Levi detestaba a las personas que se sentían más que los demás, aunque en realidad lo que odiaba era que se lo echaran en cara sin motivo; paso muchos años con miles de personas haciéndolo menos por ser un ladrón de la ciudad subterránea. Lo llamaban diferentes maneras, usualmente peyorativas, en especial cuando trabajaba para esos estúpidos nobles buenos para nada y el hecho de que éstos se sintieran más que él, le parecía vomitivo.
Pero la milicia era diferente. Había rangos, puestos que los soldados se habían ganado por sus habilidades y méritos, sin importar su procedencia. Y eso no le desagradaba para nada. Muy rápido se acostumbró a que le dijeran "Capitán" y el título no le desagradaba para nada. Era raro que alguien de menor rango o un subordinado suyo no lo llamara así. Se había ganado el respeto de las tropas e incluso varios parecían temerle y admirarlo. Una mezcla curiosa que por dentro disfrutaba.
Por eso, la próxima impresión que tuvo sobre Petra se le quedó grabada. Fue dos días después se la graduación de los cadetes militares. Los nuevos reclutas acababan de llegar al cuartel de la Legión de Reconocimiento. Eran en total quince chicos y chicas, a los que Levi no les prestó la menor atención y en cuanto llegó se encerró en su oficina para hacer el papeleo pendiente.
Formularios, informes y reportes. Los odiaba, pero la idea de estar a cargo de los nuevos reclutas le parecía peor, así que no salió de su oficina hasta el atardecer, cuando casi todos los soldados estaban en sus cuartos y podía ocuparse de acicalar a su caballo de manera tranquila sin que otros lo molestaran. O por lo menos eso esperó.
-Hola ¿de casualidad no ha visto un pañuelo? –se sorprendió al escuchar una voz femenina y cantarina cerca de él, aunque su expresión no cambió ni volteó a verla.
-¿Qué rayos debería hacer un estúpido pañuelo en los establos? –siguió cepillando a su caballo.
-¡No es…! –el tono de la chica no fue rudo, pero sin duda mandaba alguna advertencia, haciendo que Levi volteara. La mocosa no sólo parecía ignorar las jerarquías del ejército, sino que le hablaba sin mayor reserva, pensó el Capitán, pero cuando se dio cuenta de quién era se quedó callado y ella aprovechó para seguir hablando- Quiero decir… quisiera recuperarlo y parece que lo tiré esta tarde por aquí cerca cuando bien a dejar a mi caballo.
-Soldado Ral…- hizo una pausa para voltearse por completo y mirarla frente a frente- no debo recodarle que debe que tener más cuidado por sus posesiones ¿o sí? –ella bajó la mirada- Tsch… lo que sea… no, no he visto ningún pañuelo, pero la oficina administrativa se encarga de esas cosas. Deberías preguntar ahí.
-Entiendo. Gracias –la expresión de la chica cambió. Ahora se veía un poco decaída y preocupada. Levi pensó que tal vez el dichoso pañuelo no era de ella; tal vez era prestado o algo así.
-¿Cómo es?
-¿Eh? –volteó a mirarlo tras esa pregunta. Era evidente que no esperó que le pusiera mayor interés al asunto- ¡oh! Era un pañuelo blanco con unas pequeñas rosas bordadas en el lado derecho.
-Estaré al pendiente, por si encuentro algo así –dijo con un tono monótono y sin emoción.
-¡Muchas gracias, Capitán! –la chica sonrió como la primera vez que la vio y después salió de los establos.
Levi se quedó pensando por un instante en la actitud de la chica. Era justo como la recordaba, pero también pudo ver otra faceta de ella que no se imaginaba. Sin duda eran algo más que una chica alegre y entusiasta. Sin reparar más en ello siguió ocupándose de su caballo y algunos otros pendientes que tenía fuera de su oficina.
Al otro día debía encargarse de supervisar el entrenamiento de un escuadrón cuyo líder estaba en la enfermería. Una tarea fácil para él, ya que sólo consistía en poner una serie de ejercicios con el 3DMG, calificarlo y dar un reporte al Comandante. Para los soldados fue una historia diferente; les costaba trabajo seguirle el paso al Capitán. Después de todo, era el soldado más fuerte de la humanidad.
Cuando terminaron el entrenamiento, los soldados se refrescaron un poco y descansaron. Levi optó por hacerlo alejado del grupo, que al ver eso se relajaron. Sin duda la presencia del Capitán daba un poco de tensión al ambiente, así que aprovecharon para bromeaban entre ellos y platicar, aunque hubo algo que llamó la atención del pelinegro.
-¿Te mostré lo que encontré ayer? –dijo uno de los soldados- mira –sacó algo de su bolsillo.
-Es muy bonito, además huele a flores.
-Ya sé, creo que se lo regalaré a mi novia cuando la vea.
-¿Dónde lo encontraste?
-Lo encontré afuera de los establos, cerca del pozo. Vi cuando le cayó a una de las nuevas reclutas, pero qué más da. Deberían poner más atención a lo que hacen, además es sólo un pañuelo.
-Tienes razón.
Levi pretendió que no le importaba pero una alerta sonó en la cabeza y enseguida se acercó.
-¡Hey tu! -se acercó a ellos- ¿quieres decir que viste de quién era y no lo regresaste?
-¡Capitán! Yo… no… es que…
-¡No me mientas, idiota! –lo tomó del cuello de la camisa. Se veía muy amenazador y a punto de golpearlo. Considerando su pasado, no debía molestarse por una cosa insignificante como quedarse con algo ajeno; él había hecho lo mismo miles de veces y no tenía autoridad moral para reclamarle, pero algo sobre toda esa situación le parecía incorrecto, además la actitud del soldado le molestó- si viste de quién era debiste regresarlo.
-Se… señor yo…
-Dámelo. Me encargaré de que regrese con su dueño –el soldado le dio el pañuelo y Levi por fin lo soltó para agarrarlo. Encajaba a la perfección con la descripción de Petra- y en cuanto a tu castigo… -le dio un golpe al soldado, cuya nariz comenzó a sangrar- serás reportado con el Comandante.
Y entonces Levi se alejó del lugar. Tenía prisa por termina el reporte y alejarse de ese grupo de imbéciles que se hacían llamar soldados. Con una actitud así, podrían haber pasado como miembros de la Policía Militar.
Horas más tarde le entregó el reporte a Erwin y le informó sobre lo sucedido. Después caminó tranquilo por el cuartel, preguntándose dónde podría encontrar a Petra para regresarle el pañuelo. Tal vez estaría entrenando junto con los nuevos reclutas, así que decidió esperar a la hora de la cena para entregárselo. Por el momento sería mejor regresar a su oficina, hacer un poco de limpieza y tomar un baño.
Caminaba junto a las oficinas administrativas, cuando vio salir a la chica de cabello cobrizo, que parecía estar cabizbaja, incluso caminaba lento y mirando hacia el piso con aire nostálgico hasta que vio al Capitán, quien se detuvo a unos metros de ella en cuanto la vio.
-Buenas tardes Capitán.
-Veo que sí revisaste en la oficina.
-Así es, pero no encontré mi pañuelo. Creo que será mejor darlo por perdido. Eso me enseñará a tener más cuidado.
-Sin duda. La vida no es fácil y debes valorar lo que tienes. Cuidarlo.
-Lo sé. Creo que aprendí mi lección –su voz sonaba triste, pero su postura y expresión eran serias, propias del soldado que era. En ningún momento se mostró vulnerable.
-Más te vale, porque nos siempre las cosas salen bien. Los resultados de un descuido suelen ser una mierda con la que tendrás que cargar el resto de tu vida –tomó el pañuelo de un bolsillo de su chamarra- toma.
-¡Lo encontró! –en seguida los ojos de la chica se alegraron y su expresión cambió mientras agarraba el pañuelo- ¡Muchas gracias, Capitán!
El rostro de Petra cambió por completo, o al menos eso le pareció a Levi. Tal vez para otra persona la chica se veía igual, pero él pudo notar un cambio. La chispa que tenía antes se volvió a encender y parecía que nada en el mundo podría borrar su sonrisa. Incluso cuando dejo de sonreír de manera amplia, el gesto se asomaba en la comisura de su boca.
A Levi le pareció increíble. No se explicaba cómo alguien podría alegrarse tanto por un simple pañuelo; era un objeto que vendían en todas partes. Incluso él, durante su vida en la ciudad subterránea tenía un par de pañuelos. Era algo tan sencillo que podría hacer un gran cambio... Por unos instantes su expresión dejó ver lo sorprendido que estaba, pero no dijo palabra alguna al respecto. Tal vez, si sonreír no fuese tan difícil para él, lo habría hecho. Sin embargo se limitó a observar los movimientos de la chica y los gestos en su cara, que parecían decir más que mil palabras salidas de su boca.
Por su parte, Petra guardó el pañuelo en el bolsillo de su blusa y con la voz más dulce que pudo hacer le dijo.
-De verdad se lo agradezco. Me alegro de que lo haya encontrado –parecía que la sonrisa nunca se borraría de su rostro
-Fue coincidencia –dijo secamente
-Aun así, me alegro de que tenga suerte. Hasta luego –volvió a sonreír y desapareció por el pasillo.
Levi hizo lo mismo y regresó a su oficina. Había pasado más de un día sin limpiar el lugar, así que de inmediato puso manos a la obra, pero su cerebro parecía regresar al gesto y la actitud de Petra. Sería algo difícil de olvidar; esa luz en su rostro después de recuperar el pañuelo y por primera vez después de muchos años, Levi sintió ganas de sonreír.
Notas de la autora.
¡Hola!
Este fue el segundo capítulo, espero que les haya gustado. Cualquier comentario, crítica o lo que sea, no duden en hacérmelo saber.
¡Saludos!
