No escuches Annabeth, no es él, concéntrate. Susurró la semidiosa para sí misma mientras la voz de su padre sonaba por los pasillos.
-¡Anna! Ven, hija… ¡Me ha capturado! ¡Annabeth, ayúdame! –La voz de su padre sonaba desesperada pero la pequeña no se dejó engañar, su padre estaba a salvo en San Francisco, observó a Thalia, Luke y Grover suspendidos sobre una olla que empezaba a humear, debía rescatar a sus amigos pronto, entonces se decidió, empuñó la daga y corrió atrayendo la atención del cíclope, lo apuñaló en el pie ganando unos minutos para liberar a Thalia, entonces la hija de Zeus se hizo cargo de la situación mientras Annabeth liberaba a los dos chicos.
Salieron de la guarida del cíclope corriendo, eran conscientes de que los monstruos les perseguirían pero esperaban contar con el tiempo necesario para llegar, la manada de monstruos que los seguían no había disminuido, perros del infierno, arpías, empusas, además de un muy enojado cíclope, componían el grupo, la rubia corrió junto a sus amigos, a pesar de ser la más pequeña procuraba no quedarse atrás, estaban tan cerca, no era justo que ahora se detuvieran.
-Luke, cuida de ellos. –Dijo Thalia soltando la mano de Annabeth para girar y correr hacia los monstruos. –Nos veremos luego, Ann.
-¡No, Thalia! ¡Thalia! –Chilló la hija de Atenea adivinando lo que la chica haría, Luke la tomó en brazos mientras ella pataleaba para soltarse y la llevó hasta los lindes del campamento, allí en lo alto de la colina con Grover a punto de desmayarse observaron la batalla que Thalia libraba, los relámpagos que convocaba lograron acabar con muchas de aquellas criaturas del averno, sin embargo el cíclope era otra cosa.
Annabeth trató de soltarse de los brazos de Luke, pataleando y chillando para poder acudir en ayuda de su amiga, sin embargo el semidiós era más fuerte que ella y no podía soltarse, su daga se hallaba en posesión del hijo de Hermes y no podía usarla para librarse.
-¡THALIA! –Chilló cuando el cíclope la apartó de un manotazo, la égida voló por los aires así como su dueña, la pelinegra cayó con fuerza sobre el pasto y su cuerpo dio una última sacudida, la hija de Atenea al notar que Luke aflojaba su agarre se soltó y corrió hacia el cuerpo de Thalia, sin emabrgo una luz la cegó y donde antes estaba el cuerpo de su amiga, apareció un pino.
Las lágrimas de Annabeth surcaron su rostro mientras caía de rodillas ante el pino, poco le importó el cíclope suelto y el peligro que corría.
-¡Annabeth! –La voz de Luke sonaba lejana, sin embargo algo le alertó, la semidiosa se incorporó vio al cíclope queriendo lanzarse contra ella pero por alguna razón no podía, una barrera se lo impedía, entonces ella lo comprendió, era Thalia, Thalia que había dado su vida para salvarlos y su padre no había dejado aquel sacrificio en vano, los mestizos ahora estaban protegidos, Luke llegó hasta ella y la tomó en brazos nuevamente, la pequeña pudo ver rastros de lágrimas es sus mejillas y se acunó en su pecho mientras los espasmos del llanto sacudían su cuerpo y así fue como Quirón los halló, un rubio desolado llevando a una temblorosa hija de Atenea.
