Hola a todas y a todos, pues tengo insomnio así que ando subiendo esto por aquí! Les advierto que tiene partes muy subidas de tono! Así que si no les agrada eso xD saltense jajja

Gracias a quienes siguen ésta historia. Este capítulo está basado en sueños, recuerdos y pasión. Mucha pasión.

Les envio un abrazo de oso y nos leemos muy pronto.

Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen al grupo CLAMP.

Advertencia: Lemon


MIEL Y CHOCOLATE

Capítulo 16

**¿Sueños o recuerdos?**

La noche que habían pasado juntos en Nenemia había sido maravillosa, conoció un lado tan diferente y a la vez tan embriagador de Shaoran que tenía miedo de que fuese sólo un sueño. Era de madrugada y algunos sonidos exteriores se colaban en la estancia privada que compartía con su amado de cabellos chocolate. Intentó volver a dormir, pero unas extrañas imágenes aparecían en su mente nublando su razón y haciéndola caer en un abismo.

Shaoran abrazaba su cintura, estaba desnudo junto a ella. Respirando en su nuca, sentir su tacto y su respiración la hacía sentirme amada y protegida. Pero aquella sensación de caída la volvió a invadir y no pudo evitar caer dormida y soñar.


Sakura

Fujitaka era un marido que mis padres habían elegido para mí. Pero sólo estábamos prometidos, debía mantenerme intacta hasta el matrimonio.

- Quiero pedirte un favor...

- Dime.

Sus labios rozaban los míos, su postura, su voz, su forma de mirarme empezaba a volverme loca. Una de sus manos se deslizó por mi rodilla y a medida que hablábamos iba subiendo, retirando poco a poco la falda de mi vestido de seda. Él me gustaba y yo le gustaba a él.

Éramos incapaces de contenernos.

- Cuando nos casemos, no quiero consumar sólo una vez... no quiero que sea una simple formalidad Fujitaka...

- ¿Quieres que te haga cosas como ésta todas las noches, tal vez? - preguntó divertido. Yo asentí un poco escandalizada y él me acarició las piernas.

- ¿Vas a tocarme? - pregunté ansiosa dando un respingo cuando sentí sus dedos ardientes sobre la piel de mis muslos, que retiraban cuidadosamente una de mis medias de encaje blanco.

- ¿Quieres que lo haga? - susurró en mis labios.

- No lo sé...

- Entonces eso es que sí - se acercó mucho a mí y yo ahogué un suspiro. Sí que quería, pero faltaban tres meses para eso.

- El chofer...

- Si no quieres que te oiga, no grites... nadie tiene que saberlo...

Me encogí en el asiento y él me acorraló, metiendo toda la mano entre mis muslos calientes, apretando la carne entre los dedos.

- No sé si voy a poder...

- Es lo que querías - me dijo, separándose un poco - Pero si no quieres, no te voy a obligar.

- ¿Tú quieres? ¿Quieres tocarme?

- Quiero complacerte, colmarte de atenciones, amarte, perderte el respeto y hacer que pierdas tu vergüenza... y quiero besarte - se acercó, dejando los labios pegados a los míos, su boca abierta sobre mi boca abierta, su aliento rozándome la piel y sus dedos templados entre mis piernas.

El coche traqueteó cuando las ruedas pasaron sobre un bache y nuestros labios se apretaron. Ante mi duda, mi prometido se lanzó y sentí su lengua entrar en mi boca, besándome de forma apasionada. Su mano se movió entre mis muslos hacia mi ropa interior y acarició la tela húmeda por encima. Me besó hasta ahogarme, acariciándome por encima de forma intensa, frotando y presionando hasta que la tela empezó a humedecerse y a volverse un terrible obstáculo.

Ávidamente metí la mano entre mis muslos y apreté la suya contra mi intimidad. El presionó con un dedo entre mis labios, una necesidad instintiva me hacía desear que metiera sus dedos en mi interior, como cuando yo lo hacía. Me aparté de su boca, para pedirle que me quitase la ropa, pero no necesitó explicaciones, subió la mano hacia mi vientre para coger la tela y deslizarla con fuerza hasta mis rodillas, dejándose detrás las medias de encaje. Arqueé la espalda cuando tocó el nacimiento de mi vientre haciendo presión sobre él. Me removí en el asiento y sus dedos hicieron fuerza metiéndose dentro de mi humedad. Tenía los dedos calientes, suaves y fuertes.

- ¿Es esto lo que querías, verdad Nadeshiko? - preguntó entre mis labios, bajando la mirada para contemplar su mano metida entre mis piernas. Deslizando los dedos hacia abajo. Volví a sacudirme, un suspiro se escapó de mi boca y él aprovechó el movimiento para complacerme como había prometido, metiendo un dedo en lo más hondo de mi ser. Se me nubló la vista, estaba asombrada, escandalizada, complacida y ardiendo por dentro. Una necesidad sin igual se había apoderado de mi - No grites - susurró pasando un brazo detrás de mi cabeza para taparme la boca. Me apretó a su cuerpo en una forma de abrazo y empezó a mover los dedos dentro y fuera, primero despacio, luego de forma frenética. Yo reprimí mis gemidos y mis lamentos, pero apenas podía contenerme, su mano estaba completamente empapada.

De pronto sentí un latigazo, un violento ramalazo que me sacudió involuntariamente. Fujitaka se apretó a mi cuerpo, clavando la mano con delicadeza y sentí mi propio orgasmo en su mano. Dejó de amordazarme y me besó húmedamente.

- Sí, era lo que quería... - le susurré.

- Llegamos a la hacienda, ¿quieres que nos demos un baño juntos? - murmuró en mi oído, apartando la mano. Mientras el coche enfilaba por el camino que llevaba a nuestra mansión, me quitó la ropa interior y se la guardó en el bolsillo de la chaqueta con una sonrisa divertida - Te prometo ser completamente honesto contigo, cariño.


Abrió los ojos de golpe, acalorada y confusa. ¿Qué había sido eso? Esos...esos eran sus padres. ¿Acaso fue un sueño? No lograba discernir aquello. ¿En verdad sus padres habían sido de esa manera? ¿Entonces? ¿Entonces por qué su madre lo había engañado con el padre de Shaoran? ¿Acaso su madre no lo amó? ¿No pensó en sus hijos ni su familia?

No había querido pensar mucho en eso, pero lo cierto es que le dolía en el alma haberse enterado de eso y podía imaginarse el dolor de Shaoran y el tener que confesarle eso a su madre. Sería muy doloroso, su novio le había contado sobre la relación de sus padres y por eso la sorpresa de haberse enterado de su infidelidad ya que parecían ser la pareja más feliz del mundo. Para él sus padres tenían una relación perfecta.

Trató de volver a conciliar el sueño, serían las cuatro de la mañana posiblemente. Se sentía exhausta de cierta manera debido al esfuerzo físico realizado de la forma más apasionada. Shaoran era capaz de trasladarla al cielo con sólo unas caricias. Y sus besos, y sentirlo dentro de ella era celestial. Se sentía feliz entre sus brazos, acurrucada entre sus fuertes y protectores brazos. De pronto escuchó un intenso zumbido y se adentró nuevamente al mundo de los sueños o recuerdos que la perseguían. Al ver lo que tenía frente a sus ojos no pudo reprimir la sorpresa.


Ya no tenía escapatoria. Había cometido el error de huir cuando se encontró con el señor Li en mitad de la fiesta que había organizado un amigo de su marido. Invadida por un pánico escénico había optado por el camino más fácil, evitarlo; pero Li conocía la mansión de esa familia dónde se celebraba la velada y ella, era la primera vez que asistía. Jugaba en terreno desconocido y eso le había dado ventaja a su adversario, que había logrado acorralarla en uno de los pasillos se servicio. La mirada que él le dirigía ahora dejaba claro que huyese a dónde huyese, no tenía escapatoria.

Li se aproximó a su víctima con esa característica determinación en sus pasos que tanto rubor provocaba en las mujeres. Ella se apretó a la puerta del fondo, aquella que conducía a las escaleras de servicio y que estaba cerrada. En ese momento deseaba poder fundirse a ella y atravesarla. No lo lograría, así que lanzó una mirada de advertencia al hombre. Estaba dispuesta a plantarle batalla, no iba a quedarse de brazos cruzados.

Pero defenderse era complejo. Hien Li era un hombre físicamente perfecto: rabiosamente atractivo, encantador y poseedor de una presencia tan devastadora como sublime; irradiaba elegancia, poder y peligro a partes iguales. No se trataba de un fino lord de biblioteca dedicado a las finanzas como su marido, sino de un aventurero que había viajado lejos de su país natal, gustaba salir a cazar ciervos y montaba habitualmente a caballo en su finca en Hong Kong. Pero los rumores entre las damas de la alta sociedad a la que frecuentaba decían que tenía un gran secreto, que seguramente tendría una vida hecha allá en China. Lady Kinomoto sabía que esos rumores eran ciertos: había cometido el error de vivirlos de primera mano y ahora no podía quitárselo de la cabeza.

Hien vestía un impecable traje a medida color negro que cubría su perfecta complexión robusta; le sentaba condenadamente bien, un toque de elegancia combinada con su fiereza natural hizo estremecer al débil clavel, quién sabía perfectamente lo que había tras esa ropa. Bajo el experto escrutinio de Li, el vestido que la mujer había elegido para la ocasión se antojó demasiado transparente.

A un palmo de distancia tuvo que contener la respiración para evitar intoxicarse con el delicioso aroma del hombre; olía a madera, a lluvia, y a chocolate. Una amalgama de recuerdos arrolló su mente como un tren de alta velocidad, recuerdos que hasta este momento creía producto de su hambrienta y ansiosa imaginación. No podía haber hecho todo eso con él. Su cuerpo reaccionó hablando por ella y él corroboró su teoría desviando la mirada por el vestido, sonriendo como un animal hambriento. Levantó entonces la mano y ella se envaró cuando los dedos le rozaron la mejilla. La reacción fue involuntaria, se estremeció con excesiva evidencia, las yemas de sus dedos enviaron abrasadoras oleadas de calor desde el lugar tocado hasta sus pies.

Sintió que ese lado del rostro se entumecía, que su oído se quedaba sordo, que por su cuello se deslizaban miles de hormigas; que le faltaba el aire y que su pecho contenía a duras penas un corazón desbocado. Miró al chino sabiendo que sus pómulos habían adquirido el mismo color del vestido, que sus labios se habían abierto en una sorda invitación, que su cuerpo se había quedado paralizado en ese instante, preparado para lo que él deseara hacerle.

Los dedos de Li rozaron delicadamente la oreja de la dama antes de estrechar la distancia que los separaba y ocultar la luz, sumiéndolos en sombras, convirtiendo aquel momento en algo mucho más íntimo y peligroso. Ella inspiró profundamente, no quiso replicarle, no pudo contradecirle, no pudo evitar desearle por encima de todas las cosas aun sabiendo que a él le gustaba jugar sucio. Ya muy cerca de su boca, se detuvo, dejó sus labios a corta distancia de los de ella, a la suficiente para que sintiera el calor que desprendía dejándola con el deseo agolpado en la punta de la lengua.

En ese momento, ella reaccionó, despertando de la extraña hipnosis que el hombre había ejercido sobre ella. Era demasiado perverso, demasiado...vergonzoso.

- Aléjese de mí - murmuró muy cerca de sus labios, en un quiero y no puedo. Escapó hacia la derecha, por aquel hueco que había entre la pared y el cuerpo de su contrincante. Li interpuso el brazo en aquella trayectoria y ella tuvo que rectificar la trayectoria de su carrera, tratando de escapar por el otro lado. Una mano sobre su cadera la retuvo contra el muro, marcando como un hierro al rojo vivo las huellas de sus dedos sobre la piel. Quiso moverse, pero Li la mantuvo firmemente anclada con suavidad en aquel estrecho rincón. Sus pulsaciones se aceleraron. - Déjeme ir.

- No puedo - contestó él, hablando por primera vez. Su voz grave y potente vibró en la mente de Nadeshiko haciéndola estremecer. Li tenía esa sonrisa confiada y descarada del que sabe que tiene las de ganar. Era tan sumamente arrogante que la ponía enferma. Lo detestaba con tanta intensidad como lo deseaba. El tirante derecho del vestido se deslizó por la curva de un hombro de porcelana y los labios del hombre soberbio y poderoso siguieron el camino. Ella se mordió el labio para evitar un gemido.

- Esto es un error... aquello no debió ocurrir jamás Li... - se defendió ella, a duras penas.

- Tú y yo sabemos que ese error no debe repetirse. Y no se repetirá, Nadeshiko - la miró con intensidad, sin perder la sonrisa, con los labios húmedos. Esos labios tan venenosos, tan lascivos, tan ardiente. - Tú no has podido olvidarme y yo tampoco puedo quitarte de mi mente del todo, no es fácil pero he entendido muchas cosas durante estos años que permanecí alejado - se aproximó despacio, como si fuese a besarla , pero se desvió lentamente hacia su oído, donde comenzó a verter provocativas palabras - Yo no he podido olvidar tu sabor, la suavidad de tus pechos en mi lengua, la dureza de tus pezones en mi lengua, la forma en que palpitaban cuando los mordía... - el impacto de aquellas palabras dobló las rodillas de la mujer. Palabras sucias, demasiado sucias para alguien de su posición. Era una fina dama recatada, una mujer de su estatus social no oía esas cosas, no las decía y mucho menos las hacía. Era tan vergonzoso... Pero la crudeza de su alegato a punto estuvo de hacer que se cayera al suelo, Li no tuvo que esforzarse demasiado en sostenerla, presionó su cuerpo al de ella empujándola contra la pared. - Pero he comprendido que no puedo volver a tomarte, porque no eres una mujer sincera Nadeshiko y créeme que sé muy bien que no soy el indicado para hablar de sinceridad pero... ¿Por qué no le dices a tu marido sobre la pequeña Sakura? - le dijo acercándose aún más a ella e incomodándola con su cercanía - Vamos, ¿Vas a negármelo? ¿Por qué mentiste así Nadeshiko? ¿No pensaste en que esa carta podía leerla la persona equivocada? ¿No pensaste en tu familia? ¿En la mía? - cuestionó, el tono de sus palabras había cambiado a uno de reproche mientras la tomaba del rostro toscamente - Pensé que te había quedado claro mi querido clavel, que no quería volver a saber de ti. Jamás esperé que me mandaras una carta y llena de mentiras. ¿Por qué querías que regrese? ¿No te ha bastado todo el daño que nos hemos hecho? - la soltó y fijó su mirada en los ojos esmeraldas de la mujer.

- ¡Basta! - chilló con la voz nerviosa. Recordar lo que había hecho era demasiado duro para ella.

- Me entristece que quieras negarlo...en verdad Nadeshiko, yo no he regresado por ti. Regresé porque tenía que averiguar si lo que me escribiste en esa carta era cierto. Y no lo era...Vine porque pienso contarle a Fujitaka todo lo que pasó aún si eso me cuesta perder su amistad.

- No te atreverías a hacerme eso, ¿Verdad? - ella se desesperó y lo tomó de las manos nerviosa y al borde del colapso - No puedes hacerme eso Hien, ¿Qué será de mí? ¿De Touya? ¿De mi pequeña Sakura...?

- Por ella es que quiero hacerlo. Le has mentido a todos Nadeshiko. Sabes muy bien que yo no soy el padre de esa criatura... - le dijo serio y abatido. Cuando leyó en aquella carta que esa mujer había tenido un hijo suyo casi muere de la impresión. Por eso viajó lo más rápido que pudo y la vigiló sin que ella sospechase. Y finalmente la descubrió...

- Tuve mis motivos para hacerlo... - murmuró con poca convicción, consciente de la presión que él ejercía y el problema que se vendría si él hablaba.

- ¿Tus motivos? ¿Sin importarte los demás? ¿Eres tan egoísta? - Li le reclamó y negó con la cabeza - Fue un gran error el haberme involucrado contigo, el haber traicionado a la única mujer que en verdad daría la vida por mí. ¿Sabes? Yo también tuve un hijo hace poco, se llama Xiao-Lang y es idéntico a mí. Ese niño merece todo lo que estoy haciendo ahora. Pero no te preocupes clavel; no dejaré a la pequeña Sakura desamparada. Siempre velaré por ella a pesar de que no es mi sangre. La aprecio y la quiero como si lo fuera - él le regaló otra sonrisa extraña y trató de calmarla - No más mentiras Nadeshiko, al menos no conmigo.

- ¿No, no eres tú el que comenzó a mentir? - él se rió. Su sola cercanía estaba poniéndola enferma - Tienes razón, fui yo y lo admito; fui débil. Pero me di cuenta que estaba equivocado y en verdad nunca te amé. Me gustaste, me atrajiste mucho físicamente y me cegué ante eso Nadeshiko. Pero cuando Ieran me dijo que esperaba un hijo mío, mi cuarto hijo. Supe que había hecho todo mal contigo. Y te pido perdón por todo lo que pasó, por eso nunca dejaré sola a Sakura...te lo prometo.

- Cállate - gritó con la mirada furibunda - Deja de decir esas cosas, no soy la mujer que crees, no soy lo que dices...¡Mi hija no te necesita, ella tiene a su padre!

- Tiene a Fujitaka ahora, pero... ¿Qué pasará el día que él descubra que le mentiste? ¿Qué sucederá con ella? - trató de hacerle entrar en razón, Sakura era apenas una bebé de casi un año, no podía dejar de pensar en esa niña ni en su pequeño hijo de cuatro años.

- Él no lo sabrá jamás...Sakura es su hija, es mi hija...sólo cállate Hien, por lo que más quieras, cállate...nunca lo repitas, nunca por favor. Por favor, si alguna vez me quisiste o fuiste feliz conmigo, por favor...olvida a Sakura, déjanos en paz...ella es mi bebé, ella y Touya son mi vida.

- Nadeshiko...no te tortures así - suspiró cansino y decidió despedirse, era el momento - No le diré nada a Fujitaka, puedes estar tranquila...pero a cambio quiero algo.

- ¿Qué quieres? - cuestionó aún con las lágrimas en los ojos.

- Quiero que permitas que cuando nuestros menores hijos estén en una edad prudente, Sakura pueda comprometerse con Xiao-Lang en matrimonio. Quiero que hables con tu marido y se lo hagas saber, yo lo haré también mañana mismo, pienso partir al anochecer.

- ¿Qué? ¿Comprometer a nuestros hijos? ¿Estás loco? - cuestionó sorprendida - Tu hijo vivirá en China y Sakura se quedará aquí con nosotros...

- Ese no es inconveniente clavel, recuerda que tu marido fue el prometido de mi hermana May-Ling, pero ella murió. Eso no fue impedimento para que ellos se comprometan, espero que no te opongas; quiero que mi hijo cuide de la pequeña Sakura. Será un muchacho extraordinario, puedo asegurártelo. Si tú me prometes eso, yo te prometo que jamás volveré a tocar el tema de Sakura - ofreció, era su última opción.

Nadeshiko Kinomoto ardió de rabia por dentro y por fuera, llena de confusión y vergüenza ante el chino, pero debía de aceptar o Fujitaka se enteraría.

- No quiero que la vean hasta que ella cumpla los doce años, ni que le manden presentes y mucho menos que pretendas enviar a tu hijo aquí antes de tiempo, yo misma la prepararé, quiero pasar esos años con ella, después...podrá irse junto a tu hijo - chilló entristecida y nostálgica, su pequeña Sakura ya tenía un futuro dictado como ella lo había tenido. Y si bien no había amado a su marido durante muchos años de su matrimonio, lo llegó a amar. Hien Li fue su desliz, su gran error. Estuvo también enamorada de Hakupo pero, nunca pasó nada más que sueños y pensamientos. Hakupo nunca se atrevió a tocarla ni ella a insinuársele.

- Dentro de unos años posiblemente envíe a un hombre de confianza que permanecerá cerca de Sakura. Cuando ella sea más grande, quiero que a la futura esposa de mi hijo nada le suceda y también es para saber si estarás cumpliendo con el trato, posiblemente también yo venga a visitarlos. Aunque ya no con la misma frecuencia - dijo dando por terminada la conversación pero ella lo interrumpió antes que se marchase.

- ¿A quién piensas enviar? - cuestionó preocupada, se sentía presionada por Hien Li, Sakura era apenas una bebé y ya hablaba de ella como si fuese una mujer.

- A mi mano derecha, Reed Clow. Lo conocerás en unos años querido clavel. Espero que en mi próxima visita nos podamos tratar con mayor cordialidad, recuerda que seremos familia algún día - le dijo sarcástico y se marchó, dejándola sola en ese pasadizo.

Cayó de rodillas al piso y lloró como nunca antes había llorado. Había condenado a la pequeña Sakura a su misma suerte gracias a su cobardía. A su mal proceder.

Sakura...mi pequeña.

Sakura...

Sakura...

Mi amor...

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Aún no ha amanecido y el hombre busca a tientas el cuerpo de la mujer desnuda. Ella no está despierta pero la escucha sollozar y pronunciar algunas palabras, su respiración intranquila indica que tiene un sueño o una pesadilla y que no responderá a su llamada. Él necesita hacer algo con ella. No sabe qué, sólo sabe que necesita tocarla, acariciarla, perturbar su descanso y atesorar su paraíso. Se le antoja incómodo despertarla forzosamente sólo para sacarla de ese sueño o pesadilla.

Pero no puede resistir la tentación.

Su mano se posa sobre su vientre y desciende sin titubear. Ella se remueve, pero continúa durmiendo y él se detiene unos segundos hasta asegurarse de que sigue inconsciente. Desliza los dedos entre sus muslos, con extrema precaución, cualquier movimiento brusco podría despertarla. Alcanza la carne más tierna de su cuerpo. Está caliente, y sorprendentemente, también está húmeda; seguramente su cuerpo aún recuerde lo que hicieron antes de sumirse en un profundo sueño. O tal vez esté soñando con él. Remueve los dedos hasta que la yema de su corazón presiona contra la semilla y siente como ella se estremece. Emite un suspiro, pero no se despierta y él profundiza la caricia recorriendo toda su cálida hendidura. Ella se agita, seguramente mezcla su sueño con las caricias, por eso separa los muslos. Sus ojos siguen cerrados.

Él ya no tiene cuidado, al contrario, se deleita con la visión de sus propios dedos hundidos entre las piernas de su mujer. La descubre retirando la sábana de seda y se arrodilla frente a ella, utilizando ahora las dos manos. Una acaricia su vientre, la otra presiona su intimidad a la vez que hunde un dedo. Siente su estremecimiento, tiene los ojos cerrados, ni siquiera hace intención de abrirlos. Intensifica sus caricias, la atracción se vuelve tan fuerte que no puede evitar acercar los labios y sentir sus palpitaciones en la lengua. Ella arquea la espalda, la sensación la ha golpeado tan fuerte que ha acabado por despertarla y cierra las piernas alrededor de su cabeza. Pero él no quiere dejar de saborearla, así que trabaja con más dedicación tratando de separarle los muslos, que le tapan los oídos; quiere escucharla jadear. Ella intenta apartarlo, pero finalmente se rinde y sucumbe al poder de su boca.

Se agita y tiembla, a medio camino entre el sueño y la realidad, todavía no ha podido despejar del todo la mente y salir del pesado sueño en el que estaba sumida. Se alza apoyando las dos manos en la cama, su pecho se hincha de placer cuando inspira profundamente como si le faltase el aire. Tras un par de resoplidos se lanza sobre su novio. Él comprende, o quiere comprender que se trata de eso y le permite un corto espacio para que pueda moverse, sin dejar de lamerla. Retorciéndose inexplicablemente, ella consigue lo que quiere y ataca su miembro. Primero lo agarra con las dos manos, como si tirando de él pudiese atraerlo hacia ella con más premura; luego le devuelve el golpe tragándolo por completo.

La lucha se vuelve cruenta. Sus cuerpos se revuelven furiosos entre las sábanas buscando ganar una posición de ventaja. Ella lleva las de ganar, él está al borde de la rendición. Al darle cobijo en su boca ha notado las pulsaciones y la dureza de su altivo miembro; aun así, ella tiembla por dentro reprimiendo el orgasmo que golpea la puerta con la clara intención de derribarla.

- Manos, labios, lenguas, dientes; en el amor, como en la guerra, todo vale mi hermoso cerezo - le susurra él mientras siente que es arrastrado a un espiral infinito de placer.

- Te amo Shaoran...estoy muy feliz, ahora sé que siempre estuvimos destinados a estar juntos - le respondió mirándolo con infinito amor una vez terminó su labor.

Ella se ahoga, libera el miembro de él para poder respirar, siente que es tan inmenso que la asfixia. Él aprovecha su descuido, su boca la devora y sus dedos la torturan; no deja rincón sin explorar. Ella se queda sin aliento, pero no quiere perder, porque él ha hecho trampas al comenzar sin que ella estuviese preparada. De forma irracional, ataca con todo lo que tiene. El miembro del castaño desaparece engullido por completo, ella siente entre sus muslos como jadea, como pierde ritmo, así que no da tregua y entra a fondo. Y él pierde. Ella siente en su lengua los temblores iniciales y la calidez se derrama en su garganta. Con su último aliento, entre estertores, él se aferra a ella y alcanza el punto débil que tan bien conoce, haciéndola temblar de pies a cabeza.

Sus cuerpos caen derrotados sobre la cama de plumas, las heridas son visibles en sus labios brillantes y su piel palpitante. Buscan a tientas sus manos y las estrechan, recuperando el resuello.

Consideran que ha sido una batalla justa.

Una digna noche en Nenemia...

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