Hola a todos y a todas, perdonen por la horaaa jaja pero aquí ando actualizando. Espero que éste capi sea de su agrado y se les aclare un poco el panorama. Pronto conoceremos por fin quién es el asesino de Li.
Saludos y abrazos a todos
Nos leemos pronto
Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen al grupo CLAMP.
MIEL Y CHOCOLATE
Capítulo 20
PROFUNDIDAD
Nanami salió del baño y se envolvió el cuerpo con una toalla. El primer día del mes siempre era el más difícil. Había que acomodarse al tiempo y a la rutina, romper las barreras del anonimato, la timidez de la cándida joven quedó en el pasado, aquella inocente muchacha había desaparecido hacía varios años, ahora debía asimilar nuevos conceptos y sobretodo, verdades. Ella era una mujer risueña, coqueta y desinhibida...eso era de cara a sus clientes y conocidos, porque en la parte en la que ella estaba, la de jefa del burdel más conocido de toda la región, la logística y manejo era lo más agotador. Todo debía salir bien, sus cortesanas eran las más hermosas y exóticas del país posiblemente, tenía a los mejores clientes, las conexiones suficientes con ciertos señores en algunos lugares vecinos, los clientes tenían que estar cómodos y satisfechos con el servicio que sus lindas flores ofrecían a su público, el salón de actos y bailes lleno y con cada uno de los clientes sentados en su sitio con alguna bella joven sobre las piernas.
Y la música debía ser sensual, pura y envolvente.
Pero aunque estuviese cansada, hoy era su cumpleaños número treinta y cinco, y necesitaba celebrarlo por todo lo alto con una furiosa sesión de sexo. Hoy estaba especialmente sensibilizada, sus hormonas andaban revolucionadas, un pico que siempre experimentaba unos días antes de que tuviera el periodo. En lugar de irritarse, le daba por ponerse triste. Y cuando se ponía así, necesitaba tener a un hombre como Reed Clow entre sus muslos que la hiciera olvidar por qué se sentía afligida.
Además, hoy era el treceavo aniversario desde su regreso. Fatídico número.
Sólo por hoy quería buscar a un hombre que se pareciese a un poco a Él. De ese modo, cuando le vendara los ojos y la atara a la cama, pudiese hacer uso de su imaginación y rememorara el momento exacto en el que por primera vez en su vida se sintió una mujer feliz y satisfecha. Oh, claro que quedaba satisfecha tras el sexo, pero era una satisfacción física. La satisfacción del alma era algo completamente distinto.
Se onduló los oscuros mechones, se maquilló los ojos para que éstos pareciesen más grandes y el azul de su mirada fuese aún más cautivante y luego se pintó los labios con un carmín rojo caramelo brillante. No se puso ropa interior, aunque sus pechos ya no eran tan turgentes como antes el vestido negro que se había puesto tenía un corpiño que le realzaba el busto. Y cuando salía de aquella burbuja que ella misma se había creado, no le gustaba perder el tiempo en pequeñas cosas. Después, salió de su habitación y se dirigió al bar de su propio establecimiento en búsqueda de lo que necesitaba, un hombre que se pareciera a él...aunque sea un poco.
Ésta noche no se trataba del mismo lugar en el que se presentaban las coreografías o sensuales bailes por parte de su elenco de baile o de sus bellas flores, éste era un ambiente privado; demasiado íntimo y prometedor. No era tan idiota como para dejarse ver de esa manera junto con los demás clientes del burdel o con sus empleados. El ambiente todavía estaba tibio, apenas había gente y Nanami se dirigió a la barra para servirse un trago.
Había aprendido a establecer una rutina cuando le sucedía esto. En realidad, ella no necesitaba atrapar a nadie, era una presa muy jugosa y lo sabía. Explotaba sus mejores características exponiéndose como una segura y confiada mujer madura, toda una gacela esperando a la pantera que la capturaría aquella noche para devorarla.
Se sentó en el alto taburete y cruzó las piernas mientras echaba un trago, la falda del vestido relativamente corto dejaba lucir sus firmes y aterciopeladas piernas. Estudió el entorno con la destreza que otorga la experiencia y como no encontró nada de su interés, se centró en su bebida. Hoy quería algo especial, no lo de siempre. A pesar del tiempo que llevaba haciendo lo mismo, eran raras las ocasiones en las que encontraba un espécimen masculino lo bastante jugoso. A veces añoraba la universidad y esas ocasiones en las que se juntaba con dos o tres chicas en una misma habitación para olvidarse de su desgracia con conversaciones y lloriqueos de horas hablando sobre su frustrado e imposible amor hacía un hombre comprometido.
No se sentía bien si el sexo no era lo bastante lujurioso, como si de aquella forma pudiera compensar a otros hombres por lo que no pudo entregarle al único al que había amado, en su pasado...porque sus actuales sentimientos eran confusos y oscuros. Por un lado, cuando veía a aquel hombre que cautivó su corazón en el pasado, latía con fuerza; él le sonreía amablemente como siempre lo había hecho. Pero a los pocos instantes sus ojos se posaban el alguna otra jovencita y ella pasaba al olvido; esa mirada de desprecio y recelo tan igual a la que le regaló cuando se enteró que era una joven cortesana; que había dejado los estudios en Tokio por la libertad y el placer...sí, aquella había sido su condena. Y en los últimos años había tenido la compañía de Reed Clow, era el mejor amigo de su gran y entrañable amigo, Hien Li; quien había fallecido hace unos años en la hacienda de los Kinomoto. Reed la conoció una noche de locura en las que ella necesitaba calor, atenciones, necesitaba sentirse amada y deseada; entonces él cumplió con todas sus expectativas y mucho más, desde ese día Reed siempre volvía a ella, se generó una especie de relación de dependencia entre ambos.
Sentía a su corazón latir desbocado y arder en llamas cuando él la tocaba, la besaba o la hacía suya. Reed Clow era el hombre perfecto, tan perfecto que no se sentía digna de él. No se sentía bien por darle tan poco, la mitad de su alma, de su vida, de sus sentimientos...porque ella estaba dividida en dos. Y aún a pesar de saberlo, de saber que no era el único que albergaba en su corazón, él decidió permanecer a su lado, de vivir junto a ella y protegerla siempre, ¿Él la amaba, verdad?
Por supuesto que sí, él la amaba con toda su alma. Y su compromiso con ella era tan fuerte como las ganas de permanecer a su lado; así fue como los rumores de que ellos se habían casado en secreto, o que eran amantes, o que habían sido esposos se comenzaron a esparcir.
Pero la verdad era que no estaban casados ni eran amantes, no de esa manera. Reed Clow significaba para ella el aire para respirar; pero nunca le pusieron un título a su relación. Era necesidad, dependencia, pasión, fuego, amor...
Eran una pareja...sólo eso, una pareja que se fundía y ardía de pasión entre las sombras de la noche.
¡Ay, no! Hoy no quería sentirse nostálgica. Era el treceavo aniversario, tenía que celebrarlo como si el mundo se fuera a acabar al día siguiente. Éste sería el último día en que lloraría por él, por su abandono, por su adiós; sería la última vez que sufriría por aquel desamor y le abriría las puertas completamente a su presente y su futuro: Reed Clow.
Tenía que dejarse atrás las penas y el dolor; vivir plenamente, ser sincera consigo misma y con ese hombre que le profesaba amor todas las noches; Fujitaka ya no merecía nada de ella por lo que le hizo. Él era su penitencia particular. Una muy absurda, sí. ¿Y qué? Estaba furiosa con el mundo y su corazón no iba a soportar más aniversarios. Llevaba un tiempo planteándose dejar el estilo de vida que llevaba, vender su querido Nenemia al mejor postor y comenzar una nueva vida en algún pueblo tranquilo, rodeada de paz; entre los brazos de aquel hombre guapísimo de mirada azul y pálida tez; y quizás...tener hijos, volver a intentarlo. Acababa de cumplir los treinta y cinco y sus amigos no dejaban de preguntarle cuando les daría sobrinos y que se le iba a pasar el arroz.
Si ellos supieran...
Quería tener hijos, claro, volver a intentarlo...pero no de cualquier hombre. ¿Tan extraño sería haber anhelado un hijo de Él? Se bebió el whisky de un trago y se sirvió otro. No quería traer un niño al mundo, temblando asustada ante el recuerdo de lo que sucedió con su primer y único bebé...había nacido tan débil y pequeño que no resistió y murió. Fue lo único que pudo agradecerle a la en ese entonces, esposa de Fujitaka...ella la había ayudado a traer al mundo a su bebé. Se encontraban en el pueblo de Maki, cercano a Tomoeda; Nadeshiko Kinomoto era la esposa del Conde, conocida en su región por ser una mujer demasiado hermosa y sensible; y ella la envidiaba, porque se había casado con el hombre al que ella amaba y le había dado un hermoso hijo varón como primogénito y ahora mismo, cargaba un abultado vientre, se le veía hermosa y sabía reconocer una verdad cuando la tenía enfrente.
Pero ella también...ella también esperaba un bebé. Y ese bebé, era...
Era fruto de una noche de alcohol en que Fujitaka llegó desesperado a Nenemia y se arrojó a sus brazos besándola con pasión, llamándola entre suspiros y lágrimas...Nadeshiko.
Esa noche él no le había hecho el amor a ella; sino a su mujer...a su esposa, a la madre de sus hijos. Ella sólo fue un instrumento, se dejó hacer...se dejó amar por él porque ella lo amaba y mientras el la llamaba por otro nombre ella lloraba su desdicha, fue la noche más feliz y la más triste a la vez. Ella se retiró de la habitación antes de que amaneciera y él despertara, después supo por sus colegas que ya se había marchado, cuando él volvió a visitar Nenemia una semana después, la saludó amablemente, sentándose en la barra con su inseparable compañero Hakupo Tsukishiro, pero nunca más la miró, nunca más la besó, nunca más la buscó. Cuando ella intentó acercarse una vez, la rechazó. Alegando que sólo se acercaba a Nenemia a beber no a tomar a alguna mujer, lo suyo no eran las cortesanas. Él tenía una hermosa esposa esperándolo en casa.
Y allí fue que descubrió que todo había sido una cruel ilusión, que ella misma se engañó y no podía culparlo por eso, se dio cuenta de que él ni siquiera recordaba lo que había pasado entre ellos, entonces era mejor así.
Pero a los pocos meses se dio cuenta de que estaba embarazada, embarazada del Conde Kinomoto; a nadie jamás reveló su secreto, a nadie más que a sí misma. Nadie sabría jamás quién era el padre de su hijo. Decidió alejarse de Tomoeda y viajó a Maki aún con su avanzado estado de gestación, el médico del pueblo le había dicho que su embarazo era delicado. Debía de cuidarse mucho, pero en Maki tuvo un parto prematuro, en donde Nadeshiko, su chofer y un sirviente la auxiliaron al encontrarla tirada cerca de una posada.
Entonces alumbró a la criatura, recordaba vagamente lo que había pasado; estuvo inconsciente por varios días y cuando despertó Nadeshiko le dio la terrible noticia, su bebé había muerto. Le fue entregado el cuerpecito de su pequeño niño, un bello bebé de cabellos castaños y piel pálida, era hermoso...su bello niño, su ángel ahora descansaba en la eternidad. La sorprendió ver a Nadeshiko con un bulto entre sus brazos, su barriga había disminuido considerablemente aunque aún conservaba los signos del postparto, ella también había alumbrado a su bebé la noche en que ella cayó inconsciente y cargaba entre sus brazos a su pequeña hija, era tan linda, tan pequeña, con las mejillas sonrosadas y el mechón de cabello color miel adornando su cabecita, no pudo evitar reprimir el llanto desolador ante la pérdida de su bebé, Nadeshiko la consoló y ayudó en todo momento. Enterraron el cuerpo de su pequeño ángel en el cementerio de Maki en donde permaneció por varios años, despidiéndose así de Nadeshiko, ella había sido tan buena con ella que, se sintió culpable, decidió alejarse de Fujitaka Kinomoto para siempre. Era doloroso, pero era como debían ser las cosas; el Conde tenía una bella familia y ella no significaba nada para él.
Todo estaba totalmente claro.
Suspiró sacudiendo la cabeza para alejar esos dolorosos recuerdos. Miedo atávico, lo llamaban. O algo así. Mal empezaba si se servía una segunda copa tan pronto. Si se dejaba llevar por los recuerdos, acabaría vomitando en el cuarto de baño.
Una corriente eléctrica le recorrió la espalda y se giró sobre el taburete, extrañada. Sintió un calambre en la nuca, una vaga sensación de familiaridad empezó a invadirla. Entrecerró los ojos, su instinto femenino le advirtió que estaba siendo observada por alguien en el bar. ¿Por quién?
"Uhm… ¿Una posible pantera? ¿Dónde te escondes?"
Estiró la espalda y sorbió el whisky de la copa, desplegando todo su encanto femenino de hembra decidida. El mundo animal estaba lleno de química y danzas de apareamiento.
Vaya chiste.
Pero el escalofrío que le descendió por la columna no tenía nada de divertido. Lo había ignorado al principio pensando que se trataba de otra cosa. Esa sensación de familiaridad no tenía nada que ver con la sensación de ser observada por un cazador, sino con el vestigio de algo mucho más antiguo. Algo que ya creía haber olvidado. Apoyó las manos sobre la barra, una a cada lado de la copa y tragó saliva.
Había alguien detrás de ella.
La música envolvente del local era una suave pieza de jazz. Sonaba a Nueva Orleans. Se le erizó la piel de la espalda. Cuando inspiró una profunda bocanada de aire caliente, atisbó un aroma familiar que la trasladó de inmediato a un tiempo remoto. Se vio envuelta en él y su corazón, enterrado bajo capas de culpabilidad y autocompasión, se saltó un latido.
No, se dijo. Claro que no es Él. El karma no te lo va a devolver por muchos orfanatos o niños que salves o por muchas víctimas de violencia que ayudes. Ni siquiera por el centenar de desconocidos con los que te hayas acostado para expiar tus faltas.
Compuso su mejor sonrisa y giró el rostro para mirar por encima del hombro a la persona que estaba tras ella, con los ojos entrecerrados.
Estuvo a punto de caerse del taburete.
¡Por Dios Santo! Contuvo un grito. No habría llevado aquella doble vida de pecado si no supiera controlar los gestos de su cara, pero le costó un gran esfuerzo no saltar del asiento y correr a esconderse debajo de la cama de su habitación.
¿Qué demonios estaba haciendo allí, frente a ella...mirándola así?
Fujitaka Kinomoto.
Ya no era un desgarbado joven. Era un hombre. No, no era sólo un hombre. Era un Hombre. El cabello castaño, corto y peinado pulcramente hacia atrás, las cejas anchas, la nariz regia y la boca severa. La mandíbula apretada, con los músculos del cuello marcados y la corbata apretada en la garganta. Llevaba un impecable traje de corte italiano. A medida, para más señas. Tan limpio que podía verse reflejada en las solapas.
Pero lo que más la inquietaba eran los ojos, eran miel pura, pero eran fríos cuchillos clavándose en su alma.
Recordó el instante en que sus miradas conectaron, aquel dulce, tortuoso y placentero momento en el que él entraba en su cuerpo por primera y hubiese querido, única vez.
—Hola, Nanami.
El nombre flotó por el local y la envolvió como una manta. Y se sintió profundamente decepcionada. La magnitud de su desilusión fue tan devastadora que amenazó con llenarle los ojos de lágrimas. La había llamado Nanami. La había llamado por su nombre.
No había utilizado esa palabra tan tierna que usó para dirigirse a ella esa noche, a pesar de creer que era Nadeshiko.
No la había llamado corazón.
"Bueno", pensó, "Se acuerda de que existes. Así que no te quejes".
—Conde Kinomoto – respondió, sorprendida porque no le fallara la voz.
Carraspeó y clavó la mirada en su whisky, dándole deliberadamente la espalda. No podía mirarlo sin que los sentimientos confusos se le echaran encima. ¡Dios! ¿Trece putos años y tenía que toparse con él, el día de su treinta y cinco cumpleaños? Oh, bien. Justo cuando más sensible se encontraba, a punto de dejar atrás esos dolorosos sentimientos. ¡Maldición! No estaba preparada para enfrentarse al pasado.
No quería ni recordar la forma en que él le había roto el corazón. ¡Cuánto desearía poder confesarle que aquella única noche de recuerdos dejó un hermoso fruto que ahora estaba en el cielo, pero que habitaba en su corazón! Ardía en deseos de hablar sin parar sobre lo que su condición le había obligado a hacer. Quería gritarle que en el fondo seguía queriéndolo, pero no podía hacerlo porque si bien era cierto que lo quería, también quería a Reed Clow y no deseaba partirle el corazón, él fue el hombre que permaneció a su lado a pesar de haberlo sabido todo, no le haría daño. Fujitaka nunca la aceptaría, a lo mucho pasaría con ella un par de noches y luego esperaría a que se olvidase de todo.
A veces, en las noches en las que se pasaba de la raya bebiendo, escuchaba sus insultos en mitad de la oscuridad, insultos que no sabía a quién iban dirigidos...palabras cargadas de un rencor tan profundo que le desgarraron el alma. Y no le faltaba razón, Fujitaka se encontraba abatido y destrozado ese día y nunca supo ni sabría por qué.
Fujitaka se movió despacio y la seda de su traje crujió. Se situó a su lado, en la barra, el codo casi se rozó con el suyo y un escalofrío le recorrió el cuerpo. La había llamado para pedirle un trago de whisky, sí; eso era todo. Una de sus empleadas le sirvió un trago que pudo oler desde la distancia y supo que era el más fuerte de toda la colección.
—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que conversamos – comentó él, mirándola.
Quizá no se tratase de una acusación, pero para ella sí lo fue. Compuso su mejor sonrisa y reunió el valor necesario para mirarlo frente a frente.
—Sí.
Se quedó impactada. ¡Qué guapo era! Ya de joven tenía cierto atractivo, aunque el peinado que llevaba no le sentaba muy bien. Ahora había madurado, era un hombre adulto que resultaba devastadoramente masculino. Reconoció en su rostro las facciones del muchacho que fue, sin embargo sus ojos eran fríos, duros y severos. No había ni rastro de la bondad o la ternura que tuviera antaño. Aunque había sido alto y delgado, se intuía la anchura que tendría su pecho y lo peligrosa que sería su sonrisa traviesa. Los ángulos de su rostro, los pómulos severos, la mandíbula afilada como un cuchillo y el hoyuelo de la barbilla habían hecho que antaño pareciera interesante. Ahora le hacían parecer un depredador, efecto al que contribuían también sus peligrosos ojos miel.
—¿Cómo le va, Conde Kinomoto? ¿Es un día especial, no es así? – preguntó Nanami para romper el tenso silencio. Dio un trago al whisky, que le abrasó la garganta cerrada.
—Nada bien. Sólo intento olvidar por un momento. ¿Y a ti?
Sin duda, ésta era la conversación más tensa que había tenido nunca. Fujitaka bebió un poco de su whisky y volvió a mirarla. No sonreía. Pero la miraba con mucha atención.
—Yo sí estoy bien – contestó finalmente.
¿Qué más podía decir? Me va bien, gracias. Me acuesto cada noche con un hombre que me ama y me lo ha demostrado, creo que en él encontré al padre ideal para mis hijos. Que, por cierto, tiene que hablar tanto de tí, parece que lo hace para que así pueda recordarte hasta el día de mi muerte. No. Claro que no podía decirle eso. Además, él la despreciaba. La odiaba.
Si la hubiese perdonado, la habría buscado antes. ¿Era una ingenua por pensar algo así? Lo era. Pero una mujer como ella necesita de sueños para sobrellevar su miserable existencia. Tener esperanza hacía que las cosas fuesen un poco más fáciles.
Nanami apuró el whisky y cogió el bolso.
—Bueno, adiós...debo ver si mis demás clientes están a gusto.
—Lo están, todo aquel que regresa a Nenemia es porque en verdad se la pasa bien, no tengas dudas - le dijo mucho más serio que antes, analizándola con la mirada - ¿Sabes? Tengo una hermosa hija de dieciocho años, se llama Sakura. Ella lo es todo para mí, Nanami - pausó por unos segundos para sorber otro trago - Hace dos días huyó de la hacienda - Ella se mordió el labio, ver a Fujitaka en ese estado le rompía el corazón, los recuerdos de aquella noche le regresaron a la mente - Ella está ilusionada con el muchacho que era mi capataz, Shaoran Li...él la engañó, la utilizó para vengarse de mí...me está arrebatando lo que yo más quiero, apartó de mi lado a mi hija - el rostro afligido del hombre la conmovió; pero Fujitaka estaba equivocado, esos dos jóvenes se amaban con locura y pasión, podía verlo en sus ojos cuando ambos se miraban. Pero no podía decirle eso a Fujitaka, los delataría y enseguida descubrirían que había sido ella quien los había hospedado allí y que en esos precisos momentos era muy probable que ellos estén juntos.
—¿Nunca se ha puesto a pensar en que, posiblemente ellos estén enamorados de verdad? - le cuestionó, el conde Kinomoto sólo sonrió torcidamente.
—Él me acusa de haber matado a su padre, y me dijo claramente que me lo haría pagar, ¿Lo entiendes? ¡Sakura es parte de su venganza contra mí! ¡Él le hará daño! Sólo quiero que me la devuelva...sólo eso, quiero a mi niña de vuelta - sollozaba derrotado y afligido.
Su niña, esas palabras quebraron su delicado corazón. Recordó aquella vez en que Nadeshiko la cargaba entre sus brazos la primera vez que la vio, recordó caminar por el pueblo observando a una feliz familia Kinomoto pasear por la alameda o la plaza central, tomados de las manos caminando junto a sus dos hijos, un niño guapísimo y serio y una pequeña niñita de coletas y sonrisa traviesa que alzaba las manos desesperada porque su padre la tomase en brazos.
No podía fallarle de esa manera a Clow, le había prometido que ayudaría al joven Shaoran, que ayudaría al hijo de su mejor amigo a huir hacia Hong Kong, que haría todo lo posible por ayudar también a la pequeña Sakura. Así que hizo lo que debió haber hecho desde el principio, borrarlo de su corazón y de sus pensamientos.
—Espero que encuentre pronto a su hija, Conde Kinomoto...tengo que retirarme, me necesitan allá adentro, con permiso.
—Nanami...
Prácticamente se tropezó con sus propios pies cuando salió corriendo del bar. Le temblaban las piernas, el corazón parecía a punto de estallar en su pecho, no podía respirar y el alcohol empezaba a hacer efecto en su sangre, causándole un malestar generalizado. Tenía el estómago tan revuelto que tenía ganas de vomitar y la cabeza había empezado a dolerle.
Cruzó el hall hacia las estancias, necesitaba meterse al agua para llorar. Cuando se metió en la tina de baño, se recostó contra el fondo. Se mordió el labio con tanta fuerza que se clavó los dientes en la boca, pero sólo así pudo evitar que se le saltaran las lágrimas. Observó la luz almidonada que ingresaba por la ventana, ¿Cuánto faltaba para que amaneciera? Parecía que tardaría una eternidad en hacerlo.
Hasta que no lo hiciera no podía dar rienda suelta a su angustia.
En el último segundo, las cortinas del baño se abrieron. Otra interrupción. Nanami ni siquiera lo miró. Pero cuando aquella persona entró con ella, inundó la estancia con su presencia y la obligó a levantar la vista.
¡Clow!
Entró como una tromba, cerró las puertas y colocó el seguro, era la última persona a la que pensaba ver en esos momentos. Las lágrimas empezaron a descender suavemente y Clow se abalanzó sobre ella.
No se iba a mentir a sí misma. Tuvo miedo. Fue el mismo tipo de temor que experimentaba cuando su padre perdía los nervios y levantaba la voz, apenas un calentamiento para el dolor que vendría después. Pero con Clow, el dolor físico no sería comparable con el dolor que quedaría grabado en su alma en cuanto imprimiera el primero de los golpes. Nunca había sido un hombre violento, pero éste tipo de comportamiento no era extraño para ella.
Los silenciosos son los más peligrosos.
Cerró los ojos sintiendo el agua escurriéndose entre sus dedos. No iba a cubrirse la cara con los brazos. Si él quería golpearla, que lo hiciera. Se lo merecía. Era lo menos que le debía, ser un blanco perfecto para sus puños. ¿Cuánto tiempo tardaría el momento en terminar? ¿Cinco minutos? Bueno, estaba curtida, el récord lo ostentaría siempre su padre el día en que la descubrió junto a su primer novio en la cabaña. Le dio tal golpiza con palos que estuvo en casa una semana. Ninguno fue directo a su cara, levantaría sospechas. Estaba tan furioso por lo que había hecho, que Nanami se regocijó en la rabia que consumía al patriarca de los Katakura. No le importó la paliza, el desprecio que sentía por ese hombre no le daba para sentirse dolida. Lo que jamás le perdonaría fue lo que le obligó a decirle a su querido novio.
O lo abandonaba o presentaría cargos por delitos sexuales. Lo condenaría a una vida de vergüenza pública, lo obligaría a cambiar de región, iría a la cárcel. En Japón, los delincuentes sexuales no pueden vivir en el mismo estado que sus víctimas. Él no podría vivir en Tokyo, pasaría sus años de juventud en la cárcel y cuando saliera, todo el mundo le señalaría con el dedo que había abusado de una menor. ¡Y todo porque no tenía los veinte!
Hizo lo que su padre le ordenó. Tenía dieciséis años y prefería vivir sin él que condenarlo a una vida horrible. En cualquiera de los dos casos, no podían seguir juntos, pero prefería saber que vivía como un hombre y no como un hombre marcado por el estado. Lloró durante semanas, soñaba con la noche en la que lo dejó, con sus insultos. Pero no le importaba. De verdad que no. Dolía, claro que dolía. Pero Nanami se sintió feliz sabiendo que él viviría tranquilo. Al principio le costó aceptar lo ocurrido. Se habían jurado amor eterno bajo el cazador de sueños de la cabaña. Pero con el tiempo, ese dolor desaparecería y él, con lo guapo y cariñoso que era, encontraría otra chica. Sería amado como merecía.
Y así había ocurrido, a los dos años de su separación; él se comprometió con una linda joven perteneciente a una de las mejores familias de Tokyo, se casaron y fueron muy felices; lo supo, incluso como muestra del perdón del joven su familia fue invitada a la boda, pero no estaba tan loca como para asistir.
Ahora que la vida le estaba dando una nueva oportunidad de ser feliz al lado de un hombre que la amaba y adoraba como a una diosa, ella lo arruinaba todo aferrándose a los recuerdos del pasado, de un hombre que jamás la quiso, que la miró siquiera. De alguien para quien nunca existió...
Reed Clow sí la amaba, él había permanecido junto a ella aun sabiendo que no era el dueño absoluto de su alma ni de su corazón.
¿Clow encontraría algún día a otra mujer que lo amara? ¿Se enamoraría de nuevo y se olvidaría de ella?
Por supuesto que sí. Él era un hombre increíble y a pesar de tener treinta y siete años aparentaba mucho menos, era guapísimo.
—Nanami.
Su primer instinto fue abrir los ojos y mirarlo. ¿Por qué su voz destilaba poder y hacía que su cuerpo palpitara? ¿Por qué se estaba intentando engañar a sí misma pensando que contenía una nota de dolor?
—Nanami –apremió él.
Ella siempre había sido una mujer valiente y decidida o no habría cruzado el atlántico hacia Europa después de los dieciocho huyendo de su familia y de la patética vida que le esperaba allí. Sin sueños, sin ambiciones...siendo sólo una muñeca en el escaparate.
Pero escapar de su padre no le había dado tanto miedo como enfrentarse a Él, ahora.
—Abre los ojos – gruñó.
—No quiero.
Escuchó un golpe cerca de su oreja, sobre la pared del baño. Ahogó un grito y se estremeció, pero no abrió los ojos. Luego, silencio. Y la respiración agitada de Clow.
—¿De verdad creías que iba a golpearte?
El tono de su pregunta contenía rencor. ¿Había malinterpretado su impulso? No, no podía confiarse. Sonrió, arrogante. Provocándolo para que la destrozara y la dejara como todos los que había amado antes.
—Quieres hacerlo. Por todo lo que hice. No te voy a juzgar. Lo merezco. Pero hazlo rápido o alguien se dará cuenta de nuestra ausencia y vendrán a buscarnos y no tendrás tiempo de romperme la nariz…
Lo siguiente que ocurrió fue algo inesperado. El fornido cuerpo de Clow, el delicioso y musculoso cuerpo de hombre que tenía, cubrió su delicado y frágil cuerpo de mujer. Aplastó su pecho contra el de ella aprisionándola contra la pared del baño. Y luego, sus labios le cubrieron la boca. Nanami abrió los ojos y se encontró con la mirada zafiro de Clow, tan dura como dos yunques. Igual de dura que eso que notaba en el estómago. El contacto envió un calambre por todo su cuerpo y para su completo horror, notó que le templaban las piernas.
—¿Qué pensabas hacer ésta noche, Nanami? - le dijo cuando se separó de ella - Vi cuando Kinomoto se te acercó, vi lo nerviosa que te pusiste y también vi cómo huiste de él - le dijo con la voz áspera y triste.
—¿Podrás perdonármelo algún día, Clow? - cuestionó dolida, si él lograba entenderla le entregaría su vida sin volver a dudarlo un segundo.
—¿Se acabó? ¿Se acabó todo, de verdad? - preguntó mirándola a los profundos y bellos ojos azules.
—Me di cuenta de que, se acabó desde el día en que te conocí y fui tan soberbia en no querer aceptarlo, en no querer abrirte por completo mi alma, lo siento mucho Clow...perdóname - le dijo aferrándose a él, abrazándolo; cuando sintió sus fuertes brazos apretando su cintura correspondiendo su gesto, cuando lo oyó diciéndole que la amaba, todo su temor desapareció.
—Comencemos una nueva vida juntos, Nanami - le acarició la mejilla - sólo tú y yo, para siempre.
Se le disparó el pulso. ¿Quería estar junto a ella? ¿Para siempre? ¿Por qué? ¿Ella merecía un hombre así? ¿Qué había hecho para que él la amara de esa manera? Lo miró a los ojos, buscando el significado de las palabras que acababa de decir, el verdadero significado que ocultaba tras la máscara de buenos modales.
Pero no lo encontró.
Solo vio una profunda necesidad en ellos...
.
.
Estaban abrazados, totalmente ajenos a las penas, angustias, lágrimas y acontecimientos que se sucedían a su alrededor. En aquel mundo sólo existía una Sakura que deliraba en los brazos de su novio y un Shaoran que aún no podía creer que esto en verdad estuviese pasando. Cuando abrió los ojos después del pequeño descanso que se habían permitido, quiso ver a su novia desnuda, sonriente y cómoda a su lado.
Pero lo que vio le puso los nervios de punta.
Había visto a otra mujer entre sus brazos, no era su dulce y linda Sakura; sino que ésta mujer poseía un ondeado cabello oscuro, muy largo. Piel pálida y unos ojos verdes tan bellos como los de su pequeña ninfa, la mujer despertó y le sonrió; acariciándole la mejilla.
"Hola mi amor, ¿Descansaste bien?"
Le había dicho ella; ante el asombro de sus palabras y el impacto al sentir su mano helada sobre la piel de sus mejillas reaccionó y se separó bruscamente. Entonces volvió a verla, la mujer había desaparecido; era Sakura quién lo miraba angustiada, preguntándose qué es lo que le había ocurrido.
—Shaoran, ¿Están bien? ¿Qué sucede? - cuestionó asustada, su novio se notaba alterado.
¿Qué había sido aquello? ¿Quién era esa mujer? Tenía la impresión de haberla visto en algún lugar...
—Perdón, no es nada sólo...tuve una pesadilla - le dijo tratando de calmar a su novia y también calmarse a sí mismo, acercándose a ella y posando un suave beso sobre los sonrojados labios de la joven - Debemos prepararnos, a las dos pasarán por nosotros y tenemos que estar listos.
—Sí, las maletas ya están listas - le dijo, se enredó la sábana al cuerpo y se levantó de la cama, dirigiéndose al baño - Voy a tomar un rápido baño y enseguida salgo para que puedas usarlo - le sonrió - Descansa un rato más.
—Te esperaré despierto - respondió, su novia ingresó al cuarto de baño y cerró la puerta tras de sí.
Se quedó pensativo, ¿Qué fue lo que pasó hace unos momentos? ¿Fue una pesadilla? Aquella visión fue tan real, fue como un recuerdo. La sensación de deja vu lo invadió. ¿Qué rayos era esa sensación? Él no conocía a esa mujer, no era una de las tantas mujeres con las que se acostó en el pasado. No sabía quién era. Y eso lo ponía de los nervios, ¿A qué venían esas visiones ahora? ¿Tendría algo que ver con los sueños que le había mencionado Sakura?
Sakura...
Abrió los ojos como platos al recordar de dónde conocía a esa mujer, era la misma mujer que aparecía en las fotografías y pinturas que adornaban la casa Kinomoto, la misma mujer que sonreía bajo los rayos del sol en un retrato que la pequeña ninfa tenía colgado en su habitación. La mujer a la que acababa de ver era la madre de Sakura.
Nadeshiko Kinomoto...la amante de su padre por muchos años.
Recordar eso le estrujaba el corazón, era la parte triste y dolorosa que había obviado en la última carta que le envió a su madre. Tenía que hablarlo con ella frente a frente, ofrecerle su hombro y su comprensión de consuelo. En el fondo tenía miedo del futuro, Sakura era hija de quienes traicionaron a su madre, a su familia. Pero...Uno no mandaba en los designios del corazón, él hizo hasta lo que no pudo por mantenerla alejada de su corazón y de sus sentimientos, pero falló. Existía algo mucho más fuerte y poderoso que lo obligaba a permanecer a su lado, a estar cerca de ella. Algo mucho más antiguo...así es como lo sentía.
Y ya había recordado la razón.
Su padre le había hablado tantas veces de ella cuando era pequeño, la describía como la pequeña flor de cerezo, la dulce y tierna niña de las colitas, la de la sonrisa de primavera. Su padre hablaba de ella con tanto cariño que en su imaginación y mente infantil la había recreado como a una pequeña hada de las flores, una preciosa niña delicada, de piel suave y mirada silvestre. De hermosa sonrisa y una calidez que opacaría al sol. Y él se había ilusionado, se había enamorado de un ente ficticio, ya que ella no estaba allí, su padre le hablaba de ella, pero ella nunca aparecía tras esa puerta cada vez que él regresaba a casa. Fue madurando y creciendo, cuando entró a la pre pubertad dejó de preguntar por ella y reemplazó los relatos de su padre por salidas a escondidas con algunas niñas que conocía cerca de su mansión. Olvidó al pequeño cerezo de una forma que ahora se recriminaba. Porque su padre le había dicho que...ella sería su prometida.
Y él la había olvidado, de hecho; todos en la mansión Li parecían haberlo olvidado pues...al llegar a la adolescencia, al volverse un muchacho tan atractivo ante los ojos de las madres casamenteras de Hong Kong, lo habían comprometido. Con la hija menor de una familia aristocrática. Una muchacha a la que jamás conoció y de la cual no recordaba siquiera el nombre, ¡Ni siquiera había recordado ese estúpido compromiso!
Con razón su madre se oponía a su noviazgo, por eso le había escrito en su carta que primero calmase sus impulsos y solucionase sus problemas. ¡Había sido un tonto!
Él no tenía compromiso alguno más que con Sakura Kinomoto, la única mujer a la que amaba.
Pero... ¿Cómo tomaría ella esa noticia? ¿Pensaría que se había aprovechado de ella?
Estaba asustado, no había excusa para olvidar algo tan importante como un compromiso. Y él ya había rebasado la edad adecuada para casarse, con un poco de suerte la muchacha ya haya encontrado otro pretendiente y en esos precisos momentos ya esté felizmente casada y no habría mayores inconvenientes. Pero si eso no era así...
Le esperaba un gran infierno, con el Consejo, con sus hermanas, con su madre y sobretodo...lastimaría a Sakura.
Unos golpes suaves en la puerta de la estancia lo sacaron de sus cavilaciones, se asustó. ¿Quién querría verlos a éstas horas de la noche? Eran cerca de la una de la mañana.
—Shaoran, sé que estás allí - escuchó la voz del otro lado - Soy Subaru.
Respiró soltando el aire contenido y se relajó. Pensó que podía ser algún oficial, o Fujitaka o Yue Tsukishiro. Sacudió la cabeza, se puso de pie, se colocó rápidamente los pantalones y se dirigió a la puerta. Abrió con cuidado y observó al mayor de los Hiraguizawa allí de pie, se le notaba un poco tenso.
—Pasa - se hizo a un lado permitiéndole ingresar a la habitación.
—Vaya, parece que fue una noche agitada - le dijo en son de broma al ver la cama destendida y la ropa de la castaña dispersa en el piso, Shaoran sólo se sonrojó e ignoró el comentario - Seré breve descuida.
—¿Ha ocurrido algo malo? - Podía leer la preocupación en los ojos de su amigo.
—Sí, Yue Tsukishiro fue a la bodega buscando a Eriol durante la noche pero no lo encontró. Él está en el ático con Tomoyo, pero me dejó un mensaje para él y es bastante explícito.
—¿Qué te dijo? - cuestionó intrigado y preocupado por ese hombre, aquel sujeto sí le parecía peligroso, un aura de maldad y oscuridad lo rodeaba.
—Que él sabe bien todo sobre el pasado de Eriol en Inglaterra. Que si no le revelan el paradero de su prometida hasta el día de mañana al mediodía, le dirá a Tomoyo toda la verdad y le mostrará los documentos que lo demuestran, Shaoran. ¿Sabes lo que significa eso? ¡Va a arruinar a mi hermano¡ - Levantó la voz desesperado, Shaoran se exaltó e intentó callarlo, Sakura no podía saber nada de eso...no por ahora, no era conveniente.
—Eriol debió ser honesto con la Señorita Daidouji desde el principio - le dijo, pero Subaru tenía razón, Eriol quedaría arruinado y no sólo sentimentalmente. Su pasado en Inglaterra comprendía un capítulo tan oscuro y aborrecible de su vida que hasta parecía haber alterado sus propios recuerdos.
—Hasta tú le mentiste a Sakura para que ella no te desprecie - le recriminó - pero tuviste suerte, de que en tu caso hayan habido más testigos. Eriol sólo nos tiene a nosotros y a Yamazaki, Shaoran. Tenemos que hacer algo para callar a ese mal nacido - Shaoran cerró los ojos intentando pensar, ¡Eriol nunca le iba a perdonar si por su culpa se revelaba su pasado! Había luchado tanto para que aquello quedase olvidado y enterrado y ahora...el miserable de Yue había averiguado aquello que habían intentado ocultar.
Yue Tsukishiro era detestable y tenaz.
—¿De qué están hablando? - La voz de la pequeña ninfa llenó la habitación. Subaru y Shaoran posaron la mirada sobre ella que salía ya vestida del cuarto de baño. Sorprendida por lo último que acababa de oír. ¿Eriol le mentía a Tomoyo? ¿De qué estaban hablando? - ¿Shaoran? - lo llamó.
Subaru se adelantó al joven chino y trató de enmendar el error que acababan de cometer.
—Son cosas de hombres, Sakura...no lo entenderías - le dijo, ella sólo frunció el ceño enojada, ¿Acaso creían que era idiota?
—Puedo esperar de ti que me mientas, Subaru. ¿Pero tú, Shaoran? - le recriminó mirándolo a los ojos - ¿No se supone que entre nosotros no existirían mentiras?
—Sakura...esto, esto no se trata de mí. No me correspondía a mi hablar sobre esto. Es Eriol el único que puede decidir sobre su vida - le dijo intentando justificarse.
—¿Olvidas que Tomoyo es mi prima, mi mejor amiga y además es como mi hermana? - lo acusó - Acaso olvidas que ella ha estado conmigo en todo momento, ¡Qué es la única que comprendía mis sentimientos! - gritó desesperada, quería saber qué diablos estaba pasando.
—Sakura, por favor cálmate - Shaoran trató de acercarse a ella, pero la pequeña ninfa se alejó de él - Por favor, escúchame...
—Díganme qué está pasando, ¿En qué le miente Eriol a Tomoyo? - preguntó por última vez esperando sinceridad por parte de su novio.
—Él... - Shaoran empezaba a hablar.
—¡No te atrevas a decírselo! ¡Éste no es tu problema! ¡Sólo calla a Yue Tsukishiro! - le recriminó Subaru - ¡No arruines la vida de mi hermano!
—Dímelo Shaoran, por favor - ella lo miró a los ojos - Por favor Subaru, necesito que te retires de mi habitación - el mencionado se sorprendió ante el repentino tono de la joven y la dura mirada que le regalaban sus ojos - ¡Quiero hablar con Shaoran a solas!
Subaru salió de la habitación azotando la puerta, iba enfurecido y frustrado. ¿Cómo todo podía haberse torcido de esa manera? Su hermano podría ir a prisión si se llegase a saber la verdad, caminó en dirección a su residencia, tenía que advertir a Eriol y prepararlo. En la habitación que compartían los castaños el ambiente era tenso y pesado, Shaoran no sabía qué decir ni cómo...finalmente era un cobarde.
—Dime qué es... - Insistió la muchacha.
—Sakura...Eriol - suspiró - Eriol no proviene de una familia adinerada de Manchester, él trabajó desde muy joven para ganar dinero y así mantener a su familia, su madre estaba enferma y necesitaba mucho dinero para su tratamiento médico - ella lo miraba fijamente escuchando su relato - Cuando cumplió los diecisiete años él contrajo matrimonio - Sakura abrió los ojos sorprendida, ¿Eriol había estado casado? ¿Tan joven?
—¿Eso es todo lo que le oculta? - preguntó insegura, no quería oír lo demás, tenía miedo.
—No...Esa es la parte simple de su historia - agachó la cabeza y miró hacia el piso - Eriol amaba mucho a esa mujer, además de que ella pertenecía a una de las familias más adineradas de esa ciudad, ella lo llenó de lujos y comodidades, lo refinó, le dio todo lo que tiene ahora. Kaho Mizuki fue no sólo su esposa, sino su mentora.
—¿Kaho Mizuki? - preguntó confundida, Eriol le había mentido en todo a su prima entonces.
—Sakura...él llegó a Japón en busca de otra muchacha a quién enamorar y disfrutar de su dinero, antes de conocer a tu prima cortejó y pretendió a muchas jóvenes de Tomoeda y de los pueblos vecinos, pero no concretó ningún compromiso por su pasado, no estaba del todo claro.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando? ¿Entonces Tomoyo...Tomoyo sólo significa dinero para él? - no podía creer lo que acababa de oír.
—No Sakura, él la ama de verdad...es lo que nos ha dicho y yo, confío en él.
—¿Confías en alguien así? - respondió dolida - Tú también me has mentido al ocultarme algo así sobre el "prometido" de mi prima.
—Lo siento, en verdad lo siento mucho. Eriol nos pidió que calláramos, que él encontraría el momento oportuno para decirle a Tomoyo la verdad - contestó todo lo que sabía al respecto.
—Y causarle ese daño a Tommy, ¿Cuándo pensaba decírselo? ¡Ya están comprometidos! - no podía contener la ira, estaba dolida y confundida en esos precisos momentos - ¿Eriol se separó de esa mujer, verdad? De esa Kaho Mizuki...
—No lo sé Sakura - contestó honestamente, Eriol nunca había querido hablarle de esos detalles, no entendía la razón pero nunca lo presionó.
—¡¿Qué?! - gritó horrorizada - ¿No lo sabes? No puedo creer todo esto...yo pensando en mí, en mi egoísmo de ser feliz contigo y dejar aquí a mi prima sola al lado de ese mentiroso - lo miró a los ojos, había resentimiento y dolor en su mirada - ¿Por qué Shaoran?
Y con esas palabras lo supo, supo que todo se había arruinado. Que sus sueños se verían truncados, que ella no podía alejarse de los suyos, que ella aún dependía mucho de ellos. Que él la había lastimado al ocultarle algo así, había olvidado lo importante que eran para ella sus seres queridos. Supo en esos segundos que debía regresar a Hong Kong, y solucionar sus propios problemas. No podía obligarla a marcharse con él, al llegar se enteraría del absurdo compromiso que él mismo tenía con una joven a quien ni siquiera conocía...debía regresar a Hong Kong, pero lo haría sólo.
Era lo mejor. Necesitaba tiempo, necesitaba solucionar sus conflictos y sobretodo darle tiempo a ella de caminar a su ritmo. Ella misma estaba comprometida con otro hombre en estos momentos...
—Sakura, es mejor que nos separemos ahora - ella lo miró atónita, no podía creer lo que acababa de oír, él observó ese profundo dolor en su mirada - Yo debo solucionar algunas cosas en Hong Kong y...debo hacerlo sólo - continuó - No puedo arrastrarte conmigo, no si aún no estás preparada. Sé que amas a tus familiares, sé que darías tu vida por ellos. Pero...me estás culpando por errores que no son míos. Yo también tengo amigos, también tengo familiares, también tengo a seres a los que quiero proteger. Nuestra relación ha lastimado y lastimará a muchos, Sakura - le dijo, con los ojos cristalizados y a punto de rebasar lágrimas amargas, amaba demasiado a esa pequeña joven, la amaba más que a su propia vida, y por su bienestar, por su seguridad...tenía que darle tiempo de crecer. Aún era un lindo capullo, la crisálida aún debía madurar y convertirse en una hermosa mariposa, una que esté dispuesta a volar y caminar a su lado sin ninguna duda, él sabía que era ella, ella era la mujer que quería a su lado.
Pero tenía que pensar en ella y dejarla crecer primero...
—¡Cállate! - se abalanzó sobre él y le rodeó el cuello con sus brazos, aferrándose a él con todas sus fuerzas - No seas absurdo, no vuelvas a decirme eso jamás Shaoran...nunca te lo perdonaré.
—Sakura...no quiero lastimarte. Hay muchas otras cosas que no sabes - le dijo, tenía que hacerla entrar en razón.
—¡Lo superaremos! ¡Por favor Shaoran, no me hagas esto! - lloraba aferrada a su cuello, él podía sentir la humedad que se formaba sobre su piel debido a las lágrimas de la pequeña ninfa - Te amo Shaoran...Wo ai Ni Xiao-Lang, wo ai ni...
El joven se sorprendió al escucharla decir eso, ¿Por qué ahora?
La tomó de la cintura abrazándola fuertemente contra su cuerpo y se fundió con ella en un apasionado beso que explicaba más de lo que mil palabras podían explicar.
—Wo ai Ni, Sakura...
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