró a mirar al mismo punto que su mejor amigo.

Lentamente, otra pequeña familia se acercaba al final del andén, buscando un vagón que se encontrase aún algo vacío.

Draco Malfoy, junto con su esposa y su hijo, se detuvieron delante de ellos.

-Buenos días, Malfoy –dijo Harry con un tono de voz particularmente seco. Hacía ya dieciocho años que no se veían, por lo que no estaba muy seguro de qué tan amable o distante debería de comportarse con él. En especial cuando la última vez que se habían visto, la situación había sido tensa y delicada.

Draco le dirigió una silenciosa mirada. Parecía ser que él pensaba lo mismo que Harry. Por un instante pareció que el rubio no diría nada, pero finalmente, el ex Slytherin dijo:

-Buenos días, Potter –le respondió arrastrando las palabras.

-Hola –dijo en ese momento el hijo de Draco (se parecía tanto a Draco como Albus se parecía a Harry), dirigiéndose a Rose, Hugo, Lily, James y Albus-. Scorpius Malfoy –se presentó el chico, de manera animada.

-Albus, pero todos me dicen Al –respondió el niño, y procedió a estrechar la mano del rubio-. ¿Empiezas Hogwarts este año? –el heredero de la fortuna Malfoy asintió, con lo que Albus agregó animado-. ¡Yo también! ¡Mi hermano va ya a tercero, igual que mi prima Rose!

Rose se acercó a los muchachos, e igualmente estrechó la mano de Scorpius. James le dirigió un nervioso saludo; aún estaba preocupado por quedar en Slytherin. Los adultos los miraron, pero no dijeron nada. Varios de los presentes (en especial Ron y Astoria) se preguntaban qué podría llegar a ocurrir si aquellos cuatro se hacían amigos. ¿Afectaría su amistad el hecho de que sus padres hubiesen estado enemistados tantos años? ¿Podrían los niños sanar un poco las heridas que había entre los Malfoy y los Potter y Weasley?

Mientras Astoria, Ron y Ginny miraban como Scorpius y Albus continuaban con la conversación (y se preguntaban en qué casa les gustaría estar dentro de dos años, cuando iniciasen tercero), Draco miró de reojo a Hermione. Hacía dieciocho años que no la veía. El tiempo le había sentado bien. Su cabello seguía siendo castaño, pero ahora estaba lacio y brillante. Su piel se notaba un poco bronceada; muy probablemente había pasado el verano con su familia, de vacaciones en algún lugar soleado. Sintió como se le agitaba el corazón cuando Hermione lo miró de vuelta. Estuvo tentando a retirar la vista inmediatamente, pero no pudo, y se quedó así, mirándola mientras volvía a sentir aquel impulso que hacía dieciocho años no sentía: quería abalanzarse sobre ella, abrazarla, besarla…

-¡No deberías estar aquí! –aquella misteriosa voz se notaba alterada. Podía sentirse su preocupación.

-Prometí que te esperaría –respondió tratando de ver nuevamente aquellos hermosos ojos azules. Y sin poderse contener, exclamó-. ¡Te amo!

Pero la sombra se alejaba. No podía ver su rostro, pero sabía que su expresión era de dolor y sufrimiento. Podía ver aquellos ojos azules clavados en ella…

-Por favor… -agregó lastimeramente, pero sabía que ya era demasiado tarde.

-No puedo hacerlo –respondió él, mientras se acercaba a ella y la sujetaba por los hombros, hablando en un susurro-. Lo siento mucho, pero es que tú no entiendes…

-Yo solo te quiero a ti… -intentó aferrarse a él una vez más, pero era imposible. La sombra se alejó.

-¡Obliviate!

Pero ella sabía que no podía olvidarlo. Aquellos recuerdos estarían por siempre grabados en su piel, en su corazón.

-No te he olvidado –dijo una vocecilla en su cabeza.

-¡Obliviate! –el grito retumbó en sus oídos, en su corazón.

-¡No te he olvidado! –gritó ella para hacerse oír. Tenía que entenderlo: simplemente no podía forzarla a despojarse de aquellos preciados recuerdos.

La sombra se alejaba, pero aquellos ojos azules aún podían verse en la distancia. Tan enigmáticos, tan solitarios.

-Obliviate…

-Draco…

-Draco…

-¿Hermione?

Ron acababa de sujetar a Hermione de la cintura, para que no cayera al suelo. Sostenía su mano con miedo, preocupado de que algo malo le hubiera pasado a su mujer. Hermione, en cambio, abrió los ojos, algo extrañada.

Aún confundida, se apuró a decirle a su esposo que se encontraba bien, y un poco avergonzada, miró a todas las personas que en ese momento la miraban a ella. Todos tenían en su rostro una expresión de confusión, excepto por Draco y Harry, quienes parecían más bien preocupados.

Al igual que aquel par, los niños se veían preocupados. Ninguno tenía la menor idea de a qué se debía el repentino desmayo que había sufrido la castaña. Sitió como Ginny se detenía frente a ella, y le extendía un pañuelo para que se limpiase el sudor frío que le recorría la frente.

-¿Te encuentras bien? –preguntó la pelirroja.

-Sí, si –dijo Hermione tratando de restarle importancia al asunto. Para demostrar que no le pasaba nada, se libró del agarre de su marido, y se incorporó inmediatamente-. Estoy bien.

Harry se apuró a llegar a su lado.

-Has llamado a Malfoy por su nombre –le susurró el pelinegro en el oído, para que nadie más que ella lo escuchara.

-Lo siento –se disculpó ella igualmente en un susurro, confundida ante aquel comentario, conteniendo el impulso de mirar a Draco-. No sé qué es lo que ha pasado.

Apenas y se daba cuenta de lo que había ocurrido en el andén. Sus pensamientos seguían vagando por aquella extraña escena que acaba de vislumbrar delante de sus ojos.

Una tarde de invierno en que la nieve caía pesadamente. Ella, de pie frente a aquel claro que había junto a la cerca que impedía el paso a la Casa de los Gritos. Una alta y delgada figura, de cabello rubio platinado, que se encontraba de pie delante de ella, apuntándola con una varita.

Un par de hermosos y enigmáticos ojos azules.

Esta vez no le quedó duda alguna: eran los ojos de Draco Malfoy.

¿Pero aquello había sido solo un sueño? No recordaba que en verdad aquello le hubiera pasado alguna vez. Ella nunca había tenido tal contacto, tal acercamiento, con Draco Malfoy. Se odiaban, ¿no era así? Entonces, ¿por qué esa extraña escena le parecía tan real? ¿Por qué tenía la necesidad de llamarla un "recuerdo"?

Pero algo dentro de su cabeza, de su corazón, le susurraba de manera apremiante que aquellas extrañas visiones que durante todos esos años había sufrido de manera esporádica, eran reales.

Todo era real. A pesar de que no pudiera verlo en su pasado, de que no pudiera recordarlo, de que simplemente viera pequeñas partes del enorme rompecabezas, aquellas sensaciones que inundaban su mente, erizaban su piel y le llenaban el alma, eran todas reales.

Sintió como si su mundo se hubiera sacudido. ¿Es que acaso ella había estado enamorada de Draco Malfoy?

No tuvo necesidad de preguntárselo a sí misma de nuevo. Conocía la respuesta a la perfección. Como si durante todos esos años su cabeza hubiera esperado que ella formulara la pregunta.

-Sí –le susurró aquella vocecita de su cabeza. Su conciencia, quizá-. Tú lo amabas. Tú lo amas. Y él aún te ama a ti.

¿Pero acaso eso era cierto? ¿Y si se había tratado de un amor no correspondido, que ella misma se hubiera obligado a olvidar?

Tenía tantas preguntas, y tan pocas respuestas… Lo peor de todo es que estaba completamente segura que la única persona que podría respondérselas todas, era aquel muchacho rubio de ojos azules que había conocido hacía tantos años. Aquel alto y delgado chico que ahora era un señor rico y poderoso. Tan diferente a lo que ella había conocido, o al menos su mente se lo hacía creer. El único que podía proporcionarle esas respuestas era Draco Malfoy; el único que podía disipar sus dudas, el único que no lo haría.

Volvió a mirar a Malfoy, pero tanto él como su esposa y su hijo, se encontraban ya alejándose.

-¿Hermione?

-He dicho que estoy bien, Ron –le respondió a su esposo con un tono de voz algo seco, y apurándose a alejar todas aquellas ideas que habían florecido e inundado su mente-. Ya casi son las once –esta vez se dirigió a Albus y a Rose-, será mejor que suban al tren.

-¿Vas a visitarnos, papá? –dijo James a Harry, un poco a la desesperada-. ¡Dijiste que lo harías!

El hombre de ojos verdes se limitó a sonreírle.

-La directora McGonagall me ha solicitado que les de clases complementarias de Defensa Contra las Artes Oscuras a los alumnos de quinto y séptimo. Quizá los vea por allí, a no ser que prefieras que no te vean con tu padre…

-No es eso… -dijo James.

Mientras Ginny se despedía de Albus, Rose hizo lo mismo con su madre, abrazándola tiernamente. Hermione le respondió el gesto, pero no pudo evitar mirar por encima de la pequeña niña pelirroja, al punto por el cual Malfoy y su familia se habían alejado para desaparecer entre la neblina que provocaba la locomotora escarlata.


Los Malfoy habían seguido caminando hasta llegar al final del andén nueve y tres cuartos. Scorpius empujaba su propio carrito, el cual llevaba su enorme baúl, y una jaula con un pequeño hurón blanco dentro de ella.

El solo ver aquél pequeño y alargado animal, a Draco hacía que se le revolviera el estómago. Pero Scorpius se había empeñado en que se lo regalaran en su onceavo cumpleaños, y Astoria, para complacer a su único hijo, se había fingido sorda ante los comentarios de su marido, y se lo había comprado.

Scorpius subió, con ayuda de su padre, su baúl y la jaula al portaequipajes del último vagón, y ambos bajaron rápidamente. Astoria jaló a Scorpius hacia ella, y lo abrazó tiernamente.

-Que tengas un buen año –le dijo en un susurro, mientras el niño la abrazaba igual.

-Te esperaremos de vuelta para las vacaciones de Navidad –le dijo Draco, revolviendo su cabello, Scorpius rio ante este gesto.

Se escuchó el silbato del tren. Scorpius abrazó a su padre fugazmente, le dirigió a su madre una mirada sonriente, y se apuró a subir al vagón. Draco cerró la portezuela detrás del niño. El silbato sonó nuevamente.

-¡Prometan que me escribirán! –gritó Scorpius por la ventana. Astoria asintió enérgicamente.

-Prométenos tú lo mismo –respondió Draco.

El tren empezó a avanzar. Despacio, pero prontamente tomando velocidad; acelerando cada vez un poco más. Entonces, la locomotora escarlata viró siguiendo las vías, y el alegre rostro de Scorpius Malfoy se perdió en la distancia.

Astoria se acercó a su marido. No intentó tomarlo de la mano; durante aquellos diez años de matrimonio no habían tenido tales muestras de afecto. No porque él no lo quisiese, sino porque a ninguno de los dos les interesaba. Pero ante la comunidad mágica debían mostrarse como un respetable matrimonio de sangre pura, por lo que se mantuvieron cerca, mirando el punto en el que el tren había desaparecido en la distancia.

La neblina que la locomotora había producido en el andén, poco a poco se dispersaba. Varias familias (que al igual que ellos seguían mirando en la distancia), poco a poco habían empezado a caminar hacia la barrera que dividía el andén 9 y ¾ de la zona muggle. Entre aquél grupo de gente, pudo ver a Harry Potter y Ginny Weasley, caminar con su pequeña y pelirroja hija, tomada de las manos de ambos padres. Detrás de ellos, Hermione Granger y Ron Weasley seguían a su pelirrojo hijo menor.

No pudo evitar mirarla, mientras la castaña caminaba con paso lento. En ese momento, sintió como si el mundo se detuviera. Después de dieciocho años, se sorprendió al ver que aquellos sentimientos no habían muerto. Al contrario, eran esta vez más fuertes, como si hubiesen dormido dentro de él durante todos esos años, y finalmente hubiesen despertado. ¡Qué no hubiera dado para poder salir corriendo, jalarla de la mano y besarla, allí mismo, en ese concurrido andén! Hacía dieciocho años que había tenido que renunciar a sus labios, pero aún recordaba su suave sensación y su dulce sabor. ¡Qué no hubiera dado para correr e hincarse delante de ella, suplicando que lo perdonara por todo el daño y el mal que le había hecho! Que no hubiera dado por confesarse idiota y arrepentido, aunque sabía que nada de eso bastaría para revertir las decisiones que había tomado.

En especial porque ella no recordaba nada. Ella no recordaría como enredaba sus dedos en su cabello plateado, ni como solía morder su labio inferior, ni como lo golpeaba en el hombro cada que decía algo que le molestase… Para ella, él era un simple recuerdo de un compañero del colegio, que había sido cruel y grosero con ella. A esas alturas, no había nada que él pudiese hacer para cambiar aquella imagen que Hermione Granger había creado de él.

Y por ello, Draco sabía que no importara lo que él hiciera, nada ayudaría a aliviar su dolor, su soledad, y aquel sentimiento de culpabilidad que estaba presente en su día a día, y lo acompañaría hasta el momento de su muerte.

-Me pregunto –se dijo a sí mismo, en su cabeza, mientras seguía mirándola alejarse-, ¿qué sentiría ella si supiera lo mucho que me duele el solo verla, y darme cuenta de que ella se ha olvidado de nosotros, de lo nuestro, para siempre? A pesar de que yo nunca lo olvidaré, nunca podré olvidarlo, porque no quiero hacerlo. Si tan solo pudiera saber lo mucho que me duele tener que mentirles a todas las personas que me rodean, todos los días; fingir que amo a esta mujer que camina a mi lado. Lo mucho que me duele sonreír y pretender que todo está bien; decir que he olvidado estos sentimientos que tengo por ella, que nada de esto existe ya. A pesar de que nunca podrán salir de mi corazón, pero tampoco podrán ser enterrados, nunca podré sacarlos de mí. Si tan solo pudiera ella saber lo mucho que me duele el saber que nada de lo que un día tuvimos podrá volver a suceder. Que quería tenerla para siempre. Su sonrisa, sus ojos, su cabello… A ella y solo a ella, para mí; nosotros, por siempre, todos los días…

-Draco… -la manera en que Astoria susurró su nombre lo hizo despertar lentamente de su ensimismamiento.

Miró a su esposa. Su mente se inundó de dolorosos y al mismo tiempo ridículos pensamientos del pasado. Como había accedido a casarse con ella, bajo la excusa de que lo hacía para preservar la pureza de sangre de los Malfoy, y romper con la maldición de los Greengrass. Sin embargo, no lo había hecho por ninguno de los clanes, lo había hecho por salvar la vida de Hermione Granger. La única persona por la cual había aceptado tener aquel matrimonio, sería la única que nunca supiera el motivo.

Astoria lo miró de vuelta, pero no dijo nada. Muy a su pesar, Draco podía ver un pequeño reflejo de Hermione en ella. Astoria tenía también el cabello castaño, del mismo color que sus ojos. Hasta podía decir que su estatura era parecida a la de Hermione, y su risa similar. Pero a pesar de todos aquellos parecidos que había intentado extraer de aquella desconocida, para no sentirse tan solo y miserable, se seguía sintiendo completamente abandonado, y muerto por dentro.

Astoria nunca sería Hermione. Eso lo sabía bien. Su cabello nunca sería tan alborotado, sus ojos no tendrían ese brillo como los de la antigua Gryffindor. Inclusive, a pesar de ser de estaturas iguales, el porte era completamente diferente. Astoria caminaba con altivez, Hermione con soltura. Y su risa… Astoria lo hacía de manera recatada, como si fuera malo reírse. Hermione, en cambio, lo hacía con una chispa que iluminaba su rostro.

Miró a Astoria una vez más. Finalmente, su esposa extendió su mano, para que él la tomara. Draco miró de reojo a Hermione, y vio como la castaña atravesaba en esos momentos la barrera que separaba los andenes nueve y diez, dirigiéndose al mundo muggle. Fue entonces en que la verdad cayó sobre él como un cubo de agua helada. Tomó la mano de Astoria, y ambos empezaron a caminar, por el ahora casi vacío andén.

No importaba que tanto amara a Hermione, ahora, gracias a sí mismo él era un completo desconocido para ella. Eran dos personas que no tenían nada que ver el uno con el otro. Dos extraños que no tenían nada que compartirse.

-Cada cabeza es un mundo –se dijo a sí mismo, mientras sentía como el corazón se le partía por la mitad-. Ella tiene su propio mundo, yo el mío. Cada uno muy diferente, imposible de mezclar. Somos dos mundos diferentes –se repitió lentamente para nunca olvidarlo, mientras el dolor lo desgarraba por dentro-. Dos mundos imposibles de volverse a juntar. Dos mundos distantes…


¡Hola a todxs!

Este es, ahora sí, el final del fic. Es básicamente el mismo epílogo de la historia original, porque (aunque haga que me odien de nueva cuenta), así es como este fic siempre fue concebido. El final iba a ser triste y nuestra parejita no iba a terminar junta.

Sin embargo, al igual que en las notas de la historia original, sigo enamorada de esta historia, y me pareció que el dejar todo aquí, no satisfaría nuestras necesidades dramioneras (o como sea que se escriba). Así que, he estado durante estos últimos meses, trabajando en la tan esperada continuación de este fic.

A decir verdad, la continuación fue lo que me hizo editar la historia en primer lugar. Necesitaba ordenar unos detalles para poder manejar un fic de calidad, y pues, después de 5-6 años de darle vueltas al asunto, finalmente estoy trabajando en ello.

Yo sé que hay personas que (como dije) llevan esperando por esta prometida continuación desde que terminé de publicar el fic original (allá en el 2011), y que están más que dispuestas a decirme como Sirius Black "hice mi espera, 12 años en Azkaban", pero aún así, tendrán que esperar un poquito más. Hay que pulir unos últimos detalles...

Sin embargo, para no hacer dicha espera una nueva tortura, aquí les va la confirmación: La continuación de Mundos Distantes la empiezo a publicar el sábado 3 de Junio. Si no se la quieren perder, den su follow y favorite a mi perfil, para que les llegue su notificación al correo.

Igualmente, den follow, favorite y review a este epílogo, para decirme todo lo que les gustó, lo que no, lo que esperan de la continuación, lo que les gustaría ver, lo que no quieren que ocurra... Ya saben que sus opiniones son bien recibidas.

Dejando el kilométrico comentario aquí, me despido no sin antes agradecerles el apoyo durante estos últimos meses, ofrecerles una disculpa por no haberme dado tiempo de responder a sus reviews, y pedirles que me sigan leyendo, pues todo esto que hago es para ustedes y su disfrute.

Tengan un bonito fin de semana, con puente incluido, y nos seguimos leyendo. Sigan bellos!

Ribonette~