Disclaimer: Fairy Tail es propiedad de Hiro Mashima. Este drabble participa de la CI pairing cup, del foro Cannon Island.

Y otro más!

Palabras: 458


Thief


Ladrón, pequeño ladrón. Eso era lo que la gente le gritaba todos los días. La mayoría de ellos, al menos. Algunos eran más amables y pretendían no ver.

No era su culpa, en realidad. Él solo intentar conseguir algo de comer, y no era su culpa que fuera más rápido e inteligente que ellos. No era su culpa que las manzanas se cruzaran en su camino y no hubiera comido nada esa mañana. Sólo eran ellos y su mala suerte. Así que pensaba que era injusto que hubieran decidido perseguirlo por el mercado.

Incluso si era veloz, gracias a su magia, era aún pequeño y poco experimentado, además de que la mayoría de los vendedores lo odiaban. Había sido una fuga constante en sus ingresos por varios meses y nadie tenía deseos de ayudar, ni siquiera lo más amables que no le gritaban.

Eso lo dejaba completamente solo para intentar resolver el problema de evadir a sus perseguidores mientras mantenía sus manzanas a salvo. Podía parecer una tarea simple, pero el mercado no tenía demasiado público a esas horas y era difícil mezclarse con la multitud. Su única opción era seguir corriendo tan rápido como pudiera, con las manos en la camisa para mantener las manzanas dentro.

Su escape estaba funcionando a medias, al menos hasta que chocó con alguien y cayó sentado al suelo. Al menos, las frutas seguían seguras. Cuando levantó los ojos, se encontró a otro chico, quien también había caído al suelo con el choque, pero que ya estaba levantándose. Aquello le recordó que era perseguido y se levantó de un salto, escuchando con atención. Los vendedores debían estar realmente furiosos, porque a pesar de todo seguían tras su pista.

– Ven conmigo – dijo entonces el otro chico y, antes de que pudiera protestar, le tomó por codo y lo arrastró hasta una esquina.
– Déjame! – le dijo mientras intentaba zafarse – ¡Van a encontrarme!

– No lo harán, espera.

Justo después de que el chico terminara de decir eso, se encontró rodeado por la oscuridad. Las sombras los cubrían a ambos y no podía ver nada, aunque aún sentía la mano del otro sosteniéndolo por el codo. Pudo escuchar entonces los sonidos de los hombres que lo perseguían pasar muy cerca de ambos, y luego perderse en la lejanía, hasta que no podía oírlos más. La oscuridad desapareció poco después, y la mano se fue también. Se volteó a ver al otro, mientras lo escuchaba decir.

– Te dije que no te encontrarían.

Suponía que debería de agradecerle de alguna forma, ya que el chico lo había ayudado, pero en realidad no tenía demasiadas cosas para dar. De hecho, en ese momento solo podía hacer una cosa. Así que, abrió un poco su camisa y luego dijo.

– ¿Quieres una manzana?