Aparté a ese monstruo lo más rápido que pude de mi. No quería que me siguiera tocando. Me levanté sobresaltado, al parecer ella me seguía mirando con esos ojos rojos que perturbarían el sueño de cualquiera.

- ¿Pero qué te pasa, Levi? No me digas que es la primera vez que te han besado...

Noto mis mejillas calentarse... Tiene toda la razón, nunca antes había besado a nadie. Se levantó sonriente, riéndose de mi seguramente por el color de mis mejillas. A veces odio ser tan pálido de piel...

- Aaaja, ya se lo que pasa. Es la primera vez que haces un contrato con un demonio, es normal que estés asustado. -se cruzó de brazos. Al parecer, de su rostro tampoco se iba su sonrisa.

- ¿Contrato? ¿Qué contrato? Yo no he firmado nada... -amenazó a la castaña, sin éxito alguno.

- La marca que hay en tu pecho es la prueba de ello. -se señalo a sí misma su pecho, haciendo que el azabache se mirase el suyo.

¿Pero qué...? Como si estuviese estampado en fuego, en mi pecho se distinguía el pentagrama del demonio. La estrella de cinco puntas, rodeada de un circulo con distintas letras en un idioma que desconozco... ¿Esto es un seyo?

- Ahora me perteneces enano. Yo te concederé tu deseo, a cambio tú harás lo que yo diga hasta que al final... -sonrió de forma macabra- Tu alma sera mia, ¿entendido?

- ¿Y si no quiero?

- Entonces no tengo problemas en tomar tu alma ahora mismo. -se relamió, mirando de forma lasciva al azabache.

- ¿Cómo te llamas? -la castaña sonrió triunfalmente.

- Hanji. Hanji Zoe. Para mi sera un placer servirte a partir de ahora. Espero que tú hagas lo mismo por mi. -hizo una reverencia.

- Y ahora dime, ¿era necesario besarme para sellar el contrato? -soltó un gruñido a modo de queja.

- ¡Jajajaja! ¡Por supuesto que si! ¿Si no como quieres que consiga tu ADN? -se burlaba de él, aun se notaba un poco de rojo en sus mejillas.

- Podrías haber hecho otra cosa para conseguirlo...

- Si lo hubiera hecho de otro modo no hubiera sido tan divertido. -le regaló una sonrisa inocente- Bueno, sera mejor que nos vayamos. -se espolsó su vestimenta.

- ¿Irnos? ¿A donde? -la miró de forma amenazante. Al parecer no le gustaba la idea de irse con una completa desconocida, y menos si era un demonio.

- A tu casa. No esperaras que te cumple tu deseo de la noche a la mañana ¿verdad?

- ¿Qué? Oooh no, no. A mi casa no va a ir nadie. -negaba con los brazos- Ademas, se supone que lo tienes que cumplir ya.

- A lo que respecta al amor, yo no puedo hacer que una persona cambie sus sentimientos así como así. Necesito un tiempo...

- ¿Y ese tiempo lo tienes que pasar en mi casa? -preguntó con tono sarcástico.

- Pues claro. ¿Quieres que se quede con tu alma otro demonio que no sea yo? -se señaló a si misma, haciendo pucheros.

- No me importaría la verdad... -cerró los ojos resignado.

- Vamos Levi, no va a haber un demonio que te trate con más cariño que yo, eso tenlo por seguro.

- Volviendo al tema, en mi casa no puedes quedarte. Tengo familia, ¿sabes?

- Los demás humanos no pueden verme, tranquilo. -se puso a jugar con su pelo de nuevo- Solo pueden verme aquellos que hayan hecho otro contrato o quienes yo se los permita.

- Al final vas a venir diga lo que te diga, ¿verdad?

- Pues si. ¡Que bien! Ya te estas acostumbrando a mi. -dio una palmada ilusionada.

- No creo que llegue a tal punto como a acostumbrarme... -frotaba su frente, frustrado.

- Después de ti, Levi. -le cedía el paso con la mano, algo encorvada, como si fuera a hacer una reverencia.

- ¡Woooooo! ¡No es tan grande como mi casa, pero esto es enorme! -se notaba cierto resplandor en sus ojos.

No tengo ni la más remota idea de como he podido llegar a esto. Ahora mismo hay un demonio en mi casa, y se supone que tengo que convivir con él hasta que cumpla mi deseo y después me devore... Vamos, todo muy real.

- ¿Donde esta tu cuarto? ¿Esto tiene piscina verdad? ¡Aaah, quiero verla entera!

- Cállate, me das dolor de cabeza maldita cuatro ojos. -dijo cerrando la puerta principal detrás de él.

- Joooo, menudo amo me ha tocado... -hacía pucheros mientras se dirigía a unas grandes escaleras.

- ¿Hacia donde te crees que vas? -se cruzó de brazos, observando a la castaña quien ya estaba en lo alto de las escaleras.

- Pues a tu cuarto. No pienses que voy a quedarme a vivir en la sala de estar. Aunque pensándolo bien, puede que sea más grande aun que tu cuarto... -susurraba para sus adentros.

- ¿Acaso sabes donde esta mi cuarto?

- Nop. Pero ya me las apañare, ya conozco tu olor así que no tardare en encontrarlo.

Me saca de quicio... ¿Cuanto tiempo a dicho que se quedaría? No pensaba que los demonios fueran tan extravagantes... O eso, o a mi me ha tocado la loca de turno.

Volviendo al tema de Petra... ¿De verdad esta chica es capaz de conseguir que se fije en mi? No se la ve muy cualificada ni eficaz... Ademas, el oráculo que apareció en mis sueños tenía razón, me perseguía un demonio. Y al final he acabado cayendo en su trampa... Debería haberme quedado con Mike...

Entre en mi habitación. Al parecer aun no la ha encontrado. Al final va a ser verdad eso de que es la más incompetente...

- Has tardado mucho, enano. -la chica apreció de la nada boca abajo en el sillón de la ventana, jugando con ambas piernas arriba y abajo.

- No me llames enano.

- A mi me llamaste antes cuatro ojos. Ojo por ojo enanin, ya te acostumbradas. -hizo una pausa pequeña- Hablando de acostumbrarse, no voy a tardar nada de nada. ¡Este cuarto es enorme!

- Mientras te quedes ahí quietecita no hay problema...

- ¿Tus padres son ricos? Esta casa es digna de millonarios... Y tu cuarto tiene hasta baño propio.

- Se podría decir que si. Ambos trabajan mucho, casi siempre están de viaje.

- Vaaaaya, así que tenemos la casa para nosotros solos... -dijo en tono seductor, dejándose caer de forma sugerente en la cama del azabache. Al parecer se había tele transportado.

- No vamos a hacer nada de lo que tu te piensas. Yo solo tengo ojos para Petra. ¡Y no vuelvas a teletransportarte!

- Petra. ¿Así es como se llama mi rival en el amor? -colocó su dedo en su mentón, pensativa.

- Te lo vuelvo a repetir... ¡Yo solo quiero a Petra! Y se suponía que mi primer beso sería para ella... -se dijo a sí mismo en voz baja.

- ¡Jajajaja! ¿Aun estas con lo de beso? -lo miró de forma divertida, aunque se relajó un poco al ver al azabache mirándola de mala manera- No te preocupes, los demonios no estamos hechos para el amor. Yo estoy aquí para cumplir tu deseo, para nada más que eso. -dijo un poco más seria.

- ¿No podeis amar ni a otro demonio? -la negación con la cabeza de la castaña le sorprendió.

- Nosotros estamos hechos todos iguales. Además, entre nosotros solo podemos tener sexo y demás cosas "amorosas", al igual que con los humanos si nosotros queremos, pero nunca sentiremos lo que vosotros llamáis "amor". -hizo el gesto de las comillas en la última palabra.

- Que vida más triste tenéis...

- Supongo que nunca lo has hecho con nadie, ¿verdad? -se teletransportó justo detrás del azabache, susurrandole al oido de forma seductora- ¿Cómo puedes saber si es triste o no, si no lo has probado? -acariciaba la espalda del azabache, haciendo que este se estremeciera un poco.

- He dicho, que no te teletransportes. -le cogió la mano a la castaña, mirándola seriamente- Vete, tengo que cambiarme.

- Vale... -sonrió y se soltó del agarre- Hasta luego enano.

Y en un abrir y cerrar de ojos, ya no estaba. Me dejé caer en la cama, sentandome de golpe. ¿Qué acaba de pasar? Nunca me he sentido tan... extraño. Ni si quiera se como he sido capaz de no sonrojarme ante el gesto de antes. Los demonios son muy peligrosos... A lo mejor con una ducha de agua fría, puedo volver a tener el mismo ritmo respiratorio que antes...

La verdad es que la ducha de agua fría me ha sentado muy bien... ¿Estara fuera? No me termino de hacer a la idea de que a partir de ahora vaya a vivir con un demonio, y menos con esa mujer que me hace perder la paciencia.

Salí del baño con una toalla anudada a mi cintura. Para mi desgracia, no me gustan los albornoces, y al parecer a la cuatro ojos tampoco. Al verle una sonrisa de oreja a oreja al verme aparecer así, lo supe de inmediato.

- Vaya... -dijo sorprendida- Para ser un crío no estas nada mal... -le miró de arriba a abajo, fijándose en el tonificado cuerpo del azabache y fijándose en las gotas de agua que caían de su cabello.

- ¿Un crio? ¿Cuantos años crees que tengo, maldita cuatro ojos? -mal humorado, se sujetó la toalla fuertemente hacia él. Pensaba que en cualquier momento Hanji se teletransportaría y se la quitaría.

- Para mi eres un crío, vayas a la universidad o no. -se acomodaba cada vez más en el sofá de la ventana.

- ¡Tengo veinti tres años! Soy bastante mayorcito...

- Yo tengo dos mil cien años. No hay casi diferencia... -se notaba el sarcasmo en su voz.

- Dos... ¿Dos mil cien? -casi se le cae la toalla por la respuesta que le dio la castaña.

- Vendrían a ser los veinti un años humanos... ¡Mirame, soy muy joven!

- ¡Sii vamos, eres jovencisima!

- Respeta a tus mayores enano, o mejor dicho, respeta a tu ama. -se señalaba a si misma con superioridad.

- ¿Pero tú no me servías a mi? -dijo ya resignado. No quería empezar a discutir.

- Claro que si. Te sirvo en cualquier cosa relacionada con tu deseo. Por lo demás, eres totalmente mio... -lo miró de forma lasciva. Cada vez tenía la toalla más abajo- Aunque si tu quieres, podría hacer una excepción sobre tu edad...

- Cállate. Yo solo quiero a Petra, ya te lo he dicho... -empezó a notar sus mejillas algo calientes.

- Hmmmp... Vale, vale... Pero ahora deberías cambiarte, te vas a resfriar...

- No me digas lo que tengo qu- ¡Aaachus! -estornudó antes de poder terminar. La castaña se rió ante el gesto.

Maldita cuatro ojos... Me acaba de dejar por los suelos, y no solo eso... ¡Sino que se ríe de mi! Bueno, si no puedes con el enemigo, únete a él... Rebusque entre mi ropa del armario, buscando mi pijama azul marino. Ah... Ahora si que voy a relajarme. Dormir. Hace mucho que no me relajo en todo el día, ha sido un día de locos... Me di la vuelta para encontrarme con la cuatro ojos mirándome fijamente.

- Eeeh... ¿Te vas a quedar mirando?

- Claro. Ya te he visto desnudo, no tienes de que avergonzarte. -sonreía de forma inocente.

- ¡¿CÓMO?! -tiró furioso el pijama a la cama.

- Me dijiste que me fuera, pero no me dijiste donde... Así que me metí en el baño. ¿A que es una coincidencia tremenda que tú entrases después? -se burlaba de él. Le gustaba la cara de enfadado que tenía en esos momentos.

- ¡Pero si no había nadie! -quisó ir a enfrentarse con Hanji, pero la toalla se le cayó a medio camino.

- Wooh, ahora deberías estar menos enfadado... -se sonrojó al ver al azabache.

- ¡DATE LA VUELTA YA! ¡A DORMIR!

Maldita sea, maldita sea... ¡Me ha visto desnudo! Y se supone que dos veces... Esta mujer ha hecho más en un día de lo que podría haber hecho yo con Petra en años... ¿Por qué me sale todo tan mal?

Me tape con la manta hasta el cuello. Las noches de invierno son muy frías. Mire por encima de mi hombro. La cuatro ojos estaba tumbada en la ventana, mirando la luna de la noche. Parece... ¿Triste?

- Oye. -la llamó sin darse la vuelta.

- ¿Hm? ¿Qué pasa enano? -lo miró de reojo.

- ¿No piensas dormir?

- Jujuju...

- ¿De qué te ríes? -gruñó entre dientes.

- No hace falta que te preocupes por mi. Los demonios no necesitamos dormir. -lo miró tiernamente.

- No me estoy preocupando por ti en absoluto, que quede claro... -se sonrojó, acurrucandose un poco más en la cama.

- Duerme. No tienes por qué desvelarte por mi, yo te protegere.

- Que alivio... -susurró.

No entiendo por qué se acaba de reír la cuatro ojos, pero no me gusta ese tonito. Espero que mis sueños sean mejores que esta realidad que tendré que soportar a partir de ahora...