Disclaimer: Fairy Tail es propiedad de Hiro Mashima. Este drabble participa de la CI pairing cup, del foro Cannon Island.

Estoy en racha(?)

Palabras: 458


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El invierno, decidió Sting, era una época terrible para olvidar tus llaves dentro de casa. Era también una vergüenza que hubiera pasado en su primer mes como adulto oficial. No podía creer que había sido tan estúpido para salir de su departamento con prisa, olvidando su chaqueta y, con ella, las llaves.

Para ser justos, su idea era hacer un corto viaje a la tienda más cercana y regresar antes de que empezara a enfriar. Tener que quedarse afuera luego del atardecer no estaba en los planes. Ya había llamado al dueño del edificio, pero este se encontraba fuera de la ciudad y no pudo encontrar ningún cerrajero que trabajara un domingo por la tarde. Así que había terminado allí. Sentado en el suelo, afuera de su puerta, convertido en una bola para intentar mantener el calor corporal. Al menos podía quedarse dentro del edificio y no moriría de hipotermia. Probablemente.

Un sonido lo sobresaltó, pasos en la escalera, una clara de señal de que alguien se acercaba. Muy pronto, un hombre joven con cabello oscuro y ojos rojos apareció y caminó en su dirección.

Parecía ser su vecino, porque le dirigió una corta mirada y sacó sus llaves para abrir el departamento que se encontraba al lado del suyo. Sting escondió el rostro entre sus brazos, algo avergonzado, pero en vez de oír la puerta cerrarse, escuchó un suave carraspeo y una pregunta.

– Eh… ¿Estás bien?

Sting miró hacia arriba, encontrando al otro joven de pie junto a la puerta, mirándolo con algo parecido a la preocupación en su cara.

– ¿Más o menos? Olvidé las llaves así que no puedo entrar.
– Oh, lo siento. ¿Ya llamaste al dueño?
– No está en la ciudad.
– Oh…

El hombre guardó silencio por un momento y Sting tenía demasiado frío y estaba demasiado deprimido como para añadir algo más. Después de unos minutos, el otro se aclaró la garganta otra vez y dijo, cambiando el peso de una pierna a otra.

– Quieres… uh… ¿Quieres entrar? – Sting le miró, sin creer lo que escuchaba – Pareces… uh… tener frío…
– También olvidé mi chaqueta.
– Ya veo… Bueno… ¿Quieres? Está más cálido y puedo darte algo de té.
– No, estoy bien, no necesitas preocuparte.
– Estás casi literalmente congelándote fuera de mi puerta, tengo derecho a preocuparme.
– Supongo… ¿qué tienes razón? – Sting intentó sonreír un poquito, antes de preguntar. – ¿Seguro que no te molesta invitar un extraño a tu casa?
– No más de lo que me molesta dejarte fuera, en una noche de invierno – Sting incluso se rió un poco con la respuesta.
– De acuerdo entonces – Dijo, antes de levantarse para entrar.