Rurouni Kenshin ni ninguno de sus personajes me pertenece. Hago esto por diversión y sin fines de lucro.

Deseando Vivir

Capítulo dos

En seis días

O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o – O

Kaoru acabó de acomodar en su cartera las cosas que traía en ella y miró su dedo anular, desprovisto del anillo matrimonial. El tiempo que lo había usado había dejado una marca pálida en la base de su dedo y sentía raro no llevarlo.

Lo había dejado en su casa después de firmar los papeles, reafirmando su posición de separarse de su marido, pero la valentía se le había ido al cerrar la puerta tras ella. Ahora que le estaba tomando el peso a la situación, estaba dudando de haber tomado la decisión correcta. Si no hubiera sido porque vio a Kenshin esperándola en el auto, seguramente se hubiera quedado. De alguna forma, verlo le dio fuerza. No podía quedarle mal y volver a la jaula ahora que él la ayudó en su libertad. Pero se veía tan segura esa jaula...

Sabía que era bueno alejarse de Enishi para ella, pero sentía mucho temor por lo que pudiera venir a futuro. Estaba aterrada y no quería pensar aún en eso, asi que prestó atención al camino. Hizo un mohín al reparar en que iban por el centro de la calle, traspasando el eje de la calzada.

Miró a Kenshin. Cuando la llevó al hospital le había parecido que hacía lo mismo. Eso era un poco riesgoso, ¿no?

-Kenshin... hem... ¿pasa algo?

Él se veía bastante tranquilo, muy atento a todo.

-No. ¿Por qué?

-Va por el medio...

Ella notó algo. Fue un gesto ligero. Muy ligero de entrecerrar los ojos, pero eso no afectó su sonrisa. Kenshin rectificó el volante y se acercaron a la vereda. En lo que le pareció ya un gesto propio de él, se tocó el brazo izquierdo, a la altura del bíceps.

-Debe ser que estoy acostumbrado a guiar por el otro lado de la calle. Discúlpeme.

Kaoru se acomodó en el asiento y logró relajarse. Era fácil hacerlo con Kenshin. Suspiró, pensando en toda su ayuda y preocupación a pesar de ser un desconocido venido del otro lado del mundo.

-Le quiero agradecer... - comenzó, pero sonó su teléfono. No quiso contestar al ver el nombre en la pantalla, pero cuando timbró por tercera vez, Kenshin divertido dijo que si ella quería, contestaría él y diría que era el ladrón que lo robó.

Aunque no dijo nada, Kaoru pensó que esas cosas no pasaban mucho en Japón. Contestó.

Era su madre.

A momentos, su voz era tan alta, que Kenshin podía escucharla sin problemas y supo que estaba atrapado en una situación incómoda. Kaoru, roja, trataba de hablar, pero su madre no se lo permitía, y estaba sumamente enfadada con ella.

-¡¿En qué estabas pensando cuando lo dejaste?! ¡¿Es que eres estúpida?! Nunca encontrarás a un hombre como él...

-Pero mamá...-

-Nos deshonraste. ¿Estás contenta ahora? Tu padre está muy disgustado contigo. ¿No te enseñamos acaso que el matrimonio es un vinculo sagrado y eterno? Enishi es un buen hombre, puede tener sus cosas, pero tu deber es hacer la vista gorda a eso porque lo más importante es mantenerse unidos...

-Pero mamá, yo no podía... -

-Escucha, no me importa lo que te haya pasado con él. Resuélvelo y regresa a tu casa. Yo acá no te recibiré, tú lo sabes. Harto nos costó que le hicieras caso... -

-Él tampoco me quiere. Firmamos los papeles del divorcio... esto es lo mejor.

Al parecer, su madre se había enfadado aún más. Tras varios segundos de silencio, estalló.

-¡No puedes ser tan imbécil! ¡Ya nadie se querrá casar contigo, qué no lo entiendes! ¡No quiero volver a saber de tí!-

Y cortó.

En ese momento llegaron al albergue y rápidamente Kenshin se bajó para sacar la maleta. Al rodear el auto y abrir la puerta de Kaoru, notó que ella ni siquiera se había sacado el cinturón de seguridad. Estaba en shock.

Él se agachó junto a ella.

-Tranquila...

Kaoru asintió y bajó lentamente. Kenshin se arrepintió de haberla emplazado a contestar y cargando la maleta, subieron a su habitación. Kaoru se recostó de inmediato y él, sintiéndose fuera de lugar, decidió concentrarse en la comida y bajó a la recepción. Media hora más tarde les subieron algo para comer. Tras saciarse, Kaoru buscó en su maleta el pijama y se vistió en el baño para dormir. Pensaba en tomar una siesta, pero antes...

-Kenshin, pude recuperar mi clave de acceso a mi cuenta de ahorro. Tengo dinero ahí y me gustaría pagar mi parte del alquiler de este cuarto y luego mudarme para empezar de nuevo. No quiero molestarlo más.

-Creo que podemos conversar eso más tarde, pero lo primero es que duerma lo que necesite. Yo saldré a caminar un poco para conocer.- dijo Kenshin. Kaoru le sonrió, deseando acompañarlo, pero sintiéndose muy cansada y adolorida en el bajo vientre, intentando ignorar esa sensación de "vacío" que tenía, asi que se arropó y cerró los ojos, durmiendóse de inmediato. Kenshin dejó las bandejas con los platos vacios fuera de la puerta como le indicaron y regresó para poner la maleta de Kaoru en su lugar y buscar una bufanda. Estaba en eso cuando se volvió para mirarla dormir. Regresó su atención a la bufanda, y se topó con su propio futón enrollado en el armario. Había algo muy práctico en ese tipo de cama que se armaba y desarmaba según uno lo necesitara y era muy cómoda. De pronto, le empezaron a pesar los párpados y salir ya no le pareció tan atractivo. Desde que llegó a Japón no había descansado viajando del aeropuerto a Kobe y luego buscando donde dormir y tras conocer a Kaoru y llevarla al hospital, menos pudo hacerlo. Además, mientras Kaoru había sido operada el día anterior, él había tenido asuntos que atender, siguiendo en vigilia.

Kaoru se veia feliz durmiendo, como si su vida no se estuviera cayendo a pedazos. Le parecia una mujer muy fuerte y envidió que estuviera descansando. Y él podría estar haciendo lo mismo, total, las cosas que quería ver, sin duda estarían allí más tarde. Estiró el futón por ahí y se acostó, no sabiendo más de si en pocos minutos.

Un rato después, Kaoru entreabrió los ojos y al notar que Kenshin dormía destapado, le puso el cobertor encima y volvió a lo suyo.

Ambos estaban agotados. Durmieron toda la tarde y tras pedir algo de comer, siguieron toda la noche.

O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o– O

Yukishiro Enishi miraba por la ventana completamente abatido. Había pensado que obtener la firma de Kaoru lo aliviaría, pero la verdad es que se sentía aplastado. Sobre la mesa estaban los papeles que él mismo fue a buscar al ayuntamiento para el divorcio por mutuo acuerdo y reconocía sobre ellos el timbre con la firma de ella.

Como un tigre enjaulado, se movió con la soltura y gracia que caracterizaba a su atractivo cuerpo. Se quitó la chaqueta negra y la arrojó sobre el sofá. Luego se sirvió un vaso de vodka bien frío y tras eso, bebiendo fue a la habitación.

No faltaba nada, salvo algunas piezas de ropa. Kaoru sólo se llevó las prendas que usaba en su soltería. Desde entonces su figura poco había cambiado y sin duda las podría usar de nuevo. De pronto, descubrió sobre el velador el anillo de matrimonio y eso fue mucho para él. En un arrebato, Enishi estrelló el vaso contra la pared, emitiendo lo que pareció un rugido.

-¡Kaoru... !-

Se sentó a los pies de la cama y se tomó la cabeza. Kaoru... Kaoru... ¡Maldita sea! ¿Por qué tuvo que terminar asi?

Pero era mejor, después de todo. Ella era incapaz de darle un hijo y por su causa, no lo ascenderían en el trabajo. El presidente había sido muy enfático. Su empresa apoyaba las tradiciones familiares, por ende, sólo sería gerente el que tuviera una familia bien constituida, con descendencia y todo.

Hacía cuatro años había entrado a esa empresa, tras terminar la universidad con sus objetivos claros: El máximo cargo posible. No era fácil lograrlo tan rápido en un ambiente en el que se miraba mal el individualismo y se exigía que siempre estuvieran todos a la par, pero había trabajado duro, había soportado las humillaciones máximas de sus superiores sin chistar, aunque acumulando rabia en su interior que desquitaba en el gimnasio cuando estaba de novio con Kaoru y ya después, casado, se la guardaba. El no conversaba de sus problemas, aunque ella demostraba interés y decía con dulzura que quería ayudarlo en lo que pudiera. Era tan ingenua.

Pero así como sus superiores le humillaban y la tradición de la jerarquía le obligaba a aguantarse, él empezó a ascender sobre ellos... y a cobrárselas. Su trabajo era tan absolutamente perfecto que nadie podía pararlo. Al que más placer sintió de cobrárselas fue al cerdo de Takamura. Al que sorprendió en más de una ocasión tocando a las mujeres del área.

Todavía lo recordaba. Rata miserable. En sus primeros días de trabajo cometió un error de principiante. Nada grave, por lo que pudo saber después, pero Takamura lo descubrió y lo chantajeó de una forma asquerosa. Lo hizo quedarse una noche a realizar trabajo extra para arreglar su error, y cuando Enishi estaba a punto de irse, lo condujo aparte y le pidió sexo oral.

-Olvídelo. Jamás haré tal cosa.

-Está bien. Tu error lo conocerá Banjo y puedes olvidar tus aspiraciones de salir de mi departamento algún día. Me pregunto si podrás mantener una familia con tu sueldo de practicante. ¿No te casas el próximo mes?

Apretando los puños y pensando en su futura familia, Enishi esa noche cedió a la petición de Takamura. No hubo nada mas que eso. Sólo dar y recibir sexo oral, en esa vez. Suficiente para que vomitara camino a casa y Tomoe le preguntara si se sentía bien al verlo llegar.

Pero el tiempo le ayudó a cobrárselas. Su inteligencia e ingenio y por sobre todo, paciencia, le ayudaron a esperar el momento apropiado para hacer caer Takamura, tendiéndole una trampa tan, pero tan fabulosa que ese pervertido chantajista cayó redondo en ella. Enishi tomó su cargo, y Takamura descendió, aunque siguieron en el mismo departamento.

Habiendo descubierto el nuevo poder que tenía, Enishi no se quedó conforme con sobrepasar a Takamura. Quería destruirlo por completo. Por tradición, no podía hacer que lo despidieran, pero podía convertir su vida en un verdadero infierno, por aquella media hora para olvidar que le había hecho vivir en el baño de varones.

Era cierto que otros superiores le habían hecho pasar malos ratos, pero él entendía que era parte del juego entre el recién llegado y el de nivel superior. Pero Takamura...

Le asignó trabajos que él mismo boicoteaba con placer, a escondidas. La incompetencia de Takamura fue algo que incluso los superiores de Enishi pudieron ver. Cuando cumplió el primer año de casados con Kaoru, Takamura nuevamente fue "reubicado" y Enishi escaló otro peldaño. Ya en ese puesto, las cosas se pusieron más difíciles. Todos en ese departamento eran muy competitivos bajo la fachada de "trabajamos en equipo"y eso le gustó. Estar a la cabeza, ser reconocido como el más eficiente, el de pensamiento más lógico y racional, pero a la vez sumamente ambicioso. Ya era cosa de niños boicotear a Takamura, ahora competía con gente a su altura y por eso, él mismo estallaba cuando alguien de nivel inferior hacía mal algo que él le había pedido. Su cabello empezó a blanquear. La presión laboral era mucha.

Y sin embargo, le gustaba.

Cada noche, al llegar a su casa, Kaoru estaba allí, esperándolo, cálida y cariñosa como siempre. Era una belleza, más con toda la ropa y alhajas que le compraba, pero ella quería hacer otras cosas y él, que sentía que ya no podía vivir sin tener las cosas bajo control no podía permitírselo.

-No vas a trabajar y olvídate del baile. Si quedas embarazada este mes, de todos modos tendrás que dejarlo.

-Pero mi amor... ¿y si estudio algo? Me aburro mucho todo el día en casa sola.

-Puedes ir de compras.

-Pero mi amor, eso no me motiva.

-Querida, no trabajaras ni estudiarás ni bailarás. Te quedarás en casa y te embarazarás de nuestro bebé.

-Es que no es justo. Enishi, yo necesito...

-¿Me estás contradiciendo?-

Enishi no sabía a ciencia cierta si su personalidad siempre había sido así o el trabajo lo había envilecido más. Nunca la abofeteó o le aplicó algún castigo físico. Pero la dominaba de forma sexual, llevándola a la cama. No siempre Kaoru estaba con ánimos de ceder, pero desde que a Enishi se le metió la idea del hijo en la cabeza, siempre tenía hacerlo.

A él le placía la idea de haber dominado a la muchacha de caracter apasionado que conoció en las afuera del instituto. La chica que no quiso darle su nombre cuando se lo preguntó, ni hablar con él cuando se le plantó delante, la que lo dejó hablando solo en un montón de ocasiones... la que dijo que él no era su tipo, aunque él estaba muy consciente de su atractivo.

La que lloró en la primera cita que tuvo que tener a la fuerza con él cuando astutamente se ganó a su familia. La que un día, rabiando, le había confesado que muy a su pesar se había enamorado de él.

Kaoru no era una mujer cualquiera. Era algo así como una fuerza de la naturaleza y él lo sabía. Y esa fuerza él la había encerrado para sí entre cuatro paredes y la poseía cuando quería. Y ella hacía lo que él pedía.

Aún cuando después del segundo aborto ella se derrumbó y aún así, cedió a sus peticiones. Kaoru era suya, y siempre lo sería... pero no le servía.

Sin embargo, en la última pelea... esa pelea... Enishi levantó la cabeza al recordarla. La forma en que Kaoru le habló y luego cuando él le exigió, como otras veces, complacerlo... y esa mirada que le dirigió de odio al salir por la puerta... Era como si de alguna forma, aún estando pulverizada, la vieja Kaoru que tenía la voluntad para ignorarlo hubiera vuelto de algún modo. Como si de entre sus cenizas se estuviera reconstruyendo. Se preguntó a qué se debería. Tal vez ya no lo querría. Quien sabe.

Pensó arrugar los papeles y buscarla para traerla de regreso, pero aún teniéndola, no podría ser padre. Tal vez le resultaría más fácil divorciarse, ligar alguna chica y casarse con ella. Estaba consciente del efecto que causaba en una mujer con cosas tan simples como rozarle una mano. A una mujer normal podía embarazarla en pocos meses. Con ese hijo tendría su ascenso a gerente y su esposa, en tanto, tendría una buena posición, dinero... estaría protegida. No le parecía tan malo el intercambio.

Pero si le pareció malo cuando rato más tarde, se acostó a dormir y no encontró a Kaoru tibia y abrazable bajo las sábanas. Su cuerpo, acostumbrado como estaba a ella, ardió de impotencia al no sentirla. No era sólo una cuestión física. Aunque con su lógica y ambición intentaba aplastar sus sentimientos, la echaba en falta, aunque rabiosamente se recordaba que ella no podía ser madre.

Mientras, a esas horas, Takamura acababa de terminar de imprimir y luego fotocopiar una cantidad inacabable de hojas. Puso todo en orden y con un bostezo, apagó las máquinas para marcharse. Tenía que hacer este trabajo bien, después de todo, lo habían reubicado sin ayudante en ese lugar hacía tres días y la cantidad de hojas a fotocopiar cada dia era infernal.

Y si lo reubicaban de nuevo, sería más fácil ir al bosque a colgarse.

O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o– O

Despertó temprano y consideró que no valía la pena quedarse en la cama... ehh... futón. Kenshin tenía algo que hacer y sacó la ropa de su bolso para elegir qué ponerse con cuidado. Cuando Kaoru despertó, ya estaba duchado, peinado, con una camisa blanca y un pantalón gris, zapatos de vestir y se hacía el nudo de la corbata.

Kaoru siempre vio a Enishi, su marido, como uno de esos hombres que sin problema podía posar para una revista y ser el objeto de deseo de una gran cantidad de mujeres. Era algo que saltaba a la vista y nunca le había pasado considerar que otro hombre pudiera comparársele. Pero ahora, mirando disimulada la espalda de Kenshin y el modo en que se angostaba hacia la cintura... él era un hombre bajo y delgado, pero de un modo distinto, lucía atractivo.

O eso le parecía.

-¿Y esa ropa?

-Tengo una cita para hoy, Kaoru. Y no puedo ir informal. Supongo que en USA y Japón esto es formal, ¿no?.

-Podría conseguirse una yukata y sorprendería a su cita.- se burló ella. Kenshin le puso una cara mientras se acomodaba la corbata.

-Si, si, si... y los obi y esas cosas. Prefiero mi ropa occidental.-

Rieron. Qué agradable complicidad tenía con él, pensó Kaoru. Enishi en general era dado a las ironías un poco más densas cuando ella buscaba juego. Echó su cobertor hacia atrás.

-Tengo hambre. ¿Cree que me puedan traer algo de comer?

-Claro. Ya pedí el desayuno. Debe estar por llegar, aunque si quiere, puedo cancelarlo y bajamos al comedor.

-No. Aquí está bien. No quiero que se atrase para su cita por mi culpa.

-Tengo mucho tiempo. Es al mediodía.- dijo seguro y en eso llegó el desayuno. Comieron con avidez y terminaron pronto.

La miró y quiso decirle que iría con tiempo por si se perdía, porque aunque le encantaría ser acompañado, pensaba que ella necesitaba descanso y que tal vez no les interesaba salir. Tenía sus problemas.

-¿Pero sabe llegar a donde va?- preguntó Kaoru.

-Ya aprendí a usar la aplicación del mapa.

-Recuerde guiar por el carril izquierdo.

Kenshin suspiró, mirándola. Había tantas cosas que ella no sabía de él... se puso la chaqueta y una bufanda.

-Desde luego.

Sonriendo, fue hacia la puerta, pero percibió que ella se movía y se volvió.

-¿Necesita algo?

Kaoru, que se había sentado, lo miró por un momento, confundida.

-No. Es decir... tal vez... ¿está seguro que sabe llegar?

La sonrisa de Kenshin para evitarle preocupaciones a la joven se convirtió en una sonrisa real.

-No tengo ni la menor idea.

-¿Puedo acompañarlo?- Dijo apresurada. No se quería quedar sola. Sentía que se derrumbaría.

-Tal vez le vendría mejor descansar otro poco... - dijo Kenshin con cautela al notar su cara de tristeza.-La doctora...

-Ya no quiero dormir más, aunque... tiene razón...- dijo arrepentida de su arrebato.- Por favor, vaya a su cita. Además, yo saldré a caminar. Me vendrá bien.- acabó, fingiendo optimismo.

Kenshin la estudió un par de segundos. Avergonzada, Kaoru tomó su cabellos y los retorció entre sus dedos.

-Discúlpeme. No soy su responsabilidad.

-Eso es algo que yo decido. Vamos, vístase. Sea mi guía y luego vemos donde comer y a dónde pasear. Recuerde que soy un turista más aquí. Mi madre me pidió que llevara muchas fotos y no tengo ninguna.- dijo sacando una enorme cámara de su bolso.

Media hora después, en el auto, Kaoru preguntó a Kenshin sobre el lugar al que se dirigían.

-Voy al Kobe Adventist Hospital.

La joven lo miró un momento mientras ponía el auto en marcha y desechó preguntar a qué iba. Ya mucho estaba interfiriendo en sus vacaciones como para más encima, indagar en sus cosas. Se preocupó de darle las indicaciones y de sintonizar una estación de radio. Encontró un tema que le gustaba y como Kenshin parecía bien con eso, lo dejó. Incluso notó que él seguía el coro en inglés luego de subir el volumen un poco torpe, con la mano izquierda.

-"Fight Fight till yours fears they go away..."

A ella le costaba el ingles, asi que tarareaba hasta que la canción terminó y empezó otra, al parecer, menos interesante porque él apagó la radio.

-Mi padre trabaja en ese hospital.- soltó Kenshin de pronto.- Mi cita es con él.

Cuando llegaron, Kaoru echó su asiento para atrás, de modo que quedó horizontal. Él se sorprendió por lo práctico del vehículo.

-Vaya con su padre. Yo mientras me quedaré y haré algunas llamadas. ¿está bien?-

-Bien. Pero antes... digame... ¿cuál es el modo más... educado para dirigirme a mi padre? Aquí no es como en Oregon, donde yo puedo abrazarlo y decirle, "hola, viejo". No nos vemos hace tiempo.-

-Si su padre es un médico importante... creo que tendría que decirle algo así como... - Kaoru dijo una frase sumamente educada que Kenshin repitió y ella corrigió enseguida.

-Lo haré pésimo. Me echará a patadas...

-Tranquilo. Le irá bien. Sólo digalo de nuevo, y recuerde la postura de su cuerpo...

Pero Kenshin, que caminaba siempre sumamente derecho, se sentia torpe con la reverencia. Se tapó la cara con las manos y desesperado, giró sobre sí mismo.

-¿Por qué ustedes tienen que ser tan complicados con las relaciones? ¿Soy sangre de su sangre y no lo puedo abrazar?

-En ese caso, si le echará a patadas.

Suspirando, Kenshin le pasó las llaves, ajustó la calefacción del auto y dejó a Kaoru sola, preguntándose a quien llamaría y para qué. Cuando se encontró en el comedor con su padre, Himura Kenjiro, lo saludó tal como le indicó Kaoru. Notó la sorpresa en la cara de su padre.

Recibió de vuelta un saludo muy cortés. Entonces Kenjiro le indicó un asiento.

Hablaron sobre algunas cosas, como el viaje, lo cómodo del albergue donde Kenshin se quedaba y luego sobre lo bien que se encontraba Noriko, la madre de Kenshin, junto a Seijuro, su padrastro. Luego pasaron al verdadero motivo de la visita.

-Akagi, mi colega, está muy interesado en tu caso y por eso te hizo venir hoy para la entrevista. Debes sentirte muy afortunado de que una eminencia como él haya puesto sus ojos en ti, por eso, después de ver tu carpeta antes de ayer, te citó de inmediato.-

-Realmente me siento muy honrado. Y agradecido. Nadie en mi país ha podido ayudarme.

Kenjiro consultó su reloj.

-Vamos. Te dejaré con él y me voy, porque tengo una operación y he de prepararme en quince minutos más.

-Muchas gracias, padre.

-De nada, Kenshin.

O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o – O

Kaoru se sentía culpable por arruinar las vacaciones de Kenshin, asi que decidió llamar a Misao, la mejor amiga que había tenido antes de que Enishi se mudara a Kobe con ella. Si todo salía bien, se iría a quedar a su casa unos días.

Desde luego, no contaba con que Misao, feliz con su llamada, le contara que esperaba a su primer hijo. ¿Acaso tenía una pareja?

-Me casé hace unos meses. Te llamé, pero tu esposo me contó que... estabas pasando un mal momento.-

Kaoru no recordaba haber sido informada de esa llamada. Por las fechas, debía tratarse de su segundo embarazo.

-Si. Fue... complicado. Lamento no haberte llamado.- balbuceó la joven sin saber cómo continuar.

-Aoshi, mi esposito, está super emocionado y yo también. Pero... ¿Qué te habías hecho todo este tiempo? ¿Has podido tener hijos?-

Kaoru le contó la verdad, aunque no que acababa de perder al tercero, y se dispuso a escuchar de su amiga lo que le decía todo el mundo en su situación. Primero, que creyera en alguna entidad superior y que no perdiera la fe, y luego una lista de mujeres a las que conocía Misao, que después del primer aborto fueron madres y otros milagros para concluir, finalmente, que sólo tenía que relajarse y dejar de estar "ansiosa", entonces los hijos llegarían. También le sugirió en "pensar de modo que el universo conspiraría pronto para que fuera madre.

Hábilmente, Kaoru guió de ahí en adelante la conversación con el fin de no tener que hablar de Enishi ni de los hijos. Luego fingió algún imprevisto que la obligaba a cortar y prometió a Misao llamar de vuelta otro día.

-Soy un desastre. ¿Cómo espero que me ayude si ni siquiera sabía que se había casado?- Se dijo a si misma reacomodándose al sentir su cuerpo agotado, más que mal, el procedimiento de aborto era muy violento. Salió del auto y buscó un baño, resuelto ese asunto, regresó a la comodidad de su asiento.

Tras pensar un poco, resolvió que lo mejor sería volver a su natal Nara... no, ahí estaban sus padres y no querían verla. Entonces podría empezar de nuevo en otro lugar. En su cuenta personal de ahorro tenía dinero suficiente para subsistir algunos meses mientras se recuperaba y conseguía un empleo.

El albergue donde se encontraba con Kenshin era económico. Tal vez podría quedarse allí un tiempo más, o mudarse a un lugar donde aún fuera más barato vivir, en tanto se rearmaba. Entonces recordó a Tae.

Tae era otra amiga del instituto, pero se había mudado antes de que ella conociera a Enishi. Ellas mantuvieron el contacto y Tae vivía lejos, en Chiba. Rápidamente recurrió a su smartphone, la buscó mediante facebook y le solicitó amistad.

La buena fortuna estaba de su parte. Al parecer, Tae estaba en línea. De inmediato su amiga le envió un mensaje.

"Kaoru, tanto tiempo. ¿Cómo estás?"

Kaoru no estaba segura de qué ponerle. Lo mejor sería ir al grano.

"Mal. Necesito ayuda urgente"

"¿Qué sucedió?"

"Me separé de mi marido. Necesito irme de aquí. ¿Crees que encuentre donde vivir en tu prefectura?"

"En mi casa hay espacio para tí. Ven en cuanto puedas y aquí lo hablamos. Te envío mi dirección y mi teléfono"

Al rato llegó a Kaoru un mensaje de texto con esos datos.

"Muchas gracias. En cuanto resuelva lo de mi viaje te aviso"

Tae envió de vuelta una carita feliz, y le anunció a Kaoru que tenía que volver a su trabajo.

Había sido una comunicación mágica y Kaoru sintió que ahora todo empezaba a mejorar. Si Tae le ayudaba, sería fácil encontrar un empleo y empezar a subsistir sola... pero de pronto, con esa idea se empezó a asustar.

Todavía le quedaban por delante tres semanas de reposo. No era un reposo absoluto, pero no estaba segura de cómo enfrentar esos días. Además, sabía por experiencia que pronto podría sobrevenir algún tipo de depresión... si tan sólo pudiera volver a su casa podría llorar a solas, sin molestar a nadie hasta que pasara. De pronto sintió la necesidad imperiosa de volver a su casa. Tal vez su madre tenía razón y debía hacer la vista gorda a las malas actitudes de Enishi... esas cosas pasarían y volverían a ser una pareja.

Estaba muy confundida, pero como fuere, aunque Enishi, por alguna razón milagrosa rehiciera su vida de pareja con ella, seguiría dejándola sola todos los días para ir al trabajo y tomándola en cuenta sólo para "procrear" y ella ya no quería más de eso.

Kenshin tocó la ventana, sobresaltándola con una sonrisa en los labios.

-Me contaron que el casino del hospital es económico y la comida muy buena. ¿Se anima?

La joven salió del auto y lo siguió. Él la miraba y sonreía.

Qué fácil era vivir con Kaoru e incluirla en su día. Incluso dormir con ella al lado era simple. Le gustaba, no podía negarlo, pero por alguna razón no tenía problemas en dominar sus deseos. Era como... era tan raro pero... era como si se conocieran de toda la vida. Era como si él estuviera seguro de que nunca se separaría de ella.

Y desde luego, la realidad era muy distinta.

-Tengo una amiga en Chiba. Ha aceptado ayudarme y pienso que mañana mismo me marcharé con ella. Podrá seguir sus vacaciones más libremente.- le había dicho Kaoru.

-¿Pero está segura de que quiere hacer eso? ¿Dónde queda Chiba?-

-Hacia el norte. En un dia estaré allá.

-Pero a mi no me molesta su compañía. Realmente usted no entiende eso.

-Entiéndame usted a mi, Kenshin. Acabo de perder un hijo y terminé mi matrimonio de manera abrupta. No quiero estar aquí cuando me derrumbe, o cuando quiera regresar con Enishi. Necesito estar lejos y establecerme para cuidar de mi. Tae me ofrece esa ayuda y no seré una molestia para ella. En cambio usted debe querer hacer cosas que no puede por mi culpa y su tiempo ha de ser limitado en este pais.

Kenshin no la había querido mirar mientras la guiaba al comedor, pensando en sus propios asuntos. Él también debía buscar donde ser cuidado... él no estaba de vacaciones en Japón.

-Si quiere marchar, déjeme llevarla a Chiba. Si está hacia el norte, entiendo que Tokio queda por allá y también tengo que hacer, como llevar cartas a la familia de mi madre.

Era japonés, hijo de japoneses y hablaba el idioma, pero en esas tierras se sentía muy perdido. No se lo dijo, considerando los argumentos de Kaoru aplastaban cualquiera que él le diera y que lo correcto era dejarla ir.

-Está bien.- había concedido ella.- Nos separaremos en Tokio.-

O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o – O

La tarde había sido tranquila y Kaoru guió a Kenshin a los lugares interesantes de Kobe para compensar el tiempo que le había quitado y le tomó algunas fotos, aceptando, de mala gana salir en algunas con él. Faltaron algunos sitios que ver, pero quedaron de hacerlo al día siguiente. Por la noche, ya pudieron regresar a dormir, como ella necesitaba.

Estaba exhausta, asi que nada más tumbarse se quedó dormida. Kenshin también estaba agotado y tras ordenar su ropa de forma perfecta, se acostó. Durmió un par de horas y el dolor lo despertó. Un dolor punzante, terrible que iniciaba en el hombro izquierdo y se extendía hacia abajo por el brazo y por el mismo lado en la espalda.

Trató de controlar su respiración para calmarse y un gemido ahogado se le escapó. No había caso intentar bajarlo por medios propios, él bien sabía que era imposible dormir una vez empezaba. Se trató de incorporar y el dolor se intensificó.

Un nuevo gemido, y esta vez el sudor empezó a cubrirlo con una fina capa. Dolía, por Dios que dolía... se apretó el hombro con la mano derecha, como si así pudiera controlar el dolor y en eso, se encendió una luz muy tenue. Kaoru había despertado.

-¿Qué le pasa?

Con el rostro congestionado, resoplando, Kenshin intentó ignorarla por unos momentos, pero no pudo hacer nada cuando Kaoru se levantó y se sentó a su lado.

-¿Qué es eso? ¿Un infarto?

-No... No. ¡Dios!... Duele...- dijo en inglés, con una voz cansada.

Kaoru notó el sudor y supo que él no exageraba.

-¿Qué puedo hacer por usted? ¿Tiene medicamento o debo ir a buscar uno?

Kenshin trató de levantarse, pero ella no lo dejó.

-Digame.

-Búsquelo en mi bolso... -Gimió.-Mi bolso está...

-¡Pero hábleme en japonés! No le entiendo...

-Bolso... bolsillo interior... una caja no... no hay otra.

Kaoru corrió al bolso y buscó la caja que le pedían, pero para hacerlo tuvo que retirar un poco de ropa y unos documentos dejándolos por ahí. Al tener la caja en las manos, sacó las pastillas y le dio a Kenshin una botella con agua. Éste bebió con avidez. Encogió las rodillas y se puso la mano sobre los ojos, agachando la cabeza. Ella solo se limitó a esperar que el medicamento hiciera efecto y a poner las cosas del bolso donde estaban. Le daba mucha pena escuchar los quejidos de su amigo.

Tras quince minutos eternos para ambos, se empezó a calmar. Entonces se puso de pie. Quería ir al baño y lavarse la cara.

-Lamento haberla despertado. Muchas gracias por ayudarme.- dijo al regresar.

-¿Pero qué le pasó?-

Kenshin la miró, inseguro de contarle.

-Seguramente hice algún mal movimiento.

-Eso no puede ser un mal movimiento, Kenshin. ¿Lo ha visto un doctor?

Él asintió, tomándose el brazo con un gesto que ella le había visto otras veces. ¿Acaso le dolía siempre?

-¿Entonces?

-Estaré bien, no se preocupe. Esto no impedirá que viajemos mañana. Mejor acuéstese y descanse.

Kaoru no se acostó. Se quedó a su lado, mirándolo con intensidad.

-¿Es serio? Dígame. Lo vi muy mal. Me asusté.

Tomó aire para enfrentar una puntada leve del dolor y la miró. Ella le había hablado de su aborto y le había permitido ayudarla. Era justo entregarle algo de él.

-Es secuela de un... de un accidente que sufrí, hace seis años. Me destrocé el hombro y los médicos tuveron que reconstruirlo, hacer varias operaciones pero el dolor... es lo que ha quedado de forma crónica y leve. El dolor intenso no pasa siempre, ni todos los días, pero...

-¿Le ha dado desde que nos conocemos? La caja de calmantes es japonesa y le faltan pastillas.

-Si. La noche en que nos conocimos y la que usted pasó en el hospital.

-Pero eso es muy seguido.

Kenshin evitó su mirada y se levantó. Fue a la ventana y miró la calle. Enseguida se acostó de nuevo.

-Yo también lo pienso. Pero en fin... ¿Puede apagar la luz? Intentaré dormir y usted debería hacer lo mismo. Necesita descansar y reponerse.

Kaoru hizo caso, de mala gana. Quería seguir preguntando cosas. No podía evitarlo, la curiosidad la mataba, pero entendió que él estaba cansado.

A pesar de eso, Kenshin tuvo un sueño intranquilo y ella lo sintió moverse bastante, pues tampoco podía dormir mucho. Al rayar el alba, ambos recogieron sus cosas, anunciaron su salida, pagaron luego del desayuno y se marcharon.

Durante el trayecto, Kenshin habló muy poco, aunque siempre cuidó de ser agradable con ella. En alguna ocasión Kaoru notó que llevaba la mano derecha al brazo izquierdo y luego se arrepentía. Se preguntó como alguien que sufría de esa manera todo el día, pudiera ser tan amable con ella.

Se tomaron el viaje con calma y llegaron a Tokio por la noche. Kenshin quería seguir de largo hasta Chiba, pero ella prefirió tomar un tren desde allí.

-No puedo permitirlo. Kaoru. Aqui vamos muy cómodos, sus carreteras son lentas, pero muy seguras y manejar es un placer. Además, escuchamos música y paramos donde queremos.

¿Por qué tenía que ser tan encantador? Y lo peor es que no podía decirle que no. Kaoru miró a Kenshin preocupada: Enishi por lo general tenía que dominarla, pero con Kenshin ella se dejaba llevar. Ciertamente eso nunca le había pasado con ningún hombre. Además... dejaría de verlo al dia siguiente. Un poco más de su compañía no le vendría mal. Kenshin era tímido, o más bien, reservado. No del modo en que lo era un japonés usualmente, sino más bien... de otra forma. Sin duda haber absorvido la cultura occidental lo hacía interesante.

Pararon en un hostal para turistas y esta vez consiguieron habitaciones separadas. Ella no dejó de preguntarse si él estaría bien antes de dormirse.

Al día siguiente llegaron a Chiba, hasta la casa de Tae, que los esperaba en la puerta. Luego de las presentaciones y de bajar su equipaje, Kenshin fue invitado a comer algo. Nerviosa, Kaoru vio pasar las horas hasta que su amigo, finalmente, se levantó para marcharse.

-Debo bucar donde dormir. Mañana exploraré un poco antes de marcharme.- dijo con una sonrisa.

-Pero puedes quedarte aquí.- repuso Tae.- Yo dormiré con Kaoru y tú... -

Kenshin sonrió, mirando a Kaoru.

-Creo que todos estos dias Kaoru ha necesitado una amiga para desahogarse y contarle sus cosas y yo, aunque me esfuerce, no puedo ser eso para ella y si me quedara, ella no podría hacerlo. Me hubiera encantado ser suficiente, pero ya ve, estamos acá. Por favor, cuídela. Ella tiene que tomar un analgésico hasta pasado mañana cada 12 horas, y deben llamar en diez dias más al hospital para saber cómo resultó la biopsia de rutina que le hicieron.

Boquiabierta, Kaoru no sabía qué decir. Enishi jamás supo de las biopsias de rutina.

Fueron a despedirse, pero él se notó un poco inseguro cuando ella se inclinó ante él.

-En mi país, cuando nos despedimos de un amigo, nos abrazamos.- repuso. Eso fue demasiado para Kaoru, quien sintió primero su nariz picar y luego el escozor de las lágrimas llegar hasta sus ojos.

No dijo nada, pero cuando él abrió ligeramente los brazos, ella se dejó llevar hacia ellos, y lo rodeó con los suyos.

-Gracias, muchas gracias por todo.

-Muchas gracias a usted.- dijo Kenshin.-Cuídese. Y llámeme si tiene un problema. Usted tiene mi número.

Se obligó a soltarlo y lo vio caminar al auto. Tuvo la idea de llamarlo pero se contuvo y pronto, él enfiló por el medio de la calle a algún lugar sin ella.

No lloró por el que dejó de ver después de tres años de matrimonio, pero si por aquel al que conocía de seis dias. Nada de eso comentó a Tae, quien la acogió dentro de su hogar y le preparó un te para que calmara su llanto y empezara a contarle qué había pasado.

Kenshin en cambio, estacionó en una estación de servicio, echó el asiento para atras y se dispuso a pasar la noche como solía en Oregon, en su vieja y enome camioneta Chevrolet: con vista a las estrellas. Si volvía a ver a Kaoru le hablaría de eso. Se tomó el brazo y no quiso pensar en nada más.

Mientras, Kaoru fue a buscar algo en el bolsillo lateral de su maleta y entonces lo vio.

Una libretita azul, con la palabra "Passport" en dorado, y un escudo.

No tuvo que abrirla para saber que era de Kenshin.

O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o – O

Fin acto dos

En seis días

Julio 1, 2015

Notas de autora.

Hola!

El fragmento de canción que sale corresponde al tema de "Figth the Nigth" de One Ok Rock y para efectos de este fanfic, funciona como parte importante de la banda sonora.

Pensaba contar en este capítulo la historia de Kenshin, pero decidí aplazarlo un poco. Primero me pareció bueno narrar los seis primeros días de ellos.

No tengo mucho más que agregar. Tal vez contar una "historia de Blankiss". Si a la Blankiss de hace 20 años le hubieran preguntado cómo debía ser su hombre ideal, sin dudar hubiera contestado: Moreno, alto, espalda ancha... claro, supongo que el tipo de hombre que cualquiera disfruta mirar, pero a la mera hora de querer, las hormonas se me fueron por otro lado. En ese aspecto, puedo entender bastante a Kaoru en esta historia.

Por estos días se aproxima la fecha de mi cumpleaños. Espero comer un poco de pastel después de cerrar mi negocio. Soy bien simple.

Un abrazo a todas. Espero les haya gustado este capitulo.

Blankiss.