N/A: Los personajes no me pertenecen.
Información: En esta historia, solo hay un pequeño cambio…Pansy Parkinson es rubia. (:
Capítulo 2
2 Meses después…
-Y después le dije que se fuera al carajo, pensó que podría llamarme a la hora que quisiera para tener sexo ¡El muy idiota!- exclamo una mujer que colocaba un líquido sobre la bolsa de suero que estaba conectada a una joven rubia.
-Te digo que los hombres no sirven para nada ¡es tan estresante! A este paso seremos unas solteronas Jazz- un suspiro deprimido salió de sus labios
-No, tenemos que fijarnos bien a la próxima Sam… - le dijo decidida, mirándola-¿podrías pasarme la bolsa de orina?- le pidió
La enfermera de nombre Sam se agacho para desconectar la bolsa cuando un quejido proveniente de la cama la hizo levantarse nuevamente.
-¿Escuchaste eso?- le pregunto acercando su oído al rostro de la joven recostada en la camilla- creo que está despertando ¡Rápido llama al doctor!- la otra enfermera salió de prisa regresando minutos después con el Doctor.
-¿Qué sucede Sam?-le pregunto tomando el diagnóstico de la chica.
-Creo que está comenzando a despertar, la escuche gemir- le comento.
El doctor se acercó analizándola con la mirada, tomo una pequeña linterna y abrió uno de sus ojos para alumbrarla, justo cuando su mano comenzaba a moverse.
-Tienes razón…-susurro el doctor.
-Dios la tiene con ella, un día mas y la hubiéramos desconectado- comento Jazz tomando la mano de la joven entre las suyas.
La joven comenzó a mover la cabeza con lentitud, podía escuchar las voces, su visión era aún algo borrosa y sentía el cuerpo un poco pesado.
-¿Señorita, me escucha?-le hablo el doctor, recibiendo un movimiento de cabeza en forma de aceptación- eso es genial... ¿Puedes decirme algo?
-Mm… ¿Dónde… dónde estoy?
-No se mueva aun, necesita descansar un poco más-le dijo el doctor mirando a Jazz para que le diera un calmante – duerma un poco por ahora… después poder contestar a sus preguntas.
La rubia lo miro confundida, no por mucho tiempo ya que sus ojos se cerraron nuevamente debido al medicamento que le habían proporcionado.
.
.
Tenía tiempo despierta y todo aquello que veía se le hacía realmente confuso en su cabeza. Sabía que estaba en un lugar donde curaban personas, pero todos aquellos artefactos se le hacían tan extraños, como si nunca los hubiera conocido.
-Veo que has despertado- escucho la voz de la enfermera entrando por la puerta con una bandeja de comida en las manos- te he traído comida, debes estar hambrienta.
-¿Dónde está el hombre con la bata blanca?- le pregunto secándo una sonrisa a la enfermera
-Te refieres al Doctor, su nombre es Pete- aquel nombre le resultaba tan familiar…
-¿Doctor?- repitió-¿Cura enfermos, no es así?-le pregunto no muy convencida, se sentó sobre la cama para comer la comida, bajo la mirada algo extrañada de la enfermera.
-Así es…
-¿Cuándo lo voy a ver?
-El vendrá a verte en unas cuantas horas, provecho- le respondió antes de salir por la puerta.
.
.
Se irguió sobre la cama cuando lo vio entrar con una bolsa de plástico y una carpeta de papeles.
-¿Cómo amaneciste? ¿Te sientes mejor?- le pregunto apuntado con la linterna sobre sus ojos.
-Sí, mucho mejor pero…
-Dime pequeña ¿Puedes decirme tu nombre?- la interrumpió
-¿Mi… mi nombre?- su vista vago por la habitación intentando recordar algo, pero su mente estaba en blanco. –Yo, no lo recuerdo-susurro
-¿Qué es lo que recuerdas?
-Bueno, solo…- cerró los ojos intentando recordar algo, lo que fuera pero era imposible.
-De acuerdo…-susurro el doctor, acercando una silla a un lado de su cama- sufriste un accidente de avión, no tenían mucho volando por lo cual te encuentras en parís, lamento decir que muy pocas personas sobrevivieron. – Hizo un pequeño silencio antes de continuar- Has sufrido un pequeño trauma, lo cual te causo una pérdida de memoria que puede regresar tarde o temprano, o tal vez no. – Tomo una profunda respiración al ver la mirada perdida de la joven- esto venia contigo cuando te internamos-le dijo entregándole la bolsa de plástico que ella abrió rápidamente para inspeccionar su contenido.
-Amy Evans- susurro- ¿Esa soy yo?
-Bueno, es tu cara en ella-le sonrió con amabilidad
-¿Venia con alguien más? – todo eso era tan extraño.
-No lo sabemos…
-Mm… ¿Entonces, que se supone que va a pasar conmigo?
-Estarás aquí hasta que te sientas mejor, después podrás regresar a casa- le informo
-Mi casa...-susurro mirando el pasaporte entre sus manos- Nueva York. ¿Es ahí?-le pregunto al Doctor
-Eso es lo que dice tu identificación, así que supongo que si-se levantó de la silla, colocándole de nuevo en su lugar- Lamento no poder ayudarte, pero lo mejor que puedes hacer es ir ahí y buscar respuestas- le dio un apretón a su mano suavemente antes de salir de la habitación.
-Amy Evans- se dejó caer sobre la almohada confundida.
No podía comprender como era posible que no pudiera recordar nada de su familia y amigos, pero lo que realmente le daba dolor de cabeza era poder reconocer cosas como autos, televisiones, celulares, y no saber realmente sus funciones, incluso presentía que ni siquiera sabía cómo usarlas.
-¿Qué demonios es un avión?- susurro antes de cerrar los ojos y caer dormida.
.
.
.
.
Abrió los ojos de golpe, por la oscuridad sobre la ventana podría darse cuenta que aún era noche, miro en busca de alguna persona cerca pero todo estaba demasiado tranquilo. Algo la había hecho despertarse sobresaltada, como si algo fuera a suceder.
Tomo el pasaporte entre sus manos nuevamente y lo inspecciono atentamente, algo le decía que ir aquel lugar no le serviría de nada, se detestaba en esos momentos por esos malditos sentimientos que solo la hacían confundirse más.
-¿Qué tal si estaba escapando?- se preguntó, se levantó de la camilla para dirigirse al baño cuando en la ventaba de vidrio una luz extraña se veía a lo lejos por los pasillos.
-¿Seguro que es por aquí? Si nos equivocamos el jefe nos mata
-Por supuesto que estoy seguro, en la habitación 203, rubia de ojos de color verde.
Se miró en el espejo asustada, ella era rubia y de ojos verdes ¿Sera que hablaban de ella?
-¿Por qué es tan importante esta chiquilla?
-No lo sé, pero el jefe la quiere viva o muerta… espero que no nos cause problemas porque no dudare en meterle un bala en la cabeza- lo escucho decir, su voz se escuchaba demasiado cerca, y por dentro deseaba que dieran de largo su habitación, que no fuera a ella a la que buscaban.
Ahora más que nada, no comprendía lo que sucedía ¿Quién demonios era ella?
Su instinto le decía que corriera, que tenía que salir de ahí lo más pronto posible. Coloco el seguro a la puerta y tomo la ropa sobre la silla vistiéndose con rapidez, si era ella o no, no se quedaría averiguarlo.
Cuando se dispuso abrir la puerta las luces de la linterna de los hombres apuntaban a su habitación "203". Ni siquiera lo pensó, corrió hacia la ventana cuando los hombres forcejeaban la puerta y salió por ella sin darse cuenta que estaba a dos metros del suelo. Trato con fuerza caminar de lado sobre el pequeño techo para llegar hasta un tubo del cual podría bajar, casi se resbala del tuvo cuando escucho un disparo, levanto la vista y aquellos hombres la miraban desde la ventana.
-¡No podrás escapar pequeña!-le grito riéndose, casi saboreando su rostro lleno de miedo. –¡Ve por el otro lado!- le escucho decir a su compañero. El hombre salto de la ventana siguiendo el camino que ella había recorrido. No supo de donde saco las agallas para bajar con más rapidez, agradeciendo al cielo que el otro hombre aun no llegaba a la calle.
-¡Te encontraremos a donde quieras que vayas, ríndete ahora!- dio un salto y sus pies tocaron el suelo y acto seguido comenzó a correr a gran velocidad al momento que la lluvia caía sobre las calles, con los dos hombres corriendo detrás de ella.
Corrió más de prisa, sentía los pies adoloridas, estaba descalza sin nada que la cubriera del frio que hacía, y lo peor de todo es que no tenía a donde dirigirse.
-¡Juro que cuando te alcance…- lo escucho decir cuando cruzo la calle, el sonido de un coche frenando con fuerza la hizo girar justo en el momento en que veía al hombre estrellarse sobre el parabrisas y volar por los aires.
Todo había sido demasiado lento, el coche, el hombre volando, la sangre… la habían hecho quedarse inmóvil hasta que el otro sujeto comenzó a disparar sin escrúpulos haciéndola despertar de su trance para volverá correr con desesperación.
-Tyler…-le hablo al hombre sobre el suelo- hermano… háblame.
-No llores- gimió sintiendo la sangre brotar de su boca
-¡Esa maldita… te juro que la encontrare y la haré pagar!
-Tienes que irte…
-No te dejare aquí- le dijo intentado levantar su cuerpo
-No seas estúpido… la gente. Te vio. Disparar… debes. Irte- le dijo entre gemidos de dolor.
-Te amo hermano… juro que la haré pagar.
-Se. Qué. Lo harás- le susurro antes de cerrar los ojos para siempre
-Adiós hermano-le dijo entre sollozos besando su frente, huyendo del lugar prometiéndose que no descansaría hasta encontrarla, le costara lo que le costara.
