The Winterlord
Alguna vez se han preguntado ¿por qué Santa Claus tiene una espada?
Como Guardián, él posee ciertas habilidades, de cierta manera, Santa Claus tiene poderes mágicos. Pero aparte de esa magia, él también tiene otros trucos bajo la manga. Por primera instancia, él es inmortal y no, esta inmortalidad no la obtuvo por ser un Guardián. En segundo, posee una súper fuerza, que no ejército o montaña puede detenerlo. Y en tercera, el puede volar como si tuviera unas alas en su espalda.
Pero Norte sólo utiliza una parte de todas estas habilidades para crear juguetes. Nada más ni nada menos.
¿Por qué no utilizar sus poderes? ¿Por qué utilizar una espada?
Llámenlo nostálgico si quieren, porque esa espada ha sido su compañera desde hace muchos, muchos años atrás, cuando el mundo todavía no tenía nombre ni estaba cerca a lo que es ahora, cuando sólo existía el note y el sur. Y aunque ahora no está orgulloso de lo que hizo con ella, siente que debe llevar consigo esta espada como recordatorio.
El recordatorio de que es un asesino.
El ahora llamado Santa Claus, quien le lleva alegría a los niños, tiene sus manos teñidas de rojo.
Él era joven y estúpido.
Fue uno de los primeros humanos en el planeta y era uno muy avaricioso. El fuerte y talentoso guerrero, que logró ser Rey del norte luego de haber derrocado la corona de ese tiempo, y fue llamado Winterlord.
Como Winterlord, Nicholas tenía la ambición de conquistar toda tierra a su paso. En aquel mundo donde sólo era norte y sur, el norte ya lo gobernaba por lo que creía que el sur también podía caer a sus pies.
Era más complicado, sus hombres no estaban acostumbrados al verano del sur cuando en el norte sólo hacía frío. Requería de más poder, pues en ese entonces solo era un hombre, uno fuerte tal vez pero mortal a final de cuentas. Así que recurrió a su fiel compañera, quien era el único miembro de su consejo: la bruja Hecate.
Hecate se distinguía por ser una audaz y talentosa bruja. Pero como todo, la magia siempre viene con un precio. Ella le pedía que sacrificara algo a cambio de las victorias en sus batallas. El precio siempre iba en aumento y sus demandas también, pero las recompensas por esos sacrificios eran diez veces mejores.
"Quiero conquistar el sur" le dijo aquel entonces a Hecate.
"De acuerdo" dijo ella con esa dulce y escalofriante voz "Pero el precio a pagar es mayor"
"Lo que sea"
Hecate sonrió y dijo:
"Encuentra ocho niños de corazón puro. Deben ser inocentes. Y mientras continúan con vida, arráncales el corazón. Luego me traes los corazones junto con sus huesos, y riega su sangre sobre tu capa"
Nicholas había quedado en silencio.
Hasta el momento, los sacrificios que Hecate le pedía hacer no tenían comparación a este. La cabeza de su alce favorito, quemar sus joyas más preciadas hasta el polvo, por mencionar algunas.
Nunca una vida humana, menos de niños. No es que tuviera algún aprecio por ellos, pero incluso para él tal demanda era para pensarse. Pero al ser en ese entonces alguien tonto y arrogante, se dejó llevar por el poder e hizo lo que la bruja le pidió.
Los corazones de los niños le dieron la fuerza, la sangre la dio la vida eterna y los huesos la habilidad de volar como si tuviera unas alas.
Conquisto el sur, no tengan duda de eso. Pero este tipo de magia tenía todavía precio que pagar.
La demencia de Nicholas.
Oír a cada momento las voces de los niños diciendo las mismas palabras una y otra y otra vez, y no ser capaz de poder dormir.
"¡Tomó nuestros corazones!"
"¡Hechizó nuestros huesos!"
"¡Usó nuestra sangre sobre su capa!"
El vino le sabía a sangre y la comida a cenizas.
Nicholas estaba desesperado. No hubo mago o bruja, ni si quiera Hecate, que pudiera ayudarlo. Y en su desesperación acudió a Jonathan Frost. Un anciano que se decía era un sabio que resultó ser un Dios y en su ira por los crímenes que Nicholas cometió lo maldijo.
Fue Jonathan Frost quien le impuso la tarea de viajar por el mundo una vez al año para darles obsequios a los niños buenos mientras que a aquellos que son traviesos les deja un pedazo de carbón, el cual en ironía era un reflejo de lo que su propio corazón se convirtió.
Él creía que Jonathan lo había perdonado cuando el Hombre de la Luna lo recluto para ser Guardián, pero tal parece que ese no era el caso. El Dios continúa molesto por su crimen.
¿Quién era realmente para juzgarlo?
Norte había abandonado su oficina cuando Jack despertó confuso y no parecía recordar nada de lo que dijo. Toothiana parecía que estaba al borde del colapso y era mejor estar lejos de la bomba de tiempo que es ella. Ahora estaba en el establo con sus ocho renos, y con tan solo verlos le hacían sentir un nudo en el estómago.
"Lo siento" susurró él.
Los renos ladearon la cabeza y luego resoplaron, como si estuvieran entendiendo lo que estaba diciendo.
"Lo sé" continuó Norte "Prometí hace años que dejaría de disculparme, pero hoy fue..."
Norte tragó saliva.
Un reno se acercó a él y suavemente llevó su cabeza hacia él para que la acariciara. Norte se rió ante el contacto y comenzó a acariciar tiernamente al reno.
"Ustedes realmente son puros. Al final me perdonaron"
Tomó siglos, pero ahora ellos son sus compañeros. Ellos amaban volar por todo el mundo, ver todos los panoramas y verlo dejar los juguetes a los niños.
Bueno, ellos a final de cuentas también eran niños. Son niños.
Norte se sentó en el suelo y recargó su cabeza hacia atrás.
¡Mírate! El tan grandioso y poderoso Winterlord en un estado deplorable. Deberías tener vergüenza de ti mismo.
Nicholas cerró sus ojos y gruñó. Esa parte de su consciencia nunca lo dejará solo, no importa cuánto tiempo pase, de vez en cuando continúa esa vanidad suya molestándolo.
"Winterlord" dijo él en voz baja.
Algunos renos lo oyeron y resoplaron fuertemente, como si estuvieran enojados.
"No he pensado en ello desde que el Hombre de la Luna me nombró Guardián"
Y ahora hay un Frost que tendrá el placer de recordárselo a cada momento.
"¡Tomó nuestros corazones!"
"¡Hechizó nuestros huesos!"
"¡Usó nuestra sangre sobre su capa!"
Nicholas giró su cabeza con rapidez y miró a uno de los renos, quien se había acercado hasta él y que lo miraba con sus ojos negros con gran interés. Esas palabras malditas las ha escuchado muchísimas veces, y siempre le provocan ese escalofrío en su cuerpo como si fuera la primera vez que las oye.
A veces Nicholas se hace la pregunta: ¿por qué el Hombre de la Luna lo nombró Guardián? ¿Qué había de especial en él?
Al inicio, para él era una maldición ir a entregar juguetes una vez al año con los renos observando cuidadosamente sus movimientos y juzgándolo. No es como si él hubiera tenido la idea ni porque tuviera un corazón muy grande, ni siquiera le gustaban los niños.
Norte se llevó una mano a su cabeza.
¿Por cuánto tiempo más tendrá que soportar esto?
Basada en el audio The Winterlord por Katy Towell.
