Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son creación de Rumiko Takahashi. FF creado sin fines de lucro.
* Publicación: 24-06-2022
129 DÍAS JUNTO A TI
Capítulo 13: Echando raíces en un bosque profundo
Día 86: 19 de Junio de 2012
El velo de una sutil rutina se instaló entre ellos. Sesshomaru reconsideró la idea de mezclar la palabra rutina en una oración que involucraba a Kagome. Con su dedo índice rebotando insistentemente sobre sus labios y la mirada desenfocada en los papeles que la mujer le mostraba, definió que la oración sonaba hasta ridícula.
Kagome era tan impredecible como el clima.
—Recomendaría redistribuir los trabajos de cada segmento de empleados, de esa manera no se detendría la producción y… ¿me estás escuchando?
Tras ver un leve ademán afirmativo, Kagome continuó hablando.
"¿Qué hay de extraño con ella?", se preguntó.
Sesshomaru inclinó la cabeza hacia la derecha, como si el ángulo le otorgara una mejor perspectiva de Kagome. Su maquillaje permanecía intacto y sin rastros de llanto, su cabello azabache en un recogido improvisado con un lápiz de papel —elevó una ceja ante esto— le daba un aspecto despreocupado. Una rápida mirada a sus pies y ahí encontró una pequeña rutina. Bajo unas medias transparentes de excelente calidad podía observar el espeluznante color verde limón que adornaba las uñas de sus pies. ¿Los tacones? Seguramente los encontraría escondidos bajo el escritorio. "Sí, ahí están.", reafirmó notando la punta de un tacón sobresaliendo por debajo del mueble.
Definitivamente, en su aspecto no encontraba diferencia.
—…las capacitaciones tendrían que ser divididas en rondas…
Kagome seguía con su explicación, su mirada se movía alternativamente entre los papeles que tenía en sus manos y él. Cuando su ojos permanecieron fijos en los suyos por más de unos segundos, Sesshomaru encontró la respuesta que buscaba. Kagome estaba muy aburrida. Brutalmente aburrida. En su narrativa y en la forma en que sus ojos suplicaban por un rescate, se traslucía hastío puro y simple.
—Kagome.
La aludida se congeló. Su boca abierta en medio de una palabra.
—Acércate —dijo haciendo un ademán con su dedo índice.
—¿Qué ocurre? —preguntó ella, sacudiendo su estupor.
La vio levantarse, buscando con la mirada sus zapatos y vio cómo su esperanza de encontrarlos desaparecía con el último paso cercano a él. Sesshomaru estiró la mano, tomó el lápiz que sostenía sus cabellos y lo haló suavemente hasta que el alud de hebras azabaches cubrió sus hombros con un ligero rebote.
—¡Ey! —exclamó Kagome tratando de recuperar el lápiz.
—Esta es una… interesante selección de accesorios —dijo él observando el lápiz.
Kagome rodó los ojos y se cruzó de brazos.
—Sesshomaru —reprendió—, tenemos que definir todo antes de…
—Esto es aburrido, Ka-go-me.
Kagome parpadeó. Casi en shock, podría apostar. Tras unos momentos, la vio pararse en las puntas de sus pies descalzos y sintió el dorso de su mano sobre su frente.
—Vaya, cualquiera diría que tienes fiebre —dijo en tono de broma—. ¿Sesshomaru Taisho aburrido? ¡Jamás!
Sesshomaru bufó y, antes que Kagome se alejara, rodeó su cintura y la atrajo hacia él. Ella, que apenas contenía la risa frunciendo sus labios, le dio un golpecito en el brazo con los papeles que aún tenía en la mano.
—Así nunca vamos a terminar —reclamó aún sonriendo.
—¿Qué te apura? —preguntó Sesshomaru.
En olas, la piel de Kagome se erizó al sentir un pequeño y suave mordisco en el lóbulo de su oreja. Lo que bastó para volver sus rodillas de gelatina.
—T-Tengo queee…
¿Cómo concentrarse al sentir el calor de los labios de Sesshomaru bajando por su mandíbula camino hacia su boca?
—…terminar antes de las cinco y…
Su labio inferior quedó atrapado momentáneamente entre unos dientes.
—Y… ¿qué? —preguntó él, alejándose apenas lo suficiente como para que sus miradas se encontraran.
—Y… quiero pasar por la cafetería a ver cómo van las cosas con el nuevo menú.
Así que ahí estaba. Esa chispa. En esa pequeña respuesta encontró más emoción que en todo lo que había salido de su boca durante la última hora. La vio tragar saliva bajo su intensa mirada. Sesshomaru asintió lentamente con su nariz rozando la de Kagome en el camino y capturó sus labios. Sintió como ella se aferraba a la solapa de su traje y se acercaba más él. Tenía que admitir —aunque fuera solo para sí mismo— que sentirla así de receptiva con él lo llevaba al precipicio. La timidez de los primeros días de su relación y la incomodidad de los siguientes, comenzaban a desaparecer.
La sintió jadear al momento en que su pulgar se escapó hacia el inicio de sus senos. Algunas cosas se empezaban a poner entretenidas, a su parecer. Finalmente, Sesshomaru se separó de ella, reticente.
—Ve.
Kagome lo miró sin entender, frunciendo el ceño.
—A la cafetería.
—Pero aún no…
—Esto será todo por hoy, Higurashi —dijo Sesshomaru acariciando su mejilla con el dorso de su mano—. Continuaremos mañana.
La mirada de Kagome se iluminó instantáneamente, con una sonrisa en los labios lo abrazó y salió disparada hacia la puerta.
—Kagome.
Ella se detuvo y se giró para mirarlo.
—¿Sí?
—Tus zapatos —dijo él, rascándose el puente de la nariz, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad para no reír.
Sesshomaru señaló la ubicación con un ademán de la cabeza. Una sonrojada Kagome volvió sus pasos y se calzó tacones en medio de unos erráticos saltos; porque, claramente, ella no podría tomarlo con calma, sentarse y evitar alguna catástrofe. Con mucha energía se lanzó hacia él, sosteniéndose con los brazos alrededor del cuello de Sesshomaru.
—¿Te veo esta noche en la casa?
Sesshomaru asintió y ella le sonrió en retorno antes de robarle un beso corto. La vio salir de la oficina, prácticamente brillando. Automáticamente, su mirada se estrechó y se quedó fija en la puerta por la que Kagome había desaparecido.
—Hn.
Día 89: 22 de Junio de 2012
Con su agenda retomando su ritmo casi habitual, algunos días Sesshomaru no conseguía llegar a casa temprano. Un viernes por la noche la encontró dormida en la sala de estar. Sentada sobre la alfombra, con la espalda apoyada en el sofá y con un libro entre las manos. Detuvo su atención en la portada: De espaldas, dos niños abrazados caminando bajo un cielo azul lleno de nubes y cometas. "Finalmente lo leyó", pensó mientras lo levantaba y curioseaba la página en la que se había quedado. Ahí, en la esquina superior izquierda de la página 76 pudo encontrar el cadáver de una lágrima seca marcada en el papel.
Sesshomaru dejó el libro sobre la mesa ratona, se arrodilló junto a ella y la cargó entre sus brazos. Negó levemente con la cabeza mientras una sonrisa vagamente perceptible se instalaba en su rostro.
—¿Qué voy a hacer contigo, Kagome? —susurró.
Al subir las escaleras, sintió como la punta fría de su nariz cosquilleó la piel de su cuello cuando Kagome se acomodó en la curva de su cuello.
—¿Cómo estuvo la reunión? —preguntó Kagome.
Su voz era apenas un murmullo perdido en el pasillo que conecta la realidad con el mundo de los sueños.
—Aceptable —respondió Sesshomaru.
Ella se acurrucó más contra su cuerpo.
—Dijiste que esa novela era hermosa —reprendió ella, frunciendo apenas el ceño.
—Y lo es.
Kagome negó con la cabeza.
—Hassan solo quería… sol- —bostezó—, y Amir no hizo nada.
Sesshomaru bajó la cabeza para mirarla. Sus párpados cerrados estaban hinchados y rojizos. El olor a sal impregnado en su mejilla.
—Termina de leerlo —dijo volviendo la vista al frente.
—Pero es —bostezó de nuevo—, muy triste.
La depositó sobre la cama y la cubrió con el cobertor. Esta vez, su atención se detuvo en ella.
—La tristeza es hermosa en sí misma, Kagome.
Día 92: 25 de Junio de 2012
Kagome atajó otro pequeño quejido mordiéndose el labio. En posición fetal, enterrada entre las mantas y almohadas, abrazó más sus rodillas. El peso del día se repartía entre un creciente dolor de cabeza y la forma tortuosa en que su vientre se contraía. ¿Cómo pudo olvidado? Sus mejillas se tiñeron de carmín al pensar en el incómodo momento en sintió el saco de Sesshomaru deslizarse sobre sus hombros y sus manos apretando levemente sus antebrazos antes de susurrar: "Creo que necesitas ir al sanitario, Kagome."
Kagome hundió la cara en una de las almohadas.
"Mou, de todas las personas que estaban ahí… ¿porqué tenía que notarlo él?", se preguntó por décima vez. Definitivamente, alguien en el más allá disfrutaba con su sufrimiento y la mancha rojiza que Sesshomaru observó en su falda gris era una prueba más.
Con el ceño fruncido en una expresión de dolor extremo, Kagome abrió los ojos en dirección a la puerta que acababa de abrirse. Sesshomaru caminó hacia ella.
Su expresión indescifrable.
—Aún es temprano —dijo ella—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Sesshomaru se encogió de hombros y se sentó a su lado en la cama, con Kagome dándole la espalda.
—Para ti —dijo Sesshomaru.
Kagome levantó una ceja al ver que él depositaba una bolsa de compras frente a ella.
—¿Qué es?
Sesshomaru guardó silencio mientras la veía sentarse en la cama y empezar a inspeccionar el contenido.
—Pastillas para el dolor, una botella de agua, almohadillas térmicas, un paquete de… ¿mis chocolates favoritos?
—"Algo para el dolor, cosas dulces y cosas abrazables" —dijo Sesshomaru, como checkeando una lista imaginaria.
—Todo esto es… ¿para mí? —preguntó ella.
Sesshomaru simplemente asintió.
Finalmente, Kagome no lo resistió y grandes borbotones de lágrimas escaparon de sus ojos. Con pequeños quejidos escapando de sus labios sin querer. Él, no esperando esa reacción, la acurrucó en su pecho, acariciando sus cabellos.
—Sango dijo que esto podría ayudar a que te sientas mejor… ¿Escogí mal?
—No, no, absolutamente no —respondió ella entre sollozos.
Kagome escondió el rostro aún más en la camisa de Sesshomaru, empapándola un poco.
—Solo fue un mal día y esto es… ¡gracias! —dijo finalmente.
Sesshomaru asentó su mentón en la coronilla de la cabeza de Kagome y siguió abrazándola. Poco a poco los sollozos de Kagome se transformaron en una respiración suave.
—Traje udon para la cena —dijo Sesshomaru, luego de unos minutos.
—¡Udon! —exclamó Kagome, levantando la cabeza—. Pero… también hablaste de cosas abrazables. ¿Dónde están mis cosas abrazables?
—Este Sesshomaru es lo único que tienes permitido abrazar.
Así que, cuando sintió la risa de Kagome resonar contra su pecho y sus brazos rodearlo con aún más fuerza, Sesshomaru hizo una nota mental de darle a Sango un aumento de salario.
Día 95: 28 de Junio de 2012
—Kagome.
—¿Hmm? —respondió la aludida, levantando su mirada de la computadora.
Lo vio entrar a su oficina y quedarse parado sin acercarse más. Tenía su saco doblado en una mano y su portafolios en la otra.
—¿Te falta mucho para terminar?
Kagome inclinó la cabeza hacia la derecha, en una manera muy similar a la que él mismo lo hacía. Se quedó con la mente en blanco unos segundos hasta que volvió su mirada a la computadora y negó con la cabeza.
—No, no. Ya terminé, solo estaba haciendo tiempo antes de ir a casa.
Sesshomaru asintió y agarró con más fuerza su portafolios. Los nudillos blancos eran la prueba de ello. ¿Estaba nervioso? "Este Sesshomaru nunca se pone nervioso", pensó ella. Sus pensamientos imitando terriblemente la voz de Sesshomaru.
—Conozco un restaurante de comida Italiana en Shinjuku. ¿Te gustaría ir?
"¿Está… invitándome a salir?", se preguntó parpadeando varias veces. Con una ligera sonrisa en los labios y capturando sus ojos dorados con los suyos, asintió con la cabeza.
—Me encantaría —respondió finalmente.
Sesshomaru hizo un gesto de aprobación y esperó a que Kagome terminara de juntar sus cosas para retirarse juntos. El camino hasta el restaurante fue rápido y tranquilo, con Kagome hablando como de costumbre sobre los nuevos chismes de la oficina. ¿En qué momento del día tenía ella tiempo como para conocer a tantas personas y recordar sus situaciones particulares?
—Llegamos —anunció él.
Vio los ojos de Kagome iluminarse al ver el lugar y sonreír.
—¡Vamos! —exclamó ella.
Sesshomaru abrió la puerta del auto y la ayudó a bajar. Sin soltar su mano, entraron al restaurante que apenas abría y aún estaba vacío. El lugar era pequeño y acogedor. Bajo una intensa luz cálida se encontraba una larga fila de mesas desnudas distribuidas inteligentemente junto a la pared. Otras mesas preparadas para dos personas ocupaban el resto del espacio. Sesshomaru la dirigió hasta el último puesto, el cual parecía haber sido preparado con anticipación. Los aguardaba un vino descorchado y un pequeño ramo de flores en medio. Él apartó la silla para ella y la ayudó a acomodarse, antes de sentarse enfrente.
Con calma, Sesshomaru tomó el ramo de flores y lo observó atentamente.
—Flores silvestres —lo escuchó decir mientras acariciaba una de ellas—. Crecen en medio de lugares tempestuosos, impredecibles… improbables. Pero una vez que invaden un bosque es imposible deshacerse por completo de sus raíces…
Los ojos dorados se clavaron en los azules con una intensidad que llenó de calidez el corazón de Kagome.
—… como tú —dijo extendiéndole el ramo—, invadiendo cada uno de mis pensamientos.
Kagome tomó las flores entre sus manos, admirando la hermosa composición. La vio sonrojarse al olerlas y mirarlo de vuelta como si no existiera nadie más que ellos.
—Son hermosas —declaró ella y él asintió complacido.
Un mozo se acercó y sirvió el vino ya aireado. Les dejó las cartas y nuevamente se retiró, mientras Kagome rebobinaba una y otra vez lo que Sesshomaru le había dicho. Su corazón latía con tanta fuerza que parecía querer salirse de su pecho.
—Gracias por las flores —dijo ella dejándolas a un costado.
—Kagome —habló—, sé que no hemos logrado tener un tiempo a solas y hacer cosas juntos.
—Bueno, con prácticamente dos empleos cada uno, es una suerte que nos crucemos para el desayuno —respondió Kagome, dando un sorbo a su copa, intentando relajar a su alocado corazón.
—Eso debería cambiar… —dijo Sesshomaru.
Tenía toda la atención de Kagome… y sus latidos también.
—…al menos una vez a la semana —completó.
Sesshomaru sacó de su bolsillo un papel cuidadosamente doblado y lo colocó sobre la mesa.
—Analicé tu patrón de horarios y los comparé con los míos.
Kagome levantó una ceja. "¿Qué hizo qué? Sinceramente, ya no me sorprende.", pensó con una sonrisa interna.
—Los jueves por la noche son ideales.
—¿Ideales? —preguntó ella sin entender.
Sesshomaru asintió.
—Normalmente, los jueves no vas a la cafetería y Sango puede mantener esas noches libres en mi agenda, como hoy.
—¿Para estar juntos? ¿Los dos solos? —preguntó ella, incrédula.
Sesshomaru asintió y tomó su mano por encima de la mesa, acariciando con la yema de su dedo pulgar el dorso de la mano de Kagome.
—Hn. Si estás de acuerdo, por supuesto.
Kagome respondió apretando un poco la mano de él y con un tímido: —Claro que sí.
Inhalando, Kagome logró controlar el ritmo de su corazón y algo atravesó su línea de pensamientos.
—Entonces, planeaste todo esto ¿no es así? —lo vio asentir—. ¿Qué pensabas hacer si te respondía que no quería comida italiana?
—Era improbable —respondió él, encogiéndose de hombros—. Amas la pasta tanto o más que el chocolate caliente.
Kagome soltó una carcajada.
—Pensé que era impredecible como una flor silvestre.
Sesshomaru tosió intentando en vano ocultar una carcajada.
—Ciertamente —respondió, fingiendo fastidio—. Pero, hasta la flor más silvestre de todas necesita de agua y luz del sol para sobrevivir.
—¿Y yo necesito chocolate caliente y pasta?
Kagome hablaba entre sonrisas, sus mejillas le dolían de mantener las comisuras de sus labios hacia arriba.
—Por supuesto —respondió él, riendo libremente esta vez.
Definitivamente, la risa de Sesshomaru sonaba tan extraña a sus oídos. Tan placentera. Tenía un sonido divino, lleno de tonos ricos, profundos y oscuros, cargado de mucha energía. Extrañamente, esa noche Kagome se deleitó con ese sonido en más de una ocasión. Hablaron y comieron hasta que pasó la hora de cerrar —postre incluido, por supuesto—, y el restaurante una vez más quedó vacío.
Kagome admitió que la primer cita con Sesshomaru, fue simplemente perfecta.
Día 99: 2 de Julio de 2012
Kagome entró a la oficina de Sesshomaru con una taza de café en la mano. Otra rutina. La sonrisa que adornaba sus labios se volcó al ver la expresión sombría de Sesshomaru. Tragó saliva. Plup.
—Explícame, ¿de qué se trata esto?—preguntó Sesshomaru, su voz alcanzando una oscuridad y profundidad peligrosas.
Él giró la pantalla de su computadora y una gota de sudor resbaló por la espalda de Kagome cuando cayó en cuenta de lo que veía.
—Parece ser… una transferencia bancaria —respondió, mordiéndose el labio.
—¿Y porqué recibí una transferencia bancaria de una tal Kagome Higurashi?
—Jeje, por las… ¿expensas? Es inicio de mes—respondió Kagome, rascándose la nuca.
—Entiendo —dijo él con voz gélida.
Sin decir absolutamente nada más, Sesshomaru retomó su trabajo y no volvió a decir una sola palabra fuera de las estrictamente necesarias para la fluidez de sus compromisos. Con el café enfriándose sobre el escritorio, Kagome salió de ahí con la horrible sensación de haber roto algo.
La ligera molestia en la boca de su estómago permaneció allí el resto de la tarde, más aún cuando esa misma noche lo encontró en su estudio concentrado en unos folios. Parada frente a él y cruzada de brazos esperó a que él reconociera su presencia durante unos largos cinco minutos hasta que se cansó.
—¿Estás ignorándome?
Él negó con la cabeza, sin levantar la mirada.
—¿Necesitas algo, Kagome? —preguntó Sesshomaru.
Su voz sonaba lejana y Kagome lo percibió. Ella resopló y se mordió el labio, sintiendo unas profundas ganas de llorar.
—No —respondió ella—. Nada.
Antes de que las lágrimas cayeran de sus ojos, giró sobre sus talones y corrió hasta el patio, donde se quedó mirando el cielo hasta que mucho después su estómago le recordó la necesidad de mantenerse alimentada. Entrando a la cocina, lo vio sentado en la isla bebiendo un vaso con jugo y con un sandwich a medio terminar en su plato. Nuevamente, Sesshomaru parecía ajeno a ella y los nervios de Kagome se crisparon. En un rápido movimiento, le arrebató el plato y lo miró enfurecida.
—¿Vas a decirme qué es lo que pasa contigo?
Sesshomaru removió la servilleta de su regazo, bajó el vaso con un cuidado sobrehumano y se cruzó de brazos.
—No pa-
—¿De verdad te molestó lo que hice? —lo interrumpió ella—. Dime, Sesshomaru ¿esperabas que me resigne a vivir aquí sin aportar nada?
El peliplata estuvo a punto de rodar los ojos. Se contuvo al enfocar su mirada en una partícula de polvo en el ambiente.
—Lo-
—Escucha, lo siento ¿sí? Debí avisarte antes de hacerlo —dijo ella volviendo a hablar antes que él pudiese terminar lo que quería decir.
Sesshomaru arqueó una ceja.
—Bien, no debí hacerlo en absoluto. Lo hablamos muchas veces.
Kagome suspiró y bajó de vuelta su plato en la mesa. Sesshomaru inclinó la cabeza hacia la izquierda. Esta vez ni una palabra abandonó sus labios. "Quiere que hable, pero tan pronto como empiezo a hacerlo me interrumpe. ¿Acaso fui un demonio en mis vidas pasadas?", pensó él mientras intentaba comprender a dónde quería llegar la pequeña mujer.
—¡Me vas a escuchar! —exclamó, empuñando sus manos—. Es completamente válido que quiera cooperar con los gastos. ¡Soy una mujer independiente y completamente capaz de mantenerme sola! Traté de ignorar el hecho de que estás rechazando mi aporte y traté de no sentirme ofendida por este berrinche sin razón. Pero, ¿de verdad crees que esto va a funcionar si no puedes dejar de ser orgulloso y permitir que ayude SI ES LO QUE QUIERO HACER? Aghhh…
Esta vez Sesshomaru buscó los ojos de Kagome con urgencia, pero ella los esquivó.
—¡Pero déjam-
—Como sea… —murmuró ella.
Kagome salió de la cocina dejándolo una vez más con las palabras colgando en el aire y él empujó su plato antes de fregarse el puente de la nariz.
Jaken estaba realmente preocupado. Semanas enteras pasaron desde la última vez que escuchó una pelea así entre su amo y esa mujer innecesariamente ruidosa. Con cautela, sacó la cabeza para ver qué ocurría en la cocina. No pudo más que quitar la nariz, cuando una ráfaga pasó junto a él.
—¡Oye, niña tonta! ¡Ten más cuid-
Kagome se detuvo, sus brazos a los costados. Sin voltearse, giró la cabeza lo suficiente como para mirarlo sobre el hombro. Una tormenta de fuego revoloteando en el ojo que llegaba a visualizar.
—¿Cómo me llamaste? —la voz, cercana al abismo, hizo que Jaken se endureciera y tragara saliva.
—Se-S-Se-Señorita Kagome, que tenga más cuidado —reformuló.
Jaken la vio asentir y continuar su camino. Casi podía ver el humo con cada paso que daba.
—Esta mujer da más miedo que mi amito cuando está molesto —dijo Jaken, fregando el sudor de su frente con un pañuelo.
Nada, absolutamente nada, lo alertó de la sartén que cayó sobre su cabeza.
Sesshomaru pasó a su lado en una manera muy similar a Kagome, pero él no se detuvo.
Muy dentro suyo, Sesshomaru sabía que Kagome tenía la razón. Su primer pensamiento al ver que ella había cumplido con su promesa al hacer la transferencia había sido que estaba rechazando lo que él podía ofrecerle. Kagome merecía TODO. Si de él dependía, Kagome nunca tendría que preocuparse por nada más que ser feliz y hacer lo que quería.
Entrecerró los ojos. "Pero ella no está haciendo lo que realmente desea…", era un pensamiento que no lo abandonaba y ese mismo pensamiento lo mantuvo ensimismado todo el día. Él sí estaba un poco molesto con Kagome, pero por otras razones. Él sabía que ella se estaba exponiendo así misma por no dejar su independencia de lado. Sesshomaru lo entendía ¡de verdad que sí! Pero se sentía miserable por no poder ponerle un alto.
Sesshomaru tenía la ligera sospecha de que Kagome no estaba dejando su trabajo en la empresa para no darle problemas con sus necesidades monetarias. Desde un principio, pensó que tan pronto como Inuyasha se recuperara ella volvería a trabajar de lleno en la cafetería. Los meses a su lado le hicieron descubrir uno de los lados más apasionados de Kagome, uno que solo salía a relucir cuando la hornalla se encendía. Amaba verla defender sus técnicas culinarias como una pantera y apreciaba la paz que transmitía cuando horneaba. Kagome era una bola de luz rebotando en cada una de las paredes, tan inquieta, tan charlatana y tan torpe, que sus movimientos suaves, silenciosos, precisos y delicados al momento de armar sus postres eran una dulce contradicción.
Por todo esto, cuando ella decidió continuar en la empresa sin darle motivos pero a la vez tomando un papel activo en la administración de su cafetería, Sesshomaru comenzó a fijarse más en Kagome y su eterno aburrimiento en las horas de oficina.
Recordó que una noche de esas en las que el reloj no lo perdonaba y la encontraba dormida en algún rincón de la casa, vio unos papeles y cuentas escritas con su puño y letra en su regazo. Sesshomaru no era una criatura tan curiosa ni tan metida, pero al ver los kanjis de su nombre en unos de los papeles no pudo evitar mirarlo.
La cifra escrita junto a su nombre coincidía con el monto de la transferencia de ese día.
Las piezas del rompecabezas tomaron forma en su mente y, aunque no tenía más pruebas que esa, tampoco dudaba que Kagome estuviera haciendo lo imposible para no sentirse en deuda con él.
Después de ver la decepción en sus ojos azules esa noche, Sesshomaru tomó una determinación. El daño estaba hecho. Bajo la situación inicial que atravesaron al ser tutores de Rin, habían esquivado varios pasos antes de empezar a vivir juntos. Sesshomaru dejaría que ella eligiera una vez más su camino, pero le haría saber que su apoyo era incondicional ante cualquier elección. Ahora, ¿cómo se lo haría entender?
Quedaba una larga noche por delante.
Era de madrugada. ¿La hora? Kagome no sabría decirlo. No supo cuánto tiempo estuvo ahí, acostada con la mirada perdida en el cielorraso. Cuando por fin su conciencia empezó a ceder ante el cansancio escuchó la puerta abrirse, cerrarse y unos pasos que bordeaban la habitación. Escuchó las sábanas y el cobertor susurrar, y sintió el peso trasladarse al otro lado de la cama.
El silencio nuevamente inundó el cuarto y permaneció así por otro periodo incierto de tiempo.
—Kagome —lo escuchó llamarla.
Ella no se movió. Con sus ojos ahora cerrados lo escuchó exhalar.
—Sé que estás despierta.
La habitación, que antes pertenecía únicamente a Sesshomaru, se había convertido en el punto de encuentro de ambos. Ahí, bañados por la oscuridad y el silencio, Sesshomaru era capaz de bajar su máscara de indiferencia y mostrase tal cual era a Kagome. En una noche normal, ella se dejaría abrazar y acogería cada uno de sus demonios, ahuyentándolos con un humor casi siempre sarcástico —nunca tan oscuro como el suyo, por supuesto—.
—Mi comportamiento de hoy fue ligeramente erróneo —admitió Sesshomaru—. Pero no me diste tiempo de explicarte.
Kagome se colocó de lado, dándole la espalda. Error. Sintió al instante una mano que se coló hacia la curva de su cintura hasta su vientre. Su espalda ahora reposaba en el torso de Sesshomaru. Al suspirar, el aliento de Sesshomaru chocó contra su cuello expuesto.
—Lamento haberte hecho pensar que estaba molesto contigo. Es una costumbre aislarme cuando tengo mucho en qué pensar. Pero nunca tuve que hacerlo alrededor de alguien de quien no quiero alejarme.
La sintió removerse y girar un poco más la oreja hacia él.
—Kagome, haz sido capaz de cerrar la boca de este Sesshomaru en más de una ocasión.
"Se ha enfrentado a toda su familia para realizar sus sueños. Es algo que ni yo he logrado hacer.", pensó acercándola más.
—Sé que te he ofendido en repetidas ocasiones por prejuicios… ¿Es por eso que insistes en rechazar lo que te ofrezco?
Con su cuerpo aletargado por el cansancio, Kagome colocó una mano sobre la de Sesshomaru, acariciándola levemente.
—Sesshomaru, no se trata de eso. No te estoy rechazando en lo absoluto. Aunque tengamos doscientos hijos, sé perfectamente podrías regalarles una isla a cada uno sin mi ayuda y estoy bien con eso —respondió ella, sonrojándose al momento de recapitular sus palabras.
¿Doscientos hijos? La idea rebotó en la mente de Sesshomaru. Tener hijos con Kagome no le pareció descabellado. Sin embargo, no diría nada aún.
—Igual, me gustaría sentirme parte regalándoles la reposera para la playa.
Sesshomaru no pudo evitar la carcajada que brotó de sus labios. Kagome sintió la vibración en su espina y terminó haciendo un puchero. Sesshomaru no comprendía a la mujer que tenía entre sus brazos. "¿Cómo hacerlo?", se preguntó.
—Cuando nos casemos todo lo que tengo será tuyo y lo tuyo mío. Sin brechas. Juntos podremos regalarles dos o tres islas a cada uno si lo deseamos, incluyendo las reposeras —sonrió e hizo una pausa—. De eso se trata esto.
"¿C-Cuando nos casemos? ¡¿Eso dijo?!", intentó en vano alejar las imágenes de ella y Sesshomaru besándose frente a un altar. "¡Basta, Kagome! ¡Piensa en otra cosa!"
—Qué cosas dices —dijo ella, con el corazón latiendo ruidosamente—. No quiero que pienses que estoy contigo por el dinero, como dijo Kagur-
—Ni la menciones —interrumpió él, frunciendo el ceño—. Jamás te ofendería pensando lo contrario de ti. Das tanto por todos, que a veces pienso que olvidaste como aprender a recibir.
Kagome abrió los ojos lentamente, sopesando las palabras de Sesshomaru. "¿Aprender a recibir?", repitió mentalmente.
—Entonces, olvida la idea de darme algo a cambio de vivir aquí —dijo él con seriedad.
Kagome suspiró.
—¿Quedó claro, Kagome? —preguntó él, muy cerca de su oído.
Ella asintió y al momento sintió como él empezaba a besar el lóbulo de su oreja.
—Me ignoraste por más de diez horas —bostezó—. Unos besos no van a solucionarlo tan rápido.
—No te ignoré. De hecho, te peleaste conmigo sin que tuviera que decir más de dos sílabas.
—Shhhh… Todavía estoy a tiempo enviarte a dormir al sofá —su voz era un murmullo.
Sesshomaru hundió su nariz en el cuello de Kagome, aspirando su aroma. Sus dedos haciendo pequeños círculos en su vientre, mientras ella se apoyaba más en él.
—Enviarme al sofá sería retrasar la búsqueda —susurró él con una sonrisa de lado.
—¿Búsqueda? —preguntó ella, casi dormida.
—Doscientos hijos —repitió él—. Más vale que empecemos ahora.
Las mejillas de Kagome ardieron brevemente mientras su mente terminaba de resbalarse hacia la oscuridad de sus párpados.
Día 105: 8 de Julio de 2012
Desde su última pelea y el comentario sobre los hijos que podrían llegar a tener, Sesshomaru y Kagome no encontraban descanso para una creciente temperatura entre ellos. Eso no dilucidaba la razón por la cual se encontraban devorándose el uno al otro en el cuarto de lavado de la mansión Taisho en medio del almuerzo familiar mensual. En resumidas cuentas, Kagome tenía la lengua de Sesshomaru empujando a la suya en un beso por demás fogoso, mientras él la sentaba sobre la lavadora de ropas y se colocaba entre sus piernas abiertas. La atrajo por completo con las manos sobre su estrecha cintura y continuó besándola hasta que quedaron sin aliento. Capturando apenas un poco de aire, Sesshomaru la volvió a besar, esta vez ahuecando una mano en la nuca de Kagome para darle un mejor acceso a sus labios.
Kagome sin un dejo de timidez, desabrochó la camisa de Sesshomaru y la empujó hasta que quedó atascada en el dobles de sus brazos. Sus pequeños dedos delinearon cada músculo con la yema de sus dedos hasta que terminaron en el borde de su pantalón, desde donde lo agarró para pegarlo aún más a ella. Separando sus labios, Kagome lo mordió suavemente en el hombro antes de recostar su cabeza ahí mismo y disfrutar de la manera en que las manos de Sesshomaru acariciaban sus piernas, su cintura y luego ascendieron el camino hasta tomar sus senos. La espalda de Kagome se arqueó y Sesshomaru aprovechó para masajearlos con más ahínco sobre la ropa.
—Te deseo, Kagome —murmuró él antes de volver a encontrarse con su boca.
Ardiente. Húmedo. Demandante.
Kagome jadeó al sentir la dureza que presionaba contra su centro, deseando que él la tomara ahí mismo, en ese cuarto donde predominaba el olor a suavizante.
—Por favor….
Su súplica se encontró con los besos húmedos y abiertos de Sesshomaru bajando por su cuello en dirección hacia su escote. Con precisión, él deslizó la blusa de Kagome hacia arriba, dejándola tirada en algún lugar cercano y sin perder el tiempo, desvió sus besos hacia la suave piel de su seno izquierdo, mientras acariciaba el otro aún sobre el brasier. Las uñas de Kagome se enterraron en su cabellera plateada y sus ojos se abrieron dejando entrever dos mares profundos cargados de estática.
—Sesshom… ahh —gimió cerca de su oído cuando sus labios tocaron su seno desnudo.
La reacción de su cuerpo y el gemido que escapó de Kagome lo arrastraron hasta un camino del que no quería volver. Sesshomaru levantó la mirada para verla mordiéndose el labio inferior, mientras su lengua pasaba una y otra vez encima de su pezón erguido. Sentir sus dientes mordiendo la tierna piel de rosa que se contraía con cada caricia, fue todo lo que necesitó Kagome para decidirse a empujarlo despacio hasta tener el lugar suficiente como para terminar de desabrocharse los pantalones.
Al momento en que Sesshomaru tomó los jeans de Kagome para arrancarlos de sus piernas, la manija de la puerta comenzó a moverse inquieta. La voz del otro lado los hizo levantar la mirada, a ella sonrojada y a él con ganas de asesinar a alguien.
—¡Largo de aquí! —exclamó Sesshomaru.
—¡¿Qué haces encerrado allí?! —preguntó Inuyasha, todavía intentando abrir la puerta.
—¡Sesshomaru-sama! ¿Sabe dónde está Kagome-sama? ¡Rin la buscó por toda la casa!
La voz de Rin se escuchó en medio de los gritos de su padre. Sin remedio, Sesshomaru bufó ayudando a Kagome a vestirse.
—¡Sal de ahí, Sesshomaru! —exigió Inuyasha.
—¿Qué son todos esos gritos?
Kagome hundió su rostro entre sus manos al escuchar a Isayoi. Sesshomaru se limitó a terminar de abotonar su camisa.
—¡Sesshomaru se encerró en el cuarto de lavar!
—Sesshomaru, querido, ¿necesitas ayuda? —preguntó Isayoi, su voz sonaba pegada a la puerta.
—¡Necesito PRIVACIDAD! —exclamó Sesshomaru, irritado.
—¡Ok! ¡Inuyasha, Rin! Vamos al comedor.
—¡Pero, mam-!
Completamente frustrado, bajó a Kagome de la lavadora y respiró profundamente antes de darle un beso corto y casto en los labios. Ella, con las mejillas aún sonrojadas no pudo evitar reír. Sesshomaru solo movió ligeramente la comisura hacia un lado. Como capturados en medio de una travesura.
—Vamos, dejemos el postre para después —Sesshomaru le susurró al oído.
Sí. Probablemente una de las razones por las que la creciente tensión sexual en ellos se manifestaba en los lugares más inapropiados era para evitar que la tentación los arrastrara antes de sentirse completamente preparados. Sesshomaru lo estaba. Pero, ¿Kagome? Definitivamente tal vez.
El murmullo del comedor no se detuvo cuando los dos entraron y tomaron asiento en sus respectivos lugares. Sentada a la derecha de Toga, junto a la cabecera de la mesa, Isayoi le guiñó el ojo a Kagome haciendo que sus mejillas se encendieran otra vez. Sesshomaru gruñó, pero empezó a servirse y pronto el almuerzo familiar continuó sin traspiés. Eso hasta la media tarde, cuando Kagome se quedó junto a la ventana de la sala mirando a Sesshomaru escuchar a Rin hablando en el jardín. Desconcertantemente, otro mes había pasado volando y ahora se encontraba frente a un predicamento singular. Su amigo de toda la vida y ex-novio, estaba parado a su lado mirándola con el ceño muy fruncido.
—¿En serio, Kagome? —preguntó Inuyasha, incrédulo.
—Es en serio, Inuyasha.
Él se cruzo de brazos, esperando que Kagome se dignara a mirarlo.
—¡Tú lo conoces! Es frío, es egoísta, es un manipulador, u-u-un SNOB… ¡Miles de veces me dijiste que lo odiabas! —exclamó—. ¡Tu no eres te mereces a alguien así, Kag!
—Ah, ¿sí? —preguntó Kagome.
Sin quitar la vista de la ventana, sus manos se empuñaron.
—Entonces, según tú: ¿a quién me merezco, entonces?
—¡A cualquiera menos a él!
—Claro…
Esta vez, Kagome sí volteó a mirarlo. En sus ojos azules no había una pizca de duda.
—TÚ, menos que nadie, tienes derecho a decirme con quién debo o no estar. ¡Es MI decisión!
—¡Pero ellos lo planearon todo, Kagome!
—¿De qué estás hablando? —preguntó ella sin entender.
—Papá ayudó a que Sesshomaru te engatusara. ¡Kag! Eres mi mejor amiga, después de todo lo qu-… no quiero verte sufrir de vuelta.
—¡Sesshomaru no me engatusó! —exclamó ella, frustrada.
—¡Claro que si! ¡Mírate! Babeando por él en cada rincón —exclamó, señalando la ventada—. Feh, apuesto a que estabas encerrada con él esta mañana.
Kagome se sonrojó pero levantó más el mentón.
—¡¿Y qué si estaba ahí?! No tengo que darte explicaciones.
Inuyasha la tomó de los brazos y Kagome trató de zafarse, sin remedio.
—Kag, ¡tienes que entrar en razón! Mi viejo fue el de la idea, no quería que te alejaras de la familia y Sesshomaru… ¡Lo siento, pero tienes que saberlo!
La cara de Kagome se torció con enojo. Frunciendo los labios y sin decir otra palabra, se liberó de Inuyasha y lo cacheteó frente a Toga, que entraba justo en ese momento después de escuchar toda la discusión.
—¿Cómo te atreves? —preguntó Kagome entre dientes—. ¡¿Cómo?!
—Sabes perfectamente que tu hermano nunca haría nada obligado, Inuyasha.
Toga se acercó a Kagome y colocó una mano en su hombro.
—Sesshomaru nunca fue muy elocuente —la ceja de Toga se levantó—, por lo que cuando pidió mi ayuda para acercarse a ti, querida, no pude negarme.
Kagome lo miró a los ojos, sonriendo levemente.
—Tenía la esperanza de que funcionara—explicó Toga—, y puedo decir que no me arrepiento. Nunca los vi más felices.
Kagome bufó.
—Cuando Sesshomaru informó que me "cortejaría" supe que algún anciano lo había aconsejado.
—¡Hey! —exclamó Toga, falsamente ofendido.
Con decisión, Kagome se giró una vez más hacia Inuyasha.
—Admítelo, Inuyasha. El único que ha sido capaz de lastimarme en esta familia, haz sido tú. Ni tu padre —lo señaló—, ni Sesshomaru, han hecho nada más que mostrarme lo equivocada que estaba con respecto a él. ¡Lo amo! Aunque no sea capaz de devolver mis sentimientos con la misma intensidad, estoy segura que jamás haría nada para dañarme y lo vamos a intentar.
Sin más que decir, Kagome salió al patio dejando a un Inuyasha muy conflictuado y a un Toga con una sonrisa socarrona en los labios.
Día 106: 9 de Julio de 2012
—Sesshomaru, ¿por qué tu padre está enviándome e-mails con locaciones de boda?
Sesshomaru gruñó.
—¿Hay algo que deba saber?
Sesshomaru negó.
—Digo, ni siquiera somos novios aún… ¿casarnos? —preguntó ella.
—¿No somos novios? —preguntó él en cambio.
El tono casi escandalizado en su voz la petrificó.
—¿Somos… novios? —preguntó Kagome.
Sesshomaru, sin atajar su rápida reacción, extendió los brazos hacia los costados con las palmas abiertas hacia el cielo. Un "¡Es obvio!" flotaba entre ellos.
—No somos novios —sentenció ella—. Nunca me lo preguntaste.
—¿Tenía que preguntarlo?
Kagome permaneció en silencio y sin parpadear por unos segundos.
—¡Dios, Sesshomaru! Realmente no eres bueno en esto, ¿cierto?
Sesshomaru resopló.
Día 108: 11 de Julio de 2012
—¿Seguro que no quieres que te acompañe hasta el aeropuerto?
La primera vez que Kagome hizo la pregunta, le pareció adorable. Para la décimo sexta, el tick en su ceja izquierda dejó de ser ocasional. Con ambas manos retuvo sus brazos delicadamente.
—Kagome, no hace falta.
La vio suspirar y mirarlo con esos grandes e hipnóticos ojos azules.
—Está bien —dijo.
Sesshomaru la liberó de su agarre y terminó de cerrar su maleta.
—Pero, es de noche ¿estás cien por ciento seguro que noihhh-
Sin aviso, Sesshomaru la atrajo hacia él y la besó con fiereza hasta que se quedaron sin aliento. Se apartó de ella apenas lo suficiente como para que su ojos se encontraran, su mano aún en su nuca sosteniéndola.
—Son solo tres días —recalcó inclinando la cabeza—. Volveré a ti antes de que te des cuenta.
Kagome hizo un puchero.
—Es que… De acuerdo—dijo resignada—. Arreglé todo para que la cafetería con mejores reviews de la ciudad te entregue el café a las 9 de la mañana y a las a las 4:30 de la tarde.
Él levantó una ceja y deslizó la mano que se encontraba en su nuca, acariciando toda su espina hasta detenerse en su espalda baja.
—¡No te atrevas a hacer esa mirada, Taisho! —dijo apuntándolo con su dedo—.No quiero tener a media Alemania llamando a mi teléfono para evitar un desmembramiento.
—Hn, tentador.
Kagome rodó los ojos y lo besó una última vez. Esta vez sus lenguas sí estuvieron involucradas y, con pesar, momentos después lo tuvo que dejar ir.
La primera noche el sueño la esquivó por un largo rato. No importaba la posición, ni la cantidad de luz que ingresaba a la habitación, ni el silencio ensordecedor de las paredes. Con reticencia, atrajo la almohada de Sesshomaru hacia ella y hundió el rostro hasta que logró capturar los trazos de su aroma impregnados al algodón de las fundas. Así que, ahí estaba ella. Sola con sus pensamientos por primera vez en varios meses.
Si Sesshomaru estuviera en la casa, posiblemente se encontrarían en la cocina o en su escritorio. En la primera situación, estarían cocinando en medio de una ardiente discusión y diferencias irreconciliables en técnicas culinarias. Si, en cambio, estuvieran en la segunda ella tomaría un libro de la estantería y lo leería en el sofá mientras él continuaba con su trabajo pendiente.
Con el sueño completamente perdido, Kagome bajó a la cocina y sin pensarlo demasiado se puso a hornear.
Esa mañana antes de que el sol despuntara, Jaken entró a la cocina vestido con un pijama color verde musgo y vio toda la cocina llena de postres. Sus ojos se abrieron con incredulidad.
—¿Q-Qué pasó aquí?
—¡Buenos días, Jaken! ¿Te gustan los pasteles? —preguntó Kagome.
—¡De qué hablas, niña ruidosa!
—Mmm… sabores intensos, probablemente relleno de moca —dijo ella moviéndose entre los diferentes postres preparados.
El codo en la palma de la mano y un dedo índice en sus labios.
—¡Ya sé! —exclamó levantando su dedo hacia el aire.
La joven de cabellos azabaches rebanó un pastel y lo sirvió con cuidado.
—Prueba este.
Jaken tomó el plato que Kagome le ofrecía, mientras ella lo empujaba hasta tomar asiento en una de las sillas del comedor y le servía un poco de café recién hecho.
—¡Espero que no estés planeando envenarme!
—Come y cállate, Jaken —dijo ella eligiendo otro pastel para servirlo y colocarlo cerca de él—. Creo que el de Matcha también te gustará.
Tentativamente, Jaken tomó una cucharada pequeña del pastel, probándolo apenas con los dientes. Cuando los primeros sabores acariciaron su lengua, los ojos de Jaken comenzaron a brillar y una cucharada exageradamente cargada hizo el trayecto hasta sus labios.
—¡Ja! ¡Lo sabía! —exclamó ella casi saltando.
—¿Tú… Tú hiciste esta majestuosidad?
Kagome sonrió de oreja a oreja y asintió varias veces.
—Son nuevos sabores, creo que ese también es mi favorito. ¡Ahora prueba el de Matcha!
Esa noche, Kagome salió de la oficina y fue directo a la casa. Lo primero que hizo luego de darse un baño fue entrar a la cocina. Grande fue su sorpresa cuando encontró una reunión improvisada entre Jaken, Byakuya, Jinenji el jardinero y Nazuna la ama de llaves, sentados a la mesa probando absolutamente todos sus pasteles. Kagome chilló de la felicidad y corrió a acompañarlos, tomando nota de todos los comentarios que hacían.
"Te extraño :(".
Acostada en la cama, abrazando la almohada que aún olía a él, escribió y borró varias veces el mensaje antes de por fin juntar el valor para enviarlo. Tan cansada estaba, que la respuesta fue lo primero que leyó al día siguiente tras despertar, casi gritando de la emoción.
"Yo también te extraño, Kagome :) ¡Duerme!"
Era el mejor día que tenía en mucho tiempo. Sesshomaru estaba aprendiendo el arte secreto de los emoticones. ¡Le había dicho que la extrañaba! (N/A: grito de fangirl) Sus pasteles eran una sensación. La oficina estaba muy tranquila. ¿Qué más podía pedirle a la vida?
Pero, una llamada irrumpió sus pensamientos. Tan pronto como vio el remitente, su rostro se endureció.
—¿Tío Muso? —preguntó Kagome al contestar.
—¡Querida sobrina! Tanto tiempo sin escuchar tu dulce voz…
Kagome ignoró el escalofríos que le produjo.
—Jeje, sí, ¿verdad? —dijo incómoda—. ¿Ocurrió algo?
—Claro, querida, hoy firmamos el contrato de fusión. ¡Fue un éxito!
—¿Contrato de fusión? ¿De qué estás hablando?
—¿Kagome, no recibiste mis correos? Te envié varios en los últimos meses.
—¡No! No los… ¿No pudiste llamarme?
"Esto es grave.", pensó llevándose la mano libre empuñada al pecho.
—Lo intenté, querida sobrina. Pero no respondiste ninguno de los mensajes de voz que dejé en tu contestadora. Hasta ahora di con tu teléfono móvil. Sabes que mi relación con tu madre no ha sido… favorable.
—Yo…
Kagome no había pisado su departamento más que en contadas ocasiones y jamás se molestó en revisar si habían mensajes. O en leer los correos. "¡Los correos!", pensó tomando las llaves del vehículo.
—Voy para allá. Por favor, no hagas nada más hasta que yo llegue.
—Pero está hecho, querida. Los papeles se han mandado legalizar. Con el poder que tu, tu hermana y tu madre me firmaron tengo la potestad de hacerlo.
"Mierda", pensó Kagome.
Tras una despedida corta y sin avisar a nadie más —ni siquiera a Byakuya—, Kagome condujo a toda velocidad hasta la casa, para buscar los correos que había retirado de su departamento semanas atrás. En un cajón de su escritorio, aún sin abrir, se encontraban los citatorios para la fusión. Cubriéndose la boca al ver lo que contenían todos los correos que olímpicamente había ignorado.
Kagome salió corriendo de vuelta, esta vez en camino hacia la empresa de su familia. Durante todo el trayecto intentó hablar con su madre y hermana. Ninguna de las dos respondieron al teléfono.
—¿Qué voy a hacer? —se preguntó con pesar—. Todo esto es culpa mía… Lo siento, papá.
Kagome tomó fuerzas, apretando el volante con fuerza. "¡Vamos, Kagome!"
Sin más, estacionó el vehículo dentro del estacionamiento y bajó, casi corriendo hasta la oficina de Muso. Cuando él la vio entrar, se levantó de su silla.
—¡Por fin llegaste, querida!
—¿Qué fue lo que hiciste, Muso? —preguntó ella.
Su mirada se estrechó al ver a los dos hombres sentados frente a su tío.
—Un pequeño negocio, muy conveniente por cierto… ¿prefieres escuchar sobre él sentada?
—Habla —exigió.
—Bien, bien. Pero primero déjame presentarte a nuestros nuevos socios, Onigumo y Naraku Nisegi.
Ambos hombres la observaron, sus ojos calando en lo profundo de Kagome.
—No serán necesarias las introducciones, socio —dijo Onigumo.
Escalofríos recorrieron la espina de Kagome al escuchar su siseo.
—Es un placer volver a verte, Kagome.
Esta vez fue Naraku el que habló, levantándose para ofrecerle una silla.
"Mierda…"
¡Definitivamente, fue el fin del hiatus! Y fue gracias a ese calorcito en el medio del pecho al leer todos sus comentarios *-* ¡Les agradezco infinitamente que sigan confiando! Que se tomaran el tiempo de releerla, ya un poco más madurada. Espero también, a través de este capítulo, haber respondido algunas situaciones que recalcó Roxana y.. antes que alguien lo diga, no, Inuyasha no está celoso, está preocupado. Él sigue siendo el mismo para el resto. Sesshomaru baja la guardia solo cuando está a solas con Kagome. Debo confesar que para terminar de escribir este capítulo volví al anime y traté de comprender mejor al Lord, ya que a pesar de verlo siempre callado, una vez que empieza a hablar es bastante elocuente y teje sus oraciones de una manera bastante poética. Tomando en cuenta que este es un AU y que por lo tanto las circunstancias que plantea el espacio en el que se criaron los personajes son diferentes, espero no haberme ido muy hacia el OC en este capítulo. ¡Ya me dirán ustedes qué tal les pareció! Por mi parte, lloré al escribir y releer algunas partes. Esta historia es muy especial para mí y ya está llegando a su tramo final.
¡Los dejo con la zozobra de ese trío de serpientes rodeando a nuestra miko!
¡Besos!
A.
PD: El tamaño y frecuencia de mi hiatus ha demostrado ser inversamente proporcional a la cantidad de reviews :3 (?)
