Please, Hurt me

Lore-chan


CUATRO: Reinicio


I

Satoe Tachikawa salió de la oficina del director de la clínica siendo tomada de la cintura de un hombre rubio de ojos azules, el tipo tenía una barba de ya varios días y la mirada cansada, al igual que la madre de Mimi.

Caminaron acompañados de la doctora Orimoto que apretaba nerviosa el juego de llaves en su mano.

Para cuando llegaron a la habitación, Mimi estaba sentada en posición de loto mirando distraídamente la ventana frente a ella.

Parecía ser un buen día, el sol parecía pronosticarlo.

—Hija, ¿Estás segura?

La castaña giró al rubio que la miraba con cariño, pero también la miraba con preocupación.

—Podemos buscar otro lugar, hay uno muy bueno...

—Estoy segura – confirmó ella interrumpiendo a su madre que apretó la camisa de su nuevo esposo dudosa.

La siquiatra se apoyó en la puerta cerrada. Nuevas órdenes prohibían las visitas en las habitaciones sin supervisión.

II

—No estoy desistiendo de la demanda porque quiera – informó el hombre rubio a la doctora Orimoto cuando caminaban por los pasillos de la clínica hacia la salida – sólo estoy protegiendo a mi hija. Quiero que ella esté tranquila y si ella lo está acá, voy a retirar la demanda y voy a esperar que ud y su equipo la sanen – se detuvo un instante, frente a las altas puertas de madera – No es de mi sangre, pero la amo como si lo fuera y en cuanto lo encuentre…

No terminó de hablar, Satoe Tachikawa que se había quedado hablando con unas enfermeras, llegó a su lado.

III

Yamato la miró mientras tarareaba una canción de su autoría. Tenía una sonrisa pegada en su rostro que no se desprendía por más que trataba.

Creyó que después de aquel día, ella jamás querría volver a la clínica. ¿Quién querría volver al lugar donde pasó por una experiencia tan traumatizante?

Cuando se lo pregunto, la castaña simplemente se encogió de hombros y le contestó que vivió en su hogar hasta las veintitrés, un lugar no define una experiencia, es la mente quien lleva la experiencia a donde fuese, creando demonios internos que no permiten conciliar el sueño.

Y ella, llevaba ya dos semanas durmiendo tranquila… gracias a él.

El Ishida se acercó un poco más y tocó su brazo delicadamente. Mimi se sacudió en un escalofrío y él rio por lo bajo. Sus dedos bajaron, dejando un camino de piel erizada por donde pasaba, la miró de reojo notando que la respiración de la castaña se había acelerado.

-¿Puedo? – su pregunta la formuló en voz baja, pero aún así se notaban los tintes de nerviosismo.

—¿Por qué?

—Porque quiero tomarte de la mano y no soltarla nunca más.

IV

Joe Kido se sentó frente a Yamato. Lo observó detenidamente y tuvo que admitirlo, su hermano tenía razón, estaba cambiado. Tenía otra mirada, sus ojos azules brillaban, no eran opacos como el primer día que entró a su consulta.

—Lo lamento.

—¿Perdón? – el siquiatra iba a comenzar a tipear en su computador cuando el Ishida habló y no entendió por qué le pedía disculpas.

—Por haberte golpeado.

El hombre de lentes abrió la boca para responder, pero su sorpresa no se lo permitió.

¿Qué demonios había hecho su hermano en esos dos meses que estuvo fuera para que su paciente cambiara tanto?

V

—Yo no hice nada – comentó Shin Kido a Joe invitándolo a caminar por la zona donde estaban los pacientes en su etapa final de tratamiento – … fue ella.

Y apuntó con su cabeza a la castaña paciente de la esposa de su hermano que, sentada frente a Ishida en posición de flor de loto – que estaba en la misma posición – tenían ambas manos entrelazadas. Él trataba de hacerla reír, pero Mimi parecía reticente. Después de varios minutos, ella sonrió.

Yamato trató de acercarse, quizás con la intención de besarla.

Ella no se lo permitió.

VI

Mimi notó que había ganado peso, la camiseta que meses atrás le quedaba holgada, hoy se apegaba a sus curvas. Se miró en el reflejo de un ventanal, camino a su terapia, su cabello brillaba tanto que no recordaba cuando fue la última vez que estuvo así, sus mejillas habían recuperado el color y sus ojos… se reflejaba en sus ojos y no encontraba dejos de lo que había sido anteriormente.

—Buenos días, Mimi – saludó Orimoto con una sonrisa y con la mano le indicó la silla para que se sentara.

Pero ella no lo hizo, acarició el borde del respaldo de la silla.

—¿Sucede algo?

La castaña la miró y sus ojos se llenaron de lágrimas. La siquiatra alertada se levantó de su puesto y casi corrió al lado de su paciente.

—¿Qué ocurrió? ¿Alguien te hizo algo?

—Creo que lo quiero – soltó en un sollozo – pero no le puedo dar lo que él quiere.

—¿Ishida? – Mimi asintió. Un escalofrió recorrió la espalda de la mujer que sabía por su marido de las conductas sociópatas del rubio - ¿Te ha pedido algo? ¿Te ha obligado a hacer algo que tu no quieras?

—No – fue su respuesta tajante.

—Entonces… ¿Qué es lo que…?

—Un beso – interrumpió y en cuanto lo dijo se sintió como una niña de diez años – pero no puedo. Hace unas semanas me preguntó si podía tomar mi mano, pero le dije que no. Sólo hace tres días cedí. Pero ayer…trató de besarme. Nunca había dejado que alguien me tocara – se rio ante la oración – que alguien me tocara así y cuesta demasiado.

No pudo seguir hablando, comenzó a llorar como hace años no lo hacía y su rubia siquiatra hizo lo que pocas veces, pacientes como Mimi permitían: la abrazó.

VII

—¿Vas a volver a componer?

Takeru Takaishi, al otro lado de la mesa en ese día de visitas, sonrió ampliamente. Su hermano le había pedido que le llevara su cuaderno en donde él escribía oraciones sueltas, que más tarde se convertían en canciones, éxitos de la mano de su banda musical, de la cual llevaba ya seis meses alejado.

—Quizás lo haga en mis tiempos libres… la inspiración volvió – y miró de soslayo a un par de mesas más adelante donde su castaña hablaba con un moreno. Esa vez la pelirroja de siempre no estaba.

—El jueves llamó tu representante y dijo que estaba todo listo para que vuelvas en Agosto. Se ganaron todas las demandas – Takeru entrelazó sus dedos, nervioso – Hermano, necesito preguntarte algo – Yamato lo miró alzando una de sus cejas y esperó - ¿Estás bien?, digo volver a las giras, volver a lo de antes. Desde la disquera indicaron que una sola demanda más y cortan los lazos contigo independiente de lo difícil que les resulte conseguir otro vocalista. Pero su alegato es que esconder las demandas y hacer hasta lo imposible para que no salieran a la luz, fue altamente costoso y…

—Que se queden con las propiedades – dijo – con los autos… Takeru que se queden con todo. No volveré a la banda.

Al rubio menor se le desencajó la mandíbula. ¿Había oído bien?

—¿Qué?

—Lo que escuchaste, no volveré. Déjalo muy en claro a mi representante que de paso está despedido. No quiero más de eso. Descubrí algo que llena cada célula de mi cuerpo y no voy a dejarla ir.

VIII

Taichi miró a su amiga y acogió sus manos entre las suyas.

—Te ves hermosa, Mimi. En verdad te ha hecho bien este lugar. Te quedan solo dos semanas para que seas dada de alta – sonrió - ¿Estás contenta?

—No sé si contenta sea la palabra que debería usar, pero al menos estoy tranquila.

El Yagami se acomodó en su asiento incómodo y apretó con más fuerza las manos de su amiga.

—Te tengo que contar algo, es el motivo por el que Sora no pudo venir.

—¿Le ocurrió algo? – las manos de Taichi estaban helada, cosa extraña ya que siempre estaban tibias.

—Encontraron a tu padre muerto – el corazón de la Tachikawa se alborotó y su mente pensó de inmediato en Yamato – descubrieron que debía montones de dinero a unos tipos por sus juegos en el póker, al parecer tomaron venganza y le prendieron fuego. Hay un hombre confeso, Sora está averiguando por eso no está aquí - el moreno estiró su mano hacia la mejilla de su amiga y la acarició con cariño – Ya no tienes de qué preocuparte, Mi-chan. Eres libre. Y en dos semanas más vendremos con Sora a buscarte.

IX

Yamato caminó de un lugar a otro, giraba alrededor de Mimi y luego volvía a caminar de izquierda a derecha. La Tachikawa ya estaba mareada.

—¿Puedes quedarte quieto de una vez?

Y así lo hizo, de golpe, frente a ella. La miró molesto y Mimi no entendió el porqué.

—¿Por qué a él lo dejas tocarte?

—¿De qué hablas?

—Ese moreno… el día de visitas. Te tocó la mejilla, te tocó las manos. ¿Por qué el sí puede y yo no?

—Taichi…

—Sí, si… ése.

—Es mi mejor amigo, lo conozco hace muchos años.

—¿Te gusta?

Mimi rio incrédula.

—Es mi mejor amigo y a su vez es el novio de mi mejor amiga.

—¿La pelirroja que no fue?

—Sí, ella… - La castaña lo miró y de un momento a otro sus labios se curvaron en una sonrisa burlona - ¿Estás celoso?

—¿Qué?... ¿Yo celoso?... ya quisieras… - y le dio la espalda con las manos apostadas en sus caderas.

Mimi lo rodeó para poder mirarlo de frente y fue ella quien tomó sus manos y las entrelazó a las suyas. Yamato no ocultó su sorpresa, él era el que siempre tomaba la iniciativa cuando de tocarla se trataba y lo hacía siempre después de pedirle permiso.

Eso era lo que Joe Kido le había instruido, luego de confesarle que se había enamorado de la castaña, las víctimas de abusos son reacias al contacto físico con personas que no conocen, porque creen que pueden ser lastimadas nuevamente.

Ve lento y siempre pídele permiso. No hagas nada si ella no te lo permite.

—Yamato, puedes… - y con una señal de su cabeza le pidió inclinarse.

Él lo hizo, Mimi se empinó un poco. Ladeó su cabeza y a pesar de que creyó que no serían tan difícil, lo fue mucho más.

Sus labios temblaron cuando tocaron los del Ishida.

Mimi podía decir con todas sus letras que era su primer beso verdadero. Yamato pudo decir lo mismo.

X

El rubio Ishida dejó caer su pequeño bolso en el salón del departamento de su hermano menor.

El piso de Takeru Takaishi era pequeño a pesar de tener dos habitaciones. En el cuarto que le había sido asignado pudo encontrar cuatro de sus guitarras y tres bajos. Respiró complicado e inconscientemente se tomó dos de sus píldoras sin la necesidad de un vaso de agua.

—¿Qué vas a hacer con ellas? – preguntó su hermano apoyado en el umbral de la puerta.

—Remátalas. No las quiero.

—¿Rematarlas?... ¿Estás seguro?

—Créeme TK – le dijo con una sonrisa a medida que se colocaba una chaqueta de cuero negra – Jamás estuve tan seguro de algo. Voy a salir.

—¿Tan tarde?

—Tendré mi celular prendido, lo prometo. Puedes llamarme a la hora que creas necesaria. Necesito hacer algo…

—¿Se llama Mimi Tachikawa?

Yamato se sonrojó, cosa muy extraña en él y al notarlo su hermano se rio.

—¿Cómo sabes…?

—Durante el tiempo que estuviste en terapia me visitaron los amigos de ella. Son muy agradables. Conversamos bastante. Todos estamos felices de que hayan salido airosos de sus respectivas terapias, hermano - se acercó a él que aún estaba inmóvil en medio del dormitorio. Le dio un par de palmadas en la espalda – Es bueno verte feliz.

Y salió del cuarto con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón.

XI

Mimi escuchó como la ventana de su habitación de abría despacio. Se sentó en su cama rascándose los ojos ya que estaba a punto de quedarse dormida cuando lo oyó.

Yamato caminó hacia ella, sacándose los zapatos y metiéndose con todo y ropa entre las sábanas de la castaña. Se acercó lo suficiente para dejar su frente pegada a la de la Tachikawa. Sus alientos me mezclaron y ambos sonrieron.

—Hoy en la mañana renuncié – habló el rubio y le pidió permiso para tomarla de la mano. Ella asintió – Creo que terminaré mi carrera en la universidad, nunca es tarde.

—Me llamaron para jugar un torneo de póker que se celebrará en Singapur a fines de mes.

—¿Aceptaste? – Yamato la miró a los ojos esperando una respuesta que se demoraba bastante en llegar.

—No, no quiero saber nada más de eso. Venderé esta casa y el auto. Compraré algo pequeño y… - le dedicó una caricia al rubio en sus cabellos dorados - … creo que también volveré a estudiar.

—Takeru dice que si todo sale bien, puedo emanciparme en unos dos meses y volver a tomar el control de mis pertenencias.

—¿Queda algo?

—No mucho. Me queda el primer departamento que compré, cuando recién comencé mi carrera y una moto. Ambos estaban a nombre de Tk, así que no fueron embargadas.

Mimi se acomodó bajo la barbilla de Yamato y él la abrazó con cuidado.

—¿Puedo besarte? – el rubio bajó su rostro quedando a pocos centímetros de la boca de la castaña.

Ella tembló, aún habían cosas que le costaban y que según su siquiatra iban a demorar varios meses más en superarse. Y estaba en ello, después de abandonar la clínica, asistía a terapia personalizada en la consulta privada que tenía Izumi Orimoto.

—¿Me quieres? – y esa fue su respuesta a la pregunta.

—¿Quererte?... ¿Te diste cuenta lo que hiciste conmigo?... ¿Te diste cuenta que no fue ni Shin Kido, ni Jou Kido, ni los medicamentos los que me sanaron y alejaron mis demonios internos? Fuiste tú y aun no entiendo cómo lo hiciste… - se detuvo para borrar las lágrimas que comenzaron a correr por las mejillas de la chica - … ¿Quererte, Mimi? Podría decir que te amo y quedaría corto con lo que siento por ti. Por ti hago todo, incluso pagarle a alguien para que se culpabilice de aquello… para que tú estés tranquila. Así que si quieres saber si te quiero, la respuesta es no. Te amo e insisto… es más que sólo amarte.

Y Mimi no necesitó oír más, ella misma lo besó, pero esta vez fue con seguridad. Lo besó con pasión, con locura, con ansiedad, con libertad y sin miedos.

Esa noche, ambos durmieron abrazados, ningún demonio interno los molestó, ni esa noche, ni ninguna de las que les siguieron.

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No hay más, reto cumplido.

Blue, espero que te haya gustado :)

A todos los demás! Ya saben!

Os quiero, os adoro

Nos leemos en otra historia.